El Amazonas peruano con toda la tranquilidad
Hace poco era casi imposible adentrarse en lo profundo del río Amazonas. Hoy, a bordo del Aqua, se pueden conocer sus más recónditos rincones, sus plantas, sus animales y sus pueblos flotantes, al tiempo que se recibe la tarde con un pisco sour en su punto, para cenar en el mejor restaurante de Lima.
Nadie llega al Amazonas. Es el Amazonas el que te incorpora; te hace parte, paulatinamente, de su cuerpo de agua, de la enredada cabellera de sus riberas y de su alma suspendida enatardeceres de caramelo.
Estoy en Perú, en un avión que vuela de Lima a Iquitos y el Amazonas ya se apodera del paisaje en las ventanillas, inunda el azul pasmado del cielo con nubes caprichosas cargadas de agua en escala de grises; abarca el suelo en un interminable tapete de apretados brócolis del que nace la parábola de… “Por lo menos un arco iris —me cuenta un fiel viajero del Amazonas— …me ha tocado ver hasta tres arco iris al mismo tiempo, nunca fallan...” Desde el avión empieza el espectáculo.
Estoy en Perú, en un avión que vuela de Lima a Iquitos y el Amazonas ya se apodera del paisaje en las ventanillas, inunda el azul pasmado del cielo con nubes caprichosas cargadas de agua en escala de grises; abarca el suelo en un interminable tapete de apretados brócolis del que nace la parábola de… “Por lo menos un arco iris —me cuenta un fiel viajero del Amazonas— …me ha tocado ver hasta tres arco iris al mismo tiempo, nunca fallan...” Desde el avión empieza el espectáculo.
Hasta hace poco, imaginar el Amazonas remitía sólo a las orillas brasileñas, que desde millones de años, acompañan el fluir de la madurez del río hasta el majestuoso delta de su agonía. Ahora, una ruta reciente de la aventura amazónica, en la selva del Perú, nos lleva a una aparente quietud de aguas en la conjunción de dos ríos, el Ucayali y el Marañón, que mecen la cuna de un gigante en el nacimiento del río Amazonas.
El anfitrión de esta exuberante mansión de la naturaleza es el Aqua, uno de los cruceros de río más lujosos del mundo y, sin duda, la mejor opción para adentrarse en aguas y tierras amazónicas con seguridad, confort, distinción y lo más valioso de un viaje a la aventura: el inminente regalo de lo inesperado.
Al llegar a Iquitos, el aliento del Amazonas me respira en la cara, es un olor mezcla de cítricos desconocidos, eucalipto y tierra mojada. Esta ciudad, vestigio cosmopolita del siglo XIX donde la voz templada de Caruso estremeció los cimientos de un teatro ya desa-parecido —leyenda que avivó la imaginación de Klaus Kinski y Werner Herzog para emprender la locura cinematográfica de su Fiztcarraldo—, ostenta aún La Casa de Fierro, un casino de metal edificado por Gustave Eiffel, reminiscencia de su torre parisina, para los entonces acaudalados empresarios del caucho. Ahora aquí, en Iquitos, un embarcadero con naves de todo tipo, invitadas a una fiesta de saturados colores oxidados, se vuelven para admirar la elegante contundencia del Aqua, concebida por el afamado diseñador Jordi Puig, que pareciera la punta de un hermoso iceberg modernista amarrado al muelle.
El Aqua, iniciativa del visionario empresario de viajes, Francesco Galli, es un crucero de sólo 12 cabinas atendidas con todos los cuidados imaginables. La exclusividad de sus no más de 24 pasajeros, permite un trato personal que es amable y atento, sin llegar al servilismo u hostigamiento. Pero su mejor lujo es sin duda la gran pantalla de la naturaleza: un ventanal de piso a techo y de esquina a esquina, casi una pared de cristal, para apreciar las riberas que van dejando las millas náuticas en el cruce del Aqua por el río.
Al segundo día, los camareros ya se dirigen a los pasajeros por su nombre y ponen mucha atención en sus particulares gustos a la mesa. Un punto a destacar son los tres alimentos diarios incluidos en el viaje; diseñados por Pedro Miguel Schiaffino, uno de los mejores chefs de Perú, lo que ya es decir bastante, si tomamos en cuenta que la cocina peruana es de las más apreciadas del mundo. Y degustarla con el fluir del Amazonas en popa, en el marco de los ventanales panorámicos del restaurante, es un deleite compartido de los sentidos, el mejor maridaje de vista y paladar. Llega la noche y, con ella, el esperado plato gourmet, que antecede a una velada de cielos estrellados, con un sobrio manjar que se convierte en el primer tema de la sobremesa.
El Aqua cuenta con itinerarios de tres, cuatro y siete noches que incluyen la recepción y traslado del aeropuerto en confortables trasportes terrestres, a los embarcaderos de Nauta o Iquitos. Aunque los viajes cortos son inolvidables; el de siete noches es tal privilegio, que habría vuelto a embarcarme inmediatamente, pues nunca un tour es igual a otro.
Y es que durante la llamada temporada de “aguas”, que sucede en la primavera y parte del verano sudamericano —de diciembre a abril para ser más precisos— el río Amazonas y sus principales ríos tributarios inundan más de 60 por ciento de la tierra firme; mientras que en la llamada temporada de “secas” las aguas llegan a bajar más de diez metros. En temporada de “aguas” las incursiones en lancha penetran la otrora tierra firme, internándose en la selva y visitando comunidades indígenas cuyas casas cimentadas en pilotes de madera, parecen barquitos de juguete, varados por el capricho de este niño–río que gusta de jugar con ellas en primavera.
Y es que durante la llamada temporada de “aguas”, que sucede en la primavera y parte del verano sudamericano —de diciembre a abril para ser más precisos— el río Amazonas y sus principales ríos tributarios inundan más de 60 por ciento de la tierra firme; mientras que en la llamada temporada de “secas” las aguas llegan a bajar más de diez metros. En temporada de “aguas” las incursiones en lancha penetran la otrora tierra firme, internándose en la selva y visitando comunidades indígenas cuyas casas cimentadas en pilotes de madera, parecen barquitos de juguete, varados por el capricho de este niño–río que gusta de jugar con ellas en primavera.
Mi estancia de siete noches coincide con la llamada temporada de “secas” y enfatizo las comillas porque no entendía cómo llamaban “seco” a toda una gama de agua matizada en ríos, nubes y lluvia. Después me enteré que esto no tiene nada que ver con las precipitaciones pluviales en la zona, que son constantes en cualquier época del año y totalmente impredecibles, sino por el congelamiento de la nieve en la cordillera andina, que hace fluir menos agua a los ríos en el invierno sudamericano.
Disfrutar del crucero por el Amazonas, a bordo del Aqua, se divide principalmente en dos actividades: el confortable descanso a bordo y la aventura diaria de los paseos en lancha, tanto por el imponente Amazonas, como por sus principales afluentes, también llamados “ríos negros”, espejos de obsidiana que duplican la belleza del paisaje de la reserva natural Pacaya–Samiria.
Las salidas se programan muy temprano, entre las seis y ocho de la mañana; y por la tarde después de las cuatro. Esto se debe a que la mayor actividad selvática se da en este tiempo y también para evitar las altas temperaturas de las primeras horas de la tarde.
ENTRE DELFINES QUE SON PERSONAS
El principal objetivo de los paseos en lancha es la observación de la flora y fauna. Es impresionante cómo los guías locales, nacidos en la selva, tienen la capacidad de divisar, de un solo golpe de vista, a un perezoso en las alturas de un eucalipto, en camuflaje para no ser devorado por las águilas arpías; o cómo aguzan el oído para reconocer una corte de monos fraile; o reconocer el brillo nocturno de los ojos de los caimanes.
Es muy importante llevar binoculares y teleobjetivos de largo alcance para las cámaras fotográficas, ya que la observación de la vida salvaje tiene que hacerse a prudente distancia por la naturaleza huidiza de los mismos animales, excepto la del confianzudo delfín rosado que en cualquier momento puede saltar a un costado del bote, arrancando sinceros ¡wau! de niño, aún a los adultos más serios.
Otro de los paseos llega al hermoso lago Charo para la exótica pesca de pirañas, que contrario a lo que podría pensarse, es muy segura si se siguen las indicaciones de los guías. La pesca es la principal actividad de la gente de la selva, que desde los cuatro o cinco años fabrica sus propias lanchas para pescar pirañas, lisas, sardinas y la variada diversidad de peces gato, incluido el delicioso doncella, favorito del famoso cebiche peruano, y el paiche que con sus casi tres metros de largo y hasta 300 kilos de peso, es considerado el pez de agua dulce más grande del mundo.
Otro de los paseos llega al hermoso lago Charo para la exótica pesca de pirañas, que contrario a lo que podría pensarse, es muy segura si se siguen las indicaciones de los guías. La pesca es la principal actividad de la gente de la selva, que desde los cuatro o cinco años fabrica sus propias lanchas para pescar pirañas, lisas, sardinas y la variada diversidad de peces gato, incluido el delicioso doncella, favorito del famoso cebiche peruano, y el paiche que con sus casi tres metros de largo y hasta 300 kilos de peso, es considerado el pez de agua dulce más grande del mundo.
Los paseos vespertinos son especiales, sobre todo, por la contemplación de los atardeceres, para cuyo disfrute los guías tienen ubicados los mejores sitios. Cuando el motor de la lancha se apaga, el concierto crepuscular de la selva ahoga poco a poco las exclamaciones de asombro, dando paso a uno de los más impresionantes ocasos de la Tierra. No hay metáfora escrita, foto, video o película que describa de mejor manera la sensación de estar a la mitad de un gran lago, escuchando los timbres mezclados de monos aulladores, ranas toro, parvadas de guacamayas en fuga y el rugido de algún gran gato, entre otros animales, mientras las nubes se revuelcan en la paleta colorida del cielo, antes de diluirse en el mismo para tender la cama de las estrellas. En la lancha, nadie dice una palabra, varios dedos se entrelazan detrás de la nuca y algunos ojos se hechizan de agua.
Otro paseo inolvidable es el desayuno en lancha, en las aguas del lago Carocurahuayte. Un recorrido que despeina al sol en la maleza del amanecer, mientras numerosos grupos de aves migratorias como la garza azul y el cormorán, levantan el vuelo acompañando las orillas de la lancha hasta el punto que muchas memorias digitales quedan agotadas en las cámaras. Craso error no traer el suficiente respaldo audiovisual, baterías y cargadores para una de las aventuras más demandantes de la vista, porque al llegar al lago, los delfines rosados hacen que la cacería fotográfica se vuelva una obsesión; sus hermosos lomos tornasol se aparecen en cualquier punto, con una pirueta a la distancia o resoplando bajo el piso de la lancha. No le tienen miedo a los turistas, pues la leyenda de su transformación en bellos hombres y mujeres, seductores de aldeanos en la noche de San Juan, les ha ganado el respeto y quizás hasta el miedo, de los pescadores de la ribera.
SELVA A VOLUNTAD
Los paseos en tierra firme en temporada de “secas” son principalmente a comunidades indígenas instaladas a unos cuantos metros del río. La agradable caminata en los senderos de la selva nos lleva a los nenúfares gigantes llamados “Victorias Regias”, o a cargar un perezoso huérfano rescatado por los lugareños y criado como mascota por los niños de la comunidad. Estas caminatas nos hacen volver a valorar la sapiencia de los guías, que nos revelan los secretos de la selva: las plantas que curan, las que matan, las de uso práctico, o cómo sobrevivir en la selva, qué comer, dónde y cómo dormir. Después de escuchar y ver esta forma de sobrevivencia, encontrarnos con un niño descalzo, en shortcito y camiseta, nos hace sentir un poco de vergüenza por nuestra indumentaria a prueba de selva: pantalones enfundados en botas de hule —proporcionadas por los guías— embadurnados de protector solar y repelente de mosquitos, polos de manga larga, gorros y sombreros. No obstante, estas precauciones son lógicas y hacen que las excursiones en río y tierra no tengan resultados lamentables.
Pero siempre se puede volver al crucero, donde nos recibe un amistoso camarero con exóticos jugos de fruta selvática, toallas húmedas y frías, que a esa hora del día están más cerca de una bendición que de una atención. Ya en la nave, podemos decidir encerrarnos en nuestras cabinas con aire acondicionado a dormir la siesta, o disfrutar de un refrescante pisco sour en el lounge bar de cubierta, mientras contemplamos las tormentas amazónicas a la distancia y al abrigo.
El viaje de siete noches termina después del almuerzo, con la visita previa a la ciudad flotante de Belén; aunque en esta temporada la mayoría de las casas ya “anclaron” en tierra, hasta las próximas crecidas, todavía se puede ver el alucinante espectáculo de edificaciones a la deriva, con sus cocinas de piedra y leña que humean pescado y sancochan arroz, y bares ambulantes o comerciantes de todo tipo que mercan en trueque. El regreso al aeropuerto deja ver a la ciudad de Iquitos con luz de día, pero ya nada se compara con el pedazo de agua, sol y selva que nos llevamos en la mirada, pues el Amazonas, generoso, se comparte así con los viajeros; sabe que algún día nos verá volver, con más sed de su memoria y más hambre de su aventura.
RECOMENDACIONES
Aunque las temperaturas en el Amazonas suelen ser altas, los paseos en la mañana y la noche suelen ser fríos por la humedad y la velocidad de las lanchas, por lo que se recomienda llevar una chamarra ligera o un suéter.
Los gastos no incluidos en los tours, como las bebidas del bar, las compras de boutique y las propinas, se pagan en dólares o con tarjeta de crédito. Es recomendable llevar soles peruanos desde la ciudad de Lima o de los cajeros automáticos en los aeropuertos para comprar artesanía local, ya que no hay cajeros en los pueblos que se visitan. Tampoco hay internet y en muy pocos sitios hay señal de telefonía móvil.
Los gastos no incluidos en los tours, como las bebidas del bar, las compras de boutique y las propinas, se pagan en dólares o con tarjeta de crédito. Es recomendable llevar soles peruanos desde la ciudad de Lima o de los cajeros automáticos en los aeropuertos para comprar artesanía local, ya que no hay cajeros en los pueblos que se visitan. Tampoco hay internet y en muy pocos sitios hay señal de telefonía móvil.
AQUA
Calle La Compuerta 199 (oficina de reservaciones y ventas)
Urb. Portada de la Planicie, La Molina, Lima, Perú
T. 51 (1) 368 3868
www.aquaexpeditions.com
Itinerarios de tres días desde 1 950 dólares; de siete, desde 4 550.
- Páginas
- 1
























