Kirstenbosch, un muestrario de rarezas sudafricanas
El fabuloso jardín botánico de Ciudad del Cabo no necesita más que el contacto de un par de ojos para apantallar. Pero quien quiera entender más a fondo la colección de plantas locales —follajes plateados, aves del paraíso amarillas y especies de hace 280 millones de años— encontrará aquí una útil guía para hacerlo.
La icónica silueta de Table Mountain en Ciudad del Cabo es famosa a nivel mundial. Y casi tan conocido como la propia montaña es el jardín botánico ubicado sobre sus laderas orientales. Kirstenbosch —el nombre lo heredó de la finca que lo precedía—, es uno de los principales jardines botánicos en todo el mundo, pero en realidad es mucho más que eso. Enmarcado gloriosamente por los empinados riscos de la montaña es, sencillamente, uno de los más hermosos. Ninguna visita a Ciudad del Cabo estaría completa si no se pasa, por lo menos, media jornada ahí. Sin embargo, para disfrutar verdaderamente todo lo que puede ofrecer, se necesita mucho más tiempo.
Kirstenbosch fue concebido como el primer jardín botánico en el mundo dedicado específicamente al cultivo de plantas endémicas, es decir, que crecen de manera natural en algún lugar. Y el lugar en cuestión es la región floral del Cabo. Así, gran parte del jardín está dedicada al cultivo de las enigmáticas plantas fynbos (que en afrikáans significa “arbustos magníficos”) que incluyen especies como las proteas, que los europeos confundieron con alcachofas de colores, y las ericas, con flores maravillosas. Pero además se cultivan con un éxito similar en el jardín muchas plantas florales de otras zonas de Sudáfrica.
EL CABO DE LAS FLORES
Las plantas que crecen de manera natural en la orilla sur-occidental de África son muy diferentes de las que crecen en el resto del continente —y por supuesto, en cualquier otro lugar del mundo—. En una zona que abarca tan sólo el 4% del sur de África se encuentran nueve mil especies de plantas, muchas de ellas rarísimas, otras de una belleza única y que, en conjunto, componen la Región Floral del Cabo, la cual abarca las cadenas montañosas que corren paralelas a los bordes costeros al sur y al oeste del Cabo, así como los valles secos entre éstas y los propios cabos costeros. Última cifra: 69% de las especies de flora del Cabo son endémicas; es decir, sólo pueden encontrarse ahí.
Las plantas más comunes de esta región son los fynbos, que varían mucho entre sí, pero se dividen básicamente en tres familias: la de proteáceas, que incluyen una asombrosa diversidad de matorrales; la de ericáceas, o matorrales de brezos que, cuando dan flor, tiñen el paisaje de rosa o rojo, y las restiáceas, que desempeñan un papel semejante al de los pastos en la sabana africana y al de las praderas más al norte. Dentro de la variedad de fynbos existe una gran cantidad de bulbosas que son muy llamativas cuando florean, como la arlequina o esparaxis, que da unas flores muy delicadas, o las lilis Guernsey, que en otoño producen unas flores anaranjadas o color rosa oscuro y que se cultivan en todo el mundo.
EL SEÑOR DE LAS PLANTAS
En 1903 el doctor H. H. W. Pearson llegó a Ciudad del Cabo, procedente de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, para trabajar como profesor de botánica en el entonces South African College (más tarde se convertiría en la Cape Town University). La belleza y diversidad de las plantas locales lo impresionaron tanto, que comenzó una campaña para promover el establecimiento de un jardín botánico dedicado al estudio de especies sudafricanas. Diez años más tarde, el gobierno donó la finca Kirstenbosch, una granja que en ese entonces estaba abandonada, para la creación del nuevo jardín, y el profesor Pearson se convirtió en su primer director.
Uno de sus principales intereses botánicos fueron las cycadas, muy semejantes físicamente a las palmeras y a los helechos (aunque en realidad no tienen relación alguna), y su colección de estos fósiles vivientes que aparecieron en la Tierra hace 280 millones de años (mucho antes que cualquier flor), y que producen grandes conos al final de los tallos, muy pronto se transformó en lo que hoy es el Anfiteatro de las cycadas. Éstas dominan el panorama sobre la sombría cañada que se construyó y cultivó en ese tiempo.
Por esa cañada, y sobre una vereda empedrada, corre un arroyo de aguas cristalinas que nace de un ojo de agua, cuyas riberas están sembradas con plantas de sombra. Lamentablemente, Pearson no alcanzó a ver mucho más del desarrollo del jardín, pues murió de neumonía en 1916, a los 46 años. Su tumba está ubicada en lo alto de la cañada, marcada con una lápida bajo la sombra de un enorme y añejo cedro Atlas, que fue obsequio de los Kew Gardens británicos; cuando llegó a Kirstenbosch, justo tras la muerte de Pearson, era un arbolito joven. R. H. Compton sucedió a Person en 1919, procedente también de la Universidad de Cambridge. Bajo su dirección se estableció la mayor parte de las estructuras principales del jardín, que ya estaban listas para 1926.
En la parte más alta del jardín se encuentran dos importantes colecciones de plantas, los jardines de proteáceas y ericáceas, que exhiben varios ejemplares de estas dos familias de fynbos. Los árboles plateados (pertenecientes a la familia Protea), con su brillante follaje argentado, son inconfundibles. Algunas agrupaciones de estos raros árboles también crecen espontáneamente justo arriba del jardín proteáceo.
La mayor parte de las proteáceas y también algunas ericáceas florean durante el invierno y la primavera. Una de las que crecen en el jardín es la Erica verticillata, ya extinta en su hábitat natural en la península del Cabo, pero que aquí da largas flores rosas de forma tubular. La gran cantidad de especímenes de esta hermosa planta en el jardín es un ejemplo de la importante función de Kirstenbosch y de otros jardines botánicos en Sudáfrica: la conservación ex situ de plantas raras y amenazadas. En un pequeño jardín cerca de la entrada superior se encuentran en exhibición permanente muchas otras plantas en peligro de extinción.
Una adición relativamente reciente, completada apenas en 1992, es el jardín Restio, contiguo a la Rycroft Gate, una entrada peatonal en la esquina sur-oriental de los jardines. Este lugar muestra todo el potencial horticultor de los restios, también conocidos como carrizos del Cabo. Su desarrollo fue posible gracias a las investigaciones realizadas en Kirstenbosch, que permitieron que estas bellas plantas se propagaran por primera vez con facilidad.
Aunque Kirstenbosch recibe precipitaciones pluviales relativamente abundantes, muchas de las plantas suculentas, que almacenan en sus hojas carnosas el agua que podría llegar a faltarles en las regiones más secas del sur de África, se pueden cultivar con éxito aquí. Arriba del camino principal que lleva del centro de visitantes a la entrada superior, Mesemb Banks y Mathew’s Rockery están cubiertos por una gran cantidad de suculentas de todas partes del sur de África. Durante la primavera, esta parte de Kirstenbosch le hace un eco espectacular a las flores exhibidas a lo largo de la costa occidental del Cabo y de Namaqualand, pues las camas de margaritas florecen con múltiples colores. Y entre fines de septiembre y el inicio de octubre, les sigue el vívido y sincrónico florecimiento de las suculentas mesembs. Es también la época en la que los extensos plantíos de strelitzias (aves del paraíso) florecen a más no poder. En Kirstenbosch se cultiva una variedad amarilla particular bautizada como Oro de Mandela en honor al líder sudafricano.
A comienzos del verano florecen los cultivos masivos de watsonias, con sus flores cilíndricas color rosa o anaranjado, seguidas por las distintas variedades de agapantos azules. Todas estas exhibiciones ocurren en el exterior, pero las áreas sombrías de Kirstenbosch también tienen su oportunidad de llamar la atención durante la primavera, cuando las clivias fulguran a media luz, y de nuevo durante el otoño, cuando el plectranto (o planta del dinero) florece con visos de delicados tonos azules, lilas y rosas.
SI LOS ÁRBOLES HABLARAN
Arriba y abajo del camino principal se extienden amplios prados, que suelen utilizarse para picnics y para que los niños jueguen a sus anchas. También hay más conjuntos especiales de plantas, como la sección de la península, con fynbos de esa zona del Cabo, y plantas acuáticas encontradas a lo largo del riachuelo que viene de la cañada y alimenta varios estanques. Alrededor de los prados y plantíos adyacentes se encuentran sembrados varios robles ingleses centenarios, que sobrevivieron desde la época en la que Kirstenbosch era una granja, y que coronan algunas esculturas masivas de piedra labradas por escultores zimbabuenses contemporáneos.
Otras partes del jardín tienen historias interesantes. En los primeros días del establecimiento de la Dutch East India Company en el Cabo en 1670, cuando Van Riebeeck era gobernador, se plantó un seto de almendros salvajes autóctonos para ahuyentar a la tribu Khoi, que traía a sus animales a pastar. Algunos de los árboles originales del seto de Van Riebeeck todavía pueden contemplarse en varias partes del jardín, así como en el bosque que está más arriba en la ladera.
En 1895, Cecil John Rhodes, un magnate minero, compró un área bastante extensa en la ladera oriental de Table Mountain. A todo lo largo de una antigua vereda para carretas, plantó una alameda con diversos árboles exóticos. Hoy, en Kirstenbosch, parte de ella sobrevive con el nombre de Camphor Avenue. A la orilla del camino, los árboles de Camphor que Rhodes compró originalmente a China proporcionan una densa sombra bajo la que florecen los helechos, las clivias, los plectrantos y los streptocarpus.
Para estar en el sur de África, Kirstenbosch tiene una gran precipitación pluvial. Muchas de las plantas de esta región no pueden cultivarse exitosamente fuera de aquí, como las bulbosas del Cabo, que son una de las maravillas de la flora en estas partes del mundo.
El Conservatorio, construido hace 11 años, es una gran edificación de cristal adyacente al centro de visitantes que sirve de vitrina para éstas y otras plantas. Un baobab —el árbol que muchos conocimos del lápiz de Saint-Exupéry en El Principito— figura como protagonista entre una variedad de suculentas de todos tamaños. Entre ellas, una colección fascinante de suculentas enanas revela un universo diminuto que muy pocas personas logran descubrir en estado silvestre.
El jardín botánico de Kirstenbosch tiene un total de 40 hectáreas; sin embargo, la finca de Kirstenbosch cubre 530 hectáreas de ladera montañosa. Otras áreas naturales de Table Mountain y de la península forman parte del Table Mountain National Park que, junto con la finca Kirstenbosch y otros terrenos privados, constituyen un imán para visitantes y una bendición para los habitantes de Ciudad del Cabo.
OTROS JARDINES
La sección del Cabo de Buena Esperanza, en el límite sur de la península, con su espléndida línea costera, conserva un área extensa de fynbos. Y en las afueras de Ciudad del Cabo, a unas cuantas horas en auto (se puede ir y regresar en un día) hay dos jardines botánicos más: Karoo Garden, en los linderos de Worcester, a 135 kilómetros por un paisaje de gran esplendor, tiene plantas de zonas secas, especialmente suculentas. Durante octubre, este jardín brilla con los colores de los mesembs en flor. A casi la misma distancia, pero por un hermoso camino montañoso que bordea la costa en la Kogelberg Biosphere Reserve, se halla el jardín Harold Porter en Bettys Bay, lugar en el que las plantas fynbos se enmarcan en un paisaje de montaña donde crecen de manera silvestre. La Kogelberg Reserve es el corazón de la región floral del Cabo que, además de ser extraordinariamente rica en especies de plantas, tiene una belleza excepcional.
*Traducción de Hilda Domínguez
KIRSTENBOSCH BOTANICAL GARDEN
Rhodes Drive, Newlands
Private Bag X7
7735 Claremont
Sudáfrica
T. 27 (21) 799 8899
www.nbi.ac.za
Abierto todos los días de 8 a 19 horas (septiembre a marzo) y de 8 a 18 horas (abril a agosto).
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR
Los taxis en Ciudad del Cabo suelen ser caros, pero el Citi Hopper Shuttle Service (T. 27 (21) 934 4440) y los Taxis Rikki’s (T. 27 (21) 423 4888) proporcionan un servicio razonable. Para los que llegan en auto hay estacionamiento en el centro de visitantes o en la entrada superior. En la Rycroft Gate, sobre el extremo sur de Kirstenbosch, la entrada es exclusivamente peatonal.
Una lectura recomendable para quienes lean en inglés es Kirstenbosch: A Visitor’s Guide to South Africa’s Famous Botanical Garden por Colin Paterson-Jones (autor de esta nota) y John Winter, publicada por Struik. Disponible en las librerías de Kirstenbosch y otras más en Ciudad del Cabo.
SEGURIDAD PERSONAL
Sudáfrica tiene una elevada tasa de violencia y crimen. Los paseantes que quieran caminar por el paraje natural de la finca justo arriba de los jardines, y subir a la montaña, deben ponerse en contacto con la oficina de información de Kirstenbosch antes de emprender el paseo.
Table Mountain tiene una red de veredas para excursiones que se identifica fácilmente. Éstas están trazadas en el mapa Sanlam “Approved Paths on Table Mountain”, disponible en las librerías de Kirstenbosch.
Existen sólo tres rutas seguras para caminatas desde Kirstenbosch hacia la montaña.
Siempre calce botas adecuadas (nunca sandalias) y lleve ropa extra para climas cálidos y para resistir el viento y la humedad. Lleve su teléfono celular con la pila cargada. Siempre lleve agua.
Emergencias en Kirstenbosch las 24 horas: T. 27 (21) 799 8616. Seguridad en la montaña: T. 086 110 6417 o 27 (21) 957 4700.
CLIMA
Kirstenbosch tiene un clima templado con una precipitación promedio anual de 1 450 mm durante las temporadas de invierno (de junio a mediados de agosto) y primavera (de mediados de agosto a fines de octubre). El mes de agosto es el más frío con un promedio de temperatura mínima de 8.5˚C y máxima de 17˚C. Los veranos (fines de octubre a fines de febrero) pueden ser muy calurosos, con temperaturas máximas ocasionales de alrededor de 30˚C. Debido a la baja humedad general, el sol quema mucho, por lo que hay que usar protección solar.
VISITAS GUIADAS
Los martes, jueves, viernes y sábados por la mañana, dependiendo del clima, se ofrecen caminatas guiadas gratuitas por el jardín. Los tours que ofrecen los guías de Kirstenbosch pueden reservarse para individuos y grupos especiales en la oficina de información de los jardines. Éstos sí tienen un cargo. También hay tours guiados por el jardín en un pequeño vehículo todos los días de la semana, dependiendo de las condiciones climáticas. (Para reservar por teléfono: T. 27(21) 799 8782.)
DÓNDE COMER
El Silver Tree Restaurant, dentro del jardín, tiene vistas espectaculares (T. 27 (21) 762 9585) y The Tea Room, en la entrada superior, sirve excelentes desayunos, almuerzos y meriendas (T. 27 (21) 797 8975).
DÓNDE DORMIR
Ciudad del Cabo ofrece todo tipo de hospedaje: desde posadas para mochileros, hasta bed & breakfasts y algunos de los hoteles más elegantes del mundo.
En Newlands, que colinda con Kirstenbosch, existen varios B&Bs a unos pasos de los jardines, la información se consigue en la Oficina de Turismo (Cape Town Tourism, T. 27 (21) 487 6800). Además, no muy lejos está el Cellars-Hohenort Hotel, una hermosa propiedad en un viñedo del siglo XVIII cuyo restaurante Greenhouse mira a los jardines y a un roble de más de 300 años, y ofrece una cava que le hace justicia a la historia del hotel (93 Brommersvlei Road, Constantia; T. 27 (21) 794 2137; www.cellars-ho henort.com). En el Mount Nelson (76 Orange St.; T. 27 (21) 483 1000; www.mountnelson.co.za), las elegantes habitaciones se intercalan con hermosos jardines y palmeras, a un paso de la Museum Mile. Por último, Cape Grace (West Quay Road Victoria & Albert Waterfront; T. 27 (21) 410 7100; www.capegrace.com) ofrece 122 habitaciones frente al agua, en su propio muelle en el Victoria and Albert Waterfront, algunas de ellas con vista a Table Mountain.
CONTACTOS ÚTILES
NATIONAL BOTANICAL INSTITUTE
Private Bag X7
7735 Claremont, Sudáfrica
T. 27 (21) 799 8800
www.nbi.ac.za
BOTANICAL SOCIETY
OF SOUTH AFRICA
Private Bag X10
7735 Claremont, Sudáfrica
T. 27 (21) 797 2090
www.botanicalsociety.org.za
Kirstenbosch fue concebido como el primer jardín botánico en el mundo dedicado específicamente al cultivo de plantas endémicas, es decir, que crecen de manera natural en algún lugar. Y el lugar en cuestión es la región floral del Cabo. Así, gran parte del jardín está dedicada al cultivo de las enigmáticas plantas fynbos (que en afrikáans significa “arbustos magníficos”) que incluyen especies como las proteas, que los europeos confundieron con alcachofas de colores, y las ericas, con flores maravillosas. Pero además se cultivan con un éxito similar en el jardín muchas plantas florales de otras zonas de Sudáfrica.
EL CABO DE LAS FLORES
Las plantas que crecen de manera natural en la orilla sur-occidental de África son muy diferentes de las que crecen en el resto del continente —y por supuesto, en cualquier otro lugar del mundo—. En una zona que abarca tan sólo el 4% del sur de África se encuentran nueve mil especies de plantas, muchas de ellas rarísimas, otras de una belleza única y que, en conjunto, componen la Región Floral del Cabo, la cual abarca las cadenas montañosas que corren paralelas a los bordes costeros al sur y al oeste del Cabo, así como los valles secos entre éstas y los propios cabos costeros. Última cifra: 69% de las especies de flora del Cabo son endémicas; es decir, sólo pueden encontrarse ahí.
Las plantas más comunes de esta región son los fynbos, que varían mucho entre sí, pero se dividen básicamente en tres familias: la de proteáceas, que incluyen una asombrosa diversidad de matorrales; la de ericáceas, o matorrales de brezos que, cuando dan flor, tiñen el paisaje de rosa o rojo, y las restiáceas, que desempeñan un papel semejante al de los pastos en la sabana africana y al de las praderas más al norte. Dentro de la variedad de fynbos existe una gran cantidad de bulbosas que son muy llamativas cuando florean, como la arlequina o esparaxis, que da unas flores muy delicadas, o las lilis Guernsey, que en otoño producen unas flores anaranjadas o color rosa oscuro y que se cultivan en todo el mundo.
EL SEÑOR DE LAS PLANTAS
En 1903 el doctor H. H. W. Pearson llegó a Ciudad del Cabo, procedente de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, para trabajar como profesor de botánica en el entonces South African College (más tarde se convertiría en la Cape Town University). La belleza y diversidad de las plantas locales lo impresionaron tanto, que comenzó una campaña para promover el establecimiento de un jardín botánico dedicado al estudio de especies sudafricanas. Diez años más tarde, el gobierno donó la finca Kirstenbosch, una granja que en ese entonces estaba abandonada, para la creación del nuevo jardín, y el profesor Pearson se convirtió en su primer director.
Uno de sus principales intereses botánicos fueron las cycadas, muy semejantes físicamente a las palmeras y a los helechos (aunque en realidad no tienen relación alguna), y su colección de estos fósiles vivientes que aparecieron en la Tierra hace 280 millones de años (mucho antes que cualquier flor), y que producen grandes conos al final de los tallos, muy pronto se transformó en lo que hoy es el Anfiteatro de las cycadas. Éstas dominan el panorama sobre la sombría cañada que se construyó y cultivó en ese tiempo.
Por esa cañada, y sobre una vereda empedrada, corre un arroyo de aguas cristalinas que nace de un ojo de agua, cuyas riberas están sembradas con plantas de sombra. Lamentablemente, Pearson no alcanzó a ver mucho más del desarrollo del jardín, pues murió de neumonía en 1916, a los 46 años. Su tumba está ubicada en lo alto de la cañada, marcada con una lápida bajo la sombra de un enorme y añejo cedro Atlas, que fue obsequio de los Kew Gardens británicos; cuando llegó a Kirstenbosch, justo tras la muerte de Pearson, era un arbolito joven. R. H. Compton sucedió a Person en 1919, procedente también de la Universidad de Cambridge. Bajo su dirección se estableció la mayor parte de las estructuras principales del jardín, que ya estaban listas para 1926.
En la parte más alta del jardín se encuentran dos importantes colecciones de plantas, los jardines de proteáceas y ericáceas, que exhiben varios ejemplares de estas dos familias de fynbos. Los árboles plateados (pertenecientes a la familia Protea), con su brillante follaje argentado, son inconfundibles. Algunas agrupaciones de estos raros árboles también crecen espontáneamente justo arriba del jardín proteáceo.
La mayor parte de las proteáceas y también algunas ericáceas florean durante el invierno y la primavera. Una de las que crecen en el jardín es la Erica verticillata, ya extinta en su hábitat natural en la península del Cabo, pero que aquí da largas flores rosas de forma tubular. La gran cantidad de especímenes de esta hermosa planta en el jardín es un ejemplo de la importante función de Kirstenbosch y de otros jardines botánicos en Sudáfrica: la conservación ex situ de plantas raras y amenazadas. En un pequeño jardín cerca de la entrada superior se encuentran en exhibición permanente muchas otras plantas en peligro de extinción.
Una adición relativamente reciente, completada apenas en 1992, es el jardín Restio, contiguo a la Rycroft Gate, una entrada peatonal en la esquina sur-oriental de los jardines. Este lugar muestra todo el potencial horticultor de los restios, también conocidos como carrizos del Cabo. Su desarrollo fue posible gracias a las investigaciones realizadas en Kirstenbosch, que permitieron que estas bellas plantas se propagaran por primera vez con facilidad.
Aunque Kirstenbosch recibe precipitaciones pluviales relativamente abundantes, muchas de las plantas suculentas, que almacenan en sus hojas carnosas el agua que podría llegar a faltarles en las regiones más secas del sur de África, se pueden cultivar con éxito aquí. Arriba del camino principal que lleva del centro de visitantes a la entrada superior, Mesemb Banks y Mathew’s Rockery están cubiertos por una gran cantidad de suculentas de todas partes del sur de África. Durante la primavera, esta parte de Kirstenbosch le hace un eco espectacular a las flores exhibidas a lo largo de la costa occidental del Cabo y de Namaqualand, pues las camas de margaritas florecen con múltiples colores. Y entre fines de septiembre y el inicio de octubre, les sigue el vívido y sincrónico florecimiento de las suculentas mesembs. Es también la época en la que los extensos plantíos de strelitzias (aves del paraíso) florecen a más no poder. En Kirstenbosch se cultiva una variedad amarilla particular bautizada como Oro de Mandela en honor al líder sudafricano.
A comienzos del verano florecen los cultivos masivos de watsonias, con sus flores cilíndricas color rosa o anaranjado, seguidas por las distintas variedades de agapantos azules. Todas estas exhibiciones ocurren en el exterior, pero las áreas sombrías de Kirstenbosch también tienen su oportunidad de llamar la atención durante la primavera, cuando las clivias fulguran a media luz, y de nuevo durante el otoño, cuando el plectranto (o planta del dinero) florece con visos de delicados tonos azules, lilas y rosas.
SI LOS ÁRBOLES HABLARAN
Arriba y abajo del camino principal se extienden amplios prados, que suelen utilizarse para picnics y para que los niños jueguen a sus anchas. También hay más conjuntos especiales de plantas, como la sección de la península, con fynbos de esa zona del Cabo, y plantas acuáticas encontradas a lo largo del riachuelo que viene de la cañada y alimenta varios estanques. Alrededor de los prados y plantíos adyacentes se encuentran sembrados varios robles ingleses centenarios, que sobrevivieron desde la época en la que Kirstenbosch era una granja, y que coronan algunas esculturas masivas de piedra labradas por escultores zimbabuenses contemporáneos.
Otras partes del jardín tienen historias interesantes. En los primeros días del establecimiento de la Dutch East India Company en el Cabo en 1670, cuando Van Riebeeck era gobernador, se plantó un seto de almendros salvajes autóctonos para ahuyentar a la tribu Khoi, que traía a sus animales a pastar. Algunos de los árboles originales del seto de Van Riebeeck todavía pueden contemplarse en varias partes del jardín, así como en el bosque que está más arriba en la ladera.
En 1895, Cecil John Rhodes, un magnate minero, compró un área bastante extensa en la ladera oriental de Table Mountain. A todo lo largo de una antigua vereda para carretas, plantó una alameda con diversos árboles exóticos. Hoy, en Kirstenbosch, parte de ella sobrevive con el nombre de Camphor Avenue. A la orilla del camino, los árboles de Camphor que Rhodes compró originalmente a China proporcionan una densa sombra bajo la que florecen los helechos, las clivias, los plectrantos y los streptocarpus.
Para estar en el sur de África, Kirstenbosch tiene una gran precipitación pluvial. Muchas de las plantas de esta región no pueden cultivarse exitosamente fuera de aquí, como las bulbosas del Cabo, que son una de las maravillas de la flora en estas partes del mundo.
El Conservatorio, construido hace 11 años, es una gran edificación de cristal adyacente al centro de visitantes que sirve de vitrina para éstas y otras plantas. Un baobab —el árbol que muchos conocimos del lápiz de Saint-Exupéry en El Principito— figura como protagonista entre una variedad de suculentas de todos tamaños. Entre ellas, una colección fascinante de suculentas enanas revela un universo diminuto que muy pocas personas logran descubrir en estado silvestre.
El jardín botánico de Kirstenbosch tiene un total de 40 hectáreas; sin embargo, la finca de Kirstenbosch cubre 530 hectáreas de ladera montañosa. Otras áreas naturales de Table Mountain y de la península forman parte del Table Mountain National Park que, junto con la finca Kirstenbosch y otros terrenos privados, constituyen un imán para visitantes y una bendición para los habitantes de Ciudad del Cabo.
OTROS JARDINES
La sección del Cabo de Buena Esperanza, en el límite sur de la península, con su espléndida línea costera, conserva un área extensa de fynbos. Y en las afueras de Ciudad del Cabo, a unas cuantas horas en auto (se puede ir y regresar en un día) hay dos jardines botánicos más: Karoo Garden, en los linderos de Worcester, a 135 kilómetros por un paisaje de gran esplendor, tiene plantas de zonas secas, especialmente suculentas. Durante octubre, este jardín brilla con los colores de los mesembs en flor. A casi la misma distancia, pero por un hermoso camino montañoso que bordea la costa en la Kogelberg Biosphere Reserve, se halla el jardín Harold Porter en Bettys Bay, lugar en el que las plantas fynbos se enmarcan en un paisaje de montaña donde crecen de manera silvestre. La Kogelberg Reserve es el corazón de la región floral del Cabo que, además de ser extraordinariamente rica en especies de plantas, tiene una belleza excepcional.
*Traducción de Hilda Domínguez
KIRSTENBOSCH BOTANICAL GARDEN
Rhodes Drive, Newlands
Private Bag X7
7735 Claremont
Sudáfrica
T. 27 (21) 799 8899
www.nbi.ac.za
Abierto todos los días de 8 a 19 horas (septiembre a marzo) y de 8 a 18 horas (abril a agosto).
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR
Los taxis en Ciudad del Cabo suelen ser caros, pero el Citi Hopper Shuttle Service (T. 27 (21) 934 4440) y los Taxis Rikki’s (T. 27 (21) 423 4888) proporcionan un servicio razonable. Para los que llegan en auto hay estacionamiento en el centro de visitantes o en la entrada superior. En la Rycroft Gate, sobre el extremo sur de Kirstenbosch, la entrada es exclusivamente peatonal.
Una lectura recomendable para quienes lean en inglés es Kirstenbosch: A Visitor’s Guide to South Africa’s Famous Botanical Garden por Colin Paterson-Jones (autor de esta nota) y John Winter, publicada por Struik. Disponible en las librerías de Kirstenbosch y otras más en Ciudad del Cabo.
SEGURIDAD PERSONAL
Sudáfrica tiene una elevada tasa de violencia y crimen. Los paseantes que quieran caminar por el paraje natural de la finca justo arriba de los jardines, y subir a la montaña, deben ponerse en contacto con la oficina de información de Kirstenbosch antes de emprender el paseo.
Table Mountain tiene una red de veredas para excursiones que se identifica fácilmente. Éstas están trazadas en el mapa Sanlam “Approved Paths on Table Mountain”, disponible en las librerías de Kirstenbosch.
Existen sólo tres rutas seguras para caminatas desde Kirstenbosch hacia la montaña.
Siempre calce botas adecuadas (nunca sandalias) y lleve ropa extra para climas cálidos y para resistir el viento y la humedad. Lleve su teléfono celular con la pila cargada. Siempre lleve agua.
Emergencias en Kirstenbosch las 24 horas: T. 27 (21) 799 8616. Seguridad en la montaña: T. 086 110 6417 o 27 (21) 957 4700.
CLIMA
Kirstenbosch tiene un clima templado con una precipitación promedio anual de 1 450 mm durante las temporadas de invierno (de junio a mediados de agosto) y primavera (de mediados de agosto a fines de octubre). El mes de agosto es el más frío con un promedio de temperatura mínima de 8.5˚C y máxima de 17˚C. Los veranos (fines de octubre a fines de febrero) pueden ser muy calurosos, con temperaturas máximas ocasionales de alrededor de 30˚C. Debido a la baja humedad general, el sol quema mucho, por lo que hay que usar protección solar.
VISITAS GUIADAS
Los martes, jueves, viernes y sábados por la mañana, dependiendo del clima, se ofrecen caminatas guiadas gratuitas por el jardín. Los tours que ofrecen los guías de Kirstenbosch pueden reservarse para individuos y grupos especiales en la oficina de información de los jardines. Éstos sí tienen un cargo. También hay tours guiados por el jardín en un pequeño vehículo todos los días de la semana, dependiendo de las condiciones climáticas. (Para reservar por teléfono: T. 27(21) 799 8782.)
DÓNDE COMER
El Silver Tree Restaurant, dentro del jardín, tiene vistas espectaculares (T. 27 (21) 762 9585) y The Tea Room, en la entrada superior, sirve excelentes desayunos, almuerzos y meriendas (T. 27 (21) 797 8975).
DÓNDE DORMIR
Ciudad del Cabo ofrece todo tipo de hospedaje: desde posadas para mochileros, hasta bed & breakfasts y algunos de los hoteles más elegantes del mundo.
En Newlands, que colinda con Kirstenbosch, existen varios B&Bs a unos pasos de los jardines, la información se consigue en la Oficina de Turismo (Cape Town Tourism, T. 27 (21) 487 6800). Además, no muy lejos está el Cellars-Hohenort Hotel, una hermosa propiedad en un viñedo del siglo XVIII cuyo restaurante Greenhouse mira a los jardines y a un roble de más de 300 años, y ofrece una cava que le hace justicia a la historia del hotel (93 Brommersvlei Road, Constantia; T. 27 (21) 794 2137; www.cellars-ho henort.com). En el Mount Nelson (76 Orange St.; T. 27 (21) 483 1000; www.mountnelson.co.za), las elegantes habitaciones se intercalan con hermosos jardines y palmeras, a un paso de la Museum Mile. Por último, Cape Grace (West Quay Road Victoria & Albert Waterfront; T. 27 (21) 410 7100; www.capegrace.com) ofrece 122 habitaciones frente al agua, en su propio muelle en el Victoria and Albert Waterfront, algunas de ellas con vista a Table Mountain.
CONTACTOS ÚTILES
NATIONAL BOTANICAL INSTITUTE
Private Bag X7
7735 Claremont, Sudáfrica
T. 27 (21) 799 8800
www.nbi.ac.za
BOTANICAL SOCIETY
OF SOUTH AFRICA
Private Bag X10
7735 Claremont, Sudáfrica
T. 27 (21) 797 2090
www.botanicalsociety.org.za
























