5 monumentos a la moda en Los Ángeles
Decidimos husmear los interiores de las tiendas mejor pensadas de Los Ángeles, pantallas de plasma y robots son sólo algunos de los detalles de estas instalaciones para entretenerse mientras se compra.
Por
Sergio Burstein |
septiembre 2005
|
Tags:
compras, boutique, prada, turk, diesel, ralph lauren, ropa, diseno
Rodeo Drive es el barrio comercial más caro de Los Ángeles, de Estados Unidos y, probablemente, de todo el mundo, aun si algunos de sus añejos parroquianos lamentan con amargura que el lugar haya perdido su exclusividad tradicional. Y es que el emporio del “buen gusto burgués” es recorrido diariamente por turistas y curiosos que se limitan a pasear por las impresionantes instalaciones para sentirse ricos al menos por un día, o para encontrarse con una de esas estrellas de cine que sí se dedican a gastar generosamente en las tiendas del que sigue considerándose el distrito más glamoroso del orbe.
Ubicado en una zona estratégica de Beverly Hills —lo suficientemente alejada de las grandes mansiones como para no causarle ninguna incomodidad a sus multimillonarios residentes, y lo suficientemente cerca de las escasas avenidas del distrito en las que circulan las unidades de transportes público como para explicar su reciente pérdida de exclusividad—, el lugar intenta aún mostrarse no sólo como epicentro de la moda del más alto nivel, sino también como un ostentoso muestrario de lo que el dinero es capaz de lograr, sobre todo en aquellas tiendas que envuelven su mercancía en un empaque arquitectónico deslumbrante.
DOS TENDENCIAS EN RODEO DRIVE
Aunque todos los locales aquí son enormes y lujosos, sólo algunos destacan por su originalidad, como los de Prada y Ralph Lauren; los de Hugo Boss, Armani, Gucci e Yves Saint-Laurent, resultan mucho más funcionales.
El espectacular pasillo de la entrada de Ralph Lauren, por ejemplo, está colmado de plantas enormes que le brindan un aspecto selvático difícil de encontrar en una ciudad tan plagada de concreto como ésta. La enorme mansión intenta —y logra— apantallar con su elegancia conservadora. Las prendas, distribuidas en distintos recintos, están rodeadas de viejas fotografías y elementos propios del tenis, el automovilismo, la hípica y demás actividades aristocráticas que distinguen a quienes las visten.
Al segundo piso, donde se encuentra la deslumbrante línea de casa, se llega a través de una ceremoniosa escalera de madera. Y los vestidores masculinos tienen estructuras de madera barnizada, con dos lámparas de luz tenue y, sobre todo, muchísimos espejos, mientras que los de mujeres, de delicados tonos rosados, están decorados con grandes cojines estilo hindú.
Al lado de esta edificación, el diseño de Prada es un dechado de austeridad, aunque lo que intenta realmente esta tienda, ubicada a una cuadra y media, es acercarse a los compradores menos convencionales. En la entrada no figura por ningún lado el nombre de la empresa italiana, y no posee ni siquiera un umbral, ya que en vez de puerta se ha creado una lámina especial de aluminio que se oculta debajo del suelo para abrir y cerrar el recinto.
A diferencia de Ralph Lauren —que busca colmar cada rincón con algún elemento decorativo—, Prada clama por el espacio libre, y aprovecha la amplitud horizontal de sus instalaciones para dejar libertad de movimiento a sus clientes, quienes se pasean entre prendas de vestir y etiquetas de entre 300 dólares (por unas sandalias) y 2 600 (por algunos de los vestidos).
El concepto de diseño de la nueva tienda, realizado por los arquitectos holandeses Rem Koolhaas y Ole Scheeren en 2004, no resulta ni armonioso ni lógico (como tampoco las figuras de robots en los pasillos), pero la acertada disposición del edificio permite la existencia de unas enormes ventanas que dejan pasar generosamente la luz natural y el aire proveniente de la calle.
Hay más elementos curiosos en Prada, como el modernísimo sistema que detecta el paso de los clientes y hace que el material de determinadas superficies cambie de intensidad, o que varíe la música que sale de las bocinas. Los dispositivos, denominados por sus creadores como “paneles de privacidad”, se aplican también a los vestidores, que pasan de claros a opacos cada vez que entra un usuario. Los mismos vestidores tienen “espejos mágicos” que permiten al cliente verse por delante y por detrás a la vez y que, al disponer de cámaras computarizadas, guardan las imágenes captadas para decidir cuál de todas las prendas probadas es la acertada.
Pero el espacio más llamativo se encuentra en la parte trasera, donde se simula un ambiente de aeropuerto, con varios grupos de maletas a los lados, una terraza y una larga escalera en la que se encuentran regados varios maniquíes en diferentes poses. Esta atmósfera inquietante y divertida sirve como conexión con el tercer piso, en donde pantallas de plasma y muros con informaciones estadísticas sobre la población estadounidense rompen totalmente los confines de la mera transacción comercial.
MENOS LUJOS, MAYORES VUELOS
Pero si Rodeo Drive es el emporio de la moda ostentosa, existen otros lugares de Los Ángeles que prefieren exhibir sus bondades en formatos menos intimidantes. Algunos de estos ejemplos muestran un sentido más acertado del gusto y de la estética, aunque en dimensiones mucho más reducidas.
Como el encantador local de l.a. Eyeworks, que se encuentra en una zona especialmente acogedora de Los Ángeles y abrió sus puertas en junio de 2002, luego del gran éxito obtenido por sus creadoras Gai Gherardi y Barbara McReynolds en los locales de la Avenida Melrose (1979) y Costa Mesa (1988). Además de que los trabajos de esta tienda de armazones para lentes a veces son verdaderas piezas de arte que oscilan entre los 250 y los 400 dólares, sus fundadoras han establecido siempre una conexión estrecha con toda clase de artistas y a menudo presentan aparadores con temáticas progresistas (relacionadas con la política, el sida o la homosexualidad).
La tienda ha obtenido comentarios más que entusiastas por parte de los especialistas en la materia, y recibió hace algunos meses un premio del Instituto Americano de Arquitectura por sus “Interiores Sobresalientes”. “Justo después de la inauguración, cerca de mil arquitectos vinieron al local, tratando de fingir que eran clientes, miraban todo detenidamente y tocaban una y otra vez las paredes”, recuerda con una sonrisa Ruth Handel, encargada de publicidad de l.a. Eyeworks.
La disposición de los interiores fue obra del famoso arquitecto Neil Denari (quien colocó justo debajo el techo tradicional una superficie angulada que le brinda un inusitado dinamismo), y uno de los muros laterales está completamente cubierto por una instalación permanente hecha por Jim Isermann con material plástico y formas geométricas. “Estamos seguros de que ésta es la tienda de productos ópticos más hermosa en el mundo”, dice Handel con orgullo.
No muy lejos de allí se encuentra la boutique de Trina Turk, una famosa diseñadora de ropa oriunda de Los Ángeles, cuyo estilo ha sido calificado alguna vez con fortuna como “psicodelia sofisticada”. Combinando elementos provenientes de tres décadas (los 60, los 70 y los 80), la ropa que Trina diseña personalmente son muy coloridas, con huellas de la escuela oriental —aprendida de su madre, de origen japonés—. En algunas ocasiones, resultan sumamente extravagantes, como es el caso del saco celeste para hombres que vimos en la tienda, que lleva flores marrones y anaranjadas en el fondo, y que se vende en 320 dólares.
Los diseños de Turk —quien tiene otra famosa boutique en Palm Springs, el distrito de descanso a dos horas de Los Ángeles— no son para personas tímidas ni conservadoras, ni siquiera sus populares atuendos para mujeres, que son realmente los que más sensación han causado en el universo de la moda, como el conjunto playero que se exhibe ahora en un lugar especial, y que incluye un traje de baño (80 dólares), un sombrero (118 dólares), unos pantalones cortos (180 dólares) y un par de sandalias (18 dólares).
Los tonos rosados de la tienda, diseñada en 2004 por Kelly Wearstler, le dan un aire muy femenino, y aunque se distingue por no saturar el espacio con adornos innecesarios, muestra un buen empleo de elementos decorativos, como las llamativas lámparas que cuelgan de los techos altos y que remiten inmediatamente a unas plácidas burbujas; los paneles con grandes perforaciones circulares, que le brindan un aspecto muy retro, y los inmensos vestidores laterales, cuyas paredes están también pintadas de rosa, pero que son alfombrados, en contraste con el resto del local, cubierto de azulejos.
“Siempre me ha interesado la arquitectura, sobre todo la contemporánea”, nos contó la misma Trina. “Para esta tienda elegí un edificio que tenía un aire moderno, con mucho vidrio y líneas definidas. Anteriormente fue una fábrica de plumas, pero lo que me convenció fue su altura, las grandes ventanas del frente y la geometría angulosa de la entrada; de hecho, su dueño anterior fue un arquitecto.”
Turk asegura que eligió a Wearstler porque había visto su trabajo, y pensó que su modo de diseñar interiores iba totalmente de acuerdo con la ropa que ella elaboraba. “Kelly usa colores audaces y formas gráficas en sus diseños arquitectónicos, y nosotros hacemos lo mismo en nuestra ropa”, aseguró. “Mi idea principal al llamarla fue hacer una tienda distinta a las demás.”
Si l.a. Eyeworks y la boutique de Trina Turk se encuentran en una zona de Los Ángeles en la que ofertas de este tipo no resultan habituales, el local de Diesel en Santa Mónica se encuentra en cambio en medio de un concurridísimo bulevar comercial. Ubicada en el popular Paseo de la Calle 3 la tienda se diferencia por su diseño arquitectónico.
Una serie de lámparas largas situadas en hileras discontinuas dan la bienvenida a un espacio de vitrinas de aspecto rockero, pero en los interiores la intención es mucho más sobria. Los conocidos jeans de la marca italiana (que oscilan entre los 150 y los 200 dólares) se exhiben en una suerte de semicírculo de madera ubicado en medio del local, y en la parte trasera, dos extravagantes sofás revelan características anatómicas que apelan ante todo a la comodidad del usuario.
Los encargados de la firma internacional aseguran haberse demorado 18 meses en encontrar la locación para esta tienda, que abrió sus puertas en 1998. Y las instalaciones se encontraban tan colmadas de gente, que no queda duda de que el esfuerzo se tradujo en acierto.
DIRECCIONES
RALPH LAUREN
444 N. Rodeo Drive, Beverly Hills
T. (310) 281 7200
www.polo.com
Lunes a sábado de 10 a 18 horas,
domingos de 12 a 17 horas.
PRADA
343 N. Rodeo Drive, Beverly Hills
T. (310) 278 8661
www.prada.com
Lunes a sábados de 10 a 18 horas,
domingos de 12 a 17 horas.
L.A. EYEWORKS
7386 Beverly Blvd., Los Ángeles
T. (323) 931 7795
www.laeyeworks.com
Lunes a viernes de 10 a 19 horas,
sábados de 10 a 18 horas.
BOUTIQUE DE TRINA TURK
8008 W. 3rd Street, Los Ángeles
T. (323) 651 1382
www.trinaturk.com
lunes a sábados de 11 a 19 horas,
domingos de 12 a 18 horas.
DIESEL
1340 3rd St. Promenade, Santa Mónica
T. (310) 899 3055
www.diesel.com
Lunes a viernes de 10 a 21 horas,
sábados de 10 a 20 horas y
domingos de 11 a 21 horas.
Ubicado en una zona estratégica de Beverly Hills —lo suficientemente alejada de las grandes mansiones como para no causarle ninguna incomodidad a sus multimillonarios residentes, y lo suficientemente cerca de las escasas avenidas del distrito en las que circulan las unidades de transportes público como para explicar su reciente pérdida de exclusividad—, el lugar intenta aún mostrarse no sólo como epicentro de la moda del más alto nivel, sino también como un ostentoso muestrario de lo que el dinero es capaz de lograr, sobre todo en aquellas tiendas que envuelven su mercancía en un empaque arquitectónico deslumbrante.
DOS TENDENCIAS EN RODEO DRIVE
Aunque todos los locales aquí son enormes y lujosos, sólo algunos destacan por su originalidad, como los de Prada y Ralph Lauren; los de Hugo Boss, Armani, Gucci e Yves Saint-Laurent, resultan mucho más funcionales.
El espectacular pasillo de la entrada de Ralph Lauren, por ejemplo, está colmado de plantas enormes que le brindan un aspecto selvático difícil de encontrar en una ciudad tan plagada de concreto como ésta. La enorme mansión intenta —y logra— apantallar con su elegancia conservadora. Las prendas, distribuidas en distintos recintos, están rodeadas de viejas fotografías y elementos propios del tenis, el automovilismo, la hípica y demás actividades aristocráticas que distinguen a quienes las visten.
Al segundo piso, donde se encuentra la deslumbrante línea de casa, se llega a través de una ceremoniosa escalera de madera. Y los vestidores masculinos tienen estructuras de madera barnizada, con dos lámparas de luz tenue y, sobre todo, muchísimos espejos, mientras que los de mujeres, de delicados tonos rosados, están decorados con grandes cojines estilo hindú.
Al lado de esta edificación, el diseño de Prada es un dechado de austeridad, aunque lo que intenta realmente esta tienda, ubicada a una cuadra y media, es acercarse a los compradores menos convencionales. En la entrada no figura por ningún lado el nombre de la empresa italiana, y no posee ni siquiera un umbral, ya que en vez de puerta se ha creado una lámina especial de aluminio que se oculta debajo del suelo para abrir y cerrar el recinto.
A diferencia de Ralph Lauren —que busca colmar cada rincón con algún elemento decorativo—, Prada clama por el espacio libre, y aprovecha la amplitud horizontal de sus instalaciones para dejar libertad de movimiento a sus clientes, quienes se pasean entre prendas de vestir y etiquetas de entre 300 dólares (por unas sandalias) y 2 600 (por algunos de los vestidos).
El concepto de diseño de la nueva tienda, realizado por los arquitectos holandeses Rem Koolhaas y Ole Scheeren en 2004, no resulta ni armonioso ni lógico (como tampoco las figuras de robots en los pasillos), pero la acertada disposición del edificio permite la existencia de unas enormes ventanas que dejan pasar generosamente la luz natural y el aire proveniente de la calle.
Hay más elementos curiosos en Prada, como el modernísimo sistema que detecta el paso de los clientes y hace que el material de determinadas superficies cambie de intensidad, o que varíe la música que sale de las bocinas. Los dispositivos, denominados por sus creadores como “paneles de privacidad”, se aplican también a los vestidores, que pasan de claros a opacos cada vez que entra un usuario. Los mismos vestidores tienen “espejos mágicos” que permiten al cliente verse por delante y por detrás a la vez y que, al disponer de cámaras computarizadas, guardan las imágenes captadas para decidir cuál de todas las prendas probadas es la acertada.
Pero el espacio más llamativo se encuentra en la parte trasera, donde se simula un ambiente de aeropuerto, con varios grupos de maletas a los lados, una terraza y una larga escalera en la que se encuentran regados varios maniquíes en diferentes poses. Esta atmósfera inquietante y divertida sirve como conexión con el tercer piso, en donde pantallas de plasma y muros con informaciones estadísticas sobre la población estadounidense rompen totalmente los confines de la mera transacción comercial.
MENOS LUJOS, MAYORES VUELOS
Pero si Rodeo Drive es el emporio de la moda ostentosa, existen otros lugares de Los Ángeles que prefieren exhibir sus bondades en formatos menos intimidantes. Algunos de estos ejemplos muestran un sentido más acertado del gusto y de la estética, aunque en dimensiones mucho más reducidas.
Como el encantador local de l.a. Eyeworks, que se encuentra en una zona especialmente acogedora de Los Ángeles y abrió sus puertas en junio de 2002, luego del gran éxito obtenido por sus creadoras Gai Gherardi y Barbara McReynolds en los locales de la Avenida Melrose (1979) y Costa Mesa (1988). Además de que los trabajos de esta tienda de armazones para lentes a veces son verdaderas piezas de arte que oscilan entre los 250 y los 400 dólares, sus fundadoras han establecido siempre una conexión estrecha con toda clase de artistas y a menudo presentan aparadores con temáticas progresistas (relacionadas con la política, el sida o la homosexualidad).
La tienda ha obtenido comentarios más que entusiastas por parte de los especialistas en la materia, y recibió hace algunos meses un premio del Instituto Americano de Arquitectura por sus “Interiores Sobresalientes”. “Justo después de la inauguración, cerca de mil arquitectos vinieron al local, tratando de fingir que eran clientes, miraban todo detenidamente y tocaban una y otra vez las paredes”, recuerda con una sonrisa Ruth Handel, encargada de publicidad de l.a. Eyeworks.
La disposición de los interiores fue obra del famoso arquitecto Neil Denari (quien colocó justo debajo el techo tradicional una superficie angulada que le brinda un inusitado dinamismo), y uno de los muros laterales está completamente cubierto por una instalación permanente hecha por Jim Isermann con material plástico y formas geométricas. “Estamos seguros de que ésta es la tienda de productos ópticos más hermosa en el mundo”, dice Handel con orgullo.
No muy lejos de allí se encuentra la boutique de Trina Turk, una famosa diseñadora de ropa oriunda de Los Ángeles, cuyo estilo ha sido calificado alguna vez con fortuna como “psicodelia sofisticada”. Combinando elementos provenientes de tres décadas (los 60, los 70 y los 80), la ropa que Trina diseña personalmente son muy coloridas, con huellas de la escuela oriental —aprendida de su madre, de origen japonés—. En algunas ocasiones, resultan sumamente extravagantes, como es el caso del saco celeste para hombres que vimos en la tienda, que lleva flores marrones y anaranjadas en el fondo, y que se vende en 320 dólares.
Los diseños de Turk —quien tiene otra famosa boutique en Palm Springs, el distrito de descanso a dos horas de Los Ángeles— no son para personas tímidas ni conservadoras, ni siquiera sus populares atuendos para mujeres, que son realmente los que más sensación han causado en el universo de la moda, como el conjunto playero que se exhibe ahora en un lugar especial, y que incluye un traje de baño (80 dólares), un sombrero (118 dólares), unos pantalones cortos (180 dólares) y un par de sandalias (18 dólares).
Los tonos rosados de la tienda, diseñada en 2004 por Kelly Wearstler, le dan un aire muy femenino, y aunque se distingue por no saturar el espacio con adornos innecesarios, muestra un buen empleo de elementos decorativos, como las llamativas lámparas que cuelgan de los techos altos y que remiten inmediatamente a unas plácidas burbujas; los paneles con grandes perforaciones circulares, que le brindan un aspecto muy retro, y los inmensos vestidores laterales, cuyas paredes están también pintadas de rosa, pero que son alfombrados, en contraste con el resto del local, cubierto de azulejos.
“Siempre me ha interesado la arquitectura, sobre todo la contemporánea”, nos contó la misma Trina. “Para esta tienda elegí un edificio que tenía un aire moderno, con mucho vidrio y líneas definidas. Anteriormente fue una fábrica de plumas, pero lo que me convenció fue su altura, las grandes ventanas del frente y la geometría angulosa de la entrada; de hecho, su dueño anterior fue un arquitecto.”
Turk asegura que eligió a Wearstler porque había visto su trabajo, y pensó que su modo de diseñar interiores iba totalmente de acuerdo con la ropa que ella elaboraba. “Kelly usa colores audaces y formas gráficas en sus diseños arquitectónicos, y nosotros hacemos lo mismo en nuestra ropa”, aseguró. “Mi idea principal al llamarla fue hacer una tienda distinta a las demás.”
Si l.a. Eyeworks y la boutique de Trina Turk se encuentran en una zona de Los Ángeles en la que ofertas de este tipo no resultan habituales, el local de Diesel en Santa Mónica se encuentra en cambio en medio de un concurridísimo bulevar comercial. Ubicada en el popular Paseo de la Calle 3 la tienda se diferencia por su diseño arquitectónico.
Una serie de lámparas largas situadas en hileras discontinuas dan la bienvenida a un espacio de vitrinas de aspecto rockero, pero en los interiores la intención es mucho más sobria. Los conocidos jeans de la marca italiana (que oscilan entre los 150 y los 200 dólares) se exhiben en una suerte de semicírculo de madera ubicado en medio del local, y en la parte trasera, dos extravagantes sofás revelan características anatómicas que apelan ante todo a la comodidad del usuario.
Los encargados de la firma internacional aseguran haberse demorado 18 meses en encontrar la locación para esta tienda, que abrió sus puertas en 1998. Y las instalaciones se encontraban tan colmadas de gente, que no queda duda de que el esfuerzo se tradujo en acierto.
DIRECCIONES
RALPH LAUREN
444 N. Rodeo Drive, Beverly Hills
T. (310) 281 7200
www.polo.com
Lunes a sábado de 10 a 18 horas,
domingos de 12 a 17 horas.
PRADA
343 N. Rodeo Drive, Beverly Hills
T. (310) 278 8661
www.prada.com
Lunes a sábados de 10 a 18 horas,
domingos de 12 a 17 horas.
L.A. EYEWORKS
7386 Beverly Blvd., Los Ángeles
T. (323) 931 7795
www.laeyeworks.com
Lunes a viernes de 10 a 19 horas,
sábados de 10 a 18 horas.
BOUTIQUE DE TRINA TURK
8008 W. 3rd Street, Los Ángeles
T. (323) 651 1382
www.trinaturk.com
lunes a sábados de 11 a 19 horas,
domingos de 12 a 18 horas.
DIESEL
1340 3rd St. Promenade, Santa Mónica
T. (310) 899 3055
www.diesel.com
Lunes a viernes de 10 a 21 horas,
sábados de 10 a 20 horas y
domingos de 11 a 21 horas.
























