Lloyd: cultura holandesa hasta en la cama
Si de viajar se trata, no hace daño elegir un hotel que esté vinculado al destino que uno ha elegido. Y en Ámsterdam, el Lloyd es no sólo una oportunidad para vivir entre cuarto paredes diseñadas por artistas locales, sino para codearse con ellos en el café, el restaurante y las múltiples actividades culturales que se organizan en el singular edificio.
Llegué al hotel Lloyd en un típico domingo soleado de agosto. La atmósfera era amigable y acogedora (la palabra en holandés para ello sería gezellig), la gente en la terraza disfrutaba del sol y de su almuerzo. Yo tenía cita con Nathalie van der Hoeven.
La primera vez que esta amigable mujer supo de la existencia del hotel Lloyd fue cuando se hospedó ahí con su novio. El sitio le pareció realmente inspirado así que decidió, en ese instante, que quería algún día trabajar en él. Hace como un año empezó en el restaurante y ahora es una de las anfitrionas de la recepción.
Era la hora del almuerzo, justo entre la salida de unos huéspedes y la llegada de los siguientes, lo cual significaba que Nathalie podría enseñarme varias de las habitaciones mientras las limpiaban, pues aquí ninguna es igual a la otra.
El hotel Lloyd es un edificio notable, un monumento nacional construido en 1918 durante el periodo Amsterdamse School, una estética de construcción expresionista muy popular entre 1910 y 1940. Se pueden hallar muchos ejemplos en Ámsterdam (obviamente), aunque también en Spaarndammerbuurt y en el área de Cornelis Springerstraat, una hermosa zona de paseo para los interesados en la arquitectura que puede ser un gran plan en combinación con el cercano Albert Cuyp Market, uno de los muy populares mercados al aire libre. A ambos sitios se puede llegar en el Tram 4, el cual parte de la Estación Central.
El edificio del Lloyd nació como un hotel para inmigrantes en 1921, el Koninklijke Hollandsche Lloyd (Royal Dutch Lloyd). En 1940 fue convertido en prisión por las tropas de la ocupación alemana y después de la guerra, el gobierno holandés siguió usándolo como prisión, primero de adultos y después, desde 1964, como centro de detención para jóvenes. Esto acabó en 1989, y desde entonces hasta antes de volverse hotel, sirvió como taller para artistas.
El 11 de noviembre de 2004, el hotel Lloyd fue abierto oficialmente, lo cual le devolvió su función original. Sólo que en esta encarnación se trata de un hotel conceptual: sus 117 habitaciones van desde 1 hasta 5 estrellas, desde los 95 euros hasta los 450. Pero lo que se ofrece no es lo que viene en la típica habitación 5 estrellas, y Nathalie me explica que a veces los huéspedes, confundidos, regresan a la recepción preguntando por el minibar totalmente abastecido. El hotel Lloyd no tiene tal cosa. La idea es ofrecer el mismo servicio —eso sí, de óptima calidad— a todos los huéspedes, sin importar en la clase de habitación en la que se estén quedando.
El hotel fue fundado por Suzanne Oxenaar, Otto Nan, Liesbeth Mijnlieff y Gerrit Groen. La inspiración: el tipo de hotel en el que a ellos les hubiese gustado quedarse, un hotel que realmente formara parte del vecindario, donde los lugareños pudieran ir a tomar un trago o a comer.
Nathalie me enseñó muchas de las habitaciones. Las de 1 estrella son bastante pequeñas, pero lindas, con un baño comunal en el pasillo y bata de baño para llegar cómodos hasta él. Y las estrellas aumentan según el tamaño del cuarto y los magníficos detalles de diseño, a cargo de artistas holandeses, quienes en ocasiones recurren a muebles diseñados in situ o de segunda mano.
Muchos de los cuartos tienen alguna gracia en la tina o en la regadera, que suelen estar dentro de la habitación, para minimizar el desperdicio de espacio. En uno de ellos parece como si no hubiera regadera hasta que uno la descubre salida de la pared, en medio de la habitación; las puertas del closet sirven para separarla. Otro que vi, uno precioso 5 estrellas en el ático, tiene una enorme tina en el centro. Y una de las habitaciones de 3 estrellas tiene adentro una enorme construcción amarilla edificada a partir de varias unidades que dan la impresión de ser móviles (no lo son). Resulta que es el baño, diseñado por Joep van Lieshout, quien también diseñó el “music room”, un cuarto a prueba de ruido hecho de madera con una cama para ocho personas y unos baños verdes muy funky.
En el sótano, al igual que en el segundo, el cuarto y el sexto piso (el ático) hay instaladas hornillas para cocinar. Estas unidades tienen disponible agua a punto de ebullición, lista para preparar té o café.
Y así como el sótano tiene todas las tuberías expuestas bajo el techo, el ático tiene el piso original de cemento, y algunas de las habitaciones tienen baldosas despostilladas. Obviamente, esto es intencional, pero inesperado en un hotel que tiene una atmósfera tan fastuosa: los huéspedes que llegan sin saber nada de la historia del edificio o del concepto a veces requieren alguna explicación por parte del personal de la recepción.
Por eso el hotel Lloyd se define a sí mismo como una institución para el visitante culto, y se autodenomina “embajada cultural”. En su biblioteca de arte los visitantes pueden examinar a fondo los libros disponibles y algunas partes del hotel que se usan como salas de exposición. Pero quizá lo que mejor transmita el espíritu del sitio sea el “Lloyd time on Monday”, una tarde en la cual se le solicita participar a uno o más huéspedes ya sea con una conferencia, un concierto o algo que pueda ser del interés de los demás. De acuerdo con las intenciones de sus fundadores, “Lloyd time on Monday” también atrae a los lugareños.
El restaurante también obedece a esa actitud de no hacer distinciones entre rangos. Snel (“rápido” en holandés) ofrece una gran variedad de productos orgánicos que el hotel le compra a campesinos y a negocios locales. El menú está basado en la tradición europea clásica y cuenta con muchos platillos distintos con los cuales cada quién puede componerse su propia comida, dependiendo qué se le antoje. La cocina abre las 24 horas al día para los huéspedes y todos los platillos del menú están disponibles de día y de noche.
El hotel tiene también un arreglo con uno de los restaurantes cercanos, el Fifteen, fundado por el chef Jamie Oliver, de la BBC, para entrenar a chicos con dificultades. Después del entrenamiento, éstos tienen la oportunidad de trabajar en algún área del restaurante.
Lloyd está situado cerca de la Estación Central y es muy fácil llegar por cualquier medio de transporte; incluso se puede anclar un bote justo cruzando el hotel. Y el área está en plena ebullición gracias a la recientemente abierta Biblioteca Central de Ámsterdam, una visita que también vale la pena hacer si se tiene tiempo libre.
Además no hay que olvidar que el hotel está situado casi al filo del río Ij, cuya vista se disfruta desde las habitaciones. Y cuando estaba en el sexto piso, descubrí una estrecha ventana con vista hacia el otro lado que me recordó lo hermosa que Ámsterdam puede ser. Desde la ventana se puede ver no sólo la parte vieja de la ciudad sino también las áreas recién construidas. ¡Asegúrese de incluir ambas en su recorrido!
*Traducción de Mayahuel Mojarro
HOTEL LLOYD
Hotel y Embajada Cultural
Oostelijke Handelskade 34
T. 31 (20) 561 3604
www.lloydhotel.com
Habitaciones desde 125 a 400 euros.
Durante el verano, el hotel se llena a tope, por lo que los viajes tienen que planearse por adelantado. Fuera de temporada, con reservar unas semanas antes es suficiente.
La primera vez que esta amigable mujer supo de la existencia del hotel Lloyd fue cuando se hospedó ahí con su novio. El sitio le pareció realmente inspirado así que decidió, en ese instante, que quería algún día trabajar en él. Hace como un año empezó en el restaurante y ahora es una de las anfitrionas de la recepción.
Era la hora del almuerzo, justo entre la salida de unos huéspedes y la llegada de los siguientes, lo cual significaba que Nathalie podría enseñarme varias de las habitaciones mientras las limpiaban, pues aquí ninguna es igual a la otra.
El hotel Lloyd es un edificio notable, un monumento nacional construido en 1918 durante el periodo Amsterdamse School, una estética de construcción expresionista muy popular entre 1910 y 1940. Se pueden hallar muchos ejemplos en Ámsterdam (obviamente), aunque también en Spaarndammerbuurt y en el área de Cornelis Springerstraat, una hermosa zona de paseo para los interesados en la arquitectura que puede ser un gran plan en combinación con el cercano Albert Cuyp Market, uno de los muy populares mercados al aire libre. A ambos sitios se puede llegar en el Tram 4, el cual parte de la Estación Central.
El edificio del Lloyd nació como un hotel para inmigrantes en 1921, el Koninklijke Hollandsche Lloyd (Royal Dutch Lloyd). En 1940 fue convertido en prisión por las tropas de la ocupación alemana y después de la guerra, el gobierno holandés siguió usándolo como prisión, primero de adultos y después, desde 1964, como centro de detención para jóvenes. Esto acabó en 1989, y desde entonces hasta antes de volverse hotel, sirvió como taller para artistas.
El 11 de noviembre de 2004, el hotel Lloyd fue abierto oficialmente, lo cual le devolvió su función original. Sólo que en esta encarnación se trata de un hotel conceptual: sus 117 habitaciones van desde 1 hasta 5 estrellas, desde los 95 euros hasta los 450. Pero lo que se ofrece no es lo que viene en la típica habitación 5 estrellas, y Nathalie me explica que a veces los huéspedes, confundidos, regresan a la recepción preguntando por el minibar totalmente abastecido. El hotel Lloyd no tiene tal cosa. La idea es ofrecer el mismo servicio —eso sí, de óptima calidad— a todos los huéspedes, sin importar en la clase de habitación en la que se estén quedando.
El hotel fue fundado por Suzanne Oxenaar, Otto Nan, Liesbeth Mijnlieff y Gerrit Groen. La inspiración: el tipo de hotel en el que a ellos les hubiese gustado quedarse, un hotel que realmente formara parte del vecindario, donde los lugareños pudieran ir a tomar un trago o a comer.
Nathalie me enseñó muchas de las habitaciones. Las de 1 estrella son bastante pequeñas, pero lindas, con un baño comunal en el pasillo y bata de baño para llegar cómodos hasta él. Y las estrellas aumentan según el tamaño del cuarto y los magníficos detalles de diseño, a cargo de artistas holandeses, quienes en ocasiones recurren a muebles diseñados in situ o de segunda mano.
Muchos de los cuartos tienen alguna gracia en la tina o en la regadera, que suelen estar dentro de la habitación, para minimizar el desperdicio de espacio. En uno de ellos parece como si no hubiera regadera hasta que uno la descubre salida de la pared, en medio de la habitación; las puertas del closet sirven para separarla. Otro que vi, uno precioso 5 estrellas en el ático, tiene una enorme tina en el centro. Y una de las habitaciones de 3 estrellas tiene adentro una enorme construcción amarilla edificada a partir de varias unidades que dan la impresión de ser móviles (no lo son). Resulta que es el baño, diseñado por Joep van Lieshout, quien también diseñó el “music room”, un cuarto a prueba de ruido hecho de madera con una cama para ocho personas y unos baños verdes muy funky.
En el sótano, al igual que en el segundo, el cuarto y el sexto piso (el ático) hay instaladas hornillas para cocinar. Estas unidades tienen disponible agua a punto de ebullición, lista para preparar té o café.
Y así como el sótano tiene todas las tuberías expuestas bajo el techo, el ático tiene el piso original de cemento, y algunas de las habitaciones tienen baldosas despostilladas. Obviamente, esto es intencional, pero inesperado en un hotel que tiene una atmósfera tan fastuosa: los huéspedes que llegan sin saber nada de la historia del edificio o del concepto a veces requieren alguna explicación por parte del personal de la recepción.
Por eso el hotel Lloyd se define a sí mismo como una institución para el visitante culto, y se autodenomina “embajada cultural”. En su biblioteca de arte los visitantes pueden examinar a fondo los libros disponibles y algunas partes del hotel que se usan como salas de exposición. Pero quizá lo que mejor transmita el espíritu del sitio sea el “Lloyd time on Monday”, una tarde en la cual se le solicita participar a uno o más huéspedes ya sea con una conferencia, un concierto o algo que pueda ser del interés de los demás. De acuerdo con las intenciones de sus fundadores, “Lloyd time on Monday” también atrae a los lugareños.
El restaurante también obedece a esa actitud de no hacer distinciones entre rangos. Snel (“rápido” en holandés) ofrece una gran variedad de productos orgánicos que el hotel le compra a campesinos y a negocios locales. El menú está basado en la tradición europea clásica y cuenta con muchos platillos distintos con los cuales cada quién puede componerse su propia comida, dependiendo qué se le antoje. La cocina abre las 24 horas al día para los huéspedes y todos los platillos del menú están disponibles de día y de noche.
El hotel tiene también un arreglo con uno de los restaurantes cercanos, el Fifteen, fundado por el chef Jamie Oliver, de la BBC, para entrenar a chicos con dificultades. Después del entrenamiento, éstos tienen la oportunidad de trabajar en algún área del restaurante.
Lloyd está situado cerca de la Estación Central y es muy fácil llegar por cualquier medio de transporte; incluso se puede anclar un bote justo cruzando el hotel. Y el área está en plena ebullición gracias a la recientemente abierta Biblioteca Central de Ámsterdam, una visita que también vale la pena hacer si se tiene tiempo libre.
Además no hay que olvidar que el hotel está situado casi al filo del río Ij, cuya vista se disfruta desde las habitaciones. Y cuando estaba en el sexto piso, descubrí una estrecha ventana con vista hacia el otro lado que me recordó lo hermosa que Ámsterdam puede ser. Desde la ventana se puede ver no sólo la parte vieja de la ciudad sino también las áreas recién construidas. ¡Asegúrese de incluir ambas en su recorrido!
*Traducción de Mayahuel Mojarro
HOTEL LLOYD
Hotel y Embajada Cultural
Oostelijke Handelskade 34
T. 31 (20) 561 3604
www.lloydhotel.com
Habitaciones desde 125 a 400 euros.
Durante el verano, el hotel se llena a tope, por lo que los viajes tienen que planearse por adelantado. Fuera de temporada, con reservar unas semanas antes es suficiente.
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