PRESENTE: La imaginación a la cama: ¿Desde cuándo importa tanto el color de las sábanas?
Sería injusto y de hecho incorrecto afirmar que en México no hubo hoteles de calidad hasta después del año 2000. Lo que hacía falta (y ya no) era poner la imaginación y el diseño por delante.
A pesar de que México desde que se tiene memoria fue considerado un destino romántico —uno venía de luna de miel, o bien en busca de una escapada ilícita, pecaminosa— no siempre fue sencillo encontrar el hotel ya no digamos ideal, sino que al menos incitase a la intimidad, y le provocara a uno esa embriaguez de sentirse un ser especial.
Hasta hace quince años, la mayoría terminaba durmiendo en altas torres sobre la playa, hoteles de cadena homogéneos, si no es que en extraños mamotretos con demasiado pasado y yeso despostillado. El turismo de masas lo sigue haciendo: continúa habiendo quien no habla más que su idioma en donde quiera que se encuentre y se siente amenazado por las comidas y sus horarios que no le son familiares.
Sin embargo, con el cambio de siglo, ha surgido un estilo de hotel para atender a aquellos visitantes que hacen un esfuerzo por diferenciarse y encontrar algo “auténtico” y con personalidad. El “hotel boutique” o “small luxury” (pequeño y lujoso) tiene que ser forzosamente pequeño y ofrecer niveles extremadamente elevados de servicio personalizado.
Boutique authentique
Existe, por supuesto, un puñado de restaurantes y hoteles —el San Ángel Inn y Hacienda de los Morales en la Ciudad de México, el hotel Casa de Sierra Nevada en San Miguel de Allende— que han gozado de una reputación establecida desde hace décadas por sus exquisitas instalaciones y servicio. Pero no fue sino hasta 1999 cuando una perspectiva diferente del turismo se hizo evidente, y pequeñas empresas poco conocidas, como Tamarindo en Costa Careyes y la Casa Cid de León en Oaxaca, que tiene sólo cuatro cuartos, con cortinas de encaje y botellas de perfume afuera de la regadera, y camareras que ponen a calentar la leche de tu bebé mientras desayunas en la cama, comenzaron a alcanzar a una clientela más amplia.
Lo nuevo, pues, no es el segmento “boutique” —Relais & Châteaux, por ejemplo, certifica sólo propiedades que considera de esta categoría desde 1954—. La novedad es que se haya consolidado como un nicho de mercado de volúmenes considerables.
Hace dos años el Consejo de Promoción Turística de México (cptm) lo bautizó como Turismo Premium, aun si agrupa también haciendas bajo ese rubro, además de campos de golf, spas y turismo náutico; empresas cuyo denominador común es el signo de dólar. Pero en México hay un precursor importante de este reconocimiento de nicho. Fundada en 1999 por John Youden, un astuto canadiense, Hoteles Boutique de México (hbm) es una pequeña asociación que ayudó a identificar y crear este mercado y los productos que se están desarrollando para servirlo. Su objetivo original era ayudarle a los viajeros a encontrar el tipo de hotel pequeño y exquisito, distinguido por un servicio personal, que al propio John le gustaba, que no fuera parte de un grupo o cadena más grande. Y ahora, con alrededor de 40 hoteles miembros en 20 destinos, es esencialmente un servicio de reservaciones con capacidad para coordinar viajes de primera.
Las cadenas mayores se unieron al feliz caos, y comenzaron a utilizar el término “boutique” de manera indiscriminada: a veces, con un efecto involuntariamente cómico, designando hoteles con más de 100 cuartos. O adoptaron herramientas similares, como la Starwood Luxury Collection, que incluye el Careyes Beach Resort & Spa.
Quinta Real es otro ejemplo en el que el énfasis “boutique” está puesto en un servicio eficiente, cortés y pro activo. En el Quinta Real de Acapulco, por ejemplo, el personal recuerda el nombre de los huéspedes, deja discretamente un paraguas en las habitaciones en caso de lluvia; el servicio al cuarto está disponible las veinticuatro horas y llega de manos de camareros joviales y eficientes, aun a las 3 de la mañana.
Con el nuevo siglo, el primer hotel de diseño mexicano
Dentro de este nicho de mercado ha surgido otro fenómeno, pequeño desde el punto de vista del número de hoteles en México, pero gigantesco en materia de relaciones públicas y visibilidad: el hotel de diseño.
Hasta hace muy poco, en la Ciudad de México y el país en general era novedosa la noción de hoteles de diseño. Pero en el exterior, el Design Hotel Group comenzó en 1993 con un concepto bastante coherente en tanto que describe lo que se ve: arquitectura sofisticada, diseño de vanguardia y una manera de ser que anuncia las tendencias del futuro. Pero a menos que uno fuera muy rico, estuviese muy metido en el mundo de la moda o la industria del turismo, tales opciones estaban fuera del mapa en esta parte del mundo.
En consecuencia, al Habita le costó tiempo —el primer hotel de diseño en México, que abrió el 5 de octubre de 2000 en el barrio capitalino de Polanco— obtener reconocimiento nacional, a pesar de que consiguió varios premios de diseño, entre ellos el de World Architecture Award de la revista Architectural Magazine, y el de arquitectura de la Bienal de Quito.
“El gerente general del Four Seasons vino al Habita por un tour de cuatro días antes de que abriéramos y dijo: ‘aprecio sus agallas, será un fracaso, o un gran éxito’”, recuerda Carlos Couturier, el visionario clave de la sociedad que puso en marcha los hoteles de diseño en México.
Habita fue un hit con la gente in del DF, que se reunía a tomar cocteles en el bar de la azotea, y ahora es el único que pertenece a la asociación Leading Hotels of the World en la Ciudad de México, pero la tendencia empezó realmente a amarrar cuando la siguiente creación, Deseo, abrió un año después en Playa del Carmen. “Ahí fue donde hicimos la diferencia”, dice Carlos.
Deseo es un pequeño hotel de 15 cuartos, en lo que era un pequeño pueblo, pero —con su iluminación hip, su alberca y bar en la azotea, con sus cortinas blancas flotantes enmarcando las amplias camas del lounge— logró aparecer en la portada de la edición británica de la revista Condé Nast Traveller, en mayo de 2002.
“La gente sigue sorprendida de que Deseo esté en México”, observa Carlos. Y, tras el éxito de la propiedad de playa, la prensa internacional volvió al Habita. A partir de entonces, la sinergia no ha cesado de acompañarlos.
El libro Mexico Chic (2003), diseñado para el mercado europeo, que está por sacar una segunda edición y que ya se tradujo al español, es una prueba de cómo los hoteles boutique y de diseño de este país, cuando se conciben y promocionan con visión y flair, son un vehículo fantástico para atraer a los tan codiciados turistas internacionales. Son a menudo estos turistas los que han llevado a los mexicanos a apreciar a sus propios trend-setters.
En retrospectiva, lo único que le faltaba a México era el producto. El adinerado mercado extranjero estaba listo y dispuesto desde los años noventa, tras la revolución de la industria de la hospitalidad en la década anterior.
El Royalton de Ian Schrager, diseñado por Philippe Starck, que abrió en Nueva York en 1984, se considera el pionero de este género de “hotel boutique”. Luego un público más grande se enteró de la bullente tendencia a fines de los ochenta con la transformación gradual de South Beach en Miami y la designación en 1979 de la sección Art Déco como distrito histórico.
La arquitectura y el diseño retro estaban emergiendo como ingredientes importantes. No obstante, se necesitaba sangre nueva para tomar la tendencia y hacerla cobrar vida en México.
Los gurús de un estilo de vida
La sangre nueva vino precisamente con los socios Couturier-Micha quienes, tras haber abierto el Habita en Mazaryk (2000) y Deseo en la Quinta Avenida de Playa del Carmen (2001), inauguraron Condesa DF en enero del año pasado, seguido de Básico en Playa, en junio.
La revolucionaria mancuerna se formó desde 1986, cuando Carlos Couturier y Moisés Micha, aún estudiante, unieron sus fuerzas para renovar algunas gemas arquitectónicas de Polanco, entre ellas la casa art déco donde ahora se encuentran sus oficinas, en la calle Alejandro Dumas.
La siguiente fase fueron los inquilinos. Muchos europeos les pedían recomendaciones de hoteles para hospedarse en México y les molestaba no poder darles una respuesta satisfactoria. Carlos tenía un hotel en Veracruz, era el gran boom del Royalton en Nueva York y The Morgan en Dublín, y puso a los demás a pensar: “Olvídense de los bienes raíces y pongan un hotel”.
Fue entonces cuando los hermanos de Moisés, Rafael y Jaime —este último el socio fantasma que nadie ve nunca— se unieron a la tripulación.
Pero la crisis de 1994 fue un gran retroceso. Hubo que esperar hasta 2000, aunque para entonces las cosas ya habían vuelto a la normalidad.
“Éramos parte de un grupo, si no es que los únicos, que trajimos una nueva energía a la ciudad”, dice Carlos, con sus brillantes ojos color turquesa.
Moisés, que parece que acaba de cumplir treinta años, y es el único soltero del grupo, se ocupa de la operación y el lado administrativo. “Yo superviso las cuatro propiedades que manejamos ahora”, dice, mientras tomamos té y agua mineral una lluviosa tarde en el Condesa DF. “Yo entrego el producto que Carlos concibe, para que Rafael lo venda.”
Hasta hace tres años, Moisés hacía malabares con sus primeros pasos en la industria hotelera, trabajando 14 horas al día como comerciante de bonos. Ahora, como hotelero de tiempo completo, sus horarios son igual de demandantes, pues sus socios están por abrir otros cuatro hoteles, este año en Puebla y en 2007 en Monterrey, Santa Fe (DF) y Acapulco.
“Estoy muy emocionado con el de Monterrey. El arquitecto es genial”, dice Moisés, refiriéndose a Joseph Dirand, el parisino de 32 años. “Y en materia de negocios, puede que sea la más atractiva de las nuevas propiedades. La ciudad no tiene ninguna alternativa de hotel de diseño.”
Cuando me pregunto si éste podría ser el menos sexy de los hoteles del grupo, me dice que es todo lo contrario. Moisés no piensa en Monterrey como una ciudad conservadora, sino que ve hacia el futuro: al construir una propiedad estilo europeo donde nadie se lo espera, el grupo demuestra su confianza en que Monterrey está lista para algo nuevo. Por el momento, puede adelantarme que la forma del edificio será elíptica, y que tendrá ocho pisos en el distrito San Pedro Garza García de la ciudad. El resto será revelado alrededor de marzo de 2007.
Con Santa Fe, no obstante, los socios lo pensaron dos veces. “Teníamos miedo de que nuestros clientes sintieran que nos estábamos volviendo comerciales”, me cuenta. Pero, a la vez, Santa Fe tiene la más alta ocupación en la Ciudad de México, y por eso decidieron hacer algo sin precedentes en el país: los ocho últimos pisos fueron convertidos en cuatro; sus techos de doble altura permiten vistas incomparables.
Le pregunto sobre planes en el extranjero, pero Moisés me revela que para ellos México es todavía un territorio muy virgen; “seguimos creyendo que no tenemos competencia en este nicho”.
Mientras tanto, el savoir faire y la habilidad natural para las relaciones públicas del carismático y ocurrente Rafael es la envidia de todo aspirante a hotelero y de todo grupo hotelero en el país. Pero su contagioso entusiasmo, su experiencia de viajes, y su pasión por la investigación desafían la imitación.
“He estado leyendo sobre la familia Astor (verdaderos pioneros de los bienes raíces y la hotelería en el Nueva York del siglo xix, previo a Times Square y al Chrysler Building, propietarios del Hotel Astor primero y el legendario Waldorf Astoria después)”, me dice Rafael mientras desayunamos en el lujoso silencio resultado de que todo el mundo está viendo el mundial.
“Él fue el primero en introducir el teléfono en cada cuarto de hotel. ¡Justo como nosotros con los iPods en el Condesa DF! Seguro la gente le dijo a Astor que estaba loco, que tenía que tener conmutadores. Por eso es una travesía tan genial, podemos seguir reinventándonos.” Mientras, brincando de un pensamiento al otro, Rafael me corrige: “El mercado ha evolucionado, ya no hablamos de hotel boutique sino lifestyle”, y me aclara que lo de “boutique” ya es un poco viejo, esnob, algo pretencioso y pedante.
Uno de los ingredientes más nuevos es el juego con la noción de celebridad (no es casualidad que Bono haya hecho su fiesta después del concierto en la terraza del Condesa DF, ni que la premier de Y tu mamá también se haya festejado en los pisos 5 y 6 del Habita). Su próxima estrategia de mercadeo es “Habita City”, que utiliza el culto de la personalidad construido alrededor de cierta celebridad mexicana —cuyo nombre aún no revela— chilling en la alberca. La veremos completa de septiembre a octubre —en todas partes—, promete.
“La idea será, ‘te lo perdiste, es donde debiste haber estado’”, grita casi este torbellino de energía. Pero le faltaba contarme la siguiente anécdota. Durante el Congreso del Agua, uno de los más recientes eventos internacionales importantes aquí, contrató gente y, por cinco días, los vistió con los uniformes de sus choferes para que se pararan en el aeropuerto con remos que hacían las veces de letreros, con inscripciones como: “David Beckham, Habita”.
“La gente veía eso, y se colaba al hotel con la esperanza de ver al futbolista dandy. El diario Reforma incluso mandó a alguien a ver qué pasaba”, dijo Rafael divertido.
“Podemos salirnos con la nuestra porque la gente sabe que Paris se hospedó aquí.”
“Eres tremendo”, muevo la cabeza maravillada.
“También lo hicimos en Cancún en Semana Santa con Básico, un letrero que decía ‘Paris Hilton, Básico’. Fue genial, a la gente se le caía la cara, mientras pensaban: ¡Voy a matar a mi agente de viajes!”, presume Rafael mientras pide un sex kit.
El sex kit del Condesa DF fue diseñado por Héctor Galván, otro talento joven que los socios han metido al equipo, y el genio detrás del diseño de Básico —mi favorito de los hoteles actuales por la ligereza del diseño y su humor novedoso—. Es un regalo muy divertido que incluye de todo, desde chocolates hasta cuerdas (lo único que falta es la venda para los ojos). Además va muy bien con las recientes fotos de los anuncios de Básico, que incluso la prensa internacional consideró demasiado osadas al principio. Y con los condones envueltos en una bolsa color turquesa que aguardan en el cajón del buró a los huéspedes de Deseo. Rafael dice que recientemente estuvo ahí con sus gemelos de 8 años y olvidó decir que hicieran los ajustes apropiados.
“‘Ok, papá, dime qué es esto’, me preguntaron”, dice riéndose. Y lo mismo me pasó unos días después, cuando me llegó el sex kit de Condesa DF mientras escribía esta nota. Mi hija de 9 años me preguntó qué había dentro de esa caja tan linda, pero no era el momento de ponerme a explicar sobre esposas y vibradores, aun si sabía que le gustaría el conejito verde que hacía de caja para el viagra.
“El turismo de élite no se trata de precios insólitos, sino de encanto, ambiente, estilo, diseño e innovación”, dice Rafael en un momento más tranquilo.
“Recuerda que somos cien por ciento mexicanos, que tratamos de estar alerta al lado innovador, que somos jóvenes y tratamos de imaginar lo que será el futuro en cinco años. Al tiempo que nos enfocamos en el tamaño y la singularidad del producto”, me recuerda Moisés.
Y yo recuerdo eso, y recuerdo cómo me sorprendieron con pretzels y vino mientras revisaba mis e-mails en el Villa Ganz de Guadalajara, y la enorme cama en el centro de mi cuarto estilo balneario en el hotel Básico; el piso de llanta, el muro de cristal que miraba al mar. No me queda más que esperar curiosa las próximas ocurrencias bien hechas que le deparan a la hotelería mexicana.
*Traducción de Claudia Itzkowich
PERFIL DE UNA NUEVA ESPECIE: EL HUÉSPED FIJADO
A estas alturas, Sylvie Laitre, directora de hbm, ya conoce a los turistas exigentes de México como a la palma de su mano: están acostumbrados a ser consentidos, a estar en control, obtener lo que quieren y tener staff que arregle los detalles por ellos. “A los clientes de hbm no les gusta que los molesten, que les hable gente con la cual ellos no decidieron asociarse. Quieren privacidad, un servicio extraordinario y atención sin intervención.”
Rafael Micha, de Habita, entiende a sus consumidores como hombres y mujeres sofisticados de negocios de 30 a 60 años, pero con una sofisticación que no viene del dinero, sino de los estudios, los viajes, la vida cosmopolita. Otra manera de definirlos es con tres emes: música, modelos y medios. La otra eme, que no está del todo desvinculada, es la de money.
GRUPO HABITA
HOTEL BÁSICO
Calle 10 Playa del Carmen,
Quintana Roo
T. (984) 879 4448
F. (984) 879 4449
www.hotelbasico.com
Habitaciones desde 148 dólares
HOTEL CONDESA DF
Avenida Veracruz 102,
Condesa, DF
T. (55) 241 2600
www.condesadf.com
Habitaciones desde 165 dólares
HOTEL DESEO
5ta. Avenida y Calle 12 Centro,
Playa del Carmen, Quintana Roo
T. (984) 879 3620
F. (984) 879 3621
www.hoteldeseo.com
Habitaciones desde 148 dólares
HOTEL HABITA
Av. Presidente Masaryk 201,
Polanco, DF
T. (55) 5282 3100
F. (55) 5282 3101
www.hotelhabita.com
Habitaciones desde 195 dólares
OTRAS SUGERENCIAS
HOTEL AZÚCAR
Carretera Federal Nautla-Poza Rica km 83.5
Monte Gordo
Municipio de Tecolutla Veracruz, Veracruz
T. (232) 321 0678
F. (232) 321 0024
Temporada alta 180 dólares,
temporada baja desde 120 dólares
CASA CID DE LEÓN
Avenida Morelos 602,
Centro Histórico
Oaxaca, Oaxaca
T. (951) 514 1893
F. (951) 514 7013
www.casaciddeleon.com
Habitaciones desde 180 dólares
HOTEL TAMARINDO
Km. 7.5 Carretera Barra de Navidad-Puerto Vallarta,
Puerto Vallarta, Jalisco
T. (315) 351 5031
F. (315) 351 5543
www.eltamarindo resort.com
HOTEL SECRETO PUNTA NORTE
Isla Mujeres, Quintana Roo
T. (998) 877 1039
F. (998) 877 1048
www.hotelsecreto.com
Habitaciones dobles desde 185 dólares
HOTEL VERANA
Calle Zaragoza 404,
Colonia Centro,
Puerto Vallarta, Jalisco
T. (322) 209 5107
www.verana.com
Habitaciones dobles desde 240 dólares
HOTEL ESENCIA
Carretera Cancún-Tulum,
Predio Rústico Xpu-ha,
Quintana Roo
T. (984) 873 4830
F. (984) 873 4836
www.hotelesencia.com
Habitaciones desde 475 dólares
HOTELITO DESCONOCIDO
Playón de Mismaloya s/n,
Cruz de Loreto,
Tomatlán, Jalisco
T. (322) 281 4010
F. (322) 281 4130
www.hotelito.com
Habitaciones dobles desde 300 dólares
VILLA GANZ
López Cotilla 1739,
Lafayette, Guadalajara,
Jalisco
T. (333) 120 1416
www.villaganz.com
Habitaciones desde 200 dólares
MÁS INFORMACIÓN
HOTELES BOUTIQUE DE MÉXICO
Calle Timón 1
Marina Vallarta, Puerto Vallarta,
Jalisco
T. (322) 221 2277
F. (322) 221 2255
www.hotelesboutique.com
LEADING HOTELS OF THE WORLD
Jaime Balmes 8, Los Morales,
Polanco, DF
T. (55) 2122 2770
F. (55) 5280 4563
www.lhw.com
Hasta hace quince años, la mayoría terminaba durmiendo en altas torres sobre la playa, hoteles de cadena homogéneos, si no es que en extraños mamotretos con demasiado pasado y yeso despostillado. El turismo de masas lo sigue haciendo: continúa habiendo quien no habla más que su idioma en donde quiera que se encuentre y se siente amenazado por las comidas y sus horarios que no le son familiares.
Sin embargo, con el cambio de siglo, ha surgido un estilo de hotel para atender a aquellos visitantes que hacen un esfuerzo por diferenciarse y encontrar algo “auténtico” y con personalidad. El “hotel boutique” o “small luxury” (pequeño y lujoso) tiene que ser forzosamente pequeño y ofrecer niveles extremadamente elevados de servicio personalizado.
Boutique authentique
Existe, por supuesto, un puñado de restaurantes y hoteles —el San Ángel Inn y Hacienda de los Morales en la Ciudad de México, el hotel Casa de Sierra Nevada en San Miguel de Allende— que han gozado de una reputación establecida desde hace décadas por sus exquisitas instalaciones y servicio. Pero no fue sino hasta 1999 cuando una perspectiva diferente del turismo se hizo evidente, y pequeñas empresas poco conocidas, como Tamarindo en Costa Careyes y la Casa Cid de León en Oaxaca, que tiene sólo cuatro cuartos, con cortinas de encaje y botellas de perfume afuera de la regadera, y camareras que ponen a calentar la leche de tu bebé mientras desayunas en la cama, comenzaron a alcanzar a una clientela más amplia.
Lo nuevo, pues, no es el segmento “boutique” —Relais & Châteaux, por ejemplo, certifica sólo propiedades que considera de esta categoría desde 1954—. La novedad es que se haya consolidado como un nicho de mercado de volúmenes considerables.
Hace dos años el Consejo de Promoción Turística de México (cptm) lo bautizó como Turismo Premium, aun si agrupa también haciendas bajo ese rubro, además de campos de golf, spas y turismo náutico; empresas cuyo denominador común es el signo de dólar. Pero en México hay un precursor importante de este reconocimiento de nicho. Fundada en 1999 por John Youden, un astuto canadiense, Hoteles Boutique de México (hbm) es una pequeña asociación que ayudó a identificar y crear este mercado y los productos que se están desarrollando para servirlo. Su objetivo original era ayudarle a los viajeros a encontrar el tipo de hotel pequeño y exquisito, distinguido por un servicio personal, que al propio John le gustaba, que no fuera parte de un grupo o cadena más grande. Y ahora, con alrededor de 40 hoteles miembros en 20 destinos, es esencialmente un servicio de reservaciones con capacidad para coordinar viajes de primera.
Las cadenas mayores se unieron al feliz caos, y comenzaron a utilizar el término “boutique” de manera indiscriminada: a veces, con un efecto involuntariamente cómico, designando hoteles con más de 100 cuartos. O adoptaron herramientas similares, como la Starwood Luxury Collection, que incluye el Careyes Beach Resort & Spa.
Quinta Real es otro ejemplo en el que el énfasis “boutique” está puesto en un servicio eficiente, cortés y pro activo. En el Quinta Real de Acapulco, por ejemplo, el personal recuerda el nombre de los huéspedes, deja discretamente un paraguas en las habitaciones en caso de lluvia; el servicio al cuarto está disponible las veinticuatro horas y llega de manos de camareros joviales y eficientes, aun a las 3 de la mañana.
Con el nuevo siglo, el primer hotel de diseño mexicano
Dentro de este nicho de mercado ha surgido otro fenómeno, pequeño desde el punto de vista del número de hoteles en México, pero gigantesco en materia de relaciones públicas y visibilidad: el hotel de diseño.
Hasta hace muy poco, en la Ciudad de México y el país en general era novedosa la noción de hoteles de diseño. Pero en el exterior, el Design Hotel Group comenzó en 1993 con un concepto bastante coherente en tanto que describe lo que se ve: arquitectura sofisticada, diseño de vanguardia y una manera de ser que anuncia las tendencias del futuro. Pero a menos que uno fuera muy rico, estuviese muy metido en el mundo de la moda o la industria del turismo, tales opciones estaban fuera del mapa en esta parte del mundo.
En consecuencia, al Habita le costó tiempo —el primer hotel de diseño en México, que abrió el 5 de octubre de 2000 en el barrio capitalino de Polanco— obtener reconocimiento nacional, a pesar de que consiguió varios premios de diseño, entre ellos el de World Architecture Award de la revista Architectural Magazine, y el de arquitectura de la Bienal de Quito.
“El gerente general del Four Seasons vino al Habita por un tour de cuatro días antes de que abriéramos y dijo: ‘aprecio sus agallas, será un fracaso, o un gran éxito’”, recuerda Carlos Couturier, el visionario clave de la sociedad que puso en marcha los hoteles de diseño en México.
Habita fue un hit con la gente in del DF, que se reunía a tomar cocteles en el bar de la azotea, y ahora es el único que pertenece a la asociación Leading Hotels of the World en la Ciudad de México, pero la tendencia empezó realmente a amarrar cuando la siguiente creación, Deseo, abrió un año después en Playa del Carmen. “Ahí fue donde hicimos la diferencia”, dice Carlos.
Deseo es un pequeño hotel de 15 cuartos, en lo que era un pequeño pueblo, pero —con su iluminación hip, su alberca y bar en la azotea, con sus cortinas blancas flotantes enmarcando las amplias camas del lounge— logró aparecer en la portada de la edición británica de la revista Condé Nast Traveller, en mayo de 2002.
“La gente sigue sorprendida de que Deseo esté en México”, observa Carlos. Y, tras el éxito de la propiedad de playa, la prensa internacional volvió al Habita. A partir de entonces, la sinergia no ha cesado de acompañarlos.
El libro Mexico Chic (2003), diseñado para el mercado europeo, que está por sacar una segunda edición y que ya se tradujo al español, es una prueba de cómo los hoteles boutique y de diseño de este país, cuando se conciben y promocionan con visión y flair, son un vehículo fantástico para atraer a los tan codiciados turistas internacionales. Son a menudo estos turistas los que han llevado a los mexicanos a apreciar a sus propios trend-setters.
En retrospectiva, lo único que le faltaba a México era el producto. El adinerado mercado extranjero estaba listo y dispuesto desde los años noventa, tras la revolución de la industria de la hospitalidad en la década anterior.
El Royalton de Ian Schrager, diseñado por Philippe Starck, que abrió en Nueva York en 1984, se considera el pionero de este género de “hotel boutique”. Luego un público más grande se enteró de la bullente tendencia a fines de los ochenta con la transformación gradual de South Beach en Miami y la designación en 1979 de la sección Art Déco como distrito histórico.
La arquitectura y el diseño retro estaban emergiendo como ingredientes importantes. No obstante, se necesitaba sangre nueva para tomar la tendencia y hacerla cobrar vida en México.
Los gurús de un estilo de vida
La sangre nueva vino precisamente con los socios Couturier-Micha quienes, tras haber abierto el Habita en Mazaryk (2000) y Deseo en la Quinta Avenida de Playa del Carmen (2001), inauguraron Condesa DF en enero del año pasado, seguido de Básico en Playa, en junio.
La revolucionaria mancuerna se formó desde 1986, cuando Carlos Couturier y Moisés Micha, aún estudiante, unieron sus fuerzas para renovar algunas gemas arquitectónicas de Polanco, entre ellas la casa art déco donde ahora se encuentran sus oficinas, en la calle Alejandro Dumas.
La siguiente fase fueron los inquilinos. Muchos europeos les pedían recomendaciones de hoteles para hospedarse en México y les molestaba no poder darles una respuesta satisfactoria. Carlos tenía un hotel en Veracruz, era el gran boom del Royalton en Nueva York y The Morgan en Dublín, y puso a los demás a pensar: “Olvídense de los bienes raíces y pongan un hotel”.
Fue entonces cuando los hermanos de Moisés, Rafael y Jaime —este último el socio fantasma que nadie ve nunca— se unieron a la tripulación.
Pero la crisis de 1994 fue un gran retroceso. Hubo que esperar hasta 2000, aunque para entonces las cosas ya habían vuelto a la normalidad.
“Éramos parte de un grupo, si no es que los únicos, que trajimos una nueva energía a la ciudad”, dice Carlos, con sus brillantes ojos color turquesa.
Moisés, que parece que acaba de cumplir treinta años, y es el único soltero del grupo, se ocupa de la operación y el lado administrativo. “Yo superviso las cuatro propiedades que manejamos ahora”, dice, mientras tomamos té y agua mineral una lluviosa tarde en el Condesa DF. “Yo entrego el producto que Carlos concibe, para que Rafael lo venda.”
Hasta hace tres años, Moisés hacía malabares con sus primeros pasos en la industria hotelera, trabajando 14 horas al día como comerciante de bonos. Ahora, como hotelero de tiempo completo, sus horarios son igual de demandantes, pues sus socios están por abrir otros cuatro hoteles, este año en Puebla y en 2007 en Monterrey, Santa Fe (DF) y Acapulco.
“Estoy muy emocionado con el de Monterrey. El arquitecto es genial”, dice Moisés, refiriéndose a Joseph Dirand, el parisino de 32 años. “Y en materia de negocios, puede que sea la más atractiva de las nuevas propiedades. La ciudad no tiene ninguna alternativa de hotel de diseño.”
Cuando me pregunto si éste podría ser el menos sexy de los hoteles del grupo, me dice que es todo lo contrario. Moisés no piensa en Monterrey como una ciudad conservadora, sino que ve hacia el futuro: al construir una propiedad estilo europeo donde nadie se lo espera, el grupo demuestra su confianza en que Monterrey está lista para algo nuevo. Por el momento, puede adelantarme que la forma del edificio será elíptica, y que tendrá ocho pisos en el distrito San Pedro Garza García de la ciudad. El resto será revelado alrededor de marzo de 2007.
Con Santa Fe, no obstante, los socios lo pensaron dos veces. “Teníamos miedo de que nuestros clientes sintieran que nos estábamos volviendo comerciales”, me cuenta. Pero, a la vez, Santa Fe tiene la más alta ocupación en la Ciudad de México, y por eso decidieron hacer algo sin precedentes en el país: los ocho últimos pisos fueron convertidos en cuatro; sus techos de doble altura permiten vistas incomparables.
Le pregunto sobre planes en el extranjero, pero Moisés me revela que para ellos México es todavía un territorio muy virgen; “seguimos creyendo que no tenemos competencia en este nicho”.
Mientras tanto, el savoir faire y la habilidad natural para las relaciones públicas del carismático y ocurrente Rafael es la envidia de todo aspirante a hotelero y de todo grupo hotelero en el país. Pero su contagioso entusiasmo, su experiencia de viajes, y su pasión por la investigación desafían la imitación.
“He estado leyendo sobre la familia Astor (verdaderos pioneros de los bienes raíces y la hotelería en el Nueva York del siglo xix, previo a Times Square y al Chrysler Building, propietarios del Hotel Astor primero y el legendario Waldorf Astoria después)”, me dice Rafael mientras desayunamos en el lujoso silencio resultado de que todo el mundo está viendo el mundial.
“Él fue el primero en introducir el teléfono en cada cuarto de hotel. ¡Justo como nosotros con los iPods en el Condesa DF! Seguro la gente le dijo a Astor que estaba loco, que tenía que tener conmutadores. Por eso es una travesía tan genial, podemos seguir reinventándonos.” Mientras, brincando de un pensamiento al otro, Rafael me corrige: “El mercado ha evolucionado, ya no hablamos de hotel boutique sino lifestyle”, y me aclara que lo de “boutique” ya es un poco viejo, esnob, algo pretencioso y pedante.
Uno de los ingredientes más nuevos es el juego con la noción de celebridad (no es casualidad que Bono haya hecho su fiesta después del concierto en la terraza del Condesa DF, ni que la premier de Y tu mamá también se haya festejado en los pisos 5 y 6 del Habita). Su próxima estrategia de mercadeo es “Habita City”, que utiliza el culto de la personalidad construido alrededor de cierta celebridad mexicana —cuyo nombre aún no revela— chilling en la alberca. La veremos completa de septiembre a octubre —en todas partes—, promete.
“La idea será, ‘te lo perdiste, es donde debiste haber estado’”, grita casi este torbellino de energía. Pero le faltaba contarme la siguiente anécdota. Durante el Congreso del Agua, uno de los más recientes eventos internacionales importantes aquí, contrató gente y, por cinco días, los vistió con los uniformes de sus choferes para que se pararan en el aeropuerto con remos que hacían las veces de letreros, con inscripciones como: “David Beckham, Habita”.
“La gente veía eso, y se colaba al hotel con la esperanza de ver al futbolista dandy. El diario Reforma incluso mandó a alguien a ver qué pasaba”, dijo Rafael divertido.
“Podemos salirnos con la nuestra porque la gente sabe que Paris se hospedó aquí.”
“Eres tremendo”, muevo la cabeza maravillada.
“También lo hicimos en Cancún en Semana Santa con Básico, un letrero que decía ‘Paris Hilton, Básico’. Fue genial, a la gente se le caía la cara, mientras pensaban: ¡Voy a matar a mi agente de viajes!”, presume Rafael mientras pide un sex kit.
El sex kit del Condesa DF fue diseñado por Héctor Galván, otro talento joven que los socios han metido al equipo, y el genio detrás del diseño de Básico —mi favorito de los hoteles actuales por la ligereza del diseño y su humor novedoso—. Es un regalo muy divertido que incluye de todo, desde chocolates hasta cuerdas (lo único que falta es la venda para los ojos). Además va muy bien con las recientes fotos de los anuncios de Básico, que incluso la prensa internacional consideró demasiado osadas al principio. Y con los condones envueltos en una bolsa color turquesa que aguardan en el cajón del buró a los huéspedes de Deseo. Rafael dice que recientemente estuvo ahí con sus gemelos de 8 años y olvidó decir que hicieran los ajustes apropiados.
“‘Ok, papá, dime qué es esto’, me preguntaron”, dice riéndose. Y lo mismo me pasó unos días después, cuando me llegó el sex kit de Condesa DF mientras escribía esta nota. Mi hija de 9 años me preguntó qué había dentro de esa caja tan linda, pero no era el momento de ponerme a explicar sobre esposas y vibradores, aun si sabía que le gustaría el conejito verde que hacía de caja para el viagra.
“El turismo de élite no se trata de precios insólitos, sino de encanto, ambiente, estilo, diseño e innovación”, dice Rafael en un momento más tranquilo.
“Recuerda que somos cien por ciento mexicanos, que tratamos de estar alerta al lado innovador, que somos jóvenes y tratamos de imaginar lo que será el futuro en cinco años. Al tiempo que nos enfocamos en el tamaño y la singularidad del producto”, me recuerda Moisés.
Y yo recuerdo eso, y recuerdo cómo me sorprendieron con pretzels y vino mientras revisaba mis e-mails en el Villa Ganz de Guadalajara, y la enorme cama en el centro de mi cuarto estilo balneario en el hotel Básico; el piso de llanta, el muro de cristal que miraba al mar. No me queda más que esperar curiosa las próximas ocurrencias bien hechas que le deparan a la hotelería mexicana.
*Traducción de Claudia Itzkowich
PERFIL DE UNA NUEVA ESPECIE: EL HUÉSPED FIJADO
A estas alturas, Sylvie Laitre, directora de hbm, ya conoce a los turistas exigentes de México como a la palma de su mano: están acostumbrados a ser consentidos, a estar en control, obtener lo que quieren y tener staff que arregle los detalles por ellos. “A los clientes de hbm no les gusta que los molesten, que les hable gente con la cual ellos no decidieron asociarse. Quieren privacidad, un servicio extraordinario y atención sin intervención.”
Rafael Micha, de Habita, entiende a sus consumidores como hombres y mujeres sofisticados de negocios de 30 a 60 años, pero con una sofisticación que no viene del dinero, sino de los estudios, los viajes, la vida cosmopolita. Otra manera de definirlos es con tres emes: música, modelos y medios. La otra eme, que no está del todo desvinculada, es la de money.
GRUPO HABITA
HOTEL BÁSICO
Calle 10 Playa del Carmen,
Quintana Roo
T. (984) 879 4448
F. (984) 879 4449
www.hotelbasico.com
Habitaciones desde 148 dólares
HOTEL CONDESA DF
Avenida Veracruz 102,
Condesa, DF
T. (55) 241 2600
www.condesadf.com
Habitaciones desde 165 dólares
HOTEL DESEO
5ta. Avenida y Calle 12 Centro,
Playa del Carmen, Quintana Roo
T. (984) 879 3620
F. (984) 879 3621
www.hoteldeseo.com
Habitaciones desde 148 dólares
HOTEL HABITA
Av. Presidente Masaryk 201,
Polanco, DF
T. (55) 5282 3100
F. (55) 5282 3101
www.hotelhabita.com
Habitaciones desde 195 dólares
OTRAS SUGERENCIAS
HOTEL AZÚCAR
Carretera Federal Nautla-Poza Rica km 83.5
Monte Gordo
Municipio de Tecolutla Veracruz, Veracruz
T. (232) 321 0678
F. (232) 321 0024
Temporada alta 180 dólares,
temporada baja desde 120 dólares
CASA CID DE LEÓN
Avenida Morelos 602,
Centro Histórico
Oaxaca, Oaxaca
T. (951) 514 1893
F. (951) 514 7013
www.casaciddeleon.com
Habitaciones desde 180 dólares
HOTEL TAMARINDO
Km. 7.5 Carretera Barra de Navidad-Puerto Vallarta,
Puerto Vallarta, Jalisco
T. (315) 351 5031
F. (315) 351 5543
www.eltamarindo resort.com
HOTEL SECRETO PUNTA NORTE
Isla Mujeres, Quintana Roo
T. (998) 877 1039
F. (998) 877 1048
www.hotelsecreto.com
Habitaciones dobles desde 185 dólares
HOTEL VERANA
Calle Zaragoza 404,
Colonia Centro,
Puerto Vallarta, Jalisco
T. (322) 209 5107
www.verana.com
Habitaciones dobles desde 240 dólares
HOTEL ESENCIA
Carretera Cancún-Tulum,
Predio Rústico Xpu-ha,
Quintana Roo
T. (984) 873 4830
F. (984) 873 4836
www.hotelesencia.com
Habitaciones desde 475 dólares
HOTELITO DESCONOCIDO
Playón de Mismaloya s/n,
Cruz de Loreto,
Tomatlán, Jalisco
T. (322) 281 4010
F. (322) 281 4130
www.hotelito.com
Habitaciones dobles desde 300 dólares
VILLA GANZ
López Cotilla 1739,
Lafayette, Guadalajara,
Jalisco
T. (333) 120 1416
www.villaganz.com
Habitaciones desde 200 dólares
MÁS INFORMACIÓN
HOTELES BOUTIQUE DE MÉXICO
Calle Timón 1
Marina Vallarta, Puerto Vallarta,
Jalisco
T. (322) 221 2277
F. (322) 221 2255
www.hotelesboutique.com
LEADING HOTELS OF THE WORLD
Jaime Balmes 8, Los Morales,
Polanco, DF
T. (55) 2122 2770
F. (55) 5280 4563
www.lhw.com
























