PASADO: Taxco tras lomita
El encanto de Taxco es obvio. Sus iglesias barrocas y paisajes escarpados —marco perfecto para abastecerse de la plata pura y barata de sus minas—, y su ubicación estratégica, explican por qué se convirtió en uno de los primeros destinos turísticos del país. Quizá también por eso, a pesar del tráfico y el acoso de los mercaderes joyeros, lo sigue siendo.
PRESENTE: Hospitalidad mexicana en casco de hacienda
El a posteriori es engañoso. Tras haber paseado por los jardines de Katanchel en Yucatán, haber despertado en una cama de latón entre los volcanes o comido platillos regionales tapatíos en El Carmen, ¿quién puede creer que hace apenas unos años nadie daba un peso por las haciendas del país?
PASADO: Como Acapulco no hay dos
Quien diga que no se puede vivir del nombre y de los recuerdos, no conoce el mejor lado de Acapulco. Fue el primer destino turístico de México, la primera playa tropical de Norteamérica, y los especuladores aseguran que está viendo su tercer renacimiento. Pero, al margen de los desarrollos que miran hacia el futuro, en el Acapulco viejo, existe un mundo animado por una nostalgia no sólo feliz, sino altamente contagiosa.
FUTURO
Mayordomos privados, palafitos, masajes perfumados en Bali y camastros premiados en bienales de diseño es lo que depara el destino a los turistas de México. Antes de 2010, exclusivas firmas hoteleras como St. Regis, Tour Seasons, Mandarin Oriental y Rosewood, por nombrar sólo las más conocidas compartirán aquí un lugar común.
























