New Age a la mexicana en Catemaco
Catemaco

New Age a la mexicana en Catemaco

Además de su impresionante biodiversidad, la zona de los Tuxtlas se conoce por su tradición de magos y brujos, por sus islas pobladas de changos o pájaros, y por la posibilidad de pasar algunos días entre la selva y el lago.
Seis de la mañana, las campanas de la iglesia me despiertan sin piedad. Como llegué de noche no reparé en que mi habitación daba al zócalo y que el campanario de la iglesia estaba 20 metros enfrente. Pero aunque quisiera ya no podría dormir, ahora las garzas montan un concierto desde los flamboyanes de la plaza entonando mil voces para celebrar un nuevo día en la selva tropical más al norte del continente. Salgo al balcón y la bruma lo envuelve todo. El aire se condensa en perlas de humedad que cuelgan por todas partes: estoy en Catemaco.

Mientras desayuno unos huevos motuleños, me llama la atención que en el comedor hay varias mesas con extranjeros. En tres visitas anteriores la tónica fue el turismo nacional y ocasionalmente algún famoso que venía buscando el favor de los celebres brujos. Tal parece que Catemaco está viviendo un notable boom de ecoturismo y no es para menos; como está la salud del planeta, bien vale la pena un viaje hasta aquí para ver a una familia de monos aulladores jugar con sus pequeños en estado silvestre: es uno de los últimos reductos de megadiversidad que nos quedan en México.

Al salir a la calle me abordan tres jóvenes que se identifican con su gafete de guías oficiales y autorizados para dar una vuelta en lancha y conocer los encantos de la gran laguna (que propiamente hablando es un lago, por cierto, el tercero más grande del país).

Para abordar las lanchas de motor me dirijo al “Embarcadero del Brujo” y el paseo comienza con la visita a la Isla de los Pájaros. La neblina todavía se enreda en las copas de hules y otros árboles que sólo conocemos por los documentales de la amazonia, los cerros van descubriéndose poco a poco y el guía explica ceremoniosamente que “al pie de aquel, que es el Cerro del Mono Blanco, cada año en el equinoccio se reúnen todos los brujos de la comarca para hacer misas negras”.

“¿Por qué negras?”, pregunta un niño de unos cuatro años. El guía nos regala una respuesta enredada sobre los poderes blancos y negros que trabajan los famosos personajes del pueblo y desvía la conversación para advertirnos que no saquemos los brazos ni piernas del toldo porque los monos se roban las cosas.

Nuestra embarcación, que tiene fauces de tiburón dibujadas en la proa, se aproxima a la Isla de los Changos. Una señora saca su cámara nueva y apunta a un macaco. Está tan concentrada que no se da cuenta de que otro más viene nadando hacia ella y, en el esfuerzo por encuadrar su foto, se inclina hacia adelante y el simio anfibio le jala la correa. La señora grita y forcejean hasta que finalmente el mono cede y regresa nadando a su islote de roca. Todos nos quedamos con la boca abierta. Estos macacos fueron traídos desde Tailandia para su estudio y posible adaptación; nadie imaginó que agarrarían semejantes mañas, pero al mismo tiempo se han convertido en una de las atracciones más populares. Algunos tienen ya nombre y son fuente inagotable para inspirar apodos de terceros.

El paseo tiene una escala en Nanciyaga, un parque que ha conservado algunas hectáreas de selva intactas. Nuestro comité de bienvenida es un grupo de amigas, embadurnadas de lodo en todo el cuerpo, que brinca de emoción sobre el embarcadero flotante. Están durmiendo en cabañas elevadas como palafitos: justamente con la oferta de bungalows y estancias de campo que ahora proliferan, lo mejor (y más emocionante) es olvidar el centro y quedarse a dormir en cambio en plena selva para hipnotizarse con las luciérnagas y abrir los ojos al día siguiente, contemplando mariposas con alas tornasoladas del tamaño de un plato.

La región es estudiada por los biólogos desde hace 40 años y siguen apareciendo especies nunca antes vistas. Esta riqueza se manifiesta también en las orquídeas, las plantas medicinales y, hasta hace no tanto, en animales espectaculares como la pantera negra, el tapir o el águila arpía, que fueron comunes y ahora más bien son un recuerdo. Talar la selva para meter ganado de forma industrial fue una de las peores decisiones que se tomaron en el estado de Veracruz, pero aquí por muy poco y es fatal. Aunque en los alrededores de la laguna la jungla ya sólo subsiste como manchones aislados, las partes más altas de la zona —que son dos volcanes de 1 600 metros— conservan su carácter impenetrable y son refugio para tucanes, tucanetas, linces y jaguares indómitos. Afortunadamente, una buena porción fue declarada en la década pasada como Reserva de la Biosfera por la UNESCO y en los tours organizados se puede descifrar este fascinante libro verde con tantos niveles, sonidos y sabores. En la reserva se han registrado 2 300 especies de reptiles, casi 600 de aves y más de un centenar de mamíferos. Los mejores ecopaseos pueden ser muy variados y normalmente se organizan para grupos: en vehículos todo terreno, a caballo, caminatas, recorridos entre los manglares en busca de pájaros, penetrando grutas o con chapuzones en pozas escondidas, e incluso en las playas desiertas del Golfo de México, que son santuario de tortugas marinas.

LA DINASTÍA MÁGICA


Es la hora del almuerzo y algunos de los compañeros de lancha piden unas pellizcadas (versión veracruzana de los sopes) y otros unas memelas de cecina. Mientras tanto, descubro una foto de Mel Gibson abrazando a la administradora durante el rodaje de Apocalypto. Hollywood encontró en la selva de los Tuxtlas la locación más cercana y conveniente para recrear mundos míticos y ecuatoriales.

Durante el regreso, pasamos junto a las pangas que usan los pescadores para sacar mojarra y otros peces que se preparan en los restaurantes del “malecón”. Yo prefiero probar los tegogolos, unos caracoles medianos con consistencia dura que se aderezan con pico de gallo o se sirven en un sabroso caldo, y me dejan listo para abordar a los brujos.

Pregunto a un taxista cómo llegar y éste llama a un niño para que me acompañe hasta la calle de los Gueixpal, una familia que se precia de tener siete generaciones de sabiduría y trabajo mágico a sus espaldas. Ahora cada uno de los hermanos recibe en su propia oficina y yo me dirijo a la de Pedro Gueixpal, autodenominado “el Brujo Mayor” o “Poder del Tigre” pero, como está ocupado, cruzo la esquina para preguntar por su hermano Tito y éste sale a decirme que como no había tocado su puerta primero, mejor regresara por donde había venido, “a quien busca lo atenderá más tarde”.

Regreso al edificio azul rey decorado con murales de tigres de Bengala, sorprendido por ese inusitado respeto al cliente ajeno, y ya dentro de la oficina me sorprende aún más la cantidad de fotos que tiene Pedro al lado de celebridades, cantantes, actrices, conductores y políticos.

Al buscar en internet descubrí que “El Poder del Tigre” tiene su página web con muchos efectos, pero dentro del ciberespacio hay otro colega que se denomina Vandammed, el “Brujo Gringo”, quien abiertamente publica su carta de precios que van desde mil pesos por un trabajo de amor, dependiendo “del peso de la persona deseada” hasta cien mil pesos o más por un conjuro para matar...

Más allá de estos desplantes en el ciberespacio, en Catemaco se trabaja todo tipo de encargos y adivinaciones desde hace siglos. Su origen se remonta a los tiempos prehispánicos: el profuso conocimiento que había sobre plantas medicinales se mezcló durante la colonia con la santería proveniente de África y las Antillas a través de los esclavos. Esta mezcla se fue cocinando a fuego lento y sus resultados sanadores se volvieron vitales para la población, ya que hasta 1951 la Laguna y sus pueblos estuvieron desconectados del resto del país. El secreto se mantuvo todavía 20 años después de que llegó la carretera y, para 1970, un tal Gonzalo Aguirre (el “Brujo Mayor” de aquella época) organizó una convención de brujos que marcó la etapa mediática de la tradición. Después vinieron los reporteros con su morbo televisivo a fraguar el mito y esta fama catapultó a gente como los Gueixpal.

Pero estos excesos no deben desanimar al viajero que busca una experiencia antropológica a la New-Age-Mexican-Curious. Buscando, yo mismo di con un personaje de nombre Don José que me recibió en su templo blanco. Ahí se practican las “rameadas” (limpias) y se piden “amarres” (para amarrar a la persona deseada) o se quita el espanto por precios asequibles; no hay terminal de Mastercard, sino sólo un par de sillas de madera, veladoras en un altar con crucifijo y yerbas de olor. En el cuarto hace mucho calor, aunque el sol ya se está poniendo; Don José me ofrece un vaso de agua; dudo unos segundos antes de beberlo y, al hacerlo —armado de valor— le pregunto por la magia negra. Me aclara que esos trabajos se hacen en otro lado y, de todo lo que me platica con su acento campesino, hay dos historias escalofriantes:

La primera es que para quien ya es iniciado: en un momento específico del año, al pie del Cerro del Mono Blanco, se abre una puerta que conduce al reino de los placeres; éste viene antes del Infierno, y es un lugar de sensualidad y desenfreno en el que cualquier deseo se materializa de inmediato. Y, por lo visto, está en la misma ubicación de la que habló el guía en la lancha.

La segunda historia explica la travesía al lado oscuro de la fuerza como una ruta de sacrificios en la que para tener poderes hay que hacer ofrendas, “pues el diablo según recibe, así va dando”. Entonces Don José ofreció el alma de su primogénito y empezó a experimentar con nuevas facultades, y años después —a cambio de más poder— hizo lo mismo con otros dos hijos. Hoy el hombre se siente sinceramente turbado con esa decisión, porque marcó el destino de su familia para siempre, y me explica que sus hijos están en “lo negro” y que viven de hacer “trabajos especiales”. Me despido de él y salgo caminando desorientado, no sé si por la energía del brujo o más bien porque las calles están pésimamente iluminadas. La ventaja es que la luna se refleja en el terciopelo negro de la laguna. Noche densa en el trópico.

DE OTRAS MAGIAS


Al día siguiente hice tres recorridos que demuestran cómo, en el espectro mágico de Catemaco, entre el blanco y el negro hay numerosos matices.
El primero fue al mercado, donde un par de mujeres con faldas estampadas y pañuelos en la cabeza me atosigaron para que las dejara leer mi mano. Luego me enteré de que a estas personas las llaman “húngaras” y que son gitanas auténticas afincadas en el pueblo para sacarle provecho a sus dotes de quiromancia en este clima sobrenatural que tienen los Tuxtlas.

A mediodía visité la Laguna Encantada, rumbo a San Andrés Tuxtla, que es un cráter forrado —en sus paredes inclinadas— con jungla que cuelga dramáticamente sobre el agua. El nivel del líquido baja —lo cual es paradójico— durante la temporada de lluvia y se recupera en el tiempo seco. Lo de “encantada” le viene por eso y porque se ha llegado a registrar una actividad volcánica que mata a todos los peces, pero en cuanto el agua se enfría, éstos vuelven a reproducirse. Además hay una gruta utilizada por los brujos con el muy original nombre de Gruta del Diablo. Ahí no hay monerías turísticas, así que para comer decidí acercarme al Salto de Eyipantla, una cascada impresionante con varios miradores y puestos de comida sencilla.

Por la tarde, de regreso a Catemaco, quería pasar un rato tranquilo y sentarme al fresco en una mecedora para disfrutar la puesta de sol sobre la laguna, pero resulta que para hacer eso hay que ir a la orilla opuesta, así que me dirigí a la zona de los indígenas popolucas, hacia el oeste, a una población apacible de nombre Tebanca con fincas de campo que lo mismo tienen coches en el garaje que pangas de madera atadas en sus embarcaderos.

Pasados unos kilómetros, me bajé del auto para admirar otra maravilla natural: unas enormes raíces de amate que flanqueaban la terracería como esculturas orgánicas en forma de tubos retorcidos de órgano. Mientras me clavaba en la textura de las lianas y enredaderas que colonizaban los troncos encontré un amuleto enterrado que me sacó un sustito. Era una botella que al parecer contenía cenizas y plumas grises enredadas con hilo rojo. Se sentía extraña, así que no la toqué ni quise imaginar la clase de petición que resguardaba. Cada quién su fe.

PASEOS


De la mano del biólogo Félix Aguilar, especialista en aves, Ecobiósfera Tours Ecológicos (T. (294) 949 7308) ofrece el servicio más completo y profesional de la zona para conocer algunos de los 600 tipos de aves y miles de especies de plantas de la región, con más de 20 paseos diferentes. Se puede incluso pasar la noche en sus cabañas, con todos los servicios (de 600 a 800 pesos por noche). Se ubica en el pueblo de Dos Amates y el acceso es por la carretera a Sontecomapan, a 20 minutos de Catemaco.

Yambigapan es una reserva ecológica con otra estancia rural en la zona de la Laguna Encantada. Cuenta con una torre de observación y sendas para paseos dentro de la propia reserva. El acceso está a tres kilómetros, a lo largo del camino pavimentado de San Andrés Tuxtla a Ruiz Cortines (T. (294) 104 4639 y (294) 942 3845, dos cabañas, desde 300 pesos en ocupación doble).

También varias playas de acantilados del rumbo valen el paseo. Todas están en la zona norte y a unos 50 kilómetros de Catemaco. Las más famosas son Playa Escondida, Montepío y Roca Partida.


GUÍA PRÁCTICA


CÓMO LLEGAR

Desde la Ciudad de México hay que tomar la autopista 150, México-Puebla-Veracruz (4 horas) y de ahí la carretera costera que pasa por Tlacotalpan hasta llegar a los Tuxtlas (dos horas más). La otra opción es tomar la autopista 145 del sureste (antes de llegar a Veracruz se toma la desviación rumbo a Minatitlán) y a la altura de Acayucan está la carretera que conecta con Catemaco (más distancia, más topes).

DÓNDE DORMIR

Los hoteles de Catemaco dan todos a la plaza, por lo que las campanas de la iglesia despertarán a los lectores, como a mí, desde muy temprano. Mucho mejor es quedarse en el lago.

NANCIYAGA
Carretera Catemaco-Coyame km 7
T. (294) 943 0199
www.nanciyaga.com
Cabañas desde 900 pesos.

Se trata de un hermoso paraje selvático con acceso por el lago y por carretera. Tiene un muy buen restaurante y el alojamiento en las cabañas incluye masaje con esencias aromáticas, baño en fango, kayaks y nipapaqui (bañera privada). Además de temazcal, brujo propio y ceremonias espirituales.

MESON DE SANTIAGO
5 de Mayo 8 Santiago Tuxtla, Veracruz
T. (294) 947 1670

Habitaciones y suites a partir de 600 pesos. Reserve con tiempo este cómodo hotel que, aunque está en Santiago, puede usarse como base para los recorridos.

HOTEL POSADA KONIAPAN
Avenida Revolución y Malecón s/n
T. (294) 943 0063
www.hotelposadakoniapan.com.mx


Bungalows desde 800 pesos. A unas cuadras del centro de Catemaco, este hotel estilo silvestre cuenta con un lindo jardín y vista a la laguna.

HOTEL KINGDIAN
Carretera federal 180, km 121
T. (294) 947 1447


Habitaciones 500 pesos, bungalows 1 450. A la salida de Santiago, sobre una colina tranquila, este sitio ofrece bungalows independientes y cafetería.
¿Qué hay de nuevo?

Descuentos exclusivos en Bal Harbour

El glamour en las calles de Bal Harbour es cosa de todos los días. Sólo ahí se encuentran reunidas, en un mismo lugar, más de 100 boutiques de las marcas más reconocidas del mundo de la alta costura.
Miami 11/08/08

Alta cocina en Orlando

Si uno piensa en Orlando, Florida, lo primero que le viene a la cabeza son los parques temáticos. Pero la verdad es que esta ciudad tiene mucho más que ofrecer.
Orlando 11/08/08

Jardineros por un día en Alcatraz

Quedarse en el Ritz Carlton de San Francisco es estar en el corazón de la ciudad no sólo por su ubicación en Nob Hill, a unos pasos de Chinatown y a unos cuantos más de Union Square.
San Francisco 11/08/08
  • Encuesta México
  • 7
  • Encuesta Andina