Diseño argentino: nacido con dolor
El talento de los argentinos para el diseño no es novedad. Pero el furor por todo aquello que se diseña en ese país, sí. Quien se pasee por el barrio porteño de Palermo, donde el diseño se desborda de los aparadores a los bares, restaurantes y hoteles, sabrá de qué le estamos hablando. Y ya tendrá un par de bolsas de compras colgando de las manos.
Por
Carolina Reymúndez |
septiembre 2007
|
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diseno, argentina, buenos aires, ropa, accesorios, zapatos
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En el mundo de los diseñadores argentinos más exclusivos, el tiempo es un género escaso, nada flexible y caro. Como la muselina italiana. Uno está de viaje, el otro planifica su colección, la otra está “ocupadísima”. Al principio todos se rehúsan a una entrevista, pero después acceden. Como esas novias que empiezan diciendo que no para finalmente dar el sí y planear bodas a toda orquesta, con vestidos de ellos. De Pablo Ramírez, Martín Churba, Mariano Toledo, Jessica Trosman, los diseñadores argentinos más destacados.
Las colecciones rigen la vida de éstos y otros jóvenes diseñadores que rondan los cuarenta años y representan lo más selecto del nuevo diseño argentino, que surgió en los noventa, cuando el país importaba casi todo y la industria nacional se caía a pedazos. Como la flor de loto, que nace en un estanque putrefacto, así dio sus primeros brotes el renacimiento del diseño nacional. El mismo diseño que hoy atrae a los visitantes que llegan a Buenos Aires y salen de los locales del barrio de Palermo con pesadas bolsas de moda argentina.
Pero durante los noventa, en el marco de un plan económico de “convertibilidad”, un peso era igual a un dólar y resultaba más barato —y más chic— comprar en Miami o en París que en Buenos Aires. Antes de la crisis terminal de diciembre de 2001, cuando los bancos se quedaron con el dinero de la gente, el presidente fue derrocado y el peso se devaluó en proporción de cuatro a uno con el dólar, la industria nacional estaba en coma profundo y se producía poco o nada en el país. Las fábricas de calzado, por ejemplo, casi desaparecieron: los zapatos que se vendían en Buenos Aires antes de 2001 venían de Brasil. Después del estallido social de diciembre todo cambió y Argentina empezó, obligadamente primero, a mirar para adentro.
Ya lo había dicho Mary Tapia, una de las primeras diseñadoras locales que pensó en la identidad nacional, que se inspiró en el barracán —un tejido rústico del norte argentino, de lana, hecho en telar—, en el gaucho, en el folk local: “Siempre me quejé de que miraran tanto a Europa, a Francia en mi época. La verdad, a mí me gusta que haya una mirada para adentro”. Tapia hizo su primer desfile en 1967, en el Instituto Di Tella, un centro de investigación cultural fundado allá por 1958. Aquel desfile de Mary Tapia se llamó “Pachamama prêt-à-porter”. Todo indica que esta mujer que vistió a varias generaciones fue una adelantada a su época: tuvo que pasar mucho —dolor y décadas— para volver a pensar en una identidad nacional.
Después de 2001 el diseño argentino, en el que jóvenes diseñadores venían trabajando en silencio desde los noventa aunque nadie los viera o les comprara, asomó los ojos y la nariz… y todo el cuerpo. Entre 2003 y 2006 las exportaciones de indumentaria argentina crecieron 35 por ciento. Buenos Aires pasó de destino carísimo a destino baratísimo. Y llegaron los turistas, una moda que duró más que una temporada y a la que los porteños han tenido que acostumbrarse y lo hacen con gusto, especialmente los dueños de los negocios de ropa, donde los turistas gastan cerca del 50 por ciento de sus consumos en la ciudad.
MODA DE CRISIS
El fin de la economía ficticia del uno a uno de los noventa fue un motor para el diseño. La creación de la carrera universitaria de Diseño de Indumentaria y Textil, otro. Y la Primera Bienal de Arte Joven en 1988, un concurso de talentos artísticos y una plataforma de lanzamiento para nuevos diseñadores, un motor extra que quedó ronroneando en las sombras durante años pero que mostró, finalmente y en el nuevo siglo, sus resultados.
Martín Churba es el cerebro de la empresa de diseño Tramando, una debilidad de los visitantes que llegan bien informados acerca de las tendencias del diseño local. Fue seleccionado en la Segunda Bienal de Arte Joven, en el área textil. Unos años más tarde, en 1998, Churba creó junto a Jessica Trosman la marca Trosman-Churba, un hito en el diseño argentino.
Mariano Toledo, ganador de la Segunda Bienal de Arte Joven con un traje de novia con pelotas de unicel, arrancó en 1991; Pablo Ramírez hizo su primer desfile en el año 2000. A todos ellos, quizás algunos de los más refinados e importantes diseñadores locales, la crisis de 2001 los encontró a con las manos en la tela, en plena producción.
“Más allá de lo glamoroso que sea nuestro trabajo, la crisis nos afectó a todos —dice Toledo—. Un día salí de mi estudio y la ciudad estaba sitiada. Cómo puedo pensar en la moda cuando me pasa por encima una manifestación de personas saqueadas. Ese invierno de 2002 hice una colección donde las mujeres tenían casi toda la cara tapada. Lo único que se veía era un lado rojo. Entonces, yo hablaba de un espíritu que todavía latía. Nos enlodaron, nos ensuciaron, nos quieren tapar, pero el corazón está intacto y el espíritu ardiente.”
Unos meses antes de que el país estallara había comenzado La Baf (Buenos Aires Fashion Week), un espacio desde donde la moda argentina buscó proyección internacional. Hoy se llama Baf Week y acaba de terminar su doceava edición que, como siempre, reunió durante una semana a periodistas y diseñadores de Latinoamérica, y también a turistas fanáticos de la moda. Pero en aquella primera versión de 2001 se escucharon por primera vez nombres que hoy son una marca en diseño: Pablo Ramírez, Trosman-Churba, Mariano Toledo, María Marta Facchinelli, Araceli Pourcel, Benito Fernández, Jazmín Chebar, Marcelo Senra, Florencia Fiocca, Vero Ivaldi y Nadine Zlotogora.
Antes de eso, en el año 2000, cuando ya había olor a crisis aunque todavía no había ocurrido, algunos diseñadores prendieron la luz de Palermo, el barrio donde vivió el escritor Jorge Luis Borges de niño, un barrio hasta ese momento apagado. De calles empedradas, como ahora, pero sin movimiento comercial. Había talleres mecánicos, árboles y casas viejas: enormes espacios que podían alquilarse por poco dinero. Allí, los restaurantes y los locales de ropa de autor llegaron casi al mismo tiempo. En seis años, el valor de la propiedad aumentó un 500 por ciento. Tanto, que hace un año las grandes marcas que pueden encontrarse en los centros comerciales también se mudaron a Palermo. Y así hoy en Palermo se encuentra de todo, desde un pantalón artesanal hecho en Guatemala que cuesta menos de diez dólares hasta una falda de cuero troquelado de Mariano Toledo o una edición limitada de tenis Gola por 250 dólares. Pero al inicio Palermo era sinónimo de diseño de autor. Esa impronta se perdió o mutó y hoy a veces se come bien y, en algunos casos, se consigue ropa de diseño, sobre todo si se llevan buenos datos.
Jessica Trosman fue una de las primeras en conquistar Palermo. Cuenta que en el 99, cuando instaló el local de Trosman-Churba, no había nadie.
“Hoy cuando paso en auto un sábado a la tarde y veo toda la gente que hay no lo puedo creer. Igual me gusta. Creo que los turistas disfrutan de caminar por acá. Es una oportunidad para comprar sin encerrarse en un shopping”, dice Trosman, la única argentina que aparece en el libro Fashion Now 2, publicado por la editorial Taschen, en el que la acompañan, entre otros, Karl Lagerfeld y John Galliano. Vende en Nueva York, Francia, Italia, Japón, China y Arabia Saudita. El año pasado le mandó treinta conjuntos de su última colección a Madonna. Cameron Diaz y Jennifer Lopez también usan su ropa. Y Jude Law tiene prendas de Trosman Homme, diseñadas desde hace poco más de un año por Pablo Sandrigo, el novio de la diseñadora.
En 2005, Trosman y Ramírez fueron los únicos argentinos incluidos en el glamoroso libro Sample, de la editorial inglesa Phaidon, que eligió a los cien diseñadores más talentosos del mundo.
“Me hizo bien el reconocimiento. En Argentina, los periodistas de moda son condescendientes. Esto fue como reafirmar que voy bien. Tengo el libro en mi casa, en el taller, en todos lados”, dice Trosman, riéndose.
SAN TELMO NEGRO
La tienda de Pablo Ramírez está en el barrio de San Telmo, el barrio donde Buenos Aires se vuelve eterna y baja, el barrio tanguero y colonial, donde los turistas compran antigüedades los domingos por la mañana.
Ahí, entre construcciones del siglo pasado, turistas en plan paseo y bares que todavía no han sido reciclados, está el local de Ramírez. Cuando se mudó a San Telmo, todos le decían que estaba loco. Tres años más tarde abrió el suyo Florencia Fiocca, otra interesante diseñadora que, además de la suya, vende ropa de otros diseñadores interesantes, como Prisl, Cora Groppo, Valeria Pesqueira, Mariana Dappiano. También llegaron al barrio tiendas que venden indumentaria vintage y un par de autores de ropa que miran al barrio como el próximo polo de diseño. Pero para eso falta.
A Ramírez le gusta eso de haber sido el primer diseñador de alta costura que llega a un lugar donde antes no había mucho más que tiendas de ropa de segunda mano. En sus escaparates se ven maniquíes vestidos de negro total. El local es blanco con piso de cemento alisado, y de los percheros cuelgan sólo prendas negras. La empleada que me anuncia lleva un peinado moderno, con flequillo y muy corto. Tiene una falda que pasa las rodillas y no llega al piso. Es de un largo intermedio que me recuerda a las testigos de Jehová. Está vestida de negro. Igual que Ramírez: él va, de pies a cabeza pelada, todo de negro. Un negro casto, de sotana, de funeral. Es dramático, cinematográfico, premeditado. Un “total black”, como él lo define.
“Cuando hice mi primera colección, a fines del 99, empecé a dibujar y el resultado eran siluetas negras. Fue una postura ideológica. Yo trabajo la forma, la figura, la moldería, y el no-color es una herramienta para reafirmar mi trabajo. No hay distracción, todo lleva a la forma.”
En su segunda temporada, allá por 2001, agregó el blanco y desde ahí conviven los antagónicos. Sólo una vez hizo ropa multicolor. Fue para un carnaval y llevaba implícita una ironía: “Si te gusta el color, úsalo en carnaval”.
TRAMAS Y TELAS
El local de Martín Churba está en una casona con patio y plantas a metros de la tradicional Avenida Alvear. Está en el lugar donde los turistas se paran y respiran hondo. Por fin llegaron a ese codo de Buenos Aires que tanto se parece a París.
A una cuadra está la Avenida Alvear con sus palacios de la Belle Époque, donde tienen su local marcas como Valentino, Louis Vuitton, Escada, Rochas. Está muy cerca, también, el tradicional centro comercial Patio Bullrich, y un incipiente circuito de diseño que surgió en la zona, especialmente sobre la calle Libertad, donde está el local de dos pisos de Varanasi, una marca representativa de la nueva ola del diseño argentino, que lleva la firma de los arquitectos rosarinos Víctor Delgrosso y Mario Buraglio: ropa de vanguardia y con un corte impecable.
En la vereda de enfrente, De María tiene pocos y exclusivos zapatos y bolsas diseñados por María Conorti. Fue uno de los primeros locales que inauguró el circuito y su escaparate siempre llama la atención. Hoy se exhiben cajas de fruta, como en una verdulería. En una hay manzanas verdes y al lado se apoyan, como acariciándolo, unas botas verde jade de cuero fino.
Allí, en ese barrio, el escaparate de Tramando, el de Martín Churba, sugiere complejidad textil en un espacio minimalista. Igual que una muestra de pintura, este escaparate fue curado, sólo que por un estudio de arquitectura de Buenos Aires.
Si bien se ve una mirada sobre lo argentino que recorre el trabajo de los principales diseñadores, todos coinciden en que es demasiado temprano para hablar de una identidad definida del diseño local. Celedonio Lohidoy, creador de pequeñas obras de joyería, dice en su taller de Palermo Chico, mientras acaricia a su gata Maia, que lo único que diferencia el diseño argentino del brasileño o escandinavo es que los dos tienen tanta personalidad que el argentino se identificaría sólo porque no es ni uno ni otro. Lohidoy es el mago de los collares personalizados, etéreos y únicos, hechos con piedras de Brasil, cristales traslúcidos, turquesas y mariposas bordadas. Pueden ser petos que se aferran firmes al cuello o collares lánguidos y largos que circulan por el pecho, como una pieza de arquitectura íntima. Celedonio, que ha diseñado para la actriz Sarah Jessica Parker y la princesa Máxima Zorreguieta, fue categórico: “Es muy temprano para hablar de diseño argentino”.
PRIMAVERA-VERANO
Churba viste una camisa a cuadros rojos y azules y jeans gastados y habla de los colores de su próxima colección. Dice coral y parece estar viendo ese color aunque no lo tenga delante de sus narices. Esta colección se llama Trópico y está inspirada en un lugar imaginario entre el norte y el sur. Es la mirada de Churba —que es del sur— sobre el trabajo del artista Pablo Reinoso, que vive en Francia y es, por tanto, del norte. Reinoso diseña envases para Givenchy y otras marcas y Churba se inspiró en las charlas y el intercambio creativo que tuvo con él.
No es la primera vez que Churba trabaja con alguien. Ya lo había hecho con la polémica artista Nicola Constantino, que un tiempo atrás se sometió a una liposucción y utilizó sus propias grasas para hacer una línea de cien jabones con forma de espalda, cintura y cadera de mujer. Con Constantino, Martín Churba planeó ropa para estar cómodamente desnudo dentro de la casa. Fue la línea Piel, de la serie Peletería Humana. Una ironía en el país donde ningún turista se va sin al menos una chaqueta de cuero de vaca.
Esas prendas eran pants y camisetas de algodón peruano con pezones y anos estampados.
Tramando, la empresa que fundó en 2003 este cultor de la exploración un año después de separarse de Jessica Trosman, es según dice una “filosofía textil” apoyada en dos patas. Una de esas patas tiene que ver con la experimentación con diversos géneros: Churba tiene un verdadero laboratorio de telas en su fábrica. A él le gusta tocar su ropa. Me muestra un vestido de algodón engomado y plateado que se parece a un traje de los Supersónicos. Ahora toma entre sus dedos uno que se le resbala. Es un monumento a la deconstrucción. Pertenece a la colección del invierno pasado, Opus 7, inspirada en la arquitecta iraquí Zaha Hadid. El vestido parte de una enagua radiografiada, corta y llena de botones que se usan para construir nuevos vestidos con distintos largos y escotes.
La otra pata de su filosofía textil es la metáfora, relacionada con los vínculos que se establecen desde la trama. “De ahí que nos aliemos con otro artista para hacer una colección, con un país como es el caso de Japón, con quien estamos trabajando hace dos años y medio, y con proyectos sociales, como la cooperativa La Juanita o el Proyecto Puna”. La Cooperativa La Juanita es un taller de costureros del Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza, que se asociaron con Churba para producir y, desde entonces, la mayoría de lo que producen tiene exportación garantizada. El proyecto Puna es una iniciativa de Churba para enseñarle diseño a los artesanos de la Puna, en el noroeste argentino, para que puedan comercializar sus productos. Churba no se imagina la moda sin una trama que la trascienda.
Se tarda entre tres y siete meses en preparar una colección, y siempre hay ideas, desvelos y una búsqueda detrás. Este verano, Jessica Trosman sigue con desvelos anteriores, con una esencia futurista y femenina.
“Hablo de volúmenes, mezclo texturas y utilizo vivos. Me gustan mucho las montañas rusas y esta colección partió de unos dibujos simétricos de este juego. Hay formas que parecen monstruos y que vienen de la prenda misma”, dice.
IRRECONOCIBLE PALERMO
Mariano Toledo parecer ser un tipo práctico, enérgico. No tiene colores preferidos, se viste simple, es flaco, sonríe poco y asegura que su ropa tiene sentido del humor. Participó en la London Fashion Week de hace algunas temporadas, vende en Madrid y mostró su trabajo en la última Pasarela Santiago.
Su colección de esta temporada se basa en las imágenes de los caleidoscopios y en “cierto mecanismo de espejos”. Usa textiles traslúcidos, tecnológicos, estampados propios, troqueles, cuero y mezclas de telas inteligentes (térmicas, secas o impermeables) y artesanales.
Su flamante local de Palermo queda en la calle Armenia, en el corazón de este barrio que se rindió a la moda y donde hasta las bolsas donde cada cliente se lleva lo que acaba de comprar parecen salidas de un concurso. Algunas como las de Kukla, una interesante marca en ascenso, son fucsia neón y de plástico resistente. Kukla, que quiere decir muñeca en griego, nació en 2002 y abrió su primer local en 2004. Hace unos meses apostó al segundo, en la esquina de Malabia y El Salvador.
En diagonal al negocio de Toledo está el de Josefina Ferroni, una creadora de zapatos únicos, hechos artesanalmente en cuero de vaca o cabritilla. Tiene ballerinas (zapatos bajos, parecidos a los de las bailarinas de ballet, con pulsera en el tobillo o tiras para aferralos a las pantorillas), botines dark y botas hasta la rodilla. Hace sólo quince pares por número. Los más vendidos de este año: el zapato Cata, con tacón de 7.5 cm y una punta sutil.
Cerca, sobre El Salvador, Mishka es otra casa de calzado destacada por una delicada nostalgia retro. Marcelo Cantón, el dueño, participa de la escena de diseño local desde los comienzos de la Baf, en 2001.
“La paleta de Mishka es incontenible e indescifrable. Todo es posible de una forma inusual. Los materiales antiguos conviven con cueros japoneses de rara estampa. Creo que esto nos diferenció en un mercado aburrido, que se quedaba en el marrón, negro y camel típico de las zapaterías porteñas”, cuenta Cantón, hoy un referente en diseño de calzado, que también impuso su tacón extra flat en los circuitos locales.
No sólo el calzado era menos osado hace algunos años. Antes de este destape del diseño argentino, los porteños se vestían diferente. No convivían hasta el hartazgo, como ahora, con el diseño ni con los hoteles de diseño ni con los restaurantes diseñados. Todo transcurría dentro de los límites autárquicos del no diseño. Pero el que camine por Palermo o por Recoleta o por San Telmo verá que aquellos son tiempos que no vuelven.
Fernanda Sibilia es otro referente local. Se dedica a los accesorios. Usa técnicas de antigua joyería, diseños geométricos simples basados en arquitectos como Niemeyer. Trabaja con metales, pero hace poco agregó el cuero porque cree que en esta época la gente necesita calidez. Vende en Nueva York, Tokio, Hong Kong y casi nada en Argentina. Pero el otro día se dio una vuelta por Palermo y le dieron ganas de abrir un negocio en alguna esquina del barrio, aunque Palermo ya sea más una idea que un barrio, y todo un éxito inmobiliario con diversos nombres: Palermo Viejo, Palermo SoHo, Palermo Hollywood… hasta Palermo Queens, como le llaman ahora al antiguo barrio de Villa Crespo.
Volviendo al búnker negro de Ramírez, lejos del exceso de color de Palermo, aquí se respira un silencio de iglesia gótica a la hora de la siesta. El escritorio es grande como un altar, y en lugar de cáliz hay un vaso de vidrio que no tiene vino sino agua.
Hay algo en los uniformes que lo seduce, sea militar, de enfermera o de colegio. Le gusta el cuerpo cubierto.
“No adhiero a la tendencia de mostrar todo. Me gusta la seducción desde otro lugar, quizá más retorcido, de insinuación. De dejar ver, más que mostrar. Me acuerdo de esa escena de La lección de piano, cuando él ve un agujero en la media de ella y descubre una ventanita de piel. Eso me parece sexy.”
La colección que está hoy en vidriera tan retro sport, tan fresca, tan negra, merece una explicación. Es la antología de verano y Ramírez odia el verano. Le parece una misión imposible ser elegante con las gotas de sudor chorreando por el cuerpo y la ropa que se pega donde quiere. Por eso, su última antología se llamó: Verano, ten piedad de nosotros, y aunque ya no le pone nombre a las colecciones, dice que siempre pide por lo mismo. Verano ten piedad de nosotros. Como una letanía en nombre de la sagrada elegancia.
GUÍA PRÁCTICA
Todas estas tiendas tienen servicio exclusivo para sus clientes. Si le gusta un vestido pero lo prefiere de otro color o una talla más grande o más chica, es posible. Los precios varían pero un vestido ronda los 300 dólares. Hay T-shirts por 30 dólares, camisetas de cuello alto y mangas largas por 100, faldas por 60 y pantalones por 70. También hay abrigos de lana fría desde 350. Los vestidos de noche arrancan en los 500 dólares.
PABLO RAMÍREZ
Perú 587
T. 54 (11) 4342 7154
www.pabloramirez.com.ar
Lunes a viernes de 10:30 a 19:30 horas;
sábados de 10:30 a 15 horas.
TRAMANDO
Rodríguez Peña 1973
T. 54 (11) 4816 9422
www.tramando.com
Lunes a viernes de 10:30 a 20:30 horas;
sábados de 11 a 19 horas.
MARIANO TOLEDO
Armenia 1564
T. 54 (11) 4831 4861
www.marianotoledo.com
Lunes a sábados de 12 a 19 horas.
JESSICA TROSMAN
Armenia 1998
T. 54 (11) 4833 3058
Lunes a sábados de 10:30 a 20:30 horas.
LAURA VALENZUELA
El Salvador 5946
T. 54 (11) 4776 8334
www.laura-valenzuela.com
Diseño sensible y femenino; usa telas antiguas escogidas.
CECILIA GADEA
Ugarteche 3330
T. 54 (11) 4801 4163
www.ceciliagadea.com
Ropa lánguida y romántica.
VARANASI
Costa Rica 4672
T. 54 (11) 4833 1929
www.varanasi-online.com
Lunes a sábados de 11 a 20 horas.
AÍDA SIRINIAN
Gorriti 5868
T. 54 (11) 4772 8251
www.aidasirinian.com
Prendas de estructura simple y telas extraordinarias; se especializa en noche y fiesta.
FIOCCA
Perú 599
T. 54 (11) 4331 4585
www.ffiocca.com
VERO IVALDI
Gurruchaga 1585
T. 54 (11) 4832 6334
www.veroivaldi.com
LUPE
El Salvador 4657
T. 54 (11) 4833 0730
www.lupeba.com.ar
Ropa femenina, con influencias del rock.
KUKLA
Bulnes 2677
T. 54 (11) 4807 2406
www.kuklaonline.com.ar
HERMANOS ESTEBECORENA
El Salvador 5960
T. 54 (11) 4772 2145
www.hermanosestebecorena.com
Ropa de diseño informal para hombres.
ZAPATOS
MISHKA
El Salvador 4673
T. 54 (11) 4833 6566
www.mishkashoes.com
Lunes a sábados de 10:30 a 20:30 horas.
Precios entre 100 y 300 dólares.
JOSEFINA FERRONI
Armenia 1471
T. 54 (11) 4831 4033
www.josefinaferroni.com.ar
Lunes a sábados de 10 a 20 horas.
Los precios de ballerinas, botinetas y botas varían entre 100 y 200 dólares.
DE MARÍA
Libertad 1655
T. 54 (11) 4815 5001
www.zapatosdemaria.com.ar
Lunes a viernes de 10 a 21 horas
y sábados de 10 a 19 horas.
ACCESORIOS
CELEDONIO LOHIDOY
Galería Promenade Loc. 39
Alvear 1883
T. 54 (11) 4809 0046
www.celedonio.com.ar
Lunes a viernes de 10 a 20 horas; sábados de 10 a 14 horas.
Desde 40 dólares un par de aros hasta… mucho más.
SIBILIA
Venta exclusivamente por internet
T. 54 (11) 4963 8350
www.sibilia-accs.com
MARIAMARIA
Alvear 1807, Dpto. 33
T. 54 (11) 4803 9856
Lunes a viernes de 15 a 20 horas.
PERFECTOS DRAGONES
En Tiendamalba
Av. Figueroa Alcorta 3415
T. 54 (11) 4808 6550
www.malba.org.ar
HOTELES DE DISEÑO
En todos, la habitación doble cuesta entre 150 y 200 dólares, con desayuno.
HOME BUENOS AIRES
Honduras 5860
T. 54 (11) 4778 1008
www.homebuenosaires.com
VAIN BOUTIQUE HOTEL
Thames 2226/8
T. 54 (11) 4776 8246
www.vainuniverse.com
BUENOS AIRES BASE
Aráoz 1997 3D
T. 54 (911) 4031 2399
www.buenosairesbase.com
CELEDONIO Y LA METAMORFOSIS
Este arquitecto nacido en Tapalqué, en el interior de la provincia de Buenos Aires, se ha convertido en un artista de joyas únicas. Recién llegado de Trancoso, Bahía, Brasil, todavía no puede creer lo finos que eran esos cuencos hechos por los aborígenes. “En mi vida he visto algo igual, la forma en que trabajaban la madera. Eran tan finos que podías ver la luz”, dice y tiene los ojos luminosos, todavía con imágenes de mar.
Celedonio es rubio, largo y habla rápido. De pequeño jugaba con las cáscaras de cebolla. Hacía flores y le gustaba ver cómo el viento las atravesaba. Y aunque hoy trabaja con cristales Swarovski, perlas y plata, sigue creyendo que los materiales más nobles son los perecederos: el viento, las hojas, el hielo. Quizá por eso, después de algún tiempo de vida, cuando cree que agotaron su energía, les ofrece a las clientas cambiarle su peto o su collar largo. “Me cansé de este, hagamos otro, la energía que deposité acá, mutó”, le dijo el otro día a una señora elegantísima.
Para Celedonio Lohidoy todos necesitamos un talismán, y él no está seguro si sus creaciones son objetos protectores o placebos. “Pero como no es un medicamento para el cáncer, no importa. Si la energía que irradia es protectora, sirve”, dice y sonríe y subraya que él entiende a las mujeres, que sabe sobre la presión social que viven, que quiere que sus joyas sean una ayuda extra.
Las colecciones rigen la vida de éstos y otros jóvenes diseñadores que rondan los cuarenta años y representan lo más selecto del nuevo diseño argentino, que surgió en los noventa, cuando el país importaba casi todo y la industria nacional se caía a pedazos. Como la flor de loto, que nace en un estanque putrefacto, así dio sus primeros brotes el renacimiento del diseño nacional. El mismo diseño que hoy atrae a los visitantes que llegan a Buenos Aires y salen de los locales del barrio de Palermo con pesadas bolsas de moda argentina.
Pero durante los noventa, en el marco de un plan económico de “convertibilidad”, un peso era igual a un dólar y resultaba más barato —y más chic— comprar en Miami o en París que en Buenos Aires. Antes de la crisis terminal de diciembre de 2001, cuando los bancos se quedaron con el dinero de la gente, el presidente fue derrocado y el peso se devaluó en proporción de cuatro a uno con el dólar, la industria nacional estaba en coma profundo y se producía poco o nada en el país. Las fábricas de calzado, por ejemplo, casi desaparecieron: los zapatos que se vendían en Buenos Aires antes de 2001 venían de Brasil. Después del estallido social de diciembre todo cambió y Argentina empezó, obligadamente primero, a mirar para adentro.
Ya lo había dicho Mary Tapia, una de las primeras diseñadoras locales que pensó en la identidad nacional, que se inspiró en el barracán —un tejido rústico del norte argentino, de lana, hecho en telar—, en el gaucho, en el folk local: “Siempre me quejé de que miraran tanto a Europa, a Francia en mi época. La verdad, a mí me gusta que haya una mirada para adentro”. Tapia hizo su primer desfile en 1967, en el Instituto Di Tella, un centro de investigación cultural fundado allá por 1958. Aquel desfile de Mary Tapia se llamó “Pachamama prêt-à-porter”. Todo indica que esta mujer que vistió a varias generaciones fue una adelantada a su época: tuvo que pasar mucho —dolor y décadas— para volver a pensar en una identidad nacional.
Después de 2001 el diseño argentino, en el que jóvenes diseñadores venían trabajando en silencio desde los noventa aunque nadie los viera o les comprara, asomó los ojos y la nariz… y todo el cuerpo. Entre 2003 y 2006 las exportaciones de indumentaria argentina crecieron 35 por ciento. Buenos Aires pasó de destino carísimo a destino baratísimo. Y llegaron los turistas, una moda que duró más que una temporada y a la que los porteños han tenido que acostumbrarse y lo hacen con gusto, especialmente los dueños de los negocios de ropa, donde los turistas gastan cerca del 50 por ciento de sus consumos en la ciudad.
MODA DE CRISIS
El fin de la economía ficticia del uno a uno de los noventa fue un motor para el diseño. La creación de la carrera universitaria de Diseño de Indumentaria y Textil, otro. Y la Primera Bienal de Arte Joven en 1988, un concurso de talentos artísticos y una plataforma de lanzamiento para nuevos diseñadores, un motor extra que quedó ronroneando en las sombras durante años pero que mostró, finalmente y en el nuevo siglo, sus resultados.
Martín Churba es el cerebro de la empresa de diseño Tramando, una debilidad de los visitantes que llegan bien informados acerca de las tendencias del diseño local. Fue seleccionado en la Segunda Bienal de Arte Joven, en el área textil. Unos años más tarde, en 1998, Churba creó junto a Jessica Trosman la marca Trosman-Churba, un hito en el diseño argentino.
Mariano Toledo, ganador de la Segunda Bienal de Arte Joven con un traje de novia con pelotas de unicel, arrancó en 1991; Pablo Ramírez hizo su primer desfile en el año 2000. A todos ellos, quizás algunos de los más refinados e importantes diseñadores locales, la crisis de 2001 los encontró a con las manos en la tela, en plena producción.
“Más allá de lo glamoroso que sea nuestro trabajo, la crisis nos afectó a todos —dice Toledo—. Un día salí de mi estudio y la ciudad estaba sitiada. Cómo puedo pensar en la moda cuando me pasa por encima una manifestación de personas saqueadas. Ese invierno de 2002 hice una colección donde las mujeres tenían casi toda la cara tapada. Lo único que se veía era un lado rojo. Entonces, yo hablaba de un espíritu que todavía latía. Nos enlodaron, nos ensuciaron, nos quieren tapar, pero el corazón está intacto y el espíritu ardiente.”
Unos meses antes de que el país estallara había comenzado La Baf (Buenos Aires Fashion Week), un espacio desde donde la moda argentina buscó proyección internacional. Hoy se llama Baf Week y acaba de terminar su doceava edición que, como siempre, reunió durante una semana a periodistas y diseñadores de Latinoamérica, y también a turistas fanáticos de la moda. Pero en aquella primera versión de 2001 se escucharon por primera vez nombres que hoy son una marca en diseño: Pablo Ramírez, Trosman-Churba, Mariano Toledo, María Marta Facchinelli, Araceli Pourcel, Benito Fernández, Jazmín Chebar, Marcelo Senra, Florencia Fiocca, Vero Ivaldi y Nadine Zlotogora.
Antes de eso, en el año 2000, cuando ya había olor a crisis aunque todavía no había ocurrido, algunos diseñadores prendieron la luz de Palermo, el barrio donde vivió el escritor Jorge Luis Borges de niño, un barrio hasta ese momento apagado. De calles empedradas, como ahora, pero sin movimiento comercial. Había talleres mecánicos, árboles y casas viejas: enormes espacios que podían alquilarse por poco dinero. Allí, los restaurantes y los locales de ropa de autor llegaron casi al mismo tiempo. En seis años, el valor de la propiedad aumentó un 500 por ciento. Tanto, que hace un año las grandes marcas que pueden encontrarse en los centros comerciales también se mudaron a Palermo. Y así hoy en Palermo se encuentra de todo, desde un pantalón artesanal hecho en Guatemala que cuesta menos de diez dólares hasta una falda de cuero troquelado de Mariano Toledo o una edición limitada de tenis Gola por 250 dólares. Pero al inicio Palermo era sinónimo de diseño de autor. Esa impronta se perdió o mutó y hoy a veces se come bien y, en algunos casos, se consigue ropa de diseño, sobre todo si se llevan buenos datos.
Jessica Trosman fue una de las primeras en conquistar Palermo. Cuenta que en el 99, cuando instaló el local de Trosman-Churba, no había nadie.
“Hoy cuando paso en auto un sábado a la tarde y veo toda la gente que hay no lo puedo creer. Igual me gusta. Creo que los turistas disfrutan de caminar por acá. Es una oportunidad para comprar sin encerrarse en un shopping”, dice Trosman, la única argentina que aparece en el libro Fashion Now 2, publicado por la editorial Taschen, en el que la acompañan, entre otros, Karl Lagerfeld y John Galliano. Vende en Nueva York, Francia, Italia, Japón, China y Arabia Saudita. El año pasado le mandó treinta conjuntos de su última colección a Madonna. Cameron Diaz y Jennifer Lopez también usan su ropa. Y Jude Law tiene prendas de Trosman Homme, diseñadas desde hace poco más de un año por Pablo Sandrigo, el novio de la diseñadora.
En 2005, Trosman y Ramírez fueron los únicos argentinos incluidos en el glamoroso libro Sample, de la editorial inglesa Phaidon, que eligió a los cien diseñadores más talentosos del mundo.
“Me hizo bien el reconocimiento. En Argentina, los periodistas de moda son condescendientes. Esto fue como reafirmar que voy bien. Tengo el libro en mi casa, en el taller, en todos lados”, dice Trosman, riéndose.
SAN TELMO NEGRO
La tienda de Pablo Ramírez está en el barrio de San Telmo, el barrio donde Buenos Aires se vuelve eterna y baja, el barrio tanguero y colonial, donde los turistas compran antigüedades los domingos por la mañana.
Ahí, entre construcciones del siglo pasado, turistas en plan paseo y bares que todavía no han sido reciclados, está el local de Ramírez. Cuando se mudó a San Telmo, todos le decían que estaba loco. Tres años más tarde abrió el suyo Florencia Fiocca, otra interesante diseñadora que, además de la suya, vende ropa de otros diseñadores interesantes, como Prisl, Cora Groppo, Valeria Pesqueira, Mariana Dappiano. También llegaron al barrio tiendas que venden indumentaria vintage y un par de autores de ropa que miran al barrio como el próximo polo de diseño. Pero para eso falta.
A Ramírez le gusta eso de haber sido el primer diseñador de alta costura que llega a un lugar donde antes no había mucho más que tiendas de ropa de segunda mano. En sus escaparates se ven maniquíes vestidos de negro total. El local es blanco con piso de cemento alisado, y de los percheros cuelgan sólo prendas negras. La empleada que me anuncia lleva un peinado moderno, con flequillo y muy corto. Tiene una falda que pasa las rodillas y no llega al piso. Es de un largo intermedio que me recuerda a las testigos de Jehová. Está vestida de negro. Igual que Ramírez: él va, de pies a cabeza pelada, todo de negro. Un negro casto, de sotana, de funeral. Es dramático, cinematográfico, premeditado. Un “total black”, como él lo define.
“Cuando hice mi primera colección, a fines del 99, empecé a dibujar y el resultado eran siluetas negras. Fue una postura ideológica. Yo trabajo la forma, la figura, la moldería, y el no-color es una herramienta para reafirmar mi trabajo. No hay distracción, todo lleva a la forma.”
En su segunda temporada, allá por 2001, agregó el blanco y desde ahí conviven los antagónicos. Sólo una vez hizo ropa multicolor. Fue para un carnaval y llevaba implícita una ironía: “Si te gusta el color, úsalo en carnaval”.
TRAMAS Y TELAS
El local de Martín Churba está en una casona con patio y plantas a metros de la tradicional Avenida Alvear. Está en el lugar donde los turistas se paran y respiran hondo. Por fin llegaron a ese codo de Buenos Aires que tanto se parece a París.
A una cuadra está la Avenida Alvear con sus palacios de la Belle Époque, donde tienen su local marcas como Valentino, Louis Vuitton, Escada, Rochas. Está muy cerca, también, el tradicional centro comercial Patio Bullrich, y un incipiente circuito de diseño que surgió en la zona, especialmente sobre la calle Libertad, donde está el local de dos pisos de Varanasi, una marca representativa de la nueva ola del diseño argentino, que lleva la firma de los arquitectos rosarinos Víctor Delgrosso y Mario Buraglio: ropa de vanguardia y con un corte impecable.
En la vereda de enfrente, De María tiene pocos y exclusivos zapatos y bolsas diseñados por María Conorti. Fue uno de los primeros locales que inauguró el circuito y su escaparate siempre llama la atención. Hoy se exhiben cajas de fruta, como en una verdulería. En una hay manzanas verdes y al lado se apoyan, como acariciándolo, unas botas verde jade de cuero fino.
Allí, en ese barrio, el escaparate de Tramando, el de Martín Churba, sugiere complejidad textil en un espacio minimalista. Igual que una muestra de pintura, este escaparate fue curado, sólo que por un estudio de arquitectura de Buenos Aires.
Si bien se ve una mirada sobre lo argentino que recorre el trabajo de los principales diseñadores, todos coinciden en que es demasiado temprano para hablar de una identidad definida del diseño local. Celedonio Lohidoy, creador de pequeñas obras de joyería, dice en su taller de Palermo Chico, mientras acaricia a su gata Maia, que lo único que diferencia el diseño argentino del brasileño o escandinavo es que los dos tienen tanta personalidad que el argentino se identificaría sólo porque no es ni uno ni otro. Lohidoy es el mago de los collares personalizados, etéreos y únicos, hechos con piedras de Brasil, cristales traslúcidos, turquesas y mariposas bordadas. Pueden ser petos que se aferran firmes al cuello o collares lánguidos y largos que circulan por el pecho, como una pieza de arquitectura íntima. Celedonio, que ha diseñado para la actriz Sarah Jessica Parker y la princesa Máxima Zorreguieta, fue categórico: “Es muy temprano para hablar de diseño argentino”.
PRIMAVERA-VERANO
Churba viste una camisa a cuadros rojos y azules y jeans gastados y habla de los colores de su próxima colección. Dice coral y parece estar viendo ese color aunque no lo tenga delante de sus narices. Esta colección se llama Trópico y está inspirada en un lugar imaginario entre el norte y el sur. Es la mirada de Churba —que es del sur— sobre el trabajo del artista Pablo Reinoso, que vive en Francia y es, por tanto, del norte. Reinoso diseña envases para Givenchy y otras marcas y Churba se inspiró en las charlas y el intercambio creativo que tuvo con él.
No es la primera vez que Churba trabaja con alguien. Ya lo había hecho con la polémica artista Nicola Constantino, que un tiempo atrás se sometió a una liposucción y utilizó sus propias grasas para hacer una línea de cien jabones con forma de espalda, cintura y cadera de mujer. Con Constantino, Martín Churba planeó ropa para estar cómodamente desnudo dentro de la casa. Fue la línea Piel, de la serie Peletería Humana. Una ironía en el país donde ningún turista se va sin al menos una chaqueta de cuero de vaca.
Esas prendas eran pants y camisetas de algodón peruano con pezones y anos estampados.
Tramando, la empresa que fundó en 2003 este cultor de la exploración un año después de separarse de Jessica Trosman, es según dice una “filosofía textil” apoyada en dos patas. Una de esas patas tiene que ver con la experimentación con diversos géneros: Churba tiene un verdadero laboratorio de telas en su fábrica. A él le gusta tocar su ropa. Me muestra un vestido de algodón engomado y plateado que se parece a un traje de los Supersónicos. Ahora toma entre sus dedos uno que se le resbala. Es un monumento a la deconstrucción. Pertenece a la colección del invierno pasado, Opus 7, inspirada en la arquitecta iraquí Zaha Hadid. El vestido parte de una enagua radiografiada, corta y llena de botones que se usan para construir nuevos vestidos con distintos largos y escotes.
La otra pata de su filosofía textil es la metáfora, relacionada con los vínculos que se establecen desde la trama. “De ahí que nos aliemos con otro artista para hacer una colección, con un país como es el caso de Japón, con quien estamos trabajando hace dos años y medio, y con proyectos sociales, como la cooperativa La Juanita o el Proyecto Puna”. La Cooperativa La Juanita es un taller de costureros del Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza, que se asociaron con Churba para producir y, desde entonces, la mayoría de lo que producen tiene exportación garantizada. El proyecto Puna es una iniciativa de Churba para enseñarle diseño a los artesanos de la Puna, en el noroeste argentino, para que puedan comercializar sus productos. Churba no se imagina la moda sin una trama que la trascienda.
Se tarda entre tres y siete meses en preparar una colección, y siempre hay ideas, desvelos y una búsqueda detrás. Este verano, Jessica Trosman sigue con desvelos anteriores, con una esencia futurista y femenina.
“Hablo de volúmenes, mezclo texturas y utilizo vivos. Me gustan mucho las montañas rusas y esta colección partió de unos dibujos simétricos de este juego. Hay formas que parecen monstruos y que vienen de la prenda misma”, dice.
IRRECONOCIBLE PALERMO
Mariano Toledo parecer ser un tipo práctico, enérgico. No tiene colores preferidos, se viste simple, es flaco, sonríe poco y asegura que su ropa tiene sentido del humor. Participó en la London Fashion Week de hace algunas temporadas, vende en Madrid y mostró su trabajo en la última Pasarela Santiago.
Su colección de esta temporada se basa en las imágenes de los caleidoscopios y en “cierto mecanismo de espejos”. Usa textiles traslúcidos, tecnológicos, estampados propios, troqueles, cuero y mezclas de telas inteligentes (térmicas, secas o impermeables) y artesanales.
Su flamante local de Palermo queda en la calle Armenia, en el corazón de este barrio que se rindió a la moda y donde hasta las bolsas donde cada cliente se lleva lo que acaba de comprar parecen salidas de un concurso. Algunas como las de Kukla, una interesante marca en ascenso, son fucsia neón y de plástico resistente. Kukla, que quiere decir muñeca en griego, nació en 2002 y abrió su primer local en 2004. Hace unos meses apostó al segundo, en la esquina de Malabia y El Salvador.
En diagonal al negocio de Toledo está el de Josefina Ferroni, una creadora de zapatos únicos, hechos artesanalmente en cuero de vaca o cabritilla. Tiene ballerinas (zapatos bajos, parecidos a los de las bailarinas de ballet, con pulsera en el tobillo o tiras para aferralos a las pantorillas), botines dark y botas hasta la rodilla. Hace sólo quince pares por número. Los más vendidos de este año: el zapato Cata, con tacón de 7.5 cm y una punta sutil.
Cerca, sobre El Salvador, Mishka es otra casa de calzado destacada por una delicada nostalgia retro. Marcelo Cantón, el dueño, participa de la escena de diseño local desde los comienzos de la Baf, en 2001.
“La paleta de Mishka es incontenible e indescifrable. Todo es posible de una forma inusual. Los materiales antiguos conviven con cueros japoneses de rara estampa. Creo que esto nos diferenció en un mercado aburrido, que se quedaba en el marrón, negro y camel típico de las zapaterías porteñas”, cuenta Cantón, hoy un referente en diseño de calzado, que también impuso su tacón extra flat en los circuitos locales.
No sólo el calzado era menos osado hace algunos años. Antes de este destape del diseño argentino, los porteños se vestían diferente. No convivían hasta el hartazgo, como ahora, con el diseño ni con los hoteles de diseño ni con los restaurantes diseñados. Todo transcurría dentro de los límites autárquicos del no diseño. Pero el que camine por Palermo o por Recoleta o por San Telmo verá que aquellos son tiempos que no vuelven.
Fernanda Sibilia es otro referente local. Se dedica a los accesorios. Usa técnicas de antigua joyería, diseños geométricos simples basados en arquitectos como Niemeyer. Trabaja con metales, pero hace poco agregó el cuero porque cree que en esta época la gente necesita calidez. Vende en Nueva York, Tokio, Hong Kong y casi nada en Argentina. Pero el otro día se dio una vuelta por Palermo y le dieron ganas de abrir un negocio en alguna esquina del barrio, aunque Palermo ya sea más una idea que un barrio, y todo un éxito inmobiliario con diversos nombres: Palermo Viejo, Palermo SoHo, Palermo Hollywood… hasta Palermo Queens, como le llaman ahora al antiguo barrio de Villa Crespo.
Volviendo al búnker negro de Ramírez, lejos del exceso de color de Palermo, aquí se respira un silencio de iglesia gótica a la hora de la siesta. El escritorio es grande como un altar, y en lugar de cáliz hay un vaso de vidrio que no tiene vino sino agua.
Hay algo en los uniformes que lo seduce, sea militar, de enfermera o de colegio. Le gusta el cuerpo cubierto.
“No adhiero a la tendencia de mostrar todo. Me gusta la seducción desde otro lugar, quizá más retorcido, de insinuación. De dejar ver, más que mostrar. Me acuerdo de esa escena de La lección de piano, cuando él ve un agujero en la media de ella y descubre una ventanita de piel. Eso me parece sexy.”
La colección que está hoy en vidriera tan retro sport, tan fresca, tan negra, merece una explicación. Es la antología de verano y Ramírez odia el verano. Le parece una misión imposible ser elegante con las gotas de sudor chorreando por el cuerpo y la ropa que se pega donde quiere. Por eso, su última antología se llamó: Verano, ten piedad de nosotros, y aunque ya no le pone nombre a las colecciones, dice que siempre pide por lo mismo. Verano ten piedad de nosotros. Como una letanía en nombre de la sagrada elegancia.
GUÍA PRÁCTICA
Todas estas tiendas tienen servicio exclusivo para sus clientes. Si le gusta un vestido pero lo prefiere de otro color o una talla más grande o más chica, es posible. Los precios varían pero un vestido ronda los 300 dólares. Hay T-shirts por 30 dólares, camisetas de cuello alto y mangas largas por 100, faldas por 60 y pantalones por 70. También hay abrigos de lana fría desde 350. Los vestidos de noche arrancan en los 500 dólares.
PABLO RAMÍREZ
Perú 587
T. 54 (11) 4342 7154
www.pabloramirez.com.ar
Lunes a viernes de 10:30 a 19:30 horas;
sábados de 10:30 a 15 horas.
TRAMANDO
Rodríguez Peña 1973
T. 54 (11) 4816 9422
www.tramando.com
Lunes a viernes de 10:30 a 20:30 horas;
sábados de 11 a 19 horas.
MARIANO TOLEDO
Armenia 1564
T. 54 (11) 4831 4861
www.marianotoledo.com
Lunes a sábados de 12 a 19 horas.
JESSICA TROSMAN
Armenia 1998
T. 54 (11) 4833 3058
Lunes a sábados de 10:30 a 20:30 horas.
LAURA VALENZUELA
El Salvador 5946
T. 54 (11) 4776 8334
www.laura-valenzuela.com
Diseño sensible y femenino; usa telas antiguas escogidas.
CECILIA GADEA
Ugarteche 3330
T. 54 (11) 4801 4163
www.ceciliagadea.com
Ropa lánguida y romántica.
VARANASI
Costa Rica 4672
T. 54 (11) 4833 1929
www.varanasi-online.com
Lunes a sábados de 11 a 20 horas.
AÍDA SIRINIAN
Gorriti 5868
T. 54 (11) 4772 8251
www.aidasirinian.com
Prendas de estructura simple y telas extraordinarias; se especializa en noche y fiesta.
FIOCCA
Perú 599
T. 54 (11) 4331 4585
www.ffiocca.com
VERO IVALDI
Gurruchaga 1585
T. 54 (11) 4832 6334
www.veroivaldi.com
LUPE
El Salvador 4657
T. 54 (11) 4833 0730
www.lupeba.com.ar
Ropa femenina, con influencias del rock.
KUKLA
Bulnes 2677
T. 54 (11) 4807 2406
www.kuklaonline.com.ar
HERMANOS ESTEBECORENA
El Salvador 5960
T. 54 (11) 4772 2145
www.hermanosestebecorena.com
Ropa de diseño informal para hombres.
ZAPATOS
MISHKA
El Salvador 4673
T. 54 (11) 4833 6566
www.mishkashoes.com
Lunes a sábados de 10:30 a 20:30 horas.
Precios entre 100 y 300 dólares.
JOSEFINA FERRONI
Armenia 1471
T. 54 (11) 4831 4033
www.josefinaferroni.com.ar
Lunes a sábados de 10 a 20 horas.
Los precios de ballerinas, botinetas y botas varían entre 100 y 200 dólares.
DE MARÍA
Libertad 1655
T. 54 (11) 4815 5001
www.zapatosdemaria.com.ar
Lunes a viernes de 10 a 21 horas
y sábados de 10 a 19 horas.
ACCESORIOS
CELEDONIO LOHIDOY
Galería Promenade Loc. 39
Alvear 1883
T. 54 (11) 4809 0046
www.celedonio.com.ar
Lunes a viernes de 10 a 20 horas; sábados de 10 a 14 horas.
Desde 40 dólares un par de aros hasta… mucho más.
SIBILIA
Venta exclusivamente por internet
T. 54 (11) 4963 8350
www.sibilia-accs.com
MARIAMARIA
Alvear 1807, Dpto. 33
T. 54 (11) 4803 9856
Lunes a viernes de 15 a 20 horas.
PERFECTOS DRAGONES
En Tiendamalba
Av. Figueroa Alcorta 3415
T. 54 (11) 4808 6550
www.malba.org.ar
HOTELES DE DISEÑO
En todos, la habitación doble cuesta entre 150 y 200 dólares, con desayuno.
HOME BUENOS AIRES
Honduras 5860
T. 54 (11) 4778 1008
www.homebuenosaires.com
VAIN BOUTIQUE HOTEL
Thames 2226/8
T. 54 (11) 4776 8246
www.vainuniverse.com
BUENOS AIRES BASE
Aráoz 1997 3D
T. 54 (911) 4031 2399
www.buenosairesbase.com
CELEDONIO Y LA METAMORFOSIS
Este arquitecto nacido en Tapalqué, en el interior de la provincia de Buenos Aires, se ha convertido en un artista de joyas únicas. Recién llegado de Trancoso, Bahía, Brasil, todavía no puede creer lo finos que eran esos cuencos hechos por los aborígenes. “En mi vida he visto algo igual, la forma en que trabajaban la madera. Eran tan finos que podías ver la luz”, dice y tiene los ojos luminosos, todavía con imágenes de mar.
Celedonio es rubio, largo y habla rápido. De pequeño jugaba con las cáscaras de cebolla. Hacía flores y le gustaba ver cómo el viento las atravesaba. Y aunque hoy trabaja con cristales Swarovski, perlas y plata, sigue creyendo que los materiales más nobles son los perecederos: el viento, las hojas, el hielo. Quizá por eso, después de algún tiempo de vida, cuando cree que agotaron su energía, les ofrece a las clientas cambiarle su peto o su collar largo. “Me cansé de este, hagamos otro, la energía que deposité acá, mutó”, le dijo el otro día a una señora elegantísima.
Para Celedonio Lohidoy todos necesitamos un talismán, y él no está seguro si sus creaciones son objetos protectores o placebos. “Pero como no es un medicamento para el cáncer, no importa. Si la energía que irradia es protectora, sirve”, dice y sonríe y subraya que él entiende a las mujeres, que sabe sobre la presión social que viven, que quiere que sus joyas sean una ayuda extra.
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