
©Cortesía Xocoa / Xocoa
La nueva estirpe de chocolateros design
Regalar una caja de chocolates ya no tiene que ser la opción más obvia y predecible para salir del paso. Los nuevos maestros de la confitería experimentan ahora más que nunca con recetas, empaques, boutiques y “bares” de chocolate que no tienen precedentes en la historia de los placeres humanos. Aquí sus últimas ocurrencias.
Si los puristas mantienen que Suiza sigue siendo la única patria del chocolate es porque hace tiempo que no se pasean por los aparadores de las grandes metrópolis de nuestros días. En París, Bruselas, Tokio y Sydney, por mencionar algunas, los chocolateros independientes se quiebran la cabeza para apantallar con sus cada vez más creativas creaciones de chocolate, para luego desplegarlas en boutiques que más parecen templos del placer.
El deseo de innovar abarca la decoración de los interiores, el empaque, el desarrollo de productos y la presentación, orientados todos a una generación decidida a rodearse única y exclusivamente de objetos de diseño. De la cabeza a los pies y también a la hora de meterse una golosina a la boca.
Pero la innovación no se limita a la esfera visual. En lo que toca a los ingredientes, los chocolates de la más alta calidad se codean ahora con sabores que no conocían, como el té verde, la ginebra, el queso roquefort o lo que designen los aventurados alquimistas del azúcar. Y las nuevas boutiques cuentan con lugares para sentarse y degustar ahí mismo. Algunas, incluso, ofrecen cartas de postres y bebidas (de chocolate) más complejas que muchos menús de degustación.
En Japón, el 100% Chocolate Café, inaugurado recientemente en el barrio tokiota de Kyobashi, es una de esas concept stores donde uno siente que ha irrumpido en un casting de modelos: una clientela particularmente fashion se amontona para escoger tartaletas, pasteles o pâtisseries, panes dulces con frutas, crema o, las más de las veces, chocolate.
Por no hablar de la tercera sucursal del chef pastelero Pierre Hermé en esa misma ciudad, donde la cola es más larga cada día —y cada noche la tienda queda desvalijada por una nueva generación de adictos al chocolate—. Pues este nuevo palacio de la glotonería, de dos pisos y situado en Omotesando, el barrio de moda de Tokio, propone un concepto muy original, algo intermedio entre una tiendita de la esquina y un templo.
El mago francés se inspiró en las convenient stores, el equivalente japonés de las misceláneas, donde se encuentra de todo, sólo que para acondicionar la suya contrató al inventivo diseñador local Masamichi Katayama. “Cuando vengo a Japón me gusta mucho darme una vuelta por las convenient stores”, explica el pastelero, “ahí compro productos movido por el mero placer del momento y la verdad es que encuentro muchas novedades muy tentadoras. Eso mismo esperamos hacer sentir a los clientes de esta nueva boutique”.
Y dicho y hecho: en la planta baja, un amplio espacio depurado permite meterse a husmear y comprar en el universo de Pierre Hermé. La planta alta, de un ambiente más sobrio, depara el “bar de chocolate”, una pequeña sala concebida como lugar de calma y relajación enteramente dedicada a la degustación de las especialidades del confitero, puestas en escena como si fuesen joyas. Pues si bien Hermé tiene uno que otro detractor, su número de adeptos no cesa de crecer, como si se tratase de un club de fieles admiradores, una fraternidad de golosos empedernidos que le rinden un verdadero culto y lo consideran como un mago de los postres, “el pastelero de alta costura” (en París), “el Picasso de la pastelería” (en Nueva York) o “el arquitecto de las emociones” (en Tokio).
Hermé inventa formas que ponen en aprieto cualquier intento de describirlas. Por ejemplo, con la apertura del Musée du Quai Branly en París, el chef alsaciano se imaginó una serie de máscaras de chocolate que retoman figuras emblemáticas de las colecciones arte que utilizan las mejores cosechas de cacao. Y su boutique de la calle de Vaugirard, creada por el diseñador Christian Biecher, es como una bombonera gigante de colores acidulados.
También en Japón, el chocolate belga es todo un éxito. En el corazón de Nagoya, el centro económico de este país desde hace unos años, Pierre Marcolini abrió su cuarta boutique japonesa. En el seno del Midland Square, un fabuloso edificio de 47 pisos que acoge todas las grandes marcas de lujo internacionales, la sucursal de cerca de 200 metros cuadrados ofrece los mejores frutos de sus tres oficios: chocolatero, heladero y pastelero. Las golosinas que han endiosado a esta marca de Bruselas incluyen tejas preparadas con especias, chocolates con aroma a violeta y semillas de gran calidad seleccionadas de entre productores del mundo entero que preconizan el comercio justo.
En España, donde la creación culinaria de Ferrán Adrià ha inspirado a una ola de adeptos a la experimentación culinaria, la marca Cacao Sampaka explora recetas hasta ahora desconocidas: chocolate con anchoas, aceite de oliva o parmesano figuran de manera prominente en la lista de los best sellers. En la misma línea, el chocolatero Jean-Paul Hévin ha perfeccionado una gama de chocolates con sabores de quesos franceses como époisses, Pont l'Évêque o roquefort.
Menos osada pero igualmente atraída por las mezclas insólitas, la marca Richart imagina una colección de sabores herbales: el té de jazmín, la albahaca, el anís estrella y el hinojo se transforman en cremas tipo ganache, y el tomillo prueba su suerte como el ingrediente principal de un praliné. Por último, encontramos una energía similar en la propuesta del más joven talento de la capital francesa, Patrick Roger, quien ha lanzado a la órbita sus esferas azuladas que semejan globos terráqueos.
El empaque es otro rubro que ya rebasó por mucho no sólo el ámbito de la necesidad, sino también el de la elegancia: ahora cajas, papeles y listones rayan en la creación artística. La marca Xocoa, por ejemplo, establecida en Barcelona, juega con códigos altamente visuales para atraer la mirada de todos los que se acercan: imaginada por el joven dúo de diseñadores Mucho, la serie de tabletas simula, mediante sus gráficos cubiertas de discos psicodélicos, que tapizan los muros de los puntos de venta.
Y si bien al principio este movimiento avanzó de manera discreta y silenciosa con pequeñas empresas independientes, las grandes marcas ya se han dado cuenta de la importancia del ingenio. Es el caso de la casa Lindt, que abrió su primera concept store en Sydney, Australia, donde todos los productos que se venden han sido diseñados especialmente para la marca. Algo similar sucede en la sección gourmet de Les Galeries Lafayette de París, donde no cesa de aumentar la variedad de chocolates a la antigua, empaques retro, marcas que cuidan el comercio justo, y colecciones que cuidan sus procesos desde el momento de elegir la cosecha; empresas que podrían llegar a convencernos de que ser goloso no es un pecado capital.
*Traducción de Claudia Itzkowich
MÁS INFORMACIÓN
www.xocoa-bcn.com
www.pierreherme.com
www.jphevin.com
www.marcolini.be
www.patrickroger.com
www.richart.com
www.lindt.com
www.wonder-wall.com
www.galerieslafayette.com
El deseo de innovar abarca la decoración de los interiores, el empaque, el desarrollo de productos y la presentación, orientados todos a una generación decidida a rodearse única y exclusivamente de objetos de diseño. De la cabeza a los pies y también a la hora de meterse una golosina a la boca.
Pero la innovación no se limita a la esfera visual. En lo que toca a los ingredientes, los chocolates de la más alta calidad se codean ahora con sabores que no conocían, como el té verde, la ginebra, el queso roquefort o lo que designen los aventurados alquimistas del azúcar. Y las nuevas boutiques cuentan con lugares para sentarse y degustar ahí mismo. Algunas, incluso, ofrecen cartas de postres y bebidas (de chocolate) más complejas que muchos menús de degustación.
En Japón, el 100% Chocolate Café, inaugurado recientemente en el barrio tokiota de Kyobashi, es una de esas concept stores donde uno siente que ha irrumpido en un casting de modelos: una clientela particularmente fashion se amontona para escoger tartaletas, pasteles o pâtisseries, panes dulces con frutas, crema o, las más de las veces, chocolate.
Por no hablar de la tercera sucursal del chef pastelero Pierre Hermé en esa misma ciudad, donde la cola es más larga cada día —y cada noche la tienda queda desvalijada por una nueva generación de adictos al chocolate—. Pues este nuevo palacio de la glotonería, de dos pisos y situado en Omotesando, el barrio de moda de Tokio, propone un concepto muy original, algo intermedio entre una tiendita de la esquina y un templo.
El mago francés se inspiró en las convenient stores, el equivalente japonés de las misceláneas, donde se encuentra de todo, sólo que para acondicionar la suya contrató al inventivo diseñador local Masamichi Katayama. “Cuando vengo a Japón me gusta mucho darme una vuelta por las convenient stores”, explica el pastelero, “ahí compro productos movido por el mero placer del momento y la verdad es que encuentro muchas novedades muy tentadoras. Eso mismo esperamos hacer sentir a los clientes de esta nueva boutique”.
Y dicho y hecho: en la planta baja, un amplio espacio depurado permite meterse a husmear y comprar en el universo de Pierre Hermé. La planta alta, de un ambiente más sobrio, depara el “bar de chocolate”, una pequeña sala concebida como lugar de calma y relajación enteramente dedicada a la degustación de las especialidades del confitero, puestas en escena como si fuesen joyas. Pues si bien Hermé tiene uno que otro detractor, su número de adeptos no cesa de crecer, como si se tratase de un club de fieles admiradores, una fraternidad de golosos empedernidos que le rinden un verdadero culto y lo consideran como un mago de los postres, “el pastelero de alta costura” (en París), “el Picasso de la pastelería” (en Nueva York) o “el arquitecto de las emociones” (en Tokio).
Hermé inventa formas que ponen en aprieto cualquier intento de describirlas. Por ejemplo, con la apertura del Musée du Quai Branly en París, el chef alsaciano se imaginó una serie de máscaras de chocolate que retoman figuras emblemáticas de las colecciones arte que utilizan las mejores cosechas de cacao. Y su boutique de la calle de Vaugirard, creada por el diseñador Christian Biecher, es como una bombonera gigante de colores acidulados.
También en Japón, el chocolate belga es todo un éxito. En el corazón de Nagoya, el centro económico de este país desde hace unos años, Pierre Marcolini abrió su cuarta boutique japonesa. En el seno del Midland Square, un fabuloso edificio de 47 pisos que acoge todas las grandes marcas de lujo internacionales, la sucursal de cerca de 200 metros cuadrados ofrece los mejores frutos de sus tres oficios: chocolatero, heladero y pastelero. Las golosinas que han endiosado a esta marca de Bruselas incluyen tejas preparadas con especias, chocolates con aroma a violeta y semillas de gran calidad seleccionadas de entre productores del mundo entero que preconizan el comercio justo.
En España, donde la creación culinaria de Ferrán Adrià ha inspirado a una ola de adeptos a la experimentación culinaria, la marca Cacao Sampaka explora recetas hasta ahora desconocidas: chocolate con anchoas, aceite de oliva o parmesano figuran de manera prominente en la lista de los best sellers. En la misma línea, el chocolatero Jean-Paul Hévin ha perfeccionado una gama de chocolates con sabores de quesos franceses como époisses, Pont l'Évêque o roquefort.
Menos osada pero igualmente atraída por las mezclas insólitas, la marca Richart imagina una colección de sabores herbales: el té de jazmín, la albahaca, el anís estrella y el hinojo se transforman en cremas tipo ganache, y el tomillo prueba su suerte como el ingrediente principal de un praliné. Por último, encontramos una energía similar en la propuesta del más joven talento de la capital francesa, Patrick Roger, quien ha lanzado a la órbita sus esferas azuladas que semejan globos terráqueos.
El empaque es otro rubro que ya rebasó por mucho no sólo el ámbito de la necesidad, sino también el de la elegancia: ahora cajas, papeles y listones rayan en la creación artística. La marca Xocoa, por ejemplo, establecida en Barcelona, juega con códigos altamente visuales para atraer la mirada de todos los que se acercan: imaginada por el joven dúo de diseñadores Mucho, la serie de tabletas simula, mediante sus gráficos cubiertas de discos psicodélicos, que tapizan los muros de los puntos de venta.
Y si bien al principio este movimiento avanzó de manera discreta y silenciosa con pequeñas empresas independientes, las grandes marcas ya se han dado cuenta de la importancia del ingenio. Es el caso de la casa Lindt, que abrió su primera concept store en Sydney, Australia, donde todos los productos que se venden han sido diseñados especialmente para la marca. Algo similar sucede en la sección gourmet de Les Galeries Lafayette de París, donde no cesa de aumentar la variedad de chocolates a la antigua, empaques retro, marcas que cuidan el comercio justo, y colecciones que cuidan sus procesos desde el momento de elegir la cosecha; empresas que podrían llegar a convencernos de que ser goloso no es un pecado capital.
*Traducción de Claudia Itzkowich
MÁS INFORMACIÓN
www.xocoa-bcn.com
www.pierreherme.com
www.jphevin.com
www.marcolini.be
www.patrickroger.com
www.richart.com
www.lindt.com
www.wonder-wall.com
www.galerieslafayette.com
- Páginas
- 1























