North Island, en buenas manos
Fotografía de David Ross

North Island, en buenas manos

Su capacidad de proporcionar placer es apenas uno de los motivos para viajar hasta North Island, en el archipiélago de las Seychelles. Aun cuando el servicio, la comodidad y la belleza de sus paisajes son superlativos, su máximo valor reside en su historia ejemplar. Si Wilderness Safaris no se hubiera propuesto reintroducir aquí la vida silvestre original, el planeta habría perdido muchas especies de árboles, aves y tortugas. Y una de sus islas más hermosas.
El helicóptero avanza zumbando desde la isla de Mahé hacia una gema esmeralda que rápidamente crece, flotando en las tibias aguas color turquesa del Océano Índico. Al acercarnos, líneas y curvas comienzan a definirse: lo que yace allá abajo es follaje verde junto a playas de arena blanca acariciadas por aguas azul zafiro. En cada extremo de la isla, yacimientos de granito sobresalen entre mares azules. En 20 minutos aterrizamos ahí mismo.

Y la exageradamente paradisíaca descripción se quedará corta.

En North Island, la naturaleza y el ingenio han dado lugar a ese concepto conocido como “lujo de pies descalzos” —es decir, un lugar donde cada capricho se concede, sin que uno tenga que sacrificar la sensación de la arena entre los dedos de los pies.

Se trata de una de las 115 islas que forman el archipiélago de las Seychelles, consideradas por algunos como el lugar más hermoso sobre la Tierra. Desde 1826, esta isla fue una próspera plantación de coco, verduras y especias, pero por los años setenta, North Island, con sus tierras agotadas y sobre explotadas, invadida por ratas y gatos, fue abandonada.

Hasta que, hace unos años, una delegación de científicos evaluó las islas en las Seychelles y concluyó que North Island era uno de los lugares más adecuados para la rehabilitación y la conservación de muchas de las especies endémicas y en vías de extinción del archipiélago.

La compañía Wilderness Safaris, cuyo máximo cometido desde hace 25 años ha sido precisamente rehabilitar y conservar la vida salvaje del continente africano mediante productos de viaje del más alto nivel (safaris en Namibia, Sudáfrica, Botswana, paseos por el río Zambezi, etc.), fue invitada a emprender un gigantesco proyecto: regresar a North Island su antigua biodiversidad indígena, convertirla en un “arca de Noé” flotando en el Océano Índico. La idea era que el desarrollo de un alojamiento ecológico ayudaría a generar ingresos para proporcionar fondos vitales para su rehabilitación.

Hoy, después de erradicar muchas de las plantas y animales ajenos a la isla y de replantar especies originales, North Island está transformada. Reconocida como una de las islas más hermosas en el mundo, cuenta con un alojamiento de lujo que se construyó en gran medida utilizando materiales recuperados en el proceso de rehabilitación: sus once exquisitas casas de campo son en sí mismas una celebración de la naturaleza.

LA VIDA SIN MENÚS

Uno no viaja hasta una isla en el Océano Índico si no es porque ha decidido escapar de las limitaciones de la ciudad y la vida cotidiana. De ahí viene la idea del “no menú”: en North Island no hay comidas planeadas ni tiempos fijos para comer, sino que cada huésped puede elegir su propio menú y decidir cuándo y dónde comerlo.

El chef, David Godin, empieza por hablar con todos los huéspedes al principio de su estancia. Les explica el concepto de la cocina en la isla, se familiariza con sus gustos y preferencias, y después desarrolla los menús día a día con base en la información recopilada. En nuestro caso, simplemente le pedimos que “nos sorprendiera” con su propia creatividad.

El concepto de la alimentación en North Island tiene una gama de influencias. Aunque la inspiración culinaria más fuerte es la cocina criolla, que mezcla tradiciones francesas y africanas, el sabor propio de las Seychelles, con el cual David hace maravillas, también incluye especias del sur de la India, además de los muchos recursos orgánicos de la isla (las verduras y frutas, muchas de ellas endémicas, se cultivan ahí mismo) y la abundante oferta del Océano Índico. Y de pronto uno encuentra resonancias con las cocinas de Italia, España o incluso Japón. Sea como sea, uno termina por sentirse el invitado a un perpetuo banquete equilibrado y verdaderamente memorable.

ARQUITECTURA ARTESANAL

El diseño y la arquitectura de los chalets y las áreas públicas fusionan de manera extraordinaria, casi imperceptible, todos los accesorios modernos necesarios, con la belleza natural de la isla y con el sabor único de las Seychelles.

Además, la biblioteca, el spa, el centro de buceo y una hermosa piscina están como incrustados en una de esas protuberancias de granito que forman parte de la silueta distintiva de la isla. Otro restaurante y “el bar para las puestas del sol” se ubican en la playa occidental.

Me llevan a mi chalet, el cual describen como mi “hogar fuera de casa”. Es enorme —450 metros cuadrados— con dos dormitorios (el segundo puede utilizarse como cuarto para niños o como estudio), un baño con tina de mármol integrado en la habitación, y dos duchas —una interior y una al aire libre—. Elevada, un metro para ser exactos, su ubicación permite disfrutar la brisa, mientras que las puertas corredizas proporcionan vistas ininterrumpidas de los jardines y del océano. El aire acondicionado y los ventiladores punkah punkah están ahí para esos momentos en que la temperatura se vuelve demasiado tropical.

Cada chalet ha sido construido pieza por pieza por artesanos africanos y de Seychelles, con maderas y piedras locales, y esos techos cubiertos de paja que complementan el magnífico diseño. Son también totalmente autónomos, y cada uno tiene su propio mayordomo. Además, en caso de que la experiencia de “la isla remota” sea demasiado (esperamos que no) hay televisión vía satélite, sistema de DVD y acceso a internet.

HACER O NO HACER

La libertad absoluta del espacio se refleja también en la libertad de acción, o de no acción, al gusto. Para empezar, se puede explorar la isla, desde las formaciones de granito hasta las extensas playas, usando un divertido buggy, una bici de montaña o simplemente los pies. Todas estas alternativas, con un mínimo impacto en el ambiente, permiten disfrutar la emoción de explorar los alrededores y de hacer ejercicio al mismo tiempo. Aunque también hay un gimnasio disponible.

Y ya en la costa hay infinidad de cosas para hacer: kayak (se puede ir con guía o tomar clases), pesca con mosca (sobre todo pesca y devolución) y canotaje para explorar los mares alrededor de laisla. Además las Seychelles forman parte del sistema de coral más largo del mundo y por lo mismo cuentan con algunos de los mejores sitios de buceo. North Island ofrece una experiencia de buceo “guiada” en la que los guías no sólo son expertos en prácticas de buceo, sino en todo lo relacionado con el universo subacuático. Y hasta el snorkeling es un placer en esas aguas tan increíblemente claras.

A nosotros nos tocó ver muchas variedades de peces, tiburones, mantas y tortugas. ¡Sin mencionar los delfines, que nos hicieron compañía en una muy memorable ocasión!

También pueden hacerse viajes a Silhouette Island, la isla vecina más cercana, de granito, con playas vírgenes, acantilados escarpados y picos que frecuentemente se ocultan entre las nubes. O de plano saltar de isla en isla. Hay incluso algunas rutas de senderismo que atraviesan colinas y valles, aunque yo, admito, sólo me dediqué a admirar el paisaje.

Por la tarde, el “bar para la puesta del sol” es perfecto. Se llega hasta ahí tras un agradable paseo a lo largo de la Grande Anse Beach.

Y como si uno no trajera siempre mucho más libros de los que se alcanzan a leer en las vacaciones, incluso en una isla, North Island cuenta con una extensa biblioteca y un centro de investigación de historia natural. Contiene toda la documentación referente a la historia de la isla así como los detalles de su rehabilitación. Lo cual nos lleva a la propia existencia de la isla.

LA ISLA DE NOÉ

Después de todo, la suntuosidad no es más que uno de los niveles que hacen de North Island un sitio único en el planeta.

Desde que Wilderness Safaris la tomó en sus manos, la idea fue hacer de ella un “arca de Noe”, un lugar en donde las plantas y los animales originales que hace más de un siglo vivieron aquí pudieran volver y sobrevivir. Esto se resume en la declaración de Wilderness Safaris: “Compramos North Island reconociendo su potencial como un arca de Noé; un santuario donde el hábitat natural podía ser rehabilitado y donde la fauna y la flora de Seychelles, críticamente en peligro de extinción, podrían reintroducirse y regenerarse... En esta hermosa isla construimos un exclusivo resort de lujo y, en lo posible, hemos utilizado los materiales recuperados en el proceso de rehabilitación. Al hacer esto, pusimos particular atención en capturar la verdadera esencia de North Island”.

Este pasado y este propósito son elementos vitales de la isla, y el equipo ambiental siempre está cerca, para contar la asombrosa historia de cómo Wilderness Safaris pasó los primeros cinco años luchando con el inmenso desafío, no sólo de terminar con el triste declive de la isla sino de restaurarla a su biodiversidad anterior.

Cuando North Island fue abandonada en los años setenta, muchas especies indeseadas e intrusas de plantas y animales se quedaron en la isla: vacas, ratas, cerdos, gatos y lechuzas. Sesenta por cierto de la isla estaba cubierta de especies no endémicas, tales como icacos, guayabas, casuarinas y una mala hierba particularmente invasora conocida como lantana. Estos elementos no deseados sofocaron a las plantas indígenas y diezmaron la población de aves.

Después de que prominentes ecologistas pidieron socorro, Wilderness Safaris tomó el desafío, denominando a esta ambiciosa iniciativa “Proyecto Arca de Noé”. La meta final era reintroducir gradualmente tortugas y ciertas especies de pájaros, junto con árboles indígenas tales como el takamaka, el badamier y la legendaria palmera coco de mar. “Esta rehabilitación es uno de los programas más ambiciosos nunca antes emprendidos por una compañía privada, en conjunto con otros accionistas individuales”, me comentan orgullosos los expertos en medio ambiente.

Pero para que la rehabilitación de una isla entera funcione, las especies foráneas indeseadas deben erradicarse, y sólo entonces pueden florecer las nativas. Éste es un proceso muy largo, ya que ciertas especies requieren un hábitat completamente nuevo antes de poder sobrevivir. Así, la exterminación de la vegetación ajena a la isla ha sido el principal proyecto que aún sigue vigente. Para llevarlo a cabo, además del equipo de paisajistas en residencia, se contrataron trabajadores adicionales. Y desde junio de 2001, más de cien mil plantas de una gran variedad de especies endémicas se han cultivado en lo que es hoy el vivero más grande de plantas nativas de las Seychelles.

En el lado animal, el ganado, los cerdos y los gatos habían dañado terriblemente la ecología de la isla. De hecho, se volvieron salvajes —y vaya que me cuesta trabajo imaginar vacas salvajes vagando por las playas—. Todas estas criaturas fueron erradicadas con éxito, excepto las ratas, cuya exterminación no pudo concluirse sino hasta 2005.

El resultado está lleno de milagros. El lugar alberga ahora un gran número de especies endogámicas de pájaros, lo cual es vital, puesto que muchas de las aves de las Seychelles se encuentran críticamente amenazadas —algunas poblaciones con tan sólo cien ejemplares—. Así que cuando una pequeña colonia de pardelas con crías llegó en diciembre de 2005, cuando los rabijucos cola blanca llegaron e instalaron sus nidos en 2007 y las palomas azules de las Seychelles comenzaron a ser vistas regularmente, el personal estaba extasiado. Después se reintrodujeron unas 20 tortugas gigantes de Aldabran (muy pocas sobrevivieron la era de las plantaciones de coco). Ahora son una característica maravillosa de la isla, ya que se les puede ver mientras mastican lentamente entre la maleza.

Pero hay más. Linda van Herck, miembro del personal de ecologistas en la isla, me muestra un pequeño nido que nunca habría notado yo sola. Me comenta que es del ojiblanco de Seychelles, un pájaro que, cuando lo veo, parece tan poco excepcional como su nido. Pero su historia es notable.

Su población global se estima en solamente 400 individuos. Peor aún, se restringe a las islas graníticas de las Seychelles. Debido a la pérdida del hábitat y la naturaleza de su población, está en la lista roja de especies en peligro de extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (IUCN, por sus siglas en inglés). Para acrecentar su población se está reintroduciendo el ojiblanco de Seychelles en otras islas, pero en 2007 North Island fue elegida también para ello.

Veinticinco de estos pequeños pájaros fueron traídos por helicóptero desde Conception Island a su nuevo hogar, en una delicada operación organizada por el programa de rehabilitación de la isla y la ONG Island Conservation Society en lo que fue un momento histórico para las Seychelles y la historia de la conservación de islas en general. En muy poco tiempo, se instalaron y construyeron nidos; este año ya han aparecido polluelos, demostrando en términos certeros que los ojiblancos aprueban su nuevo hogar.

DEL LADO DE LOS HUMANOS

Muchos de nosotros ahora viajamos acompañados de nuestra conciencia. Y todos los esfuerzos de North Island respecto a las plantas y los animales que viven en ella cuentan mucho. Pero el esfuerzo de Wilderness Safaris va más allá.

Por unos días de septiembre, la isla cierra sus puertas a los huéspedes tradicionales para ofrecerle a un grupo de 30 niños de comunidades marginadas de las Seychelles la aventura de sus vidas. Estos niños, muchos de los cuales sufren abusos, problemas de aprendizaje o enfermedades, llegan tímidos e inseguros frente a tantos lujos y la amabilidad de los consejeros. Pero eso cambia a medida que sus días se llenan de divertidas actividades educativas sobre el medio ambiente, juegos de habilidades y supervivencia, reforestación, información sobre el sida, pintura de carteles y camisetas, snorkeling y ¡hasta yoga!

El plan de estudios está diseñado para aumentar sus habilidades interpersonales y apasionarlos sobre el medio ambiente. Y regresan a sus casas inspirados y llenos de esperanza. Cuando uno le pregunta a cualquier miembro del personal acerca de este programa, sus ojos brillaran con entusiasmo: me mostraron dibujos hechos por los niños y me contaron lindas historias. De hecho, tienen un libro lleno de cartas escritas por ellos. Como ésta: “Les agradezco con amor y felicidad. Gracias por cuidarme de cualquier peligro y por compartir su amabilidad conmigo. Estoy contento por los amigos que hice en esta isla”.

Cuando me recuerdo sentada bajo las palmeras, donde soplaba una ligera brisa, de cara al mar, puedo decir exactamente lo mismo.

*Traducción de Wendy Karina Sánchez


CÓMO LLEGAR

Para viajar a North Island lo mejor es contactar a cualquier agente de viajes Virtuoso. Los precios por persona, por noche, con todos los alimentos, bebidas, clases y expediciones de buceo, kayak o snorkeling incluidos, rondan los 1 500 euros.

Más información en www.wilderness-safaris.com
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