Holanda versión Gulliver
No muchas creaciones del hombre tienen la capacidad de maravillar y entretener por horas a niños y adultos; pero esta reproducción de una ciudad holandesa en miniatura, construida en 1952 en La Haya, sí. Y encima, como buena ciudad holandesa, funciona al cien por ciento con energía solar.
Madurodam no puede encontrarse en ningún mapa. Y sin embargo, ha logrado convertirse en una de las ciudades más visitadas de los Países Bajos. Con una población de tan sólo 66 mil habitantes, una red extensiva de canales, tranvías y ferrocarriles y su propio aeropuerto, Madurodam se parece a cualquier ciudad holandesa de tamaño mediano. Pero con una diferencia importante: aquí todo es 25 veces más chico.
El impresionante parque de atracciones cuenta con réplicas en miniatura de los sitios más importantes de Holanda, desparramados sobre 18 mil metros cuadrados. “Es una manera increíble de obtener una vista aérea del país y sus monumentos”, aseguraba el director de Madurodam, Henk Tegroot, mientras recorrimos el lugar. Y en efecto, fue mi primer destino luego de llegar al país, y durante el resto de mis vacaciones en Holanda; reconocí varios lugares sólo porque había visto sus maquetas en Madurodam.
Recuerdo que me detuve para observar los detalles de la Carroza de Oro y los carruajes que forman una comitiva a la entrada del pabellón del palacio Het Binnenhof (los edificios del Parlamento en La Haya). El sol iluminaba las ventanillas enanas de la iglesia Nieuwe Kerk de Ámsterdam, y las pequeñas azucenas de agua que adornaban el foso que rodea el famoso castillo Muiderslot, de Muiden.
Madurodam se compone de 338 edificios, y todos los modelos han sido reconstruidos con suma atención al detalle, incluidos el color y la tela de las cortinas del Palacio de la Paz, Vredespaleis, sede del Tribunal Internacional de la Justicia. Su impresionante infraestructura comprende una red extensiva de transporte, con 4 542 autos y camiones, y 58 barcos que navegan por sus estrechos canales o descargan mercancías en sus muelles. También cuenta con el ferrocarril miniatura más grande del mundo, con doce trenes que se detienen en la Estación Central de Groningen antes de cruzar los cuatro mil metros de línea férrea; en total, los trenes de Madurodam viajan más de 16 mil kilómetros al año.
Esta ciudad tiene vida propia. Los molinos giran, los puentes se levantan cuando se acerca un barco y, por diez centavos de euro, uno puede hacer correr la noria y la montaña rusa en la feria. Yo hasta hice tocar a la banda del Ejército de Salvación en la plaza de un pueblo antiguo.
Pero, además, Madurodam tampoco da la impresión de ser una colección enorme de casas de muñecas antiguas. Aparte de las atracciones turísticas históricas, está presente el entretenimiento de las ciudades modernas. La ciudad cuenta con un zoológico, un club de golf, un parque de toboganes acuáticos, un planetario, un centro de esquí, un complejo de circo y teatro, y hasta su propio estadio de fútbol. Me fascinaron las pequeñas pizarritas electrónicas donde se anuncia el marcador del partido y los andariveles, que sólo transportan pasajeros vestidos para esquiar durante los meses de invierno —según me contaron.
Como una niña pequeña en una tienda de juguetes, yo me perdía en cada modelo, analizando los dramas cotidianos hábilmente ilustrados con los pequeños personajes: un vecino se enoja porque un auto está mal estacionado, un hombre toca el acordeón mientras un grupo de turistas almuerza en el patio del Bols Taverne (de Ámsterdam), y un ciclista se cae de su bicicleta en la Plaza Dam.
Y el parque también incluye elementos importantes en el funcionamiento cotidiano de una ciudad, entre ellos la refinería de petróleo crudo de Rotterdam, la planta de depuración de aguas residuales de Tholen, la fábrica de plata de Voorschoten, y la de hormigón de Mebin. El comercio se muestra vibrante en el mercado de pescado de Vlaardingen, el museo del queso de Alkmaar, y en los campos de tulipanes de Lisse. Las divertidas reproducciones de la escena callejera holandesa sorprenden por todas partes. Existe también un modelo de la casa de Ana Frank, y de la sinagoga portuguesa en Ámsterdam. De hecho, puede que la única atracción notable que falta sea el distrito rojo de Ámsterdam, sin duda por la alta concurrencia de los niños.
Cuando se inauguró, en el verano de 1952, la entonces princesa Beatriz fue denominada regente de Madurodam pero, ahora, para ocupar ese puesto hace falta ser elegido por un consejo municipal de 25 alumnos de escuelas de la región.
Sin embargo, el parque no sólo atrae a los jóvenes. “Es el tipo de sitio que despierta la imaginación, sin importar la edad”, me dijo el director de Madurodam, mientras inauguraba un nuevo edificio en el parque. Estaba rodeado por cientos de niños y adultos sonrientes, a quienes incluyó en una ceremonia para cortar la cinta inaugural.
Por cierto, yo no podía evitar sentirme como un gigante en Liliput. Las catedrales, tan colosales en la vida real, me llegaban a la frente, y esa sensación de grandeza fue extrañamente placentera. Confieso: no pude resistir la tentación de fotografiarme al lado de un molino de mi tamaño.
ECOLÓGICAMENTE CORRECTA
Otro eje ideológico y operativo del parque es la fuerte tendencia medioambiental de los Países Bajos: en Madurodam se ven montones de turbinas eólicas, bicicletas e invernaderos y hasta se alcanzan a distinguir paneles solares en varias viviendas. De hecho, Madurodam es la primera ciudad miniatura que funciona completamente con energía solar, gracias a un plan elaborado hace unos años entre la compañía Shell y ENECO Energie, financiado parcialmente con fondos de NOVEM (una organización holandesa para la conservación de la energía y el medio ambiente). Madurodam utiliza 364 paneles solares que generan la misma cantidad de electricidad que necesitarían 35 domicilios.
Mientras observo pasar los camiones en una carretera miniatura, veo un movimiento detrás de la torre de control del aeropuerto. Un avión KLM de tres metros se está desplazando mediante un campo magnético, acumuladores recargables y minicomputadoras. Esta versión del Aeropuerto Schiphol de Ámsterdam cuenta con 32 aeronaves de todo el mundo y es la maqueta más impresionante del parque. En la terminal, los pequeños pasajeros esperan en las salas y compran en las tiendas Duty Free. De hecho, al mirar mis fotos, algunos amigos piensan que se trata de un aeropuerto de verdad, hasta que se percatan del cuervo parado sobre la plataforma, que revela su escala real. Schiphol no sólo es el mayor proyecto a escala desde 1952, sino también uno de los más nuevos, concluido en 2003.
Un personal de 35 individuos trabaja de manera permanente en la construcción y el mantenimiento de las maquetas y la reproducción de la escena callejera holandesa. Se eligieron 5 236 árboles y arbustos de hojas pequeñas. Y para que árboles que normalmente crecen más de 15 metros no pasen de los 60 centímetros, es necesario podarlos constantemente. A eso súmese las flores de sus diminutos jardines y el césped que debe mantenerse ultra corto. El parque, al aire libre, está abierto todo el año, y a las maquetas las golpean constantemente la lluvia, el sol o la nieve. Por eso los modelos son restaurados cada siete u ocho años, si no es que reconstruidos: la remodelación de la Basílica de Sint Jan, por ejemplo, podría costar unos 450 mil euros.
Madurodam, inaugurado en 1952, es actualmente el segundo parque miniatura más antiguo del mundo. El financiamiento vino del Sr. y Sra. J.M.L. Maduro, de la isla holandesa de Curaçao. Buscaban una forma de honrar a su hijo único, George, quien murió como prisionero de guerra en el campo de concentración de Dachau en 1945. Al mismo tiempo, una fundación buscaba recursos para financiar la construcción de un sanatorio que ofreciera a los estudiantes enfermos de tuberculosis un lugar donde recuperarse, mientras continuaban sus estudios. La tuberculosis fue prácticamente eliminada de los Países Bajos después de 1964, pero el parque continúa donando a organizaciones sin fines de lucro que cuidan los niños y combaten la tuberculosis en países subdesarrollados.
A la par de las buenas causas y el éxito rotundo y bien ganado: en 2003, Madurodam recibió su visitante número 50 millones, y sigue siendo el parque en miniatura más visitado en Europa.
MADURODAM
George Maduroplein 1, La Haya
T. 31 (70) 416 2400
www.madurodam.nl
Adultos 12.50 euros; niños de 3 a 11 años 9 euros.
DE VUELTA AL TAMAÑO NATURAL
Del Aeropuerto Schiphol de Ámsterdam salen trenes cada hora con rumbo a La Haya, que queda a 30 minutos. Pero si se aloja en la capital holandesa puede visitar también el museo del artista gráfico M.C. Escher (www.escherinhetpaleis.nl), en el castillo de Lange Voorhout, y pasar la noche en el Hotel Des Indes (www.starwoodhotels.com), construido originalmente como residencia del Barón van Brienen a fines del siglo XIX, pero renovado recientemente por Jacques García, el diseñador del hotel Costes de París. Quien logre venir durante abril o mayo, tendrá una sobredosis inolvidable de tulipanes.
El impresionante parque de atracciones cuenta con réplicas en miniatura de los sitios más importantes de Holanda, desparramados sobre 18 mil metros cuadrados. “Es una manera increíble de obtener una vista aérea del país y sus monumentos”, aseguraba el director de Madurodam, Henk Tegroot, mientras recorrimos el lugar. Y en efecto, fue mi primer destino luego de llegar al país, y durante el resto de mis vacaciones en Holanda; reconocí varios lugares sólo porque había visto sus maquetas en Madurodam.
Recuerdo que me detuve para observar los detalles de la Carroza de Oro y los carruajes que forman una comitiva a la entrada del pabellón del palacio Het Binnenhof (los edificios del Parlamento en La Haya). El sol iluminaba las ventanillas enanas de la iglesia Nieuwe Kerk de Ámsterdam, y las pequeñas azucenas de agua que adornaban el foso que rodea el famoso castillo Muiderslot, de Muiden.
Madurodam se compone de 338 edificios, y todos los modelos han sido reconstruidos con suma atención al detalle, incluidos el color y la tela de las cortinas del Palacio de la Paz, Vredespaleis, sede del Tribunal Internacional de la Justicia. Su impresionante infraestructura comprende una red extensiva de transporte, con 4 542 autos y camiones, y 58 barcos que navegan por sus estrechos canales o descargan mercancías en sus muelles. También cuenta con el ferrocarril miniatura más grande del mundo, con doce trenes que se detienen en la Estación Central de Groningen antes de cruzar los cuatro mil metros de línea férrea; en total, los trenes de Madurodam viajan más de 16 mil kilómetros al año.
Esta ciudad tiene vida propia. Los molinos giran, los puentes se levantan cuando se acerca un barco y, por diez centavos de euro, uno puede hacer correr la noria y la montaña rusa en la feria. Yo hasta hice tocar a la banda del Ejército de Salvación en la plaza de un pueblo antiguo.
Pero, además, Madurodam tampoco da la impresión de ser una colección enorme de casas de muñecas antiguas. Aparte de las atracciones turísticas históricas, está presente el entretenimiento de las ciudades modernas. La ciudad cuenta con un zoológico, un club de golf, un parque de toboganes acuáticos, un planetario, un centro de esquí, un complejo de circo y teatro, y hasta su propio estadio de fútbol. Me fascinaron las pequeñas pizarritas electrónicas donde se anuncia el marcador del partido y los andariveles, que sólo transportan pasajeros vestidos para esquiar durante los meses de invierno —según me contaron.
Como una niña pequeña en una tienda de juguetes, yo me perdía en cada modelo, analizando los dramas cotidianos hábilmente ilustrados con los pequeños personajes: un vecino se enoja porque un auto está mal estacionado, un hombre toca el acordeón mientras un grupo de turistas almuerza en el patio del Bols Taverne (de Ámsterdam), y un ciclista se cae de su bicicleta en la Plaza Dam.
Y el parque también incluye elementos importantes en el funcionamiento cotidiano de una ciudad, entre ellos la refinería de petróleo crudo de Rotterdam, la planta de depuración de aguas residuales de Tholen, la fábrica de plata de Voorschoten, y la de hormigón de Mebin. El comercio se muestra vibrante en el mercado de pescado de Vlaardingen, el museo del queso de Alkmaar, y en los campos de tulipanes de Lisse. Las divertidas reproducciones de la escena callejera holandesa sorprenden por todas partes. Existe también un modelo de la casa de Ana Frank, y de la sinagoga portuguesa en Ámsterdam. De hecho, puede que la única atracción notable que falta sea el distrito rojo de Ámsterdam, sin duda por la alta concurrencia de los niños.
Cuando se inauguró, en el verano de 1952, la entonces princesa Beatriz fue denominada regente de Madurodam pero, ahora, para ocupar ese puesto hace falta ser elegido por un consejo municipal de 25 alumnos de escuelas de la región.
Sin embargo, el parque no sólo atrae a los jóvenes. “Es el tipo de sitio que despierta la imaginación, sin importar la edad”, me dijo el director de Madurodam, mientras inauguraba un nuevo edificio en el parque. Estaba rodeado por cientos de niños y adultos sonrientes, a quienes incluyó en una ceremonia para cortar la cinta inaugural.
Por cierto, yo no podía evitar sentirme como un gigante en Liliput. Las catedrales, tan colosales en la vida real, me llegaban a la frente, y esa sensación de grandeza fue extrañamente placentera. Confieso: no pude resistir la tentación de fotografiarme al lado de un molino de mi tamaño.
ECOLÓGICAMENTE CORRECTA
Otro eje ideológico y operativo del parque es la fuerte tendencia medioambiental de los Países Bajos: en Madurodam se ven montones de turbinas eólicas, bicicletas e invernaderos y hasta se alcanzan a distinguir paneles solares en varias viviendas. De hecho, Madurodam es la primera ciudad miniatura que funciona completamente con energía solar, gracias a un plan elaborado hace unos años entre la compañía Shell y ENECO Energie, financiado parcialmente con fondos de NOVEM (una organización holandesa para la conservación de la energía y el medio ambiente). Madurodam utiliza 364 paneles solares que generan la misma cantidad de electricidad que necesitarían 35 domicilios.
Mientras observo pasar los camiones en una carretera miniatura, veo un movimiento detrás de la torre de control del aeropuerto. Un avión KLM de tres metros se está desplazando mediante un campo magnético, acumuladores recargables y minicomputadoras. Esta versión del Aeropuerto Schiphol de Ámsterdam cuenta con 32 aeronaves de todo el mundo y es la maqueta más impresionante del parque. En la terminal, los pequeños pasajeros esperan en las salas y compran en las tiendas Duty Free. De hecho, al mirar mis fotos, algunos amigos piensan que se trata de un aeropuerto de verdad, hasta que se percatan del cuervo parado sobre la plataforma, que revela su escala real. Schiphol no sólo es el mayor proyecto a escala desde 1952, sino también uno de los más nuevos, concluido en 2003.
Un personal de 35 individuos trabaja de manera permanente en la construcción y el mantenimiento de las maquetas y la reproducción de la escena callejera holandesa. Se eligieron 5 236 árboles y arbustos de hojas pequeñas. Y para que árboles que normalmente crecen más de 15 metros no pasen de los 60 centímetros, es necesario podarlos constantemente. A eso súmese las flores de sus diminutos jardines y el césped que debe mantenerse ultra corto. El parque, al aire libre, está abierto todo el año, y a las maquetas las golpean constantemente la lluvia, el sol o la nieve. Por eso los modelos son restaurados cada siete u ocho años, si no es que reconstruidos: la remodelación de la Basílica de Sint Jan, por ejemplo, podría costar unos 450 mil euros.
Madurodam, inaugurado en 1952, es actualmente el segundo parque miniatura más antiguo del mundo. El financiamiento vino del Sr. y Sra. J.M.L. Maduro, de la isla holandesa de Curaçao. Buscaban una forma de honrar a su hijo único, George, quien murió como prisionero de guerra en el campo de concentración de Dachau en 1945. Al mismo tiempo, una fundación buscaba recursos para financiar la construcción de un sanatorio que ofreciera a los estudiantes enfermos de tuberculosis un lugar donde recuperarse, mientras continuaban sus estudios. La tuberculosis fue prácticamente eliminada de los Países Bajos después de 1964, pero el parque continúa donando a organizaciones sin fines de lucro que cuidan los niños y combaten la tuberculosis en países subdesarrollados.
A la par de las buenas causas y el éxito rotundo y bien ganado: en 2003, Madurodam recibió su visitante número 50 millones, y sigue siendo el parque en miniatura más visitado en Europa.
MADURODAM
George Maduroplein 1, La Haya
T. 31 (70) 416 2400
www.madurodam.nl
Adultos 12.50 euros; niños de 3 a 11 años 9 euros.
DE VUELTA AL TAMAÑO NATURAL
Del Aeropuerto Schiphol de Ámsterdam salen trenes cada hora con rumbo a La Haya, que queda a 30 minutos. Pero si se aloja en la capital holandesa puede visitar también el museo del artista gráfico M.C. Escher (www.escherinhetpaleis.nl), en el castillo de Lange Voorhout, y pasar la noche en el Hotel Des Indes (www.starwoodhotels.com), construido originalmente como residencia del Barón van Brienen a fines del siglo XIX, pero renovado recientemente por Jacques García, el diseñador del hotel Costes de París. Quien logre venir durante abril o mayo, tendrá una sobredosis inolvidable de tulipanes.
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