Cuernavaca: la verdadera historia de su eterna primavera
Las Mañanitas ©Cortesía Las Mañanitas

Cuernavaca: la verdadera historia de su eterna primavera

Cuernavaca ha visto pasar de todo: el imperio de los Habsburgo, la mafia norteamericana de los años treinta, la psicodelia de los sesenta. Sus mansiones y jardines sobreviven con aquella frondosidad que los hizo famosos, protegidos del tiempo por muros de piedra, tan infranqueables como eternamente apetecibles.
Desde antes que los caballos y las pistolas llegaran a este continente, Cuernavaca ya era un destino de vacaciones. Fundada en 1404 como el señorío de Cuauhnahuac (que significa “cerca de los árboles”), ahora —600 años después— se describe hasta el cansancio como la “ciudad de la eterna primavera”. Pues es precisamente su clima, en combinación con su ubicación a 85 kilómetros de la Ciudad de México, explican su razón de ser: bajar 750 metros desde una ciudad sobrepoblada, estresante, alta y fría hasta este destino de clima semitropical, surcado por ríos y tapizado de jardines espléndidos es como darse un baño de tina caliente al final de un día difícil.

“Aquí hasta la lluvia es bella y olorosa”, escribió el emperador Maximiliano a su esposa Carlota en el siglo xix, y no fue el único en dejarse seducir. Príncipes, archiduques y otros notables han sido cautivados por las flores, el sol, las frutas, los manantiales y las cascadas de Cuernavaca. El sha de Irán tuvo una casa aquí, al igual que el escultor inglés John Spencer, pariente de la princesa Diana.

Cuernavaca también evoca sin sonrojarse cierta asociación con el derroche y la autodestrucción, quizá por haber sido el telón de fondo de la novela Bajo el volcán (1947), de Malcolm Lowry, un gran tratado literario sobre el alcoholismo.

Criminales de orden mundial —y otros tantos de proporciones nacionales— se han regodeado en hermosos jardines, en plena impunidad, dejándose atender por sirvientas uniformadas. Sam Momo Giancana, el mafioso de Chicago, hizo de Cuernavaca su casa de 1967 hasta su arresto y deportación en 1974. Era amigo cercano de Frank Sinatra y fue eliminado un año después, por ende, nunca habló sobre su papel en la Masacre del Día de San Valentín —operaciones secretas con la cia para asesinar a Fidel Castro y otros dirigentes de América Latina—, ni del tráfico de heroína en México.

Los que no eran criminales, podían en cambio darse el lujo de ser excéntricos. María Félix, la diva nacional, tenía una opulenta villa azul cobalto y anaranjado papaya sobre la Avenida Palmira —además de otras cinco casas—. Fotografiada en la revista Casas & Gente en 1999, La casa de las tortugas, como se le conocía, estaba retacada de camas estilo Luis XV, adornadas con brocados de seda, mosaicos venecianos, urnas de talavera de Puebla, chimeneas de mármol florentino, armarios españoles del siglo xvi, sillas italianas barrocas cubiertas de hoja de oro, retratos suyos pintados por Antoine Tzapoff, sofás de seda cubiertos con pieles de leopardo de Somalia, lámparas azules de Baccarat. Cuentan los rumores que allí sigue, más o menos abandonada, después de que se la dejase a su chofer y compañero, pues la muerte de su hijo Enrique la dejó sin heredero.

UN LUGAR PARA QUEDARSE
El magnetismo de Cuernavaca es tal que transforma a los turistas en expatriados. En la antigua casa del coleccionista Ian Brady, por ejemplo, a la sombra de la catedral, a uno no le queda más que imaginar, mientras se mueve entre Tamayos, Covarrubias, Kahlos y piezas prehispánicas, la vida de este hombre colorido y sus amigos: Josephine Baker, William Spratling, David Hockney y Dolores del Río.

Cuernavaca fue crucial en la época de oro del juego en México, cuando Rita Hayworth y Errol Flynn, al igual que Bugsy Segal y Al Capone venían a los casinos de Baja California Norte. El Hotel de la Selva —con más de 90 mil metros cuadrados, alberca, 20 habitaciones y servicio de restaurante— en 1933 se convirtió en el emblemático Casino de la Selva, y aunque cerró con la elección de Lázaro Cárdenas en 1934, su historia continuó tras bambalinas. Hace tres años, la cadena Costco abrió una gigantesca tienda de autoservicio donde estuvo el hotel, que había permanecido abandonado varios años, pero tuvo que conservar muchos árboles (en el estacionamiento) y restaurar la mayor parte de los murales que se exhibían en el edificio original (en la Fundación Muros).

Dice la historiadora Andrea Martínez Baracs, autora de un nuevo repertorio de la ciudad, que el crecimiento del turismo en los años treinta tuvo que ver con el aumento de automóviles registrados en el estado, y con que la nueva carretera convirtió a Cuernavaca en la “ciudad de moda” cuyos 14 hoteles y casas de huéspedes resultaron insuficientes.

Además, la ciudad fue la “capital del divorcio mexicano” en los años treinta, aunque Hernán Cortés tuvo la idea mucho antes, cuando dejó aquí a su esposa y se fue con La Malinche. En efecto, algunos de los primeros hoteles de Cuernavaca surgieron a raíz del “Código de Puente”: Las permisivas leyes de divorcio promulgadas en 1927 por el entonces gobernador de Morelos, Ambrosio Puente, que atrajeron, junto con los hoteles, cantinas y pulquerías, a gente de otros estados.

Cuernavaca jugó un papel clave en la contracultura psicodélica de los años sesenta. Timothy Leary probó los hongos Psilocybe aquí, en el verano de 1960, y regresó con sus amigos a repetir el ritual durante cuatro años consecutivos. Antes que él, la periodista Martha Gellhorn y el compositor Leonard Bernstein fumaron marihuana por primera vez en Cuernavaca, a principios de los cincuenta.

Andrea Martínez, asegura que los años cincuenta y sesenta fueron el gran momento de Cuernavaca. Al principio de ese periodo llegaron directores, productores, actores y guionistas de Hollywood a quienes el macartismo había negado permisos de trabajo y otras personas, atraídas por la renovación cultural y artística del México de entonces. En 1956, Erich Fromm fundó la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis y, desde su casa de Cuernavaca, convocaba a psicoanalistas mexicanos y extranjeros y les proponía ideas novedosas, como la cercanía del psicoanálisis y el budismo zen, y los estudios socio-psicoanalíticos comunitarios.

Desde entonces, artistas, compositores, arquitectos y anticuarios la han hecho su casa, por ello, los fines de semana suelen estar marcados por interesantes exhibiciones hasta la fecha. Uno de los recintos por investigar es la Hacienda de Cortés, donde los Amigos de la Música acaban de iniciar una nueva serie de conciertos los domingos a la hora de la comida.

Para quienes no tienen los contactos, Cuernavaca puede ser, no obstante, si no prohibitiva al menos sí enigmática, pues casi todo sucede en jardines cercados, dentro de los cuales yacen invisibles las mansiones y villas. Se puede visitar Sumiya —la extravagante mansión estilo japonés de Barbara Hutton, la heredera del fundador de Woolworth, que ahora ha sido transformada en un hotel Camino Real— o, mucho mejor, pasar el día en Las Mañanitas, donde los diplomáticos juegan a ser sultanes y, las personas ordinarias, a ser diplomáticos. Un expatriado norteamericano abrió este aclamado hotel —el único Relais & Châteaux de México— en los años cincuenta, cuyos cuartos y suites están equipados con chimeneas, cabeceras talladas a mano y artesanías doradas. Presidentes y miembros de la realeza europea se quedan aquí, y los chilangos manejan una hora los fines de semana para comer en el restaurante, con sus espectaculares terrazas al aire libre y el jardín habitado por flamencos, pavos reales y grullas africanas.

Si bien es cierto que el clima y la vegetación son la base de su éxito, y sus personajes e historias novelescos conforman su mística, Cuernavaca no sería lo que es sin su otra mitad: la polvorienta y tóxica megalópolis que es la Ciudad de México.

Incluso en los días de Maximiliano, la “pareja imperial” llamaba a Cuernavaca “el paraíso”, mientras que la Ciudad de México era “la fría realidad”.

Al final de los años noventa, Cuernavaca empezó a aprovechar su reputación como tierra de balnearios y dirigiéndola hacia el cada vez más sofisticado mercado de los spas. Y aunque nunca podrá abandonar su relación simbiótica con las fiestas y las conductas ilícitas, este nuevo énfasis en la salud y la relajación ayudará a mantener la dicotomía entre la gran ciudad y la promesa de una gran escapada, y a seguir cumpliendo con las expectativas.

*Traducción de Claudia Itzkowich

GUÍA PRÁCTICA

DÓNDE DORMIR
LAS MAÑANITAS
Ricardo Linares 107
T. (777) 362 0000
www.lasmananitas.com.mx

Habitaciones desde 215 dólares.

CAMINO REAL SUMIYA
Int. Fraccionamiento Sumiya s/n
T. (777) 329 9888
F. (777) 329 9889
www.caminoreal.com/sumiya

Habitación doble desde 214 dólares.

MISION DEL SOL RESORT & SPA
Gral. Diego Díaz González 31
T. (777) 321 0999
F. (777) 320 7981
www.misiondelsol.com

Habitación doble desde 255 dólares. Incluye impuestos, una clase de taichi y una clase de yoga.

QUÉ VISITAR
MUSEO BRADY
Calle Netzahualcoyotl 4
T. y F. (777) 318 8554
www.bradymuseum.org

Martes a domingos de 10 a 18 horas. Lunes cerrado. Entrada: 30 pesos.

HOTEL HACIENDA DE CORTÉS
Antiguo Camino a Jiutepec s/n
T. y F. (777) 315 8844
www.hotelhaciendadecortes.com

Habitación 222 dólares con impuestos.

AMIGOS DE LA MÚSICA DE CUERNAVACA
www.amigosdelamusicadecuernavaca.com.mx

MUROS
Av. Vicente Guerrero 205
T. (777) 310 3848
F. (777) 310 3606
www.muros.org.mx

Martes a domingos de 10 a 18 horas. Entrada libre.
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