No es geográficamente linda ni relajada: no posee las playas paradisiacas con las que asociamos Brasil, ni sus habitantes esperan tranquilamente un atardecer al compás del bossa nova. Por el contrario, los paulistanos corren de un lugar a otro al ritmo de un balón de futbol, mientras que las paulistanas salen a la calle engalanadas de pies a cabeza como si se tratara de alguna alfombra roja. Su ritmo es vibrante, sus barrios son diversos, sus fiestas son interminables, pero también es una ciudad caótica y bulliciosa, por eso muchos turistas la ignoran, e incluso los propios brasileños… pero, ¿qué sería de Brasil sin ella?
