Flamenco de ojos rasgados
Japón es la segunda patria del flamenco. La pasión con que los pioneros japoneses se acercaron al flamenco hace más de medio siglo, lejos de desvanecerse, ha evolucionado hacia una excelente técnica interpretativa y divertidos restaurantes-tablaos donde pasar una velada que no por gitana, dejará de ser nipona.
Recuerdo que era una noche lluviosa. Motoyo Matsumoto, una bailaora profesional que conozco desde hace años, me había invitado al tablao Rei No Mise, donde actúa un par de veces al mes. Se me hizo tarde, de modo que cuando llegué al local el jaleo ya había comenzado. Iba bajando las escaleras que conducen al tablao, en el subsuelo, cuando escuché la voz desgarrada de una muchacha, acompañada de una guitarra y el zapateado. Sabía que la cantaora, Aya Kozato, era japonesa, pero no imaginaba que su voz me fuera a poner los pelos de punta. Así empezó mi relación con el flamenco japonés.
Aquella noche conversé con Hideo Takahashi, anfitrión del local y guitarrista, un japonés de unos 60 años que, cuando tenía nueve, al escuchar un disco del guitarrista Carlos Montoya (quien dio a conocer el flamenco por todo el mundo antes de la Segunda Guerra Mundial) decidió hacerse tocaor. Su historia es representativa de la pasión con que muchos japoneses se acercaron al flamenco en los años cincuenta. Primero les atrajo el ritmo, ese enrevesado compás de 3 x 4 con reminiscencias orientales. Después se enamoraron de una cultura y un arte de vivir: el mundo de los gitanos.
Ese día también pude hablar con Aya, la cantaora, y supe por primera vez de esa cruz con que cargan los japoneses que se dedican al flamenco: lo aman con locura, pero carecen de alma gitana, y eso no los deja en paz.
Al ver a tantos japoneses, sobre todo mujeres, rendidos al flamenco, es inevitable preguntarse por qué. “Los japoneses ven en el flamenco el reverso de su vida diaria. Están buscando algo que les permita expresarse, desahogarse, y en el flamenco lo encuentran. Les despierta un gusanillo dormido y luego ya no pueden parar”, me dice el bailaor español Antonio “El Toleo”, quien en los últimos veinte años se ha presentado siete veces en El Flamenco de Tokio. Son de la misma opinión las veteranas bailaoras Nana Ikariyama y Yuki Onuma, esta última seleccionada para bailar este mes en el Festival de Flamenco de Madrid. “Cuando subo al tablao y oigo el sonido de la guitarra, me olvido de todo, se me mueven las manos, la cara, los pies… soy otra persona”, comenta Yuki.
MARIDAJE A LARGO PLAZO
El flamenco llegó a Japón en la década de 1920. Casi todos coinciden en que el primer montaje fue en 1929 y estuvo a cargo de Antonia Mercé “La Argentina” (1890-1936), una bailarina nacida en Buenos Aires que tras dejar el ballet se adentró en el mundo del flamenco e hizo varias giras por todo el mundo. Pocos años después llegó el guitarrista Carlos Montoya, cuyo virtuosismo hizo que un puñado de japoneses desembarcara en España para aprender a tocar la guitarra. Uno de aquellos pioneros de la guitarra fue Kenzo Takada, maestro de Hideo Takahashi.
Sin embargo, hubo que esperar hasta los años 60 para que el flamenco empezara a echar raíces en Japón. En 1960 llegó Antonio Gades. Poco después, la película Los Tarantos (titulada en Japón Historias de Barcelona), una adaptación de Romeo y Julieta al mundo gitano, con el propio Gades y Carmen Amaya como protagonistas. Y en 1967 abrió sus puertas El Flamenco, el tablao más emblemático de Japón. Aquellos años se produjo también la irrupción de la bailaora Yoko Komatsubara y el bailaor Shoji Kojima, quienes dejaron todo para viajar a España y entregarse al flamenco en cuerpo y alma. Kojima llegó a bailar con el Ballet Nacional de España y Komatsubara ingresó en la prestigiosa compañía de Rafael de Córdoba.
Otro punto de inflexión fueron los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, opina Jun Tashiro, guitarrista, propietario del tablao Casa de Esperanza y uno de los fundadores de la Asociación Nipona de Flamenco (www.flamenco-j.org), creada en 1990. España se puso de moda con los Juegos del 92 y entonces se disparó el interés por aprender el idioma español y el baile flamenco. Se multiplicaron los estudios y academias de baile hasta sumar hoy alrededor de 500, es decir, más que en toda España.
“Había quien llegaba pensando que el flamenco significaba alegría y a las pocas lecciones lo abandonaba. Pero otros, al descubrir que el flamenco es un arte profundo, que llega hasta el corazón, se dieron cuenta de que bailando, cantando, zapateando, podían expresar muchos sentimientos que llevaban encerrados”, dice Tashiro.
Así se ha construido una base sólida en los últimos años, con la apertura de nuevos estudios por parte de bailaoras japonesas formadas en España y con los periódicos cursillos que imparten maestros españoles. Takahashi y Tashiro coinciden en que hoy el flamenco está viviendo sus mejores años en Japón. De hecho, el arte gitano es tan popular que, por ejemplo, Iberia (www.iberia-j.com), una empresa propiedad del guitarrista Teruo Kabaya, protagonista del documental Around Flamenco (Francisco Millán, 2001), factura más de cinco millones de dólares al año entre lecciones de baile y venta de vestidos y accesorios, muchos de ellos fabricados en Japón. Asimismo, desde 1984 circula la revista japonesa especializada Paseo (www.paseo-flamenco.com), cuyo tiraje no ha dejado de crecer.
Mucho se ha avanzado en los últimos veinte años, pero Yuki Onuma, una enamorada del flamenco de Jerez, el más espontáneo según ella, añora el ambiente auténtico que sólo puede vivirse en Andalucía. “Por eso mismo yo me fui de Madrid a Sevilla y más tarde a Jerez”, dice Yuki. “Es cierto que ahora hay más discos, videos, internet, cursos con maestros españoles… pero el flamenco son vivencias y no sólo técnica, y eso no se aprende, sino que se ‘mama’ dentro de la familia, en la calle.”
Hablar con Yuki supone escuchar siempre el mismo lamento: “El flamenco es de ellos, de los gitanos, y yo soy japonesa. ¡Dime cómo se puede solucionar!”. Pero verla sobre el escenario es la confirmación de que los tablaos de Tokio pueden dejar a cualquiera boquiabierto.
GITANO HECHO EN JAPÓN
Si bien todos saben que la capital japonesa depara sorpresas, la del flamenco casi nadie se la espera. Pocas impresiones son más estremecedoras como la de abrir una puerta en Tokio y encontrarse con un trío de japonesas con el pelo recogido con una peineta, un traje de lunares o un sombrero cordobés. Después uno mira las paredes y ve una cabeza de toro, carteles taurinos, paelleras, platos de cerámica, botas de vino. Y mientras, en el tablao, un japonés se desgañita cantando con las venas del cuello a punto de reventar, al lado de un tocaor hipnotizado por las cuerdas de la guitarra.
En los tablaos de Tokio, buena parte del público suele estar compuesto por alumnas de flamenco. Todas quieren aprender de la maestra que baila esa noche y no pierden detalle. Cuando termina la primera función, los simples aficionados y curiosos se retiran y otros clientes ocupan su sitio, pero ellas permanecen en sus asientos comentando los movimientos técnicos que acaban de ver. Basta con hacerles una pregunta para descubrir que sus conocimientos son muy profundos y su afición, sincera.
Gracias a este interés, en Tokio se ha desarrollado toda una cultura en torno al arte gitano. Por ejemplo, los vestidos, antes importados de España, ahora se diseñan y confeccionan aquí. En el restaurante-tablao November Eleventh 1111 conocí a Manami Yoshida, una diseñadora de moda. Ese día uno de sus diseños “bailaba”. “He querido hacer algo original”, me dijo a modo de excusa, ya que el vestido en cuestión no era el típico traje flamenco. Al escuchar sus palabras recordé una afirmación de Makoto Orihara, jefe de sala de El Flamenco. “Las japonesas no saben vestirse de gitanas, es como cuando una extranjera se pone un kimono y no se quita los anillos ni los pendientes. Se nota que algo no encaja”.
Que no encaja. Lo que no encaja es que miles de japonesas hayan dejado todo para dedicarse al flamenco. En la Asociación Nipona de Flamenco no se atreven a dar cifras oficiales, pero las “oficiosas” dicen que hay más de 60 mil japoneses matriculados en estudios y academias de flamenco. “¿Y qué voy a hacer si no bailo?”, me dice Yuki Onuma. Y no es la única.
GUÍA PRÁCTICA
En Japón no hay tablaos propiamente dichos, sino restaurantes que ofrecen actuaciones de flamenco, aunque algunos, como Casa de Esperanza y Rei No Mise dan prioridad al arte y no a la comida.
EL FLAMENCO
Isetan Kaikan Shinjuku (centro comercial)
T. 81 (3) 3356 3816
www.miyoshi-grp.com/cardinal/el
Cena y espectáculo: 55, 68, 85 dólares; sólo espectáculo: 30 dólares.
Este local, que contrata artistas españoles por periodos de seis meses, cumplió 40 años en 2006. Por su escenario han pasado figuras como Cristina Hoyos, Sara Baras, Domingo Ortega y el guitarrista Manolo Sanlúcar, que llegó a grabar un disco en directo en este local. La comida es otro de sus atractivos. Makoto Orihara, a cargo de la sala desde 1976, dice poder distinguir si una bailaora tiene calidad con sólo escuchar el zapateado, sin necesidad de mirarla.
CASA DE ESPERANZA
3-45-10 Koenji Minami, Suganimi-ku
T. 81 (3) 3316 9493
www.esperanza-j.com
Funciones de jueves a domingo.
Espectáculo: 30 dólares (incluye bebida y botana).
Lo más parecido a un auténtico tablao español. Fue inaugurado en 1971 por los hermanos Tashiro, ambos tocaores. En la actualidad dirige el local Jun Tashiro, impulsor de la Asociación Nipona de Flamenco.
CASA ARTISTA
2-17-11 Hyakunin-cho, Shinjuku-ku
T. 81 (3) 3368 7619
www.casa7.com
Espectáculo: 10 dólares, tapas desde 6 dólares.
El guitarrista “Juan” Ishiki abrió este restaurante típicamente español en 1962. Puede decirse que es el tablao más antiguo de Japón, pues los que abrieron antes ya no existen. Todos los días de la semana hay baile flamenco. Y diversión garantizada.
ALHAMBRA
5-23-6 Nishi Nippori, Arakawa-ku
T. 81 (3) 3806 5017
www.alhambra-spanish.com
Espectáculo: 4 dólares.
Cena desde 30 dólares por persona (a la carta y menú degustación).
Con más de 30 años de historia, este restaurante español ofrece cuatro días a la semana actuaciones de flamenco en un ambiente más que propicio.
REI NO MISE
4-5-6 Roppongi, Minato-ku
T. 81 (3) 5474 5591
www5f.biglobe.ne.jp/~ta-hi
Espectáculo y barra libre de bebida: 90 dólares (hombres), 50 dólares (mujeres).
El guitarrista Hideo Takahashi dirige este pequeño local desde hace casi veinte años. El tablao está en el centro de la sala y alrededor los clientes se embriagan disfrutando del espectáculo. Cuando termina el baile, los artistas se acercan a conversar con la clientela.
NOVEMBER ELEVENTH 1111
3-17-8 Akasaka, Minato-ku
T. 81 (3) 3588 8104
www.risingdragon.jp
Espectáculo: 20 dólares; doble sesión: 35 dólares.
Menú a la carta: desde 25 dólares por persona.
Creado hace 11 años por la poetisa y actriz Yoko Agi, aficionada al flamenco, y su esposo, el guitarrista de rock Ryudo Uzaki. De lunes a viernes alberga conciertos de jazz y pop, mientras que los sábados y domingos el espacio está reservado para el flamenco. La cocina fusión es muy apreciada por los clientes. El productor Masanori Ban presume de seleccionar a los mejores artistas.
Aquella noche conversé con Hideo Takahashi, anfitrión del local y guitarrista, un japonés de unos 60 años que, cuando tenía nueve, al escuchar un disco del guitarrista Carlos Montoya (quien dio a conocer el flamenco por todo el mundo antes de la Segunda Guerra Mundial) decidió hacerse tocaor. Su historia es representativa de la pasión con que muchos japoneses se acercaron al flamenco en los años cincuenta. Primero les atrajo el ritmo, ese enrevesado compás de 3 x 4 con reminiscencias orientales. Después se enamoraron de una cultura y un arte de vivir: el mundo de los gitanos.
Ese día también pude hablar con Aya, la cantaora, y supe por primera vez de esa cruz con que cargan los japoneses que se dedican al flamenco: lo aman con locura, pero carecen de alma gitana, y eso no los deja en paz.
Al ver a tantos japoneses, sobre todo mujeres, rendidos al flamenco, es inevitable preguntarse por qué. “Los japoneses ven en el flamenco el reverso de su vida diaria. Están buscando algo que les permita expresarse, desahogarse, y en el flamenco lo encuentran. Les despierta un gusanillo dormido y luego ya no pueden parar”, me dice el bailaor español Antonio “El Toleo”, quien en los últimos veinte años se ha presentado siete veces en El Flamenco de Tokio. Son de la misma opinión las veteranas bailaoras Nana Ikariyama y Yuki Onuma, esta última seleccionada para bailar este mes en el Festival de Flamenco de Madrid. “Cuando subo al tablao y oigo el sonido de la guitarra, me olvido de todo, se me mueven las manos, la cara, los pies… soy otra persona”, comenta Yuki.
MARIDAJE A LARGO PLAZO
El flamenco llegó a Japón en la década de 1920. Casi todos coinciden en que el primer montaje fue en 1929 y estuvo a cargo de Antonia Mercé “La Argentina” (1890-1936), una bailarina nacida en Buenos Aires que tras dejar el ballet se adentró en el mundo del flamenco e hizo varias giras por todo el mundo. Pocos años después llegó el guitarrista Carlos Montoya, cuyo virtuosismo hizo que un puñado de japoneses desembarcara en España para aprender a tocar la guitarra. Uno de aquellos pioneros de la guitarra fue Kenzo Takada, maestro de Hideo Takahashi.
Sin embargo, hubo que esperar hasta los años 60 para que el flamenco empezara a echar raíces en Japón. En 1960 llegó Antonio Gades. Poco después, la película Los Tarantos (titulada en Japón Historias de Barcelona), una adaptación de Romeo y Julieta al mundo gitano, con el propio Gades y Carmen Amaya como protagonistas. Y en 1967 abrió sus puertas El Flamenco, el tablao más emblemático de Japón. Aquellos años se produjo también la irrupción de la bailaora Yoko Komatsubara y el bailaor Shoji Kojima, quienes dejaron todo para viajar a España y entregarse al flamenco en cuerpo y alma. Kojima llegó a bailar con el Ballet Nacional de España y Komatsubara ingresó en la prestigiosa compañía de Rafael de Córdoba.
Otro punto de inflexión fueron los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, opina Jun Tashiro, guitarrista, propietario del tablao Casa de Esperanza y uno de los fundadores de la Asociación Nipona de Flamenco (www.flamenco-j.org), creada en 1990. España se puso de moda con los Juegos del 92 y entonces se disparó el interés por aprender el idioma español y el baile flamenco. Se multiplicaron los estudios y academias de baile hasta sumar hoy alrededor de 500, es decir, más que en toda España.
“Había quien llegaba pensando que el flamenco significaba alegría y a las pocas lecciones lo abandonaba. Pero otros, al descubrir que el flamenco es un arte profundo, que llega hasta el corazón, se dieron cuenta de que bailando, cantando, zapateando, podían expresar muchos sentimientos que llevaban encerrados”, dice Tashiro.
Así se ha construido una base sólida en los últimos años, con la apertura de nuevos estudios por parte de bailaoras japonesas formadas en España y con los periódicos cursillos que imparten maestros españoles. Takahashi y Tashiro coinciden en que hoy el flamenco está viviendo sus mejores años en Japón. De hecho, el arte gitano es tan popular que, por ejemplo, Iberia (www.iberia-j.com), una empresa propiedad del guitarrista Teruo Kabaya, protagonista del documental Around Flamenco (Francisco Millán, 2001), factura más de cinco millones de dólares al año entre lecciones de baile y venta de vestidos y accesorios, muchos de ellos fabricados en Japón. Asimismo, desde 1984 circula la revista japonesa especializada Paseo (www.paseo-flamenco.com), cuyo tiraje no ha dejado de crecer.
Mucho se ha avanzado en los últimos veinte años, pero Yuki Onuma, una enamorada del flamenco de Jerez, el más espontáneo según ella, añora el ambiente auténtico que sólo puede vivirse en Andalucía. “Por eso mismo yo me fui de Madrid a Sevilla y más tarde a Jerez”, dice Yuki. “Es cierto que ahora hay más discos, videos, internet, cursos con maestros españoles… pero el flamenco son vivencias y no sólo técnica, y eso no se aprende, sino que se ‘mama’ dentro de la familia, en la calle.”
Hablar con Yuki supone escuchar siempre el mismo lamento: “El flamenco es de ellos, de los gitanos, y yo soy japonesa. ¡Dime cómo se puede solucionar!”. Pero verla sobre el escenario es la confirmación de que los tablaos de Tokio pueden dejar a cualquiera boquiabierto.
GITANO HECHO EN JAPÓN
Si bien todos saben que la capital japonesa depara sorpresas, la del flamenco casi nadie se la espera. Pocas impresiones son más estremecedoras como la de abrir una puerta en Tokio y encontrarse con un trío de japonesas con el pelo recogido con una peineta, un traje de lunares o un sombrero cordobés. Después uno mira las paredes y ve una cabeza de toro, carteles taurinos, paelleras, platos de cerámica, botas de vino. Y mientras, en el tablao, un japonés se desgañita cantando con las venas del cuello a punto de reventar, al lado de un tocaor hipnotizado por las cuerdas de la guitarra.
En los tablaos de Tokio, buena parte del público suele estar compuesto por alumnas de flamenco. Todas quieren aprender de la maestra que baila esa noche y no pierden detalle. Cuando termina la primera función, los simples aficionados y curiosos se retiran y otros clientes ocupan su sitio, pero ellas permanecen en sus asientos comentando los movimientos técnicos que acaban de ver. Basta con hacerles una pregunta para descubrir que sus conocimientos son muy profundos y su afición, sincera.
Gracias a este interés, en Tokio se ha desarrollado toda una cultura en torno al arte gitano. Por ejemplo, los vestidos, antes importados de España, ahora se diseñan y confeccionan aquí. En el restaurante-tablao November Eleventh 1111 conocí a Manami Yoshida, una diseñadora de moda. Ese día uno de sus diseños “bailaba”. “He querido hacer algo original”, me dijo a modo de excusa, ya que el vestido en cuestión no era el típico traje flamenco. Al escuchar sus palabras recordé una afirmación de Makoto Orihara, jefe de sala de El Flamenco. “Las japonesas no saben vestirse de gitanas, es como cuando una extranjera se pone un kimono y no se quita los anillos ni los pendientes. Se nota que algo no encaja”.
Que no encaja. Lo que no encaja es que miles de japonesas hayan dejado todo para dedicarse al flamenco. En la Asociación Nipona de Flamenco no se atreven a dar cifras oficiales, pero las “oficiosas” dicen que hay más de 60 mil japoneses matriculados en estudios y academias de flamenco. “¿Y qué voy a hacer si no bailo?”, me dice Yuki Onuma. Y no es la única.
GUÍA PRÁCTICA
En Japón no hay tablaos propiamente dichos, sino restaurantes que ofrecen actuaciones de flamenco, aunque algunos, como Casa de Esperanza y Rei No Mise dan prioridad al arte y no a la comida.
EL FLAMENCO
Isetan Kaikan Shinjuku (centro comercial)
T. 81 (3) 3356 3816
www.miyoshi-grp.com/cardinal/el
Cena y espectáculo: 55, 68, 85 dólares; sólo espectáculo: 30 dólares.
Este local, que contrata artistas españoles por periodos de seis meses, cumplió 40 años en 2006. Por su escenario han pasado figuras como Cristina Hoyos, Sara Baras, Domingo Ortega y el guitarrista Manolo Sanlúcar, que llegó a grabar un disco en directo en este local. La comida es otro de sus atractivos. Makoto Orihara, a cargo de la sala desde 1976, dice poder distinguir si una bailaora tiene calidad con sólo escuchar el zapateado, sin necesidad de mirarla.
CASA DE ESPERANZA
3-45-10 Koenji Minami, Suganimi-ku
T. 81 (3) 3316 9493
www.esperanza-j.com
Funciones de jueves a domingo.
Espectáculo: 30 dólares (incluye bebida y botana).
Lo más parecido a un auténtico tablao español. Fue inaugurado en 1971 por los hermanos Tashiro, ambos tocaores. En la actualidad dirige el local Jun Tashiro, impulsor de la Asociación Nipona de Flamenco.
CASA ARTISTA
2-17-11 Hyakunin-cho, Shinjuku-ku
T. 81 (3) 3368 7619
www.casa7.com
Espectáculo: 10 dólares, tapas desde 6 dólares.
El guitarrista “Juan” Ishiki abrió este restaurante típicamente español en 1962. Puede decirse que es el tablao más antiguo de Japón, pues los que abrieron antes ya no existen. Todos los días de la semana hay baile flamenco. Y diversión garantizada.
ALHAMBRA
5-23-6 Nishi Nippori, Arakawa-ku
T. 81 (3) 3806 5017
www.alhambra-spanish.com
Espectáculo: 4 dólares.
Cena desde 30 dólares por persona (a la carta y menú degustación).
Con más de 30 años de historia, este restaurante español ofrece cuatro días a la semana actuaciones de flamenco en un ambiente más que propicio.
REI NO MISE
4-5-6 Roppongi, Minato-ku
T. 81 (3) 5474 5591
www5f.biglobe.ne.jp/~ta-hi
Espectáculo y barra libre de bebida: 90 dólares (hombres), 50 dólares (mujeres).
El guitarrista Hideo Takahashi dirige este pequeño local desde hace casi veinte años. El tablao está en el centro de la sala y alrededor los clientes se embriagan disfrutando del espectáculo. Cuando termina el baile, los artistas se acercan a conversar con la clientela.
NOVEMBER ELEVENTH 1111
3-17-8 Akasaka, Minato-ku
T. 81 (3) 3588 8104
www.risingdragon.jp
Espectáculo: 20 dólares; doble sesión: 35 dólares.
Menú a la carta: desde 25 dólares por persona.
Creado hace 11 años por la poetisa y actriz Yoko Agi, aficionada al flamenco, y su esposo, el guitarrista de rock Ryudo Uzaki. De lunes a viernes alberga conciertos de jazz y pop, mientras que los sábados y domingos el espacio está reservado para el flamenco. La cocina fusión es muy apreciada por los clientes. El productor Masanori Ban presume de seleccionar a los mejores artistas.
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