Cartagena, la consentida, revisitada
Fotografía de Juan Giraldo

Cartagena, la consentida, revisitada

Cartagena ha resistido todo tipo de desafíos —incluido el de atraer hordas de turistas cuando al resto del país no llegaban más que a cuentagotas—. Y ante la presión que existe para modernizarse, la ciudad amurallada más carismática del Caribe responde con cambios sutiles, perceptibles apenas, pero bien justos y necesarios.
Como pasaba en los tiempos en que no se rindió ante el acoso de los piratas y corsarios que querían saquearla, Cartagena de Indias se niega a abrir las puertas de sus murallas a la ciudad que nació, creció y se está reproduciendo más allá y que toda Colombia llama “la otra”.

Allá afuera se respira progreso (la ciudad retirada de las murallas tiene una zona industrial, varios centros comerciales, urbanizaciones de hermosas casas como las de los tradicionales barrios Alameda la Victoria y Recreo), pero en ese otro pedazo no habita el espíritu sofisticado del área delimitada por el cordón de murallas de 11 kilómetros de largo.

La cuestión es sencilla: no hay que buscar la fiesta donde no está. Y no sólo la fiesta. También la historia que cuenta una ciudad valiente que peleó con furia por su libertad y se rodeó de fuertes para evitar el saqueo y la humillación, y, en resumen, pagó con sangre el título de “La Heróica”.

Puede usted llegar por lo uno o por lo otro. Cartagena brinda ambas cosas. Clases de historia, tal vez en el día, y la mejor diversión en la noche. O a cualquier hora. De un hedonismo desbordado, no por nada la llaman también “el salón de fiestas de Colombia”.

Sin importar la época del año, Cartagena es visitada por miembros de la realeza, dignatarios de países cercanos y remotos, estrellas del show bussines en su esplendor o en su ocaso; papas, hijos de presidentes, artistas y todo aquel que quiere ver y ser visto.

Ciertamente, parece una hermosa sala en la que se celebran los mejores y más exclusivos eventos. Uno de los más recientes y recordados es la filmación, el año pasado, de la película El amor en los tiempos del cólera, de la novela homónima de Gabriel García Márquez, que con la presencia de actores como Javier Bardem y John Leguizamo generó un júbilo parecido al que vivió la ciudad cuando Marlon Brando la visitó para grabar Queimada!, estrenada en 1969.

Cartagena vive de gala sin importar la hora. Todos los fines de semana pasa por sus calles y playas gente linda de cualquier lugar del planeta que sólo busca divertirse. Es destino frecuente del presidente colombiano por ser sede alterna del gobierno y, además, lugar escogido para convenciones nacionales e internacionales de todo tipo y en cualquier mes. Por eso, tal vez, es la consentida de la casa que prefiere estar alejada, o así lo pretende, de guerras y otros líos.

HISTORIA DE DÍA, FIESTA DE NOCHE (Y DE DÍA)
Cartagena fue la primera ciudad de Colombia en liberarse del yugo español (la Independencia se proclamó el 11 de noviembre de 1811). La historia de las heroicas batallas que se libraron por esa causa y para librarse de temibles piratas, como el inglés Francis Drake, son enseñanza obligada en sus escuelas.

Fuertes como el de San Fernando y las baterías de San José y del ángel San Rafael, en la isla de Tierrabomba, a media hora del muelle turístico, son los sobrevivientes mudos de una época difícil, pero que le dio a la ciudad todo lo que hoy tiene.

Las tres construcciones forman el canal de Bocachica (así se llama esa parte de la isla que es corregimiento de Cartagena), paso obligado para llegar a “La Heróica”. Se trata de un interesante sitio para visitar, no sólo por su historia, sino por tener una de las playas más tranquilas, sin demasiados vendedores ambulantes, en la que no puede faltar, a la hora del almuerzo, la bandeja tradicional de pescado frito con patacones, ensalada de lechuga y tomates y agua de limón con panela (el equivalente del piloncillo mexicano).

Los nativos de Bocachica han encontrado en el negocio de las artesanías una de sus principales fuentes de ingresos, al lado de la pesca. Así que nadie creería que pasamos por ahí si no volvemos con el cuello forrado de un collar de caracoles o conchas.

El paseo por estas tierras también incluye el recorrido obligado por parques y plazas, como el modesto parque Bolívar, diagonal a la Catedral, que durante muchos años hizo de dormitorio para ancianos abandonados y niños indigentes, y hoy luce recuperado y feliz con bonitas fuentes y coquetos cafés en sus alrededores, en los que pueden conseguirse jugos de frutas tropicales como el mango o la patilla (o sandía).

Al lado del antiguo convento y posterior hospital de caridad de las hermanas clarisas (hoy el suntuoso Hotel Sofitel Santa Clara) está la plaza de San Diego, custodiada en una de sus esquinas por el imponente claustro de San Diego, en el que funciona desde 1983 la Escuela Superior de Bellas Artes. Por las tardes el lugar se llena de estudiantes que se mezclan con los turistas que salen del hotel a mirar las ventas callejeras de artesanías, que más o menos a esas horas toman el sitio.

El ambiente es tan predecible como agradable. Mientras en el piso y las bancas de la plaza se acomodan artesanos y estudiantes a conversar, cerveza en ma-no, en los alrededores se agrupan empresarios y gente de alto estrato de la ciudad; personajes del jet-set criollo y, en ocasiones, hasta estrellas de Hollywood a comer en pequeños y graciosos restaurantes, con fachadas en tonos azules, rojos y amarillos, que sacan sus mesitas a la calle.

Más allá de la plaza, en la calle Tumbamuertos, se encuentran algunos viejos caserones que conservan su apariencia antigua, pero han sido restaurados por un puñado de ricos y famosos que prefieren tener refugio permanente en Cartagena con las comodidades, lujos e inventos de las grandes urbes. Este tipo de vivienda es ya un lugar común en toda la zona histórica.

También lo son los selectos hoteles boutique, como La Merced, en la calle Don Sancho, de ocho habitaciones; o El Marqués, en la calle Nuestra Señora del Carmen de Santo Domingo, también de  ocho cuartos, que funciona en una de las casas coloniales más bellas de todo el centro.
En el barrio Getsemaní, a unos 10 minutos en carro de la ciudad vieja, también se pueden mirar elegantes mansiones. Una de ellas, entre las calles de la Media Luna y del Guerrero, se conoce como la de la “esquina del movimiento”.

Ahí funciona Café Havana, un sitio de salsa con presentaciones en vivo y eventuales proyecciones de películas (como en el pasado Festival Internacional de Cine de Cartagena, en febrero), en el que además se puede encontrar buena comida cubana, como el puerco a la naranja con yuca o la ropa vieja con arroz moro.

Los dueños del sitio no pudieron haber encontrado mejor zona para poner a todo el mundo a bailar salsa de la vieja que en el barrio en que se inició el movimiento emancipador de Cartagena, que precedió su liberación.

En Getsemaní también puede visitarse (un plan mucho más relajado), la iluminada plazoleta del pozo, un parque pequeño con un pozo de
los deseos, rodeado de distinguidos restaurantes de comida española. La tranquilidad del lugar contrasta con el recuerdo que tienen los cartageneros mayores de ese mismo sitio, que alguna vez fue escenario de fandangos públicos.

Y si hasta este punto no se ha tenido suficiente de toda la zona histórica, hay que regresar a la muralla, al baluarte de Santo Domingo, que se concibió originalmente para defender a la ciudad de los ataques del sanguinario corsario Francis Drake, subir unos cómodos peldaños en madera y sentarse, de frente al mar, en uno de los seductores sofás del Café del Mar a tomarse un coctel. Este lounge se especializa en música electrónica y toda clase de comidas: desde golosinas o ensaladas hasta finos mariscos.

Y aunque parezca imposible después de una noche de fiesta, en Cartagena amanece. Y a 15 minutos en carro se puede llegar a Bocagrande, la cara moderna del turismo en Cartagena. Con playas hasta el tope, edificios nuevos y la presencia de reconocidos restaurantes de comida rápida.
Más allá está el barrio Castillogrande y su tranquilo paseo peatonal paralelo a la bahía, y no hay que alejarse mucho de la muralla de la que se niega a salir la Cartagena de Indias consentida de Colombia, en donde sabemos que estamos disfrutando hasta que nos adaptamos a elloπ

DATOS ÚTILES

TRANSPORTE
Desde la Ciudad de México, Buenos Aires o Santiago de Chile se puede volar a Cartagena con Avianca (www.avianca.com). Asimismo, desde Bogotá Avianca tiene 9 vuelos al día a Cartagena con tarifas desde 220 dólares.

Cartagena es una ciudad de poco más de un millón de habitantes en la que muchos recorridos se pueden hacer a pie, para evitar complicaciones de estacionamiento, especialmente en el Centro Histórico. Entre un barrio y otro es mejor tomar un taxi.

El viaje a Bocachica se hace en lanchas rápidas que se pueden tomar en el muelle turístico La Bodeguita. Un pasaje cuesta en promedio 7 dólares y también hay planes de 25 dólares que incluyen el almuerzo y el transporte de ida y vuelta.

CLIMA
La temperatura promedio de la ciudad es de 27 grados centígrados, el clima es tropical cálido-húmedo con temporada de lluvias de mayo a noviembre y tiempo seco entre diciembre y abril. Conviene llevar ropa ligera.

GUÍA PRÁCTICA

DÓNDE DORMIR
LA MERCED HOTEL BOUTIQUE
Calle Don Sancho 36-165
T. 57 (53) 664 7727
www.lamercedhotel.com
Habitaciones desde 250 dólares.

Justo enfrente de la Plaza de la Merced, antiguo lugar de fusilamientos, se encuentra la casa del siglo XVIII. Las ocho habitaciones fueron bautizadas con nombres como “Don Jaime” y “Doña Carmen” en homenaje a la familia Pretelt Martínez, su propietaria por generaciones. Entre sus variados servicios, se destaca la disponibilidad de bicicletas para pasear por la ciudad amurallada.

AGUA
Calle Ayos 4-29
T. 57 (53) 664 9479
Habitaciones desde 270 dólares.

Se trata de uno de los primeros hoteles boutique de la ciudad, con seis suites encantadoras, alberca y un servicio impecable.

CASA CABAL
Calle del Candilejo 32-34
T. 57 (53) 664 0838
www.hotelcasacabal.com
Habitaciones desde 190 dólares.

Los espléndidos balcones, el patio interior y los portales transportan al siglo XVI, tiempo del que data esta casa estilo colonial de cinco suites y una suite principal, y un encantador sitio “de estar” junto a un aljibe en el patio.

CASA DEL ARZOBISPADO
Calle del Arzobispado 34-52
T. 57 (53) 664 4162
Habitaciones desde 300 dólares.

Tiene 10 habitaciones de estilo colonial, construidas a fines del siglo XVII, pero con todas las comodidades de la vida moderna. Entre los servicios que presta se destacan los dos restaurantes, uno de ellos tipo comedor y el otro especializado en tapas y vinos.

CASAS PRIVADAS
www.laheroica.com
Un hotel boutique con un puñado de habitaciones está bien. Pero una casa histórica para uno solo está aun mejor. Y las que opera esta compañía conjugan una arquitectura realmente especial con todas las adaptaciones de la vida moderna y un servicio impecable.

BÓVEDAS DE SANTA CLARA
Calle del Torno
T. 57 (53) 664 6070
www.bovedasdesantaclara.com
Habitaciones desde 200 dólares.

Funciona en un elegante edificio estilo republicano y cuenta con siete suites y 11 habitaciones de lujo. Durante su estadía, los huéspedes pueden acceder a las áreas recreativas del Hotel Sofitel Santa Clara, que forma parte de la misma empresa.

DÓNDE COMER
LA COCINA DE SOCORRO
Diagonal al Centro de Convenciones de Cartagena
de Indias
T. 57 (53) 660 2044
www.lacocinadesocorro.com
El precio de la bandeja de pescado depende del tamaño, pero ronda los 15 dólares.

Cocina del mar preparada con recetas del caribe colombiano, transmitidas de generación en generación.

LA VITROLA
Calle Baloco 33, 2-01
T. 57 (53) 660 0711
Precios desde 20 hasta
45 dólares, sin bebidas.

Es uno de los mejores sitios de la ciudad para comer pescados y mariscos.

EL MAR DE JUAN
Plaza de San Diego 8-12
T. 57 (53) 664 2782
Precios desde 26 a 48 dólares,
sin bebidas.

Muy buen sitio de comida fusión.

DÓNDE RUMBEAR
CAFÉ HAVANA
Calle de la Media Luna con calle del Guerrero
www.cafehavanacartagena.com
Martes a domingos de 19 hasta las 4 horas.

En este sitio se presentan grupos de salsa en vivo los jueves y domingos.

CAFÉ DEL MAR
Centro Baluarte Santo Domingo
T. 57 (53) 664 6513
www.cafedelmarcolombia.com
Lunes a domingos
de 16 a 4 horas.


DÓNDE COMPRAR
KETTY TINOCO BOUTIQUE
Calle Baloco, Edificio Piñeres
T. 57 (53) 664 0525
www.kettytinoco.com

Ésta es la sede principal de las tiendas de la diseñadora cartagenera del momento, que se ha presentado con éxito en ferias de moda nacionales y recientemente abrió una boutique en Panamá. Sus creaciones se destacan por ser ligeras y femeninas.

GABY ARENAS
Calle San Pedro Claver 31-14
T. 57 (53) 664 2577

En esta fina boutique se encuentran accesorios en cuero para ocasiones informales o grandes galas. La diseñadora, que bautizó la tienda con su nombre, es cartagenera y lleva 20 años en esta industria.

JOYERÍA NANCY
Avenida San Martín 6-29
T. 57 (53) 665 2445

En este sitio se pueden conseguir accesorios de oro y plata hechos con la técnica de filigrana momposina, un arte complejo y de tradición que trabajan los orfebres de Mompox, un pueblo a orillas del río Magdalena.
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