Londres sin gastar mucho (fuera de broma)
Viajar por poco en la ciudad más cara del mundo es un reto. Divertirse en el intento no tanto, porque sí se puede y porque ver, escuchar y oler no cuesta nada. Ni tampoco usar la imaginación.
Por
Adrián Sack |
Abril 2008
|
Tags:
londres, adrian sack, georg rulffes, inglaterra, vicarage private hotel, south kensington, belgravia, europa house hotel, barmy badger backpackers, camden town, soho, covent garden, notting hill, national history museum
Londres es la ciudad más cosmopolita del mundo. Y una de las más poderosas, atractivas, interesantes, variadas, bellas, históricas y preservadas de la actualidad. Pero en el momento de pagar la cuenta de semejante menú, como la lógica indica, también es una de las más caras del planeta (la más, según la consultora financiera suiza UBS, y algo intermedio entre la primera y la segunda según un estudio que la cadena estadounidense CNN hizo el año pasado).
Sin embargo, en esta meca de los publicistas, diseñadores de moda y artistas modernos de todo el globo, la creatividad también está a la orden del día, incluso cuando se trata de hacer rendir al máximo cada penique. Este ejercicio, cultivado por miles de turistas que a diario lo aprenden junto a otros tantos inmigrantes legales e ilegales, se ha hecho cada vez más frecuente y necesario desde que el euro rige en el territorio continental, lo cual potenció aún más el legendario poder adquisitivo de la libra esterlina.
Lo primero a considerar es el lugar donde pasar las noches. Si se tiene en cuenta que el precio del alojamiento en Londres es, por mucho, el más elevado en promedio de toda Europa —y que en el más económico de los casos superará con creces la mitad del presupuesto asignado de 100 euros al día— tal vez la mejor opción en la ecuación costo/glamour sea contar o conseguir la amistad previa de alguna persona que pueda ofrecer un espacio libre en su hogar. O agenciarse este mismo en sitios como www.couchsurfing.com o www.globalfreeloaders.com. Un sofá cama o un colchón inflable en el costado más recóndito de una vivienda, después de ver los precios de la gran mayoría de los hoteles de 3 estrellas hacia arriba, puede llegar a disfrutarse tanto como el lecho de un maharajá.
No obstante, para el importante número de personas que no goza de esta oportunidad, también hay posibilidades de reducir los costos mediante la utilización de habitaciones dobles o triples en los hoteles céntricos, ya que los descuentos por persona suelen ser más importantes que en otros lugares.
Por ejemplo, una habitación en el Vicarage Private Hotel, en el elegante y bien ubicado barrio de South Kensington, la habitación simple cuesta 46 libras (61 euros), mientras que la doble asciende a 78 (103 euros). Por esta razón, es importante prestarle atención a hoteles como el Belgravia o el Europa House Hotel, que ofrecen family rooms (habitaciones familiares) donde se pueden hospedar hasta cuatro personas por precios desde las 90 libras (120 euros) por habitación.
Para los más jóvenes, o aquellos de cualquier edad que aún toleran escuchar involuntariamente música a todo volumen o voces y guitarras desafinadas de adolescentes, están los hostels, como los de la cadena Astor (30 libras o 40 euros) o el muy popular Barmy Badger Backpackers, donde la cama en habitaciones con baño compartido se consigue desde las 17 libras (23 euros), cifra que también incluye un modesto desayuno y té o café durante todo el día.
Las hosterías se reparten en las zonas más vinculadas con el rock y la cultura juvenil, como Camden Town, Soho y Covent Garden, aunque también las hay en Earl’s Court, la zona de Londres donde más español se escucha en las calles y los comercios.
A pesar de estar bien ubicadas y, por lo general, muy cerca de las estaciones de metro o tren, debe tenerse en cuenta que en algunos de estos lugares los estándares de limpieza e integridad de las instalaciones no son los más altos, aun cuando desde 2006 en varios de ellos ya no se permite fumar (tabaco).
A pesar de estar bien ubicadas y, por lo general, muy cerca de las estaciones de metro o tren, debe tenerse en cuenta que en algunos de estos lugares los estándares de limpieza e integridad de las instalaciones no son los más altos, aun cuando desde 2006 en varios de ellos ya no se permite fumar (tabaco).
Una última opción a considerar, tanto para los viajeros solitarios como para aquellos que a lo sumo harán turismo con un solo acompañante, son los hoteles de la megacompañía Easy, propiedad del empresario chipriota Stelios Haji-Ionnaou, un personaje mediático que vende desde pizzas y boletos de cine hasta viajes en avión y teléfonos celulares bajo la única consigna de hacerlo con precios reducidos. En su rama de negocios hoteleros, Haji-Ionnaou ofrece incluso habitaciones sin ventanas. Claro que, también, si el viajero puede estirar su presupuesto más allá de las 30 libras (40 euros) que se piden por persona, tiene la posibilidad de pernoctar en otra que sí las tenga e, incluso, por 10 libras diarias más (13.26 euros), contar con que el personal de limpieza del hotel haga su trabajo y cambie, además, las sábanas y toallas todos los días.
MODALES INGLESES, SIGLO XXI
Una vez solucionado este verdadero problema que es el alojamiento, el segundo escollo a salvar en la escala presupuestaria es la comida. Aunque la fama de este país por la calidad de sus platos se ha deteriorado desde que la Revolución Industrial arrancó a las mujeres de sus hogares en el siglo XIX y, con ellas, a buena parte de la tradición culinaria británica, hay varias buenas noticias para quien se proponga comer bien sin acribillar sus bolsillos.
La primera de ellas es que el desayuno inglés, a menudo incluido en las tarifas de los hoteles, es uno de los más suculentos e hipercalóricos del planeta. Compuesto generalmente por huevos estrellados o revueltos con tocino, champiñones, habas, salchichas y pan tostado cortado en triángulos con ketchup o mostaza, este fortísimo plato habitualmente deja satisfechos a los turistas que, acostumbrados en sus lugares de origen a desayunar más ligero (casi todos), viven este menú como un merecido reemplazo del almuerzo. Una ventaja adicional que ofrece esta comida es que su disponibilidad no se limita a los hoteles; también puede ordenarse en muchos pubs y pequeños locales, los cuales anuncian mediante carteles y pizarras que sirven el All Day Breakfast (“desayuno durante todo el día”) por un costo que generalmente oscila entre 5 y 8 libras (6.6 y 10 euros).
Otro punto a favor es que la comida para llevar, al igual que las especialidades de Europa continental listas para ser consumidas, son ambas moneda corriente en Londres. A diferencia de Francia, Italia, España, Portugal e incluso Alemania, en el Reino Unido el acto de comer no siempre y no para todos alcanza la estatura del ritual: lejos de reunirse para disfrutar un buen plato entre amigos o colegas del trabajo, muchos ingleses tienden a evitar este acto social a través del consumo individual —y muchas veces, apurado— de un sándwich, kebab, burrito, pasty o cualquier vianda que se aparezca al paso.
Así, en horas del mediodía y, sobre todo, al aproximarse el momento de cenar, es muy común encontrarse en los medios de transporte público con gente que vuelve de trabajar de la oficina y degusta, en el ómnibus o vagón, un pollo a la provenzal o un rebosante plato de espaguetis servidos todos en bandejas de plástico desechables.
La desinhibición que reina en la ciudad respecto del hábito de comer alienta incluso a los turistas más susceptibles de sentirse cohibidos a imitar esta conducta, a punto tal que es muy común ver en las zonas más concurridas muchas pequeñas sucursales de supermercados como Tesco Express, Sainsbury’s o Morrisons, que ofrecen una gran variedad de comida preparada o lista para recalentar en la cocina del hotel (desde brochettes de cerdo y canelones hasta ensaladas con pollo) por precios que rara vez superan las 8 libras (10 euros).
Esta “invitación” a comer de este modo también se encuentra respaldada por la gran cantidad de espacios verdes que distinguen a Londres de otras capitales, con el céntrico Hyde Park a la cabeza de las preferencias de quienes quieren improvisar un picnic a cualquier hora del día.
Pero si la idea es poder almorzar, merendar o cenar en un restaurante, las opciones pueden no estar tan lejos del alcance de un presupuesto diario de 100 euros.
Pero si la idea es poder almorzar, merendar o cenar en un restaurante, las opciones pueden no estar tan lejos del alcance de un presupuesto diario de 100 euros.
Además de una infinidad de restaurantes tailandeses y vietnamitas que sirven platos principales por alrededor de 7 libras (9.30 euros), y que están presentes en todas las calles centrales de cada uno de los barrios, la buena noticia es que, al igual que en Estados Unidos, en varios pequeños restaurantes se puede reducir el precio de la cuenta final mediante el aporte de una bebida adquirida en otro lado. Estos locales de comida son fácilmente identificables gracias a un cartel que suele colocarse en su puerta, con las iniciales BYOD o la inscripción que explica a esa sigla: Bring your own drink (“traiga su propio trago”). En más de un caso, como sucede con los restaurantes persas Alounak de South Kensington o Exotika de Covent Garden, el visitante puede sorprenderse no sólo por el buen nivel de la comida, sino también por la cálida ambientación. En algunos de estos lugares, los menús fijos con entrada, plato principal y postre se pueden conseguir por entre 15 y 18 libras (20 y 23.8 euros), aunque solamente a la hora del almuerzo.
En caso de que el viajero, a pesar de la pobre reputación de la comida británica, sea de los que insisten en degustar la comida tradicional local a modo de experiencia de aproximación cultural, posiblemente la mejor idea sea probar el Sunday Roast.
Tal como su nombre lo indica, este plato se sirve exclusivamente los domingos al mediodía en los pubs que tienen la licencia para hacerlo, y consiste en carne asada de res, cordero, cerdo o pato —depende del lugar y de la época— acompañada de verduras (coles, nabos, zanahorias, coliflor y los infaltables guisantes) hervidas o cocidas al vapor, y todo por un costo de entre 7 y 11 libras (9.30 y 14.6 euros).
El secreto a voces de esta comida, que comparada a la proveniente del resto de Europa o América Latina es bastante insípida, es acompañarla con una buena cerveza —si hay algo que abunda en los pubs en variedad, gusto y tamaño, es esa bebida— o con una pinta de limonada, que aquí es fuertemente azucarada o edulcorada, de acuerdo con la versión que se prefiera (en todos los casos, la pinta cuesta entre 1.50 y 2 libras, es decir, 2 y 2.65 euros).
Y habrá quien quiera tener una probada de lo que hacen a últimas fechas las estrellas de la cocina londinense. Se recibirá con gusto la noticia de Tom’s Place, el localito de comida orgánica (y relativamente pagable) que el chef Tom Aitkens abrió junto al aclamado restaurante que lleva su nombre: el concepto es una versión estilizada y sostenible de un local de fish and chips, preparados con pescados frescos de especies cuya pesca no afecta la durabilidad de la vida marina.
Una vez resuelto el hospedaje y la alimentación, el otro dato a tener en cuenta es el transporte: Londres posee la red de metro más grande del mundo, y uno de los sistemas de autobuses más célebres y pintorescos. Hasta aquí las noticias para alegrarse, pues también es abusivamente cara (los boletos para un viaje de una estación a otra de metro, sin retorno, cuestan 4 libras o 5.30 euros) y los estándares de eficiencia, en las líneas más antiguas como la District Line (verde), la Hammersmith & City (violeta) o la obsoleta y sobrecargada Circle Line (amarilla) contrastan fuertemente con el desarrollo de los sistemas de trenes subterráneos de París, Berlín e incluso Madrid.
En cuanto a los autobuses, su uso es recomendable principalmente para quienes deseen tener una buena vista aérea de la bella arquitectura londinense desde el piso superior, aunque no para los que quieran llegar desde un punto a otro de la ciudad en un breve lapso de tiempo. Las angostas calles de la ciudad, en particular las céntricas, en numerosas ocasiones paralizan, virtualmente, la circu-lación de esas moles de dos pisos, a punto tal que es aconsejable, y más económico (el boleto simple cuesta 2 libras, o 2.65 euros) inclinarse por andar a pie.
En ese caso, lo mejor es elegir el lugar de alojamiento en las llamadas zonas 1 y 2 de la ciudad, en especial en las cercanías de las estaciones Victoria, Westminster y South Kensington donde, a pesar de la elegancia del barrio, los precios no son tan asfixiantes.
Pero si los pies no bastan, el secreto para abaratar los costos está en la adquisición de la tarjeta oficial del metro, conocida como Oyster. Cuesta 3 libras (4 euros) y puede ser recargada sin límites, con importantes descuentos (el viaje simple mínimo en el metro se reduce de 4 a 1.50 libras (de 5.30 a 2 euros), mientras que el autobús desciende de 2 a 0.90 libras (de 2.65 a 1.20 euros). Por supuesto, debe tenerse en cuenta que esta opción sólo es conveniente si la idea es extender la estadía al menos a una semana.
ADMIRAR NO CUESTA NADA
Quedarse una semana también permite organizar muy buenos programas, pues los museos más famosos, valiosos e interesantes de la ciudad tienen entrada libre y gratuita.
La variedad es tan grande que es difícil empezar por alguno en especial, aunque si hay uno que es imperdible, ése es el British Museum. Allí se exponen piezas valiosísimas del legado de las culturas egipcia, persa, fenicia y griega —entre otras— que durante el siglo XIX fueron sustraídas de sus países de origen y jamás devueltas salvo, ocasionalmente, a modo de préstamo.
El recorrido de este predio, que también incluye la visita de la sala de lectura donde Karl Marx escribió El Capital, puede demandar todo el día. Vale la pena invertirlo y dejar para los restantes un paseo por la National Gallery, la Tate Modern, el observatorio de Greenwich y el National History Museum, todos completamente gratuitos.
El recorrido de este predio, que también incluye la visita de la sala de lectura donde Karl Marx escribió El Capital, puede demandar todo el día. Vale la pena invertirlo y dejar para los restantes un paseo por la National Gallery, la Tate Modern, el observatorio de Greenwich y el National History Museum, todos completamente gratuitos.
Y si el buen tiempo acompaña, pocas cosas son tan atractivas en Londres como los mercados callejeros. Desde el multifacético Portobello Market, en Notting Hill, hasta el más liberal y juvenil de Camden Town, donde los amantes de las indumentarias alternativas y usadas se sentirán en su elemento, pasando por el de Brick Lane, pintoresco y con ofertas inusitadas. La elegancia, en cambio, llega de la mano de Covent Garden, posiblemente el mercado más prolijo y organizado de la ciudad, junto con el de Greenwich. En ese nivel, pero cuando se trata de comidas —y de todo el mundo— los mejores precios, olores y sabores están en el Borough Market, un predio al que hay que llegar antes del mediodía, ya que luego es desmantelado.
El último consejo para disfrutar lo mejor de Londres no podría ser más fácil de seguir, pues sólo basta con mirar hacia arriba: el paisaje arquitectónico, allí donde la Segunda Guerra Mundial no acabó con todo, es uno de los más ricos de Europa. Y, sobre todo en la zona céntrica, ni siquiera hace falta guía: las autoridades, fieles a la cultura local, se esmeraron en señalar la importancia histórica de cada edificio que lo merece —y no tanto— con 800 prolijas placas esmaltadas, generalmente azules, que indican dónde han vivido o morado Winston Churchill, Virginia Woolf, Christopher Wren, Lord Byron, Vivien Leigh… y todo para que el lector sienta más familiar una ciudad que al principio, y sólo al principio, se percibe tan ajena a partir de sus precios.
El último consejo para disfrutar lo mejor de Londres no podría ser más fácil de seguir, pues sólo basta con mirar hacia arriba: el paisaje arquitectónico, allí donde la Segunda Guerra Mundial no acabó con todo, es uno de los más ricos de Europa. Y, sobre todo en la zona céntrica, ni siquiera hace falta guía: las autoridades, fieles a la cultura local, se esmeraron en señalar la importancia histórica de cada edificio que lo merece —y no tanto— con 800 prolijas placas esmaltadas, generalmente azules, que indican dónde han vivido o morado Winston Churchill, Virginia Woolf, Christopher Wren, Lord Byron, Vivien Leigh… y todo para que el lector sienta más familiar una ciudad que al principio, y sólo al principio, se percibe tan ajena a partir de sus precios.
GUÍA PRÁCTICA
DÓNDE DORMIR
VICARAGE PRIVATE HOTEL
10 Vicarage Gate W8
T. 44 (20) 7229 4030
www.londonvicaragehotel.com
Habitación sencilla sin baño privado: 50 libras (65 euros), y 85 (111 euros) la doble sin baño privado. Las dobles con baño privado cuestan 110 libras (144 euros). Incluye desayuno inglés.
BELGRAVIA
64-66 Ebury Street SW1W
T. 44 (20) 7759 8570
www.bb-belgravia.com
Habitación sencilla sin baño privado: 97 libras (126 euros) y 137 (179 euros) la familiar. Incluye desayuno inglés.
EUROPA HOUSE
151 Sussex Gardens W2
T. 44 (20) 7723 7343
www.europahousehotel.com
Habitación doble de 60 a 70 libras (78 a 91 euros) y familiares desde 90 libras (117 euros). Incluye desayuno inglés.
ASTOR VICTORIA
71 Belgrave Road SW1V
T. 44 (20) 7834 3077
www.astorhostels.com
La cama 30 libras (40 euros) en habitación doble.
BARMY BADGER BACKPACKERS
17 Longridge Road SWS
T. 44 (20) 7370 5213
www.astorhostels.com
La cama 17 libras (22 euros) en habitación múltiple.
EASY HOTELS
Con tres direcciones, en Easy South Kensington, Easy Earl’s Court, Easy Victoria.
www.easyhotels.com
Desde 25 libras (33 euros) por habitación sencilla.
DÓNDE COMER
ALOUNAK
10 Russell Gardens, Kensington W14
T. 44 (20) 7603 7645
Plato, entrada principal y postre desde 15 libras (20 euros).
EXOTIKA
7 Villiers Street Strand, Covent Garden WC2
T. 44 (20) 7930 7645
Platos principales desde 11 libras (14 euros).
TOM’S PLACE
1 Cale Street SW3
T. 44 (20) 7351 1806
www.tomsplace.org.uk
Platos principales desde 14 (18 euros).
QUÉ HACER
BRITISH MUSEUM
Great Russell Street WC1
T. 44 (20) 7323 8299
www.britishmuseum.org
Diario de 10 a 17:30 horas.
THE NATIONAL GALLERY
Trafalgar Square SW1
T. 44 (20) 7747 2885
www.nationalgallery.org.uk
Diario de 10 a 18 horas, miércoles hasta las 21 horas.
TATE MODERN
Bankside SE1
T. 44 (20) 7887 8888
www.tate.org.uk/modern
De domingos a jueves de 10 a 18 horas, viernes y sábados de 10 a 22 horas.
NATURAL HISTORY MUSEUM
Cromwell Road SW7
T. 44 (20) 7942 5011
www.nhm.ac.uk
Diario de 10 a 17:50 horas.
ROYAL OBSERVATORY
National Maritime Museum, Greenwich SE10
T. 44 (20) 8312 6565
www.nmm.ac.uk
Diario de 10 a 17 horas.
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