
Collar de cocodrilos, María Félix.
Cartier: entre patrimonio y cutting edge
Mientras que por un lado la Fundación Cartier de París se asocia con controvertidos artistas como Patti Smith o el cineasta David Lynch, del lado de la creación, los relojes y joyas de Cartier jamás se salen del estricto (y muy atinado) control de Pierre Rainero, director de Imagen, Estilo y Patrimonio de la firma.
Por
Claudia Itzkowich, Javier Arredondo |
junio 2008
|
Tags:
cartier, paris, patti smith, david lynch, claudia itzkowich, javier arredondo
“Cartier no se equivoca”, afirma en la película Heaven can Wait de los años cuarenta la actriz Gene Tierney, en el papel de una esposa despechada que encuentra el recibo de un brazalete de Cartier en el bolsillo de su esposo.
Pero, además de que no se equivoca, Cartier sabe muchas cosas: sabe que en los años cuarenta se hundió un yate en Acapulco (porque un buzo los notificó que había encontrado encendedores y mancuernas de la firma en el barco hundido), que Juan Domingo Perón mandó a un embajador a comprar una pieza (porque alguien del equipo la rastreó tras reconocerla en una fotografía) y que a María Félix le gustaban las joyas muy grandes (porque las oficinas de Cartier eran como su segundo hogar).
Pues, para mantener un estilo a pesar del paso de las generaciones (Louis François Cartier murió en 1904), la firma tiene un archivo con todo lo que pasa con sus piezas incluso después de que salen de sus dominios. También un puesto denominado Director de Imagen, Estilo y Patrimonio, cuyo cometido es verificar que la evolución en el diseño no se aleje jamás del estilo original.
“El estilo no puede inventarse. Existe, y sólo se transforma; como un idioma. El español que se habla hoy es distinto al del siglo de oro. Pero es el mismo idioma. En Cartier, sin perder ese ‘idioma’, la idea es crear un deseo para la gente de hoy”, explica Pierre Rainero, quien ostenta ese puesto desde hace años.
En términos concretos, si los diseños de la firma regresan de manera recurrente a las formas de Oriente, no es por capricho, sino porque la India es parte de la esencia del estilo de Cartier. Louis (el nieto del fundador) desarrolló una colección a partir de las joyas que la reina Alexandra le traía de este país para que las transformase. De ahí vinieron muchas otras, inspiradas en las artes decorativas de la India.
Y con China, la relación fue casi natural: “en la joyería, la iconografía es muy importante. Todo son símbolos, símbolos que sirven para expresar los sentimientos. Y así es la escritura china. Cada símbolo es una cosa”.
La realización de una nueva colección puede tardar años, y Rainero participa desde el inicio, al plantear los lineamientos preliminares. De ahí, un equipo de 25 diseñadores seleccionados de las mejores escuelas del mundo trabaja en las piezas. Y sólo una vez aprobadas, se consiguen las piedras.
Los relojes, por su parte se realizan (se reparan y se personalizan) de principio a fin en la Manufacture, en La Chaux–de–Fonds, en Suiza: casi un laboratorio de mil personas donde en vez de pruebas microscópicas se lidia con diamantes y otras piedras preciosas. De hecho, y a pesar de la moderna maquinaria, cada uno de los diamantes se sigue ensamblando a mano.
LA OTRA CARA, DE FRENTE AL FUTURO
Pero si bien ese apego a la tradición y al estrictísimo control de calidad son los que explican por qué, por ejemplo, el Reino Unido declaró tesoro nacional una tiara diseñada por Cartier en 1928 (ahora en exhibición en la nueva ala de joyería del Victoria and Albert Museum) y por qué en un viaje reciente, la Reina Isabel decidió hacerle un homenaje a Francia portando únicamente joyas de Cartier, sus directores saben que hay que hallar la manera de acercarse a las generaciones más vanguardistas.
Por eso en 1984 nació la Fondation Cartier, que ahora exhibe su espléndida colección de arte contemporáneo en el edificio que el arquitecto Jean Nouvel, viejo amigo de la firma, construyó en el boulevard Raspail de París. Donde, por ejemplo, hasta este 22 de junio, se mostrará la obra de Patti Smith, la artista estadounidense que en su momento se asoció con el movimiento punk rock de Nueva York.
Y no siempre se trata de estrellas, sino simplemente de artistas en quien la fundación tiene confianza, y a quienes decide apoyar por el resto de sus carreras. Así, Cartier ha lanzado a la fama a artistas franceses como Jean Michel Othoniel, quien trabaja el cristal de Murano, o el videoasta Pierrick Sorin.
Entre los latinoamericanos consentidos, la colección de la Fundación Cartier incluye obra del argentino Guillermo Kutica y del brasileño Alair Gomes, famoso por sus imágenes de las playas brasileñas en los años setenta.
Si es posible hacerlas compaginar con las tiaras del siglo XIX, las joyas del periodo islámico de la India que las inspiraron, o el último modelo de Santos Triple 100 de Cartier, es porque el tiempo sí pasa. Pero lo realmente bueno se queda. Y Pierre Rainero, el director de Imagen, Estilo y Patrimonio de Cartier, tiene el ojo para distinguirlo.
Si es posible hacerlas compaginar con las tiaras del siglo XIX, las joyas del periodo islámico de la India que las inspiraron, o el último modelo de Santos Triple 100 de Cartier, es porque el tiempo sí pasa. Pero lo realmente bueno se queda. Y Pierre Rainero, el director de Imagen, Estilo y Patrimonio de Cartier, tiene el ojo para distinguirlo.
FUNDACIÓN CARTIER
261 Boulevard Raspail
T. 33 (1) 4218 5650
http://fondation.cartier.com
www.cartier.com
Martes de 11 a 22 horas; miércoles a domingo hasta las 18 horas.
Entrada general: 6.50 euros.
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