
Tres libros para entender China
Está claro que los Juegos Olímpicos son un escaparate. Pero lo que vemos no siempre podemos entenderlo. Por ello, habría que recordar lo que Carlos Fuentes sostiene: leer es conocer el mundo. Hay que tenerlo en cuenta al abordar estos tres libros; complemento para todo lo que veremos en agosto.
El primero, La montaña del alma, el Nobel Gao Xingjian nos presenta a un escritor que ha padecido cáncer emprendiendo un viaje a través de China, buscando una montaña de la que ha oído hablar desde niño, la famosa Linshang. La montaña del alma se erige justamente como un monumento al significado de los viajes; una crónica deslumbrante de los aspectos modernos y antiguos de la cultura china: los bambúes que se mecen ligeramente, los pandas, el té, la revolución cultural, los monjes taoístas y los funcionarios comunistas, aquellos templos en ruinas del Tíbet, el librito rojo de Mao.
Por todo ello decimos que La montaña del alma es una novela total, una especie de cámara que toma —aquí y allá— fotos sobre lo que será, luego, un bosquejo de lo que hoy vemos como China. Y, como en todos los viajes, al final queda una pregunta, síntoma de que no importa llegar a Ítaca, sino aquello que encontramos en el camino: “No existen los milagros, he aquí lo que Dios me ha dicho, a mí, eternamente insatisfecho. Le hago la pregunta: en ese caso, ¿queda algo por buscar?”. La respuesta, por supuesto, es que sí, que la búsqueda no es más que ese afán por vislumbrar la pureza y la simple belleza que nos rodea.
La experiencia personal es lo que nos lleva a mirar China desde otra óptica, con los ojos de un occidental, como lo es José Ovejero. Éste emprendió en los noventa un itinerario personal por China, desde Nanking hasta Kunming. Con ello todavía en mente, escribió China para hipocondríacos, un libro que ganó el Premio de Grandes Viajeros. El relato se adentra en un mundo menos visible y visitado para el turista común. La palabra turista, por cierto, se analiza para fines del viaje. Turista es aquel que visita, el que llega, ve y se va sin nada a cambio más que unas bonitas fotos. El viajero, por el contrario, es el que deambula, el que siente esa necesidad en la boca del estómago o el que adopta —luego de un proceso de observación— aquellas formas del sitio al que ha ido como si se tratase de una enfermedad. Por eso, dice Ovejero, el viajero es un hipocondríaco. Ovejero, antes de viajar, estudió durante un mes lo más esencial del mandarín. Dice que ello le permitió entender aquello que los chinos más valoran: el esfuerzo honesto. Quizá lo más creíble del libro de Ovejero es esa pretensión de reducir el panorama: a veces, un simple poblado basta para explicar la totalidad del universo, en este caso el chino.
Una de las reflexiones finales de Ovejero hizo que me diera de bruces con el tercer libro: “La historia no es, como algunos quisiéramos a veces, un tigre. La historia es una tortuga que no soporta sobresaltos. Cuando la agitación le resulta excesiva oculta la cabeza en la concha y tarda décadas en volver a asomarla”. Pensé que esa frase le habría gustado a mi maestra, la doctora María Cristina Rosas y descubrí, al poco tiempo, que ya tenía entre manos un libro sobre el tema. China en el siglo XXI, de su autoría, nos explica la transformación de este país desde la revolución. ¿Qué desafíos internos enfrenta esta sociedad, qué elementos actúan como freno a su desarrollo, cuál es su futuro? Hay conclusiones muy interesantes, como aquella en la que la verdadera batalla por la hegemonía mundial está más en el símbolo: la tecnología, el comercio, la cultura, el deporte. Sobre este último asunto cabría señalar que no deja de ser una cuestión de poder que los Juegos vayan al país del dragón.
Por todo ello decimos que La montaña del alma es una novela total, una especie de cámara que toma —aquí y allá— fotos sobre lo que será, luego, un bosquejo de lo que hoy vemos como China. Y, como en todos los viajes, al final queda una pregunta, síntoma de que no importa llegar a Ítaca, sino aquello que encontramos en el camino: “No existen los milagros, he aquí lo que Dios me ha dicho, a mí, eternamente insatisfecho. Le hago la pregunta: en ese caso, ¿queda algo por buscar?”. La respuesta, por supuesto, es que sí, que la búsqueda no es más que ese afán por vislumbrar la pureza y la simple belleza que nos rodea.
La experiencia personal es lo que nos lleva a mirar China desde otra óptica, con los ojos de un occidental, como lo es José Ovejero. Éste emprendió en los noventa un itinerario personal por China, desde Nanking hasta Kunming. Con ello todavía en mente, escribió China para hipocondríacos, un libro que ganó el Premio de Grandes Viajeros. El relato se adentra en un mundo menos visible y visitado para el turista común. La palabra turista, por cierto, se analiza para fines del viaje. Turista es aquel que visita, el que llega, ve y se va sin nada a cambio más que unas bonitas fotos. El viajero, por el contrario, es el que deambula, el que siente esa necesidad en la boca del estómago o el que adopta —luego de un proceso de observación— aquellas formas del sitio al que ha ido como si se tratase de una enfermedad. Por eso, dice Ovejero, el viajero es un hipocondríaco. Ovejero, antes de viajar, estudió durante un mes lo más esencial del mandarín. Dice que ello le permitió entender aquello que los chinos más valoran: el esfuerzo honesto. Quizá lo más creíble del libro de Ovejero es esa pretensión de reducir el panorama: a veces, un simple poblado basta para explicar la totalidad del universo, en este caso el chino.
Una de las reflexiones finales de Ovejero hizo que me diera de bruces con el tercer libro: “La historia no es, como algunos quisiéramos a veces, un tigre. La historia es una tortuga que no soporta sobresaltos. Cuando la agitación le resulta excesiva oculta la cabeza en la concha y tarda décadas en volver a asomarla”. Pensé que esa frase le habría gustado a mi maestra, la doctora María Cristina Rosas y descubrí, al poco tiempo, que ya tenía entre manos un libro sobre el tema. China en el siglo XXI, de su autoría, nos explica la transformación de este país desde la revolución. ¿Qué desafíos internos enfrenta esta sociedad, qué elementos actúan como freno a su desarrollo, cuál es su futuro? Hay conclusiones muy interesantes, como aquella en la que la verdadera batalla por la hegemonía mundial está más en el símbolo: la tecnología, el comercio, la cultura, el deporte. Sobre este último asunto cabría señalar que no deja de ser una cuestión de poder que los Juegos vayan al país del dragón.
FICHA BILIOGRÁFICA
Xingjian, Gao. La montaña del alma. Ediciones del Bronce, 2001. Barcelona, España.
Ovejero, José. China para hipocondríacos. Ediciones B, 2005. Barcelona, España.
Rosas, María Cristina. China en el siglo XXI: ¿hacia una nueva bipolaridad? UNAM – Australian National University, 2007. México, México.
Xingjian, Gao. La montaña del alma. Ediciones del Bronce, 2001. Barcelona, España.
Ovejero, José. China para hipocondríacos. Ediciones B, 2005. Barcelona, España.
Rosas, María Cristina. China en el siglo XXI: ¿hacia una nueva bipolaridad? UNAM – Australian National University, 2007. México, México.























