Resort Amanusa frente al área de Nusa Dua en la isla de Bali, Indonesia Fotografía de Paulina G. Vallejo
Hotelero: Adrián Zecha
Ahí donde se juntan el lujo, el buen gusto, la curiosidad y la conciencia está Adrian Zecha, visionario hotelero que se establecio hace 27 años en Phuket, hoy detrás de varios hoteles irreprochables.
Adrian Zecha es una persona cálida y amable, de voz tierna y serena, que denota la esencia del grupo de resorts que mejor le conocemos: los Amanresorts. Aman, que significa “pacífico” en sánscrito, es la base del manifiesto de su concepto de “estilo de vida”. Son resorts que permiten experimentar los destinos desde una perspectiva interna, sin prejuicios, comprometida con exaltar el sentido original de cada cultura, una perspectiva que enaltece la belleza de la diversidad de nuestro planeta.
Al mismo tiempo, los resorts Aman ofrecen los más altos estándares de calidad y servicio. He pasado días y noches tan agradables en ellos, y he aprendido tanto, que me atreví a solicitarle una entrevista personal al señor Adrian Zecha, a sabiendas de que no suele conferirlas, y de que tampoco le gusta hablar de sí mismo. Sin embargo, halló un momento en su agenda y concedió unas palabras por su amor a Latinoamérica. Para comenzar me confesó que los Amanresorts son su gran amor, “representan mi ideal de lo que debería de ser un resort y lo que debe de ser el futuro de éstos en general: pequeños, íntimos y en armonía con su contexto cultural y natural”.
El fundador y director de Silverlink Holdings Limited, una compañía que posee y maneja pequeños resorts de lujo alrededor del mundo, es una persona humilde que no se vanagloria de ser uno de los hoteleros más importantes del planeta. Hasta 1986 fue uno de los tres socios de Regent International Hotels Limited, contribuyó a su rápido crecimiento y se convirtió en uno de los dueños líderes de hoteles de lujo. Vendió la compañía a Four Seasons, pero ha estado involucrado en la dirección y fundación de muchas otras que tienen algunos de los mejores hoteles de los cinco continentes, como GHM, que recientemente abrió el hotel The Setai en Miami Beach, y Maha Resorts. Además, fiel a otros intereses, el señor Zecha es director y accionista de diversas editoriales basadas en Asia, incluida Interasia Publications Limited y Orientations Limited en Hong Kong, y Pacom Publications Limited en Singapur.
Descendiente de una familia checa-indonesa que adquirió plantaciones en Indonesia en el siglo xix, Adrian Zecha, fue educado en Estados Unidos y comenzó su carrera en Asia como corresponsal. Antes de convertirse en uno de los grandes hoteleros del mundo contribuía para periódicos y revistas. “Fue lo primero que hice durante los siete años posteriores a la universidad, y luego comencé con mis propias editoriales en Asia y Europa, así como con la realización de documentales”. A sus poco más de 70 años, tan escritor como hotelero y con una voz casi juvenil e indeleble buen humor, recuerda que “lo más emocionante de mi carrera ha sido cuando comencé con mi primera publicación independiente, en 1960, que fue la revista D Asia Magazine”, misma que duró en circulación 39 años. “La revista buscaba desentrañar la identidad de los asiáticos y se publicaba semanalmente como un suplemento dominical en inglés en toda Asia, de Pakistán a Japón; la idea, de hecho, fue inspirada por la revista latinoamericana Hablemos”. Mientras tanto, a principios de los años setenta, fue miembro fundador de Regent International Hotels, con lo que inició su transición al mundo de la hotelería.
Después de 13 años de fundar y dirigir hoteles de lujo el señor Zecha emprendió la búsqueda del lugar perfecto para establecer una residencia vacacional para él, su esposa y su hijo, sin saber que estaba a punto de redefinir el término “lujo” en materia de hotelería. El sitio lo encontró en la isla tailandesa de Phuket, en una antigua plantación de cocoteros sobre una península que domina la playa Pansea. Al ver que sus amigos no dejaban de glorificar su “santuario personal”, el señor Zecha inició la construcción de villas anexas para hospedarlos, y atendiendo las súplicas decidió fundar el primer Amanresort en 1988, con el nombre de Amanpuri.
Pero con el nacimiento de Amanpuri el señor Zecha no sólo fundó una cadena de resorts, sino que perfeccionó un concepto. Minimalista en su diseño mimético complementado por escenarios naturales por lo general remotos —desde una isla privada en Filipinas hasta las faldas de las montañas Atlas en las afueras de Marrakech, y desde los linderos del Parque Nacional de Yellowstone hasta las lagunas de la Polinesia Francesa—, cada uno de sus santuarios encarnan la cultura particular del país en donde se encuentran.
“Lo más importante en la elección de un destino para un futuro Amanresort es la riqueza cultural y natural del lugar”, y ahora que hay una gran comunidad de clientes que se autodenominan Aman junkies (adictos), “cuando estoy en un lugar potencial me pregunto si les gustaría, ahora o en un futuro, respetando las limitantes de inestabilidad política, asuntos ambientales o dificultad de acceso”. A lo cual añade “no llego a ningún sitio con ideas preconcebidas, el sitio me dice qué hacer. Mucha gente va a un lugar y lo destruye, yo creo que si el lugar te gusta no debes alterarlo, y no puedo pensar en un solo Aman que no haya cumplido con dichas expectativas”.
Algo cierto en verdad, ya que sus propiedades son frecuentemente alabadas por revistas especializadas, e inclusive ambientalistas de todo el mundo se cuentan entre sus clientes frecuentes —o Aman junkies—, al igual que una gran variedad de miembros de la realeza europea y de Medio Oriente, estrellas de cine, políticos y artistas. “Nuestros clientes casi no salen del resort, y regresan, por lo que creo que hemos hecho un buen trabajo.”
Pero ¿cuál es el secreto? “Es difícil decirlo todo, pero creo que hay dos elementos fundamentales: lo físico y lo humano. Lo físico implica muchas cosas, no sólo el diseño y la ubicación, que es algo subjetivo y va de acuerdo al gusto. El segundo, que tiene que ver con el servicio, es muy sencillo y objetivo: debe ser un gran servicio”. Parte de la cultura que ha desarrollado Aman es la filosofía de “atender sinceramente a tus clientes” y brindarles la experiencia que se les promete. Uno de sus mantras es el “servicio creativo”. Los empleados de Zecha hablan de él como un jefe anticorporativo, que detesta los manuales y los incita a ejercer un servicio discreto, con toques personales para que cada estancia sea memorable y diferente. Como muchos de sus huéspedes provienen de contextos urbanos estresantes y corporativos, el señor Zecha ofrece un ambiente opuesto, en donde el punto central es mantener las cosas lo menos institucionales posible.
Y está también la estética: los restaurantes no tienen nombres ni anuncios para evitar el comercialismo, hay una toalla fresca y su coctel preferido esperándolo al salir de la piscina, la arena de la playa se rocía con agua fresca, se ofrecen lecturas, bailes y conciertos nocturnos para apreciar la riqueza cultural del destino, se exploran rutas y se crean itinerarios para gozar de los atractivos cercanos; son éstos los detalles que claramente impresionan y seducen a los Aman junkies.
“Crear algo sencillo es por lo general más difícil que algo complicado. Lo único que quiero ofrecer es una experiencia increíble, relajada, de la cual la gente obtenga experiencias profundas. El sitio debe de ser placentero, y el medio ambiente prístino. No es necesariamente de otro mundo, sino de éste, amigable, con sentimiento cálido, genuino y, por supuesto, con excelente comida.”
El señor Zecha, que radica en Singapur, pasa la mayor parte de su tiempo de viaje, revisando sus propiedades y buscando nuevos sitios alrededor del mundo. Por lo general no pasa más de tres días en ninguna parte, duerme mucho en los aviones y le gusta, “porque no hay llamadas telefónicas y nadie te molesta”. De este ritmo de vida agitado se desprende el mayor gusto de su profesión, “la posibilidad de viajar, porque lo que hago implica viajar mucho. He viajado a casi todos los países del mundo y la emoción del descubrimiento no se agota, como tampoco la de nuevas historias y ambientes”. Y añade, “me encanta Latinoamérica y la conozco casi toda”.
Pero los viajes también acarrean lo que menos le gusta de su profesión —además de las entrevistas personales—, “esa exposición a nuevos contextos culturales. Tengo una mente muy inquisitiva y todo me resulta muy emocionante, a veces demasiado”.
A 27 años de la fundación de Amanpuri son 17 los pedazos de su paraíso que se encuentran alrededor del mundo, con miras a duplicar el número en la siguiente década. Cada uno ofrece menos de 55 suites, tiendas o villas para asegurar un tratamiento personalizado, siempre con más empleados que huéspedes, aunque muchos de ellos tienen menos de 10 habitaciones. Los precios comienzan en los 575 dólares, y llegan hasta los 6 mil dólares por noche. “Nuestros resorts son percibidos como caros, pero no lo son realmente. Si tienes un producto masivo lo puedes vender a precios razonables, pero si tu producto es muy limitado no puedes mantenerlo a menos que lo vendas a precios altos. Lo que ofrecemos por 700 dólares, en términos de servicio, atención, tamaño de habitaciones y facilidades es mucho más que lo que se obtiene en cualquier otro lugar.”
En diseño no hay un concepto específico, pues “éste debe ir de acuerdo a la ubicación del resort”. El común denominador de sus resorts es más bien el estándar de servicio, que es fundamental.
Antes de terminar solicité el permiso del señor Zecha para publicar una fotografía suya. “Soy muy feo”, me dijo con humildad aunque sus rasgos y sonrisa sincera son de lo más hermoso. Ya que no le gusta ser el centro de atención y prefiere hablar de sus resorts acordamos ilustrar la entrevista con retratos de la gente y los espacios que hacen de sus resorts lo que son, y que representan su forma de ser y hacer las cosas. Aunque me recalcó que “la creación de los resorts es una colaboración de los arquitectos, diseñadores y demás implicados, un proceso creativo en el que todos estamos involucrados”. Después de visitar un Amanresort, nada es igual, y es casi como conocer al señor Zecha en persona, su energía y filosofía detrás de todo.
AMANRESORTS
www.amanresorts.com
Al mismo tiempo, los resorts Aman ofrecen los más altos estándares de calidad y servicio. He pasado días y noches tan agradables en ellos, y he aprendido tanto, que me atreví a solicitarle una entrevista personal al señor Adrian Zecha, a sabiendas de que no suele conferirlas, y de que tampoco le gusta hablar de sí mismo. Sin embargo, halló un momento en su agenda y concedió unas palabras por su amor a Latinoamérica. Para comenzar me confesó que los Amanresorts son su gran amor, “representan mi ideal de lo que debería de ser un resort y lo que debe de ser el futuro de éstos en general: pequeños, íntimos y en armonía con su contexto cultural y natural”.
El fundador y director de Silverlink Holdings Limited, una compañía que posee y maneja pequeños resorts de lujo alrededor del mundo, es una persona humilde que no se vanagloria de ser uno de los hoteleros más importantes del planeta. Hasta 1986 fue uno de los tres socios de Regent International Hotels Limited, contribuyó a su rápido crecimiento y se convirtió en uno de los dueños líderes de hoteles de lujo. Vendió la compañía a Four Seasons, pero ha estado involucrado en la dirección y fundación de muchas otras que tienen algunos de los mejores hoteles de los cinco continentes, como GHM, que recientemente abrió el hotel The Setai en Miami Beach, y Maha Resorts. Además, fiel a otros intereses, el señor Zecha es director y accionista de diversas editoriales basadas en Asia, incluida Interasia Publications Limited y Orientations Limited en Hong Kong, y Pacom Publications Limited en Singapur.
Descendiente de una familia checa-indonesa que adquirió plantaciones en Indonesia en el siglo xix, Adrian Zecha, fue educado en Estados Unidos y comenzó su carrera en Asia como corresponsal. Antes de convertirse en uno de los grandes hoteleros del mundo contribuía para periódicos y revistas. “Fue lo primero que hice durante los siete años posteriores a la universidad, y luego comencé con mis propias editoriales en Asia y Europa, así como con la realización de documentales”. A sus poco más de 70 años, tan escritor como hotelero y con una voz casi juvenil e indeleble buen humor, recuerda que “lo más emocionante de mi carrera ha sido cuando comencé con mi primera publicación independiente, en 1960, que fue la revista D Asia Magazine”, misma que duró en circulación 39 años. “La revista buscaba desentrañar la identidad de los asiáticos y se publicaba semanalmente como un suplemento dominical en inglés en toda Asia, de Pakistán a Japón; la idea, de hecho, fue inspirada por la revista latinoamericana Hablemos”. Mientras tanto, a principios de los años setenta, fue miembro fundador de Regent International Hotels, con lo que inició su transición al mundo de la hotelería.
Después de 13 años de fundar y dirigir hoteles de lujo el señor Zecha emprendió la búsqueda del lugar perfecto para establecer una residencia vacacional para él, su esposa y su hijo, sin saber que estaba a punto de redefinir el término “lujo” en materia de hotelería. El sitio lo encontró en la isla tailandesa de Phuket, en una antigua plantación de cocoteros sobre una península que domina la playa Pansea. Al ver que sus amigos no dejaban de glorificar su “santuario personal”, el señor Zecha inició la construcción de villas anexas para hospedarlos, y atendiendo las súplicas decidió fundar el primer Amanresort en 1988, con el nombre de Amanpuri.
Pero con el nacimiento de Amanpuri el señor Zecha no sólo fundó una cadena de resorts, sino que perfeccionó un concepto. Minimalista en su diseño mimético complementado por escenarios naturales por lo general remotos —desde una isla privada en Filipinas hasta las faldas de las montañas Atlas en las afueras de Marrakech, y desde los linderos del Parque Nacional de Yellowstone hasta las lagunas de la Polinesia Francesa—, cada uno de sus santuarios encarnan la cultura particular del país en donde se encuentran.
“Lo más importante en la elección de un destino para un futuro Amanresort es la riqueza cultural y natural del lugar”, y ahora que hay una gran comunidad de clientes que se autodenominan Aman junkies (adictos), “cuando estoy en un lugar potencial me pregunto si les gustaría, ahora o en un futuro, respetando las limitantes de inestabilidad política, asuntos ambientales o dificultad de acceso”. A lo cual añade “no llego a ningún sitio con ideas preconcebidas, el sitio me dice qué hacer. Mucha gente va a un lugar y lo destruye, yo creo que si el lugar te gusta no debes alterarlo, y no puedo pensar en un solo Aman que no haya cumplido con dichas expectativas”.
Algo cierto en verdad, ya que sus propiedades son frecuentemente alabadas por revistas especializadas, e inclusive ambientalistas de todo el mundo se cuentan entre sus clientes frecuentes —o Aman junkies—, al igual que una gran variedad de miembros de la realeza europea y de Medio Oriente, estrellas de cine, políticos y artistas. “Nuestros clientes casi no salen del resort, y regresan, por lo que creo que hemos hecho un buen trabajo.”
Pero ¿cuál es el secreto? “Es difícil decirlo todo, pero creo que hay dos elementos fundamentales: lo físico y lo humano. Lo físico implica muchas cosas, no sólo el diseño y la ubicación, que es algo subjetivo y va de acuerdo al gusto. El segundo, que tiene que ver con el servicio, es muy sencillo y objetivo: debe ser un gran servicio”. Parte de la cultura que ha desarrollado Aman es la filosofía de “atender sinceramente a tus clientes” y brindarles la experiencia que se les promete. Uno de sus mantras es el “servicio creativo”. Los empleados de Zecha hablan de él como un jefe anticorporativo, que detesta los manuales y los incita a ejercer un servicio discreto, con toques personales para que cada estancia sea memorable y diferente. Como muchos de sus huéspedes provienen de contextos urbanos estresantes y corporativos, el señor Zecha ofrece un ambiente opuesto, en donde el punto central es mantener las cosas lo menos institucionales posible.
Y está también la estética: los restaurantes no tienen nombres ni anuncios para evitar el comercialismo, hay una toalla fresca y su coctel preferido esperándolo al salir de la piscina, la arena de la playa se rocía con agua fresca, se ofrecen lecturas, bailes y conciertos nocturnos para apreciar la riqueza cultural del destino, se exploran rutas y se crean itinerarios para gozar de los atractivos cercanos; son éstos los detalles que claramente impresionan y seducen a los Aman junkies.
“Crear algo sencillo es por lo general más difícil que algo complicado. Lo único que quiero ofrecer es una experiencia increíble, relajada, de la cual la gente obtenga experiencias profundas. El sitio debe de ser placentero, y el medio ambiente prístino. No es necesariamente de otro mundo, sino de éste, amigable, con sentimiento cálido, genuino y, por supuesto, con excelente comida.”
El señor Zecha, que radica en Singapur, pasa la mayor parte de su tiempo de viaje, revisando sus propiedades y buscando nuevos sitios alrededor del mundo. Por lo general no pasa más de tres días en ninguna parte, duerme mucho en los aviones y le gusta, “porque no hay llamadas telefónicas y nadie te molesta”. De este ritmo de vida agitado se desprende el mayor gusto de su profesión, “la posibilidad de viajar, porque lo que hago implica viajar mucho. He viajado a casi todos los países del mundo y la emoción del descubrimiento no se agota, como tampoco la de nuevas historias y ambientes”. Y añade, “me encanta Latinoamérica y la conozco casi toda”.
Pero los viajes también acarrean lo que menos le gusta de su profesión —además de las entrevistas personales—, “esa exposición a nuevos contextos culturales. Tengo una mente muy inquisitiva y todo me resulta muy emocionante, a veces demasiado”.
A 27 años de la fundación de Amanpuri son 17 los pedazos de su paraíso que se encuentran alrededor del mundo, con miras a duplicar el número en la siguiente década. Cada uno ofrece menos de 55 suites, tiendas o villas para asegurar un tratamiento personalizado, siempre con más empleados que huéspedes, aunque muchos de ellos tienen menos de 10 habitaciones. Los precios comienzan en los 575 dólares, y llegan hasta los 6 mil dólares por noche. “Nuestros resorts son percibidos como caros, pero no lo son realmente. Si tienes un producto masivo lo puedes vender a precios razonables, pero si tu producto es muy limitado no puedes mantenerlo a menos que lo vendas a precios altos. Lo que ofrecemos por 700 dólares, en términos de servicio, atención, tamaño de habitaciones y facilidades es mucho más que lo que se obtiene en cualquier otro lugar.”
En diseño no hay un concepto específico, pues “éste debe ir de acuerdo a la ubicación del resort”. El común denominador de sus resorts es más bien el estándar de servicio, que es fundamental.
Antes de terminar solicité el permiso del señor Zecha para publicar una fotografía suya. “Soy muy feo”, me dijo con humildad aunque sus rasgos y sonrisa sincera son de lo más hermoso. Ya que no le gusta ser el centro de atención y prefiere hablar de sus resorts acordamos ilustrar la entrevista con retratos de la gente y los espacios que hacen de sus resorts lo que son, y que representan su forma de ser y hacer las cosas. Aunque me recalcó que “la creación de los resorts es una colaboración de los arquitectos, diseñadores y demás implicados, un proceso creativo en el que todos estamos involucrados”. Después de visitar un Amanresort, nada es igual, y es casi como conocer al señor Zecha en persona, su energía y filosofía detrás de todo.
AMANRESORTS
www.amanresorts.com























