Esencia, ese discreto objeto del deseo
Varios gigantes de la hotelería de lujo están por inaugurar en la Riviera Maya. Pero este pequeño hotel recibe a sus huéspedes con mimos aristocráticos del tercer milenio, y de cara a una de las mejores playas de México.
Las notas que tomé para escribir este artículo las estoy leyendo de una libreta de papel hecho a mano con un caracol grabado en la cubierta que tomé de mi habitación en Esencia. Me llevé un par de objetos más, entre ellos un repelente para insectos biodegradable pero, sobre todo, la medida justa de lo que un hotel en el Caribe debe ser. En mi opinión.
A pesar de que una palma bananera casi se metía por la ventana del baño, y de que para llegar hasta la habitación había que atravesar en un rickshaw —una bicicleta con asiento trasero— un largo camino trazado entre la selva, sorteando iguanas, aves y bajo el constante sol de la zona, adentro podía conectar mi iPod al sistema de sonido, usar mi laptop con la red inalámbrica, ver prácticamente la película que se me diera la gana en una pantalla gigante. O no.
Las “Reglas de la Casa” en Esencia incluyen advertencias como ésta: “Para hacer que nuestras almas aterricen en el cuerpo, después de las 7 am, llevamos a su terraza café y pan. Y como tenemos a las hormigas a dieta, pasaremos a recoger el servicio entre 9 y 9:30 am”. También: “El agua que llega a su habitación es fresca, abundante y purificada; sin embargo, es demasiado rica en minerales y no recomendamos tomarla, por lo que proporcionamos en todo el hotel agua embotellada, incluso para cepillarse los dientes”. Y esas botellas, lejos de cobrarse a precio de minibar, están dispuestas en canastas tejidas a mano a cada paso, como si los anfitriones, conscientes de que en esta parte del mundo hay que hidratarse, insistiesen en nuestro cuidado.
Cuando descubrí que las encargadas de la limpieza cargan sus productos —no tóxicos— en una coqueta bolsa de fibras naturales, confirmé mi primera impresión de que aquí los detalles no son esos gestos fáciles con los que tratan de seducir cada vez más hoteles. Uno se da cuenta que hay un cerebro inteligente y activo cuando se le va el aliento con los “ganchos” para colgar las toallas (troncos incrustados en los muros) o el tono de rojo preciso de la manta colocada sobre la cama, prácticamente el único objeto que no es blanco en la acogedora cueva de estuco. Además de las orquídeas.
La idea aquí es que “la simplicidad llevada al extremo se convierte en lujo”, según me explica Samir Saab, director general del grupo Prohotel International, uno de los sospechados cerebros detrás de todo esto. Y para muestra basta una estancia en Esencia.
EL TÉ EN EL CARIBE
La propiedad —un privilegiado trozo de tierra frente a la playa de Xpu Ha, de arena blanquísima y agua turquesa— le perteneció originalmente a la Duquesa Rosa de Ferrari, quien tras conocer Ikal del Mar, otra de las propiedades que maneja Samir, la dejó en sus manos, bajo la condición de que no se modificara ni su casa ni el trato que se da en ella. De esa promesa viene la costumbre de la hora del té, que se sirve todas las tardes en la sala, preparado con las mejores hojas sueltas.
Sin embargo, donde mejor se ve la mezcla de la hospitalidad italiana con la yucateca es en el restaurante: el ceviche verde es uno de los pocos motivos para levantarse de las tumbonas de la playa a media tarde (si es que uno no quiere que le instalen la mesa junto al camastro). Y de noche, las costillas de cordero están tan bien preparadas como la cochinita pibil, ese plato típico yucateco, o los pescados cocinados bajo tierra en hojas de plátano.
También en el servicio: los meseros, cocineros, camareros y cantineros siempre están ahí para lo que uno necesite (como en muchos hoteles de lujo), pero no con fórmulas acartonadas aprendidas en una escuela europea. Se trata de personas espontáneas, curiosas, listas para hablar de la propiedad, la región, su historia o la de uno. Pues Esencia es lo opuesto a esos hoteles de cadena por los que suelen rotarse concierges, capitanes y gerentes.
Uno de los mayores orgullos de Samir es precisamente la forma en que se recluta a su gente, por lo general de la zona: “Contratamos la actitud, y a partir de ahí les ofrecemos nuestro entrenamiento”, me explica. Para él, lo que se necesita no es tanto la experiencia de un hotelero, sino la sensibilidad psicológica para ofrecer un servicio personalizado.
AROMA: UN SPA ORGÁNICO
Otro de los imperativos del hotel era ofrecer un servicio de spa completamente orgánico. Por eso, para pintar los muros del pabellón circular donde opera Aroma, se utilizó un pigmento obtenido de cortezas de árbol, y para los tratamientos se usan únicamente plantas, hierbas, flores, frutas y resinas olorosas orgánicas. Pero el verdadero acierto es, una vez más, haber conseguido a la persona indicada para atenderlo.
Azucena Montes Kauil no es una simple egresada de una escuela de fisioterapia o “bienestar”, sino la tercera generación de mujeres masajistas, o “sobadoras”, como se dice aquí. Ella asegura que nació para esto, y gracias a su madre y a su abuela Ernestina, que era también partera, sabe todo sobre las propiedades del romero, la ruda y la albahaca, a quienes “les pide permiso para cortarlas”.
Entre los muchos tratamientos de fitoterapia que suele dar —y que incluyen varios para niños—, está el de “la receta de la abuela” que, me asegura, despide un aroma mágico. La mezcla viene por supuesto de doña Ernestina, y a los huéspedes se les habla de todos los ingredientes que contiene, excepto de uno. Como si una receta bastase para repetir la experiencia en casa. Como si el deseo de volver no fuese imperativo.
EN LOS ALREDEDORES DE ESENCIA
El fin último de un hotel como Esencia es permanecer: por algo está en una de las playas más hermosas de México y procura todos los mimos imaginables. Pero hay ciertos temperamentos curiosos para quienes el hedonismo incluye la exploración. Esos deben saber que la península de Yucatán, donde está el hotel, es el hogar de la cultura maya que construyó sitios como Chichén Itzá (recién nombrada nueva maravilla) y Tulum (de cara al Caribe), entre muchos otros. También pueden visitarse hermosos conventos, antiguas haciendas, cenotes (corrientes de agua subterráneas, magníficas para nadar, hacer snorkel y bucear), parques y espectaculares reservas naturales, como la de Xian Ka’an. O practicar todo tipo de deportes, desde buceo y golf hasta pesca con mosca.
Y está la hermosa ciudad colonial de Mérida, el divertido pueblo de Playa del Carmen y por supuesto Cancún, donde llegan todos los vuelos internacionales.
GUÍA PRÁCTICA
ESENCIA
Carretera Cancún-Tulum km 265
T. (984) 873 4835
www.hotelesencia.com
Habitaciones desde 475 dólares.
CÓMO LLEGAR
Del aeropuerto internacional de Cancún se puede alquilar un coche (ideal para quien desee explorar la región), pedir un taxi o solicitar el servicio de transporte del hotel. El trayecto, que recorre la famosa Riviera Maya, es de poco más de una hora, y termina con un paseo en rickshaw a través de la selva hasta la terraza de la propia cabaña.
A pesar de que una palma bananera casi se metía por la ventana del baño, y de que para llegar hasta la habitación había que atravesar en un rickshaw —una bicicleta con asiento trasero— un largo camino trazado entre la selva, sorteando iguanas, aves y bajo el constante sol de la zona, adentro podía conectar mi iPod al sistema de sonido, usar mi laptop con la red inalámbrica, ver prácticamente la película que se me diera la gana en una pantalla gigante. O no.
Las “Reglas de la Casa” en Esencia incluyen advertencias como ésta: “Para hacer que nuestras almas aterricen en el cuerpo, después de las 7 am, llevamos a su terraza café y pan. Y como tenemos a las hormigas a dieta, pasaremos a recoger el servicio entre 9 y 9:30 am”. También: “El agua que llega a su habitación es fresca, abundante y purificada; sin embargo, es demasiado rica en minerales y no recomendamos tomarla, por lo que proporcionamos en todo el hotel agua embotellada, incluso para cepillarse los dientes”. Y esas botellas, lejos de cobrarse a precio de minibar, están dispuestas en canastas tejidas a mano a cada paso, como si los anfitriones, conscientes de que en esta parte del mundo hay que hidratarse, insistiesen en nuestro cuidado.
Cuando descubrí que las encargadas de la limpieza cargan sus productos —no tóxicos— en una coqueta bolsa de fibras naturales, confirmé mi primera impresión de que aquí los detalles no son esos gestos fáciles con los que tratan de seducir cada vez más hoteles. Uno se da cuenta que hay un cerebro inteligente y activo cuando se le va el aliento con los “ganchos” para colgar las toallas (troncos incrustados en los muros) o el tono de rojo preciso de la manta colocada sobre la cama, prácticamente el único objeto que no es blanco en la acogedora cueva de estuco. Además de las orquídeas.
La idea aquí es que “la simplicidad llevada al extremo se convierte en lujo”, según me explica Samir Saab, director general del grupo Prohotel International, uno de los sospechados cerebros detrás de todo esto. Y para muestra basta una estancia en Esencia.
EL TÉ EN EL CARIBE
La propiedad —un privilegiado trozo de tierra frente a la playa de Xpu Ha, de arena blanquísima y agua turquesa— le perteneció originalmente a la Duquesa Rosa de Ferrari, quien tras conocer Ikal del Mar, otra de las propiedades que maneja Samir, la dejó en sus manos, bajo la condición de que no se modificara ni su casa ni el trato que se da en ella. De esa promesa viene la costumbre de la hora del té, que se sirve todas las tardes en la sala, preparado con las mejores hojas sueltas.
Sin embargo, donde mejor se ve la mezcla de la hospitalidad italiana con la yucateca es en el restaurante: el ceviche verde es uno de los pocos motivos para levantarse de las tumbonas de la playa a media tarde (si es que uno no quiere que le instalen la mesa junto al camastro). Y de noche, las costillas de cordero están tan bien preparadas como la cochinita pibil, ese plato típico yucateco, o los pescados cocinados bajo tierra en hojas de plátano.
También en el servicio: los meseros, cocineros, camareros y cantineros siempre están ahí para lo que uno necesite (como en muchos hoteles de lujo), pero no con fórmulas acartonadas aprendidas en una escuela europea. Se trata de personas espontáneas, curiosas, listas para hablar de la propiedad, la región, su historia o la de uno. Pues Esencia es lo opuesto a esos hoteles de cadena por los que suelen rotarse concierges, capitanes y gerentes.
Uno de los mayores orgullos de Samir es precisamente la forma en que se recluta a su gente, por lo general de la zona: “Contratamos la actitud, y a partir de ahí les ofrecemos nuestro entrenamiento”, me explica. Para él, lo que se necesita no es tanto la experiencia de un hotelero, sino la sensibilidad psicológica para ofrecer un servicio personalizado.
AROMA: UN SPA ORGÁNICO
Otro de los imperativos del hotel era ofrecer un servicio de spa completamente orgánico. Por eso, para pintar los muros del pabellón circular donde opera Aroma, se utilizó un pigmento obtenido de cortezas de árbol, y para los tratamientos se usan únicamente plantas, hierbas, flores, frutas y resinas olorosas orgánicas. Pero el verdadero acierto es, una vez más, haber conseguido a la persona indicada para atenderlo.
Azucena Montes Kauil no es una simple egresada de una escuela de fisioterapia o “bienestar”, sino la tercera generación de mujeres masajistas, o “sobadoras”, como se dice aquí. Ella asegura que nació para esto, y gracias a su madre y a su abuela Ernestina, que era también partera, sabe todo sobre las propiedades del romero, la ruda y la albahaca, a quienes “les pide permiso para cortarlas”.
Entre los muchos tratamientos de fitoterapia que suele dar —y que incluyen varios para niños—, está el de “la receta de la abuela” que, me asegura, despide un aroma mágico. La mezcla viene por supuesto de doña Ernestina, y a los huéspedes se les habla de todos los ingredientes que contiene, excepto de uno. Como si una receta bastase para repetir la experiencia en casa. Como si el deseo de volver no fuese imperativo.
EN LOS ALREDEDORES DE ESENCIA
El fin último de un hotel como Esencia es permanecer: por algo está en una de las playas más hermosas de México y procura todos los mimos imaginables. Pero hay ciertos temperamentos curiosos para quienes el hedonismo incluye la exploración. Esos deben saber que la península de Yucatán, donde está el hotel, es el hogar de la cultura maya que construyó sitios como Chichén Itzá (recién nombrada nueva maravilla) y Tulum (de cara al Caribe), entre muchos otros. También pueden visitarse hermosos conventos, antiguas haciendas, cenotes (corrientes de agua subterráneas, magníficas para nadar, hacer snorkel y bucear), parques y espectaculares reservas naturales, como la de Xian Ka’an. O practicar todo tipo de deportes, desde buceo y golf hasta pesca con mosca.
Y está la hermosa ciudad colonial de Mérida, el divertido pueblo de Playa del Carmen y por supuesto Cancún, donde llegan todos los vuelos internacionales.
GUÍA PRÁCTICA
ESENCIA
Carretera Cancún-Tulum km 265
T. (984) 873 4835
www.hotelesencia.com
Habitaciones desde 475 dólares.
CÓMO LLEGAR
Del aeropuerto internacional de Cancún se puede alquilar un coche (ideal para quien desee explorar la región), pedir un taxi o solicitar el servicio de transporte del hotel. El trayecto, que recorre la famosa Riviera Maya, es de poco más de una hora, y termina con un paseo en rickshaw a través de la selva hasta la terraza de la propia cabaña.
























