Para comer bien en Caracas
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Para comer bien en Caracas

Que el amor entra por el estómago en Caracas no es un dicho, sino una firme creencia popular. Es por eso que este recorrido por la capital venezolana tiene el apetito como motor fundamental.
Cuando Caracas entra en pánico, corre a los supermercados a comprar comida y come con desespero para mermar la incertidumbre; si Caracas se va de fiesta, cena, merienda, bebe y convida a los amigos para celebrar; si Caracas se acongoja, busca olvido en los tragos y entremeses. La sabiduría popular decretó en sus refranes que “barriga llena” equivale a “corazón contento” y que “el amor entra por el estómago”. Cuando una linda chica deambula por el centro no faltará quien le lance el piropo: “Si cocinas como caminas, me como hasta…”. Y a la corrupción se le llama “guiso”; y al ritmo, “sabor”.

Las calles del centro de Caracas no tienen número, pero las esquinas sí tienen nombre: Pinto, Miseria, Ánimas, Las Monjas, Piñango. Y La Gorda es la esquina que media entre los poderes Ejecutivo y Legislativo: a una cuadra del Palacio Federal y donde comienza el ascenso al Palacio de Miraflores. De la pobreza —que abunda—, a Caracas le conmueve el hambre y no el desempleo o la injusticia o la inseguridad; cuando Caracas protesta, dice: “El Pueblo tiene hambre”.

Caracas es verde, a pesar de sí misma: un valle cruzado por autopistas e invadido por edificios que lo trepan aun hasta donde la ley de gravedad no lo permitiría. El cerro El Ávila —que separa a la ciudad del mar—, el metro y la buena mesa, conforman la lógica urbana y hacen posible lo cotidiano.
En sus maneras, su arquitectura y sus costumbres de consumo, Caracas vive en la reminiscencia de los años cincuenta a los setenta: tiempos de la difícil transición entre las dictaduras militares y la democracia, de la ciudad moderna y el boom petrolero; del dólar a 4.30 y de los banquetes y los brindis con champaña Veuve Clicquot. Caracas desfila como una reina coronada, que con el escote disimula el traspié.

DÓNDE COMER, EN EL VALLE
La nueva gastronomía venezolana se ha esforzado por rescatar los sabores de antaño y, en especial, los de la cocina mantuana caraqueña: la cocina de la nobleza criolla capitalina, descendiente de indígenas y españoles. Ingredientes como el ají dulce, el cacao y la guayabita —especie de pimienta dulce que sólo se usa en Venezuela— constituyen el toque especial de buena parte de los platillos, en los que se combinan los usos tradicionales con nuevos códigos y procesos de cocción. Algunos de los chefs venezolanos que lideran esta propuesta son Helena Ibarra, desde la cocina del restaurante Palms del hotel Altamira Suite’s; Víctor Moreno, instructor del Centro de Estudios Gastronómicos de Caracas, y Sumito Estévez, director del Instituto Culinario de Caracas.

Y fuera de la tradición, la comida internacional que se sirve en Caracas goza también de muy buen nombre. En especial la española, la italiana, la china y la árabe, favorecidas por la sazón de las comunidades de inmigrantes.

No se necesita de gran parafernalia para salir a comer. Las reservaciones para cenar pueden hacerse el mismo día, y la norma es que cada local cobre 15% de impuestos sobre los consumos y 10% por servicio; adicionalmente, se acostumbra dejar entre 10% y 15% de propina. Algunas administraciones incluyen el impuesto en sus costos y no cobran el servicio, sino que le dejan al comensal la decisión de evaluarlo.

Mastranto
Calle Nueva York, entre calle Madrid y avenida Río de Janeiro, Las Mercedes; T. 58 (212) 993 9418; de 11 a 23 horas; alrededor de 15 dólares por persona.
En Mastranto conviven todas las regiones de Venezuela: desde el Pastel de Chucho oriental —elaborado a base de capas de pescado desmenuzado, plátano maduro y queso blanco— hasta el Asado Negro caraqueño —suerte de roast beef cortado en gruesos trozos, bañados en salsa de verduras—. También sirven hallacas todo el año: un plato nacido de la cocina indígena, que tradicionalmente se prepara sólo en navidades; se trata de una especie de tamal de harina de maíz, relleno de un guiso de verduras, carnes blancas y rojas que se cocina envuelto en hojas de plátano ahumadas. Todo el menú se prepara con base en recetas tradicionales y es, en sí mismo, un viaje al interior del país.

Tupé
6a Transversal entre 3a y 4a Avenida, Los Palos Grandes; T. 58 (212) 286 8080; www.tupecaracas.net; lunes a sábados de 12 a 15, domingos hasta las 16 horas; alrededor de 20 dólares por persona.
Su nombre es sinónimo de atrevimiento y, sobre esta cualidad, el colectivo de Tupé define su propuesta gastronómica, utilizando como punto de partida la mesa mantuana caraqueña. La presentación es su arma secreta. La carta varía cada trimestre y, en ocasiones, participan de la cocina algunos chefs invitados. Entre los platos fijos y tradicionales se cuenta la polvorosa de pollo —pastel de pollo, elaborado sobre una masa de harina de trigo—, aunque también pueden encontrarse experimentos con pescados e ingredientes criollos, como el lenguado con sofrito de calabaza, cebollín confitado y salsa ligera de corbullón.

Malabar
Avenida Orinoco, Las Mercedes; T. 58 (212) 991 3131; www.malabar.com.ve; lunes a sábados de 12 a 15 y de 19 a 24 horas, domingos de 12:30 a 17 horas; alrededor de 15 dólares.
El diseñador francés François Schmidt y el arquitecto venezolano Totón Sánchez le dieron una nueva forma a esta antigua casa de Las Mercedes, ahora atravesada por una caída de agua que conecta la terraza con el comedor y que transcurre a través del lounge de cuatro gradas revestidas de acogedores sofás. Una copa de vino tinto acompañada de una degustación de quesos de cabra venezolanos, son un buen comienzo antes de escoger el plato principal. Su especialidad es una corriente de la cocina internacional a la que sus chefs llaman “cocina creativa contemporánea”, que combina usos de la cocina tradicional venezolana con la catalana. El osobuco y todos los pescados de este local son altamente recomendables.

Mezzanote
Avenida Panorama, Centro Comercial Mirador, nivel 1, Lomas de San Román; T. 58 (212) 993 6761; www.mezzanotte.com.ve; alrededor de 15 dólares.
Ésta es la mejor vista de Caracas, si excluimos del ranking la posibilidad de volar o de tomar el teleférico que sube a El Ávila. Y cuanto más temprano reserve —si es posible, desde el día anterior— tendrá mayor probabilidad de sentarse junto a su gran ventanal. Los tagliatelle Mezzanote al nero y el pay de manzana con jengibre y coco son un escándalo.

Mediterráneo
1a Avenida, entre 1a y 2a Transversal, Ed. Oriental, Los Palos Grandes; T. 58 (212) 283 3680; martes a sábados de 12 a 15:30 y de 19:30 a 22:30 horas; alrededor de 20 dólares.
No hay más de diez mesas en este restaurante que sirve muy buena cocina italiana y del mediterráneo en general, y que está oculto en la planta baja de un edificio residencial de Los Palos Grandes. Para comenzar, está la ensalada de radicchio, pera, gorgonzola y avellanas. Y tanto los ñoquis de ricotta, tomatitos y pesto como la lasaña con ajoporro —puerros— saben como hechos en casa. Es importante llamar antes para verificar si el local estará abierto y reservar.

DÓNDE COMER, EN LAS ALTURAS
A Caracas hay que verla desde arriba y hasta parece inofensiva. Por eso es imprescindible tomarse al menos una tarde (desde las 16 horas está bien) para subir en teleférico al Parque Nacional El Ávila. El funicular se toma en las instalaciones de Ávila Mágica (T. 58 (212) 901 5555; www.avila magica.com; entre 8 y 14 dólares ida y vuelta), al final de la avenida principal de Maripérez. El ascenso dura unos 15 minutos hasta alcanzar 2?150 metros de altura. Entonces el sonido de los grillos y los loros va sustituyendo el de las bocinas y los autobuses; verifique en el altavoz de su cabina: la banda sonora no es artificial.

Una vez arriba puede seguir la ruta que lleva al hotel Humboldt y, mientras lo hace, ver alternativamente el mar Caribe a su izquierda y Caracas a su derecha. Tanto el edificio como el teleférico —que hace sesenta años descendía también hasta el litoral central— fueron inaugurados en 1956, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1949-1959). Hoy día el hotel está cerrado, y de vez en cuando abre sus salones para eventos especiales o a algún DJ, como Ravin o Stéphane Pompougnac del Buddha Bar en París.

Una buena opción es subir entre el miércoles y el viernes —cuando hay menos excursiones— para disfrutar del silencio. El parque está abierto al público hasta las 20 horas; sin embargo, el servicio del teleférico se prolonga hasta la medianoche para transportar, de miércoles a sábados, a quienes han reservado su mesa en los restaurantes de la cima.

Cumbe
Parque Nacional El Ávila; T. 58 (212) 315 9998; www.avilamagica.com; miércoles a sábados de 12:30 a 24 horas, martes y domingos de 12:30 a 20 horas; alrededor de 20 dólares.
Se encuentra en la onda de la nueva gastronomía venezolana y todas las opciones son correctas: una ensalada de camarón con mango o una terrina criolla con chutney de fruta para empezar; luego, un corbullón caribeño (pescado marinado), una polvorosa de pollo o un asado negro moderno con puré de batata. De postre, vale la pena una “torta” de queso criolla con delicada de guayaba o una espuma de chocolate al romero con salsa de mango o fruta de la pasión. Luego de cenar, es obligatorio tomar una copa en la terraza.

Ávila Fondue

Parque Nacional El Ávila; T. 58 (212) 315 5295; www.avilamagica.com; miércoles a sábados de 12:30 a 24 horas, de domingos a martes hasta las 20 horas; alrededor de 20 dólares.
Su nombre da cuenta de su especialidad: fondue de lomito, de queso o de chocolate y frutas. Fue el primer restaurante inaugurado en la cumbre: una taberna acogedora, con excelente vista de Caracas, abrigada por una chimenea.

DÓNDE BEBER Y BAILAR
Sawú
Calle California, entre Mucuchíes y Monterrey, Las Mercedes; T. 58 (212) 991 7309; martes y domingos desde las 17 horas, jueves, viernes y sábados cierra al amanecer.
Es una especie de bungalow decorado con muebles de mimbre y luces indirectas, armado de dos pisos para el baile y el meneo. Las caras que lo frecuentan son extraídas de las novelas rosas y de la crónica social.

Suka Bar
Centro Comercial San Ignacio, nivel Blandín, La Castellana; T. 58 (212) 263 5249; www.sukabar.com; lunes a domingos de 18 a 2:00 horas; bebidas alrededor de 5 dólares.
Al fondo del local hay una gran hamaca de la que pueden colgarse hasta tres personas, y hasta allá irán a servirle su vodka tonic o su cosmopolitan. La dificultad estará en bajar. Los martes a las 21 horas hay conciertos de bossa nova y fusión de jazz.

Belle Époque
Avenida Leonardo Da Vinci, edificio Century, Colinas de Bello Monte; T. 58 (212) 753 1342; www.labelleepoque.net; martes a domingos desde las 21 horas, de jueves a sábados puede cerrar a las 5 horas.
Solía ser un restaurante francés, pero éstos son sus buenos tiempos. En un salón, melenas, dreadlocks y cabezas rapadas se baten al ritmo del funk, el reggae o el rock, llevados por la banda de turno; en otro, los cuerpos sudan al ritmo del tecno; y en la sala del centro, los sobrios y los cansados se dejan caer en los sofás para ver videos, propuestas fotográficas o películas en blanco y negro. Los tragos, muy económicos (entre uno y 8 dólares).

DÓNDE DORMIR
La ciudad ofrece opciones casi infinitas para el hospedaje. Los dos aspectos a considerar son la calidad del servicio y la comodidad para movilizarse. Si la prioridad es caminar, comer, bailar e ir de tiendas, lo recomendable es escoger un lugar ubicado en el este de Caracas.

Hotel Meliá Caracas
Avenida Venezuela con Avenida Casanova, Sabana Grande; T. 58 (212) 762 8111; www.solmelia.com; habitaciones desde 300 dólares.
Las celebridades que visitan Caracas se hospedan en este hotel, que ofrece a sus clientes 664 habitaciones divididas en tres torres. Está ubicado en una avenida paralela a la que, un siglo atrás, fuese la Calle Real de Caracas. Pero los tiempos cambian y lo recomendable al salir y entrar del edificio es hacerlo en taxis.

Radisson Hotel Eurobuilding Caracas
Final calle La Guairita, Chuao; T. 58 (212) 902 1111; www.eurobuilding.com.ve o www.radisson.com; desde 129 dólares la noche.
Es el lugar a donde suele ir a dormir Miss Venezuela la noche de su elección como reina de belleza. Cuenta con cuatro restaurantes, gimnasio, piscina, área de tiendas, zona de masajes y peluquería. Y está ubicado muy cerca de las urbanizaciones Las Mercedes y Altamira, que casi monopolizan la oferta gastronómica y nocturna de la ciudad.

Hotel Caracas Hilton
Avenida Sur 25 con Avenida México, El Conde; T. 58 (212) 503 5000; reservas www.hiltoncaracas.com.ve; habitaciones desde 170 dólares.
Está ubicado a dos pasos del Teatro Teresa Carreño, el Museo de Bellas Artes, la Galería de Arte Nacional, el Museo de Ciencias, el Ateneo de Caracas y el Museo de Arte Contemporáneo “Sofìa Imber”; edificios que, en su conjunto, forman el área cultural más amplia de la ciudad.

Altamira Suite’s
Primera Transversal, entre avenida Luis Roche y primera avenida, Los Palos Grandes; T. 58 (212) 209 3474; www.hotelaltamirasuites.com; entre 160 y 350 dólares.
La ubicación de este hotel es inmejorable: a dos cuadras de la estación del metro de Altamira y a pocos pasos de una gran variedad de cafés y restaurantes. La cocina de su restaurante Palms, además, está a cargo de la innovadora chef Helena Ibarra.

LO IMPERDIBLE

Si no le teme a la oscuridad, a las alturas ni a quien le acompaña, no deje de hacer el descenso desde El Ávila de noche. Como de continuo suben y bajan funiculares, los operadores dejarán que usted y su grupo viajen solos en una cabina. La vista de las luces de Caracas es inigualable desde allí.
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