Acceso exclusivo para helicópteros
Una expedición de pesca o de esquí no sabe a nada si hay que compartirla con todos aquellos que tienen a bien vacacionar al mismo tiempo que uno. Por eso, los más astutos operadores de helicópteros ofrecen la posibilidad de aterrizar en los parajes más remotos del planeta, para hacer lo que a uno más le plazca, a sus anchas y de cara a los cuatro vientos.
Por
Crai S. Bower |
agosto 2008
|
Tags:
helicopteros, nueva zelanda, andes chilenos, canada, estados unidos
Hace apenas un siglo, el primer giroplano, obra de los diseñadores Jacques y Louis Breguet, se elevó 60 centímetros sobre el suelo. Muy pronto, y hasta la fecha, esas máquinas sin alas que vuelan propulsadas por hélices, se han convertido en elementos indispensables en todo lo que tiene que ver con el ejército, los equipos de auxilio en áreas de difícil acceso y hasta la observación del tráfico en los centros urbanos.
Pero en los últimos tiempos, los helicópteros han empezado a usarse para otro tipo de caprichos. Por ejemplo, llevar a los amantes de la vida salvaje a destinos realmente remotos donde es posible esquiar, escalar, pescar o practicar yoga en perfecta soledad. Los viajeros están dispuestos a todo para desaparecer más allá de los caminos conocidos, y los helicópteros lo están haciendo posible.
El pasajero de este tipo de viajes suele favorecer las montañas escarpadas y los valles lejanos, aquellas geografías que por su naturaleza resultan inaccesibles en avión o automóvil y que, aunque podrían alcanzarse a pie, requerirían mucho más tiempo del que uno tiene oportunidad de invertir. Además, los gobiernos suelen ordenar que las operaciones se lleven a cabo sólo en ciertas regiones, en las zonas en las que el hábitat y la vida silvestre sean tan vastos que las máquinas voladoras no los afecten.
Entre los escenarios dominados por el helicóptero están Nueva Zelanda, la región de los Alpes en Europa y los Andes de Sudamérica. Pero no es de sorprender que el oeste de Canadá, con sus millones de hectáreas de terreno salvaje, sea el hábitat más explorado por los helicópteros en el mundo. Después de todo, las “heli–aventuras” comenzaron ahí, cuando el inmigrante austriaco Hans Gmoser se dio cuenta de que las nieves de las Rocallosas canadienses y de la cordillera paralela de Columbia eran un terreno que no podía desperdiciarse.
Así, en 1965, fundó Canadian Mountain Holidays (CMH), una empresa destinada a satisfacer a los insaciables esquiadores de alto riesgo. En poco tiempo, Gmoser notó que el esquiador experto, por más voluntad que tuviera de experimentar la nieve a fondo, y ser siempre el primero en gozar el powder (la suave cualidad de la nieve que no ha sido comprimida por otros esquiadores), rara vez tenía suficiente presupuesto para hacerlo. Por eso añadió algunas monerías capaces de seducir a un público más amplio, como mejores alimentos, alcohol (que había sido prohibido) y, en 1978, excursiones con helicópteros para hacer caminatas.
Curiosamente, casi al mismo tiempo (en 1976) la neozelandesa Louisa Patterson, mejor conocida como “Choppy” (por el inglés “chopper”, que es el nombre familiar de los helicópteros) tuvo una idea similar en una latitud, si no idéntica, al menos sí igual de imponente.
El de los pilotos no es ni siquiera ahora un ambiente particularmente femenino, pero esta mujer —que mientras escribimos esta nota está haciendo un safari aéreo por África— es la fundadora de Over the Top, una compañía que diseña itinerarios personalizados (y sí, con ese toque inconfundiblemente femenino) a todo aquel que quiera vivir de cerca las montañas, ríos y cañones de Queenstown, en la isla sur de Nueva Zelanda; si no es que hacer un picnic en perfecta soledad o tirarse de un bungee con la inmensidad como único público.
La virtud del heli–hiking o senderismo con helicóptero es que es apto para todo el mundo, desde pequeños de cinco años hasta abuelos de ochenta. “Nuestros tours permiten que las familias multigeneracionales vengan a Canadá y hagan algo diferente”, explica Sarah Pearson, gerente de mercadotecnia de CMH.
Canadian Mountain Holidays ofrece una “Semana de aventuras en familia” en agosto, un programa orientado a los jóvenes, que les permite jugar en la naturaleza, explorar formaciones rocosas de millones de años de antigüedad, cascadas escondidas y bosques misteriosos. Los padres de familia pueden elegir unirse al grupo o completar una caminata con los adultos.
La aventura “Bodacious in the Bugaboos” atrae a mujeres de todas partes del mundo en una experiencia pensada especialmente para su género. Y hay programas personalizados para fotografiar la vida salvaje.
Por su parte, Ralph Sliger, de Icefield Helicopter Tours, el negocio que dirige con su mujer cerca del glorioso Lake Louise, también en el oeste de Canadá, ha ido un poco más lejos. Además de ofrecer viajes panorámicos por los glaciares de la zona, ha creado productos únicos en el mercado. Por ejemplo: pedidas de mano al pie de inmensas caídas de agua (recuerda una en que le tocaba tomar la foto y la prometida no podía ni responder del llanto) o bodas en forma, con o sin invitados, con el añadido de que cualquier amigo cercano que viva en la provincia de Alberta puede oficiarlas.
Desde el extranjero, Calgary es el punto de entrada tanto para Canadian Mountain Holidays como para Icefield Helicopter Tours: Mexicana de Aviación anunció recientemente un vuelo directo de la Ciudad de México a esta ciudad. Y el tramo que va de Calgary a Banff atraviesa algunas de las cumbres más dramáticas y hermosas del continente.
Desde el extranjero, Calgary es el punto de entrada tanto para Canadian Mountain Holidays como para Icefield Helicopter Tours: Mexicana de Aviación anunció recientemente un vuelo directo de la Ciudad de México a esta ciudad. Y el tramo que va de Calgary a Banff atraviesa algunas de las cumbres más dramáticas y hermosas del continente.
Sin embargo, serpentear por los riscos de las montañas y adentrarse en los lienzos multicolores de las praderas de lupinos y flores salvajes es sólo uno de los muchos trayectos que ofrecen los distintos helicópteros. Éstos pueden posarse en una isla ribereña, cubierta con nieve, tal como lo descubrí cuando visité la Sunshine Coast de la Columbia Británica esta primavera, para pescar en las aguas más prístinas de Norteamérica.
A SOLAS CON EL RÍO
El King Pacific Lodge recibe visitantes de todas partes del mundo que llegan ahí con el fin de pescar salmones Chinook (de más de 22 kilos) y meros que doblan ese peso. Este recinto flotante con servicios de cinco estrellas deposita a sus huéspedes en espectaculares cuencas, en donde los pescadores pueden atrapar trucha degollada y arcoiris durante todo julio, o enfrentarse a las migraciones de salmón rosado y Coho que comienzan a finales de ese mes. La lejanía de estos delicados ecosistemas les asegura pescar sin molestia o competencia alguna. Salvo, claro, la del Ursus arctos horribilis de 600 kilogramos, también conocido como oso grizzly.
El piloto nos levanta míticamente hacia el cielo —no importa cuán seguido uno vuele en helicóptero, la magia nunca desaparece—, y nos lleva hacia uno de los mejores lugares para pescar del planeta. Cuarenta lagos, ocho sistemas fluviales que albergan truchas degolladas de hasta cuatro kilos y medio y escuelas de salmones rosados en congregaciones de más de 400 ejemplares, capaces de cambiarle la fortuna hasta al más novato de los pescadores.
Visitamos cinco ríos distintos en el curso de una jornada. Cada aterrizaje fue más emocionante que el anterior, pues nos posamos sobre cardúmenes y bancos de nieve.
Visitamos cinco ríos distintos en el curso de una jornada. Cada aterrizaje fue más emocionante que el anterior, pues nos posamos sobre cardúmenes y bancos de nieve.
Descubro huellas de pumas, alces y lobos sobre la nieve. En el otoño los osos grizzly llegarán y harán de algunos de estos rápidos su hogar, como romanos en un festín. “A partir de agosto ya no vamos a esos puntos de pesca”, nos informa nuestro guía, aunque no le habíamos preguntado.
Pescar con mosca resulta un verdadero narcótico para cualquiera que cultive un amor por la naturaleza. La sensación de la leve tensión de la caña, el sonido de la mosca que pasa por el oído, la satisfacción de lanzarla al agua. También descubro la fascinación de la captura cuando de pronto atrapo un pescado y lo jalo. Había observado cómo este macho degollado de unos dos kilos cobraba interés, incrementaba su velocidad y mordía mi mosca. Poso como un pescador con mi presa y rápidamente la dejo libre.
Pescar con mosca resulta un verdadero narcótico para cualquiera que cultive un amor por la naturaleza. La sensación de la leve tensión de la caña, el sonido de la mosca que pasa por el oído, la satisfacción de lanzarla al agua. También descubro la fascinación de la captura cuando de pronto atrapo un pescado y lo jalo. Había observado cómo este macho degollado de unos dos kilos cobraba interés, incrementaba su velocidad y mordía mi mosca. Poso como un pescador con mi presa y rápidamente la dejo libre.
Mientras más remoto sea el río, más tranquilo será el lugar para pescar y más ingenuas serán las presas. Los helicópteros más pequeños, de cinco plazas, pueden posarse en un área apenas más grande que el pétalo de una flor, lo cual permite apropiarse del río y de la serenidad. El zumbido de las hélices desaparece, ahogado con el gorjeo de la corriente. ¿Cuándo fue la última vez que pudo mitigar el rugido de la industria con la caída rítmica de las cascadas en un arroyo alpino?
YOGA EN SERIO. O TODO LO CONTRARIO
Pero acallar la voz interior no es siempre tan sencillo. En los últimos años, la práctica de yoga ha crecido en proporciones épicas, pues los beneficios de “llevar las cosas más lento y concentrarse en uno mismo” nunca habían sido tan patentes como en estos tiempos y ciudades en donde vivimos. El compromiso de los alumnos evoluciona cotidianamente de la sesión semanal a la práctica diaria a, inevitablemente, los retiros.
Y pocos logran su cometido tan bien como el programa de “heli-yoga” en el Nimmo Bay Resort, un pionero de las “heli–aventuras”. Después de pasar la mañana en una sesión personal de yoga junto a una cascada, los huéspedes pueden navegar en kayak (en ocasiones junto a alguna orca), nadar o pedalear en bicicleta acuática en la tranquila ensenada. Después del almuerzo, tanto el instructor como el alumno abordan un helicóptero A–Star y vuelan hacia alguna playa aislada o un glaciar de diez mil años de edad, para posarse en un pico de dos mil metros. Para la mayoría de nosotros, el nirvana nunca se sentirá tan cerca.
Y pocos logran su cometido tan bien como el programa de “heli-yoga” en el Nimmo Bay Resort, un pionero de las “heli–aventuras”. Después de pasar la mañana en una sesión personal de yoga junto a una cascada, los huéspedes pueden navegar en kayak (en ocasiones junto a alguna orca), nadar o pedalear en bicicleta acuática en la tranquila ensenada. Después del almuerzo, tanto el instructor como el alumno abordan un helicóptero A–Star y vuelan hacia alguna playa aislada o un glaciar de diez mil años de edad, para posarse en un pico de dos mil metros. Para la mayoría de nosotros, el nirvana nunca se sentirá tan cerca.
Pero si calmar el pulso produce ansiedad, Nimmo Bay ofrece el antídoto definitivo para la yoga. El heli–rafting en la costa central de la Columbia Británica no tiene rival. Un helicóptero A–Star, disponible tanto para novatos como para expertos, vuela al grupo hacia el río Klina Klini, para una excursión de cuatro días cuyo objetivo es descender 700 metros de rápidos que van de las categorías II a la V.
Aquí no se acampa sobre las riberas de los ríos (a menos, claro, que uno quiera); los huéspedes regresan al resort en ferry, justo a tiempo para un salmón pescado ahí mismo, una copa del extraordinario vino de la provincia de Columbia Británica y un masaje.
El propietario del lodge, Craig Murray, fue el primero en descender el Klina Klini durante el deshielo primaveral de 1997. “Trabajamos con la gente de Ríos, Océanos y Montañas (ROAM, por sus siglas en inglés) para localizar algunos rápidos a los que sólo pudiera accederse en helicóptero”, comenta, “y nos convencimos de que el río Alley era el correcto.” (Aclaración: Río Alley es el apodo que Murray y su equipo de 18 personas le pusieron al río: al igual que a los guías de pesca, no les gusta revelar sus hallazgos.)
“Los helicópteros pueden llevar a la gente adonde nadie va”, dice Murray, quien también da servicio al Ministerio del Medioambiente de la provincia y a la comunidad local de Primeras Naciones. “Podemos llevar a los adultos mayores y a los niños a conocer lugares a los que incluso la gente con mejor condición física no tiene acceso; con nosotros pueden caminar sobre un glaciar y atestiguar por qué las granjas piscícolas afectan la industria pesquera; regresar con una comprensión cabal de lo que significa la belleza absoluta desde el nivel del mar hasta los dos mil metros.”
Como todos los operadores de heli–aventuras, Nimmo Bay comenzó a trabajar con una misión única y ha evolucionado hasta tener un catálogo de excursiones que van desde peinar playas remotas hasta realizar caminatas alpinas; observar ballenas a bordo del Naiad Explorer o pasar el día en el Centro de Aventuras Culturales de las Primeras Naciones.
“Fui un pionero aquí hace 28 años, con mi esposa y mis dos hijos”, rememora Murray. “Construimos un lodge e inauguramos el resort con la pesca en agua salada como principal interés. Cuando me cansé de pescar en el océano, un amigo mío que es piloto de helicóptero ofreció llevarme tierra adentro para echar un vistazo a la pesca en río. Atrapamos dos gigantescas truchas arcoiris y yo quedé enganchado.” Los huéspedes también han quedado enganchados desde entonces.
TODO LO QUE BAJA TIENE QUE SUBIR
Los operadores de helicópteros que ofrecen recorridos por París o el volcán Mauna Loa en Hawai han existido desde que las naves se perfeccionaron a finales de la década de 1940. Sin embargo, el origen real de las heli–aventuras fue el “heli–esquí”. Los programas que cubren los Andes, los Alpes o las Rocallosas ofrecen nieves vírgenes, descensos increíbles y, por supuesto, ninguna cola para la telesilla.
Después de participar en un curso exhaustivo acerca de la seguridad y precaución con las avalanchas, el helicóptero nos lleva a una cima en la montaña desde la cual descender. Trazamos líneas profundas, zigzagueando entre los claros, y caemos en vastas hondonadas rodeados por unos cuantos amigos y vistas asombrosas de los escarpados riscos y lagos cristalinos. Al llegar hasta abajo, nos quitamos los esquís, nos subimos al helicóptero y volamos hacia una nueva cima antes de embarcarnos en otro descenso enloquecedor. La mayoría de las personas cree que el heli–esquí es algo reservado solamente para los expertos y extremistas. Pero no es así. Hoy en día el heli–esquí puede adaptarse a distintos niveles de habilidad, si bien es sumamente importante tener confianza en las propias habilidades.
El atractivo sigue siendo hoy lo que fue para Hans Gmoser cuando fundó Canadian Mountain Holidays hace cuarenta años: millones de hectáreas de terreno de dónde escoger, un consumo vertical intenso y hacer recorridos que sólo pertenecían al ámbito de los sueños.
El prestigiado arquitecto de Seattle, Ray Johnston, resume así su pasión por el heli–esquí: “La nieve es perfecta y el helicóptero —un placer en sí mismo— nos conduce a lugares en los que de otra manera jamás podríamos esquiar”.
Ya sea para hacer rafting, hiking, esquí o practicar yoga, los helicópteros conducen a lugares que alguna vez parecieron prohibidos para todos menos para aquellos mochileros empedernidos (si no es que imposibles de alcanzar para cualquiera).
El prestigiado arquitecto de Seattle, Ray Johnston, resume así su pasión por el heli–esquí: “La nieve es perfecta y el helicóptero —un placer en sí mismo— nos conduce a lugares en los que de otra manera jamás podríamos esquiar”.
Ya sea para hacer rafting, hiking, esquí o practicar yoga, los helicópteros conducen a lugares que alguna vez parecieron prohibidos para todos menos para aquellos mochileros empedernidos (si no es que imposibles de alcanzar para cualquiera).
Deambulamos tal vez para pescar o para guarecernos en un lodge ecológico metido en terreno agreste. Muy pronto nos olvidamos del rugido de las aspas y nos adentramos en ese territorio salvaje reservado exclusivamente para aquellos ojos que precisamente nos vigilan desde el follaje y que, curiosos, se preguntan acerca de esta ave gigante y sus pequeños de dos patas.
*Traducción de Hilda Domínguez
GUÍA PRÁCTICA
EN CANADÁ
CANADIAN MOUNTAIN HOLIDAYS
Banff, Alberta
T. 1 (403) 762 7100
www.canadianmountainholidays.com
ICEFIELD HELICOPTER TOURS
Lake Louise, Alberta
T. 1 (403) 721 2100
www.icefieldheli.com
MARTHA’S HELI-HIKES
T. 1 (403) 609 0824
www.marthashelihikes.com
KING PACIFIC LODGE
255 West 1st Street, Suite 214 North Vancouver, British Columbia
T. 1 (604) 987 5452
www.kingpacificlodge.com
NIMMO BAY RESORT
Port McNeil, British Columbia
T. 1 (800) 837 4354 (HELI)
T. 1 (250) 956 4000
www.nimmobay.com
EN ESTADOS UNIDOS
TELLURIDE HELITRAX
Telluride, Colorado
T. 1 (970) 728 8377
www.helitrax.net
EN LOS ALPES
COURCHEVEL, FRANCIA
T. 33 (479) 080 029
www.courchevel.com
SWISSKISAFARI
Sabline 49 1972 Anzere
T. 41 (27) 398 2194
www.swisskisafari.com
EN LOS ANDES CHILENOS
ANDES HELI SKI
Doctor Manuel Barros Borgoño 233 Providencia, Santiago de Chile
T. (562) 810 4800
www.andesheliski.cl
EN NUEVA ZELANDA
OVER THE TOP
Queenstown, Nueva Zelandia
T. 64 (3) 442 2233
www.flynz.co.nz
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