
Ni de día ni de noche, la tarde es el momento en el que los croatas se sientan a beber en las islas de Dalmacia. Fotografía de Alonso Vera Cantú
Dalmacia de día y de noche
Justo enfrente de Italia pero a la vez en otro mundo, la Costa Dálmata está decorada con cipreses, ciudades monumentales, poblados históricos y algunas de las playas más hermosas del mundo. La otra parte de su encanto radica en su porte mediterráneo, en sus noches de verano interminables y en la elegancia casual.
Dalmacia es resultado de todos los pueblos que han tenido a bien navegar, conquistar y comerciar en el Mediterráneo. Su dirección es el callejón que dibuja el Mar Adriático y culmina con Venecia. Y su suerte, y en ocasiones también su desgracia, ha sido encontrarse en el vértice de las civilizaciones cardinales. Primero entre las partes latina y bizantina del Imperio Romano. Más tarde entre el mundo católico y el ortodoxo, y finalmente entre la Europa occidental y el Imperio Turco.
Sin embargo, se ha comportado siempre a la altura. O mejor dicho como una esponja, absorbiendo de los sabios y artistas, libros e ideas llegados de los confines del mundo, que han andado sin prejuicios por sus calles desgastadas por el tiempo, pero radiantes a la luz de los astros.
Y como la Costa Dálmata es una y muchas a la vez, vale la pena descubrir sus matices con calma. Porque pocos son los destinos impregnados con semejante estilo: conforme el tiempo subsana sus heridas de la reciente guerra, el mundo exterior la incluye en sus itinerarios, pero aun así, y a pesar de la llegada cada vez más recurrente de yates y veleros a sus ciudades costeras, “la nueva Riviera” sigue siendo un lugar exclusivo.
DUBROVNIK: DE CARA A LAS ISLAS
Eslava y estilizada, su aliento es de mar e higueras, y por supuesto azahares que perfuman su línea costera en primavera: su época predilecta. Ragusa se llamó al nacer en el siglo VII. Volcada sobre el mar, como sus amigas y rivales Génova y Venecia, se le apiñan de frente una decena de islas y rocas ataviadas también con cipreses, cuyas copas interfieren el vuelo de halcones y pelícanos. Una estampa que cuesta olvidar.
Dubrovnik creció bajo la tutela de Bizancio, pero vivió su apogeo como república libre entre los siglos XV y XVI. Y su epicentro es una de las ciudadelas más imponentes. Uno con hambre la describiría como un pastel de tejados sonrojados color cereza y elegantes cúpulas de betún. Otro sin imaginación le entregaría el cliché de ser “como un cuento de hadas” escrito con palacios y torreones hastiados de gestas heroicas y al amparo de un cinturón amurallado. Lo cierto es que fue resuelta en piedra y ni las guerras ni los desastres naturales, ni mucho menos los prejuicios, han mermado su coquetería.
Las historias y leyendas de esta ciudadela puramente peatonal son más de las que uno podría recordar. Por lo que no hay como hacer la propia caminando por sus calles, entre mercaditos de frutas y verduras, tiendas de antigüedades y bares. Y detenerse en alguna de las cafeterías estilo vienés, como la Gradska Kavana, ubicada sobre la arteria principal o Stradun. Sus mesas exteriores son el sitio ideal para sentarse a observar el repicar de las campanas y la marcha de los transeúntes a la sombra de los iconos del lugar.
La Stradun, una sucesión de palacios y ventanas de madera, comienza en la Plaza Luza. En ésta, repleta de boutiques y joyerías, se aprecian la Columna de Orlando que simboliza la libertad, la Fuente de Onofrio donde se lavaban los viajeros al llegar para atraer fortuna, el Palacio Sponza donde se presentan los mejores dramas y conciertos cada verano, y la iglesia de San Blas. Este templo barroco está dedicado al santo mártir que se dice previno a la ciudad de un ataque veneciano en el año 791, cuando se lo advirtió en sueños a un fraile, que lo adoptó como patrono y tema decorativo primordial.
Por ello su imagen se encuentra en cada arco y puente levadizo, ya sean los que conducen al muelle en el Fuerte de San Juan, donde reposan las barcazas de pescadores y turistas, o los que conducen a la antigua sinagoga, frente al bello monasterio franciscano que resguarda una de las boticas más antiguas del mundo. Pero la imagen del santo se encuentra sobre todo dentro de la catedral, misma que resguarda un importante tesoro sacro, que por supuesto incluye gran parte de la anatomía de San Blas, envuelta en relicarios.
Y si las vistas y experiencias recogidas hasta este punto no fueran suficientes, hay que ascender y recorrer las murallas de la ciudad para apreciar su quinta fachada. Sólo así se respetan las palabras de Bernard Shaw: “Aquellos que buscan el paraíso terrenal deben venir a Dubrovnik”. Desde las alturas de la Torre Minceta se puede ver la estampa que fuese declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979, y que renació de los estragos ocasionados por la guerra con Serbia sin siquiera ser un objetivo militar, sino simbólico.
CIUDAD REESTRENADA
Tres cuartas partes de la ciudad antigua de Dubrovnik y la ciudad nueva que se gestó a su alrededor quedaron devastadas luego de la guerra entre serbios y croatas a principios de los años noventa. Los habitantes no tenían dónde resguardarse y el turismo, su fuente principal de ingresos, desapareció. Pero siendo patrimonio mundial, la Unesco organizó un plan para restaurarla, al que se unieron artistas y empresarios.
La restauración la inició el célebre pianista croata Ivo Pogorelic, quien realizó dos conciertos para recaudar fondos. Le siguieron pintores como Murtic, D amonja y Jagoda, los pilares de la generación contemporánea en Croacia, con sus subastas “con sentido”. Pero fue el millonario Goran trok, fundador de GS Hotels & Resorts (www.gshotelsresorts.com), quien restituyó la vida social de Dalmacia al fundar las propiedades más finas del país, en torno a las cuales se gestó la nueva “escena” croata.
Su primer movimiento fue restaurar el hotel más tradicional de la ciudad, el Hotel Excelsior, que desde hace más de 90 años recibe a la realeza y personalidades que toman la ciudad como base de exploración mediterránea. Por ello su taberna rústica atendida por el aclamado chef Tomislav Gretic y su bar frente a la ciudadela son un punto de encuentro obligado. Además, sus salones son sede de cocteles y pasarelas casi cada fin de semana, y la boutique matriz de las famosas diseñadoras locales Vanja trok y Nargess Gharani se ubica “dentro de casa”. El Sunday Times lo llamó uno de los 10 hoteles de moda en el Mediterráneo.
Y gracias al imán social que es el señor trok, amigos suyos como los reyes de Jordania y el Príncipe Mitab de Arabia Saudita, o Sir Roger Moore, el violinista Julian Rachlin y Hilary Alexander, una de las escritoras de moda más importantes del mundo, acudieron al reestreno de la ciudad, trayendo detrás de sí al resto de los socialités más influyentes del mundo.
Para esta nueva oleada, trok abrió las puertas del Hotel Dubrovnik Palace, el cual ocupa una península privada que se convierte en Jardín de las delicias cada verano. Sus 308 suites tienen terraza y alberca frente al mar, además de que ofrece el mejor centro de relajación y belleza del país. Sus áreas comunes son revestidas con obras de maestros locales como Edo Murtic, Dusko y Jerisevic; espacios que cada tarde se disfrutan con “fiestas de champaña bajo las estrellas”, como las bautizó el señor trok.
Y es que si algo sabe hacer esta cosmopolita ciudad es comer, beber y divertirse, por lo que no hay que perderse la calle gastronómica de Prijeko y calles aledañas, donde aguardan restaurantes como Ragusa 2, con exquisitos risottos y polentas acompañadas de los vinos regionales. Otra opción es el Dubrovacki Kantun, que sirve a una ecléctica clientela, el típico jamón curado y ahumado prut, así como frescos mariscos y pastas.
Vale mucho la pena también pasar la tarde bebiendo y escuchando a Sinatra y Dean Martin con las vistas más hermosas de la bahía en el bar Buza, cerca de la iglesia de San Ignacio, entre las murallas y el mar. Para jazz en vivo está el Troubadour Jazz Bar, donde no es extraño escuchar a la leyenda local del género, el xilofonista Boko Petrovic. Y si busca diversión al más puro estilo croata, disfrutando la brisa del mar mientras se contonea sobre la arena con la gente bonita de Europa, el consentido es el Labirint Club, un enorme conglomerado de privados, terrazas y pistas donde se realizan diversos eventos durante el verano, y donde se sirve rakija y otros licores del lugar.
EL RITMO BOHEMIO DE CAVTAT
En el extremo sur de la Costa Dálmata, a 20 kilómetros de Dubrovnik, se encuentra el poblado de Cavtat que, si me apresuraran, diría que no le pide nada al Saint Tropez de los años sesenta. Fue el sitio donde se erigió la primera Ragusa, por ahí del siglo VI que, debido a un terremoto, se reubicó en el sitio que hoy ocupa Dubrovnik.
Pero más allá de los estragos añejos y mis obcecaciones contemporáneas, Cavtat ofrece un sombreado paseo marítimo tapizado de cafeterías y boutiques, cuyas terrazas se asoman sobre un hermoso puerto repleto de pescadores y sus mercancías, expuestas para el deleite visual y, con frecuencia, alimenticio, del transeúnte.
Sus calles son empinadas y conducen por capillas y mansiones otrora de mercantes medievales adquiridas por estrellas de Hollywood, como John Malkovich, con sus respectivos jardines e higueras, hasta el espléndido mausoleo del escultor religioso del siglo XIX, Ivan Metrovic. Y la tradición de artistas y pensadores de pasar el resto de sus vidas aquí sigue viva, por lo que la escena cultural y social de Cavtat es espléndida. Las comidas se disfrutan entre mariscos, conchas y jamones curados, en restaurantes como el Konoba Galija, donde las tardes son siempre una tertulia que no pocas veces termina en cena al aire libre.
LAS ISLAS, UNA POR UNA
La pequeña y boscosa isla de Lokrum (www.lokrum.hr) queda a diez minutos en barco de la ciudadela de Dubrovnik, y se trata de un Parque Natural donde vale la pena visitar el Museo de Historia Natural y los vecinos jardines botánicos mandados plantar por el archiduque Maximiliano. Sí, el mismo que enviaran los austríacos a México como emperador y terminase frente al paredón.
Lokrum resguarda la historia del naufragio de Ricardo Corazón de León a su regreso de la tercera cruzada en Jerusalén, así como la visita de los duques de Windsor, quienes inauguraron la moda del baño nudista en sus playas de agua cristalina. Por ello, y a pesar de que no hay mucho más que hacer allí, pasar la mañana asoleándose en sus costas rocosas es una experiencia privilegiada, harto común entre la alta sociedad local y los visitantes que llegan en su yate.
La mitológica isla de Korcula, entre Hvar y Split, tiene como hijo ilustre a Marco Polo, cuyo recuerdo impregna las calles medievales. Al desembarcar, pareciera que nada ha cambiado desde el siglo XIII, cuando el gran maestro de los viajeros soñara despierto, mirando a los mercaderes de oriente y occidente desde la torre de su casa que aún se conserva y resguarda un paupérrimo museo.
Sus playas guarecidas por acantilados y sus colinas, revestidas de almendros y viñas que producen suculentas cosechas, fueron el destino predilecto de los filósofos griegos y los emperadores romanos. Y es muy recomendable recorrer su capital, que se dice fundada por Antenor, uno de los héroes de Troya. Es una ciudadela veneciana del siglo XIII, con palacios góticos transformados en soberbias galerías, restaurantes y boutiques. Sobresale el Palacio Municipal y la Catedral de San Marcos, con sus pinturas de Tintoretto y sus iconos bizantinos.
Sin embargo, y a pesar de su serenidad, no podemos olvidar que éste ha sido un sitio destinado a los placeres carnales desde la antigüedad, por lo que sus playas y cavernas son ideales para el viajero que lleva la fiesta consigo. Y la opción para socializar se reduce al bar Massimo, uno de los clubes más cool de la región. Ubicado sobre las murallas de la ciudadela veneciana, su torre transformada en lounge es el mejor lugar para ver el atardecer, bebiendo cocteles y escuchando las mezclas de los DJs que alternan las noches con la isla Hvar y repercuten más allá del amanecer.
A la vecina Hvar se va para ver y ser visto, por la simple razón de que está de moda. O, mejor dicho, sigue de moda. Esta pequeña isla recibe a todas las modelos y empresarios del país, así como jetseters, jeques y pachangueros que anclan sus yates y veleros durante la primavera y el verano para disfrutar su ambiente estilo Shangri-La. Todo acompañado del escenario prestado por su ciudadela del siglo XV, sus monasterios y sus palacios.
En un primer momento, uno podría quedarse con la impresión de que se trata de “otra isla croata más repleta de cafeterías, restaurantes y boutiques en plazas tan hermosas que parecen escenografía”. Pero no es el caso. En Hvar hay un teatro que, además de ser el más antiguo teatro urbano aún en pie en toda Europa, desde 1612 es el eje rector de los eventos sociales y, ahora, en temporada se presentan ahí dramas y conciertos. Además la ciudad tiene una hermosa logia veneciana y una centena de palacios y plazas sensacionales.
Sin embargo, es de noche cuando la isla muestra de lo que está hecha, sobre todo en el Carpe Diem Bar and Lounge, la Meca del beau monde al cual Hvar debe gran parte de su fama contemporánea. Allí se puede beber y bailar con la más bella clientela europea, la cual no deja de decir: “¿Qué no te vi la semana pasada en…?”. Y también es parte del circuito internacional de los mejores DJs, así como el restaurante Dordota Vartal lo es para cualquier conocedor. El sitio sirve típicas pastas dálmatas, un exquisito filete de pez bruja y, sobre todo, langosta a la mantequilla en una terraza de piedra que domina las vistas del puerto.
PAUSA OBLIGATORIA EN LAS NOCHES DE SPLIT
El centro económico y cultural de Dalmacia ofrece una de las vidas nocturnas más activas de la región, los habitantes más hermosos, por consenso nacional, y una gran diversidad de servicios que satisfacen cualquier exigencia. Pero este puerto es mucho más que estilo y diversión. Es la antigua Spalato romana que resguarda el Palacio Diocleciano, aquel militar al que sus tropas llevaron al poder y quien aseguró la supervivencia del Imperio Romano al menos durante los siguientes dos siglos.
El palacio en forma de cuadrilátero fue erigido hacia el año 300 como villa del emperador y cuartel militar. Y durante el dominio de la república veneciana fue transformado en una ciudadela, que utilizó el Mausoleo de Diocleciano y su templo de Júpiter como la Catedral de San Dominus. Hoy día ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad, y es toda una experiencia visitar las ruinas de unos y otros entre angostos peristilos, plazas abiertas y paseos marinos.
Y es bien sabido que Split es famosa, además de su historia, por la hermosura de sus mujeres y la amabilidad de sus habitantes, quienes pasan la tarde frente a la bahía, bebiendo y platicando hasta que la noche demanda su atención.
Entonces sus bares y clubes se encienden con más acción que en el resto de la costa, debido a la gran población de estudiantes que radica en la ciudad. Y el Puls 2 es el sitio de moda, un club que combina bien el ambiente turístico y el propio, con un generoso espacio interior con pista y una gran terraza al aire libre donde pasar la noche bailando bajo las estrellas y bebiendo deliciosos cocteles, vinos y cervezas del lugar entre monumentos egipcios y columnatas romanas. Un sitio que ejemplifica la esencia de Dalmacia, que se sacude la memoria bélica y el pasado socialista con una gran dosis de lo bueno que sigue teniendo.
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO MOVERSE
El yate y el velero son los vehículos predilectos para moverse por estos rumbos. Y a quien no convenga este medio de transporte, puede alquilar uno con todo y crew en Adriatic Luxury Services (www.als.hr) o en Elite Travel (www.elite.hr), que ofrece además transportación terrestre.
También es posible viajar en taxi entre pueblo y pueblo y, para las islas, abordar los ferries de la empresa Jadrolinija (www.jadrolinija.hr), en cuya página hay horarios y precios de acuerdo con la categoría.
EN DUBROVNIK
HOTEL EXCELSIOR
Frana Supila 12
T. 385 (20) 353 353
F. 385 (20) 414 214
www.hotel-excelsior.hr
Habitaciones desde 250
hasta 1200 euros por noche.
DUBROVNIK PALACE
Masarykov put 20
T. 385 (20) 430 000
F. 385 (20) 430 100
www.dubrovnikpalace.hr
Habitaciones desde 189
hasta 2200 euros por noche.
CAFETERÍA GRADSKA KAVANA
Pred Dvorom 1
T. 385 (20) 321 202
www.mea-culpa.hr
De 3 a 7 euros café y pastelería fina.
RESTAURANTE RAGUSA 2
Zamanjina 12
T. 385 (20) 321 203
www.ragusa2.com
Diario de 8 a 00 horas, todo el año.
De 30 a 50 euros por persona,
sin bebidas.
RESTAURANTE DUBROVACKI KANTUN
Ulica Boskoviceva 5
www.kantun.bravehost.com
Abierto de lunes a domingos
de 11 a 1 horas durante el verano.
De 35 a 50 euros por persona,
sin bebidas.
BAR BUZA
Od Margarite
T. 385 (91) 589 4936
Cervezas, vinos y cocteles de 4 a 12 euros por copa.
TROUBADOUR JAZZ CAFÉ
Buniceva Poljana 2
T. 385 (20) 323 476
Cocteles de 15 a 25 euros.
LABIRINT CLUB
Sv. Dominika 2
T. 385 (20) 322 222
www.labirint-dubrovnik.com
Diario de 22 a 5 horas.
EN CAVTAT
RESTAURANTE KONOBA GALIJA
Marina de Cavtat
T. 385 (20) 478 566
Desde 35 euros por persona, sin bebidas.
EN LAS ISLAS
HOTEL KORCULA
5 Obala Franje Tujmana, Korcula
T. 385 (21) 711 078
www.korcula-hotels.com
Reconocido como uno de los 50 hoteles más románticos del mundo, esta propiedad es una antigua villa medieval, a la sombra de las murallas de la ciudadela de Korcula. Sus habitaciones son algo espartanas, pero si desea pasar la noche allí, sin duda disfrutará las vistas del mar y su ambiente de “Costa Azul de los cincuenta”.
COCKTAIL BAR MASSIMO
Setaliste Petra Karnevelica, Korcula
T. 385 (20) 715 073
Abierto todos los días en primavera
y verano, de 17 a 5 horas.
Cocteles desde 20 euros.
HOTEL PALACE
Plaza de San Esteban, Hvar
T. 385 (21) 741 966
www.suncanihvar.com
Los hoteles de Hvar no le llegan a su oferta gastronómica y social. Sin embargo, si no tiene un velero o yate donde pasar la noche, o si la fiesta no le permite regresar al mismo, esta propiedad que data de la época de los Habsburgo es su mejor opción, con lindas habitaciones con balcones frente a la marina que prometen estar renovadas para 2008.
CARPE DIEM BAR AND LOUNGE
Riva, Hvar
T. 385 (21) 742 369
www.carpe-diem-hvar.com
Café abierto desde las 8 de la mañana, bar + lounge de 19 a 3 horas.
RESTAURANTE DORDOTA VARTAL
Krizna Luka 8, Hvar
T. 385 (21) 743 0777
Abierto diario de 11 a 1 horas.
Desde 50 euros por persona,
sin bebidas.
EN SPLIT
HOTEL PERISTIL
Polijana kralijice Jelene 6, Split
T. 385 (21) 329 070
www.hotelperistil.com
Ubicado en el corazón del Palacio Diocleciano, a un lado del que fuese el mausoleo del emperador, este hotel boutique con sólo doce habitaciones se pinta solo. Su restaurante Tifani ofrece muy buenos platillos del lugar y su servicio es íntimo y sinceramente agradable. El único problema es que en temporada alta resulta casi imposible reservar una habitación.
CLUB PULS 2
Buvinina 1, Split
Abierto de jueves a domingo,
de 20 a 5 horas.
Sin embargo, se ha comportado siempre a la altura. O mejor dicho como una esponja, absorbiendo de los sabios y artistas, libros e ideas llegados de los confines del mundo, que han andado sin prejuicios por sus calles desgastadas por el tiempo, pero radiantes a la luz de los astros.
Y como la Costa Dálmata es una y muchas a la vez, vale la pena descubrir sus matices con calma. Porque pocos son los destinos impregnados con semejante estilo: conforme el tiempo subsana sus heridas de la reciente guerra, el mundo exterior la incluye en sus itinerarios, pero aun así, y a pesar de la llegada cada vez más recurrente de yates y veleros a sus ciudades costeras, “la nueva Riviera” sigue siendo un lugar exclusivo.
DUBROVNIK: DE CARA A LAS ISLAS
Eslava y estilizada, su aliento es de mar e higueras, y por supuesto azahares que perfuman su línea costera en primavera: su época predilecta. Ragusa se llamó al nacer en el siglo VII. Volcada sobre el mar, como sus amigas y rivales Génova y Venecia, se le apiñan de frente una decena de islas y rocas ataviadas también con cipreses, cuyas copas interfieren el vuelo de halcones y pelícanos. Una estampa que cuesta olvidar.
Dubrovnik creció bajo la tutela de Bizancio, pero vivió su apogeo como república libre entre los siglos XV y XVI. Y su epicentro es una de las ciudadelas más imponentes. Uno con hambre la describiría como un pastel de tejados sonrojados color cereza y elegantes cúpulas de betún. Otro sin imaginación le entregaría el cliché de ser “como un cuento de hadas” escrito con palacios y torreones hastiados de gestas heroicas y al amparo de un cinturón amurallado. Lo cierto es que fue resuelta en piedra y ni las guerras ni los desastres naturales, ni mucho menos los prejuicios, han mermado su coquetería.
Las historias y leyendas de esta ciudadela puramente peatonal son más de las que uno podría recordar. Por lo que no hay como hacer la propia caminando por sus calles, entre mercaditos de frutas y verduras, tiendas de antigüedades y bares. Y detenerse en alguna de las cafeterías estilo vienés, como la Gradska Kavana, ubicada sobre la arteria principal o Stradun. Sus mesas exteriores son el sitio ideal para sentarse a observar el repicar de las campanas y la marcha de los transeúntes a la sombra de los iconos del lugar.
La Stradun, una sucesión de palacios y ventanas de madera, comienza en la Plaza Luza. En ésta, repleta de boutiques y joyerías, se aprecian la Columna de Orlando que simboliza la libertad, la Fuente de Onofrio donde se lavaban los viajeros al llegar para atraer fortuna, el Palacio Sponza donde se presentan los mejores dramas y conciertos cada verano, y la iglesia de San Blas. Este templo barroco está dedicado al santo mártir que se dice previno a la ciudad de un ataque veneciano en el año 791, cuando se lo advirtió en sueños a un fraile, que lo adoptó como patrono y tema decorativo primordial.
Por ello su imagen se encuentra en cada arco y puente levadizo, ya sean los que conducen al muelle en el Fuerte de San Juan, donde reposan las barcazas de pescadores y turistas, o los que conducen a la antigua sinagoga, frente al bello monasterio franciscano que resguarda una de las boticas más antiguas del mundo. Pero la imagen del santo se encuentra sobre todo dentro de la catedral, misma que resguarda un importante tesoro sacro, que por supuesto incluye gran parte de la anatomía de San Blas, envuelta en relicarios.
Y si las vistas y experiencias recogidas hasta este punto no fueran suficientes, hay que ascender y recorrer las murallas de la ciudad para apreciar su quinta fachada. Sólo así se respetan las palabras de Bernard Shaw: “Aquellos que buscan el paraíso terrenal deben venir a Dubrovnik”. Desde las alturas de la Torre Minceta se puede ver la estampa que fuese declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979, y que renació de los estragos ocasionados por la guerra con Serbia sin siquiera ser un objetivo militar, sino simbólico.
CIUDAD REESTRENADA
Tres cuartas partes de la ciudad antigua de Dubrovnik y la ciudad nueva que se gestó a su alrededor quedaron devastadas luego de la guerra entre serbios y croatas a principios de los años noventa. Los habitantes no tenían dónde resguardarse y el turismo, su fuente principal de ingresos, desapareció. Pero siendo patrimonio mundial, la Unesco organizó un plan para restaurarla, al que se unieron artistas y empresarios.
La restauración la inició el célebre pianista croata Ivo Pogorelic, quien realizó dos conciertos para recaudar fondos. Le siguieron pintores como Murtic, D amonja y Jagoda, los pilares de la generación contemporánea en Croacia, con sus subastas “con sentido”. Pero fue el millonario Goran trok, fundador de GS Hotels & Resorts (www.gshotelsresorts.com), quien restituyó la vida social de Dalmacia al fundar las propiedades más finas del país, en torno a las cuales se gestó la nueva “escena” croata.
Su primer movimiento fue restaurar el hotel más tradicional de la ciudad, el Hotel Excelsior, que desde hace más de 90 años recibe a la realeza y personalidades que toman la ciudad como base de exploración mediterránea. Por ello su taberna rústica atendida por el aclamado chef Tomislav Gretic y su bar frente a la ciudadela son un punto de encuentro obligado. Además, sus salones son sede de cocteles y pasarelas casi cada fin de semana, y la boutique matriz de las famosas diseñadoras locales Vanja trok y Nargess Gharani se ubica “dentro de casa”. El Sunday Times lo llamó uno de los 10 hoteles de moda en el Mediterráneo.
Y gracias al imán social que es el señor trok, amigos suyos como los reyes de Jordania y el Príncipe Mitab de Arabia Saudita, o Sir Roger Moore, el violinista Julian Rachlin y Hilary Alexander, una de las escritoras de moda más importantes del mundo, acudieron al reestreno de la ciudad, trayendo detrás de sí al resto de los socialités más influyentes del mundo.
Para esta nueva oleada, trok abrió las puertas del Hotel Dubrovnik Palace, el cual ocupa una península privada que se convierte en Jardín de las delicias cada verano. Sus 308 suites tienen terraza y alberca frente al mar, además de que ofrece el mejor centro de relajación y belleza del país. Sus áreas comunes son revestidas con obras de maestros locales como Edo Murtic, Dusko y Jerisevic; espacios que cada tarde se disfrutan con “fiestas de champaña bajo las estrellas”, como las bautizó el señor trok.
Y es que si algo sabe hacer esta cosmopolita ciudad es comer, beber y divertirse, por lo que no hay que perderse la calle gastronómica de Prijeko y calles aledañas, donde aguardan restaurantes como Ragusa 2, con exquisitos risottos y polentas acompañadas de los vinos regionales. Otra opción es el Dubrovacki Kantun, que sirve a una ecléctica clientela, el típico jamón curado y ahumado prut, así como frescos mariscos y pastas.
Vale mucho la pena también pasar la tarde bebiendo y escuchando a Sinatra y Dean Martin con las vistas más hermosas de la bahía en el bar Buza, cerca de la iglesia de San Ignacio, entre las murallas y el mar. Para jazz en vivo está el Troubadour Jazz Bar, donde no es extraño escuchar a la leyenda local del género, el xilofonista Boko Petrovic. Y si busca diversión al más puro estilo croata, disfrutando la brisa del mar mientras se contonea sobre la arena con la gente bonita de Europa, el consentido es el Labirint Club, un enorme conglomerado de privados, terrazas y pistas donde se realizan diversos eventos durante el verano, y donde se sirve rakija y otros licores del lugar.
EL RITMO BOHEMIO DE CAVTAT
En el extremo sur de la Costa Dálmata, a 20 kilómetros de Dubrovnik, se encuentra el poblado de Cavtat que, si me apresuraran, diría que no le pide nada al Saint Tropez de los años sesenta. Fue el sitio donde se erigió la primera Ragusa, por ahí del siglo VI que, debido a un terremoto, se reubicó en el sitio que hoy ocupa Dubrovnik.
Pero más allá de los estragos añejos y mis obcecaciones contemporáneas, Cavtat ofrece un sombreado paseo marítimo tapizado de cafeterías y boutiques, cuyas terrazas se asoman sobre un hermoso puerto repleto de pescadores y sus mercancías, expuestas para el deleite visual y, con frecuencia, alimenticio, del transeúnte.
Sus calles son empinadas y conducen por capillas y mansiones otrora de mercantes medievales adquiridas por estrellas de Hollywood, como John Malkovich, con sus respectivos jardines e higueras, hasta el espléndido mausoleo del escultor religioso del siglo XIX, Ivan Metrovic. Y la tradición de artistas y pensadores de pasar el resto de sus vidas aquí sigue viva, por lo que la escena cultural y social de Cavtat es espléndida. Las comidas se disfrutan entre mariscos, conchas y jamones curados, en restaurantes como el Konoba Galija, donde las tardes son siempre una tertulia que no pocas veces termina en cena al aire libre.
LAS ISLAS, UNA POR UNA
La pequeña y boscosa isla de Lokrum (www.lokrum.hr) queda a diez minutos en barco de la ciudadela de Dubrovnik, y se trata de un Parque Natural donde vale la pena visitar el Museo de Historia Natural y los vecinos jardines botánicos mandados plantar por el archiduque Maximiliano. Sí, el mismo que enviaran los austríacos a México como emperador y terminase frente al paredón.
Lokrum resguarda la historia del naufragio de Ricardo Corazón de León a su regreso de la tercera cruzada en Jerusalén, así como la visita de los duques de Windsor, quienes inauguraron la moda del baño nudista en sus playas de agua cristalina. Por ello, y a pesar de que no hay mucho más que hacer allí, pasar la mañana asoleándose en sus costas rocosas es una experiencia privilegiada, harto común entre la alta sociedad local y los visitantes que llegan en su yate.
La mitológica isla de Korcula, entre Hvar y Split, tiene como hijo ilustre a Marco Polo, cuyo recuerdo impregna las calles medievales. Al desembarcar, pareciera que nada ha cambiado desde el siglo XIII, cuando el gran maestro de los viajeros soñara despierto, mirando a los mercaderes de oriente y occidente desde la torre de su casa que aún se conserva y resguarda un paupérrimo museo.
Sus playas guarecidas por acantilados y sus colinas, revestidas de almendros y viñas que producen suculentas cosechas, fueron el destino predilecto de los filósofos griegos y los emperadores romanos. Y es muy recomendable recorrer su capital, que se dice fundada por Antenor, uno de los héroes de Troya. Es una ciudadela veneciana del siglo XIII, con palacios góticos transformados en soberbias galerías, restaurantes y boutiques. Sobresale el Palacio Municipal y la Catedral de San Marcos, con sus pinturas de Tintoretto y sus iconos bizantinos.
Sin embargo, y a pesar de su serenidad, no podemos olvidar que éste ha sido un sitio destinado a los placeres carnales desde la antigüedad, por lo que sus playas y cavernas son ideales para el viajero que lleva la fiesta consigo. Y la opción para socializar se reduce al bar Massimo, uno de los clubes más cool de la región. Ubicado sobre las murallas de la ciudadela veneciana, su torre transformada en lounge es el mejor lugar para ver el atardecer, bebiendo cocteles y escuchando las mezclas de los DJs que alternan las noches con la isla Hvar y repercuten más allá del amanecer.
A la vecina Hvar se va para ver y ser visto, por la simple razón de que está de moda. O, mejor dicho, sigue de moda. Esta pequeña isla recibe a todas las modelos y empresarios del país, así como jetseters, jeques y pachangueros que anclan sus yates y veleros durante la primavera y el verano para disfrutar su ambiente estilo Shangri-La. Todo acompañado del escenario prestado por su ciudadela del siglo XV, sus monasterios y sus palacios.
En un primer momento, uno podría quedarse con la impresión de que se trata de “otra isla croata más repleta de cafeterías, restaurantes y boutiques en plazas tan hermosas que parecen escenografía”. Pero no es el caso. En Hvar hay un teatro que, además de ser el más antiguo teatro urbano aún en pie en toda Europa, desde 1612 es el eje rector de los eventos sociales y, ahora, en temporada se presentan ahí dramas y conciertos. Además la ciudad tiene una hermosa logia veneciana y una centena de palacios y plazas sensacionales.
Sin embargo, es de noche cuando la isla muestra de lo que está hecha, sobre todo en el Carpe Diem Bar and Lounge, la Meca del beau monde al cual Hvar debe gran parte de su fama contemporánea. Allí se puede beber y bailar con la más bella clientela europea, la cual no deja de decir: “¿Qué no te vi la semana pasada en…?”. Y también es parte del circuito internacional de los mejores DJs, así como el restaurante Dordota Vartal lo es para cualquier conocedor. El sitio sirve típicas pastas dálmatas, un exquisito filete de pez bruja y, sobre todo, langosta a la mantequilla en una terraza de piedra que domina las vistas del puerto.
PAUSA OBLIGATORIA EN LAS NOCHES DE SPLIT
El centro económico y cultural de Dalmacia ofrece una de las vidas nocturnas más activas de la región, los habitantes más hermosos, por consenso nacional, y una gran diversidad de servicios que satisfacen cualquier exigencia. Pero este puerto es mucho más que estilo y diversión. Es la antigua Spalato romana que resguarda el Palacio Diocleciano, aquel militar al que sus tropas llevaron al poder y quien aseguró la supervivencia del Imperio Romano al menos durante los siguientes dos siglos.
El palacio en forma de cuadrilátero fue erigido hacia el año 300 como villa del emperador y cuartel militar. Y durante el dominio de la república veneciana fue transformado en una ciudadela, que utilizó el Mausoleo de Diocleciano y su templo de Júpiter como la Catedral de San Dominus. Hoy día ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad, y es toda una experiencia visitar las ruinas de unos y otros entre angostos peristilos, plazas abiertas y paseos marinos.
Y es bien sabido que Split es famosa, además de su historia, por la hermosura de sus mujeres y la amabilidad de sus habitantes, quienes pasan la tarde frente a la bahía, bebiendo y platicando hasta que la noche demanda su atención.
Entonces sus bares y clubes se encienden con más acción que en el resto de la costa, debido a la gran población de estudiantes que radica en la ciudad. Y el Puls 2 es el sitio de moda, un club que combina bien el ambiente turístico y el propio, con un generoso espacio interior con pista y una gran terraza al aire libre donde pasar la noche bailando bajo las estrellas y bebiendo deliciosos cocteles, vinos y cervezas del lugar entre monumentos egipcios y columnatas romanas. Un sitio que ejemplifica la esencia de Dalmacia, que se sacude la memoria bélica y el pasado socialista con una gran dosis de lo bueno que sigue teniendo.
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO MOVERSE
El yate y el velero son los vehículos predilectos para moverse por estos rumbos. Y a quien no convenga este medio de transporte, puede alquilar uno con todo y crew en Adriatic Luxury Services (www.als.hr) o en Elite Travel (www.elite.hr), que ofrece además transportación terrestre.
También es posible viajar en taxi entre pueblo y pueblo y, para las islas, abordar los ferries de la empresa Jadrolinija (www.jadrolinija.hr), en cuya página hay horarios y precios de acuerdo con la categoría.
EN DUBROVNIK
HOTEL EXCELSIOR
Frana Supila 12
T. 385 (20) 353 353
F. 385 (20) 414 214
www.hotel-excelsior.hr
Habitaciones desde 250
hasta 1200 euros por noche.
DUBROVNIK PALACE
Masarykov put 20
T. 385 (20) 430 000
F. 385 (20) 430 100
www.dubrovnikpalace.hr
Habitaciones desde 189
hasta 2200 euros por noche.
CAFETERÍA GRADSKA KAVANA
Pred Dvorom 1
T. 385 (20) 321 202
www.mea-culpa.hr
De 3 a 7 euros café y pastelería fina.
RESTAURANTE RAGUSA 2
Zamanjina 12
T. 385 (20) 321 203
www.ragusa2.com
Diario de 8 a 00 horas, todo el año.
De 30 a 50 euros por persona,
sin bebidas.
RESTAURANTE DUBROVACKI KANTUN
Ulica Boskoviceva 5
www.kantun.bravehost.com
Abierto de lunes a domingos
de 11 a 1 horas durante el verano.
De 35 a 50 euros por persona,
sin bebidas.
BAR BUZA
Od Margarite
T. 385 (91) 589 4936
Cervezas, vinos y cocteles de 4 a 12 euros por copa.
TROUBADOUR JAZZ CAFÉ
Buniceva Poljana 2
T. 385 (20) 323 476
Cocteles de 15 a 25 euros.
LABIRINT CLUB
Sv. Dominika 2
T. 385 (20) 322 222
www.labirint-dubrovnik.com
Diario de 22 a 5 horas.
EN CAVTAT
RESTAURANTE KONOBA GALIJA
Marina de Cavtat
T. 385 (20) 478 566
Desde 35 euros por persona, sin bebidas.
EN LAS ISLAS
HOTEL KORCULA
5 Obala Franje Tujmana, Korcula
T. 385 (21) 711 078
www.korcula-hotels.com
Reconocido como uno de los 50 hoteles más románticos del mundo, esta propiedad es una antigua villa medieval, a la sombra de las murallas de la ciudadela de Korcula. Sus habitaciones son algo espartanas, pero si desea pasar la noche allí, sin duda disfrutará las vistas del mar y su ambiente de “Costa Azul de los cincuenta”.
COCKTAIL BAR MASSIMO
Setaliste Petra Karnevelica, Korcula
T. 385 (20) 715 073
Abierto todos los días en primavera
y verano, de 17 a 5 horas.
Cocteles desde 20 euros.
HOTEL PALACE
Plaza de San Esteban, Hvar
T. 385 (21) 741 966
www.suncanihvar.com
Los hoteles de Hvar no le llegan a su oferta gastronómica y social. Sin embargo, si no tiene un velero o yate donde pasar la noche, o si la fiesta no le permite regresar al mismo, esta propiedad que data de la época de los Habsburgo es su mejor opción, con lindas habitaciones con balcones frente a la marina que prometen estar renovadas para 2008.
CARPE DIEM BAR AND LOUNGE
Riva, Hvar
T. 385 (21) 742 369
www.carpe-diem-hvar.com
Café abierto desde las 8 de la mañana, bar + lounge de 19 a 3 horas.
RESTAURANTE DORDOTA VARTAL
Krizna Luka 8, Hvar
T. 385 (21) 743 0777
Abierto diario de 11 a 1 horas.
Desde 50 euros por persona,
sin bebidas.
EN SPLIT
HOTEL PERISTIL
Polijana kralijice Jelene 6, Split
T. 385 (21) 329 070
www.hotelperistil.com
Ubicado en el corazón del Palacio Diocleciano, a un lado del que fuese el mausoleo del emperador, este hotel boutique con sólo doce habitaciones se pinta solo. Su restaurante Tifani ofrece muy buenos platillos del lugar y su servicio es íntimo y sinceramente agradable. El único problema es que en temporada alta resulta casi imposible reservar una habitación.
CLUB PULS 2
Buvinina 1, Split
Abierto de jueves a domingo,
de 20 a 5 horas.
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