La conquista turística del fondo del mar
Desde ya es posible pasar la noche en un pequeño submarino hundido en los mares de Florida. pero, comparada con las que se avecinan en un par de años en Fiji y quizá China, Turquía y Dubai, esta opción es apenas el equivalente a una pequeña cabañita setentera frente al suntuoso palacio de Poseidón.
Por
Carolina Reymúndez |
agosto 2008
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submarino, jules, poseidon
|
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Los padres le enseñaron que todo era posible y él se lo tomó en serio: está terminando el primer resort submarino del mundo. El tipo se llama L. Bruce Jones y es dueño de una compañía que construye submarinos, desde los típicos sumergibles turísticos que uno toma en Aruba o Bahamas para recorrer el fondo del mar durante una hora y con suerte cruzarse con una barracuda o algún cardumen fosforescente, hasta el primer submarino personal de lujo, el Seattle 1000. Éste se vende en 19.7 millones de dólares, por lo general a jeques árabes y multimillonarios high tech quienes, por supuesto, prefieren no revelar su identidad.
La industria del ocio submarino es la más inesperada tendencia turística mundial. Ya no alcanza con bucear en barcos hundidos, explorar cenotes o pasear siete minutos por el piso del mar con escafandras oxigenadas. El transporte subacuático —por ahora sólo para ricos— es una de las posibilidades más novedosas y concretas del turismo bajo el mar.
Jones no es el único que fabrica sumergibles personales. La empresa holandesa U-Boat Worx lanzó el año pasado unos minisubmarinos que pretenden ser el nuevo juguete de algunos. Así como antes se compraban autos de carreras, ahora será posible adquirir sumergibles personales con dos horas y media deautonomía (es lo que dura el combustible) y una reserva de 36 horas de aire (en caso de emergencia). Tienen la forma de pequeñas naves espaciales, parecidas a las que usaban los Supersónicos, cuestan lo mismo que un Porsche 911 y se hunden hasta 50 metros sin problemas.
La industria del ocio submarino es la más inesperada tendencia turística mundial. Ya no alcanza con bucear en barcos hundidos, explorar cenotes o pasear siete minutos por el piso del mar con escafandras oxigenadas. El transporte subacuático —por ahora sólo para ricos— es una de las posibilidades más novedosas y concretas del turismo bajo el mar.
Jones no es el único que fabrica sumergibles personales. La empresa holandesa U-Boat Worx lanzó el año pasado unos minisubmarinos que pretenden ser el nuevo juguete de algunos. Así como antes se compraban autos de carreras, ahora será posible adquirir sumergibles personales con dos horas y media deautonomía (es lo que dura el combustible) y una reserva de 36 horas de aire (en caso de emergencia). Tienen la forma de pequeñas naves espaciales, parecidas a las que usaban los Supersónicos, cuestan lo mismo que un Porsche 911 y se hunden hasta 50 metros sin problemas.
Y hablando de juguetes subacuáticos, hace unos meses, en la última Exposición Automotriz Internacional de Ginebra, se presentó sQuba, el primer auto que puede volar debajo del agua. Está inspirado en una escena de El espía que me amó, donde Roger Moore aparece con un auto que se sumerge y bucea en el fondo del mar. Esa película de James Bond es de 1977 y la escena obviamente nunca ocurrió. Fue una temprana animación. Pero el sQuba sí se hunde: es un convertible que anda entre algas y corales, a diez metros de profundidad. Su constructor, Frank M. Rinderknecht, declaró hace poco en una entrevista que se quedó marcado por aquella escena de James Bond y durante 30 años se la pasó imaginando cómo un auto podría andar como pez en el agua. Hasta que lo logró, con creatividad y tecnología suiza.
Pero volvamos a L. Bruce Jones, el dueño de la compañía de submarinos. De adolescente, Jones le escribía cartas a Jacques Cousteau y en la banca de la escuela hacía bocetos de complejas superficies debajo del agua. De grande, —ya cumplió los 52— vende sumergibles de hasta 80 millones de dólares y si todo marcha como está previsto, inaugurará en marzo de 2009 el Poseidon Resort, el primero de los tres hoteles submarinos que están planeados en distintos mares del mundo.
LA VIDA DESDE EL POSEIDÓN
Al parecer, el medio acuático le sienta bien a Jones, este estadounidense de bigote dorado que vive convencido de que en el futuro se construirán ciudades enteras debajo del mar. Y mientras llega el mañana, Jones diseña el presente del turismo submarino, el Poseidon Resort, en una laguna coralina de Fiji. El exótico Pacífico Sur, sólo que doce metros bajo el agua.
En Fiji arrendó una isla, que hoy se llama Poseidon Mistery Island, y en Portland, Oregón, construye la inmensa criatura vidriada que trasladará en barco a su isla y laguna de la fantasía. Una vez allí, la hundirá hasta el piso del mar.
Si todo sale según lo planeado —estas cosas hay que verlas para creerlas— el resort tendrá un hotel cinco estrellas de 24 suites, cada una con un jardín de corales en la ventana, y un restaurante de lujo con capacidad para cien comensales. La vista desde los cuartos será como en una película de
Jacques Cousteau: pura atmósfera submarina, con más de 1 200 variedades de peces nadando entre algas, manglares y los arrecifes hasta ahora impolutos de Fiji. O como en Vida acuática, la película de Wes Anderson, donde los marineros del capitán Steve Zissou (Bill Murray) recorren el fondo del mar con trajes de buzos y cascos amarillos. En ese momento Zissou deseó que los cascos pudieran transmitir música debajo del agua. En comparación con Poseidon Resort, ese sueño parece el más inocente de los caprichos.
Jacques Cousteau: pura atmósfera submarina, con más de 1 200 variedades de peces nadando entre algas, manglares y los arrecifes hasta ahora impolutos de Fiji. O como en Vida acuática, la película de Wes Anderson, donde los marineros del capitán Steve Zissou (Bill Murray) recorren el fondo del mar con trajes de buzos y cascos amarillos. En ese momento Zissou deseó que los cascos pudieran transmitir música debajo del agua. En comparación con Poseidon Resort, ese sueño parece el más inocente de los caprichos.
Setenta por ciento de la estructura estará envuelta en una burbuja acrílica con un grosor de 10 centímetros —se utilizará la misma tecnología de los submarinos turísticos, que transportan cada año dos millones de pasajeros sin accidentes— y la privacidad de las habitaciones estará garantizada por películas reflejantes especiales, que impedirán mirar hacia adentro a cualquier eventual buzo curioso o tiburón voyeur.
Pero además de la sede bajo el mar, Poseidón tendrá una en la isla. El acceso al mundo submarino será por un ascensor. Una vez abajo, la presión no cambiará, uno no sentirá que se le tapan los oídos ni que tiene los pies húmedos. Aire acondicionado y decoración: todo estará controlado. Las panorámicas de los corales arborescentes, que en Fiji son rojos, lo harán sentir que es otoño abajo del mar. Y, si a alguien le surge un deseo irrefrenable de casarse, podrá recurrir a la capilla submarina, que ya tiene una lista de reservaciones.
Pero además de la sede bajo el mar, Poseidón tendrá una en la isla. El acceso al mundo submarino será por un ascensor. Una vez abajo, la presión no cambiará, uno no sentirá que se le tapan los oídos ni que tiene los pies húmedos. Aire acondicionado y decoración: todo estará controlado. Las panorámicas de los corales arborescentes, que en Fiji son rojos, lo harán sentir que es otoño abajo del mar. Y, si a alguien le surge un deseo irrefrenable de casarse, podrá recurrir a la capilla submarina, que ya tiene una lista de reservaciones.
El pasatiempo más sofisticado será aprender a pilotear el submarino Tritón, una moderna nave para recorrer el fondo del mar. Con capacidad para tres personas, los turistas subacuáticos viajarán por el “país de las maravillas”, como le describió las profundidades del mar el capitán Nemo al profesor Aronnax, mientras se aprestaban para recorrer 20 000 leguas de viaje submarino, a bordo del Nautilus.
JULES, UN LODGE A LA SOMBRA DE UN CORAL
La posibilidad de dormir bajo el agua no es nueva. Hace 22 años que el submarino Jules reposa en el fondo de una laguna verde, en Cayo Largo, Florida.
A siete metros de profundidad, recibe a sus huéspedes —tiene sólo dos habitaciones dobles—, que no necesitan saber nadar ni preocuparse por su equipaje. Entre los patrocinadores de Jules hay una marca líder de maletas a prueba de agua. Ahí se guardan las pertenencias y ahí llega el desayuno y la cena sin una gota de humedad.
A siete metros de profundidad, recibe a sus huéspedes —tiene sólo dos habitaciones dobles—, que no necesitan saber nadar ni preocuparse por su equipaje. Entre los patrocinadores de Jules hay una marca líder de maletas a prueba de agua. Ahí se guardan las pertenencias y ahí llega el desayuno y la cena sin una gota de humedad.
Jules tiene el espíritu de una cabaña rústica, sólo que en lugar de estar escondida en una pradera queda en un llano submarino. Desde sus ventanas pueden verse, por ejemplo, hipocampos, langostas y peces globo.
La gente que opera Jules asegura que tiene una decoración futurista, pero las fotos muestran que en todo caso es retrofuturista: la sala parece el espacio de una casa rodante de los años setenta. Y en realidad, Jules tiene el espíritu de esa época. Fue concebido por Ian Koblick, que hace 30 años operó el laboratorio de investigación La Chalupa, el hábitat subacuático más avanzado de aquel tiempo. Y el submarino que hoy está en Cayo Largo formó parte de esa estructura.
La gente que opera Jules asegura que tiene una decoración futurista, pero las fotos muestran que en todo caso es retrofuturista: la sala parece el espacio de una casa rodante de los años setenta. Y en realidad, Jules tiene el espíritu de esa época. Fue concebido por Ian Koblick, que hace 30 años operó el laboratorio de investigación La Chalupa, el hábitat subacuático más avanzado de aquel tiempo. Y el submarino que hoy está en Cayo Largo formó parte de esa estructura.
El nombre no hace referencia al dueño del submarino, sino a Jules —o Julio— Verne, en un sentido, el dueño de la idea y el autor del libro que leyeron en algún momento todos los que hoy trabajan con las nuevas posibilidades de turismo submarino, que apenas comienzan pero quizá pronto viajen miles de leguas bajo el agua.
Al menos eso es lo que uno se imagina después de leer sobre proyectos como Crescent–Hydropolis, una ciudad sumergida cerca de Jumeirah Beach, en la millonaria Dubai. En la página de internet hay planos increíbles, con diseños ahora sí futuristas, con una plataforma en tierra y otra subacuática, 150 restaurantes y un hotel cinco estrellas de más de 200 habitaciones. Todo, a 20 metros de la superficie.
Al menos eso es lo que uno se imagina después de leer sobre proyectos como Crescent–Hydropolis, una ciudad sumergida cerca de Jumeirah Beach, en la millonaria Dubai. En la página de internet hay planos increíbles, con diseños ahora sí futuristas, con una plataforma en tierra y otra subacuática, 150 restaurantes y un hotel cinco estrellas de más de 200 habitaciones. Todo, a 20 metros de la superficie.
La página es un sueño y como en Dubai los sueños se concretan (sobre todo aquellos donde el dinero es el único impedimento), uno creería que la nueva Atlántida está en marcha. Sin embargo, una empleada de la oficina de turismo de Dubai me aclaró que después del anuncio en 2002, no ha habido más noticias. “Al parecer el proyecto está todavía en una etapa de estudio”, escribió en el correo y luego me invitó a llenar una encuesta sobre la celeridad de su respuesta. Hasta el mismo L. Bruce Jones, el estadounidense que construye en Fiji, ironizó sobre Hydropolis en una entrevista. Señaló que Poseidón maneja una pequeña escala: cuatro mil huéspedes por año. “Distinto de esas ciudades que otros planifican, como Hydropolis en Dubai, que costará 1 500 millones de dólares, si es que alguna vez se hace.” Y lo dice él, que viene atrasado con su Poseidón por el golpe de Estado del año pasado en Fiji.
Algo similar sucede con los proyectos multimillonarios de resorts submarinos en Estambul —tendría siete pisos bajo el agua, aprovechando la claridad del Estrecho de Bósforo— y China. La era de los resorts debajo del agua está en camino, los proyectos existen, incluso se pueden ver maquetas y renders fantásticos. Pero todavía transita más el lado fantástico que el real.
LO QUE YA ES POSIBLE
Por momentos el turismo submarino parece una burbuja de ciencia ficción que en cualquier momento explota y no queda nada. Pero sólo por momentos. Enseguida aparecen realidades que le vuelven a dar vida. Como estas dos selectas opciones de gastronomía submarina, donde basta reservar por teléfono, presentarse y sentarse a comer.
La primera es el restaurante de L’Oceanogràfic, el acuario más grande de Europa, que está en Valencia dentro del complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Ubicado en un sótano circular con enormes paneles de acrílico donde nadan diez mil jureles, sardinas y otros peces plateados, aquí uno puede comerse un arroz del Señorito (marisco limpio y trozado, picadillo de sepia, rape y calamar) que además viene con ñoras, un pimiento murciano redondo y picante.
Pero la opción más nueva es también la más lejana: una cena en el Ithaa Restaurant, que abrió el año pasado en el antiguo Hilton Maldivas. Es el primer restaurante bajo el agua, a cinco metros de la superficie. Un viaje culinario —con menú de degustación— a una laguna azul en el Océano Índico.
La construcción estuvo a cargo de una empresa neozelandesa que aplicó su premiada tecnología de acuarios y túneles vidriados al fondo del mar.
Así los huéspedes y otros comensales se sumergen y reciben una bienvenida al estilo Maldivas, con un sai tea, un té aromático con hierbas de la zona (no del fondo del mar, sino de las islas). Después, sashimi de atún amarillo a la pimienta, degustación de sopas, langosta y carne grillada con arroz de
coco servido en una hoja de banano. De postre, fondant de chocolate, un clásico objeto de deseo. Como el fondo del mar. Pues lentamente, mientras todos hablan de los viajes al espacio, la patria submarina ya respira entre algas, corales y peces de lunares.
La construcción estuvo a cargo de una empresa neozelandesa que aplicó su premiada tecnología de acuarios y túneles vidriados al fondo del mar.
Así los huéspedes y otros comensales se sumergen y reciben una bienvenida al estilo Maldivas, con un sai tea, un té aromático con hierbas de la zona (no del fondo del mar, sino de las islas). Después, sashimi de atún amarillo a la pimienta, degustación de sopas, langosta y carne grillada con arroz de
coco servido en una hoja de banano. De postre, fondant de chocolate, un clásico objeto de deseo. Como el fondo del mar. Pues lentamente, mientras todos hablan de los viajes al espacio, la patria submarina ya respira entre algas, corales y peces de lunares.
GUÍA PRÁCTICA
DÓNDE DORMIR
Poseidon Resort
www.poseidonresorts.com
Un paquete de seis noches —cuatro en la base terrestre y dos debajo del agua— cuesta 15 mil dólares por persona. Esto incluye, además de las comidas, el vuelo desde Nabi, el aeropuerto de Fiji, hasta la isla. A partir del 15 de septiembre se aceptarán reservaciones en la página web.
Jules’ Undersea Lodge
Key Largo Undersea Park, Florida
T. 1 (305) 451 2353
www.jul.com
Paquetes desde 375 dólares por persona por noche.
Es el hospedaje subacuático más antiguo y también una posibilidad concreta de dormir en un submarino que reposa en las profundidades del Parque Submarino de Cayo Largo, Florida. Los huéspedes podrán bucear sin costo extra.
DÓNDE COMER
Restaurante Submarino de L’Oceanogràfic
Av. Autopista del Saler números 1, 3, 5, 7
T. 34 (902) 100 031
www.cac.es
La entrada a la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, España, cuesta 30 euros por persona y vale para tres días consecutivos. El restaurante está en el piso inferior del edificio más emblemático del parque, construido por Félix Candela. Los platos cuestan entre 18 y 20 euros.
Restaurante Submarino Ithaa
Rangali Island, Maldivas
T. (960) 668 0629
http://conradhotels1.hilton.com
Su nombre quiere decir perla y es uno de los nueve restaurantes del Conrad Maldives Rangali Island, en las Islas Maldivas, con capacidad para catorce personas. El precio de una cena es de 150 dólares por persona.
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