La moda emerge en Shanghai
Boutique Baccarat Fotografía de Oscar Malpica

La moda emerge en Shanghai

La moda es un concepto que contraviene buena parte de los preceptos enseñados por la doctrina comunista china. Pero si hay una ciudad que marca la pauta del cambio, ésa es Shanghai. Gary Bowerman nos lleva por las tiendas de aquellos diseñadores que han logrado echar a andar su talento e imaginación incluso más allá de las pautas de la moda internacional.
Por Gary Bowerman | septiembre 2007 | Tags: , , , , ,
Sentado en la terraza del Three on the Bund, al lado del río, en el verano de 2004, Giorgio Armani levantó sus blancas cejas. “Shanghai —sonrió— es la ciudad del mundo de la que más se está hablando.” En ese entonces, mucha gente descalificó las palabras del veterano empresario, tachándolas de eslogan mercadotécnico para promover la apertura de su más reciente y más flamante tienda en esa ciudad. Un par de meses después, sin embargo, la revista Time fue incluso más lejos: Shanghai —declaró— es “la ciudad más fenomenal del mundo”. Después de décadas de hibernación forzada, el genio de Shanghai fue, por fin, liberado de su botella.

A pesar de que China puede preciarse de tener milenios de historia, Shanghai es una ciudad relativamente joven. Tuvo un desarrollo muy fuerte tras la Guerra del Opio en 1842, cuando potencias extranjeras —principalmente Gran Bretaña y Francia— empezaron a utilizar su ubicación costera como sede para importar opio y exportar seda china, porcelana y té. Desde entonces, la fortuna de Shanghai ha estado íntimamente ligada al agua. Situado en el centro de la extensa costa este de China, el puerto marino de Shanghai tiene acceso además a dos ríos, el Wusong y el Huangpu —este último tributario del enorme Yangtze, que se utiliza para transportar bienes hacia y desde el interior de China.

Esta casualidad geográfica fue el catalizador del rápido crecimiento económico de finales del siglo XIX, cuando se convirtió en uno de los centros financieros y comerciales más ricos de Asia. Y de la abundancia vino la afición a la opulencia. Para los años 30, Shanghai era conocida como la “París de Oriente”, una ciudad nutrida simultáneamente de ginebra y opio, siempre en el borde entre el estilo y la decadencia, donde el diseño y la cultura occidentales se mezclaron como nunca con líneas y textiles chinos. Se abrieron tiendas departamentales art déco, florecieron las boutiques de ropa y los sastres de la ciudad se pusieron a trabajar de día y de noche.

El aura de glamour y excesos atrajo de inmediato a los ricos y famosos. Gangsters, magnates, modelos y estrellas de cine —incluidos Charles Chaplin y los actores Douglas Fairbanks y Noel Coward— se “enfiestaron” hasta el amanecer en los salones de baile y de jazz de los hoteles más lujosos de Asia —tales como el Astor House, el Park y el Cathay—. Los hombres fumaban puro y vestían smokings; las damas se adornaban con las perlas locales más finas y se deslizaban en los entallados vestidos qipao de seda. Todo mundo se deleitaba con champaña y esperaba que la fiesta durara para siempre. Pero la ocupación japonesa y la Segunda Guerra Mundial hicieron que la historia de Shanghai cambiara de curso y, después de la Revolución Comunista de 1949, la ciudad fue intencionalmente descuidada por el liderazgo chino a favor de Beijing.

El renacimiento de Shanghai estuvo, una vez más, relacionado con su ubicación. A fines de los años 80, cuando China abrió su economía al mundo, los mandatarios de Beijing escogieron dos ciudades al sur de China, Guangzhou y Shenzhen, para encabezar el giro de la nación como centro mundial manufacturero. Y como centro comercial y financiero, la costa este también necesitó renovarse para enfrentar a Hong Kong, que todavía era una colonia británica. Shanghai no desperdició la oportunidad.

Durante la década de los 90, las grúas constructoras dominaron el cielo de Shanghai para edificar vías rápidas, hoteles, oficinas, centros comerciales, trenes subterráneos y un segundo aeropuerto. Shanghai se estiró hacia arriba, con rascacielos de 60, 70 y hasta 80 pisos de altura sobre la ciudad vieja. Tras haber pasado por largos periodos de decadencia y, subsecuentemente, de abandono, Shanghai tuvo que crearse una nueva identidad como una ciudad internacional de estilo sustentable y con sustancia.

Hoy, cuando uno se para en el famoso Bund de Shanghai, es fácil ver cómo esta ciudad de 18 millones de habitantes ha vuelto a emerger como una de las metrópolis asiáticas más vibrantes. Las grandes mansiones neoclásicas del Bund, que revisten el banco oeste del río Huangpu —construidas hacia fines del siglo XIX y principios del XX mayoritariamente por instituciones bancarias internacionales— están siendo remodeladas por diseñadores de talla mundial y recicladas como emporios de la gastronomía y el estilo de vida.

El catalizador fue Three on the Bund, cuyo interior fue rediseñado por el norteamericano Michael Graves. Abierto en el verano de 2004, cuenta con cuatro restaurantes, incluido uno del aclamado chef francés Jean Georges Vongerichten; una ecléctica galería de arte y un spa Evian. Su vecino, Bund 5, cuenta con el Glamour Bar, una fusión chic entre un salón de baile de Shanghai en los años 30 y un lounge contemporáneo que prepara los mejores cocteles de la ciudad. El Aqua Bar del Bund 6, por su parte, tiene un tanque de tiburones en la entrada y una tienda de Dolce & Gabbana que da a la calle, con su propio bar de martinis.

Uno de los edificios más pequeños que dan al río, el Bund 9, perteneció alguna vez a la compañía China Merchants Steam Navigation, la primera marca china en establecer su presencia en el Bund. Renovado por el diseñador indonesio Jaya Ibrahim, fue reabierto a finales de 2005 como la sucursal china de la diseñadora taiwanesa Shiatzy Chen, quien exhibe aquí su sensual ropa para mujer.

Más adelante, en Bund 18, se han abierto tiendas como Ermenegildo Zegna y Cartier, en un lobby palaciego, con pilares de mármol del periodo del Renacimiento y candiles venecianos de vidrio soplado hechos a mano. En la mezzanine, la familia italiana Moratti, copropietarios del club de futbol Inter de Milán, ha abierto un café-boutique llamado Sibilla. Arriba, en el balcón, la osada tienda de ropa Younik despliega lo mismo prendas de lujo y experimentos de diseñadores locales, como las de Lu Kun, oriundo de Shanghai, la ropa informal de Jenny Ji o las creaciones en joyería de Jian Qiong Er.

Es aquí, en el Bund, donde el renacido amor por las tendencias occidentales resulta más evidente. Las marcas más renombradas del mundo han llegado en tropel en los últimos años, y se han apropiado de los mejores locales a lo largo de la ciudad. La premisa es que el aumento en la riqueza de Shanghai y la creciente población de ejecutivos significará muy pronto un aumento en las ventas. Además estas marcas reconocen que Shanghai es la ciudad que todo China busca emular.

Y LA MODA LLEGÓ

Para las marcas de ropa internacionales, Shanghai es la puerta de entrada a China. Cada noviembre, durante la Semana Mundial de la Moda, aparecen nuevos interesados. En 2006, Calvin Klein ofreció una extravagante fiesta en una bodega en desuso al norte de la ciudad, con 75 modelos internacionales y champaña para 1 200 invitados. Fue un acontecimiento fuera de lo común. Como me dijo Tom Murry, director general de la firma, “éste es nuestro acontecimiento global más grande del año. Nuestra meta es abrir cien nuevas tiendas para 2007 y gran parte de ellas estarán en Asia, más específicamente en China”.

Y el calendario de actividades relacionadas con la moda no se detiene. En 2006, Hugo Boss celebró la apertura de su tienda número mil a nivel mundial y Montblanc organizó una fiesta temática en torno al hielo para festejar su centenario en los estudios fílmicos de Shanghai, fiesta a la cual los invitados entraron caminando por una recreación tamaño natural de la calle de Nanjing en los años 30. En abril, H&M abrió la primera de sus dos tiendas en China con una ostentosa fiesta en el Museo de Ciencia y Tecnología de Shanghai, en la que Kylie Minogue ofreció un concierto.

“Prácticamente todas las marcas internacionales del mundo de la moda ya están aquí, en Shanghai”, afirma Cathy Hau, directora del Times Square de Shanghai, un centro comercial con cines y un complejo restaurantero en la calle Huaihai, cuya mezcla de marcas incluye a Zara, Givenchy, Swatch, Maison Mode y a Calvin Klein. Hau ha visto un “enorme cambio” desde que llegó a Shanghai proveniente de Hong Kong a fines de 2001. “En esos tiempos, los consumidores sabían muy poco de marcas internacionales. Pero la aceptación de las nuevas tendencias en la moda, de los estilos y las marcas ha avanzado increíblemente rápido, en particular durante los últimos tres años.”

Las chicas en Shanghai, en especial, tienen una fuerte conciencia de la moda y se han acostumbrado a comprar como pasatiempo, dice Amy Fabris-Shi, editora de la sección “Moda y estilo” de la publicación That’s Shanghai, la revista más importante de la ciudad en inglés. “Pero muchas encuentran todavía difícil combinar una buena vestimenta. Por ahora, las que rigen la moda son las marcas globales, como Zara y H&M, que —por primera vez— ofrecen colecciones y rangos de estilos orientados a los jóvenes.”

Ambas marcas calcularon con mucho cuidado cuándo llegar a China. El aumento de los sueldos ha dado lugar al surgimiento de la generación “M” o “Más”. “Mucha más gente está comprando por inspiración y por experimentar algo nuevo, no porque necesiten cosas, como sucedía en el pasado”, expresa Hau. “La gente en Shanghai está poniendo mucha más atención en el estilo de vida y son muy exigentes. Uno tiene que crear y contar historias con los nuevos productos, diseños y estilos para despertar el deseo de comprar.”

El elemento del estilo de vida es un factor clave, concuerda Fabris-Shi. “Estamos viendo ahora una apertura de centros que integran las compras con el ‘bienestar’, como Living Room, La Villa y muchos más que vienen en camino, como The Village on Dongping Road. Programado para abrirse este otoño, este complejo contará con la pastelería parisina Paul’s, una librería, un spa de uñas y un salón para masajes. Y Ferguson Lane, una mansión art déco de los años 30 con patio en la frondosa Wukang Road, cuenta con spa, cafetería, una tienda de productos para cuidar la piel, florista y una brasserie francesa y aunque apenas este verano abrió su primera fase, ya se ha vuelto increíblemente popular.

Y la sofisticación de la moda en Shanghai se alcanza a ver dondequiera. Alejándose del Bund a la altura del Peace Hotel (antiguamente el Cathay, y ahora cerrado durante dos años por reestructuración) y siguiendo al poniente por la avenida Nanjing, se llega a un área para caminar. En 1930, esta calle ya se conocía como “la calle preferida para ir de compras en China” por sus magníficos palacios art déco, tales como el Wing On o las tiendas departamentales de Shanghai número 1. Aunque su legado histórico ha sobrevivido, la parte este de la avenida Nanjing está siendo desarrollada para convertirse, en palabras del gobierno local, en “la Quinta Avenida de Shanghai”.

Otra probada del futuro muy próximo de lo que serán las compras en Shanghai puede encontrarse donde la calle peatonal se cruza con la calle Xizang (Tíbet) y se abre sobre People’s Square —una mezcolanza de edificios históricos art déco, museos modernistas, hoteles y rascacielos cubiertos de vidrio—. Aquí, los 333 metros y 60 pisos del centro comercial Shimao Plaza le roban la atención a las viejas tiendas departamentales, con sus despliegues de cosméticos de alta calidad y franquicias de moda y el hotel Le Royal Meridien.

Dos kilómetros más adelante sobre la calle Nanjing se encuentra la mayor concentración de marcas a gran escala de toda China. La extensión del “West End” de Shanghai —entre la plaza 66 en la esquina de Shaanxi y el templo de Jing’An— están los escaparates de tiendas como Prada, Tiffany, Fendi, Swarovski, Louis Vuitton, Bvlgari y Jean-Paul Gaultier. Según algunos comentaristas, la influencia de la cultura de la moda foránea sofoca el desarrollo de las marcas locales y de las identidades. Shanghai siempre ha estado orgullosa de ser la única ciudad en tierra china que verdaderamente acoge el encuentro entre oriente y occidente en la cultura, el diseño y la arquitectura. Sin embargo, a últimas fechas, si uno se fija en las vallas publicitarias, los restaurantes de comida rápida, las cafeterías, los cines, y las pantallas gigantes, la conclusión es que la balanza se está yendo a favor de las influencias importadas.

Pero no del todo. En la antigua Concesión Francesa, las villas estilo europeo con balcones, las calles cubiertas de árboles y las boutiques, cafés y restaurantes independientes ofrecen una probada de la verdadera alma de la ciudad. Aquí, sobre tranquilas avenidas como Fuxing, Anfu, Dongping, Wukang, Xingle, Xingguo y Julu, los diseñadores chinos y extranjeros están batallando para estampar su propia huella en el panorama de la aún naciente moda local de Shanghai. Los más ambiciosos de ellos sueñan con exhibir sus creaciones no sólo en las boutiques del Bund sino en las pasarelas del más alto nivel internacional.

EN BUSCA DE LA NUEVA ESTÉTICA SHANGHAI
Lu Kun es considerado casi unánimemente el diseñador más vanguardista de la ciudad. Ha exhibido su línea prêt-à-porter en las mejores pasarelas en Europa, Asia y Estados Unidos. Su pequeño taller está ubicado en una parte muy tranquila de la ciudad, y actualmente está preparándose tanto para la Semana de la Moda en Nueva York como para otra exhibición en el Museo Victoria & Albert de Londres. Sin embargo, habla abiertamente acerca del estado actual de la moda en China. “La industria de la moda en Shanghai se está moviendo positivamente, pero no lo suficientemente rápido. Necesitamos diseñadores que actúen en conjunto. Quizá nos falten todavía 10 o 15 años para alcanzar el nivel que tiene Nueva York y quizás aún más para alcanzar el de Milán o el de París.”

Paul Husband, consultor radicado en Hong Kong y coautor de The Cult of the Luxury Brand: Inside Asia’s Love Affair with Luxury coincide. “Creo que, un día, veremos a los diseñadores chinos o asiáticos en la escena global —dice— pero esto probablemente requiera que primero trabajen en una de las grandes casas de la moda para hacerse de un nombre.”

La naturaleza del sistema de educación chino —colectivo y repetitivo y que desprecia la creatividad y la innovación—, se considera frecuentemente como la culpable de las modas sin inspiración. “Muchos diseñadores chinos todavía usan dragones y el color rojo, cuando lo que necesitamos ahora es un diseño moderno”, dice Wang Wei, el primer diseñador nativo en exhibir en la Semana de la Moda en Londres en 2006. Wang hizo equipo con el hoy fallecido diseñador y artista Chen Yifei para crear la marca Layefe, la cual cuenta con 175 tiendas de ropa y artículos de casa en China, Japón y Corea así como en las calles Xintiandi y Taikang de Shanghai. Ahora radicado en Europa y a punto de convertirse en el verdadero primer diseñador global chino, él piensa que va a tener que pasar una década antes de que la genuina creatividad en la moda fluya de verdad en China, hasta que se dejen de copiar ideas extranjeras.

A pesar de los retos, la creatividad ha despertado en algunas partes de Shanghai, en particular en la calle Taikang. Se trata de un encantador laberinto de casas de ladrillos rojos, fábricas y bodegas reconstruidas que datan de 1950 y que fueron, antiguamente, una comuna de aspirantes a pintores, escultores y fotógrafos. Hoy es una ecléctica comunidad de pequeñas boutiques, joyerías, estudios, galerías y cafés de diseñadores chinos y extranjeros.

La moda experimental de aquí ofrece una seductora alternativa bohemia a los mega centros comerciales y a las aglomeraciones de las principales calles de compras. Visitar Taikang Road un día entre semana, por la tarde, es una obligación. Sus veredas sin aglomeraciones son el escenario de los trendsetters locales, de los estudiantes y periodistas de moda que conversan tranquilos, al tiempo que husmean entre los estantes de La Vie, un estudio-boutique que presenta a prometedores diseñadores jóvenes bajo la tutoría de la reina del estilo local, Jenny Ji. Otro establecimiento popular es Shirt Flag, que vende camisetas, mochilas, cuadernos y gorras estampados con la gráfica de JiJi, un diseñador del norte de China que retoma con cierta ironía la estética de la propaganda del Partido Comunista de la época de Mao.

Cruzando la calle, Red Dawn muestra una atrevida joyería contemporánea con influencias culturales propias de Shanghai, mientras el Shanghai Harvest Studio vende cojines bordados a mano, ropa y bolsas hechas por las mujeres de la etnia china miao, de la región sudoeste, quienes visten vestidos llenos de color. Mucho más que en cualquier otro sitio, la calle Taikang es un ejemplo de la convergencia de la creatividad que Shanghai espera nutrir —y exportar— en los años venideros.

*Traducción de Mayahuel Mojarro.

GUÍA PRÁCTICA

DÓNDE DORMIR

JIA SHANGHAI
93 Nanjing West Road
T. 86 (21) 6217 9000
www.jiashanghai.com
Habitaciones desde 265 dólares.

Un recién estrenado hotel boutique de 55 cuartos ubicado en una casa de 1920 en el corazón del “West End” de Shanghai.

OLD HOUSE INN
16, Lane 351, Hwa Shan Road
T. 86 (21) 6248 6118
www.oldhouse.cn
Habitaciones desde 95 dólares.

Doce cuartos en una antigua casa de la Concesión Francesa. La decoración de época incluye muebles antiguos de Shanghai, camas con dosel y cortinas de seda.
 
DÓNDE COMER
WHAMPOA CLUB
5/F Three on the Bund
T. 86 (21) 6321 3737
www.threeonthebund.com
Diario de 11:30 a 14:30 horas y 17:30 a 22 horas.
Menús de degustación desde 75 dólares por persona.

Es quizás el restaurante con el diseño más exquisito de Shanghai, donde el arte chino de 1930 se presenta en un marco de sofisticación contemporánea. El chef Jereme Leung le da un giro moderno, perfecto, a los platillos chinos tradicionales.

JADE ON 36
Pudog Shangri-La Hotel, 33 Fucheng Road
T. 86 (21) 6882 8888
www.jadeon36.com
Abierto solamente para la cena, de 18 a 23:30 horas.
Menú de degustación desde 52 dólares.

El mejor restaurante de Shanghai fue diseñado por Adam D. Tihany y tiene hermosas vistas. Pero la estrella de la experiencia es la creativa cuisine de voyage del chef Paul Pairet. Espere lo inesperado.

LOST HEAVEN   
38 Gao You Lu
T. 86 (21) 6433 5126
Diario de 11:30 a 14 horas y de 18 horas a medianoche.
Entre 20 y 25 dólares por persona, sin bebidas.

En este oscuro comedor se sirven ricos platillos fusión que mezclan recetas tailandesas, birmanas y del sureste chino.

DÓNDE COMPRAR
El horario rara vez es problema: las tiendas de Shanghai abren diario de las 10 hasta las 21 o 22 horas.

DOLCE & GABBANA
Bund 6
www.dolcegabbana.com


SHIATZY CHEN
Bund 9 Flagship Store
T. 86 (21) 6321 9155
www.shiatzychen.com


YOUNIK
4/F, Bund 18
T. 86 (21) 6323 7066
www.bund18.com


SHANGHAI TIMES SQUARE
99 Middle Huai Hai Road
T. 86 (21) 6391 0691
www.shtimessquare.com


FERGUSON LANE
374-376 Wukang Road
T. 86 (21) 6279 2767


THE VILLAGE
6 Dongping Road

LIVING ROOM
55 Xiangyang North Road
T. 86 (21) 5404 6007


THE VILLA
630 Yongjia Road
T. 86 (21) 5490 4510


LAYEFE HOME
12 North Block, Xintiandi Plaza, 181 Lane,
Tai Lang Road, Luwan District
T. 86 (21) 6226 0716
www.layefehome.com

LA VIE
Room 7, Lane 210 Taikang Road
T. 86 (21) 6445 3585
www.lavie.com.cn


SHIRTFLAG
Room 8, Lane 210 Taikang Road
T. 86 (21) 6466 7009
www.shirtflag.com


RED DAWN
Suite 105, Lane 210 Taikang Road
T. 86 (21) 6473 5066


SHANGHAI HARVEST STUDIO
Suite 118, Lane 210 Taikang Road
T. 86 (21) 6473 4566
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