
© Cortesía hotel Las Hadas / Alberca La Hadas
Manzanillo y sus playas de ébano
Para fines turísticos, el puerto de Manzanillo se explica a través del lente de Las Hadas: su arquitectura morisca, su campo de golf, los gloriosos años en que se inmortalizó con Bo Derek, la mujer perfecta. Desde entonces han pasado muchas cosas. Pero en parte precisamente por eso, es tiempo de volver al viejo Manzanillo.
La arena de las playas de Manzanillo es muy fina y oscura, pues las costas del estado de Colima son el límite de una zona volcánica que se eleva 4 mil metros sobre el nivel del mar y que desciende en una pendiente que termina en el Pacífico. Un estado tan pequeño tiene una diversidad geográfica increíble y está coronado por los picos del Volcán de Fuego y del Nevado de Colima. Por eso, en menos de una hora, se puede llegar de las zonas boscosas que rodean las montañas a las bahías gemelas de Manzanillo y Santiago, salpicadas en su entorno por abundantes limoneros.
Al llegar a Manzanillo, y al hotel Las Hadas, que es donde me hospedo, inevitablemente recuerdo aquella película de Blake Edwards en la que el personaje de Dudley Moore se enamora de la memorable “mujer perfecta”, encarnada por Bo Derek. La historia de Manzanillo como destino turístico quizá tenga por viñeta el año de 1979, cuando la película se filmó en las playas del hotel, que en ese entonces sólo tenía cuatro años de vida. Sin embargo, la historia del puerto es añejísima.
Está situado en un punto privilegiado de las rutas de navegación que vienen del lejano oriente, del norte, centro y sur del continente americano y aun de Ocea-nía. A Manzanillo llegaban las naos procedentes de China y Filipinas. Incluso cuentan por acá que todas las palmeras que hay en el puerto fueron traídas del lejano archipiélago filipino en esos barcos. Hoy en día, Manzanillo se considera un puerto de altura debido a la gran cantidad de operaciones comerciales que se realizan ahí. Por eso es fascinante detenerse sobre el malecón, o en el imponente rompeolas, a observar la llegada de los enormes cargueros y cruceros que hacen su parada en la bahía.
Durante muchos años se consideró a Manzanillo la “capital mundial del pez vela”, pues la abundancia y el peso descomunal de los ejemplares que se pescan en sus aguas son una seducción para los deportistas. Y hoy Manzanillo se anuncia como un lugar amigable y muy próspero, con un envidiable nivel de vida. Puedo notarlo en los rostros de la gente que trabaja aquí: son atentos en todo momento y muy entusiastas.
Cuando se inauguró Las Hadas, Manzanillo se convirtió en un destino privilegiado por el turismo internacional. Pocas veces en este país un hotel fue el detonador de un destino turístico, pero en este caso así ocurrió. Después de tres décadas, y tras una renovación minuciosa, a Las Hadas le sigue beneficiando su ubicación a orillas de una pequeña y exclusiva bahía en la península de Santiago, una bahía con oleaje minúsculo y aguas límpidas. Pero más trascendente que su ubicación geográfica es su arquitectura, concebida como una mezcla singular de rasgos moriscos y mediterráneos, y con un toque tal de lo fantástico, que ya pensar en Manzanillo es evocar la blancura y sinuosidad de Las Hadas.
El nombre del hotel viene de las leyendas de navegantes que creían ver, en noches de luna llena, siluetas iluminadas bailando sobre el agua. Una caminata por la marina, en una noche húmeda de luna, me permitió comprobar cómo en efecto la presencia de fósforo sobre la superficie de un mar increíblemente tranquilo lanza resplandores. En realidad el lugar sí tiene un aura especial, pero las dos hadas de yeso que reciben a los visitantes en el lobby principal son hoy un toque más kitsch que mágico. En todo caso, no estoy segura si esta atmósfera irreal se da gracias a la ubicua blancura o a que en cada recoveco del hotel —desde sus innumerables torres y almenas hasta sus pasillos curvilíneos y empedrados, sus puentes, umbrales y túneles— hay enigmáticas figuras de pegasos, peces, leones, delfines o sirenas que se asoman inesperadamente. Es un lugar que pide ser explorado a como dé lugar, al menos por los niños, que observo correr por las callecitas, jugando a que son príncipes de un palacio gigantesco.
Un fin de semana en Manzanillo debe comenzar con una salida tempranera al campo del golf de 18 hoyos de Las Hadas. Este campo fue diseñado por Pete y Roy Dye, y tan sólo un paseo en carrito da una idea de lo complejos que son algunos de los tiros (por ejemplo el hoyo 6, con más de 360 metros). La parada en el 18 es obligatoria, pues está ubicado sobre una isla pequeña en la bahía a la que se llega por un puente y la vista es extraordinaria, como extraordinario es lograr el hole in one.
En el almuerzo, uno de los platillos más ricos que comí en Manzanillo es el ceviche bautizado con el nombre del estado: una combinación de zanahorias, cebollas y salsas, picada muy finamente, con abundante limón que cuece el pescado dorado. Y está la cocina del chef Tirso Barrera, un hombre de enigmática sonrisa que se encarga de preparar cuidadosamente cada platillo que pone sobre las mesas de los restaurantes Legazpi y Los Delfines, en el hotel. Su mariscada es espectacular: un platón de barro montado sobre un anafre del mismo material, que se desborda con una langosta humeante partida por la mitad, trozos de pescado dorado, langostinos y camarones al por mayor, todo a la parrilla. A este manjar no podía verle el fin.
La tarde se disfruta en el centro histórico, recién remodelado, con una visita al monumental pez vela del escultor Sebastián, que es el icono del puerto. En su explanada se puede esperar el atardecer mientras se toma una nieve, un agua fresca o incluso una de esas raras bebidas llamadas tubas, que se extraen de la miel de la flor de la palma y que llevan, entre otros ingredientes, frutas y cacahuates. El palacio municipal fue remodelado por el arquitecto José Luis Ezquerra, quien también diseñó Las Hadas. Por eso los portales en la plaza principal tienen esa reminiscencia en sus techos abovedados y blancos. De hecho, pareciera que todo en Manzanillo le hace eco al diseño arquitectónico del resort. Llama la atención pasear por las callecitas serpenteantes del puerto y ver aquí y allá repeticiones incansables de los guiños moriscos y mediterráneos del hotel.
De noche, para comenzar la velada, el bar del restaurante Legazpi evoca el interior de un barco y, detrás de la barra, pintados sobre los muros, hay frescos que narran la historia de Manzanillo: los tiempos de la Conquista, la llegada de los astilleros al puerto durante la Colonia... seguramente ésta sí es una de las obras más bellas en todo el hotel. Los tragos que se beben aquí (ojo con el especial de la casa, una bebida perfumada con coco) anticipan el segundo festín del día, y los tintos que acompañan la cena —una selección de vino Único 2001, premiado recientemente en Bruselas— proceden de los viñedos de Santo Tomás, en Baja California. Del menú se recomienda como entrada la terrina de ave y corazón de foie gras con aderezo de zarzamoras. También el bisque de langosta al Pernod. Como plato fuerte, los camarones “estofados” con uvas.
Los siguientes días, una vez familiarizados con el sitio y siempre teniendo en mente que a Manzanillo se viene en un plan relajado, son para disfrutar de las playas. A cuarenta minutos del puerto, hacia el sur y tomando por la autopista hacia Colima, se encuentra una serie de playas conocidas como las “playas de ébano”, por el tono oscuro que les da la ceniza volcánica: Armería, El Paraíso, el estero Palo Verde, Tecomán, Boca de Pascuales y Tecuanillo. La línea costera se extiende en una barra de varios kilómetros justo frente a la hermosa laguna de Cuyutlán. Cuyutlán es un pueblo pesquero, famoso porque su mar adquiere un tono verde intenso durante los meses de abril y mayo. Es un santuario para los surfistas que disfrutan sus olas de más de ocho metros durante la temporada de abril a junio. En las cercanías de Cuyutlán está el tortugario de la región.
En las enramadas de la playa de Boca de Pascuales se sirven deliciosos langostinos al mojo de ajo y pescado zarandeado. No hay que perdérselos, mientras la mirada se solaza con los variados colores de las sombrillas contra el fondo de la arena oscura y las tablas de surf que bailan con las olas.
DOS IMPRESCINDIBLES EN MANZANILLO
TORNEO DE PEZ VELA
El torneo internacional de pez vela se celebra en la primera o segunda semana de noviembre. La premiación se otorga a los tres mejores ejemplares de pez vela, marlín y dorado. En el último torneo se pescó un ejemplar de más de 300 kilos, así que el próximo debe superar esa talla. Para inscribirse hay que contactar al Deportivo de Pesca de Manzanillo (T. (314) 332 7399).
CEVICHE COLIMA
Este ceviche es la especialidad en Manzanillo y una de las razones principales para regresar. Se trata de un jugoso ceviche de filete de pescado dorado, que se pesca en sus costas, jugo de limón en abundancia, jugo de naranja, jitomate, cebolla y zanahorias ralladas. Se sirve en conchas de ostras y lleva un toque de orégano y otros ingredientes secretos. Es delicioso con tostadas o con las imprescindibles galletas saladas, y acompañado de un buen tarro de cerveza helada.
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR
Manzanillo es uno de los puertos principales en la costa del Pacífico y por ello es un destino privilegiado de yates y cruceros. El aeropuerto internacional Playa de Oro, cerca de Barra de Navidad, se encuentra a 25 minutos. Manzanillo es un lugar al que se accede fácilmente desde la ciudad de Guadalajara (que se encuentra a tan sólo 3 horas) por la autopista 54 y de la capital del estado, que está a 94 kilómetros. Desde la Ciudad de México, por tierra, se llega por Guadalajara, por la misma autopista 54.
DÓNDE DORMIR
LAS HADAS
Av. Los Riscos y Av. Vista Hermosa s/n
Península de Santiago
T. (314) 331 0101
www.brisas.com.mx
Suites desde 2 280 pesos.
Después de su trigésimo aniversario el hotel ha pasado por una renovación exhaustiva que comprende desde millares de litros de pintura blanca, hasta mobiliario nuevo. El lobby principal es un sitio muy agradable, por la luz suave que lo atraviesa y por los sillones españoles de mimbre en tonos beige y blanco. En los próximos meses la piscina principal será remodelada con mosaicos venecianos.
DÓNDE COMER
LOS DELFINES
En Las Hadas
De 12 a 23 horas.
Especializado en mariscos. Los ceviches Colima, Acapulco y el de pescado dorado son las entradas más recomendables. También los platillos con langosta preparados por el chef. Tiene una vista muy bonita de la bahía de Las Hadas y de la marina privada del resort.
LEGAZPI
En Las Hadas
De 18 a 23 horas.
Consumo promedio de 500 pesos.
Es un restaurante gourmet que ha sido premiado varias veces y que ofrece un breve pero suculento menú con platillos de comida internacional. Muy recomendable el tenderloin de res con salsa de queso roquefort.
LA TOSCANA
Boulevard Miguel
de la Madrid 3177
T. (314) 333 2515
Abre sólo para cenar,
de 18:30 a 23 horas.
Consumo promedio de 250 pesos.
La chef Elvira Guzmán lleva 20 años preparando excelentes platillos de cocina internacional, pero con su toque muy personal y servicios sobre la playa. Se recomienda el pargo al vino blanco con mejillones, camarón y champiñones.
RISTORANTE PORTOFINO
Boulevard Miguel de la Madrid 923
T. (314) 333 1333
De 13 horas a medianoche,
excepto lunes.
Consumo promedio de 200 pesos.
Comida italiana en varias presentaciones y excelente servicio. Se recomienda el spaghetti con fruti di mare.
L’RECIF
Cerro del Cenicero s/n
Península de Juluapan
T. (314) 335 0900
De noviembre a abril
de 17 a 24 horas.
Ubicación privilegiada para ver la puesta del sol, ya que se encuentra sobre un acantilado. Su cocina es francesa e internacional de gran sabor.
CHANTILLY
Juárez y Madero 60, Centro
T. (314) 332 0194
Consumo promedio de 60 pesos.
Es un cafecito clásico en Manzanillo y está ubicado sobre la plaza principal. Sirven deliciosos cafés capuchinos y desayunos. Y lo mejor es el Seven up (o Fresca) con pulpa de naranja, que es muy refrescante.
DE NOCHE
La vida nocturna de Manzanillo se concentra sobre el Boulevard Miguel de la Madrid, a orillas de la Playa Azul, en donde se pueden encontrar dos discotecas perfectas para jóvenes muy jóvenes: el Nautilus (Boulevard Miguel de la Madrid 950; T. (314) 334 3331) y el Colima Bay Café (Boulevard Miguel de la Madrid 921; T. (314) 333 1150; www.colimabaycafe.com.mx). Son las típicas discos con música tecno, abarrotadas de adolescentes que se escaparon de Guadalajara para pasar el fin de semana.
BAR SOCIAL
Juárez y Niños Héroes
Muy pocos fuereños conocen este secreto enclavado en el zócalo de Manzanillo, aunque se trata de un lugar de gran tradición. Entrar aquí es viajar 50 años en el pasado, sobre todo cuando uno se ve envuelto en reminiscencias del art déco al sentarse sobre su extrañísima barra circular. La atención es personalizada, pues el dueño siempre está al pendiente ofreciendo estupendas botanas. Es excelente para finalizar la tarde.
SUNSET LOUNGE
Boulevard Miguel
de la Madrid 3161
T. (314) 333 6874
Miércoles y jueves de 19 a 24 horas, viernes y sábados de 19 horas... “hasta morir”.
El mejor lugar para pasar una velada deliciosamente tranquila, con un buen trago en la mano, es este beach bar con camas colgantes y sillones sobre la playa, excelente música y botanas.
Al llegar a Manzanillo, y al hotel Las Hadas, que es donde me hospedo, inevitablemente recuerdo aquella película de Blake Edwards en la que el personaje de Dudley Moore se enamora de la memorable “mujer perfecta”, encarnada por Bo Derek. La historia de Manzanillo como destino turístico quizá tenga por viñeta el año de 1979, cuando la película se filmó en las playas del hotel, que en ese entonces sólo tenía cuatro años de vida. Sin embargo, la historia del puerto es añejísima.
Está situado en un punto privilegiado de las rutas de navegación que vienen del lejano oriente, del norte, centro y sur del continente americano y aun de Ocea-nía. A Manzanillo llegaban las naos procedentes de China y Filipinas. Incluso cuentan por acá que todas las palmeras que hay en el puerto fueron traídas del lejano archipiélago filipino en esos barcos. Hoy en día, Manzanillo se considera un puerto de altura debido a la gran cantidad de operaciones comerciales que se realizan ahí. Por eso es fascinante detenerse sobre el malecón, o en el imponente rompeolas, a observar la llegada de los enormes cargueros y cruceros que hacen su parada en la bahía.
Durante muchos años se consideró a Manzanillo la “capital mundial del pez vela”, pues la abundancia y el peso descomunal de los ejemplares que se pescan en sus aguas son una seducción para los deportistas. Y hoy Manzanillo se anuncia como un lugar amigable y muy próspero, con un envidiable nivel de vida. Puedo notarlo en los rostros de la gente que trabaja aquí: son atentos en todo momento y muy entusiastas.
Cuando se inauguró Las Hadas, Manzanillo se convirtió en un destino privilegiado por el turismo internacional. Pocas veces en este país un hotel fue el detonador de un destino turístico, pero en este caso así ocurrió. Después de tres décadas, y tras una renovación minuciosa, a Las Hadas le sigue beneficiando su ubicación a orillas de una pequeña y exclusiva bahía en la península de Santiago, una bahía con oleaje minúsculo y aguas límpidas. Pero más trascendente que su ubicación geográfica es su arquitectura, concebida como una mezcla singular de rasgos moriscos y mediterráneos, y con un toque tal de lo fantástico, que ya pensar en Manzanillo es evocar la blancura y sinuosidad de Las Hadas.
El nombre del hotel viene de las leyendas de navegantes que creían ver, en noches de luna llena, siluetas iluminadas bailando sobre el agua. Una caminata por la marina, en una noche húmeda de luna, me permitió comprobar cómo en efecto la presencia de fósforo sobre la superficie de un mar increíblemente tranquilo lanza resplandores. En realidad el lugar sí tiene un aura especial, pero las dos hadas de yeso que reciben a los visitantes en el lobby principal son hoy un toque más kitsch que mágico. En todo caso, no estoy segura si esta atmósfera irreal se da gracias a la ubicua blancura o a que en cada recoveco del hotel —desde sus innumerables torres y almenas hasta sus pasillos curvilíneos y empedrados, sus puentes, umbrales y túneles— hay enigmáticas figuras de pegasos, peces, leones, delfines o sirenas que se asoman inesperadamente. Es un lugar que pide ser explorado a como dé lugar, al menos por los niños, que observo correr por las callecitas, jugando a que son príncipes de un palacio gigantesco.
Un fin de semana en Manzanillo debe comenzar con una salida tempranera al campo del golf de 18 hoyos de Las Hadas. Este campo fue diseñado por Pete y Roy Dye, y tan sólo un paseo en carrito da una idea de lo complejos que son algunos de los tiros (por ejemplo el hoyo 6, con más de 360 metros). La parada en el 18 es obligatoria, pues está ubicado sobre una isla pequeña en la bahía a la que se llega por un puente y la vista es extraordinaria, como extraordinario es lograr el hole in one.
En el almuerzo, uno de los platillos más ricos que comí en Manzanillo es el ceviche bautizado con el nombre del estado: una combinación de zanahorias, cebollas y salsas, picada muy finamente, con abundante limón que cuece el pescado dorado. Y está la cocina del chef Tirso Barrera, un hombre de enigmática sonrisa que se encarga de preparar cuidadosamente cada platillo que pone sobre las mesas de los restaurantes Legazpi y Los Delfines, en el hotel. Su mariscada es espectacular: un platón de barro montado sobre un anafre del mismo material, que se desborda con una langosta humeante partida por la mitad, trozos de pescado dorado, langostinos y camarones al por mayor, todo a la parrilla. A este manjar no podía verle el fin.
La tarde se disfruta en el centro histórico, recién remodelado, con una visita al monumental pez vela del escultor Sebastián, que es el icono del puerto. En su explanada se puede esperar el atardecer mientras se toma una nieve, un agua fresca o incluso una de esas raras bebidas llamadas tubas, que se extraen de la miel de la flor de la palma y que llevan, entre otros ingredientes, frutas y cacahuates. El palacio municipal fue remodelado por el arquitecto José Luis Ezquerra, quien también diseñó Las Hadas. Por eso los portales en la plaza principal tienen esa reminiscencia en sus techos abovedados y blancos. De hecho, pareciera que todo en Manzanillo le hace eco al diseño arquitectónico del resort. Llama la atención pasear por las callecitas serpenteantes del puerto y ver aquí y allá repeticiones incansables de los guiños moriscos y mediterráneos del hotel.
De noche, para comenzar la velada, el bar del restaurante Legazpi evoca el interior de un barco y, detrás de la barra, pintados sobre los muros, hay frescos que narran la historia de Manzanillo: los tiempos de la Conquista, la llegada de los astilleros al puerto durante la Colonia... seguramente ésta sí es una de las obras más bellas en todo el hotel. Los tragos que se beben aquí (ojo con el especial de la casa, una bebida perfumada con coco) anticipan el segundo festín del día, y los tintos que acompañan la cena —una selección de vino Único 2001, premiado recientemente en Bruselas— proceden de los viñedos de Santo Tomás, en Baja California. Del menú se recomienda como entrada la terrina de ave y corazón de foie gras con aderezo de zarzamoras. También el bisque de langosta al Pernod. Como plato fuerte, los camarones “estofados” con uvas.
Los siguientes días, una vez familiarizados con el sitio y siempre teniendo en mente que a Manzanillo se viene en un plan relajado, son para disfrutar de las playas. A cuarenta minutos del puerto, hacia el sur y tomando por la autopista hacia Colima, se encuentra una serie de playas conocidas como las “playas de ébano”, por el tono oscuro que les da la ceniza volcánica: Armería, El Paraíso, el estero Palo Verde, Tecomán, Boca de Pascuales y Tecuanillo. La línea costera se extiende en una barra de varios kilómetros justo frente a la hermosa laguna de Cuyutlán. Cuyutlán es un pueblo pesquero, famoso porque su mar adquiere un tono verde intenso durante los meses de abril y mayo. Es un santuario para los surfistas que disfrutan sus olas de más de ocho metros durante la temporada de abril a junio. En las cercanías de Cuyutlán está el tortugario de la región.
En las enramadas de la playa de Boca de Pascuales se sirven deliciosos langostinos al mojo de ajo y pescado zarandeado. No hay que perdérselos, mientras la mirada se solaza con los variados colores de las sombrillas contra el fondo de la arena oscura y las tablas de surf que bailan con las olas.
DOS IMPRESCINDIBLES EN MANZANILLO
TORNEO DE PEZ VELA
El torneo internacional de pez vela se celebra en la primera o segunda semana de noviembre. La premiación se otorga a los tres mejores ejemplares de pez vela, marlín y dorado. En el último torneo se pescó un ejemplar de más de 300 kilos, así que el próximo debe superar esa talla. Para inscribirse hay que contactar al Deportivo de Pesca de Manzanillo (T. (314) 332 7399).
CEVICHE COLIMA
Este ceviche es la especialidad en Manzanillo y una de las razones principales para regresar. Se trata de un jugoso ceviche de filete de pescado dorado, que se pesca en sus costas, jugo de limón en abundancia, jugo de naranja, jitomate, cebolla y zanahorias ralladas. Se sirve en conchas de ostras y lleva un toque de orégano y otros ingredientes secretos. Es delicioso con tostadas o con las imprescindibles galletas saladas, y acompañado de un buen tarro de cerveza helada.
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR
Manzanillo es uno de los puertos principales en la costa del Pacífico y por ello es un destino privilegiado de yates y cruceros. El aeropuerto internacional Playa de Oro, cerca de Barra de Navidad, se encuentra a 25 minutos. Manzanillo es un lugar al que se accede fácilmente desde la ciudad de Guadalajara (que se encuentra a tan sólo 3 horas) por la autopista 54 y de la capital del estado, que está a 94 kilómetros. Desde la Ciudad de México, por tierra, se llega por Guadalajara, por la misma autopista 54.
DÓNDE DORMIR
LAS HADAS
Av. Los Riscos y Av. Vista Hermosa s/n
Península de Santiago
T. (314) 331 0101
www.brisas.com.mx
Suites desde 2 280 pesos.
Después de su trigésimo aniversario el hotel ha pasado por una renovación exhaustiva que comprende desde millares de litros de pintura blanca, hasta mobiliario nuevo. El lobby principal es un sitio muy agradable, por la luz suave que lo atraviesa y por los sillones españoles de mimbre en tonos beige y blanco. En los próximos meses la piscina principal será remodelada con mosaicos venecianos.
DÓNDE COMER
LOS DELFINES
En Las Hadas
De 12 a 23 horas.
Especializado en mariscos. Los ceviches Colima, Acapulco y el de pescado dorado son las entradas más recomendables. También los platillos con langosta preparados por el chef. Tiene una vista muy bonita de la bahía de Las Hadas y de la marina privada del resort.
LEGAZPI
En Las Hadas
De 18 a 23 horas.
Consumo promedio de 500 pesos.
Es un restaurante gourmet que ha sido premiado varias veces y que ofrece un breve pero suculento menú con platillos de comida internacional. Muy recomendable el tenderloin de res con salsa de queso roquefort.
LA TOSCANA
Boulevard Miguel
de la Madrid 3177
T. (314) 333 2515
Abre sólo para cenar,
de 18:30 a 23 horas.
Consumo promedio de 250 pesos.
La chef Elvira Guzmán lleva 20 años preparando excelentes platillos de cocina internacional, pero con su toque muy personal y servicios sobre la playa. Se recomienda el pargo al vino blanco con mejillones, camarón y champiñones.
RISTORANTE PORTOFINO
Boulevard Miguel de la Madrid 923
T. (314) 333 1333
De 13 horas a medianoche,
excepto lunes.
Consumo promedio de 200 pesos.
Comida italiana en varias presentaciones y excelente servicio. Se recomienda el spaghetti con fruti di mare.
L’RECIF
Cerro del Cenicero s/n
Península de Juluapan
T. (314) 335 0900
De noviembre a abril
de 17 a 24 horas.
Ubicación privilegiada para ver la puesta del sol, ya que se encuentra sobre un acantilado. Su cocina es francesa e internacional de gran sabor.
CHANTILLY
Juárez y Madero 60, Centro
T. (314) 332 0194
Consumo promedio de 60 pesos.
Es un cafecito clásico en Manzanillo y está ubicado sobre la plaza principal. Sirven deliciosos cafés capuchinos y desayunos. Y lo mejor es el Seven up (o Fresca) con pulpa de naranja, que es muy refrescante.
DE NOCHE
La vida nocturna de Manzanillo se concentra sobre el Boulevard Miguel de la Madrid, a orillas de la Playa Azul, en donde se pueden encontrar dos discotecas perfectas para jóvenes muy jóvenes: el Nautilus (Boulevard Miguel de la Madrid 950; T. (314) 334 3331) y el Colima Bay Café (Boulevard Miguel de la Madrid 921; T. (314) 333 1150; www.colimabaycafe.com.mx). Son las típicas discos con música tecno, abarrotadas de adolescentes que se escaparon de Guadalajara para pasar el fin de semana.
BAR SOCIAL
Juárez y Niños Héroes
Muy pocos fuereños conocen este secreto enclavado en el zócalo de Manzanillo, aunque se trata de un lugar de gran tradición. Entrar aquí es viajar 50 años en el pasado, sobre todo cuando uno se ve envuelto en reminiscencias del art déco al sentarse sobre su extrañísima barra circular. La atención es personalizada, pues el dueño siempre está al pendiente ofreciendo estupendas botanas. Es excelente para finalizar la tarde.
SUNSET LOUNGE
Boulevard Miguel
de la Madrid 3161
T. (314) 333 6874
Miércoles y jueves de 19 a 24 horas, viernes y sábados de 19 horas... “hasta morir”.
El mejor lugar para pasar una velada deliciosamente tranquila, con un buen trago en la mano, es este beach bar con camas colgantes y sillones sobre la playa, excelente música y botanas.























