Kenia: corazón de jirafa
Tribu masai Fotografía de Alfredo Garza

Kenia: corazón de jirafa

En la sabana africana la lluvia no es un evento cualquiera. Su llegada, a fin de año, inspira en los poblados masais la ceremonia del corazón de la jirafa, y es una gran oportunidad para conocer esta cultura cuya convivencia con animales salvajes no es una experiencia de safari sino parte de la vida diaria.
Por David Martínez | diciembre 2007-enero 2008 | Tags: , , , ,
“¿África?, ¿en fin de año? Estás loco, David.” Ésa fue la reacción de mi familia, pero yo quiero ir al África desde los 12 años, y algún momento tenía que ser el indicado. Tengo grabado todavía el recuerdo del instante en que me asaltaron las ganas. Era julio de 1989 y estaba boca arriba en una litera, en un campamento perdido en Carolina del Norte. Había terminado de leer Las minas del Rey Salomón, de Henry Rider Haggard —la imagen me provoca una nostalgia terrible: pocos libros me sorprenden de esa manera ahora— y estaba estupefacto ante la manera en que Haggard describía África y la naturalidad con la que Alain Quatermain —el gran cazador protagonista de la novela— interactuaba con el paisaje.

Pero también me atrapó el subtexto del libro, ese choque entre lo salvaje y lo civilizado, entre la visión europea del progreso y la forma de vida de los africanos. Recuerdo, por ejemplo, un diálogo de Umbopa, un guerrero zulú que da una lección de valor, humildad y ética a unos europeos que se sienten amos y señores del mundo. “¿Qué es la vida? Decídmelo vosotros hombres blancos, el secreto de vuestra vida: adónde va y de dónde viene. No podéis contestarme; no lo sabéis. Escuchadme, yo sí puedo contestar. Venimos de la oscuridad y a la oscuridad vamos. La vida no es nada. La vida lo es todo. Es la mano con la que nos defendemos de la muerte. Es la luciérnaga que brilla en la noche y oscurece por la mañana, es el aliento blanco de los bueyes en invierno, es la pequeña sombra que atraviesa la hierba y se pierde al caer el crepúsculo.” Esa respuesta, que he recitado de memoria, fue la chispa que encendió mi curiosidad por ir y conocer aquellas tierras y sus habitantes.

África tiene algo misterioso que alcanza como un dardo apenas aparece en la ventanilla del avión. Es el sitio donde la vida comenzó. Y quien llega a Kenia por primera vez percibe tres fenómenos de inmediato: el cielo azul, el horizonte sin fin y ese sonido tan peculiar que se asemeja al silencio. Esto incluso se nota en la capital, Nairobi, con sus casi tres millones de habitantes. El aire es puro, producto de un cielo azul intenso y hermoso.

RECEPCIÓN EN NAIROBI
Karibu Kenya” (Bienvenidos a Kenia) dice el letrero que muestra a un guerrero masai en el aeropuerto de Nairobi. En Kenia hay dos grandes atracciones que resultan imprescindibles: primero, sus parques nacionales, como el famoso Parque Nacional de Amboseli, que alberga a los llamados “cinco grandes”: el elefante, por ser el mayor mamífero terrestre; el búfalo, por su bravura y mal humor; el leopardo, por su belleza, mezcla de orgullo y timidez, con manchas pardas y rosas; el rinoceronte, por su prehistórico aspecto y el león o rey de la selva, el mayor carnívoro africano con su vibrante melena. Segundo, la posibilidad de participar en los ritos masais, grupo que antiguamente pobló todo el territorio del país y hoy habita entre Kenia y Tanzania.

Nairobi es una ciudad que cuenta con mucha infraestructura. En pleno siglo XIX, durante la famosa “época de las exploraciones”, cuando se descubrió el Lago Victoria, fuente del Nilo, Nairobi fue el punto de avanzada para la exploración, ya que los británicos fundaron allí una estación de tren. Por ahí pasaron personajes de toda índole, como el antes mencio-nado Henry Rider Haggard, el explorador David Livingstone, el célebre escritor Joseph Conrad, la escritora Karen Blixen, Winston Churchill antes de ser primer ministro británico y, ya en el siglo XX, los escritores Ernest Hemingway y Evelyn Waugh.

El nombre, Nairobi, proviene de la frase masai Enkare Nyorobi, que significa “el lugar de aguas frescas”, quizá porque en el lugar de la fundación había un pantano, o por los riachuelos cercanos. Sus museos están a la altura de la gran ciudad que es. El Museo Nacional de Kenia es el más importante y cuenta con una gran colección de utensilios prehistóricos, que incluyen los restos completos de un Homo erectus varón; no en vano estamos en la “Cuna de la Humanidad”, donde han tenido lugar los principales hallazgos en cuanto al origen de nuestra especie.

El otro eslogan de Nairobi, mucho más reciente, es el de “capital del safari del mundo” y se debe a su posición geográfica, cercana a los parques naturales que la han convertido en punto de partida de casi todos los safaris de la región.

Por tanto, Nairobi tiene muchísimos hoteles y empresas de servicios. Entre los cinco estrellas, el Norfolk es sin duda el más especial. Cuenta la leyenda que se debe tomar un aperitivo en memoria de Karen Blixen, autora de Memorias de África. Pero ningún hotel podría compararse con el mítico hotel Stanley, famoso porque Ernest Hemingway escribió allí Las nieves del Kilimanjaro que fue remodelado por completo en 2003.

CON VISTA AL KILIMANJARO
La carretera de Nairobi hacia Amboseli (parque de los elefantes, a 250 kilómetros de la capital) es la misma que va a la costa, al puerto industrial de Mombasa y a las grandes playas del país. El trayecto obliga a tomar contacto con la dureza de Kenia, sus baches y sus caminos donde el horizonte parece no tener fin.

La ruta es perfecta para observar la cumbre eternamente nevada del Kilimanjaro. Aunque el volcán se encuentra en Tanzania, al otro lado de la frontera, su cumbre vista a la distancia, en pleno Ecuador, no deja indiferente a nadie, y en los días de niebla ofrece un constante amanecer. Junto a la cumbre, una cincuentena de elefantes se pone en alerta ante la mirada de cualquiera que pasa y constituye otra de las razones para hacer el viaje: la imagen del parsimonioso andar de los elefantes con la silueta del Kili detrás.

Pero ir a Amboseli a fin de año tiene sus ventajas: ver la gran migración de centenares de miles de ñúes, cebras y gacelas que dos veces por año —de mayo a julio y de octubre a diciembre— recorren el norte de Tanzania y el sur de Kenia. Según James,
el guía, la migración de los animales herbívoros se vincula con el ciclo del agua: en verano, cuando hace más calor, los animales suben hasta los grandes ríos y lagos de Kenia; en invierno, bajan hasta el Serengueti (Tanzania) donde abundan los pastos.

Tengo grabada en mi memoria una concentración de veinte o veinticinco ñúes y cebras acudiendo a beber a un estanque con mucha cautela, debido a la presencia de los cocodrilos. La imagen tiene, incluso, banda sonora: los gritos de las cebras, semejantes a los ladridos, y el chapoteo producido al salir despavoridas del agua. El día era magnífico y, a pocos metros de distancia y a nuestro alrededor, había gacelas, elefantes e hipopótamos.

Después de andar kilómetros por sinuosos caminos, nos topamos con el lugar donde dormiríamos: una tienda de campaña, sin protección de cerco ni alambrado ni nada. En total eran tres tiendas dispuestas como en un campamento para niños. La vista era increíble, el atardecer bellísimo, con un cielo que pasaba por toda la gama de los rojos. Y a lo lejos, un lago rosa por la concentración de flamencos. Los leones y elefantes también deambulaban, y fue entonces cuando les di la razón a aquellos que cuestionaron mi fin de año africano: hay que estar loco para dormir ahí, con esos animales dando vueltas. Mi guía, James, sonrió: “Hay gacelas en esta parte del parque. Los leones tienen qué comer, por eso no comen personas”. Esa noche no pude dormir.

EN TERRITORIO MASAI
En Emali se abandona la carretera principal y se toma un desvío hacia el territorio masai. En ese camino de tierra cobra sentido la frase que llevan estampada muchas camisetas que venden en Nairobi: “Yo sobreviví a los baches de Kenia”. También se percibe la desmesura de África, la serenidad de las grandes llanuras, el sentimiento de tierra abierta, ondulante y cubierta de hierba, sin cercos ni zanjas ni caminos. Sólo una inmensidad absoluta y sobrecogedora.

Estamos ya en la gran sabana africana y territorio masai por excelencia. Pocos pueblos de África han despertado tanta admiración como los masais. “Indómitos y espléndidos, de ojos salvajes y magníficos”, según Joseph Conrad. Evelyn Waugh destacó “la belleza física y el extremo cuidado que se toman para adornarla”. Aunque es Karen Blixen quien nos da la más poética descripción de los masais: “Cuando un joven masai dispara una flecha y suelta la cuerda del arco, parece que vas a escuchar los tendones de su larga muñeca cantando en el aire con la flecha”.

Tienen reputación de gente orgullosa, que conserva en gran medida su cultura tradicional. Las mujeres masais son conocidas por sus collares; los hombres por sus túnicas rojas o shukas..

El turismo está influyendo decisivamente en los masais, que se han vuelto más abiertos y han sacado su alma de comerciantes y hoteleros. Algunos poblados han aprovechado la situación, y cobran 20 dólares por persona la visita y 30 si se quiere dormir en la aldea. Cuando nosotros visitamos las comunidades de Amboseli, siete furgonetas con 30 turistas estaban ahí. Jóvenes y adultos masais de ambos sexos los habían recibido cantando y bailando. Y gritando: “¡jambo, bwana!” (¡hola, señor!). Los varones recién llegados fuimos integrados al grupo de los hombres que saltaban ya que, según la tradición, la altura de estos saltos mide la masculinidad. Así que hay que procurar saltar alto y rápido, lo que se agradece y resulta divertido después de tanto bache en el camino. Además, esto muestra el carácter alegre de los masais.

Los masais son pastores nómadas y sus animales son su riqueza. Cuantas más vacas y cabras se posee, más rico se es. De sus animales obtienen leche para beber, abono y sangre para hacer los muros de las casas. No les gusta la agricultura, pues como dice Kiriote, el hijo del jefe del poblado, la consideran “talar en la cabeza de Dios”. En términos estrictos, los poblados se denominan manyatta; es decir, cabañas, construidas en un gran círculo. Protegen al ganado de los animales depredadores y de los ladrones en corrales: terrenos circulares rodeados por un cerco entretejido de ramas espinosas. Debido a su propia cultura, los masais conocen muy bien el llano. Lo necesitan para subsistir.

Una de las escenas más curiosas que pueden observarse en Kenia es cuando dos masais se encuentran. Lo primero que preguntan es de dónde vienen y cómo han llegado hasta allí; de esa forma pueden encontrar los mejores lugares para hacer pastar su ganado.

La sociedad masai distingue varias etapas de la vida. Para los hombres son la juventud, la circuncisión, la edad guerrera, el matrimonio y la ancianidad. Para las mujeres, la juventud, el matrimonio, el nacimiento y cuidado de niños, y la ancianidad. Cada período tiene sus propias reglas culturales.

LA CEREMONIA DEL CORAZÓN DE JIRAFA

El paso de una etapa de la vida a otra se rige por ceremonias de carácter sagrado que influye a todos los miembros de la comunidad. La edad guerrera comienza con la ceremonia llamada Enoto, que se celebra dependiendo de la época en la que llegan las lluvias, es decir, los últimos días de diciembre o, como máximo, los primeros días de enero. Por eso todos dicen que, en realidad, es una ceremonia de Año Nuevo, pero mi impresión es que es mucho más que eso. Es una ceremonia bellísima, colorida. Se construye un pueblo ceremonial, de unas 80 chozas dispuestas en círculo que se dividen en sectores para cada clan, y en el centro se instala una gran choza para los jefes.

El rito proviene de una leyenda que cuenta que Dios tenía tres hijos y a cada uno le dio un regalo. El primero recibió una flecha para cazar; el segundo, una azada con la que arar, y el tercero, un cayado para guiar al rebaño. Fue este último, según nos cuenta Kiriote, quien se convirtió en el padre de los masais. Por esto, los masais siempre usan un bastón de madera con un extremo redondo, que simboliza el mando sobre todos los animales de la Tierra. La ceremonia empieza con una cacería a la que acuden los mejores guerreros masais. Es un espectáculo ver cómo salen todos del pueblo, cantando y bailando en fila. Y no hablamos de cualquier cacería. Se debe buscar nada menos que una jirafa. La tarea no es una empresa menor; hay que hacerlo en medio día o un día completo, como máximo. El poblado, mientras tanto, se reúne para que los jóvenes se pinten.

Ver a todo el mundo pintado fue como participar en la vida de un planeta extraño. Al volver los guerreros, un joven pinta tanto su cuerpo como el de la jirafa a la altura del corazón para simbolizar, por una parte, el bienestar de la tribu, y por otra la reafirmación de que todos los animales de la Tierra siguen siendo de los masais. Luego, al caer la tarde comienza una gran fiesta, se sacrifican dos o tres bueyes, pues la jirafa —en esta ocasión— es liberada por orden de quien la atrapó. “Es el mensaje que deben dar a los siguientes guerreros, que respeten la naturaleza”, dice James, el guía. Kiriote sonríe, y con su mirada honda añade: “si hay algo para comer, un lugar para dormir y llueve, no hay problema. Aquí —continúa diciendo, señalando el cielo azul, las vacas y las chozas— ya tenemos todo eso”.

La ceremonia es realmente compleja, y deja ver mucho del mundo masai. Todos los guerreros deben llevar pintura y una vestimenta determinada según su rango: aquellos que se han convertido hace poco tiempo en guerreros se visten completamente de negro con la cara blanca; de azul y con un tocado de plumas de pájaro aquellos que ya han sido guerreros más de un año. Los que pronto dejarán de serlo visten muy ligero, en señal de valentía, apenas un taparrabos, una especie de manta que se anudan al cuello para protegerse del frío y unas sandalias de cuero. Todos van armados con la lanza, el machete y el o’ringa o rungu (una especie de maza de madera). Llevan también el famoso bastón y un arco y un carcaj con flechas envenenadas, por si se encuentran algún león en el camino.

Al caer la noche, durante la fiesta, se comprende el amor de los masais por el cielo y las estrellas. Como buenos nómadas, ellos adoran las constelaciones. Las mujeres ofrecen leche a la Osa Mayor para proteger la vida de los suyos, la de sus animales y sus pertenencias. La ceremonia del Enoto termina al amanecer, cuando las jóvenes del poblado cortan el cabello de los guerreros que cumplen 25 años, y por tanto están listos para casarse.

Y mi viaje termina con la conciencia de que muchos de los pueblos del cuerno de África viven en intensa comunión con la tierra, con los ríos, los lagos y las montañas. Los animales son reyes y símbolos, amigos y remedio. Y esa conciencia es lo mejor que puede pasarle a cualquiera en un año que comienza.


OTRAS COSAS QUE VER
Además de Amboseli, Kenia permite un sinfín de opciones: en dos semanas se puede hacer un safari fotográfico y visitar la costa. Un itinerario bastante completo sería visitar el Masai Mara, Lago Nakuru y Tsavo camino a la costa, donde se puede bucear. Otra opción muy atractiva sería una expedición al Lago Turkana (Mar de Jade).

Hay varias compañías que salen desde Nairobi, y los viajes toman entre siete y diez días. La más conocida es Safari Camp Service con su legendario Turkana Bus, que sale al Parque Nacional de Samburu, al norte del Monte Kenia, por Maralal a South Horr y el Turkana. Sale todos los sábados por la mañana y regresa los viernes de la siguiente semana por la tarde.

ALGUNOS PLATOS LOCALES
La sukuma (especie de col cocida), el ugali (harina de maíz cocida con agua) el guitheri (ejotes con maíz), el chapati (tortas de harina de trigo), papas y arroz unido al nyama choma (carne asada), son los platos más comunes. Las sambusas (empanadillas de carne o vegetales) de clara influencia india se pueden encontrar fácilmente en cualquier lugar. No deje de probar la Tusker o la White Cup, las cervezas más populares del país y que seguramente le caerán muy bien en medio del calor africano. El mejor restaurante de Nairobi es el Red Bull, donde se puede acceder a todos estos platos típicos a un muy buen precio (Silopark House, Mama Ngina; T. 254 (20) 222 4718).


GUÍA PRÁCTICA


CUÁNDO IR
La ceremonia del Enoto tiene lugar entre los últimos días de diciembre y los primeros días de enero. Aunque es anual, puede llegar a suspenderse si no se caza una jirafa, por ejemplo. Más información en el sitio de la Oficina de Turismo y Vida Salvaje de Kenia: Utalii House, Off Uhuru Highway; T. 254 (20) 33 3555, 254 (20) 31 3010; www.tourism.ke


CÓMO LLEGAR
Para llegar a los parques nacionales o los poblados masais se puede ir en auto por la carretera a Mombasa o a la frontera con Tanzania. Pero es necesario conocer bien el terreno. Para eso, es recomendable pasar antes por la oficina de turismo de Kenia.
Pero la opción del safari organizado es más recomendable. El viaje suele realizarse en un minibús de nueve plazas con un conductor y los vehícu-
los son descapotables, para permitir contemplar el paisaje. Entrar en los poblados masais no representa mucho problema, previo pago de 20 dólares.
En caso de ir en safari, deberá consultar antes de tomarlo si es posible dormir ahí.
Más información: Kenya Association of Tour Operators (KATO) Longonot Rd. (Off Kilimanjaro Ave.) Upper Hill; T. 254 (20) 2713348. El visado de entrada a Kenia cuesta alrededor de 15 dólares.

DÓNDE DORMIR


THE NORFOLK HOTEL
Harry Thuku Rd.
T. 254 (20) 221 6940

El más antiguo de Nairobi. Se construyó en 1904 y aún es muy popular. Sus constantes modernizaciones no le han hecho perder su antiguo esplendor. La terraza del bar Lord Delamere es un rincón mítico para muchos viajeros que, sin necesidad de alojarse en el hotel, acuden por la tarde para tomar unos tragos.

STANLEY
Kimathi Street & Kenyatta Ave.
También vale la pena visitar este hotel de 1903, con habitaciones espaciosas en un edificio colonial pintado de blanco, que fue renovado en 2003. El vestíbulo, con el suelo de mosaicos blancos y negros, y su terraza con piscina, son de lo más recomendable.

SERENA LODGE
www.serenahotels.com
Quizá ésta sea la mejor alternativa en Amboseli. Pertenece a la cadena del mismo nombre.

A TODO LUJO

Con Micato Safaris (www.micato.com) y CC Africa (www.ccafrica.com) podrá recorrer África, conocer Nairobi y adentrarse en las reservas de vida salvaje más famosas de Kenia.
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