El cielo y la tierra en el arte del bonsái
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El cielo y la tierra en el arte del bonsái

Puede que todos nos hayamos asombrado alguna vez por las formas miniaturizadas de los bonsáis. Pero nada se compara con la sensación de verlos en contexto en las colecciones de Japón, de la mano de quienes los cuidan, los trabajan y los adoran todos los días.
LOS MITOS DE CREACIÓN
Un hombre chino, en su apresurado camino a casa por la cima de una montaña, no puede evitar reparar en los árboles, nudosos, retorcidos, golpeados por la severidad del clima, aferrados tenazmente a la vida. Curioso sobre cómo pudieron sobrevivir a los vientos ululantes y al aplastante peso de la nieve y el hielo, llegó a la conclusión de que para mantener la vida debían tener poderes mágicos. Excitado, se apresuró a llevar consigo su nuevo descubrimiento: un pequeño árbol que colocó con mucho amor en una maceta pequeña dentro de su casa. ¡Ahora él también tendría los poderes de la resistencia y de una larga vida! Y se habría convertido en el primer artista de lo que hoy conocemos con el nombre japonés de bonsái.

Durante la dinastía Han (del 206 a.C. al 220 d.C.), se decía en cambio que un emperador había tenido tantas ganas de mirar todo su imperio desde la ventana de su palacio, que diseñó en su jardín una réplica en miniatura de su dominio: árboles, colinas, valles, ríos y lagos. Ese arte del paisaje era sólo suyo y si encontraban a alguien que poseyera algo similar, lo mandaba matar.

Y está la historia de Guen Ming, un poeta y funcionario público que vivió en China durante el siglo IV d.C. Al retirarse, comenzó a cultivar crisantemos en pequeñas macetas y algunos dicen que éstos dieron lugar al nacimiento del bonsái 200 años después en la dinastía Tang.

Llamado “P’en tsai” en chino, o literalmente “planta de bandeja”, es posible que los orígenes de esta forma de arte sean un misterio para siempre. Sin embargo, las primeras referencias conocidas de árboles diminutos se remontan a la dinastía Tang, y fueron descubiertas en dos murales de la tumba del príncipe Zhang Huai, quien murió en el año 706 a.C. En uno de ellos, un sirviente lleva un paisaje miniatura y, en el segundo, otro sirviente lleva una maceta con un árbol. Los P’en tsai representarían también troncos en espiral semejantes a dragones, o doseles que flotaban como nubes. Cultivar un solo espécimen de un árbol en un contenedor pequeño era la expresión última de la armonía entre el cielo y la tierra, el hombre y la naturaleza.

Logró llegar hasta Japón durante el periodo Heian (794–1191 d.C.), y lo más probable es que lo llevaran emisarios japoneses enviados a China para estudiar las artes y oficios, el idioma, la literatura y el budismo. Para los monjes, los pequeños árboles eran sagrados, “escaleras frondosas que conducían al cielo” y el cuidado de su forma miniatura ofrecía un momento para la contemplación y la disciplina personal, elementos clave del budismo zen. Alrededor de la misma época estas plantas de maceta se convirtieron también en símbolos de honor y prestigio entre la aristocracia —cuidarlas se consideraba como una actividad elegante para cualquier buen samurai— y la manía por los bonsáis se convirtió en el último grito de la moda; algunos historiadores han notado que los árboles se vendían y compraban a precios exorbitantes.

Para el siglo XVII los bonsáis habían llegado a las masas y desde un campesino hasta un shogun cuidaban de su árbol. Su esencia se había reducido a sus fundamentos, al principio de llevar “el universo a un espacio más pequeño”. Al incrementarse la demanda por los árboles silvestres esta forma artística también creció, hasta inscribirse de manera permanente en la cultura y las tradiciones de Japón.

Para mediados del siglo XIX, Japón abrió sus puertas al exterior y, con ello, se propagó la voz de estos árboles diminutos que imitaban a la naturaleza. Cuando se presentaron en la Exhibición Mundial de París de 1900, el secreto ya era público. La comercialización del bonsái estaba a punto de comenzar.

VERDAD, BONDAD Y BELLEZA
El departamento era como la mayoría de las moradas de clase media en la ciudad. Bloques de concreto de 10 pisos de alto con 12 planos de viviendas de 2 recámaras cortados con la misma tijera, con una vista a las luces brillantes de la ciudad que se extendía hasta donde llegara la mirada. Incluían un balcón a lo largo de la sala de estar. Cada día, cuando el señor Yamamoto llegaba a casa proveniente de la ajetreada fábrica de autos en la que trabajaba, se cambiaba la ropa antes de preparar una pequeña tetera. Mientras que las tiernas hojas verdes mezclaban su aroma con el agua perfectamente caliente, abría las puertas corredizas para ver su colección de tres bonsáis, cada uno en su propia maceta laqueada, y cada uno recibía con diligencia los cuidados que necesitaba. Eran su pequeño pedazo de sosiego en un entorno urbano por demás frenético.

Al contrario de la creencia popular, los bonsáis no son árboles cuyo tamaño se ha reducido por prácticas genéticas crueles que confinan a la raíz a crecer en recipientes pequeños. Se trata de árboles o plantas comunes, usualmente de hojas pequeñas, a los que se poda meticulosamente para lograr esa impresión de ser una entidad independiente y única y, al mismo tiempo, parte de la naturaleza. El árbol suele colocarse descentrado dentro del recipiente, no sólo para crear una línea asimétrica placentera a la vista sino, lo que es más importante, porque el centro se considera como el lugar en donde se reúnen el cielo y la tierra, y no debe perturbarse. También es una expresión de la relación armoniosa entre una energía que da vida (el alma), el artista (el hombre) y el árbol (la naturaleza).

De acuerdo con la tradición, se necesitan tres virtudes para la creación del bonsái: Shin (verdad), Zen (bondad) y Bi (belleza). Esto no es para los tímidos ni para los impacientes: un bonsái hermoso requiere una dedicación acendrada. Es la versión más refinada del esmero en el matrimonio entre el arte y la horticultura.

Antiguamente, se tomaban los árboles del entorno salvaje, pero con el incremento en la demanda de árboles diminutos comenzaron a surgir viveros. Hoy día, aún se puede comenzar con árboles a los que se ha impedido el crecimiento de manera natural o con árboles jóvenes, pero también son comunes los bonsáis de semillas o podados. Y, aunque técnicamente podría entrenarse a cualquier árbol o arbusto, se considera que algunos son mejores que otros. En Japón, la tendencia es hacia las plantas oriundas tales como el pino, las azaleas y el arce (maple, en inglés); este último se considera la planta “original” del bonsái; no obstante, con la propagación del arte, los seguidores de otras regiones han descubierto plantas nativas que tienen la forma adecuada, como el junípero californiano, del oeste de Estados Unidos.

Para mantener los árboles en su tamaño miniatura (de los 5 centímetros al metro de alto), es necesario reducirlos y darles forma. La reducción se logra mediante la poda extensiva tanto de las ramas como de las raíces, aunque uno debe conocer a su árbol. Algunos bonsáis necesitan un periodo de letargo durante el cual no crecen nuevas hojas ni raíces, y podarlo sería un desastre. Además, un suelo echado a perder para un bonsái es doblemente nocivo. Cada año o dos debe cambiarse la tierra por completo para mejorar las condiciones de vida.
Una vez que el tamaño se ha resuelto, el siguiente paso es darle forma. A pesar de que algunas especies son demasiado frágiles para moldearlas de manera adecuada, a la mayoría de los bonsáis se les sujetan las ramas y los troncos con alambre de cobre o aluminio hasta lograr la forma deseada. A veces se les cuelgan pesos pequeños de las ramas para lograr el efecto de pandeo que hace que el árbol se vea más viejo de lo que es, lo cual aumenta su valor. La edad y madurez pueden también simularse mediante tratamientos de extirpación de la corteza que dan la ilusión de un proceso natural de cicatrización. De hecho, los bonsáis pueden vivir durante cientos de años, pero para nosotros, seres mortales de corta vida, quienes buscamos irónicamente volver atrás el reloj tanto como nos sea posible, ésta es una ocasión para apresurarlo.

TRATADO DE ESTÉTICA MINIATURA

Tengo un bonsái frente a mí. Parece una muñeca en su maceta laqueada, como si fuera falso. Toco una hoja. No es de plástico. Recorro la corteza con el dedo. Se siente real. Imagino que mido unos cuantos centímetros de alto; si viera este árbol a campo abierto ¿pensaría que es hermoso? Probablemente sí, pero ¿es esto arte? Existe un criterio predeterminado para observar los bonsáis con ojo crítico. Uno de ellos es qué tanto de las raíces aparece sobre la tierra, un signo de edad y belleza. El crecimiento del tronco, es decir la forma de la base y cómo crece el árbol a partir de esa base, es también significativo. Las ramas son otro detalle, especialmente por la forma en la que están arregladas. Para lograr un efecto artístico uno siempre debe tener en mente la proporción y la armonía en el color, tamaño y forma del árbol, porque con todos los estilos para escoger ¡uno puede confundirse un poco!

Estoy confundida. De pie en el jardín del Ryokan no logro distinguirlos. Cierto, algunos árboles están inclinados a un lado. Algunos parecieran haberse sometido a un acto contorsionista y otros parecen réplicas en miniatura de árboles que he visto en el campo. Como si detectara mi horror, la señora Ota toma mi mano mientras me guía por el jardín. “Hay muchos estilos diferentes de bonsái, pero lo que es importante recordar es que el bonsái es una planta viviente y, por lo tanto, sus características naturales pueden determinar que estilo o estilos tomará. Sólo con muchos años de experiencia puede uno siquiera considerar la “experimentación”, es decir, disciplinar al árbol fuera de su forma natural...”

Me empuja suavemente hacia una conífera y me pregunta qué forma tiene. Tartamudeo: “Um, ¿recta?”. Aplaude jubilosa y declara: “Correcto. A eso le llamamos Vertical formal. Como puedes ver, el tronco se estrecha desde su base hasta el ápice, y las ramas son perfectamente simétricas. Podrías ver este árbol desde cualquiera de sus lados y se vería igual”. Y agrega: “No es fácil de lograr...”. Nos acercamos hacia un pino cuyo tronco está ligeramente curvo en la mitad, con ramas simétricas que se hacen más estrechas conforme crecen. “Parece muy similar al primero”, menciono. Ella asiente: “Esto es lo que llamamos un Vertical informal. Lo que es crucial observar aquí es cómo la copa del árbol se asienta perfectamente sobre la base”. Al notar dos arces japoneses con dos formas diferentes, la señora Ota de inmediato viene a mi rescate: “Esto es un ejemplo perfecto de cómo los mismos árboles pueden adoptar estilos diferentes. En el primero ves cómo el tronco se inclina hacia la derecha, como simulando haber estado expuesto a vientos fuertes durante su juventud: a éste se le conoce como Estilo inclinado y se logra mediante el uso de alambres o... ¡con un truco! Al poner la maceta inclinada con cierto ángulo, el árbol crecerá también así”. Se acerca al segundo arce cuyas ramas se desparraman más allá del límite de la maceta. “Es un estilo muy estético; su tronco es como un arroyuelo que serpentea montaña abajo. Esto se logra con el uso de alambres que crean una U invertida en el tronco, mientras las ramas se mantienen uniformes y horizontales. También notarás que la maceta es mucho más alta y estrecha que las otras: eso sucede con los estilos Cascada y Semicascada, que es el mismo que el primero, pero en éste las ramas apenas sobrepasan el borde de la maceta.” Siento que le estoy encontrando el modo a estos pequeños árboles. Entonces, percibo otros cuantos contenedores con un árbol al que pareciera que le pasó una tormenta encima, otro con un tronco extremadamente desnudo, y otro más con un grupo de árboles. Cuando me dispongo a abrir mi boca inquisidora, la señora Ota me sosiega con suavidad y con un guiño me dice: “Ya conoces los fundamentos. Ahora, disfruta de los árboles”.

EL SALVADOR DE LOS BONSÁIS
Quisiera hacer énfasis en que el bonsái
no es un mero diseño de la naturaleza,
sino una reflexión del corazón del creador.
KYUZO MURATA (1971)

El joven Murata, que sufría de un padecimiento médico, logró llegar a Omiya, cerca de Tokio, un lugar conocido por las cualidades curativas del agua, tanto para los humanos como para los bonsáis. Varios residentes habían ya dado inicio al arte de cultivar bonsáis y, en poco tiempo, a Kyuzo “le había picado el gusanito”. Pronto demostró tener “mano verde”, y en 1926 estableció su jardín, Kyuka-en, el Jardín de las nueve nubes. Murata no sólo llegó a hacerse cargo del cuidado de los jardines de bonsáis del hogar imperial en 1931, sino que trabajó también con Musakuni I en el desarrollo de herramientas especiales. Eran buenos tiempos para los cultivadores de bonsáis y, entonces, llegó el azote de la Segunda Guerra Mundial.

El reclutamiento para la guerra y el énfasis en cultivar alimentos le hicieron sombra al cuidado de los árboles diminutos, y el número de personas dedicadas al bonsái se redujo de manera dramática hasta que sólo quedó uno de ellos, Murata. Tras rechazar el exhorto de los oficiales para que utilizara sus energías en el cultivo del arroz, y con la ayuda del general a cargo del distrito, amigo de la familia, recibió la luz verde. Rápidamente buscó y reunió árboles de otros jardines para guardarlos en lugares seguros, pero no pudo recoger todos. Muchos sucumbieron a la destrucción de las incursiones aéreas sobre Tokio y, para cuando la guerra había terminado, la situación no había mejorado para quienes cultivaban los bonsáis. Un enorme impuesto de lujo desanimó a la gente a adquirir árboles y Murata no tenía dinero para cuidarlos. Estaba a punto de darse por vencido. Entonces, un día llegó un jeep. Un teniente estadounidense y un reportero de un diario, ambos horticultores, habían oído de los famosos jardines de bonsáis de Omiya y preguntaron si podían visitarlos. Sus cálidos comentarios alentaron a Murata a aguantar un poco más. Poco a poco los cultivadores volvieron. Y para el momento de la muerte de este gran maestro, en 1991, Kyuka-en albergaba más de mil árboles y algunos consideran que es la colección más refinada del mundo.

En la actualidad, Kyuka-en todavía puede visitarse en el Omiya Bonsái Village, conocida como la Ciudad del bonsái, hogar de más de 10 hermosos jardines que producen algunos de los árboles más envidiados del mundo. Entrar a estos jardines es volverse parte de un mundo liliputiense: un grupo de baldosas de piedra conduce a través de una puerta de madera hacia el sonido del agua que fluye de fuentes cercanas. Las aves gorjean en lo alto, escondidas en las hojas de los contrapartes más grandes de los bonsáis, esperando con paciencia su oportunidad para descender en picada sobre las suculentas bayas que cuelgan con firmeza de un bonsái.

Me siento como un gigante, torpe entre expresiones tan delicadas de la naturaleza, pero conforme camino a lo largo de filas y más filas de los colores otoñales del jardín caducifolio de Fuyo-en, las coloridas azaleas de Fukushima-en, o las plantas torcidas de la montaña de Mansei-en, la torpeza se desvanece. Sólo brevemente.

LO PEQUEÑO DE LO PEQUEÑO
Mi primer encuentro con un bonsai shohin (miniatura) me hizo tomar conciencia de una disparidad de tamaños aún mayor. Al caminar a través de las puertas abiertas del Miyako Messe en Kioto, durante el espectáculo anual llamado Gafu-ten, me impresionó la simplicidad de las exposiciones. Con alrededor de 180 kazuri, o lugares reservados para la composición de 3 a 7 elementos, cada uno lucha por lograr su propio equilibrio armónico. Dispuestos contra un trasfondo ralo, a veces con tan sólo un rollo de papel colgado del muro, una alfombra azul brillante que imita al océano y flanqueados por pantallas de papel de arroz, cada kazuri crea su propia atmósfera. En uno de ellos, un arce tridente está de pie en una mesa baja y pequeña, en posición erguida, su tronco una base masiva para sus ramas formadas a la perfección, de las que apenas comienzan a brotar hojas. En otro, una base de madera delicadamente labrada extiende hacia el piso las raíces de un celastro. Mientras que esta enredadera leñosa serpentea hacia afuera y por encima del borde de su contenedor de vidrio, mis ojos se sienten atraídos por las bayas escarlata que brotan tumultuosas de sus cáscaras amarillas. El comportamiento tenaz de un pino negro japonés se ve contrarrestado por su lento movimiento en cascada que desciende hacia la izquierda, mientras sus agujas verdes se desparraman en grupos que salen de las ramas, y una diminuta haya japonesa se mantiene resueltamente sola, con su tronco blanco que le cede el paso a las ramas finamente afiladas.

Me dirijo de la exposición principal hacia la siguiente sala con obras maestras de bonsáis. Llamados yuga bonsái, se les juzga a partir de un conjunto de requisitos estrictos que incluyen el desempeño, la combinación de la maceta, el equilibrio del árbol y su individualidad. No me decepcionan. A tan sólo 15 centímetros de altura, me da la bienvenida un persimonio japonés. Su tronco torcido se eleva verticalmente, después desciende en cascadas hacia una corriente de ramas que parecen enredadas y fluyen en sentido horizontal, mientras que tres frutas diminutas le agregan un toque de color emplazado a la perfección. Un kumquat (naranjo enano) se sitúa en una posición Vertical informal, con una explosión de color en sus ramas debido al verde brillante de sus hojas que envuelven las frutas amarillas y, en una maceta de terracota, un junípero chino avala su naturaleza robusta, su tronco ancho y ondulante se yergue hasta tocar el cielo, sus ramas como los picos de montañas de piedra caliza, su follaje muy comprimido como una suave cubierta de nubes en una mañana brumosa. Por un momento, empapada de una sensación de serenidad y paz, siento que estoy, como ellos, entre el cielo y la tierra.
*Traducción de Diana Goldberg

EXHIBICIONES TEMPORALES EN JAPÓN

TOKIO
KOKUFU-TEN
En febrero
La exhibición más antigua y prestigiosa del mundo tiene lugar cada año en el Museo Metropolitano de Arte de Tokio y es patrocinada por la Asociación Nipona de Bonsáis.

SATSUKI FESTIVAL
Principios de junio
Este evento al aire libre dura siete días en el Ueno Park y es la exhibición más importante de azaleas satsuki en flor en todo Japón. Se venden plantas y todo lo necesario para cultivarlas.

KANUMA
KOJU-TEN, EXHIBICIÓN DE AZALEAS SATSUKI
En enero
Excelente exhibición de azaleas satsuki en el Kaboku Center de Kanuma, considerada como la “capital de las azaleas”.

KANUMA SATSUKI FESTIVAL
En mayo
Ésta es la segunda exhibición más grande en el país de azaleas satsuki, también en el Kaboku Center, con más de 1 106 variedades de todas formas y colores.

KIOTO GAFU-TEN
En enero
Ésta es una obligación para los amantes de los shohin (bonsáis miniatura), pues se muestran unos 200 de menos de 20 centímetros de altura en el Miyako Messe.

TAIKAN-TEN
Fines de noviembre
La muestra más importante de fines de la temporada para ver bonsáis, azaleas satsuki y suiseki (un arreglo de piedra natural que ejemplifica la naturaleza), también en el Miyako Messe.

EXHIBICIONES PERMANENTES EN JAPÓN

TOKIO

MUSEO SHUNKA-EN
Nihori 1-29-16
Edogawa-ku
Martes a domingo
de 10 a 17 horas.
Entrada general: 7 dólares (incluye té).

Construido a lo largo de 15 años en la residencia privada del artista de bonsái Kobayashi Kunio, este museo tiene más de 2 mil piezas relacionadas con la disciplina, entre ellas árboles de más de 500 años.

MUSEO TAKAGI BONSAI
1-1, Gobancho, Chiyoda-ku
www.bonsaimuseum.org
Martes a domingo
de 10 a 17 horas.
Entrada general: 7 dólares
(con una bebida gratis).

Es el primer museo del bonsái en Japón, con plantas, recipientes y, en el octavo piso, grabados con bloques de madera con motivos del bonsái.

CERCA DE TOKIO

OMIYA BONSAI VILLAGE
Bonsai-cho, Saitama-shi, Saitama
De 9 a 17 horas, cierra los jueves.
Precio de entrada variable.

Fue establecido en 1925 por productores de bonsáis que se mudaron de Tokio tras el terremoto de 1923. Alguna vez tuvo 30 casas, y ahora hay más de 10 abiertas al público. El Great Bonsai Festival es del 3 al 5 de mayo.

TOKONAME (AICHI)
YAKIMONO-SANPOMICHI
(PASEO DE LA CERÁMICA)
Dos rutas llevan al visitante por los principales hornos y tiendas de cerámica de Tokoname, conocido desde el siglo XII por sus macetas de bonsáis, floreros y juegos de té. La feria de la cerámica se celebra cada año el último fin de semana de agosto.

KAMITAKI (NAGANO)

MUSEO TAIKAN
10-20 Dainichido, Obuse-machi
Miércoles a domingo
de 9 a 16 horas.
Entrada general: 5 dólares.
Sus 5 secciones muestran las diferentes auras del espíritu japonés, como los bosques de Hokkaido y la vieja capital de Miyabi. El señor Shinji Suzuki cambia el arreglo de las plantas todos los días.

FUERA DE JAPÓN

ESTADOS UNIDOS
BROOKLYN BOTANIC GARDEN
1000 Washington Avenue
Brooklyn, Nueva York
www.bbg.org
De mediados de marzo a octubre: martes a viernes de 8 a 18 horas; fines de semana desde las 10 horas. Noviembre a marzo: martes a viernes de 8 a 16:30 horas; fines de semana
desde las 10 horas.
Entrada general: 8 dólares.

Tiene una de las más hermosas colecciones de bonsáis en el mundo. De hecho, es la segunda más grande fuera de Japón, con algunos especímenes de más de 100 años.

SINGAPUR

CHINESE AND JAPANESE GARDENS AT JURONG LAKE
1 Chinese Garden Road, Singapur
Diario de 9 a 17 horas.
Entrada general: 3 dólares.

Miles de bonsáis estilo penjing se exhiben en el jardín de Suzhou.

ESPAÑA
MUSEO DEL BONSÁI
Parque Arroyo de la Represa
Av. Del Dr. Maíz Viñal
Marbella

Abierto todos los días,
mañana y tarde.
Entrada gratuita.

Está considerada como una de las mejores colecciones de bonsáis en Europa por la belleza y la edad de algunos de sus árboles.

CANADÁ
MONTREAL BOTANICAL GARDEN
101 rue Sherbrooke Est, Montreal
www2.ville.montreal.qc.ca/jardin/en/menu.htm
De noviembre a mediados de mayo de 9 a 17 horas; de mayo
a septiembre hasta
las 18 horas; septiembre
y octubre hasta las 21 horas.

Precios variables.
Cinco colecciones de bonsáis penjing de China, Japón, Vietnam y Estados Unidos.

AUSTRALIA
THE BONSAI HOUSE
Mt. Coot-tha Road, Toowang, Brisbane, Queensland
Lunes a viernes de 10 a 12 horas y de 13 a 15 horas; sábados y domingos de 10 a 15 horas.
Entrada libre.

Exhibe cientos de árboles, entre ellos higueras, coníferas y azaleas.

REINO UNIDO
BIRMINGHAM BOTANICAL GARDENS AND GLASSHOUSES
Westbourne Road
Edgbaston, Birmingham
www.birminghambotanicalgardens.org.uk
Lunes a sábados de 9 a 16 horas; domingos desde las 10 horas.
Entrada general: 13 dólares.

Estos jardines tienen una colección que sirve para rotar constantemente los 25 árboles que mejor ilustran las especies de bonsái y sus formas.
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Hyatt

¿Qué hay de nuevo?

Carlos Saldanha

Reconocido como el cineasta del año por CinemaCon, es considerado como el brasileño más exitoso de todos los tiempos en Hollywood. Pero el camino que forjó este cineasta carioca no tuvo un comienzo fácil. Con la saga de La Era del Hielo y Rio, Saldanha se consagró con los grandes de la animación.
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