Luces para celebrar: el nuevo restaurante de la Royal Academy
©Cortesía Royal Academy of Arts

Luces para celebrar: el nuevo restaurante de la Royal Academy

La luminosidad no es un atributo corriente de los exteriores londinenses pero, adentro de la Royal Academy, el nuevo diseño de los arquitectos McInnes, Usher y McKnight ha resucitado a fuerza de luces uno de los recintos más agradables para comer en la capital inglesa.
En el interior de la Real Academia de las Artes de Londres, el ocaso es un experimento de rayos azules y violáceos que salen de tubos catódicos instalados en el techo. El restaurante de esta institución londinense, ubicada en Burlington House, una de las casas más imponentes del barrio de Piccadilly, acaba de ser remodelado por la firma de arquitectos británicos McInnes, Usher y McKnight (MUMA), quienes al parecer pusieron el énfasis en la luz. Y, ciertamente, como en el atardecer, las luces van cambiando de tono. A veces el espacio se vuelve apenas celeste para más tarde tener al rojo como protagonista. El tornasol es gradual, un verdadero placer cromático, un “refugio” ideal para pasar todas esas tardes en las que el sol no tiene más remedio que rendirse ante la insistencia de las nubes y el frío.

Las hipnóticas luces están insertas en unos paneles elípticos y cóncavos que recuerdan la película de ciencia ficción 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Pero sea cual sea la imaginería del visitante, lo cierto es que la luz cae armónica sobre los distintos elementos que componen el lugar. Como velas invisibles, algunos de los halógenos dan intimidad a las mesas, mientras otros realzan las obras de arte elegidas para habitar en el recinto. Son piezas que de alguna manera dan testimonio de que se trata de una de las galerías más importantes de Londres, donde exhibiciones clásicas se intercalan con las muestras más vanguardistas de la escena artística británica.

Se hizo la luz
Antes de que se efectuaran los cambios, en el restaurante de la Royal Academy reinaban los tonos opacos y sin contraste que acentuaban la sensación de estar en un sitio cerrado. No era precisamente un lugar inspirador, le faltaba “aire”. El proyecto de McInnes, Usher y McKnight barrió con esa oscuridad usando una gran pincelada de blanco, que convirtió al “no color” en el nuevo monarca de gran parte de los muros, las ventanas y el techo. Como telón de fondo, sirve de base para la reflexión de la gama cromática que aportan las luces.

Además, la claridad ganada hizo “resucitar” lo que había del pasado: el suelo de parquet y los paneles de madera que cubren la parte inferior de los muros; las columnas jónicas, los arcos y las molduras rectangulares heredadas del inmueble original.

También están los murales de los pintores británicos Fred Appleyard, Harold Speed, Gilbert Spencer y Leonard Rosoman, que literalmente “salieron a luz” con la transformación del local. Siempre estuvieron allí, pero parecían ocultos, como si tuvieran vergüenza de salir de las sombras. Ahora, sus cualidades están a la vista: son pinturas que hablan de arte, de lienzos y pinceles, de musas. Además, repartidas en distintos rincones hay elegantes esculturas de Elizabeth Frink, el escocés Eduardo Paolozzi, Alfred Turner, la alemana Uli Nimptsch y Barry Flanagan, que ponen un toque contemporáneo y a ratos parecen mascarones más o menos abstractos.

Ésta es la tercera ocasión en que el recinto es reestructurado desde que en 1885 el influyente arquitecto Norman Shaw le presentó a la sociedad victoriana lo que fue el primer comedor de la Royal Academy, todo un evento en la agenda de la clase alta de la época.

McInnes, Usher y McKnight tienen amplia experiencia en el rediseño de galerías de arte (ya habían sido alabados por lo que hicieron en las salas Medieval y Renacentista del Victoria and Albert Museum de Londres y la Newlyn Art Gallery de Cornwall, en el suroeste de Inglaterra) y fieles a su estilo se inclinaron por respetar la arquitectura tradicional del edificio. Pero al mismo tiempo los detalles que introdujeron lo transformaron completamente. Ya no es un sitio asfixiante, sino un espacio atractivo, fresco y vibrante.

Esto no pasó inadvertido para el jurado del prestigioso galardón de Diseño de Luces que se entrega cada año en Gran Bretaña y que en 2005 le otorgó el primer lugar en la categoría de Desarrollo Comercial, Restaurantes y Hoteles. Los jueces destacaron que “la gracia está en que es una solución simple, pero altamente efectiva a la hora de provocar estados de ánimo”.

De la exhibición al plato

Pero la transformación del diseño no habría tenido sentido si el cambio arquitectónico no se hubiese acompañado de una renovación gastronómica. Rhavish Basin fue el chef encargado de revolucionar el menú, y su principal arma es la variedad. El local ofrece todos los días desayuno, almuerzos y el tradicional té británico, que aunque según la mitología se toma exactamente a las cinco de la tarde, en realidad se sirve desde las tres. Los viernes también se puede cenar, escuchando música en vivo.

A Basin lo que le gusta son las sorpresas. Lo único que garantiza es que trabaja con productos de la estación. Todo lo demás puede cambiar, incluso la ubicación de los muebles. Y su propuesta temática está diseñada para calzar con las exposiciones de la galería: si la muestra es sobre Turquía, entonces la carta incluye delicias turcas; si es sobre el Impresionismo no faltarán suculencias francesas; si el artista es romano, de Roma habrá al menos alguna receta, y así el arte también llega a la cocina.

Por lo general, el menú incluye novedosas ensaladas frescas y platillos que fusionan recetas de todas partes. Mientras duró la exhibición sobre Turquía “Turks: A Journey of a Thousand Years, 600-1600 AD”, hasta abril de 2005, había musaka de berenjenas con yogur, salmón con ajonjolí y cuscús de piñones, y con la apertura de la exposición “Munch: By Himself”, que durará hasta diciembre, habrá que digerir la obra del artista noruego con platillos de salmón, mero y otras ocurrencias nórdicas del talentoso cocinero. Para el té se pueden encontrar los clásicos scones (la versión británica del bisquet) con mermelada o crema batida, y una buena variedad de pasteles y tartas.

Los precios son bastante razonables para los estándares londinenses. Un almuerzo promedio sale entre 10 y 20 dólares, la cena de los viernes entre 30 y 50 y el servicio de té completo alrededor de 11.

Royal Academy
Burlington House,
Piccadilly, Londres
T. 44 (207) 300 8000
www.royalacademy.org.uk

Abre todos días del año, excepto el 25 y el 26 de diciembre La entrada a la colección permanente es gratis, pero la entrada general para las exposiciones temáticas es de unos 20 dólares por persona. Dos estaciones del subterráneo —Picadilly Circus y Green Park— lo dejan a un paso y los autobuses 9, 14, 19, 22 y 38 pasan por su puerta. Los horarios para la galería y el restaurante son los mismos: de 10 a 18 horas de sábado a jueves y hasta las 22 horas los viernes. Para la cena de los viernes se recomienda hacer reservaciones en el 44 (207) 300 5608.

OTROS SITIOS PARA VER Y COMER

The British Museum

Great Russell Square
T. 44 (207) 323 8000
www.thebritishmuseum.ac.uk
De sábados a miércoles de 10
a 17 horas, jueves a viernes
de 10 a 20:30 horas
Entrada gratuita

Estaciones de metro: Holborn,
Tottenham Court Road, Russell
Square y Goodge Street
Si quiere seguir en la onda clásica, no hay mejor lugar que el polémico British Museum. Su restaurante está ubicado bajo el aclamado techo de vidrio del arquitecto Sir Norman Foster y ofrece una selección de platillos de distintos rincones del mundo. El precio promedio de los platos fuertes es de 17 dólares. Si quiere ser uno de los privilegiados que coma con vista a la famosa Sala de Lectura en que Karl Marx escribió parte de El Capital, resérvela llamando al 44 (207) 323 8990, abre todos los días desde las 11 horas.

Somerset House
The Strand
T. 44 (207) 845 4671
www.somerset-house.org.uk
Diario de 10 a 18 horas
Entrada gratuita

Estaciones de metro: Temple,
Covent Garden, Charing Cross
y Embankment
Somerset House lo sorprenderá, sobre todo en verano. El patio interior de este magnífico edificio del siglo xviii es uno de los sitios más agradables de Londres. La oferta del café es bastante básica, pero muchos optan por hacer picnics urbanos aprovechando una de las decenas de mesas dispuestas alrededor de las fabulosas fuentes del patio Edmond J. Safra que, inauguradas en 2000, constituyen la primera comisión de fuentes públicas en Londres desde la construcción de las de Trafalgar Square en 1845. Los museos que alberga el inmueble —Courtauld Institute of Arts, Gilbert Collection y Hermitage Rooms— son igualmente fantásticos.

Tate Modern
Tate Modern, Bankside
T. 44 (207) 887 8888
www.tate.org.uk/modern
De domingos a jueves
de 10 a 18 horas, viernes
y sábados hasta las 22 horas
Entrada general gratis

Estaciones de metro: Southwark y Blackfriars
Si lo suyo es lo moderno, su sitio es definitivamente la Tate Modern, ubicada a orillas del río Támesis en una estación eléctrica reconvertida por los arquitectos suizos Herzog & de Meuron. El café del primer piso no está mal, pero la verdadera joya está en el restaurante del séptimo nivel, que tiene una vista inmejorable sobre la ribera y la catedral de Saint Paul. La lista de vinos es extensa y original.
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