Abril, los cerezos en flor en Tokio
La floración de los cerezos es una razón casi suficiente para hacer un viaje a Tokio en abril. La fascinación que sienten los tokiotas por ellos, el factor decisivo.
Caminaba por el paseo boscoso que transcurre paralelo a la línea de tren y el río Kanda, entre las estaciones de Yotsuya e Iidabashi, en el centro de Tokio, cuando advertí que las primeras flores del cerezo empezaban a dejarse ver. Era el último miércoles de marzo y la televisión había anunciado, unos días antes, la inminente floración del cerezo. No estaba solo. En los bancos algunas parejas se acurrucaban hablando en voz baja, en los columpios jugaban los niños acompañados de sus mamás o abuelas, y alguno que otro transeúnte iba siguiendo o precediendo mis pasos con la mirada absorta en las flores. Tampoco faltaban los grupos de asalariados que, deseosos de fiesta, ya habían degustado un par de cervezas y, corbata desanudada y botón superior de la camisa desabrochado, comenzaban a relatar anécdotas o mentar de mala manera al jefe de turno.
Este fin de semana, pensé entonces, apenas quedará un estrecho sendero para caminar bajo los árboles floridos de este paraje. Y en efecto, cuando volví el viernes por la noche, sentados en el suelo centenares de personas comían y bebían mientras unos metros más arriba, alumbradas por la luz de unos focos, las flores del cerezo lucían su majestuosa belleza.
Hay más de cien variedades de cerezos en Japón; la más extendida es la someiyoshino. Este árbol, como todos los cerezos ornamentales, no da frutos, sino que se caracteriza por sus hermosas flores de cinco pétalos de color rosa pálido o blanco. Apenas alcanza los seis o siete metros de altura y tiene forma de V. Otra variedad destacada es la yamazakura, que suele crecer en las montañas y puede llegar a tener más de veinte metros de altura. Sus flores son también de cinco pétalos y de un rosa un poco más intenso.
La pasión que despiertan estas flores en Japón es tal que hasta de noche las iluminan para poder disfrutarlas más tiempo. Y es que la flor del cerezo es tan efímera que apenas transcurrida una semana se deja caer del árbol sin siquiera haberse marchitado. Los japoneses las veneran porque dicen que representan la belleza y fugacidad de la vida y llegado el mes de abril se juntan para rendirles tributo en forma de picnic. Es la manera habitual de practicar la fiesta del Hanami —literalmente contemplar (mi) las flores (hana)— en todos los rincones del país. Grupos de amigos, compañeros de trabajo o familias extienden una especie de lona azul de plástico bajo los cerezos y se sientan a platicar y degustar viandas y licores. Otros, tal vez porque no consiguieron sitio o simplemente porque así lo prefieren, optan por pasear entre los cerezales.
Los noticieros meteorológicos de la televisión añaden un espacio en los meses de marzo y abril para anunciar los pronósticos de floración. En la parte más meridional del país las flores del cerezo empiezan a apreciarse en enero y en el norte no brotan sino hasta mayo o junio. Sin embargo, en las grandes ciudades, como Tokio, Yokohama, Osaka y Kyoto, el mes del cerezo es abril.
Y si bien la práctica de contemplar los cerezos en flor se ha convertido para muchos en una mera excusa para juntarse a comer y beber en abundancia, los orígenes de una fiesta tan singular son bien distintos: ¿en qué otro lugar la lozanía de una flor es motivo de diversión?
HAY DIOS ENCERRADO
Como muchas otras celebraciones, tanto en Japón como en cualquier otro país, la fiesta del Hanami se inició gracias a la creencia popular de que en el tronco de los cerezos habitaba una divinidad a la que había que rendir tributo. Siendo el arroz la base de la alimentación japonesa, al comenzar la siembra del cereal, a principios de abril, los japoneses realizaban antiguamente un ritual bajo los cerezos: “Gracias, Señor, por todas tus bondades y protege nuestra cosecha de los malos elementos”.
Este animismo autóctono coincidió en el tiempo con la llegada a Japón de una costumbre nacida en la corte china que consistía en contemplar las flores con el fin de esparcir y cultivar el alma. Y fue así como creencia y entretenimiento se dieron la mano.
Transcurrían los primeros años de la era Heian (794-1185), cuando el emperador Saga decidió fundir la fiesta cortesana y la adoración pagana, y organizar un festín en el jardín de su palacio de Kyoto con ocasión del florecimiento de los cerezos. Curiosamente en aquel festejo se brindó con sake, licor de arroz japonés, la misma bebida que ingerían los labradores para finalizar la ofrenda al dios que, según ellos, se escondía en el cerezo.
Nacida en los arrozales y sublimada en la corte, la fiesta del Hanami fue, durante siglos, un privilegio de la nobleza. Los emperadores japoneses solían rodearse de sus súbditos más allegados y sentados bajos los cerezos bebían, comían, conversaban y componían versos. La poesía fue, de hecho, uno de los elementos que engrandeció aún más la celebración, sobre todo los haiku, una composición poética de tres versos de 5,7 y 5 sílabas que siempre ha de incluir una referencia a la estación del año.
Nuestros destinos
Siempre vivos
En el corazón del cerezo
Este haiku pertenece a Matsuo Basho, una de las grandes figuras de la poesía japonesa de la era Edo (1603-1867), quien pudo observar cómo la práctica del Hanami se extendía a todos los estratos de la sociedad.
Los japoneses que anhelan la delicadeza y preciosidad de las antiguas celebraciones dicen que durante la era Edo, marcada por el aislamiento de Japón, la estabilidad política y el nacimiento de la cultura popular urbana (el teatro kabuki y el ukiyo-e, por ejemplo), muchas artes tradicionales se corrompieron y perdieron parte de su encanto. Y recuerdan que las fiestas bajo los cerezos, sinónimo de indecencia, ostentación y despilfarro, se convirtieron incluso en símbolo de la cultura Edo.
Son muchos los japoneses que he conocido que prefieren alejarse de las zonas urbanas para contemplar las flores del cerezo. Buscan la quietud de una floresta rural o las montañas —como el maravilloso monte Yoshinoyama, en Nara, con más de treinta mil árboles— para hacer como sus ancestros, esparcir y cultivar el alma, pero incluso en las afueras de las ciudades los cerezales se llenan de gente. Quienes los visitan suelen dejar las viandas para más tarde, mas no las imponentes cámaras fotográficas.
Y hasta la fecha esta fiesta, al coincidir con el inicio del curso escolar y el año fiscal, supone también una reproducción del jerarquizado entramado social japonés. Los novatos y los nuevos empleados son los encargados de reservar un lugar bajo los cerezos. Es una escena habitual ver a jóvenes encorbatados esperar desde la mañana la llegada de sus compañeros una vez cumplida la jornada laboral. Algunas empresas, tal vez faltas de personal, se limitan a extender el plástico azul y escribir su nombre y la hora en que comenzará el festejo (lo de la lona azul es porque los japoneses acostumbran a descalzarse antes de sentarse incluso en estas circunstancias, y por ello alinean los zapatos al borde de la “mesa” de picnic).
HANAMIS A LA MEDIDA
Aquel viernes regresé pronto a casa, sin participar de la fiesta, pero dispuesto a explorar durante el fin de semana otros lugares famosos por sus cerezos en flor. Por eso el sábado me fui al cementerio de Aoyama. Su encanto especial se concentra, para mi gusto, en el túnel floral que forman los cerezos en una de las entradas del camposanto. Avanzar bajo pétalos blancos y rosáceos que lo cubren todo es un auténtico “vigorizante espiritual”, término robado a una amiga japonesa.
De Aoyama, barrio elegante y de tiendas lujosas, me fui al parque de Ueno, un enorme recinto que alberga varios museos, un auditorio y un zoológico. Y cientos de cerezos. A diferencia del cementerio, donde se dan cita familias para pasear y tomar fotos, Ueno es paradigma de fiesta. No debe faltar quien salga del parque sin haberse fijado en las flores y con dificultades para caminar en línea recta. Si quiere saber lo que significa para los japoneses divertirse a tope, éste es el lugar indicado.
La mañana dominical amaneció por suerte soleada. A las once, en el parque Shinjuku Gyoen, me esperaban unos amigos para realizar, esta vez sí, un Hanami en toda regla. Sushi, enchiladas, bolas de carne y tortilla española. Como era una reunión multinacional, no faltaba de nada, tampoco el buen vino. Shinjuku Gyoen es un pulmón verde en el centro de Tokio. Más de sesenta hectáreas de jardines divididas en tres sectores: estilo francés, paisajismo inglés y jardín japonés. La entrada cuesta menos de dos dólares y cuando los cerezos se encuentran en flor, el parque atrae multitudes. Fue la elección perfecta para terminar un fin de semana dedicado al Hanami.
Y ya que he hablado de mis paseos de este año, es hora de contar lo que he averiguado para el siguiente. Este abril tengo pensado abordar un barco en Asakusa y pasear por las aguas del río Sumida mientras contemplo los cerezos del parque homónimo. Tokyo Cruise Ship (www.suijobus.co.jp/english) ofrece cruceros de cuarenta minutos desde siete dólares. Durante la época del Hanami hay un servicio especial por unos 75 dólares que incluye un concierto de koto, instrumento tradicional de cuerda.
Y en el santuario Yasukuni —polémico porque en él se honra a criminales de la Segunda Guerra Mundial— durante la temporada de floración se representan obras de teatro Noh en un jardín colmado de flores del cerezo. Pese al recinto nacionalista en que se celebra, la velada es espectacular, cuesta entre 40 y 75 dólares, y conviene reservar con antelación (T. 81 (3) 5531 8287).
Por último, aunque no lo he mencionado, el Palacio Imperial y los jardines adyacentes de Chidorigafuchi son otro de los lugares preferidos por los tokiotas para disfrutar del Hanami. Si tiene la suerte de hospedarse en el Hotel Imperial, podrá ver los cerezos desde la ventana de su habitación.
GUÍA PRÁCTICA
SITIOS PARA VER
LOS CEREZOS EN FLOR
TOKIO
PARQUE DE UENO
Ueno Koen, Taito-ku
Tal vez sea el lugar que mejor representa en la actualidad la fiesta del Hanami. Familias, grupos de jóvenes, compañeros de trabajo, todos se dan cita en este enorme parque para disfrutar de los cerezos. O de la fiesta.
SHINJUKU GYOEN
Shinjuku-ku
En el corazón de Tokio, tiene varias especies de cerezos y muchas otras plantas. El ingreso cuesta algo menos de dos dólares.
CEMENTERIO DE AOYAMA
Minato-ku
Los caminos que atraviesan el camposanto se convierten en avenidas abovedas por el efecto que causan las flores de los cerezos.
PARQUE SUMIDA
Sumida Koen, Sumida-ku
Parque situado a ambos lados del río Sumida, y que vale la pena recorrer en barco.
PALACIO IMPERIAL Y CHIDORIGAFUCHI
Chiyoda-ku
El Palacio Imperial está rodeado de fosos y jardines y muy cerca se encuentra el santuario Yasukuni.
PARQUE INOKASHIRA
Inokashira Koen, Mitaka-shi
Situado en las afueras de Tokio es un lugar frecuentado por muchos jóvenes. Además de los cerezos hay un estanque con barcas.
KYOTO
SANTUARIO HIRANO
Uno de los lugares preferidos por los habitantes de Kyoto en la época de Hanami. Por la noche las flores están iluminadas.
SANTUARIO HEIAN
Espectaculares cerezos “llorones” en el jardín del santuario.
PARQUE MARUYAMA
Parque situado junto al santuario Yasaka. En el centro, un enorme cerezo se convierte en punto de peregrinación de turistas y habitantes de Kyoto.
TEMPLO DAIGOJI
Situado dentro de la zona de Kyoto catalogada como Patrimonio de la Humanidad.
NARA
YOSHINO (MONTE YOSHINOYAMA)
Desde hace siglos los habitantes de la zona suben a esta montaña para disfrutar de los más de treinta mil cerezos que la pueblan.
OSAKA
CASTILLO DE OSAKA
Osaka-jo, Chuo-ku Cientos de cerezos rodean este majestuoso castillo.
KANAGAWA
CASTILLO DE ODAWARA
Odawara-shi Además de las flores, puede disfrutar de un museo de historia sobre la era Edo.
CÓMO LLEGAR
Desde la Ciudad de México, puede tomar el nuevo vuelo de Aeroméxico directo a Japón.
DÓNDE DORMIR
EN TOKIO
HOTEL IMPERIAL
1-1-1 Uchisaiwai-cho, Chiyoda-ku
T. 81 (3) 3504 1251
www.imperialhotel.co.jp/ index_e.html
Habitaciones dobles desde 350 dólares.
Lujoso hotel con más de cien años de historia. Todavía conserva parte del anexo construido por Frank Lloyd Wright y, por supuesto, las vistas al Palacio Imperial.
HOTEL ASTIL UENO
7-7-1 Ueno, Taito-ku
T. 81 (3) 5806 1200
F. 81 (3) 5806 0613
www.astil.co.jp/new.index. eng.html
Habitaciones dobles desde 120 dólares.
Pequeño hotel de estilo occidental junto a la estación de Ueno.
MIENTRAS TANTO
SEMANA SANTA Y FERIA
Sevilla, España; del 30 de marzo al 8 de abril;
la feria se llevará a cabo del 24 al 29 de abril;
www.semana-santa.org
No hay ciudad en España donde la Semana Santa se trate con tanta seriedad como en Sevilla, donde cientos de procesiones recorren las calles, apenas unas semanas antes de que la ciudad estalle con su jubilosa feria, su flamenco, su vino y sus toros.
FESTIVAL DEL AGUA
Bangkok, Tailandia; del 13 al 15 de abril;
www.thai-experience.org
También es conocido como el Festival de Año Nuevo, ya que sucede cuando finaliza el año nuevo lunar, satélite que —como sabemos— está vinculado al ritmo del agua en nuestro planeta. Las estatuas de Buda se lavan con dedicación y los visitantes son pasados por agua para finalizar un ciclo e iniciar el siguiente.
OTOÑO CULTURAL
Buenos Aires, Argentina;
www.el-libro.com.ar;
www.bafici.gov.ar
En abril, los fríos del invierno todavía no llegan a Buenos Aires y el otoño viste a la ciudad con hojas doradas. Además es el mes de la Feria Internacional del Libro (este año del 6 de abril al 7 de mayo), y el Festival Internacional de Cine (este año del 3 al 15 de abril).
Este fin de semana, pensé entonces, apenas quedará un estrecho sendero para caminar bajo los árboles floridos de este paraje. Y en efecto, cuando volví el viernes por la noche, sentados en el suelo centenares de personas comían y bebían mientras unos metros más arriba, alumbradas por la luz de unos focos, las flores del cerezo lucían su majestuosa belleza.
Hay más de cien variedades de cerezos en Japón; la más extendida es la someiyoshino. Este árbol, como todos los cerezos ornamentales, no da frutos, sino que se caracteriza por sus hermosas flores de cinco pétalos de color rosa pálido o blanco. Apenas alcanza los seis o siete metros de altura y tiene forma de V. Otra variedad destacada es la yamazakura, que suele crecer en las montañas y puede llegar a tener más de veinte metros de altura. Sus flores son también de cinco pétalos y de un rosa un poco más intenso.
La pasión que despiertan estas flores en Japón es tal que hasta de noche las iluminan para poder disfrutarlas más tiempo. Y es que la flor del cerezo es tan efímera que apenas transcurrida una semana se deja caer del árbol sin siquiera haberse marchitado. Los japoneses las veneran porque dicen que representan la belleza y fugacidad de la vida y llegado el mes de abril se juntan para rendirles tributo en forma de picnic. Es la manera habitual de practicar la fiesta del Hanami —literalmente contemplar (mi) las flores (hana)— en todos los rincones del país. Grupos de amigos, compañeros de trabajo o familias extienden una especie de lona azul de plástico bajo los cerezos y se sientan a platicar y degustar viandas y licores. Otros, tal vez porque no consiguieron sitio o simplemente porque así lo prefieren, optan por pasear entre los cerezales.
Los noticieros meteorológicos de la televisión añaden un espacio en los meses de marzo y abril para anunciar los pronósticos de floración. En la parte más meridional del país las flores del cerezo empiezan a apreciarse en enero y en el norte no brotan sino hasta mayo o junio. Sin embargo, en las grandes ciudades, como Tokio, Yokohama, Osaka y Kyoto, el mes del cerezo es abril.
Y si bien la práctica de contemplar los cerezos en flor se ha convertido para muchos en una mera excusa para juntarse a comer y beber en abundancia, los orígenes de una fiesta tan singular son bien distintos: ¿en qué otro lugar la lozanía de una flor es motivo de diversión?
HAY DIOS ENCERRADO
Como muchas otras celebraciones, tanto en Japón como en cualquier otro país, la fiesta del Hanami se inició gracias a la creencia popular de que en el tronco de los cerezos habitaba una divinidad a la que había que rendir tributo. Siendo el arroz la base de la alimentación japonesa, al comenzar la siembra del cereal, a principios de abril, los japoneses realizaban antiguamente un ritual bajo los cerezos: “Gracias, Señor, por todas tus bondades y protege nuestra cosecha de los malos elementos”.
Este animismo autóctono coincidió en el tiempo con la llegada a Japón de una costumbre nacida en la corte china que consistía en contemplar las flores con el fin de esparcir y cultivar el alma. Y fue así como creencia y entretenimiento se dieron la mano.
Transcurrían los primeros años de la era Heian (794-1185), cuando el emperador Saga decidió fundir la fiesta cortesana y la adoración pagana, y organizar un festín en el jardín de su palacio de Kyoto con ocasión del florecimiento de los cerezos. Curiosamente en aquel festejo se brindó con sake, licor de arroz japonés, la misma bebida que ingerían los labradores para finalizar la ofrenda al dios que, según ellos, se escondía en el cerezo.
Nacida en los arrozales y sublimada en la corte, la fiesta del Hanami fue, durante siglos, un privilegio de la nobleza. Los emperadores japoneses solían rodearse de sus súbditos más allegados y sentados bajos los cerezos bebían, comían, conversaban y componían versos. La poesía fue, de hecho, uno de los elementos que engrandeció aún más la celebración, sobre todo los haiku, una composición poética de tres versos de 5,7 y 5 sílabas que siempre ha de incluir una referencia a la estación del año.
Nuestros destinos
Siempre vivos
En el corazón del cerezo
Este haiku pertenece a Matsuo Basho, una de las grandes figuras de la poesía japonesa de la era Edo (1603-1867), quien pudo observar cómo la práctica del Hanami se extendía a todos los estratos de la sociedad.
Los japoneses que anhelan la delicadeza y preciosidad de las antiguas celebraciones dicen que durante la era Edo, marcada por el aislamiento de Japón, la estabilidad política y el nacimiento de la cultura popular urbana (el teatro kabuki y el ukiyo-e, por ejemplo), muchas artes tradicionales se corrompieron y perdieron parte de su encanto. Y recuerdan que las fiestas bajo los cerezos, sinónimo de indecencia, ostentación y despilfarro, se convirtieron incluso en símbolo de la cultura Edo.
Son muchos los japoneses que he conocido que prefieren alejarse de las zonas urbanas para contemplar las flores del cerezo. Buscan la quietud de una floresta rural o las montañas —como el maravilloso monte Yoshinoyama, en Nara, con más de treinta mil árboles— para hacer como sus ancestros, esparcir y cultivar el alma, pero incluso en las afueras de las ciudades los cerezales se llenan de gente. Quienes los visitan suelen dejar las viandas para más tarde, mas no las imponentes cámaras fotográficas.
Y hasta la fecha esta fiesta, al coincidir con el inicio del curso escolar y el año fiscal, supone también una reproducción del jerarquizado entramado social japonés. Los novatos y los nuevos empleados son los encargados de reservar un lugar bajo los cerezos. Es una escena habitual ver a jóvenes encorbatados esperar desde la mañana la llegada de sus compañeros una vez cumplida la jornada laboral. Algunas empresas, tal vez faltas de personal, se limitan a extender el plástico azul y escribir su nombre y la hora en que comenzará el festejo (lo de la lona azul es porque los japoneses acostumbran a descalzarse antes de sentarse incluso en estas circunstancias, y por ello alinean los zapatos al borde de la “mesa” de picnic).
HANAMIS A LA MEDIDA
Aquel viernes regresé pronto a casa, sin participar de la fiesta, pero dispuesto a explorar durante el fin de semana otros lugares famosos por sus cerezos en flor. Por eso el sábado me fui al cementerio de Aoyama. Su encanto especial se concentra, para mi gusto, en el túnel floral que forman los cerezos en una de las entradas del camposanto. Avanzar bajo pétalos blancos y rosáceos que lo cubren todo es un auténtico “vigorizante espiritual”, término robado a una amiga japonesa.
De Aoyama, barrio elegante y de tiendas lujosas, me fui al parque de Ueno, un enorme recinto que alberga varios museos, un auditorio y un zoológico. Y cientos de cerezos. A diferencia del cementerio, donde se dan cita familias para pasear y tomar fotos, Ueno es paradigma de fiesta. No debe faltar quien salga del parque sin haberse fijado en las flores y con dificultades para caminar en línea recta. Si quiere saber lo que significa para los japoneses divertirse a tope, éste es el lugar indicado.
La mañana dominical amaneció por suerte soleada. A las once, en el parque Shinjuku Gyoen, me esperaban unos amigos para realizar, esta vez sí, un Hanami en toda regla. Sushi, enchiladas, bolas de carne y tortilla española. Como era una reunión multinacional, no faltaba de nada, tampoco el buen vino. Shinjuku Gyoen es un pulmón verde en el centro de Tokio. Más de sesenta hectáreas de jardines divididas en tres sectores: estilo francés, paisajismo inglés y jardín japonés. La entrada cuesta menos de dos dólares y cuando los cerezos se encuentran en flor, el parque atrae multitudes. Fue la elección perfecta para terminar un fin de semana dedicado al Hanami.
Y ya que he hablado de mis paseos de este año, es hora de contar lo que he averiguado para el siguiente. Este abril tengo pensado abordar un barco en Asakusa y pasear por las aguas del río Sumida mientras contemplo los cerezos del parque homónimo. Tokyo Cruise Ship (www.suijobus.co.jp/english) ofrece cruceros de cuarenta minutos desde siete dólares. Durante la época del Hanami hay un servicio especial por unos 75 dólares que incluye un concierto de koto, instrumento tradicional de cuerda.
Y en el santuario Yasukuni —polémico porque en él se honra a criminales de la Segunda Guerra Mundial— durante la temporada de floración se representan obras de teatro Noh en un jardín colmado de flores del cerezo. Pese al recinto nacionalista en que se celebra, la velada es espectacular, cuesta entre 40 y 75 dólares, y conviene reservar con antelación (T. 81 (3) 5531 8287).
Por último, aunque no lo he mencionado, el Palacio Imperial y los jardines adyacentes de Chidorigafuchi son otro de los lugares preferidos por los tokiotas para disfrutar del Hanami. Si tiene la suerte de hospedarse en el Hotel Imperial, podrá ver los cerezos desde la ventana de su habitación.
GUÍA PRÁCTICA
SITIOS PARA VER
LOS CEREZOS EN FLOR
TOKIO
PARQUE DE UENO
Ueno Koen, Taito-ku
Tal vez sea el lugar que mejor representa en la actualidad la fiesta del Hanami. Familias, grupos de jóvenes, compañeros de trabajo, todos se dan cita en este enorme parque para disfrutar de los cerezos. O de la fiesta.
SHINJUKU GYOEN
Shinjuku-ku
En el corazón de Tokio, tiene varias especies de cerezos y muchas otras plantas. El ingreso cuesta algo menos de dos dólares.
CEMENTERIO DE AOYAMA
Minato-ku
Los caminos que atraviesan el camposanto se convierten en avenidas abovedas por el efecto que causan las flores de los cerezos.
PARQUE SUMIDA
Sumida Koen, Sumida-ku
Parque situado a ambos lados del río Sumida, y que vale la pena recorrer en barco.
PALACIO IMPERIAL Y CHIDORIGAFUCHI
Chiyoda-ku
El Palacio Imperial está rodeado de fosos y jardines y muy cerca se encuentra el santuario Yasukuni.
PARQUE INOKASHIRA
Inokashira Koen, Mitaka-shi
Situado en las afueras de Tokio es un lugar frecuentado por muchos jóvenes. Además de los cerezos hay un estanque con barcas.
KYOTO
SANTUARIO HIRANO
Uno de los lugares preferidos por los habitantes de Kyoto en la época de Hanami. Por la noche las flores están iluminadas.
SANTUARIO HEIAN
Espectaculares cerezos “llorones” en el jardín del santuario.
PARQUE MARUYAMA
Parque situado junto al santuario Yasaka. En el centro, un enorme cerezo se convierte en punto de peregrinación de turistas y habitantes de Kyoto.
TEMPLO DAIGOJI
Situado dentro de la zona de Kyoto catalogada como Patrimonio de la Humanidad.
NARA
YOSHINO (MONTE YOSHINOYAMA)
Desde hace siglos los habitantes de la zona suben a esta montaña para disfrutar de los más de treinta mil cerezos que la pueblan.
OSAKA
CASTILLO DE OSAKA
Osaka-jo, Chuo-ku Cientos de cerezos rodean este majestuoso castillo.
KANAGAWA
CASTILLO DE ODAWARA
Odawara-shi Además de las flores, puede disfrutar de un museo de historia sobre la era Edo.
CÓMO LLEGAR
Desde la Ciudad de México, puede tomar el nuevo vuelo de Aeroméxico directo a Japón.
DÓNDE DORMIR
EN TOKIO
HOTEL IMPERIAL
1-1-1 Uchisaiwai-cho, Chiyoda-ku
T. 81 (3) 3504 1251
www.imperialhotel.co.jp/ index_e.html
Habitaciones dobles desde 350 dólares.
Lujoso hotel con más de cien años de historia. Todavía conserva parte del anexo construido por Frank Lloyd Wright y, por supuesto, las vistas al Palacio Imperial.
HOTEL ASTIL UENO
7-7-1 Ueno, Taito-ku
T. 81 (3) 5806 1200
F. 81 (3) 5806 0613
www.astil.co.jp/new.index. eng.html
Habitaciones dobles desde 120 dólares.
Pequeño hotel de estilo occidental junto a la estación de Ueno.
MIENTRAS TANTO
SEMANA SANTA Y FERIA
Sevilla, España; del 30 de marzo al 8 de abril;
la feria se llevará a cabo del 24 al 29 de abril;
www.semana-santa.org
No hay ciudad en España donde la Semana Santa se trate con tanta seriedad como en Sevilla, donde cientos de procesiones recorren las calles, apenas unas semanas antes de que la ciudad estalle con su jubilosa feria, su flamenco, su vino y sus toros.
FESTIVAL DEL AGUA
Bangkok, Tailandia; del 13 al 15 de abril;
www.thai-experience.org
También es conocido como el Festival de Año Nuevo, ya que sucede cuando finaliza el año nuevo lunar, satélite que —como sabemos— está vinculado al ritmo del agua en nuestro planeta. Las estatuas de Buda se lavan con dedicación y los visitantes son pasados por agua para finalizar un ciclo e iniciar el siguiente.
OTOÑO CULTURAL
Buenos Aires, Argentina;
www.el-libro.com.ar;
www.bafici.gov.ar
En abril, los fríos del invierno todavía no llegan a Buenos Aires y el otoño viste a la ciudad con hojas doradas. Además es el mes de la Feria Internacional del Libro (este año del 6 de abril al 7 de mayo), y el Festival Internacional de Cine (este año del 3 al 15 de abril).
























