Madrid de a pie
En Madrid, resulta que si uno decide andar por los márgenes del lujo, andará también por algunos de sus barrios, tascas y tabernas de mayor tradición. Así uno venga forrado de billetes, el ejercicio vale la pena.
Por
Verónica Ramírez |
Abril 2008
|
Tags:
espana, madrid, veronica ramirez, manuel vazquez, cava baja, barrio de la latina, lavapies, parque del retiro, malasana, plaza santa ana
En España, un “Todo a 100” es un establecimiento casi siempre operado por chinos que ejerce un poder superior sobre las personas. El que entra, compra. Sí o sí. No hay alternativa. Que luego uno caiga en cuenta de que esos mismos productos en realidad son perecederos, inútiles, accesorios o inservibles es otra historia. Ya cumplieron su misión: satisfacción absoluta a un módico precio.
Para visitar Madrid sin caer en la tentación del lujo se debe adoptar la filosofía de estas tiendas, es decir: intentar ser feliz a bajo costo.
La buena noticia es que en Madrid, 100 euros dan para mucho. O para nada. 100 euros no alcanzarían para pagar la cuenta de una cena en La Broche, dos estrellas Michelin. Ni para darse unos masajes tailandeses en el Ritz (por no hablar de hospedarse ahí) o renovar el armario en Custo. ¿Pero quién dijo que ése sea el único Madrid que existe?
La buena noticia es que en Madrid, 100 euros dan para mucho. O para nada. 100 euros no alcanzarían para pagar la cuenta de una cena en La Broche, dos estrellas Michelin. Ni para darse unos masajes tailandeses en el Ritz (por no hablar de hospedarse ahí) o renovar el armario en Custo. ¿Pero quién dijo que ése sea el único Madrid que existe?
Hay el Madrid de un buen Rioja a dos euros la copa, el de los lugares curiosos, el que no suele aparecer en las guías. Porque Madrid es lo que se ve, pero también lo que un día estuvo allí. Lo que ahora se ve es una ciudad en obras: grúas, zanjas, hombres trabajando en una ciudad que intenta modernizar sus encantos con toneladas de cemento. Dentro de algunos años ese cemento se convertirá en algún tipo de vanguardia arquitectónica. Mientras tanto, en medio de todo este crecimiento frenético hay otro Madrid que se resiste, es el Madrid de las tabernas, de las callecitas estrechas, el Madrid campechano y pueblerino, el más castizo y fiestero.
Ese Madrid es el que nos interesa: por económico y auténtico. Para el resto de cosas, existe esa tarjeta de crédito que todo lo puede comprar, aunque en este viaje no será necesario sacarla.
LO QUE SIEMPRE ESTUVO ALLÍ
Madrid empezó a habitarse durante el Paleolítico Inferior, pero no fue sino hasta 1561 cuando se convirtió en la capital del imperio. Más o menos desde entonces empezó a identificarse como una ciudad amable con el visitante. Lo dijo el rey Felipe III en el siglo XVIII: “Madrid es una noble hospedería de extranjeros”. Y si de dormir se trata, basta con levantar la vista en cualquier punto del centro de la ciudad y hartarse de leer carteles con las palabras hostal o pensión. Las hay de todo tipo. Suelen ser muy familiares, y eso es un punto a favor porque significa que son limpias y no roban, aunque a veces resulte incómodo que los anfitriones pongan reparos —si uno llega de madrugada—, o que no tengan internet inalámbrico. Pero hay excepciones, como la pensión Adriá. Se trata de una pensión al viejo estilo, sólo que totalmente remodelada y con muy buen gusto. El hostal Martín y el hostal Victoria también son dos buenas opciones. Los precios van de los 40 a los 60 euros por una habitación doble.
Comer, al precio que sea, es una actividad impostergable y Madrid cuenta con una variada oferta gastronómica. En otros tiempos, la calle Cava Baja, en el barrio de La Latina, fue un foso ubicado en el exterior de la muralla romana, una especie de entrada y salida secreta para evitar los asaltos por sorpresa. Ahora es una calle de bares de tapas, como El Tomás (Cava Baja 42) o Casa Lucas (Cava Baja 30). Los paseantes domingueros de este barrio no tienen ya nada que ver con los comerciantes de provincia que llegaban a esta zona a vender sus hortalizas. Las versiones actuales de las clásicas tascas madrileñas son mucho más gourmet y los comensales de este barrio, gente con invariable ánimo de fiesta. Del pasado sobrevive La Posada de la Villa (Cava Baja 9), que data de 1642 y hasta 1980 funcionó como un albergue para huéspedes de toda condición. Hoy es un restaurante que ha sabido mantener la estructura original y ofrece uno de los mejores corderos al horno de la ciudad(a precios, eso sí, nada asequibles). Otro lugar emblemático de la zona es El Schotis (Cava Baja 11), cuyo nombre proviene del baile típico madrileño en el que se puede ver a un hombre girar sobre su propio eje y a una mujer bailando alrededor de él. Como el Sol y la Tierra, pero ambos vestidos de chulapos; es decir, ella con mantón de Manila y peineta, y él con gorra, chaleco y un clavel en la solapa.
En el mismo barrio se puede visitar (gratis) el convento del Corpus Christi o convento de Las Carboneras (Plaza del Conde de Miranda 3), llamado así porque la imagen de la virgen a la que rinde culto fue supuestamente hallada en una carbonería. La fundadora y primera novicia de este convento fue la condesa Beatriz Ramírez de Mendoza. Cuenta la leyenda que la condesa rezó día y noche durante toda su vida y que siguió rezando incluso después de muerta, según las versiones de las monjitas que vieron aparecer un espectro con un rosario en la mano.
Lo que me consta es que en este convento prepararan unos dulces deliciosos: nevaditos, tocinillos de cielo o mantecados de yema. Al ser un convento de clausura, el pago y la entrega de los dulces se hace a través del viejo sistema del oscuro torno, que impide que las monjas crucen miradas con uno durante la transacción.
Lo que me consta es que en este convento prepararan unos dulces deliciosos: nevaditos, tocinillos de cielo o mantecados de yema. Al ser un convento de clausura, el pago y la entrega de los dulces se hace a través del viejo sistema del oscuro torno, que impide que las monjas crucen miradas con uno durante la transacción.
En una ciudad donde el mar, según canta Joaquín Sabina, no se puede concebir, Las Vistillas ofrece una de las mejores vistas (o vistillas) panorámicas: la Casa de Campo y lo que en algún momento volverá a ser el río Manzanares. Eso ocurrirá en un futuro todavía incierto, cuando terminen las obras de remodelación que incorporarán el río a la ciudad. Según lo planificado, Madrid, desafiando a Sabina, tendrá incluso una playa. Porque a diferencia de París, Praga, Viena, Londres y tantas otras ciudades, Madrid creció dándole la espalda al río.
Sin embargo, a pesar del polvo y las obras, la ribera del Manzanares cuenta con lugares bastante interesantes (y gratuitos), como la ermita de San Antonio de la Florida (Glorieta de San Antonio 5), donde el 13 de junio cada año se concentran miles de mujeres con los 13 alfileres que, según dicta la tradición, contribuyen a encontrar marido.
Esta ermita fue construida por primera vez en 1720 bajo el auspicio de una institución llamada Resguardo de las Rentas Reales. Luego fue derribada y reconstruida íntegramente al menos en otras dos ocasiones, aunque lo realmente llamativo del recinto son los frescos con los que Francisco de Goya decoró la cúpula y las bóvedas. El fresco de la cúpula retrata el preciso instante en que San Antonio resucita de manera milagrosa a un hombre para que pueda exculpar a su padre, injustamente acusado de un crimen.
En la ermita de San Antonio está enterrado el cuerpo de Goya. Sólo el cuerpo. Hay todo un misterio en torno a dónde fue a parar la cabeza del pintor aragonés muerto en Burdeos en 1828 y trasladado a España en 1880. La explicación: supuestamente, Goya les pidió a sus albaceas que tras su muerte le cortaran la cabeza y la enterraran en Madrid, junto al pie derecho de la duquesa de Alba, el gran amor de su vida. Lo triste de la historia es que nadie sabe si el romance llegó a consumarse o no. La parte feliz es que muchos especialistas creen que la Maja desnuda es en realidad la duquesa.
Queda terminantemente prohibido ir a la ermita del Santo y luego no comer un pollo asado, un chorizo a la sidra, o simplemente beber mucha sidra en Casa Mingo (Paseo de la Florida 34). Se ubica a diez pasos de la ermita y es la decana de las sidrerías madrileñas. Este antiguo almacén abrió sus puertas en 1888. Casa Mingo es el clásico lugar donde suelen ir a comer muchos por poco. La botella de sidra cuesta 5 euros y el pollo entero, 9.
TODO EL MUNDO EN LAVAPIÉS
Lavapiés fue el barrio judío de Madrid hasta 1492, año en que los judíos fueron expulsados del reino. En aquellos tiempos también se le conocía como el barrio de los manolos o de la manolería, porque era casi una obligación que en las familias conversas el primogénito se llamara Manuel. Hoy, Lavapiés es el barrio multicultural por excelencia. Aquí, personas de todas las nacionalidades se encuentran en peluquerías africanas, salones de té árabes, tiendas chinas de frutos secos, fruterías pakistaníes o locutorios dominicanos.
De día se puede caminar sin problemas. De noche es preferible andar muy atento para evitar a los carteristas, que suelen estar al acecho. El café Barbieri (Ave María 45), con sus paredes descarapeladas y mesas que parecen hechas con lápidas, fue inaugurado hace más de cien años y conserva un encantador aire bohemio y decadente. Justo enfrente se ubica el Melos, cuyas “zapatillas” son un reto para cualquier estómago que se precie de espacioso. Este sándwich de queso de tetilla (un queso tierno de Galicia) y lacón (el antebrazo del cerdo) supera en tamaño a cualquier hamburguesa XXL. Y a precio de risa.
Muy cerca de allí, en la calle Mesón de Paredes, se ubica una biblioteca pública y un centro universitario construidos sobre los restos de las Escuelas Pías de San Fernando (Tribulete 14). En la cuarta planta de este edificio, construido por primera vez en 1616, se ubica el Café Gaudeamus. Ningún cartel anuncia su existencia, pero cuenta con unas vistas muy bonitas de los tejados de Lavapiés y una carta con precios para estudiantes.
EL RETIRO, A FONDO
Las capitales suelen tener un elevado nivel de contaminación ambiental y Madrid no es la excepción. El parque del Retiro es el pulmón derecho de Madrid: 118 hectáreas construidas por Felipe IV en 1630 para el esparcimiento de la Corte. El pulmón izquierdo es Casa de Campo, pero no es tan accesible. En cambio, en El Retiro hay siempre, según la hora, niños que corren detrás de pelotas, deportistas, músicos ambulantes, titiriteros, ancianos dándole de comer a las palomas y una cantidad impresionante de árboles que ya pueden ser considerados monumentos nacionales. El más antiguo del parque y probablemente de todo Madrid es un ahuehuete, aunque se le conoce como ciprés calvo. Es mexicano y fue plantado en 1633. Sobrevivió a la Guerra de la Independencia (1808) y su horcadura fue aprovechada por los franceses para instalar una batería de artillería. Luego llegaron los ingleses, derrotaron a los franceses y volvieron polvo el parque. Pero el ahuehuete siguió allí, a la izquierda de la puerta Felipe V, frente al Casón del Buen Retiro. Si una foto no es suficiente, los amantes de la filatelia se pueden llevar a casa el árbol en formato sello.
Los árboles no son los únicos atractivos del parque. También está el Ángel Caído, el monumento dedicado a Luzbel, el querubín al que echaron del paraíso por rebelde. El ángel desertor lleva 137 años ahí. Durante mucho tiempo se pensó que era el único monumento en el mundo dedicado al diablo, pero en la localidad de Tandapi (Ecuador) también hay uno.
Al salir del parque, por la avenida de Alfonso XII, es aconsejable darse una vuelta por la Cuesta de Moyano. En esta calle peatonal se ubica una treintena de puestos de libros de segunda mano. Con un poco de suerte se pueden encontrar ediciones antiguas a muy buenos precios.
La Cuesta de Moyano desemboca en el Paseo del Prado, que reúne los tres principales museos de la ciudad (Reina Sofía, Thyssen-Bornemisza y El Prado). A este circuito se ha unido hace poco Caixa Forum (Paseo del Prado 36), un edificio impresionante, un cubo que parece levitar, firmado por los arquitectos suizos Herzog & De Meuron (los mismos de la londinense Tate Modern). Este espacio cultural de acceso gratuito ha transformado una vieja central eléctrica y es la propuesta arquitectónica más arriesgada en una zona considerada intocable. El edificio cuenta con un jardín vertical de 460 metros cuadrados con 15 mil plantas de 250 especies distintas.
DE CAÑAS Y BARES
Si hay algo de lo que puede presumir Madrid es de sus bares: son más de doce mil, sin exagerar. La “marcha madrileña” no es un mito. Ir de bares es la actividad preferida de la ciudad y dos de las zonas más recurrentes para entregarse de lleno a ella son Malasaña y Huertas.
En Malasaña se desarrolló la movida madrileña, el movimiento surgido en la España posfranquista que parió hijos tan célebres como Alaska, en la música, y Almodóvar, en el cine. Durante los ochenta, y después de que el alcalde Enrique Tierno Galván pronunciara la famosa frase: “El que no está colocado, que se coloque” (en clara alusión a las drogas), Malasaña era una fiesta permanente. Y lo sigue siendo. De manera más moderada, es cierto, aunque varios de los lugares símbolo de aquellos tiempos, como la Vía Láctea (Velarde 18) o El Penta (Palma 4) todavía mantienen el volumen alto y el ánimo arriba.
El barrio lleva el nombre de una heroína: Manuela Malasaña, ejecutada a los 17 años. Ocurrió durante el levantamiento del pueblo contra las tropas francesas de Napoleón, en 1808. Se le acusó de llevar un arma en su poder, cuando en realidad lo que llevaba eran unas tijeras. Era costurera. Una costurera que con los años se convirtió en un sinónimo de la libertad y del ambiente festivo.
En este barrio, además de un promedio de cinco bares y restaurantes por cada cien metros en las calles principales, se encuentran tabernas típicas con mucho encanto, como Bodegas La Ardosa (Colón 13) o Bodegas El Maño (Palma 64). La tortilla de patatas de La Ardosa es probablemente una de las mejores de Madrid.
Por su parte, el epicentro de Huertas es la plaza Santa Ana, coronada por el Teatro Español, donde pueden adquirirse localidades de los mejores espectáculos a precios bastante razonables. Muy cerca de allí se ubica el Viva Madrid (Manuel Fernández y González 7), un bar con muy buena música, con más de dos siglos de antigüedad y una decoración bastante original: paredes de azulejos pintados a mano al estilo andaluz y cuadros inspirados en los años treinta. Y si la noche pide un poco de flamenco, El Cardamomo (Echegaray 15), es un bar en donde se respira un verdadero aire gitano y donde casi todos los días cantan en vivo las figuras más interesantes del flamenco actual. Antes de abandonar la zona, imposible perderse el lugar preferido de los amantes del buen jerez: La Venencia (Echegaray 7). El local es bastante acogedor, decorado con barricas y carteles antiguos. Aquí se puede beber jerez fino o manzanilla, acompañado de tapas de anchoas, aceitunas o mojama (atún salado). Es de esos lugares donde pedirse un refresco está muy mal visto. No hay música, sólo el ruido animado de un montón de conversaciones simultáneas.
El resto consiste en dejarse llevar, de una taberna a otra, adonde guíe el instinto. Pasear por el centro histórico de Madrid, detenerse a mirar edificios e iglesias emblemáticas, como la Colegiata de San Isidro, la Plaza de la Villa, la Plaza Mayor y la Plaza de Oriente. Y caminar, con un mapa entre las manos, o sin él, que las piernas son el mejor medio de transporte en una ciudad cuyo quid es el aire alegre que respira. Y el aire, afortunadamente, sale gratis, es de todos.
TODO SOBRE
LOS DESCUENTOS
Dos veces a la semana (los sábados por la tarde y los domingos por la mañana) el Museo Reina Sofía (www.museoreinasofia.es) no cobra entrada. En el Museo del Prado (www.museodelprado.es) el acceso es gratuito los domingos y los miércoles. El Thyssen-Bornemisza (www.museothyssen.org) sólo hace descuentos para grupos grandes, pero normalmente comparte las grandes exposiciones con la Fundación Caja Madrid (www.fundacioncajamadrid.es) y aquí el acceso es gratuito de martes a domingo. Para ver arte contemporáneo se recomienda visitar La Casa Encendida (http://lacasaencendida.com), que tampoco cobra la entrada. Además, cuenta con una agenda bastante atractiva de cine, teatro y conciertos a 1, 2 y hasta 3 euros (como máximo).
En la página web www.taquillaultimominuto.com se encuentran verdaderas gangas de espectáculos de teatro hasta a mitad de precio. En cuanto al cine, el día del espectador es el miércoles y cuesta entre dos y tres euros menos que el resto de la semana. En la Filmoteca (www.mcu.es) se pueden revisar viejos y grandes títulos en versión original subtitulada a 2.5 euros, algo poco frecuente en España donde es costumbre doblar las películas al castellano.
Para escuchar música clásica gratis se puede visitar la Catedral de la Almudena todos los domingos de verano a partir de las 9 de la noche. El resto del año, la Fundación Juan March (www.march.es) organiza conciertos gratuitos, además de exposiciones y conferencias.
Finalmente, para moverse por Madrid lo más recomendable es el metro. El bono de diez viajes cuesta 6.70 euros y sirve tanto para el metro como para la red de autobuses.
Finalmente, para moverse por Madrid lo más recomendable es el metro. El bono de diez viajes cuesta 6.70 euros y sirve tanto para el metro como para la red de autobuses.
COMPRAS QUE NO SON PECADO
Si se toma el autobús 628 en la estación de Moncloa hasta Las Rozas, aparecen en media hora Village y Factory, dos outlets gigantescos donde se pueden encontrar las marcas españolas más conocidas a los mejores precios.
LAS ROZAS VILLAGE
Juan Ramón Jiménez
(Parque Empresarial 3)
T. 34 (91) 640 4900
www.lasrozasvillage.com
Lunes a viernes, domingos y festivos de 11 a 21 horas; sábados de 11 a 22.
FACTORY OUTLET
Pablo Neruda s/n
T. 34 (91) 630 9586
www.factory.es
De lunes a viernes, domingos y festivos de 11 a 21 horas. Sábados de 11 a 22.
























