Jean Nouvel siembra sauces, flores (y polémicas) en Barcelona
Con la inauguración del Parc Central de Poblenou en Barcelona, el arquitecto Jean Nouvel cerró su labor de paisajista para dejarle el resto a la naturaleza. Y a sus futuros usuarios, desconcertados ante un proyecto que no todos terminan de entender.
La preocupación por el medio ambiente ha llegado ya también a la arquitectura de más altos vuelos: el pasado mes de abril, el último premio Pritzker, el arquitecto Jean Nouvel, inauguró en Barcelona el Parc Central del Poblenou, que pretende ser un ejemplo de parque sostenible: un jardín concebido como “punto de encuentro” y “microclima acústico”, con mil árboles, más de cinco mil arbustos, casi 11 mil trepadoras, 35 palmeras y unos cinco mil cactus. Son cinco y media hectáreas junto a uno de los ejes de la ciudad, la avenida Diagonal, en Poblenou, un antiguo barrio industrial.
La calle Espronceda, que junto a Cristóbal de Moura es la única vía que atraviesa el parque, estará en el futuro, cuando lleguen las lluvias y crezca la vegetación, totalmente cubierta por el Túnel de Flores, una pérgola de plantas trepadoras aromáticas con flores lilas, azules y blancas, cuyos primeros pétalos han florecido con la primavera. Es, pues, un parque pensado para los viandantes —y para los ciclistas, pues lo atraviesa un carril para bicicletas.
SOL O SOMBRA, SEGÚN LA TEMPORADA
Todo el parque está rodeado por un muro de cemento cubierto de bugambilias, con ventanales de cristal que invitan a la gente a entrar. La idea, según Nouvel, es que el Parc Central sea “un parque de sol en invierno, que comience a cubrirse de verde en primavera y que en verano se convierta en un parque esencialmente de sombras”; aunque el arquitecto precisa que “la verdadera inauguración debería hacerse dentro de cinco años”, cuando los árboles y la vegetación hayan crecido lo suficiente y se creen los juegos de luces y sombras que ha previsto.
Entre los criterios medioambientales con que ha sido creado el parque está el riego, gota a gota, que procede de un gran depósito que aprovecha las aguas freáticas (acumuladas en el subsuelo). Además, Nouvel ha elegido como árbol principal el sauce llorón, cuyas raíces buscan también el agua freática y por tanto necesitan poco riego.
El parque está dividido en tres “islas”: en la más grande se ubica la Plaza de la Sardana, una explanada abierta y circular de 32 metros de diámetro, pensada para actividades de reunión; rodeada de Salix babilonica, la idea es que sus ramas lleguen al suelo y creen un efecto visual de cascada vegetal. El espacio está pensado para practicar el baile regional, la sardana, aunque bajo el fuerte sol español quién sabe cuántos se atreverán a hacerlo.
En la segunda isla del parque, el arbolado rodea el edificio de la antigua fábrica Oliva Artés, que está previsto que albergue el nuevo Museo del Trabajo, dedicado a la ciudad contemporánea y la Revolución Industrial como desencadenante de la gran metrópoli, y único museo de este barrio obrero. Frente a la fábrica se conservan los vestigios de lo que fue el tranvía que pasaba por el Poblenou y, junto a estos “restos arqueológicos”, Nouvel ha creado una estructura de nueve parterres que llevan al ciudadano por “un paseo visual y olfativo” por diversas plantas aromáticas.
En la tercera isla, el elemento más destacado es un cráter que traslada al visitante por una espiral hasta el “centro de la Tierra”, donde a través de una instalación telemática podrá conectar con la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. Nouvel adoptó esta idea del cráter, “una propuesta de los vecinos”, por ser “un elemento poético”.
En la tercera isla, el elemento más destacado es un cráter que traslada al visitante por una espiral hasta el “centro de la Tierra”, donde a través de una instalación telemática podrá conectar con la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. Nouvel adoptó esta idea del cráter, “una propuesta de los vecinos”, por ser “un elemento poético”.
Es un parque pensado para ciudadanos de todo tipo; más allá de los columpios infantiles —que los hay, si bien son metálicos—, de los bancos para sentarse a descansar —son sillas giratorias, buena idea—, de las mesas de ping–pong y pistas de petanca, el parque posee originales elementos que le otorgan un carácter de entre sueño y cuento, un espacio onírico donde olvidarse del mundo real y dejarse fluir. Como las Cabañas bajo la Lluvia, unos pequeños cobertizos de cuerda y acero que protegerán —una vez que haya crecido la vegetación— al visitante cuando llueva; la Isla bajo la Cúpula, una plataforma cuadrada rodeada de agua a la que se accede a través de cuatro pasarelas de madera, reservada para la contemplación y reflexión del visitante; o los Nidos y Pozos de Cielo, un espacio para el reposo: no podía ser menos en un país donde la siesta es deporte nacional.
En algunos de estos nidos verdes con plantas que hacen las veces de alfombra uno puede recostarse en chaise longues metálicas, mientras que en la proyección vertical de los nidos ascienden unas estructuras metálicas con mallas en el futuro recubiertas de flores y lianas, llamadas “Pozos de Cielo”, por las que entrará la luz como en tubos.
En algunos de estos nidos verdes con plantas que hacen las veces de alfombra uno puede recostarse en chaise longues metálicas, mientras que en la proyección vertical de los nidos ascienden unas estructuras metálicas con mallas en el futuro recubiertas de flores y lianas, llamadas “Pozos de Cielo”, por las que entrará la luz como en tubos.
LA POESÍA DEL REFUGIO URBANO
“El Parc del Poblenou está escrito con el vocabulario de las sombras, desde las sombras tamizadas, salpicadas, sembradas, hasta las sombras cuadriculadas bajo el trenzado de lianas; desde las sombras que relucen en el agua hasta las sombras profundas y mates de un sotobosque. Una arquitectura que pide calma, silencio (...) para dar respuesta a los usos y costumbres de los visitantes de todas las edades: sardana, petanca, juegos infantiles, lugar de recogimiento, largos paseos... y porque nuestro tiempo pueda aportar su árbol al eterno arte de los jardines.” Así define Jean Nouvel la esencia del parque, que para el arquitecto francés supone un refugio urbano, una isla de tranquilidad en medio de la jungla del asfalto. Un parque cerrado por un muro de hormigón cubierto de vegetación que marca la frontera física entre el mundo exterior y el interior; para Nouvel, “cuando se pasa la puerta, el peatón cambia de mundo… Del exterior al interior, se pasa de la calle al jardín, del ruido al silencio, sin divisiones y creando unidad”.
LA INEVITABLE DISCORDIA
Pero más que unidad, el Parc Central ha desencadenado importantes divisiones. “Jean Nouvel, constructor de fronteras”, “Parque de concentración”; así titulaba un par de artículos el prestigioso catedrático de arquitectura Josep Maria Montaner, que considera el parque “uno de los mayores despropósitos de la Barcelona contemporánea”. Critica que “se ocultan la central de recogida neumática y los servicios de mantenimiento con muros altísimos y taludes; se oculta el parque con muros; se ocultan los muros con flores; en definitiva, se oculta el barrio con el parque”. Algunos vecinos dicen que parece una cárcel, otros que un cementerio.
La idea era que “entrar en el parque sea como salir de Barcelona”, y así, mientras unos critican que es un parque sin vistas por culpa de los muros, otros responden que se trata precisamente de no ver alrededor, de entrar en la belleza. De todos modos, y aunque ciertamente alrededor del parque no hay nada que merezca la pena ser visto, resulta que sí se ve, pues los edificios sobresalen por encima de los muros, y hay innumerables ventanas ovaladas y redondas de cristal, bien grandes, por todo el perímetro, a través de las cuales se ve el incesante tráfico de la calle; así que quien quiera, puede ir al parque y dedicarse a mirar los autobuses y motos a través del cristal.
Probablemente el origen de las críticas sea el desalojo y reubicación de 200 familias con que se comenzaron las obras del parque; eso tocó las fibras íntimas de este barrio obrero que intuyó lo inevitable. Ahora, un departamento que antes valía 200 mil euros, vale el doble. Un problema añadido, y muy importante, es la sequía que suele afectar a Cataluña durante los veranos, cuando se prohíbe regar parques con agua potable.
De momento, el sistema de riego por goteo que está instalado de forma subterránea está conectado a la red de agua potable, por lo que se ha dado la orden de no regar; pero se trabaja para poder conectar el entramado de tuberías a unos depósitos cercanos en los que se almacenará agua freática, no apta para el consumo humano. Mientras tanto, se riega con agua freática traída de otros depósitos. Además, se ha plantado menos pasto del previsto (el césped ocupa sólo 5% de la extensión total del parque) ya que también consume mucha agua. Para Montaner, “se supone que el parque de Nouvel va a salir publicado en las revistas y que, incluso, algún jurado le va a otorgar algún premio. Pero está claro que no es un parque para las personas”. Sus críticas son sin duda exageradas, pero hay que reconocer que un parque sin baños, pequeño detalle que Jean Nouvel olvidó diseñar y nadie parece haberle recordado después, ya que sigue sin haberlos, muy pensado para las personas no está. O, ¿será que un proyecto así nos eleva a la categoría de semidioses?
PARC CENTRAL DEL POBLENOU
Bac de Roda/Pallars, metro L4–Poblenou
Abierto de 10 a 20 horas.
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