Beijing: cosas de niños
Si los templos, parques y museos de la capital china fascinan a cualquiera que los descubre por primera vez, a la imaginación de los niños puede causarles maravillosos efectos permanentes.
Lo van a mirar. Mucho, lo van a mirar. Quiero decir: van a pararse frente a él y le van a clavar la vista. Le van a sonreír. Le van a decir cosas incomprensibles. Le van a tomar fotos. Y hasta van a querer tocarlo como si se tratase de un ser divino o de otro planeta. En medio de la plaza Tian’anmen, “Puerta de la Paz Celestial”, por ejemplo, donde se arremolinan contingentes de turistas provenientes de la China profunda, todos chinos vestidos de negro, azul o marrón y con una gorrita roja, amarilla o verde que los distingue entre un grupo y otro, un niño de ojos redondos hablando en español constituirá una atracción mucho más fuerte que el retrato de Mao que corona la majestuosa entrada a la Ciudad Prohibida. Y si por esas cosas de la estimulación temprana, el chico es capaz de responder a las miradas extrañadas con un “ni hao” que en chino significa “hola”, no habrá que descartar la posibilidad de poner un puestito allí mismo y comercializar “la foto con el occidentalito a sólo 5 yuanes”. Es que a pesar del cada vez más intenso intercambio con el primer mundo, que incluye miles de familias jóvenes norteamericanas y europeas radicadas en Beijing (también llamado Pekín) y sus alrededores, a la mayoría de los chinos, los chicos occidentales siguen llamándoles la atención. Entonces, si decide viajar a Beijing con sus hijos, sépalo: sus vástagos serán motivo de admiración para los chinos del mismo modo que lo serán para su familia la Gran Muralla, el Templo del Cielo y la increíble cantidad de edificios gigantes construidos y en construcción.
Luego de esto, lo que queda es disfrutar en familia de una de las ciudades más fascinantes de la actualidad, que está cambiando minuto a minuto y que, muy probablemente, hoy no sea la misma que la que será dentro de siete días. Así de vertiginoso es el crecimiento de Beijing que, en números duros, está representado en el 9 por ciento que crece por año la economía china. La apertura al capitalismo es descomunal, febril y avasallante. Y para verlo basta con poner un pie en Beijing.
Para moverse con niños lo más recomendable, siempre, son los taxis porque, en primer lugar, por ahora hay sólo tres líneas de metro que sólo abarcan el centro; en segundo, los colectivos y los trolebuses son difíciles de entender si no se sabe mandarín; además caminar Beijing con sus veredas rotas u ocupadas por vehículos estacionados, esquivando autos, bicicletas, rickshaws, camionetas, colectivos, motonetas y otros objetos con ruedas debe ser considerado turismo de aventura; y finalmente nadie en su sano juicio podría recomendar a un turista occidental que alquile un auto para perderse en el tránsito de Beijing. El increíble crecimiento del parque automotor hizo de las muchas y aún escasas autopistas de Beijing un embotellamiento constante; y como muchos chinos se bajaron de las bicicletas y se subieron a autos de 50 mil dólares hace apenas diez años, pilotean sus lujosos y veloces bólidos como ayer manejaban sus bicicletas. ¿Exagerado? Cuando vea un auto último modelo viniendo marcha atrás por una autopista pekinesa, se acordará de mí. Entonces, volvamos al taxi, que no es caro: la bajada de bandera es de alrededor de un dólar y medio y eso alcanza los dos primeros kilómetros. Después, según el modelo de auto, la ficha cuesta menos de un dólar por kilómetro. Pero es imprescindible llevar escrito en chino el destino, porque los taxistas no entienden ni inglés ni chino chapuceado por un extranjero ni, muchísimo menos, español. En verano o primavera siempre existe la opción de la bicicleta y, eso sí, en Beijing los ciclistas siguen siendo los reyes en las calles. En general, los grandes hoteles tienen servicio de alquiler de bicicletas, y puede ser una opción divertida para compartir en familia. Si aún así decide moverse con su familia en auto, no dude: alquile uno, pero con chofer chino incluido (Beijing Car Company; T. 86 (10) 659 4441).
Visitas obligadas y otros parques
Entre los puntos que todo turista que pisa Beijing por primera vez debe conocer, los grandes parques son ideales en compañía de niños. Beijing está llena de parques poblados de árboles centenarios, lagos con peces y patos (aunque por culpa de la gripe aviar, las autoridades retiraron estos últimos), juegos y jardines. Como el Tiantan Park (Yongdingmen Dajie, Chongwen District; T. 86 (10) 6702 8866; todos los días de 6 a 20 horas), con el Templo del Cielo como máxima atracción. Se trata de un parque de 270 hectáreas con un conjunto de templos que constituyen el máximo exponente de la arquitectura Ming, rodeado de árboles espectaculares y césped verdísimo. Aquí también está el Muro del Eco, que rodea a la Bóveda Celeste Imperial y en el que, por las características propias de la construcción, el sonido se amplifica o se repite según dónde uno se ubique, algo divertido de experimentar con los chicos. Otro espacio ideal para recorrer en familia es, a unos 12 kilómetros de Beijing, el Palacio de Verano (Yiheyuan Lu, Haidian District; T. 86 (10) 6288 1144; todos los días de 7 a 17 horas; 4 dólares entre abril y octubre, 3 dólares entre noviembre y marzo), un parque impresionante lleno de palacetes donde las dinastías Ming y Quing celebraban sus ceremonias y rituales más importantes. El mejor programa en este caso es organizar un picnic a la sombra de árboles centenarios y combinarlo con paseos alrededor del enorme lago o alquilar un botecito y salir a remar por las aguas imperiales.
Otros ejemplos son el parque Beihai, al lado de la Ciudad Prohibida (Xianmen Dajie; todos los días de 8 a 16 horas; entrada gratis), un lago que mil años atrás supo ser parte de los jardines reales y que hoy es un bello paseo que incluye la famosa Dagoba Blanca de 1651 que honra al Dalai Lama; el Liuyin Park, con autitos a batería, botes a pedal, trampolines, toboganes (Jiangzhaikou, Andingmenwai, Dongcheng Distric; T. 86 (10) 8413 1357; todos los días de 6 a 20:30 horas); el Yuyuantan Park, al oeste de la ciudad, con su lago gigante; y el Houhai (Di’anmenwai Dajie), que si bien no es un parque, es un paseo muy recomendable para recorrer en rickshaw, navegar en bote o, en invierno, patinar sobre sus dos lagos helados montado en esquíes o sillas para hielo.
En cambio, lugares imperdibles pero que es mejor no visitar con niños son La Ciudad Prohibida, el Palacio Imperial (Gugong) y el Templo del Lama, porque están siempre atestados de turistas, tienen muchas rampas y desniveles y exponen cosas que no se pueden tocar. Con o sin niños, la Gran Muralla también es ineludible (Badaling; todos los días de 8 a 16 horas; 6 dólares). Aunque recorrerla con ellos puede ser una tortura, porque no es un sitio diseñado para que jueguen. Mejor es que usted disfrute del paisaje amurallado mientras sus hijos se divierten con el viaje en el teleférico, que lleva a los visitantes hasta una de las puertas de la Gran Muralla sobrevolando una zona de montañas selváticas.
Para aprovechar el viaje hasta Badaling, que queda a 72 kilómetros de Beijing, lo mejor es combinar la vista a la Gran Muralla con las Tumbas Ming (50 kilómetros al norte de Beijing; todos los días de 8:30 a 16:30 horas), donde están enterrados 13 de los 16 emperadores de esta dinastía. No tanto por la única tumba que puede visitarse, que es la del emperador Wan Li (1573-1620), sino por la Vía Sagrada (Sacred Way Museum of Ming Tombs; 4 dólares), un paseo espectacular al aire libre, especie de avenida peatonal gigante franqueada por pares de estatuas de elefantes, leones, camellos y guerreros gigantes. Y cerca de la Gran Muralla, también está el Badaling Wildlife Park, un zoológico con animales sueltos para recorrer en auto (autopista hacia Badaling Great Wall Center, Yanqing County; T. 86 (10) 6912 1842; www.bdlsw.com.cn; todos los días de 8 a 5 horas; niños menores de un metro y 20 centímetros gratis, adultos: 9 dólares).
El zoológico de Beijing, como todo en China, es gigante y, como todo en Beijing, está siendo ampliado y reformado. Fundado en 1906, el Beijing Zoo (137 Xizhimen Wai Dajie, Xicheng District; T. 86 (10) 6831 4411; www.bjzoo.com; diario de 7:30 a 17 horas en invierno, de 7:30 a 18 horas en verano; 3 dólares, gratis para niños menores de un metro y 20 centímetros) recibe unos 5 millones de visitantes por año y su principal atracción son los osos panda. Pero lejos del estereotipo del peluche blanco y negro reluciente, escondidos entre parvas de caña de bambú, los panda de aquí lucen marrones y despeinados, “como almohadones sucios” al decir de un niño que jamás diré que es mi hijo para evitarme un papelón frente a la amable comunidad china. Pero es cierto: las condiciones de higiene en las que viven los bichos allí no son iguales a las que puede estar acostumbrado un visitante habitual de los parques del primer mundo, y por eso es posible que algún nene sensible pregunte con cierta angustia “¿qué es eso feo que tiene ese monito ahí donde no tiene pelo?, ¿está lastimado, no le duele, pobre monito?” Los monitos de pelo dorado son otra de las atracciones del zoológico de Beijing. También hay rinocerontes, tigres de bengala, elefantes, y en su zona más moderna cuenta con un gran acuario con tiburones, show de delfines, un enorme estanque lleno de corales, y las más diferentes bestias marinas (Beijing Aquarium; 108 Gao Liang Qiao Xije, HaiDian District; T. 86 (10) 6217 6655; www.bj-sea.com; 9 a 17 horas; gratis para niños menores de 1 metro y 20 centímetros).
Beijing tiene también su Chinese Science and Technology Museum (1 Beisanhuan Zhonglu, Chaoyang District; T. 86 (10) 6237 1177; www.cacpm.rij.cn; martes a domingos de 9 a 16:30 horas; entrada entre 3 y 4 dólares), un lugar para divertirse y aprender con robots, ilusiones ópticas y experimentos varios que incluye áreas de juegos en el tercer y cuarto piso. Y en el mismo plan está el Sony ExploraScience, el museo de tecnología más sofisticado de la ciudad, con perros robots que juegan fútbol, esculturas musicales y juegos con luces; ideal para días de frío o lluvia (1 Dong Chang’an Jie, Dongcheng District; T. 86 (10) 8518 2255, www.explorascience.com.cn; lunes a viernes de 9:30 a 17:30 horas, sábados, domingos y feriados de 10 a 19 horas; niños menores de 6 años gratis, adultos 4 dólares). Y está el Chaoyang Park (1 Nongzhan Nanlu, Chaoyang District; T. 86 (10) 6506 5409; todos los días de 6:30 a 20:30 horas; un dólar la entrada, cada juego entre 2 y 3 dólares) donde los chicos podrán andar en dragones voladores, tazas rodantes, autos chocadores, trepar y saltar castillos inflables o marearse en calesitas velocísimas. Si no, para toboganes y otros juegos de agua, cine en 3D y autitos de carrera, está el Beijing Amusement Park (1 Zuo’anmennei Dajie, Chongwen District; T. 86 (10) 6714 3611; www.bap.com.cn; todos los días de 9 a 16:30 horas en invierno, y de 8 a 17:30 horas en verano; gratis para niños de menos de 1 metro, 10 centímetros, adultos 11 dólares). Y también hay pequeños parquecitos de diversiones antiguos como el del Ritan Park (Ritan Beilu, Chaoyang District; T. 86 (10) 8563 5038). Allí, además de los clásicos bosques con su lago y sus peces de colores, hay mini-golf, muros para trepar, toro mecánico, y juegos de kermés como voltear latas o embocar pelotitas en vasos, y también hay, como en muchas plazas públicas de Beijing, aparatos para hacer gimnasia en perfecto estado que son de uso gratuito.
Otro paseo ineludible es el de los hutones, esos paisajes urbanos de la vieja capital conformados por laberintos de callejones angostísimos y viviendas de patios y baños compartidos que durante siglos fueron símbolo de la vida en la ciudad, y que hoy están siendo sustituidos salvaje y velozmente por edificios de departamentos. Algunos hutones se conservan como atracción turística y la única manera de recorrerlos es a pie o en bicicleta. Con niños lo mejor es recurrir a los tradicionales rickshaws, especie de bici-taxi que parecen inventados especialmente para esto. Pueden contratarse a la vera de la Torre del Tambor (Gulou Xidajie, Dongcheng District; todos los días de 9 a 17 horas; 3 dólares la entrada), un templo con una vista maravillosa de Beijing que no figura en todas las guías pero que resulta interesante a la hora del concierto de tambores, algo que ocurre cada 15 minutos.
Kung Fu, cometas y acrobacias
China no sólo es conocida por sus dinastías y sus revoluciones: también es famosa por sus artes marciales. Para ver en vivo y en directo a especialistas en kung fu, The Red Theater (44 Xing Fun Dajie, Chongwen District; T. 86 (10) 6714 6433; www.heaven-creation.com) es una posibilidad porque allí se presenta “The Legend of Kungfu”, un show que a principios de 2006 llegó a los Estados Unidos y a Canadá. Algo menos violento pero no menos tradicional son las acrobacias chinas, especialidad que tiene una variada oferta en Beijing. El Tianqiao Acrobatics Theatre (30 Beiweilu, Xuanwu District; T. 86 (10) 8315 6170; www.cpaa.cn), a cargo del Beijing Acrobatic Trouppe, tiene desde los clásicos malabares con platos hasta increíbles torres humanas. Otras opciones de acrobacias en teatro son la del Chaoyang Theatre (30 Dongsanhuan Beilu, Chaoyang District; T. 86 (10) 6507 2421), donde 50 acróbatas juegan con aros, platos, bicicletas y cintas, o la del China National Acrobatic Troupe (Tiandi Theatre, 10 Dongzhimen Nandajie, Dongcheng District; T. 86 (10) 6416 9893; www.cncir cus.com), una compañía con 55 años de historia que ganó medallas de oro en todo el mundo.
Y aunque en China no sea sólo cosa de niños, una actividad entretenida y muy económica para compartir con los más pequeños es volar cometas. Los domingos, los parques de Beijing se llenan de hombres jóvenes y viejos que, provistos de unos equipos sofisticadísimos, pasan horas y horas mirando hacia el cielo, soltando hilo y recogiéndolo, en una actitud contemplativa que remite, sin escalas, a la famosa paciencia oriental. Si bien los cometas son ahora un pasatiempo muy popular, cuando fue inventado por los propios chinos hace 2 mil años eran parte de las estrategias militares del imperio. Y aunque ahora ya no se usen para calcular la distancia entre el ejército propio y el enemigo, siguen sobrevolando el cielo de Beijing. Hay cometas con volúmenes, luces y sonido, con formas de dragón, de pájaro, de máscara guerrera. Lo más recomendable, por precio y calidad, es comprarlos en los puestos callejeros que se encuentran al costado de las grandes avenidas en las afueras de Beijing. Y para volarlos, el parque de diversiones Chaoyang es ideal porque tiene espacios muy abiertos.
Y hablando de comprar juguetes, ¿acaso la mayoría de los juguetes de sus chicos no dicen en algún lugar “Made In China”? Para enterarse cómo es una juguetería china, tendrá que decidir si descubrirlo con sus hijos o sin ellos. Hay muchas, pero el atracón de juguetes hay que dárselo en el Hongqiao Market (16 Hongqio Lu, Chongwen District; T. 86 (10) 6713 3354). No es elegante, no es bonito ni tiene grandes marcas, pero es un piso completamente lleno de juguetes a precios increíbles. Especie de feria techada, el Hongqiao rebosa de puestitos de robots, autos a control remoto, todo tipo de armas espaciales, sets infinitos para muñecas, pelotas luminosas, de todo, y todo es ofrecido a los gritos y en un inglés dudoso a todo aquel que pasa con cara de turista. Como en otros mercados del mismo tipo, aquí los precios hay que regatearlos sin pudor: el vendedor pondrá en su calculadora una cifra 50 veces más alta de la que debería ser el precio final, usted hará una oferta ridícula también a través de la calculadora, y al cabo de una larga discusión, usted se irá convencido de que se lleva una ganga, y el vendedor lo despedirá con una sonrisa de satisfacción.
Antes de cerrar las maletas, reserve un espacio para una última compra. Todos los CDs, los viejos y los lanzamientos más recientes, y todas las películas que sus hijos vieron y seguirán viendo cientos de veces (Toy Story I y II, Shreck I y II, Buscando a Nemo, etc.) en Beijing se consiguen, en tiendas, en la calle y en empaques perfectos a uno o dos dólares. Más barato de lo que cuesta alquilarlas. Eso sí: casi ninguna viene ni doblada ni subtitulada en español.
Y ahora sí, ya puede volver tranquilo. Está bien, si viaja con sus pequeños, “tranquilo” es una forma de decir.
GUÍA PRÁCTICA
Dónde dormir
La mayoría de los hoteles internacionales reciben con gusto a los niños turistas, inclusive el flamante Peninsula Palace, que tras una extensiva remodelación de cuatro años sigue luciendo los temibles leones de su fachada estilo tradicional chino (8 Goldfish Lane, Wangfujing; T. 86 (10) 8516 2888; F. 86 (10) 6510 6311; www.peninsula.com; desde 280 dólares). El lujoso St. Regis, en el distinguido barrio de las embajadas, tiene, además de piscina, gimnasio y todos los servicios, una impresionante sala de juegos con todo y un elegante boliche (21 Jianguomenwai Dajie; T. 86 (10) 6460 6688; F. 86 (10) 6460 3299; www.stregis.com; desde 180 dólares). Otros hoteles céntricos que ofrecen servicio de niñera son el Holiday Inn Lido Beijing (6 Jiang Tai Road, Chaoyang District; T. 86 (10) 6437 6688; F. 86 (10) 6437 6237; http://beijing-lido.holiday-inn.com; desde 112 dólares), y el Grand Hotel Beijing (35 East Chang An Avenue; T. 86 (10) 6513 7788; F. 86 (10) 6513 0048; www.grandhotelbeijing.com; desde 186 dólares). El Jinglun Hotel Nikko tiene, además, piscina para chicos (3 Jianguomenwai; T. 86 (10) 6500 2266; F. 86 (10) 6500 2022; www.jinglunhotel.com; desde 120 dólares), y en el Grand Hyatt Beijing se organizan actividades para niños (1 East Chang An Avenue; T. 86 (10) 8518 1234; F. 86 (10) 6510 9508; http://beijing.grand.hyatt.com; desde 150 dólares).
Dónde comer
Para aquellos que no deseen internarse en los extraños y deliciosos sabores de la comida oriental están las grandes cadenas como McDonald’s o Kentucky Fried Chicken. En ese plan, TGI Fridays tiene, además del gusto conocido, espacios con televisión y dibujos animados (19 Jianguomenwai Dajie; T. 86 (10) 8526 3388; todos los días de 11 a 24 horas). Para sacarse el gusto de comer rica comida local, el Capital Garden Restaurant & Café (East Gate, Workers’ Stadium, Chaoyang District; T. 86 (10) 6508 5850) es excelente, a mitad de camino entre lo chino y lo occidental, con unas peceras enormes llenas de peces de colores y listos para comer, un bellísimo deck con vista al lago, sala de juegos para niños y muchas sillas altas para los más chicos. Otro lugar muy visitado por las familias es el Xihe Yaju (3 Jianguomenwai, Chaoyang District; T. 86 (10) 6500 2266; www.jinglunhotel.com; diario de 11:30 a 14 y de 17:30 a 21 horas), en la esquina noreste del parque Ritan, ideal para almorzar al aire libre en primavera. Y la Brasserie Flo (Rainbow Plaza 16, Dongsanhuan Beilu, Chaoyang District; T. 86 (10) 6595 5135; www.flo.cn; diario de 11 a 14:30 y de 18 a 23 horas) ofrece comida francesa con buena carta de vinos, un playroom con juguetes y objetos didácticos y, los fines de semana, una ayi (se pronuncia “ahí” y significa niñera) para entretener y contener a los pequeños indios.
Cuándo ir
Para disfrutar las salidas al aire libre, que en Beijing son muchas, lo mejor es ir en otoño (entre agosto y noviembre) o en primavera (entre marzo y junio).
Luego de esto, lo que queda es disfrutar en familia de una de las ciudades más fascinantes de la actualidad, que está cambiando minuto a minuto y que, muy probablemente, hoy no sea la misma que la que será dentro de siete días. Así de vertiginoso es el crecimiento de Beijing que, en números duros, está representado en el 9 por ciento que crece por año la economía china. La apertura al capitalismo es descomunal, febril y avasallante. Y para verlo basta con poner un pie en Beijing.
Para moverse con niños lo más recomendable, siempre, son los taxis porque, en primer lugar, por ahora hay sólo tres líneas de metro que sólo abarcan el centro; en segundo, los colectivos y los trolebuses son difíciles de entender si no se sabe mandarín; además caminar Beijing con sus veredas rotas u ocupadas por vehículos estacionados, esquivando autos, bicicletas, rickshaws, camionetas, colectivos, motonetas y otros objetos con ruedas debe ser considerado turismo de aventura; y finalmente nadie en su sano juicio podría recomendar a un turista occidental que alquile un auto para perderse en el tránsito de Beijing. El increíble crecimiento del parque automotor hizo de las muchas y aún escasas autopistas de Beijing un embotellamiento constante; y como muchos chinos se bajaron de las bicicletas y se subieron a autos de 50 mil dólares hace apenas diez años, pilotean sus lujosos y veloces bólidos como ayer manejaban sus bicicletas. ¿Exagerado? Cuando vea un auto último modelo viniendo marcha atrás por una autopista pekinesa, se acordará de mí. Entonces, volvamos al taxi, que no es caro: la bajada de bandera es de alrededor de un dólar y medio y eso alcanza los dos primeros kilómetros. Después, según el modelo de auto, la ficha cuesta menos de un dólar por kilómetro. Pero es imprescindible llevar escrito en chino el destino, porque los taxistas no entienden ni inglés ni chino chapuceado por un extranjero ni, muchísimo menos, español. En verano o primavera siempre existe la opción de la bicicleta y, eso sí, en Beijing los ciclistas siguen siendo los reyes en las calles. En general, los grandes hoteles tienen servicio de alquiler de bicicletas, y puede ser una opción divertida para compartir en familia. Si aún así decide moverse con su familia en auto, no dude: alquile uno, pero con chofer chino incluido (Beijing Car Company; T. 86 (10) 659 4441).
Visitas obligadas y otros parques
Entre los puntos que todo turista que pisa Beijing por primera vez debe conocer, los grandes parques son ideales en compañía de niños. Beijing está llena de parques poblados de árboles centenarios, lagos con peces y patos (aunque por culpa de la gripe aviar, las autoridades retiraron estos últimos), juegos y jardines. Como el Tiantan Park (Yongdingmen Dajie, Chongwen District; T. 86 (10) 6702 8866; todos los días de 6 a 20 horas), con el Templo del Cielo como máxima atracción. Se trata de un parque de 270 hectáreas con un conjunto de templos que constituyen el máximo exponente de la arquitectura Ming, rodeado de árboles espectaculares y césped verdísimo. Aquí también está el Muro del Eco, que rodea a la Bóveda Celeste Imperial y en el que, por las características propias de la construcción, el sonido se amplifica o se repite según dónde uno se ubique, algo divertido de experimentar con los chicos. Otro espacio ideal para recorrer en familia es, a unos 12 kilómetros de Beijing, el Palacio de Verano (Yiheyuan Lu, Haidian District; T. 86 (10) 6288 1144; todos los días de 7 a 17 horas; 4 dólares entre abril y octubre, 3 dólares entre noviembre y marzo), un parque impresionante lleno de palacetes donde las dinastías Ming y Quing celebraban sus ceremonias y rituales más importantes. El mejor programa en este caso es organizar un picnic a la sombra de árboles centenarios y combinarlo con paseos alrededor del enorme lago o alquilar un botecito y salir a remar por las aguas imperiales.
Otros ejemplos son el parque Beihai, al lado de la Ciudad Prohibida (Xianmen Dajie; todos los días de 8 a 16 horas; entrada gratis), un lago que mil años atrás supo ser parte de los jardines reales y que hoy es un bello paseo que incluye la famosa Dagoba Blanca de 1651 que honra al Dalai Lama; el Liuyin Park, con autitos a batería, botes a pedal, trampolines, toboganes (Jiangzhaikou, Andingmenwai, Dongcheng Distric; T. 86 (10) 8413 1357; todos los días de 6 a 20:30 horas); el Yuyuantan Park, al oeste de la ciudad, con su lago gigante; y el Houhai (Di’anmenwai Dajie), que si bien no es un parque, es un paseo muy recomendable para recorrer en rickshaw, navegar en bote o, en invierno, patinar sobre sus dos lagos helados montado en esquíes o sillas para hielo.
En cambio, lugares imperdibles pero que es mejor no visitar con niños son La Ciudad Prohibida, el Palacio Imperial (Gugong) y el Templo del Lama, porque están siempre atestados de turistas, tienen muchas rampas y desniveles y exponen cosas que no se pueden tocar. Con o sin niños, la Gran Muralla también es ineludible (Badaling; todos los días de 8 a 16 horas; 6 dólares). Aunque recorrerla con ellos puede ser una tortura, porque no es un sitio diseñado para que jueguen. Mejor es que usted disfrute del paisaje amurallado mientras sus hijos se divierten con el viaje en el teleférico, que lleva a los visitantes hasta una de las puertas de la Gran Muralla sobrevolando una zona de montañas selváticas.
Para aprovechar el viaje hasta Badaling, que queda a 72 kilómetros de Beijing, lo mejor es combinar la vista a la Gran Muralla con las Tumbas Ming (50 kilómetros al norte de Beijing; todos los días de 8:30 a 16:30 horas), donde están enterrados 13 de los 16 emperadores de esta dinastía. No tanto por la única tumba que puede visitarse, que es la del emperador Wan Li (1573-1620), sino por la Vía Sagrada (Sacred Way Museum of Ming Tombs; 4 dólares), un paseo espectacular al aire libre, especie de avenida peatonal gigante franqueada por pares de estatuas de elefantes, leones, camellos y guerreros gigantes. Y cerca de la Gran Muralla, también está el Badaling Wildlife Park, un zoológico con animales sueltos para recorrer en auto (autopista hacia Badaling Great Wall Center, Yanqing County; T. 86 (10) 6912 1842; www.bdlsw.com.cn; todos los días de 8 a 5 horas; niños menores de un metro y 20 centímetros gratis, adultos: 9 dólares).
El zoológico de Beijing, como todo en China, es gigante y, como todo en Beijing, está siendo ampliado y reformado. Fundado en 1906, el Beijing Zoo (137 Xizhimen Wai Dajie, Xicheng District; T. 86 (10) 6831 4411; www.bjzoo.com; diario de 7:30 a 17 horas en invierno, de 7:30 a 18 horas en verano; 3 dólares, gratis para niños menores de un metro y 20 centímetros) recibe unos 5 millones de visitantes por año y su principal atracción son los osos panda. Pero lejos del estereotipo del peluche blanco y negro reluciente, escondidos entre parvas de caña de bambú, los panda de aquí lucen marrones y despeinados, “como almohadones sucios” al decir de un niño que jamás diré que es mi hijo para evitarme un papelón frente a la amable comunidad china. Pero es cierto: las condiciones de higiene en las que viven los bichos allí no son iguales a las que puede estar acostumbrado un visitante habitual de los parques del primer mundo, y por eso es posible que algún nene sensible pregunte con cierta angustia “¿qué es eso feo que tiene ese monito ahí donde no tiene pelo?, ¿está lastimado, no le duele, pobre monito?” Los monitos de pelo dorado son otra de las atracciones del zoológico de Beijing. También hay rinocerontes, tigres de bengala, elefantes, y en su zona más moderna cuenta con un gran acuario con tiburones, show de delfines, un enorme estanque lleno de corales, y las más diferentes bestias marinas (Beijing Aquarium; 108 Gao Liang Qiao Xije, HaiDian District; T. 86 (10) 6217 6655; www.bj-sea.com; 9 a 17 horas; gratis para niños menores de 1 metro y 20 centímetros).
Beijing tiene también su Chinese Science and Technology Museum (1 Beisanhuan Zhonglu, Chaoyang District; T. 86 (10) 6237 1177; www.cacpm.rij.cn; martes a domingos de 9 a 16:30 horas; entrada entre 3 y 4 dólares), un lugar para divertirse y aprender con robots, ilusiones ópticas y experimentos varios que incluye áreas de juegos en el tercer y cuarto piso. Y en el mismo plan está el Sony ExploraScience, el museo de tecnología más sofisticado de la ciudad, con perros robots que juegan fútbol, esculturas musicales y juegos con luces; ideal para días de frío o lluvia (1 Dong Chang’an Jie, Dongcheng District; T. 86 (10) 8518 2255, www.explorascience.com.cn; lunes a viernes de 9:30 a 17:30 horas, sábados, domingos y feriados de 10 a 19 horas; niños menores de 6 años gratis, adultos 4 dólares). Y está el Chaoyang Park (1 Nongzhan Nanlu, Chaoyang District; T. 86 (10) 6506 5409; todos los días de 6:30 a 20:30 horas; un dólar la entrada, cada juego entre 2 y 3 dólares) donde los chicos podrán andar en dragones voladores, tazas rodantes, autos chocadores, trepar y saltar castillos inflables o marearse en calesitas velocísimas. Si no, para toboganes y otros juegos de agua, cine en 3D y autitos de carrera, está el Beijing Amusement Park (1 Zuo’anmennei Dajie, Chongwen District; T. 86 (10) 6714 3611; www.bap.com.cn; todos los días de 9 a 16:30 horas en invierno, y de 8 a 17:30 horas en verano; gratis para niños de menos de 1 metro, 10 centímetros, adultos 11 dólares). Y también hay pequeños parquecitos de diversiones antiguos como el del Ritan Park (Ritan Beilu, Chaoyang District; T. 86 (10) 8563 5038). Allí, además de los clásicos bosques con su lago y sus peces de colores, hay mini-golf, muros para trepar, toro mecánico, y juegos de kermés como voltear latas o embocar pelotitas en vasos, y también hay, como en muchas plazas públicas de Beijing, aparatos para hacer gimnasia en perfecto estado que son de uso gratuito.
Otro paseo ineludible es el de los hutones, esos paisajes urbanos de la vieja capital conformados por laberintos de callejones angostísimos y viviendas de patios y baños compartidos que durante siglos fueron símbolo de la vida en la ciudad, y que hoy están siendo sustituidos salvaje y velozmente por edificios de departamentos. Algunos hutones se conservan como atracción turística y la única manera de recorrerlos es a pie o en bicicleta. Con niños lo mejor es recurrir a los tradicionales rickshaws, especie de bici-taxi que parecen inventados especialmente para esto. Pueden contratarse a la vera de la Torre del Tambor (Gulou Xidajie, Dongcheng District; todos los días de 9 a 17 horas; 3 dólares la entrada), un templo con una vista maravillosa de Beijing que no figura en todas las guías pero que resulta interesante a la hora del concierto de tambores, algo que ocurre cada 15 minutos.
Kung Fu, cometas y acrobacias
China no sólo es conocida por sus dinastías y sus revoluciones: también es famosa por sus artes marciales. Para ver en vivo y en directo a especialistas en kung fu, The Red Theater (44 Xing Fun Dajie, Chongwen District; T. 86 (10) 6714 6433; www.heaven-creation.com) es una posibilidad porque allí se presenta “The Legend of Kungfu”, un show que a principios de 2006 llegó a los Estados Unidos y a Canadá. Algo menos violento pero no menos tradicional son las acrobacias chinas, especialidad que tiene una variada oferta en Beijing. El Tianqiao Acrobatics Theatre (30 Beiweilu, Xuanwu District; T. 86 (10) 8315 6170; www.cpaa.cn), a cargo del Beijing Acrobatic Trouppe, tiene desde los clásicos malabares con platos hasta increíbles torres humanas. Otras opciones de acrobacias en teatro son la del Chaoyang Theatre (30 Dongsanhuan Beilu, Chaoyang District; T. 86 (10) 6507 2421), donde 50 acróbatas juegan con aros, platos, bicicletas y cintas, o la del China National Acrobatic Troupe (Tiandi Theatre, 10 Dongzhimen Nandajie, Dongcheng District; T. 86 (10) 6416 9893; www.cncir cus.com), una compañía con 55 años de historia que ganó medallas de oro en todo el mundo.
Y aunque en China no sea sólo cosa de niños, una actividad entretenida y muy económica para compartir con los más pequeños es volar cometas. Los domingos, los parques de Beijing se llenan de hombres jóvenes y viejos que, provistos de unos equipos sofisticadísimos, pasan horas y horas mirando hacia el cielo, soltando hilo y recogiéndolo, en una actitud contemplativa que remite, sin escalas, a la famosa paciencia oriental. Si bien los cometas son ahora un pasatiempo muy popular, cuando fue inventado por los propios chinos hace 2 mil años eran parte de las estrategias militares del imperio. Y aunque ahora ya no se usen para calcular la distancia entre el ejército propio y el enemigo, siguen sobrevolando el cielo de Beijing. Hay cometas con volúmenes, luces y sonido, con formas de dragón, de pájaro, de máscara guerrera. Lo más recomendable, por precio y calidad, es comprarlos en los puestos callejeros que se encuentran al costado de las grandes avenidas en las afueras de Beijing. Y para volarlos, el parque de diversiones Chaoyang es ideal porque tiene espacios muy abiertos.
Y hablando de comprar juguetes, ¿acaso la mayoría de los juguetes de sus chicos no dicen en algún lugar “Made In China”? Para enterarse cómo es una juguetería china, tendrá que decidir si descubrirlo con sus hijos o sin ellos. Hay muchas, pero el atracón de juguetes hay que dárselo en el Hongqiao Market (16 Hongqio Lu, Chongwen District; T. 86 (10) 6713 3354). No es elegante, no es bonito ni tiene grandes marcas, pero es un piso completamente lleno de juguetes a precios increíbles. Especie de feria techada, el Hongqiao rebosa de puestitos de robots, autos a control remoto, todo tipo de armas espaciales, sets infinitos para muñecas, pelotas luminosas, de todo, y todo es ofrecido a los gritos y en un inglés dudoso a todo aquel que pasa con cara de turista. Como en otros mercados del mismo tipo, aquí los precios hay que regatearlos sin pudor: el vendedor pondrá en su calculadora una cifra 50 veces más alta de la que debería ser el precio final, usted hará una oferta ridícula también a través de la calculadora, y al cabo de una larga discusión, usted se irá convencido de que se lleva una ganga, y el vendedor lo despedirá con una sonrisa de satisfacción.
Antes de cerrar las maletas, reserve un espacio para una última compra. Todos los CDs, los viejos y los lanzamientos más recientes, y todas las películas que sus hijos vieron y seguirán viendo cientos de veces (Toy Story I y II, Shreck I y II, Buscando a Nemo, etc.) en Beijing se consiguen, en tiendas, en la calle y en empaques perfectos a uno o dos dólares. Más barato de lo que cuesta alquilarlas. Eso sí: casi ninguna viene ni doblada ni subtitulada en español.
Y ahora sí, ya puede volver tranquilo. Está bien, si viaja con sus pequeños, “tranquilo” es una forma de decir.
GUÍA PRÁCTICA
Dónde dormir
La mayoría de los hoteles internacionales reciben con gusto a los niños turistas, inclusive el flamante Peninsula Palace, que tras una extensiva remodelación de cuatro años sigue luciendo los temibles leones de su fachada estilo tradicional chino (8 Goldfish Lane, Wangfujing; T. 86 (10) 8516 2888; F. 86 (10) 6510 6311; www.peninsula.com; desde 280 dólares). El lujoso St. Regis, en el distinguido barrio de las embajadas, tiene, además de piscina, gimnasio y todos los servicios, una impresionante sala de juegos con todo y un elegante boliche (21 Jianguomenwai Dajie; T. 86 (10) 6460 6688; F. 86 (10) 6460 3299; www.stregis.com; desde 180 dólares). Otros hoteles céntricos que ofrecen servicio de niñera son el Holiday Inn Lido Beijing (6 Jiang Tai Road, Chaoyang District; T. 86 (10) 6437 6688; F. 86 (10) 6437 6237; http://beijing-lido.holiday-inn.com; desde 112 dólares), y el Grand Hotel Beijing (35 East Chang An Avenue; T. 86 (10) 6513 7788; F. 86 (10) 6513 0048; www.grandhotelbeijing.com; desde 186 dólares). El Jinglun Hotel Nikko tiene, además, piscina para chicos (3 Jianguomenwai; T. 86 (10) 6500 2266; F. 86 (10) 6500 2022; www.jinglunhotel.com; desde 120 dólares), y en el Grand Hyatt Beijing se organizan actividades para niños (1 East Chang An Avenue; T. 86 (10) 8518 1234; F. 86 (10) 6510 9508; http://beijing.grand.hyatt.com; desde 150 dólares).
Dónde comer
Para aquellos que no deseen internarse en los extraños y deliciosos sabores de la comida oriental están las grandes cadenas como McDonald’s o Kentucky Fried Chicken. En ese plan, TGI Fridays tiene, además del gusto conocido, espacios con televisión y dibujos animados (19 Jianguomenwai Dajie; T. 86 (10) 8526 3388; todos los días de 11 a 24 horas). Para sacarse el gusto de comer rica comida local, el Capital Garden Restaurant & Café (East Gate, Workers’ Stadium, Chaoyang District; T. 86 (10) 6508 5850) es excelente, a mitad de camino entre lo chino y lo occidental, con unas peceras enormes llenas de peces de colores y listos para comer, un bellísimo deck con vista al lago, sala de juegos para niños y muchas sillas altas para los más chicos. Otro lugar muy visitado por las familias es el Xihe Yaju (3 Jianguomenwai, Chaoyang District; T. 86 (10) 6500 2266; www.jinglunhotel.com; diario de 11:30 a 14 y de 17:30 a 21 horas), en la esquina noreste del parque Ritan, ideal para almorzar al aire libre en primavera. Y la Brasserie Flo (Rainbow Plaza 16, Dongsanhuan Beilu, Chaoyang District; T. 86 (10) 6595 5135; www.flo.cn; diario de 11 a 14:30 y de 18 a 23 horas) ofrece comida francesa con buena carta de vinos, un playroom con juguetes y objetos didácticos y, los fines de semana, una ayi (se pronuncia “ahí” y significa niñera) para entretener y contener a los pequeños indios.
Cuándo ir
Para disfrutar las salidas al aire libre, que en Beijing son muchas, lo mejor es ir en otoño (entre agosto y noviembre) o en primavera (entre marzo y junio).
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