Vinos y paz en Mendoza
Interior del spa. Fotografía de Laurent Granier

Vinos y paz en Mendoza

Los paisajes andinos de Mendoza, la principal región vinícola de Argentina, se han poblado de exquisitos hoteles y restaurantes para quienes deseen beber, descansar, cabalgar y aislarse de todo lo demás.
Por Carolina Reymúndez | marzo 2007 | Tags: , ,
La culpa es del amor. De ahí los viñedos, la piscina privada, el camino de antorchas y la lozanía de Mia Rasor, una bella nicaragüense de treinta y pico que hace dos días que apenas sale del chalet número 7, que comparte con su novio neoyorquino. Se los ve por la noche (y sólo a veces). El plan era quedarse dos días, pero ya van siete. “Pensamos qué más podíamos conocer, pero después de un rato decidimos que no queríamos ir a ningún lado, estamos bien acá”, le dijo él a Cecilia Díaz Chuit, propietaria del lodge, en uno de los pocos momentos que se le vio la cara. Los sauces, las terrazas, la carta de vinos, el spa y la sonrisa de Mia Rasor lo dicen todo: el amor no perdona en un sitio como éste.

Cavas Wine Lodge es el último y más exclusivo lodge de Mendoza, gran capital de la ruta del vino argentina, donde se produce el 70 por ciento de los vinos del país. El refugio, que ya apareció en la revista del The New York Times, queda exactamente en Agrelo, a unos veinte kilómetros de Mendoza, en medio de una finca de viñedos con la Cordillera de los Andes en el horizonte, con picos nevados aun en verano.

MÚSICA PARA EL ATARDECER
El lodge tiene catorce chalets desparramados en catorce hectáreas de viñedos antiguos. Hoy está lleno, pero si no fuera por el violín que suena cerca de la casa principal, nadie se enteraría. La luz es de atardecer y las hojas de la vid se ven verdes y potentes. Los racimos, redondos y oscuros. En unos días comenzará la cosecha y dentro de algo más de un año, después de la guarda en barricas de roble francés, serán vino de la cosecha 2007.

De repente, el aire se llena de música de violín y los huéspedes del lodge salen curiosos —y recién bañados, cambiados, peinados— de sus chalets: en este lugar, la suma de un puñado de huéspedes es motivo suficiente para depararles, si no un concierto de violín, entonces uno de piano o una obra de teatro.

Ni ellos son ratones ni él es el flautista de Hamelin, pero él toca y ellos se acercan dóciles y enamorados. Recorren un camino de lámparas de fuego y llegan hasta él, que se llama Rodolfo Castagnolo y es compositor y violinista. Serán unas veinte personas, todos con pinta de gringos. Algunos se sientan en una escalinata y otros prefieren estar de pie. La música es liviana y expansiva; recuerda a la India. Los camareros ofrecen champaña extra brut y helado. Castagnolo le agregó una base electrónica suave a sus melodías étnicas, por lo general del norte argentino, que salen de su violín como hojas de menta fresca. Hace rato que no hay sol y el cielo se ha vuelto azul ceniza, como el mar en las noches claras. Los camareros ofrecen canapés de pera y jamón crudo, de queso y salmón, de pasas y nueces. La brisa no molesta, apenas acaricia.

Los huéspedes van por su tercera copa y de la bella nicaragüense y su novio neoyorquino no se ha sabido nada. Una noche perfecta.

LA PERFECCIÓN POSIBLE
Cecilia Díaz Chuit trabajó en hoteles de grandes marcas hasta que decidió bajar a la tierra un sueño que tuvo en una playa de Buzios, después de tomar un par de caipirinhas con su entonces novio, Martín Rigal, hoy su marido.

Era una noche estrellada y desde la playa veían la ventana de su cuarto en una coqueta pousada de quince cuartos. No había preocupaciones a la vista. Sólo la espuma de las olas que casi tocaba sus pies. Allí, en ese preciso instante, se preguntaron por qué. Por qué no dejar el mundo de las grandes marcas y poner un lugar así, cerca de la naturaleza y lejos de las grandes ciudades. Mientras miraban el cielo, hilvanaban el sueño. Esa noche, cuando se fueron a dormir tenían más tejido que Penélope. Y se acostaron asustados. No querían que fuese una idea de verano y se desintegrara al regresar de vacaciones.

Y en efecto, algunos sueños de pareja sí se materializan. Lo que sigue es un resumen porque la historia siempre es más larga y la vida nunca es rosa. Los novios volvieron de Buzios, con el tiempo se casaron y un día encontraron el lugar: Mendoza, una ciudad que si bien tiene más de un millón de habitantes, guarda la calma, duerme la siesta, mira la cordillera, tiene más de 300 días de sol por año, sabe de vino y cuenta con vida cultural. Buscaron socios, y después de ver cuarenta fincas, encontraron una.

La construcción demoró un año y los arquitectos seguramente conocían las cuevas de Guadix, en Andalucía, en el sur de España porque, si bien allá viven gitanos y acá los turistas pasan noches románticas de alta gama, algo tienen en común. El exterior es mediterráneo y de color arena, como la tierra arcillosa de Mendoza. Los chalets son un culto a la privacidad. Cada cual tiene una terraza de donde se ven los viñedos y el Cordón del Plata, con picos de seis metros de altura. Cada terraza tiene una chimenea y varios almohadones tamaño cama para sentarse cómodamente a mirar las estrellas, con el fuego encendido, un Cabernet Sauvignon y dos copas.

Cada chalet tiene, también, piscina propia, deck de madera y un caminito —el que recorrieron los huéspedes absolutamente dominados por la música del violinista— que lleva a la casa principal. Parece antigua pero tiene apenas un año. El estilo está inspirado en la herencia italiana y española de Mendoza. Los techos son altos, los espacios amplios y con vista, y la decoración un trabajo de hormiga. Trajeron tapices antiguos del norte argentino, una vaca del Cow Parade de Buenos Aires —la misma exposición que estuvo en México—, obra de la pintora Teresa Giustinian, un piano, huevos de avestruz para los candiles del restaurante y sillas de ratán reclinables para sentarse y mirar cómo el cielo se vuelve rosa.

CAMINOS DEL VINO
Rodolfo Castagnolo, el violinista, se inclina para agradecer los aplausos después de una versión libre del Carnavalito, música americana autóctona, antigua y alegre. Alguien prendió las luces de la casa principal, que desde afuera se ven de color ámbar. A pesar de estar en medio de los viñedos, se huelen el té y la canela de Omnia, el perfume de la firma Bvlgari. Lo lleva esa mujer italiana, elegante, de camisa colorada y aretes grandes. Acaba de llegar de un wine tour y está fascinada con los vinos de este país. Habla fuerte, quiere compartir su descubrimiento antes de sentarse a cenar. A diferencia de la bella nicaragüense y su novio neoyorquino, la italiana y su marido se pasaron el día visitando bodegas y degustando distintas etiquetas de Malbec, la cepa emblemática de Argentina.

El año pasado, Mendoza se sumó a la lista de Melbourne, Bordeaux, San Francisco, Porto, Ciudad del Cabo, Bilbao y Florencia como Gran Capital del Vino (www.greatwinecapitals.com). Además de buen vino, todas estas ciudades desarrollaron un buen turismo temático, con paseos, historias y circuitos entre copas. Mendoza, que está mil kilómetros al oeste de Buenos Aires, recibe cada vez más europeos y norteamericanos que vienen no sólo como turistas, sino a comprar viñas, a arrendar departamentos y a quedarse en América del Sur durante un tiempo. Tanto, que el año pasado se fundó un club de expatriados (www.mendozaexpats.org) norteamericanos, latinoamericanos y europeos que ya suma 150 miembros.

Esta provincia tiene más de 1?500 bodegas y en Agrelo hay varias con propuestas turísticas, que incluyen visitas, degustaciones y almuerzo o cena.

La italiana de aretes grandes visitó Ruca Malén, una bodega que nació como hobbie de Jean Pierre Thibaud y Jacques Louis de Montalembert, un argentino y un francés, a quienes después de unos años no les quedó otro remedio que agrandarse y hacer frente a los pedidos de exportación. Ruca Malén, que en mapuche quiere decir “La casa de la joven”, nació en 1999 y hasta 2003 fue una bodega boutique. Ahí pegó el salto, se amplió y hoy produce 400 mil botellas por año, de las cuales 50 por ciento se exporta a Estados Unidos, México, Brasil y Perú. La visita guiada ya existía, pero hace unos meses se agregó el restaurante, con pocas mesas y amplios ventanales que miran a los viñedos, listos para la vendimia.

La italiana, no obstante, decidió comer en La Bourgogne, una sucursal del restaurante del Alvear Palace Hotel de Buenos Aires, uno de los mejores de Argentina, comandado por Jean Paul Bondoux, un reconocido chef francés. La Bourgogne está en la Finca & Bodega Carlos Pulenta, que queda en Vistalba, nombre de la línea premium de sus vinos de corte, con lo mejor de cada cosecha. Un ejemplo: el Vistalba 2004 se compone de 85 por ciento de Malbec y 15 por ciento de Merlot, proveniente de viñedos de 57 años. A estos porcentajes se suma la crianza en barricas de roble francés.

Carlos Pulenta, además de empresario, es cónsul honorario en Mendoza de Inglaterra, Holanda y Finlandia, pues suele recibir delegaciones de esos países; puede ser que en su restaurante coincida con un coro finlandés o un diplomático de Ámsterdam.

La otra línea de Pulenta se llama Tomero y más allá del vino, que recientemente ganó la Gran Medalla de Oro en el concurso Malbec al Mundo, es interesante rescatar la figura del tomero, que en Mendoza es una especie de dios que apareció en 1833. Se le llama tomero a la persona que abre la toma de agua que reciben los viñedos, que sin riego nunca existirían en una tierra de tremenda aridez. Él se encarga de regular el agua para que cada usuario reciba su cuota. En general, el oficio de tomero se hereda de generación en generación.

La italiana elegante volvió de su paseo con tres cajas de vinos y varias ideas sobre cómo transportarlos para que llegaran sanos. Lo que sigue ella no lo hizo, y la bella nicaragüense tampoco. Pero sí una pareja de gays franceses, que se divertían tratando de pronunciar palabras en español. Una mañana se levantaron bien temprano, tomaron las bicicletas de montaña y se fueron por el camino de sauces llorones y rosales, a recorrer las viñas y a ver la cosecha. Llegaron hasta Catena Zapata, la bodega del economista Nicolás Catena, para muchos el primer gurú de los vinos argentinos, el que los dio a conocer en Estados Unidos. La bodega tiene forma de pirámide maya y se llama Tika. Parece que Catena es conocedor y amante de las culturas precolombinas. El lugar es extraño y silencioso, con techos altos, mármol y un cono de vidrio en el centro. La cava atesora valiosas botellas, como el Angélica Zapata Estiba Reservada 2001, que sigue reposando en cómodos ambientes. Cien por ciento Cabernet Sauvignon y obtenido del viñedo de La Pirámide que está a 940 metros de altura y añejado quince meses en barricas de roble francés.

Profundo color violeta, recuerdos de cerezas, tabaco y especias. La pareja de ciclistas franceses volvió pasado el mediodía, el rostro tostado y el cuerpo listo para la piscina. Después del baño, los empleados estaban a punto de prepararles una mesa para almorzar. Pero ellos pidieron el desayuno. No hay problema. Entender y cumplir los deseos de los huéspedes es esencial en un hotel como éste. El descanso es una regla y está prohibido limitar el horario de desayuno. Aquí el huésped se mueve como un rey sin corona, con una corte de miradas solícitas. Esto es característico de los pequeños hoteles exclusivos, en los que al lujo de la decoración, las sábanas egipcias y la tina con patas, se le suma la dedicación.

En un par de meses llegará a Cavas una celebridad del mundo del espectáculo. Lo manda una agencia de Beverly Hills, y los propietarios del lodge ya tuvieron varias reuniones para saber sus gustos, los detalles que aprecia o cómo le gustaría armar su agenda. “Creas o no, el celebrity no pidió nada, quiere descansar y conocer las mejores bodegas y los restaurantes más exclusivos de Mendoza”, me explicó la dueña, que se negó a revelar su nombre hasta después de su visita.

NOCHES DE RONDA
Entre noviembre y marzo oscurece pasadas las ocho, y si uno sube a su terraza privada a mirar la puesta de sol notará que en las terrazas cercanas otros turistas tuvieron la misma idea. O una mejor si descorcharon un vino. Pueden comprarlo en la ciudad y traerlo a la terraza, pero también pueden probar la pequeña selección de vinos —sin nombre ni etiqueta— que hacen en el lodge, con las 21 hileras de viñedos que rodean a los chalets. Cada año se hacen sólo dos mil botellas de la cepa Bonarda, que fue traída de Italia y plantada en esta finca hace cuarenta años.

Los que se quedan a cenar en el restaurante del hotel pueden ordenar chivito, cordero y elegir el vino ellos mismos en la cava, bajando por una escalera circular desde el lobby.

El chef se llama Sebastián Flores y es mendocino. Su carta se basa en ingredientes autóctonos. Una entrada: ensalada tibia de langostinos, aguacate, naranjas frescas. Un plato: ojo de bife, chips de batatas, aros de cebolla y chimichurri. Un postre: frutas caramelizadas, helado de crema, menta, limón y crocantes.

La ventaja de cenar en el lodge es que los pies conocen el camino de vuelta. Sin embargo, vale la pena asomarse a la movida gastronómica y cultural de Mendoza, sea en auto alquilado o en taxi.

Los que logren salir del embrujo de Cavas hacia Mendoza y alrededores pueden acercarse, por ejemplo, a Chacras de Coria, una zona residencial a diez minutos en auto de Mendoza, y comer en un restaurante tibetano. Algo extrañísimo que ni siquiera existe en Buenos Aires. El lugar se llama Karma y abrió hace poco más de un año. El dueño, Karma Apo-Tsang, es hijo de tibetanos exiliados en el norte de la India. Vivió en Londres, luchó por la causa de la liberación del Tibet, trabajó en Chile y terminó en Mendoza, donde actuó junto a Brad Pitt en Siete años en el Tibet, que se filmó en Uspallata, en esta provincia. Lo que resta de su historia es, una vez más, culpa del amor. Se enamoró de una mendocina y se quedó en este paisaje, que muchos comparan con el del “techo del mundo”. El ambiente es de templo, con almohadones, cañas de bambú y reinan los colores de la túnica del Dalai Lama, además de sus ideas. Delicioso: momo de carne, unos ravioles redondos hervidos, rellenos de carne o vegetales. Fresco: ensalada de tofu y nueces, con el pan indio Naan.

No muy lejos de allí, en Godoy Cruz, dos chicas de cabello oscuro y muy ingeniosas crearon Las Negras, un restaurante de comida fusión, de “grata cocina” como dicen ellas. Algunos platos representativos: carpaccio de lomo o cebiche de atún rojo, magret de pato con puré de batatas y volcán de chocolate, de postre. Flores frescas en la mesa, ambiente despojado y cuidado.

AGENDA
Si viaja en marzo —la época de vendimia— podrá ver la partida y llegada del Rally de las Bodegas Copa Park Hyatt, que atraviesa más de 500 kilómetros de caminos del vino (www.rallydelas bodegas.com.ar).

GOLF
En la provincia hay cinco campos: en el Club de Campo Mendoza jugará 18 hoyos con vista a la cordillera. El Golf Club Andino, en la ciudad, es uno de los más antiguos del país y, si bien tiene 9 hoyos, son muy competitivos (www.mendozagolf.com).

CABALGATAS MENDOZA
Mendoza es conocida por sus cabalgatas de larga duración y gran exigencia física, el cruce de los Andes es, justamente, su caballo de batalla. Sin embargo, en el Valle de Uco, al sur de la provincia, que también es una zona de grandes vinos, hay un lugar para exclusivas cabalgatas cortas o largas, ahí al pie de la cordillera. El sitio, que también tiene alojamiento de muy buen nivel, se llama Rancho e Cuero (Tupungato; T. 54 (261) 4961 491; www.ranchoecuero.com.ar). A diez minutos del dique Potrerillos, el Huentala Lodge & Spa (Primitivo de la Reta 1007; T. 54 (261) 4200 766; www.huentala.com) ofrece cabalgatas en el campo y servicios de spa. Atención, el resto del hotel también es para recomendar.


GUÍA PRÁCTICA

CAVAS WINE LODGE
Costaflores s/n, Alto Agrelo
T. 54 (261) 4106 927
www.cavaswinelodge.com

El precio por una noche con desayuno en un chalet es 375 dólares. Los tratamientos a base de uva en el spa parten de los 30 dólares.

CÓMO LLEGAR
De Buenos Aires a Mendoza vuelan Aerolíneas Argentinas (www.aerolineas.com.ar) y Lan Chile (www.lan.com). El traslado desde el aeropuerto de El Plumerillo hasta Cavas Wine Lodge, 25 dólares. También se puede alquilar un auto.

DÓNDE COMER*
KARMA
Italia 6076, Chacras de Coria
T. 54 (261) 496 1731
Martes a sábados, desde las 21 horas.


LAS NEGRAS
Pasteur 177, Godoy Cruz
T. 54 (261) 424 0008
www.lasnegrasrestaurant.com.ar


CLUB TAPIZ N/A TOWN & COUNTRY HOTELS
Ruta 60 s/n, Maipú
T. 54 (261) 496 3433
www.tapiz.com
www.newage-hotels.com
Abierto todos los días, de 19:30 a 2 horas.

Pequeño resort y también restaurante, con interior sobrio y servicio excelente. El cabrito en salsa de vino blanco y medallón de lomo son deliciosos.

1884 RESTAURANTE
Belgrano 1188, Godoy Cruz
T. 54 (261) 4242 698
Cerrado los sábados a mediodía.

El autor de esta cocina es el reconocido chef argentino Francis Mallmann, que también tiene restaurantes en Punta del Este, la Patagonia y Nueva York.

LA BOURGOGNE
R. Sáenz Peña 3531,
Vistalba, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 498 9400
www.carlospulentawines.com

Perfecto para visitar la bodega y después almorzar o cenar con vista a los viñedos antiguos. En la bodega hay dos únicas habitaciones para huéspedes (desde 300 dólares).

RUCA MALÉN
Ruta nacional 7 km 1059,
Agrelo, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 4106 214
www.bodegarucamalen.com

Ruca Malén se sumó a las bodegas que ofrecen almuerzos con reservación previa. El menú consta de cinco tiempos maridados con vinos de la bodega.

BISTRO M
Park Hyatt Mendoza Chile 1124
T. 54 (261) 4411 234
www.mendoza.park.hyatt.com

Desde que abrió, el Hyatt es un fino lugar de encuentro en Mendoza. Ya sea para un pisco sour en la terraza que mira a la Plaza Independencia, o para un almuerzo y cena en el Bistro M.

FRANCESCO RISTORANTE BARBERA
Chile 1268, Mendoza.
T. 54 (261) 425 3912
www.francescoristorante.com.ar

María Teresa Barbera es una marca en pastas y comida italiana. En 1950 inauguró La Marchigiana, que fue reabierto este año, en la calle Patricias Mendocinas. Francesco es famoso por los fettuccini caseros.

*En todos los restaurantes de la región se gasta entre 15 y 25 dólares por persona, sin contar el vino. Salvo que se indique lo contrario, abren todos los días para el almuerzo, de 12 a 15 horas, y para la cena, de 20:30 a 24 horas.

BODEGAS
Es posible visitar cuatro o cinco bodegas por cuenta propia durante un día, en auto, o en un tour a la medida, que puede incluir un asado bajo los árboles (www.thegrapevine-winetours.com; desde 150 dólares). En cualquier caso, lo ideal es combinar bodegas de estilos, capacidades y edades diferentes para contrastarlas. A ellas y a sus vinos, claro. Siempre conviene llamar antes de ir. Algunas de las más recomendables:

LA RURAL
Montecaseros 2625,
Coquimbito
T. 54 (261) 4972 013
www.bodegalarural.com.ar

Es una bodega de las antiguas, con un museo que rescata la historia del vino en la provincia.

FAMILIA ZUCCARDI
Ruta provincial 33, km 7.5,
Maipú
T. 54 (261) 4410 000
www.familiazuccardi.com

Además de la visita a la bodega, aquí está permitido cosechar. Si se anima, la experiencia es fantástica, está guiada por profesionales y se aprende mucho. En la Casa del Visitante hay almuerzos turísticos.

NAVARRO CORREAS
San Francisco del Monte 1555,
Godoy Cruz
T. 54 (261) 4315 987
www.ncorreas.com
Destaca la cava de vinos premium y la sala de degustación.

DOÑA PAULA
Paso de los Andes 467,
Luján de Cuyo
T. 54 (261) 498 4410
www.donapaula.com.ar

Una bodega exportadora que ha crecido notablemente en los últimos años. Los vinos, un lujo.

NORTON
RP 15 km 23.5;
Perdriel, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 490 9760
www.norton.com.ar

Tradicional pero en continuo cambio.
Pronto tendrá hotel y restaurante.
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