Fin de semana
NÚMERO 69
Comer en Ensenada, la capital del 'Mexiterráneo'
Algo está pasando en E nsenada, hace dos años que se nota. Sus aguas ricas en nutrientes son los dominios del mejor mejillón del mundo, así como de almejas, ostiones y otras exquisitas especies que son la causa de una bullente actividad en el puerto. Paraíso de cocineros y descubrimiento gastronómico para los fugitivos de los cruceros..
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De guayaberas a guayaberas en Mérida
Número 68 - septiembre 2007Gabriel García Márquez llevaba una guayabera el día en que recibió el Premio Nobel; el presidente George W. Bush lucía una cuando vino a México en marzo pasado. Y Ricky Martin ha llegado a usarlas en sus conciertos. Esta nota nos lleva a conocer la historia y las cualidades de una prenda que dista mucho de haber sido siempre tan aristocrática.
Tlaxcala de las verdes matas
Número 67 - agosto 2007Hasta hace unas décadas, el pulque era bebida –y casi alimento– de niños y adultos en todo el país. Un recorrido como el que presentamos a través de los pocos pueblos que lo siguen produciendo como antes le despertará de nuevo la curiosidad gustativa a todo mundo.
Xalapa de parque en parque
Número 66 - julio 2007Que en Xalapa llueva entre 200 y 1 800 milímetros al año y que se encuentre en un bosque de niebla explica sólo parcialmente la belleza de sus parques y jardines. Otro factor es el contagioso amor que les tienen por igual habitantes y autoridades, quienes apenas hace dos años decidieron apartar 80 hectáreas para construir un jardín xalapeño más.
Puerto Peñasco: mar y desierto al extremo
Número 65 - junio 2007No es el típico resort mexicano; ni siquiera se parece a otras playas del mar de Cortés. Aquí todo es inédito: el carácter binacional de la ciudad (es decir, Rocky Point), los grandes edificios, las anchas playas de aguas tranquilas, las mareas y, sobre todo, las magnitudes fantásticas del desierto y el mar.
La Francia veracruzana del río Bobos
Número 64 - mayo 2007En ciertos pueblos del golfo, el sabor veracruzano le ha dejado su lugar a panaderías con horno de ladrillo, licor de naranja y tejados franceses, herencia de una comunidad que llegó a estas tierras con la ambición de participar en un proyecto agrícola. En sus museos, playas y restaurantes, la combinación es digna de verse.
Al encuentro de los gigantes verdes
Número 63 - abril 2007En el Valle de los Gigantes la historia tiene forma de cactus. Este territorio de la península de Baja California, comprendido entre el Golfo de California y la Sierra de San Pedro Mártir, está habitado por majestuosos cactus de más de 17 metros de altura. Encontrarse con ellos es contemplar de frente una de las caras más vivas del desierto.
San Pancho, un pueblo con estilo en el Pacífico
Número 62 - marzo 2007San Pancho es el apodo cariñoso —y casi oficial— del pueblo nayarita de San Francisco, en la Bahía de banderas. Su oferta turística es tan relajada como su nombre. Sin embargo, la calidad de sus restaurantes y hoteles está a la altura de sus privilegiados paisajes.
Érase una vez en Durango
Número 61 - febrero 2007Si a Durango se le conoce como “tierra de cine” es porque en los paisajes conformados por sus tierras áridas, cielos azules y luz nítida se han filmado más de 170 películas: actores de la talla de John Wayne y James Coburn filmaron algunos de los ejemplares más memorables del género western. Visitar los sets que siguen en pie constituye una extraña y fascinante manera de descubrir su legado.
Música, arte y mucha calma en San Miguel de Allende
Número 60 - diciembre 2006-enero 2007A simple vista, San Miguel de Allende puede parecer un tanto cursi, obvio. Pero basta rascar un poco sus coloridas fachadas, asomarse a través de los gruesos muros de sus edificios virreinales, y elegir bien las paradas gastronómicas y culturales para descubrir una ciudad asombrosa.
Cuernavaca: la verdadera historia de su eterna primavera
Número 59 - noviembre 2006Cuernavaca ha visto pasar de todo: el imperio de los Habsburgo, la mafia norteamericana de los años treinta, la psicodelia de los sesenta. Sus mansiones y jardines sobreviven con aquella frondosidad que los hizo famosos, protegidos del tiempo por muros de piedra, tan infranqueables como eternamente apetecibles.























