San Pancho, un pueblo con estilo en el Pacífico
Fotografía de Aline Shkurovich

San Pancho, un pueblo con estilo en el Pacífico

San Pancho es el apodo cariñoso —y casi oficial— del pueblo nayarita de San Francisco, en la Bahía de banderas. Su oferta turística es tan relajada como su nombre. Sin embargo, la calidad de sus restaurantes y hoteles está a la altura de sus privilegiados paisajes.
Por Isabel Silva | marzo 2007 | Tags: , ,
Difícilmente habría olvidado su nombre. Había escuchado que se trataba de un pequeño pueblo en el que estaban pasando muchas cosas, así que la curiosidad me llevó a San Pancho. Tras cuarenta minutos por la carretera costera desde Puerto Vallarta —donde pareciera que en cualquier descuido la enmarañada selva podría comerse el camino—, se llega hasta la entrada y avenida principal del pueblo. Esta calle mal pavimentada se llama Avenida del Tercer Mundo, y esto nos lleva al inicio de todo.

“Cuando era niña no había coches ni división entre las casas, no había bardas, las gallinas y los animales de todos andaban sueltos... ¡Una vez mis borregos se metieron a la iglesia y se comieron al San Francisco!”, me cuenta Kristal, que ha sido testigo del paso del tiempo en su pueblo natal.

En un principio, cinco familias de pescadores formaban dos poblados (despoblados) junto al mar: San Francisco de Jaltemba y Los Ángeles. Se dedicaban, además de la pesca, al coco de aceite o “de raspa”, como lo llaman los locales, que transportaban por mar a San Blas y de allí por tierra a Compostela. Hoy Kristal se dedica a promover la cultura a través de eventos como el Colectivo San Pancho, que reúne a los artistas locales en una exposición durante una semana al año, y a estudiar fotografía, con el anhelo de que se recuerden justamente las historias del pueblo.

El asunto es que tras una visita casual de Luis Echeverría en 1971, se lanzó un programa para el progreso de cuatro pueblos “del Tercer Mundo” en México. Así fue como San Pancho tuvo, de pronto (aunque sólo duró dos años), calles empedradas, casas, un hospital —que todavía funciona y conserva su buena fama—, universidad, escuela preparatoria, una empacadora de frutas de temporada, una fileteadora y hasta intercambios culturales con Asia.

Parece que el gobierno que siguió al de Echeverría dejó de comprar los productos de San Pancho y la gente fue abandonando el proyecto. La universidad se especializaba en pesca pero las prácticas en mar abierto eran demasiado complicadas, y la gente optó por lo que siempre se había hecho y se sigue haciendo: la pesca de huachinango, dorado, bota y, gracias al clima, el cultivo de maíz, papaya y limón. “Aquí todo crece”, dice Kristal, “el otro día dejé un chayote sobre el ‘refri’ y germinó”, y suelta una carcajada.

Del proyecto poco quedó. Sin embargo, los viajeros encontraron el encanto escondido de este pequeño pueblo; la tupida y siempre verde naturaleza que lo rodea y que alcanza la playa, el estero que juega con el agua del mar, las calles que se extienden y suben los cerros selváticos, y la gente; tranquila, amable y trabajadora. También están al alcance las actividades que ofrece la Bahía de Banderas, como la pesca, el avistamiento de ballenas jorobadas y delfines y el surf; todo con temperaturas que oscilan entre los 25 y los 35 grados centígrados.


Y SE HIZO EL TURISMO

Desde hace unos siete años, a partir de la creciente visita de turistas (principalmente norteamericanos), San Pancho empezó a desarrollar este sector y hoy gran parte de su población atiende restaurantes, hoteles, cafés, lugares para internet o lavanderías. Como la temporada es larga (de noviembre a mayo) y hay gente que llegó para quedarse, también se han creado centros de yoga y masajes, una escuela con principios Montessori, joyerías con piezas muy originales y de gran calidad.

En materia de comida, el panorama de San Pancho se transformó con la llegada de los restaurantes de Amandine Darmstaedter: Café del Mar y Mar Plata. Ella y su hermano Bruno, quien dirige el segundo, son de esos anfitriones que aun en el periodo más concurrido de la temporada alta (diciembre, enero y febrero), se toman un tiempo para atender a los comensales personalmente, para compartir el trabajo con los meseros, conversar con sus chefs y dar el visto bueno a los platillos. Originarios de Bélgica, han viajado y vivido muchos años en México, por lo que tienen gran sensibilidad para la alta cocina y ofrecen un servicio poco común.

El Café del Mar fue el primero en abrirse, hace unos cinco años. Está situado casi en la punta de un cerro, con una vista lindísima. Sus sobrios interiores se aprovechan también como galería —durante mi visita había cuadros del artista de origen irlandés Phil Kelly muy ad hoc con el lugar—. Y en ese ambiente se sirve una fusión de las cocinas mediterránea, asiática y tropical, o al menos así la describe la chef Violeta López, quien ha retomado recetas de Eugène, el chef anterior, nacido en Singapur y formado en Toronto, pero con un atinado toque de su propia inspiración. Este año es su segunda temporada en Café del Mar y su recomendación son los camarones caramelizados acompañados con arroz basmati, o el sashimi del pescado del día.

Mar Plata, el hermano menor del Café del Mar, ocupa una singular y hermosísima casa de San Pancho: las salas, la cocina y las terrazas están comunicadas a lo largo de un espacio amplísimo y fresco, con elementos náuticos, tanto en la estructura como en los adornos. A diferencia del Café del Mar, aquí la colorida decoración puede ser apabullante, pero en un sentido positivo y magnético. Del techo cuelgan alrededor de 130 lámparas de latón en formas y de tamaños variados, y en los rincones hay todo tipo de plantas y objetos decorativos. Al entrar, al fondo se ve un mural de una pareja bailando tango, y el piso está cubierto de vistosos mosaicos; hay que ser un genio para que, con todo esto, se logre un ambiente elegante y acogedor.

La comida también es deliciosa y se presenta siempre de una forma original y cuidada; como para que cada cena resulte una experiencia completa. El chef Leonardo Peri tenía que ser argentino, de Córdoba, pues la base de la cocina son los cortes argentinos, aunque se exploran otro tipo de propuestas internacionales. Su recomendación es el vacío, un tipo de corte argentino que se sirve acompañado de dados de camote horneados, aunque también está orgulloso de la tártara de huachinango. Personalmente, recomiendo el pato a la naranja y, de postre, fondue de chocolate belga con frutas del día.

Y está La Perla, uno de los dos restaurantes que se encuentran al final de la Avenida del Tercer Mundo, es decir, sobre la playa. La recomendación es el aguachile, un platillo originario de Sinaloa que consiste en camarones cocinados en jugo de limón con chile y acompañados de pepino. Aun en temporada alta ofrece mejor servicio que cualquier sitio de Puerto Vallarta.


GUÍA PRÁCTICA

CÓMO LLEGAR

Si viaja en avión a Puerto Vallarta, en el aeropuerto puede tomar un taxi que le cobrará alrededor de 400 pesos hasta San Pancho. Desde la terminal sale un autobús que cuesta menos de 40 pesos, y tarda alrededor de una hora. En coche, unos 35 kilómetros hacia el norte de Puerto Vallarta, tome la carretera hacia Tepic. Al cabo de unos 40 minutos se topará con el letrero de San Francisco, dé vuelta hacia la izquierda y estará en camino de descubrir los encantos de este pequeño secreto de la Bahía de Banderas.

DÓNDE DORMIR
HOTEL COSTA AZUL
Carretera 200 km 118,
Amapas y Las Palmas
T. (800) 365 7613
www.costaazul.com
Habitaciones dobles desde 799 pesos por persona:
el precio incluye desayunos a la carta, paseos a caballo y en kayak.


HOTEL CIELO ROJO
Calle Asia 6
T. (311) 258 4155
www.hotelcielorojo.com
Habitaciones dobles alrededor de 900 pesos.


CALANDRIA RENTALS
www.calandriarealty.com

Esta compañía tiene 40 casas con todos los servicios para quien decida pasar toda una temporada en San Pancho.

DÓNDE COMER
CAFÉ DEL MAR
Calle China 9
T. (311) 258 4251
Abierto de 12 a 22 horas,
de jueves a martes.
Alrededor de 250 pesos por persona.


MAR PLATA
Las Palmas 130
T. (311) 258 4424
Abierto de 17 a 22 horas,
de martes a domingos.
Alrededor de 250 pesos por persona.


DÓNDE COMPRAR
TATEHUARI JOYERÍA Y GALERÌA DE ARTE
Av. Tercer Mundo 90-A
T. (311) 258 4490
www.tatehuari.com


VERÓNICA Y FAVIO VANIN (joyeros)
Plaza de la Iglesia T. (311) 258 4298

PARA ESCAPAR AUN MÁS LEJOS
Del pueblo de Las Lomas, que está en el kilómetro 113 de la carretera Tepic-Puerto Vallarta, sale el camino de terracería que atraviesa los cerros y lleva a Playa Monterrey (T. (322) 278 9476; www.monterreybeach.com; habitaciones dobles alrededor de 1000 pesos) una pequeña bahía que una familia decidió abrir al turismo. La discreción del hotel y las cabañas en un fabuloso escenario selvático resultan sorprendentes. Y aunque el paso a la playa es libre, no hay nada más alrededor. En el área de Punta Monterrey hay una playa gemela (virgen) bien conocida en San Pancho, sólo que ahí no hay servicios.
¿Qué hay de nuevo?

Le Rêve: un hotel bien pensado de la Riviera Maya

Después de recorrer un estrecho camino de terracería que se abre paso entre la espesa selva, se llega a Le Rêve: un espacio donde lo reservado hace posible la tranquilidad de la playa y el mar. O, dicho de otra forma, el sueño realizado (de ahí el nombre) de dos jóvenes empresarios, apasionados de los viajes y del buen hospedaje.
Playa del Carmen 28/08/08

Plácido Domingo en Chichén Itzá

El próximo 4 de octubre el sitio arqueológico de Chichén Itzá, parada obligada de quienes visitan el sureste de México, será el escenario en que el tenor Plácido Domingo se presente en El Concierto de las Mil Columnas.
Yucatán 28/08/08

Louis Vuitton Soundwalk

Beijing, Hong Kong y Shanghai narradas, como cualquier relato literario, por las voces de tres iconos del arte cinematográfico chino actual: Gong Li, Shu Qui y Joan Chen, respectivamente.
28/08/08
  • Encuesta México
  • Banner Consejo 2
  • Encuesta Andina