Singapur Orchard Road
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Singapur Orchard Road

Quienes marcan la pauta de la moda en esta cosmopolita ciudad asiática dividen su tiempo entre los malls inteligentes de Orchard Road, los restaurantes y bares estilo europeo de Clark Quay. Sólo rara vez se escapan a caminar entre los puestos callejeros, su antitética contraparte.
La mujer no había salido de la tienda cuando ya tenía abierto un delicado paraguas color mostaza. Era un día de verano, como siempre son los días en Singapur, aunque el aire se sentía algo más pesado que de costumbre, más denso, pegajoso. Faltaba poco para el monzón, esa época de lluvias crudas que azota el sur de Asia a partir de noviembre. Pero seguíamos en temporada seca, había sol y la mujer, a ojos de una extranjera, no tenía para qué abrir la dichosa sombrilla.

Entonces, ocurrió lo necesario para que tiempo después pudiera recordar la escena: la mujer —de vestido ceñido, tacones altos y un diminuto bolso de cuero bajo el brazo— cruzó la calle y saludó a dos chicas más, que se le parecían no sólo por el físico, sino porque cada una llevaba un enorme paraguas sobre la cabeza.

Sólo en ese momento entendí los alcances de la sui generis composición étnica de Singapur, una pequeña ciudad-estado de Oriente que en menos de cincuenta años se ha convertido en la economía más competitiva y eficiente de la región. Las chicas eran de origen chino, como 70% de la población local. Es decir, pertenecían a la casta de profesionales y administrativos más elevada de la sociedad, los privilegiados que dirigen ministerios y toda clase de rentables negocios.

Por lo mismo, el trío de amigas no podía exponer su cutis a los rayos del sol. De ser así, podrían terminar con otra piel —color mate, tal vez oscura— y eso sería imperdonable en un país de estrictas jerarquías raciales. Arriba de la pirámide está la población de origen chino, con piel de porcelana. La secunda el grupo malayo, gente venida del enorme país vecino, que se parecen bastante a los latinoamericanos. Y en el tercer lugar está la comunidad india, de piel aceitunada.

Las mujeres, por lo demás, llevaban ropa de última moda para distinguirse de quienes siguen usando saris o las coloridas túnicas de Malasia. Y si se encontraron en la calle, a la salida de un área de tiendas, se debe a que estaban comprando en las boutiques correctas de la avenida correcta: Orchard Road, la arteria más vibrante, chic y transitada de Singapur.

ASIA VERSIÓN FUTURISTA
Orchard Road es un paraíso comercial. Gracias a esta avenida, rodeada de hoteles de lujo y multitud de centros comerciales, donde abundan los bancos, los restaurantes y las antiguas residencias coloniales convertidas en embajadas, hay quienes llaman a Singapur el “Wash­­ington de Oriente”.
A mí me parece una mala analogía. Primero porque si bien oficialmente se habla inglés, también se habla chino, malayo y tamil, y uno se siente en un rincón apartado del mundo. Y también porque Singapur figura como un lunar en el mapa, justo donde termina la Malasia continental y a pocos kilómetros de algunas islas indonésicas, de modo que desde América Latina hace falta casi un día de viaje para llegar hasta aquí.
Cuando sir Thomas Stamford Raffles fundó Singapur, en el año 1819, dividió la ciudad en barrios. Cada uno de ellos fue atribuido a un grupo distinto. De ahí que uno pase rápidamente del barrio chino (Chinatown), con sus templos llenos de inciensos y billetes de dólar a los pies de cada altar, al aromático barrio indio (Little India) y luego al distrito musulmán de Arab Street, donde los vendedores callejeros van conduciendo hasta la deslumbrante Mezquita del Sultán.

Ahora bien, aunque el “Washington de Oriente” no sea una analogía correcta, es cierto que Singapur ofrece una versión esterilizada del continente asiático, con rascacielos inteligentes, un eficientísimo sistema de transporte público y una cantidad de regulaciones que no tiene parangón en el mundo entero.

Estamos en Orchard Road y aquí, por ejemplo, uno puede sentirse más tentado que en ningún otro sitio a botar un chicle a la calle o apagar un cigarrillo frente a la entrada de un mall. Todo porque esa clase de cosas han sido penadas históricamente con multas onerosas. De hecho, el souvenir más famoso de Singapur son los letreros que dicen “prohibido”. Los venden impresos en camisetas, tazas, platos y llaveros, y dan perfecta cuenta de una de las razones del despegue comercial de este “tigre asiático”.

Cuando Singapur era una colonia y ya había comenzado a poblarse con inmigrantes de la región, las autoridades inglesas decidieron domesticar a los recién llegados, enseñarles por ley las “buenas costumbres” de Occidente. Fue entonces cuando se prohibió arrojar basura a la calle, tirar chicles en las banquetas, cruzar las avenidas a mitad de cuadra y dejar sucios los baños públicos, entre otros asuntos cotidianos.

En la última década, las reglas se han relajado, pero todavía hay restaurantes en cuyos baños uno puede tropezarse con enormes letreros que advierten sobre la obligatoriedad de jalar la cadena. Y da miedo. No vaya a ser que uno, por una miserable batalla doméstica erróneamente ejecutada, termine como el protagonista de Expreso de medianoche.

Como sea, Singapur luce una asepsia casi clínica y ofrece la seguridad de un gran mall. Por eso los cruceros que transitan por los mares de Oriente contemplan en sus itinerarios un día completo para comprar en la ciudad. Aquí es donde los turistas escandinavos y norteamericanos pueden desembolsar sus euros y dólares despreocupadamente. Aquí es donde el fervor consumista es también un deporte nacional, al punto que algunos extranjeros avecindados en la ciudad sostienen que los singapurenses siguen las cotizaciones bursátiles con la misma pasión que los latinoamericanos sienten por el futbol.

En Singapur los precios son más convenientes que en muchas otras capitales, aunque no sean ya las gangas de los años ochenta ni del resto del sureste asiático. El mejor momento del año para comprobarlo es la temporada de grandes rebajas, que normalmente se celebra entre mayo y julio, con descuentos que llegan hasta 70 por ciento en ropa, comida, electrónica y joyas.

El resto del año, Orchard Road se convierte en un lujoso escaparate, al estilo de la Quinta Avenida, los Campos Elíseos, Regents Street, Via Veneto y Ginza. Las más afamadas marcas compiten en precio y calidad, en una batalla que termina beneficiando a los compradores. Y se supone que aquí uno puede encontrar todo cuanto pueda desear. Desde baratijas artesanales hasta sucursales de las grandes marcas de prestigio: Loewe, Prada, Gucci y Versace, además de otras muchas firmas asiáticas.

VESTIDA PARA MATAR

En Singapur hay por lo menos 32 centros comerciales, repartidos en un área que no es más grande que el centro de cualquier capital latinoamericana. Son, eso sí, espacios ultratecnologizados, muchos de ellos con fachadas de vidrio y varios pisos de altura, que abren todos los días, incluyendo los domingos, hasta las nueve de la noche.

El primero que abrió en la ciudad fue Tangs, en 1932, cuando la avenida ya había dejado de ser el bello jardín de orquídeas que lució en el siglo XIX. Tangs (320 Orchard Road) se ha posicionado como un sitio que resume el moderno estilo de vida asiático. Son cinco pisos con ropa de moda, electrónica, muebles y juguetes. Deténgase en las zapaterías de los niveles dos y tres, donde las sandalias de mujer son livianas, elegantes y coloridas. En época de rebajas, se puede comprar un par por 12 dólares.

Los zapatos más chic de Singapur, aquellos que marcan tendencia y que las chicas elegantes no pueden dejar de lucir están en Foot Fetis. Se trata de una pequeña boutique, ubicada en el Shaw Centre (1 Scotts Road), donde además de zapatos hay fabulosos muebles y artesanía en madera.
Muy cerca de allí, a la altura del 390 de Orchard Road, está Ngee Ann City, un mega complejo que en 2002 obtuvo el premio nacional por la “mejor experiencia de compras” y que tiene fama de ser el mayor centro comercial del sudeste asiático. Recorrer todo el centro toma más de un día, de modo que si se cansa de abrir la billetera puede revitalizarse en algunos de sus muchos restaurantes, incluyendo un pequeño salón de té Harrod’s, o en la alucinante librería Kinokuniya, la más grande de la región.

Los jóvenes pueden ir al Tanglin Mall (163 Tanglin Road), un centro comercial con boutiques y restaurantes especializados, mientras que los que quieran aventurarse con la versión local del almacén británico Marks and Spencer, llamada John Little, deben conocer Specialists’ Shopping Centre (277 Orchard Road), donde además está el mejor restaurante coreano de la ciudad.

Centrepoint (176 Orchard Road), uno de los centros más populares, ofrece ropa casual, electrónica, tapetes originales, implementos deportivos y antigüedades, además de la primera tienda departamental del país: Robinson & Co., que abrió a mediados del siglo xix cuando otras naciones recién estaban naciendo.

Ahora, para comprar ropa de marca a precios convenientes, el centro comercial Paragon (290 Orchard Road) es para muchos el epítome de la moda, gracias a sus sucursales de Versace y Valentino, y a la buena selección de restaurantes internacionales que hay en The Food Cellar.

En el Pacific Plaza (9 Scotts Road), sáltese las tiendas australianas y entre directamente a The Vintage Place, donde están las prendas Gucci, Prada, Donna Karan y Dolce & Gabanna. Puede también acudir al imponente complejo Palais Renaissance (390 Orchard Road) y regodearse en las boutiques DKNY, Gianni Versace, Jim Thompson y The Link. O sencillamente quedarse en la galería del Hotel Hilton (581 Orchard Road) y pasear por sus tres niveles con Giorgio Armani, Gucci, Paul Smith y Valentino, entre otras buenas marcas.

Para tesoros asiáticos, objetos milenarios y finezas antiguas, el Tanglin Shopping Centre (19 Tanglin Road) es sencillamente lo mejor. Muchos anticuarios de Asia llegan hasta aquí en busca de exquisitas alfombras persas y afganas, seda china y tailandesa, perlas de Japón o algún antiquísimo mapa hecho a mano, de aquellos que se pintaban con tinta cuando las fronteras asiáticas eran todavía difusas y la propia Singapur no era más que una isla extraviada en la región.

Y Mustafá Centre es un mall que abre las 24 horas con mucho de Litle India: barato, caótico y colorido, parada forzosa para quien busca cámaras fotográficas, computadoras y electrónica.

ABIERTO LAS 24 HORAS

No hay para qué moverse de Orchard Road cuando llega la noche. La música en vivo de Anywhere Music Pub (en el cuarto piso del Tanglin Shopping Centre; de domingo a jueves de 18 a 2 horas, viernes de 18 a 3 horas) lo llevará a comienzos de los 80, mientras que en el premiado Bar None (en el hotel Marriot, 320 Orchard Road; www.barnoneasia.com; de jueves a domingo de 19 a 3 horas) hay una banda que toca desde los años setenta. Ahí, para modernizar la cosa, hay un segundo piso con djs y fiestas temáticas.

Si quiere mezclarse con ejecutivos, opte por Devil’s Bar, en Orchard Parade Hotel (1 Tanglin, Road; www.orchardparade.com.sg; de 11 a 3 horas); para sentirse en Dublín, si es que alguien viaja a Singapur con semejante propósito, entre a un sitio llamado Muddy Muphy’s, que fue diseñado y construido a escala en la capital de Irlanda antes de ser transportado hasta el número 442 de Orchard Road. Y para los vanguardistas que buscan diseño, innovación y tecnología —o simplemente para quienes deseen quedarse con la boca abierta— está el Nude Restaurant de IndoChine Wisma (435 Orchard Road, Wisma Atria; www.indochine.com.sg/wisma.htm; diario de 12 a 14:30 horas y de 18:30 a 22:30 horas) un complejo ultramoderno con bar, café, mucho gusto y mejores vistas, ubicado frente al Museo de las Civilizaciones Asiáticas (1 Empress Place; www.nhb.gov.sg/ACM; lunes de 13 a 19 horas, de martes a domingo de 9 a 19 horas y viernes de 9 a 21 horas; entrada: 5 dólares).

RUTA DE LAS ESPECIAS
Afortunadamente, en Singapur las compras vienen también de la mano de la comida. Junto a la temporada de rebajas se celebra el famoso Festival Gastronómico, que pone de punta en blanco no sólo a las mejores mesas de la ciudad, sino a todos los mercadillos típicos que hay a cada vuelta de esquina.

Singapur es la capital gourmet del sudeste asiático, quizá porque se trata de una ciudad eminentemente comercial por la que transitan ejecutivos del mundo entero. Pensando en ellos, y en los turistas por supuesto, existen sucursales de los mejores restaurantes de cocina francesa o italiana, y más de cien clubes, pubs y bares al estilo europeo, con música chill out, decoración minimalista y platos experimentales. En ese sentido, Clark Quay (se pronuncia qui) es la mejor vitrina para mirar y sentirse mirado. Se trata de un barrio ubicado a orillas del río Singapur, muy cerca del fastuoso Hotel Sullerton y del nuevo Museo de la Civilización de Asia, donde se mezclan diplomáticos y empresarios extranjeros con la más elegante población local, especialmente cuando cae la noche. Hay pubs irlandeses tanto como clubs al estilo británico, bares de tapas españolas y eclécticas discotecas. Puertas afuera, uno puede encontrase con un faquir tragasables tanto como con esculturas de Salvador Dalí o del colombiano Fernando Botero, subrayando el evidente carácter internacional de esta zona ribereña.

La contraparte, no ya moderna sino por completo autóctona, es igualmente animada. Hablamos de los barrios típicos, que para paladares no acostumbrados ofrecen una exótica ruta de especias. Si comenzamos con la cocina malaya, debemos saborear en primer lugar un satay, el plato más popular de Singapur. Se trata de brochetas de pollo a las brasas, en salsa de pepinos y cebollas, y se acompaña con arroz. Los platos de Indonesia, en cambio, son picantes o agridulces, como el beef rendang (carne al curry preparada con leche de coco) o las crujientes arañitas fritas que sirven en los restaurantes de Pulau Ubin, uno de los 56 islotes que rodean la isla principal.

Con respecto a la comida china, existen más de treinta tipos distintos. El plato nacional se llama hokkien y está hecho sobre una base de fideos fritos. Quizás el mejor lugar para degustarlos, o al menos el más pintoresco, son los hawkers, un conjunto de quioscos con grandes mesas comunes a los que uno lleva los platos que ha elegido en los escaparates. Hawkers hay en toda la ciudad, aunque los más populares son los de Lau Pa Sat Market y el de East Coast Park, algo así como dos enormes patios de comida.

Finalmente, Serangoon Road de Little India asegura la más febril y aromática experiencia culinaria (y de compras) de Singapur. En una docena de cuadras pintorescas de la época colonial hay una enorme cantidad de restaurantes con aroma a curry, además de locales con joyas, cds, tapices, sedas y dvds de Bollywood, la ingenua industria de cine de la India, tan asidua a los musicales como a las tramas de telenovela. Si pasa la tarde aquí —eso es seguro—, olvidará que se halla en una de las ciudades más pulcras y ordenadas del mundo.

Por lo demás, la isla parece una ciudad del futuro. No sólo por la espejada Orchard Road, las avenidas de alta velocidad, los autos último modelo y tanta gente que parece modelo de revista. Incluso las áreas libres, los zoológicos, los acuarios y los jardines, ostentan tecnología de punta. ¿En qué otro sitio es posible contratar un safari nocturno para, entre otras cosas, cruzar corriendo una cueva de murciélagos que los singapurenses construyeron artificialmente para el deleite de los turistas? ¿O caminar bajo un túnel de acrílico entre más de 200 tipos de peces, en el acuario más grande del sudeste asiático? ¿O visitar la isla de Sentosa para conocer los sangrientos episodios de la invasión japonesa, de la mano de militares mecánicos e imágenes en tres dimensiones? Las sorpresas que depara Singapur vienen empacadas en una caja diminuta y a todo lujo.

LO QUE VIENE
Mohamed Sultan Road era una calle sin gracia alguna hasta que un periodista dedicado a los negocios la escogió para instalar un bar. Lo llamó como su madre, Madam Wong’s —un homenaje seguramente bien merecido—, y lo vistió con antiguos muebles de madera de origen chino. Diez años después, el pub y la calle entera son uno de los sitios más sonoros de la noche en Singapur. Curiosamente, se mantiene como un secreto entre locales. Cuando se refieren a la vida nocturna, los conocedores prefieren mencionar los vecinos barrios de Boat Quay, Clarke Quay y Robertson Quay. Mejor así. Confúndase con la juventud dorada en el propio Madam Wong’s o en el pub Next Page de Mohamed Sultan Road, o inténtelo en la aledaña calle Jiak Kim Street, donde están los locales Zouk Wine Bar, Phuture y Velvet Underground.

GUÍA PRÁCTICA

CÓMO LLEGAR

Singapore Airlines (www.singaporeair.com) es una de las mejores compañías aéreas del mundo. Vuela desde las grandes ciudades europeas y norteamericanas varias veces por semana, con una primera clase en la que uno puede ordenar ensalada de langostinos o chuletas de cordero, y pedir que transformen su asiento en cama, con colchón y edredón de plumas. De regreso, el aeropuerto Changi de Singapur (www.changi.airport.com.sg) merece dedicarle unas horas: cuenta con jardines de bambús, helechos y orquídeas, piscina, un spa que acaba de reabrir con más servicios que nunca en agosto pasado, una pantalla con películas gratuitas toda la noche y, sí, aún más tiendas de todo lo que uno pueda imaginar.

DÓNDE DORMIR
No hay que dormir en el Raffles Hotel (1 Beach Road; T. (65) 6337 1886; F. (65) 6339 7650; www.raffleshotel.com; habitaciones desde 400 dólares) para revivir la balsámica vida de la era colonial, pero hacerlo ayuda mucho a imaginarla. Es en sí mismo una de las atracciones más clásicas de la ciudad. En su Long Bar, no deje de probar el Singa­pore Sling, un clásico hecho con gin, granadina, Cointreau, Benedictino, jugo de piña y toques de limón, que se bebe comiendo cacahuates cuyas cáscaras se tiran al suelo. Rival del Raffles desde hace cuatro años, The Fullerton Hotel (1 Fullerton Square; T. (65) 6733 8388; F. (65) 6735 8388; www.fullertonhotel.com; habitaciones desde 450 dólares) está en una de las grandes reliquias arquitectónicas de la época del imperio y Shangri-La (22 Orange Grove Road; T. (65) 6737 3644; F. (65) 6737 3257; www.shangri-la.com/en; habitaciones desde 325 dólares), uno de los mejores hoteles de Asia según la revista Condé Nast Traveller, está situado precisamente en el área de Orchard Road. Por último, el M Hotel Singapore (81 Anson Road; T. (65) 6224 1133; F. (65) 6222 0749; www.m-hotel.com; habitaciones desde 150 dólares), ubicado en medio del distrito comercial, tiene un diseño exquisito.

DÓNDE COMER

Gold Coast Live Seafood (Seafood Center, East Coast Parkway; 20 dólares por persona) es el sitio por excelencia para degustar mariscos preparados a la usanza china. En días despejados, desde aquí se alcanzan a divisar los vecinos islotes indonesios de Bintam y Batam.

The Garlic Restaurant (10 Anson Road, International Plaza; www.colours.com.sg) es uno de los siete restaurantes del complejo Colors by the Bay, con comida china, japonesa, italiana, mexicana y tailandesa. Los menús de tres platos cuestan entre 7 y 40 dólares, dependiendo de la especialidad.
Por último, Shahi Maharani (Raffles City Shopping Centre, 252 North Bridge Road; www.shahimaharani.com; 24 dólares por persona) es el mejor restaurante de comida del norte de la India, ubicado en una bella réplica palaciega.

IMPUESTOS
En Singapur se aplica un impuesto de 3% (Goods and Services Tax, gst) a casi todos los productos y servicios. Los turistas pueden pedir el reembolso en el aeropuerto, si las compras efectuadas superan los 200 dólares (o 300 dólares singapurenses) y si éstas han sido hechas en tiendas integradas al Programa de Reembolso del gst.

CLIMA

Singapur tiene clima tropical, de modo que las temperaturas prácticamente no varían. Las máximas bordean los 32 grados y la mínima rara vez baja de los 23 grados. El monzón llega al país entre noviembre y enero.

LECTURAS RECOMENDADAS
Lord Jim de Joseph Conrad y San Jack de Paul Theroux.

Nota: Todos los precios están en dólares estadounidenses.
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