Kirini, el hotelito secreto de Santorini
Fotografía de Rodolfo Lago

Kirini, el hotelito secreto de Santorini

De la negra piedra volcánica sobre el mar turquesa se cuelgan las blanquísimas casas-cueva del hotel Kirini, en la localidad griega de Oia, en Santorini. Un remanso para viajeros en busca de tranquilidad y un volcán para el romance: desde esta ladera escarpada que encara al Egeo se observan los mejores atardeceres de Grecia.
Después de la tormenta, la calma. Tras la mayor explosión volcánica en la historia de la tierra (ocurrida en 1500 a.C.), en el Egeo emerge una isla en forma de media luna llamada hoy Santorini, que mengua para acunar misterios y leyendas: el mito cuenta que podría tratarse de la Atlántida, aquella ciudad majestuosa que se hundió para siempre, según los Diálogos de Platón, donde se inmortalizaron las conversaciones entre Sócrates (470-399 a.C.) y sus estudiantes.

Platón cuenta que hubo una gran nación marítima, fabulosamente rica en maderas, metales y piedras preciosas, y que en el reparto de bienes que hicieron los dioses le fue entregada a Poseidón, dios del mar y las tempestades. Que allí vivieron los atlantes y que todo ese reino de esplendor fue destruido por la corrupción de sus habitantes que, además, intentaron sojuzgar a los pueblos vecinos. Después, la Atlántida fue tragada por el mar en un cataclismo irrepetible. ¿Inventaba el filósofo griego, que murió en el 347 a.C.?

Pues bien, hace tres mil quinientos años, en el 1628 a.C., el estallido de un volcán sepultó la avanzada civilización de Thera, una isla enorme de la que hoy quedan sólo huellas, vestigios de belleza incomparable, que ahora se conocen como la isla de Santorini, en las Cícladas. ¿Imaginó Platón a su Atlántida en Santorini o creó el mito del continente perdido con elementos reales de la destrucción de la isla?

HISTORIA VOLCÁNICA

Las Cícladas son desérticas y ventosas, se levantan en el Egeo cristalino como cabezas monolíticas que retozan bajo el sol radiante desde el alba de los tiempos, primitivas y blancas, invitantes. Y Santorini es la estrella del archipiélago: sus casas se asoman como aves marinas que se posan sobre las capas de roca negra y roja, producto de las erupciones del volcán.

El nombre proviene de la iglesia dedicada a Agia Irini (Santa Irene). Y la isla tomó su forma actual al hundirse la caldera del enorme volcán, con una extensión de 96 kilómetros cuadrados y 11 381 habitantes. Su capital es el pueblo de Thíra y su principal puerto el de Acinios. Su suelo principalmente es volcánico. Habitada al menos desde el 3000 a.C. por los fenicios, tiene su apogeo con los dorios del 2000 al 1550 a.C., año que interrumpió su desarrollo debido a la tremenda y apocalíptica explosión del volcán.

Las enormes masas de lava incandescente del volcán originaron los primeros cráteres sobre el suelo, cubrieron gran parte de la isla antigua e hicieron que la tierra se extendiera en el mar y formara un nuevo islote con forma de media luna y base circular. Siglos después de que la lava se apagara, surgió flora y fauna y fue nuevamente habitada por el hombre.

Santorini al oeste es escarpada y rocosa, con un gran precipicio sobre el mar, mientras que al sur desciende lentamente, formando una llanura fértil. Junto a Thíra, al sur, están Akrotiri y su recién desenterrado recinto arqueológico, que comprende un pueblo entero en perfecto estado, tal y como se encontraba en el momento de la explosión del volcán. Entre estos sitios destaca también el pueblo de Oia, desde donde se puede disfrutar de una singular puesta del sol, asomado desde el acantilado a las aguas del Egeo. Éste es un pueblo que conserva sus tradiciones en un ambiente sosegado, con casas de intensos colores sobre la blanca cal, con las cúpulas azules de las iglesias (se estima que hay más de 500 en la isla), los palacios y las casas señoriales.

EL HOTEL QUE SANTORINI MERECÍA
Entre montañas y todavía dormido en el tiempo, el hotel Kirini, construido apenas en 2005, se asoma sobre el extremo de un precipicio que mira el hueco dejado por el volcán. Este espacio se conoce como caldera, una superficie circular de mar con laderas que tienen una altura de entre 150 y 350 metros.

En el borde del acantilado, y en el costado noroeste de la caldera están ubicadas las blanquísimas casas-cueva del Kirini, adaptadas dentro de las viviendas excavadas por pescadores a principios del siglo pasado, y que todavía hoy conservan su estructura cavernosa.

La calidez de los 30 trabajadores del Kirini aflora en la recepción. Allí, Olga Kosmidou, graduada en lenguas, ofrece una copa de vino espumoso de Santorini al recién llegado, así como una lista con 17 periódicos —Le Monde, Financial Times, El País; “señale por favor los periódicos que desee en su habitación y, si no lo tenemos, haremos todo lo posible para conseguirlo”.

Las 19 suites, el restaurante gourmet y los empinados callejones que los conectan hablan de la forma de vida de sus antiguos habitantes, resguardados del fragor de las grandes ciudades, pero con todo el confort.

Las cálidas habitaciones metidas en las rocas son amplias, todas ofrecen un jacuzzi exterior y paredes blancas, y textiles de colores refrescantes, como el verde y el azul. En los baños, aguardan los aromas de los productos Hermès y, sobre todo, las infalibles vistas al mar.

La alberca en la que el agua se desborda es el preludio del azul del mar. Aunque el lugar es especial a cualquier hora del día por la dinámica del sol: se recomienda una cena a la luz de las velas cuando muere la tarde.

GRECIA EN EL PLATO
Thanasis Thenedius, chef del restaurante Basílico, y Danielle Lisa, sumiller, no dudan al señalar al vino blanco hecho con Asyrtico, la variedad más típica de Santorini, como uno de los mejores de Grecia y del mundo.

Pan, aceitunas, aceite de oliva, tomate y vino son los ingredientes básicos de la comida griega. Gracias a esta alimentación mediterránea, la abuela de Thanasis vivió 116 años. Por eso, para él la “primera curación del cuerpo es el alimento”, además de que cocinar “es química y física y también arte”.

La pesca en la bahía de Ammoudi, también en Oia, y el cultivo de los viñedos, son actividades que conviven con el turismo para satisfacer las necesidades de los múltiples restaurantes y la producción de los tradicionales vinos de Santorini.

Frescos y orgánicos, los productos del mar y la tierra de Santorini están presentes en el sofisticado menú del Basílico y sus huéspedes lo pueden disfrutar al probar la propuesta culinaria diseñada para vinos especiales de Grecia y el mundo. Kirini fue seleccionado en la Guía 2007 de Relais & Châteaux, por ser fiel a las “5 C”, cortesía, charme, carácter, calma y cocina.

Como salido de una postal, el Kirini invita al descanso y a la meditación pero también al asombro a través de cabalgatas, caminatas, submarinismo y vela. Así, las puertas de Kirini parecen abrirse sólo al mejor de los destinos.

KIRINI
T. 30 (2286) 071 214
www.kirini.com
Abierto de abril a noviembre.
Habitaciones desde 395
a 1 500 euros.

Si se viene del sur, a 200 metros
después de la entrada al pueblo
de Oia, en Santorini. En el lado
izquierdo de la calle.
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