Park Hyatt Tokio traducido
New York Bar. Cortesía Park Hyatt Tokio

Park Hyatt Tokio traducido

Es muy probable que si Sofia Coppola no hubiese elegido el Park Hyatt de Tokio para filmar a Hill Murray y Scarlett Johansson en Lost in Translation, nosotros no le habríamos dedicado un reporte. Pero la excusa se convirtió en más que eso al descubrir las vistas, el servicio y la colección de arte de este hotel impecable.
El efecto de las luces de neón todavía permanece en su mirada cuando Bob Harris se baja del taxi y franquea una puerta. Al principio no sabemos dónde está, pero lo intuimos. Gente uniformada comienza a saludarlo: le estrechan la mano y le hacen reverencias. Todos saben su nombre y le indican el camino. Bob Harris es Bill Murray, el actor, y la película es Lost in Translation. Nos encontramos en el Park Hyatt de Tokio, uno de los lujosos complejos hoteleros de la capital japonesa y escenario del filme dirigido por Sofia Coppola.

Lost in Translation (Perdidos en Tokio en algunos países), convirtió al Park Hyatt en uno de esos hoteles que, como el Plaza en Nueva York (donde Audrey Hepburn y Gary Cooper inician su romance en Love in the Afternoon de Bill Wilder) o el Ritz en París (donde Gary Grant es confundido por un espía en Intriga internacional de Alfred Hitchcock), han quedado inmortalizados en el celuloide. Sofia Coppola dice que lo eligió por ser “una silenciosa isla flotante en una ciudad caótica”, y tal vez no le falte razón: aunque está en el distrito de los rascacielos, la entrada del Park Hyatt de Tokio está situada enfrente del Parque Central de Shinjuku, un hecho que dota al hotel de un cierto aislamiento —pese a estar en una zona céntrica—. Desde su apertura en julio de 1994, el Park Hyatt decidió convertirse en un lugar donde los viajeros, ya sean de negocios o turistas, pudiesen relajarse y darse gusto con buenas mesas, una piscina espléndida y una decoración interior digna de un museo de arte.


EL PASEO HASTA LA HABITACIÓN
El Park Hyatt está ubicado a sólo unos minutos de la estación de Shinjuku, la que más viajeros recibe al día en Japón. El hotel ocupa los 14 pisos superiores del edificio Shinjuku Park Tower, compuesto por tres torres en escalera que fueron concebidas por el prestigioso arquitecto japonés Kenzo Tange. El aspecto exterior intimida, como intimidó a Bill Murray en la película, pero la sensación desaparece al llegar a la recepción minimalista situada en la segunda planta.

El recorrido por el hotel comienza en esta pequeña habitación cuadrada, decorada con esculturas de la japonesa Mieko Yuki y el británico Antony Donaldson, y deliberadamente poco iluminada para causar un sobrecogedor contraste con el Peak Lounge del piso 41, al que se llega en elevador desde la segunda planta. El Peak Lounge es una pirámide de cristal que ocupa los cuatro pisos superiores de la primera torre, lo que explica la impresionante luminosidad y las vistas sobre la ciudad, la llanura en que se asienta Tokio y, en días despejados, el Monte Fuji, así como el jardín central de bambúes. Ese deliberado contraste con la recepción del segundo piso es una de las primeras “sorpresas”, como define cada espacio del hotel su diseñador, John Morford, un artista estadounidense radicado en Hong Kong.

Tras este primer recibimiento, el personal del hotel sigue guiando la visita. Se atraviesa el restaurante Girandole, que combina la tradición culinaria europea con toques asiáticos, y se pasa por la increíble biblioteca, con más de dos mil libros de arte y viajes. De ahí se llega a otra pequeña sala, donde se realiza el check-in y se toma el elevador que conduce a las habitaciones. Un empleado dirige al huésped hasta su cuarto, le explica los detalles básicos y se ofrece a correr las cortinas para mostrarle las vistas. Después le entrega la llave (no una tarjeta magnética) con su correspondiente llavero de plata y, a continuación, se retira. Llega entonces el momento de ponerse cómodo, y sentarse o tumbarse en la cama al estilo Bill Murray. O buscar qué hacer en el hotel.

Harris, el personaje de la película, suele optar por tomar un trago de whisky en el New York Bar, aunque un par de veces lo vemos aventurarse —sin mucho éxito— en la piscina y el gimnasio. A la joven Charlotte, interpretada por Scarlett Johansson, la vemos, en cambio, tomando una clase de Ikebana (arte floral).


WHISKY Y PISCINA
Hay dos lugares que uno debe aprovechar si se hospeda en el Park Hyatt de Tokio. Uno es el Club On The Park, un espacio de más de dos mil metros cuadrados que ocupa los pisos 45 y 47 de la segunda torre. Sauna, tratamientos de belleza, gimnasio y una piscina muy concurrida al atardecer —cuando las luces de neón de la ciudad y el sol poniente se pelean por iluminar la fachada de los rascacielos vecinos— son los atributos del centro de salud del hotel.

El otro punto imprescindible es precisamente el New York Bar, reinaugurado en septiembre de 2006. Situado en la planta 52, la última de la tercera torre, es el lugar donde pasa gran parte de su tiempo Bob Harris. Sentado en una esquina de la barra —hoy transformada en mesa para bufé— Bob ahoga su soledad y sus penas en whisky, hasta que conoce a la preciosa Charlotte e inician una suerte de romance casto.

Han transcurrido cuatro años desde el estreno de la película y el LIT (Lost in Translation) sigue siendo el coctel más demandado, con licor de flor de cerezo, sake, jugo de arándanos y de lima. Karina Shima, la encargada de Relaciones Públicas del hotel, me explica que tras la renovación del New York Bar no todo es exactamente como aparece en el filme. Sin embargo, el espíritu sigue siendo el mismo: combinar la vista espectacular de la ciudad con el mejor jazz estadounidense y cocteles originales.

Hablando de bebidas alcohólicas, me vienen a la memoria dos escenas de la película que tal vez sirvan para definir el paso de los viajeros por Tokio. La primera tiene lugar al principio. Bob y Charlotte intercambian miradas en el New York Bar hasta que la joven se acerca al actor, de paso por la ciudad para grabar un anuncio televiso de whisky, y le pregunta qué está tomando, “Whisky”, responde Bob, “lo único bueno aquí. ¿Qué quieres tomar?”, pregunta él. Charlotte demora su respuesta y finalmente pide un vodka tonic. La segunda escena llega al final de la película. Los dos protagonistas, ya más íntimos, se sientan otra vez en un bar del hotel. Esta vez ambos toman sake, y aunque la bebida pasa a un segundo plano, la elección del licor de arroz es un hecho significativo. Es evidente que Sofia Coppola quiere destacar que Bob y Charlotte ya no se encuentran solos, pero a mí, además, me gustaría interpretar la elección de la bebida como una señal de que Tokio y Japón terminan por ganarse al viajero.


ARTE Y RESTAURACIÓN
En la película, los protagonistas sólo aparecen comiendo fuera del hotel. Eso se debe a restricciones para grabar en ciertas zonas del complejo hotelero durante el rodaje. Sin embargo, la oferta culinaria ocupa un lugar destacado en el Park Hyatt. Además, los restaurantes hacen las veces de salas de exposiciones.

En la planta 52, junto al New York Bar, se encuentra el New York Grill, un restaurante especializado en carnes y mariscos que cuenta con la mayor selección de vinos de Estados Unidos en Japón. La cocina es abierta y está decorado con cuatro enormes cuadros del italiano Valerio Adami y veinte obras del japonés Minoru Nomata.

Girandole es un restaurante europeo que no cierra en todo el día. Las paredes superiores están cubiertas por un collage de 144 fotografías de gente platicando en cafés, tomadas por la francesa Vera Mercer. Y además de su gran espacio central, en un rincón hay un pequeño cuarto, con seis mesas semi independientes para dos personas, cuyas paredes están adornadas con ex libris de todo el mundo.

La opción local la representa Kozue, un restaurante de cocina japonesa contemporánea con los mejores ingredientes de cada estación. En este caso, el arte no está en las paredes, sino en la mesa. Artistas de la cerámica, la porcelana y el laqueado, prestan sus creaciones para servir los platos. Cada cambio de menú supone la llegada a la mesa de un nuevo artesano, que encuentra aquí un medio de expresión para su arte.

El hotel completa su repertorio culinario con Delicatessen, una tienda para gourmets situada en el primer piso; Pastry Boutique, una pastelería ubicada junto a la recepción de la segunda planta; y The Peak Bar, contiguo al Peak Lounge del piso 41, un espacio para degustar dulces, tés, cafés y aperitivos.

Pasa el tiempo y cinéfilos de todo el mundo siguen llegando al Park Hyatt en busca de revivir escenas de la película. La mayoría experimenta, de paso, uno de los ejemplos más refinados de la hospitalidad tokiota de nuestros días. Ellos, sentados en el New York Bar; ellas, también sentadas, contemplando desde la ventana de la habitación las vistas de Tokio.

PARK HYATT TOKIO
3-7-1-2, Nishi-Shinjuku
T. 81 (3) 5322 1234
F. 81 (3) 5322 1288
www.tokyo.park.hyatt.com
Park Deluxe Room (habitación estándar de 55 metros): 540 dólares más impuestos.

Park Suite (100 metros): 1120 dólares más impuestos.

El hotel cuenta con 177 habitaciones, 23 de ellas son suites. Todas están equipadas con un televisor plasma de 37 pulgadas, reproductores de dvd y cd, dos líneas de teléfono, acceso a Internet, minibar y una pequeña selección de libros.
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