Capri a prueba de paparazzi
Casa Malaparte

Capri a prueba de paparazzi

Algo de eterno debe de tener Capri: Tiberio erigió ahí una villa para desentenderse de la política romana, los revolucionarios rusos jugaron en sus cafés incontables partidas de ajedrez y el poeta Pablo Neruda encontró entre sus farallones y jardines de limoneros a su última musa. Por eso, y a pesar de su popularidad, quien no sucumba ante Capri, que lance la primera piedra.
Por Marie Le Fort | noviembre 2006 | Tags: , ,
Mientras hablo, el barco navega:
Y, como una bruma lejana
La isla de las sirenas surge del mar…
HOMERO


Embarcarse en Nápoles rumbo a Capri ya es abandonar el mundo terrestre por el universo insular de la isla de las sirenas, ese lugar cuyo mito no sólo sobrevivió a Homero, sino que logró atrapar a Tiberio y a Lenin, y seducir lo mismo al poeta chileno Pablo Neruda que a la siempre impecable Jacqueline Kennedy.

Hasta la fecha, en la embarcación que parte de la bahía de Nápoles, las mujeres de la aristocracia italiana siguen emulando a la Jackie de los años cincuenta: pantalón de algodón estilo pescador, sandalias bajas o alpargatas de suela de cordón y blusa color pastel. La única concesión al espíritu de estos tiempos: el bolso Gucci o Prada y los lentes de sol de marca.

Pero si en las avenidas y plazas principales de Capri prevalecen los logotipos de los imperios del lujo, por las calles pequeñas es muy fácil reencontrar el viejo encanto de la isla azul. Y, llegada la noche, la primera parada se impone por sí sola: aquella trattoria adonde van a comer los insulares. No lejos de Gemma, un clásico local de pizzas, Il Tinello es toda una institución. Como todo aquel que conserva el secreto de una cocina familiar a través de los años, Il Tinello la ha consagrado. El pan y las pastas se hacen ahí mismo, y todo es simplemente perfecto y generoso, como los proverbios italianos copiados con tinta azul sobre los mosaicos de cerámica de la pared. Los platillos del mar de cada noche han sido pescados en la mañana, el vino se embotella ahí mismo, y Francesca lanza órdenes desde la cocina a su marido Pepino. Una verdadera mamma italiana. En el muro, viejas fotos en blanco y negro hacen pensar en el Capri de otros tiempos, cuando las calles estaban más desiertas, los aparadores menos manoseados y, el pueblo, lejos de ser prisionero de las grandes marcas internacionales.

Porque hubo un tiempo en el que el hechizo —y no el dinero bruto— era soberano, operaba salvaje como Brigitte Bardot en Le Mépris, que fue rodada en la isla por Jean-Luc Godard. Entonces las barcas de pescadores flotaban apenas amarradas, las escaleras de piedra descendían abruptas hasta el mar y todo Capri vivía lentamente a merced del viento y de las idas y venidas de las embarcaciones. Y hoy, los pinos piñoneros y las fachadas blancas que se desprenden de los acantilados rocosos permanecen inmutables, al igual que los faraglioni, esas inmensas rocas que son el símbolo de Capri y que se erigen en la bahía como monumentos milenarios.

Con su escenografía natural de agua color cobalto, jardines de flores y limoneros y una luz irrepetible, Capri siempre llamó la atención de los grandes poetas y soberanos de este mundo.

Homero ya la celebraba en la antigüedad, antes de que Tiberio, hijo adoptivo de Augusto, el primer emperador romano, instalase ahí su morada sobre un espolón rocoso: la Villa Jovis sobre el Monte Tiberio. Frente a la península de Sorrento y a la costa amalfitana se levanta el antiguo palacio, cuyas termas y fundaciones aún pueden admirarse. Según el relato de Suetonio, tras haberse “desinteresado por completo de los asuntos públicos”, el emperador se recluyó ahí en una vida que mezclaba impune el despilfarro y la misantropía.

En el siglo xviii, en cambio, a Capri se le conocía como la Klein Deutschland o “pequeña Alemania”. En ese entonces era el territorio de los alemanes que salían de vacaciones, y sobre todo de los artistas. Pero venían en invierno, ya que el agua escaseaba en verano y muchos de los hoteles estaban cerrados. Así, el café principal de la isla, Zum Kater Hiddigeigei (el gato que maúlla como un violín), una brasserie alemana que servía cervezas fue durante años, el cuartel general de la crema y nata intelectual y política de ese país. Junto con el hotel Pagano (hoy La Palma), fue el escenario de la novela de Josef Victor Von Scheffel, Der Trompeter von Säckingen, cuyo principal protagonista es un gato filosófico que maúlla como un violín cuando está enamorado. Ya en esa época, el propietario no era otro que Luciano Morgano, cuya familia dirige hoy el Quisisana, el hotel-palacio de Capri.

A principios del siglo xix, se encontraba en el mismo café a toda la escuela de revolucionarios rusos, a menudo jugando ajedrez. Era la scuola rivoluzionaria di Capri, cuyos líderes, el escritor y activista Máximo Gorki y Anatoli Lunacharsky vivían en Nápoles, pero irradiaban su influencia más allá de las fronteras italianas. El círculo acogió al propio Lenin en dos ocasiones; la efervescencia política e intelectual se palpaba en el aire de la piazzetta centrale que, según Gorki, “como el escenario de una ópera, pasaba de ser estrecha y oscura a volverse, de pronto, amplia y casi clara”.

Y como si el alma del gato filosófico rondara todavía en el barrio, otro establecimiento, el Gato Bianco, tomó el relevo desde 1950. Ese año, Giovanni Esposito, un notable de la isla, encontró un gato y tres gatitos blancos en medio de su jardín de limoneros, donde se disponía a construir un hotel. Según se cuenta, el empresario en ciernes vio ese encuentro como una señal del destino, reconoció el alma del gato filosófico del café alemán y decidió ponerle Gato Bianco a su establecimiento.

La residencia jugó un papel clave en el barrio durante los años sesenta. El hijo de Giovanni nos llevó al comedor y nos mostró orgulloso una foto que yacía sobre el piano: mostraba a Jackie Kennedy y el señor Onassis junto a su hermano, entonces guitarrista. “Los paparazzi se instalaban frente al Quisisana y, para escapárseles, Jackie Kennedy y Onassis salían por un pasadizo secreto que los llevaba directamente a la suite del Gato Bianco”, nos contó. Desde entonces, la suite lleva el nombre de Jackie Kennedy, un nombre que rimará para siempre con Capri.

En la plaza central, Piazza Umberto I, era frecuente encontrarse también a Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sastre, que pasaban largas horas en las terrazas. A dos pasos estaba la La Parisienne, la tienda que vistió a la última moda a todas las estrellas que pasaban por la isla. Fundada en 1906 por Marriucca, la abuela de Francesca, que aún lleva las riendas, era a la vez un taller de confección a la medida y una boutique que presentaba sus propias colecciones.

Fue gracias a La Parisiense que Capri exportó la moda de los Capri pants: inspirados en los pantalones de pescador, se fabricaban en gabardina de algodón y se cerraban en la cintura con ayuda de un cierre. Y las sandalias caprese, con su anillo de cuero alrededor del dedo gordo, siguen teniendo una cuasi denominación de origen en la pequeña isla. Jackie Kennedy fue clienta fiel de la casa: “llegaba con sus maletas casi vacías, y venía a hacerse sencillos pantalones blancos y grandes mascadas para las cuales ella misma escogía las telas en el sótano”, recuerda Francesca. “También mandaba confeccionar pareos para sus invitados… era una maestra en el arte de ser elegante con toda sencillez.”

Cuando se hacían filmaciones en la isla, La Parisienne confeccionaba varios de los trajes. Clarke Gable y Sofia Loren, que vinieron mientras filmaban La baia di Napoli, se vanagloriaban de estar vestidos a la moda de Capri, al igual que Ingrid Bergman, en rodaje con Roberto Rossellini, Rita Hayworth, Audrey Hepburn, Greta Garbo y Jane Crawford… pues la principal cualidad de La Parisienne era respetar la intimidad de las estrellas. Quizá por eso, Brigitte Bardot, a quien no le molestaba en absoluto ser vista, y quien vivió en la Villa Malaparte con el cineasta Jean-Luc Godard mientras filmaba el escandaloso filme Le Mépris, evitaba el almacén.

INTRAVILLAS
Si bien mucho de lo que sucedía en Capri acontecía en las plazas y cafés, las aventuras más insólitas acontecían en las hermosas residencias privadas de la isla. Capri fue siempre un lugar de opulencia, al grado que el escritor francés Alejandro Dumas terminó por escribir que “en esas villas… todas decoradas de columnas de mármol coronadas por capiteles de oro y terminadas por frisos de ágata, había estanques de pórfido en las cuales nadaban peces plateados del Ganges; los pisos de mosaico estaban decorados con ópalo, esmeraldas y rubíes…”.

Y entre las múltiples villas que fueron edificadas a través de los siglos, hay tres que merecen visitarse, aunque sea como aciertos arquitectónicos.

La Villa San Michele de Axel Munthe, por ejemplo, está construida sobre los cimientos de una habitación que se remonta a la antigüedad romana. A fines del siglo xix, el médico suizo y amigo íntimo de la reina Victoria Von Baden de Suecia sucumbió ante el encanto de la pequeña ciudad de Anacapri, y pasó más de cincuenta años de su vida en la isla. La villa es un palacio aristocrático decorado con arcadas, columnas y patios floridos donde abundan las glicinas y los jazmines, y donde se guardan bajorrelieves y obras de arte antiguas. A Munthe le encantaba mostrar su colección a sus invitados de renombre: Oscar Wilde, Rainer Maria Rilke o la marquesa Anna Luisa Casati Stampa de la cual Peggy Guggenheim cuenta que deambulaba por la isla acompañada de un leopardo e iba a cenar a casa de sus amigos con una serpiente enrollada en el brazo. Una enfermedad de los ojos lo obligó a mudarse en 1918 a una casa más sombreada, la Torre Materita, propiedad actual del dueño de la marca Tod’s. “Quiero que mi casa esté abierta al sol, al viento y a las voces del mar, como un templo griego, y luz, luz, luz por todas partes”, había dicho Munthe, quien dejó escrito en uno de los muros: “Atreverse, querer, saber, callarse”.

La segunda villa imperdible es aquella que se construyó para el escritor y periodista Curzio Malaparte en 1938, y que sirvió de escenario para la película Le Mépris de Godard. De color rojo Pompeya fue imaginada por el maestro incontestable de la arquitectura racionalista Adalberto Libera, y se integra perfectamente a las escarpaduras rocosas de Capo Masullo, según el excéntrico escritor Roger Peyrefitte parece “una langosta secada al sol”.

Por último, la Villa Lysis es sin duda la más famosa de este tríptico excepcional. Fue construida en 1905 por el barón Jacques d’Adelsward-Fersen, un dandy de la belle époque mejor conocido por el nombre de Jacques Fersen, que tras haber purgado una pena de prisión de seis meses en París por faltas a la moral, vino a instalarse en la isla.

Edificada estratégicamente cerca de la antigua Villa Jovis —la de Tiberio— por el arquitecto francés Eduardo Chimot, es de un estilo neoclásico particularmente ostentoso en el que se alternan columnas dóricas, mármol, mosaicos de oro y baldosas de cerámica del pueblo de Vietri decoradas con flores.

Se concibió como una utopía estética y, entre sus muebles orientales, elegantes sillones, plantas exóticas y una gigantesca pila cavada en el suelo, el propietario organizaba fiestas que culminaban en la sala de opio. Fersen poseía la más bella colección de pipas de opio orientales de la región, con algunos modelos que habían sido propiedad del emperador de China. Y en sus fiestas se daba cita todo el Capri literario y artístico, hasta el día en que murió por causa de una sobredosis de cocaína y copas de champaña: el misterio de su muerte continúa intrigando a quienes visitan su antigua morada, ahora convertida en museo.

Jacques Fersen no escondía su amor por el joven actor Nino Cesarini y había hecho gravar en su villa las palabras Amori et dolori sacrum, que vinculaban para siempre el amor y el dolor. Se volvió un icono para el mundo homosexual y logró casi hacer olvidar el episodio en que Oscar Wilde fue expulsado del hotel Quisisana por sodomía. En la época de Fersen, la homosexualidad estaba lejos de provocar un escándalo en Capri o, para el caso, en el hotel Quisisana.

Pues el Quisisana es a Capri lo que el Louvre a París: su corazón, su memoria, su edificio imperdible; su primera institución. Suspendido sobre la bahía, su piscina exterior no tiene otro vecino que los majestuosos farallones, el emblema de la isla. En el interior, el mobiliario delata la grandeza del pasado de Capri: una estufa de cerámica, un piso abstracto de mosaico de 1930, motivos decorativos en yeso blanco. Todo es de una calidad de museo, al igual que su historia: Expropiado por los americanos durante la Segunda Guerra Mundial, era la residencia de reposo de los oficiales. Uno de ellos, muy joven en la época, ha vuelto cada año al hotel y en 1994 organizó una gran fiesta para celebrar cincuenta años de fieles visitas. Y nunca dejó de saludar a Nigel, el pianista y jazzman que anima el lugar desde hace 27 años. Con sus lentes negros y una fisonomía que recuerda un poco a Ray Charles, es el testigo viviente de las personalidades que han hecho parada en el Quisisana, como el empresario de las carreras de coches y jet set Flavio Briatore, la princesa Carolina de Mónaco, el boxeador Mike Tyson, Plácido Domingo o la gran dama argentina Amalita Fortabat. Y así como el piloto de carreras Jean Alesi viene cada año a sentarse en la terraza y escucharlo, el músico Joe Cocker mandó decirle al mesero que apreciaba mucho su música.

LOS NUEVOS FIELES
El dueño de la firma Tod’s, Diego de la Valle, ha remodelado una de las villas más nobles, la Torre Materita, y la cantante pop Mariah Carey, suele instalarse aquí para grabar sus álbumes. Familias principescas y estrellas del hip hop se dan cita en Capri tan pronto llega el buen tiempo. En las calles principales se deambula para ser visto y observar, y se viste en consecuencia (con tacones altos e incluso lentejuelas en el caso de las damas).

Pero si Capri es una parada elegida por las estrellas, sigue siendo ante todo la musa de poetas y artistas, pues desde que uno se aleja de las arterias comerciales, su aura pasada vuelve a salir a la superficie, y vuelve a ser posible pasar el tiempo entre las bóvedas sombreadas, los jardines y las bugambilias.

El Capri Palace, a tono con la tradición, es hoy el embajador del arte moderno en Anacapri. Perteneciente a la familia Cacace desde 1960, la pequeña pensión se transformó en un palacio instalado al pie del Monte Solaro, de cara a la Bahía de Nápoles. Con los años, gracias al buen gusto de Tonino Cacace, se convirtió en el sitio más elegante de la isla, con sus arcadas y sus pisos de piedras desiguales. Y las suites retoman el nombre de los artistas que sirvieron de inspiración para la decoración interior: Kandinsky, Miró, Mondrian y también Marilyn Monroe.

Sobre los muros, en los espacios públicos o reproducidas en mosaicos al fondo de la piscina, se descubren obras de artistas italianos de renombre, como L’homme-corne, de Lello Esposito, suspendido sobre una escalera, el cuadro escultura de Allen Jones por encima del bar, las velas de Velasco en la piscina, o la obra de video de Fabrizio Plessi instalada en una barca tradicional de pescador. La impresionante lista es digna de una galería de arte de Nueva York.

Pero más allá de los colores y las telas, son las notas y palabras las que han inmortalizado a Capri. El preludio de Debussy Les Collines d’Anacapri se eleva por sobre las cimas rocosas de la isla que cantan sus sirenas. Los versos del Capitán de Pablo Neruda, escrito cuando el poeta estaba exiliado en la isla, loarán para siempre su amor secreto por Mathilde Urrutia. Y mientras la Via Krupp, un camino de piedra entrelazado y surcado sobre el acantilado por el industrial alemán, suba hacia el azul del cielo, Capri seguirá siendo Capri.

GUÍA PRÁCTICA

DÓNDE COMER
IL TINELLO
Via l’Abate 3
T. 39 (81) 837 7673
Abierto desde las 19 hrs.


FERRAGAMO
Palazzo Ferraro,
Via Vittorio Emanuele 27/29


GATO BIANCO
Via Vittorio Emanuele
T. 39 (81) 837 0203


LA CAPANNINA
Via Le Botteghe 12bis/14
T. 39 (81) 837 0732
F. 39 (81) 837 6990
www.capannina-capri.com


DÓNDE DORMIR
GRAND HOTEL QUISISANA
Via Camerelle 2
T. 39 (81) 837 0788
F. 39 (81) 837 6080
www.quisi.com
Habitación doble desde 300 euros.


CAPRI PALACE HOTEL & SPA
Via Capodimonte 2b, Anacapri
T. 39 (81) 978 0111
F. 39 (81) 837 3191
www.capripalace.com
Habitación doble desde 300 euros.


HOTEL LA PALMA
La Palma Via Vittorio Emanuele 39
T. 39 (81) 837 0133
F. 39 (81) 837 6966
www.lapalma-capri.com
Habitación doble desde 125 euros.


CAESAR AUGUSTUS
Baia di Napoli
T. 39 (81) 837 3395
F. 39 (81) 837 1444
www.caesar-augustus.com
Habitaciones desde 360 euros.


DÓNDE PASEAR

LA PARISIENN
www.laparisiennecapri.it

VILLA JOVIS
www.villajovis.it

VILLA SAN MICHELE
www.sanmichele.org

VILLA LYSIS Y CASA MALAPARTE
www.capritourism.com
  • Páginas
  • 1
¿Qué hay de nuevo?

Central de Arquitectura pone el ojo en el Pacífico

El grupo de arquitectos que ha desarrollado los emblemáticos hoteles Básico y Deseo, en Playa del Carmen, entre otras muchas obras de diseño arquitectónico, ha puesto el ojo en dos destinos de playa más para llevar a cabo proyectos inmobiliarios que se concretarán en 2010. Su diseño, como suele ser la rúbrica de Moisés Isón y José Sánchez, es práctico y tiene esa preferencia por el uso de concretos, piedras naturales, cristal y maderas de intemperie que precisan de poco mantenimiento.
29/10/08

La luz femenina de Montblanc

Montblanc incursiona en el mundo de la haute joaillerie. Y la colección que ha diseñado es única en todos sentidos.
29/10/08

La Cumbre: el escaparate de los encantos americanos

De nada sirve ser uno de los continentes más atractivos del mundo si el mundo no nos conoce. O, dicho de otro modo, de la vista nace el amor.
Miami 16/10/08
  • Travesias
  • Banner Consejo 2
  • Gatopardo Lento