Todo menos Acapulco
Troncones Fotografía de Luis Romo Cedano

Todo menos Acapulco

Acapulco en diciembre genera la misma cantidad de amor que de odio: las mejores fiestas del año se juntan con un tráfico insufrible y restaurantes repletos. Para los indecisos, proponemos las muchas playas aledañas. Algunas ofrecen rústicos comederos, otras lagunas, peñones o cerros cubiertos de selva baja, y unas cuantas también, hotelitos elegantes.
A lo largo de 300 kilómetros, la costa poniente del estado de Guerrero se desgrana en decenas de hermosas playas, aparte de las ya famosas de Acapulco e Ixtapa. Son playas anchas y largas de arena dorada y olas medianas de agua siempre tibia. Desembocaduras de ríos y lagunas y algunos cerros que se acercan al mar marcan las divisiones entre unas y otras y le dan a cada una cierto carácter. Aparte, hay también diferencias debidas a la mano del hombre: su cercanía a la carretera costera —la federal 200 que es la columna vertebral de la región— y el modo en que a lo largo de cuando menos medio siglo han recibido a los viajeros.

El visitante puede elegir entre saborearlas una por una, o bien hacer un recorrido rápido para elegir la mejor e invertir ahí el mayor tiempo posible. Aquí le presentamos un recorrido tentativo de este a oeste.

BARRA VIEJA
Está aproximadamente a 30 kilómetros al oriente del Centro de Convenciones de Acapulco, por la carretera al aeropuerto. Una desviación recorre la barra que separa a la laguna de Tres Palos del mar y se puebla repentinamente de hoteles interesantes y decenas de restaurantes. Barra Vieja se ufana de haber inventado y hecho famoso el delicioso pescado a la talla en los años setenta. Igualmente tradicionales son los paseos en lancha por la laguna para observar la infinidad de aves que residen en ella: garza, gallareta, pato buzo, cigüeña, pelícano, martín pescador, entre otras muchas especies. Algo más vanguardista es el vuelo en ultraligero, despegando desde la playa. El contacto ahí es el hotel Bambuddha, a la entrada del poblado.

PIE DE LA CUESTA
Del otro lado de Acapulco, a unos 15 kilómetros del Centro de Convenciones se encuentra esta otra playa rústica que, como Barra Vieja, también tiene acceso a una laguna costera. Hoteles, restaurantes y embarcaderos se concentran tanto aquí como en Barra de Coyuca, un poblado ubicado 17 kilómetros al poniente, al otro extremo de la barra que separa la laguna de Coyuca del Océano Pacífico. Los paseos por la laguna se pueden tomar en ambos puntos y son tan clásicos como las películas y telenovelas que se han producido ahí: La isla de los hombres solos, La fea más bella y Rambo II..., pero también son divertidos. Suelen durar más de dos horas y se visitan distintas islas, donde hay criaderos de cocodrilos y tortugas, abundantes nidos de aves y presuntas casas de recreo de actores famosos. Los lancheros afirman, además, que ahí vivieron peligrosos presidiarios y un hombre que fue famoso por tener ahí todo un harem. Los atardeceres en Pie de la Cuesta son, con razón, legendarios.

TLALCOYUNQUE
A partir de Pie de la Cuesta, Acapulco termina e inicia al poniente el paisaje de cocotales y pequeños pueblos. Desde algunos de ellos se puede llegar a playas cercanas. A 69 y 99 kilómetros de Pie de la Cuesta están las respectivas vías que llevan a las playas Paraíso Perdido y Míchigan. Para llegar a ambas es preciso cruzar en panga-taxi. Hay lagunas llenas de garzas y otras muchas aves. En Paraíso Perdido hay abundantes enramadas para comer pescado; Míchigan es más famosa por sus fiestas animadas por tambores durante las vacaciones de diciembre y Semana Santa. En ambos casos se trata de sitios muy primitivos, idóneos para acampar y provistos de líneas interminables de olas y arena.

Desde el ramal a Míchigan, son 37 kilómetros más hasta el camino de dos kilómetros que va directamente a la playa de Tlalcoyunque. El nombre se lo da un enorme peñón al que el oleaje le ha hecho varios arcos naturales. La playa es reserva de la tortuga marina. Un campamento tortuguero se encarga de proteger los miles de nidos, aunque la principal temporada de nacimiento de tortugas (un espectáculo que no debe perderse) es el verano.

PAPANOA

En los 36 kilómetros que siguen a Tlalcoyunque, la carretera avanza junto a las playas. Las hay para todos los gustos. Quizá las más llamativas sean las más cercanas al pueblo de Papanoa: Cayaquitos y Ojo de Agua, porque están enmarcadas por cerros y porque enfrente de ellas se encuentra el islote de las Ánimas, que es un excelente sitio para buceo libre y scuba. Después de Papanoa, están las playas de Gloria Escondida, El Calvario, La Barrita y en medio de ellas, un mirador con restaurante de parada obligada por sus enormes almejas. Estas playas están a sólo unos pasos de la carretera.

BARRA DE POTOSÍ
A 60 kilómetros de Papanoa inicia el camino a Barra de Potosí. A los siete kilómetros se llega al mar, luego el camino tuerce a la izquierda y continúa junto a una línea de dos kilómetros de casas y pequeños hoteles de búngalos hasta las enramadas de rigor, que están ya junto a la boca de una gran laguna costera. El encanto de este lugar reside en su larga playa de trazo curvo y aguas relativamente tranquilas. Pero también tiene todo lo que la región ofrece: cocotales, laguna, mar, paseos en lancha y pesca. Aparte, está presente toda la oferta turística del rumbo: hotelitos elegantes, casas de alquiler, enramadas y espacios para montar la tienda de campaña.

ZIHUATANEJO
Los grandes resorts y hoteles all inclusive con cientos de habitaciones y grandes albercas son lo común en la ciudad de Ixtapa. Pero a ocho kilómetros de ahí está Zihuatanejo, una ciudad mexicana tan caótica como cualquier otra, aunque más o menos bien maquillada y con cuatro playitas preciosas dentro de su bahía. En orden de lejanía del centro, esas playas son La Principal, La Madera, La Ropa y Las Gatas. La primera es la única que está a una distancia caminable del centro; a las otras hay que ir en taxi, coche propio o lancha (Las Gatas). Hay que decirlo: son muy populares, por momentos, demasiado populares. Las “bananas” y las acuamotos, los vendedores de artesanías nunca faltan. Y en temporada vacacional aquello está tan sobrepoblado como un estadio en una final de futbol. Sin embargo, son playas en verdad hermosas y sorprendentemente cuentan con magníficos hoteles y restaurantes. De hecho, eso las hace excepcionales: en este recorrido, Zihuatanejo es para quienes quieren gozar la playa sin perderse la variedad de los servicios de primera.

TRONCONES
Treinta kilómetros al poniente de Zihuatanejo inicia el camino de tres kilómetros a esta otra playa tan especial, que es una de las más bonitas del estado. Troncones es una estrecha franja de tierra entre cerros cubiertos de selva baja y el mar. Por varios kilómetros la costa forma aquí bahías apenas sugeridas y moteadas aquí y allá por rocas y promontorios que se adentran en el océano. Hay olas pequeñas, medianas y grandes (o lo suficientemente grandes como para los amantes del surf). Y lo mejor de todo es que es un poblado tranquilo. No hay enramadas, acaso algún restaurante rústico, pero nada más. Tampoco hay fiestas, tambores o escándalos. Desde donde el ramal de acceso llega al mar y a lo largo de los siguientes tres kilómetros no hay sino casas y cabañas de lujo para pasarla bien, a la sombra de las palmeras o bajo los rayos del sol. Difícilmente se puede pensar en un lugar de México donde naturaleza, descanso y elegancia armonicen mejor.

GUÍA PRÁCTICA


DÓNDE DORMIR


EN BARRA VIEJA
BAMBUDDHA
Carretera a Barra Vieja km 29.5
T. (744) 444 6406
www.bambuddhacapulco.com
Habitaciones desde 650 pesos.

Como su nombre deja adivinar, es un sitio comprometido con el “equilibrio interior” que la playa, la brisa marina y el sol deben inspirar. Tiene salón para practicar yoga y temazcal pero también un ultraligero para elevarse por los cielos: volar es parte de la recuperación interior. Un sitio fuera de serie. Aunque el lugar está más enfocado a grupos, recibe viajeros ocasionales.

CASA YAL’MA KA’AN
Carretera a Barra Vieja km 29.5
T. (744) 444 6389, 6390 y 6483
www.yalmakaan.com.mx
La cabaña para dos personas está
en 2 773 pesos, con impuestos
y desayuno incluidos.

Su nombre maya significa “paraíso terrenal”. En medio de estanques y jardines tipo asiático ofrece siete lujosas cabañas tipo palafito, además de un área para masajes, temazcal, bar playero y restaurante.

EN BARRA DE POTOSÍ

LA CASA DE LA LUNA
Domicilio conocido (un kilómetro al oriente desde donde el ramal llega al mar).
T. (755) 554 8478
casadelalunabarra@prodigy.net.mx
aluna@humuss.com
En temporada baja hay habitaciones desde 50 dólares ya con impuestos.

Es casi una casa, bastante sencilla, pero limpia y bonita. Sólo cuenta con cuatro cabañas; dos de ellas con cama matrimonial y palapa exterior con cocina, y las otras dos con dos camas individuales. Todas tienen hamacas. Hay además un espacio común con chapoteadero, junto a la playa. Un sitio sin pretensiones, pero acogedor.

EN TRONCONES

THE INN AT MANZANILLO BAY
Domicilio conocido (tres kilómetros al poniente desde donde el ramal llega al mar).
T. (755) 553 2884
www.manzanillobay.com
Habitaciones desde 90 dólares.

Este hotelito ubicado en la poco visitada bahía de Manzanillo es uno de los más atractivos de Troncones. Sus cabañas-búngalos tienen techo de hoja de palma, muros de terracota decorados con azulejos pintados a mano, hamacas. Y a la vez ofrece todos los servicios de un hotel en forma, desde masajes y renta de tablas de surf, hasta internet. Su restaurante es excelente.

PRESENT MOMENT RETREAT
Domicilio conocido (un kilómetro al poniente desde donde el ramal llega al mar).
T. (755) 103 0011
www.presentmomentretreat.com
El precio de los búngalos es de 1  150 pesos por persona en base doble,
e incluye impuestos, desayunos
y una clase diaria de una de las disciplinas disponibles.

Su concepto es de yoga, meditación, qigong y terapias de relajación. Junto al pabellón de yoga hay una alberca rodeada de bellos jardines y un restaurante-bar que ofrece exquisitas tapas y pescados, lo mismo que delicados platillos vegetarianos.

DÓNDE COMER
En la mayoría de las playas de esta costa hay por lo menos una “enramada”, es decir, un cobertizo hecho con hoja de palma, lámina de asbesto o algo ligeramente más sofisticado y sostenido con palos sacados de la selva. Ahí, uno podrá sentarse en las largas mesas con bancos primitivos y disfrutar de un pescado a la talla, que es un pescado entero (robalo, sierra o con suerte huachinango) cubierto con un adobo picoso elaborado con varios chiles (pasilla, guajillo, cascabel). Desde luego, ningún cocinero dará la receta secreta de tal adobo. Especialmente buenas en este asunto son las enramadas de Barra Vieja, donde presuntamente nació la receta. Ahí, el lugar más tradicional es Beto Godoy (al final del poblado, junto al puente), aunque uno con buen sazón y una encantadora vista de la laguna es La Isla del Chaneque.

Si la enramada ya tiende a restaurante, ofrecerá también distintos tipos de mariscos y tacos de camarón y pescado, mejor conocidos como “camaronillas” y “pescadillas”, respectivamente. Tienen mucho éxito también las tiritas de pescado, que son deliciosas tiras crudas marinadas en limón, estilo ceviche.

Para restaurantes más formales, se puede recurrir a los de las ciudades: Acapulco, Zihuatanejo e Ixtapa. En Troncones, se puede conocer la diversa oferta de hospedaje yendo a comer. Cada hotel tiene un restaurante bar de cocina vanguardistas abierto a visitantes.

CÓMO MOVERSE
Todos los puntos de esta ruta están conectados por la carretera federal 200 (la costera del Pacífico), que une Acapulco e Ixtapa en 20 kilómetros. Los ramales son cortos y están señalizados. Si no están pavimentados, en todo caso son terracerías en condiciones aceptables para todo tipo de vehículo.
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