Prêt-à-portea: el colmo de una tarde en Londres
De la idea de consentir a Valentino y Oscar de la Renta, que se hospedaban en el Berkeley durante la Semana de la Moda, surgió una de las extravagancias más solicitadas en Londres: afternoon tea acompañado de confecciones inspiradas en bolsos Chanel, bikinis Dior o cualquier otra tendencia capaz de metamorfosearse en repostería; ahora disponible diario y para todos los mortales.
En tiempos de prisas y cafés para llevar, los ingleses tiran de su flema británica y vuelven al lánguido disfrute de una sobremesa muy suya —el afternoon tea—. Pero existe un lugar en Londres donde a este concepto tan tradicional le han añadido un toque muy creativo. Aquí los bolsos de Fendi no se cuelgan del brazo; se comen, igual que los bikinis de chocolate de Dior o los sombreros-ganachés de Lanvin. Y es que la hora del té vuelve a estar —nunca mejor dicho— muy de moda.
Cuentan que fue la duquesa de Bedford, Anna Maria Stanhope (1783-1857) la inventora del afternoon tea allá por 1840. Por aquel entonces sólo había dos comidas principales, el desayuno y la cena, pero a la aristócrata el día se le hacia muy largo sin probar bocado. Empezó a invitar a sus amigos a un tentempié a media tarde acompañado de una tacita de té; la iniciativa tuvo tan buena acogida que la planta de nombre Camellia sinensis no tardó en convertirse en la bebida favorita de los ingleses.
Cuentan que fue la duquesa de Bedford, Anna Maria Stanhope (1783-1857) la inventora del afternoon tea allá por 1840. Por aquel entonces sólo había dos comidas principales, el desayuno y la cena, pero a la aristócrata el día se le hacia muy largo sin probar bocado. Empezó a invitar a sus amigos a un tentempié a media tarde acompañado de una tacita de té; la iniciativa tuvo tan buena acogida que la planta de nombre Camellia sinensis no tardó en convertirse en la bebida favorita de los ingleses.
El ritual se institucionalizó: se servía té negro o verde; luego llegaron las variantes de la leche y el azúcar. A la bebida le acompañaban diversos bocados: pequeños sándwiches de pepino, bollitos con mermelada y una selección de pastas. Las clases medias y altas incluso se vestían para la ocasión o socializaban en los tea gardens. En la actualidad se importan más de 140 mil toneladas de esta planta al año y se consumen unas 165 millones de tazas de té al día en el Reino Unido. Existe un gremio del té, hay casas especializadas en esta bebida y se estima que 70 % de la población lo toma a diario.
Y el hotel Berkeley ha ido un poco más lejos con esta sacrosanta costumbre inglesa: el Prêt-à-Portea, el té de (la) moda.
TODO EMPEZÓ CON UN (BOLSO) FENDI DE CHOCOLATE
En pleno centro de Londres, a dos manzanas de los almacenes Harrods y unos pasos de la calle de las grandes marcas de ropa, el Berkeley es uno de los hoteles más selectos de la capital. Su restaurante Petrus cuenta con dos estrellas Michelin, es hogar del Blue Bar, uno de los pocos donde los famosos se sienten a gusto, y tiene un coqueto salón para 60 personas con grandes ventanales decorado en madera oscura, color chocolate. Aquí, en el Caramel Room, es donde se sirve el té más fashion de todo el país.
Hace cinco años, durante la semana de la moda londinense, a los responsables del hotel se les ocurrió personalizar los pequeños detalles con los que obsequian a sus huéspedes. Valentino y Oscar de la Renta fueron los primeros que recibieron un pequeño pastel inspirado en una de sus creaciones. La idea gustó tanto, que el Berkeley decidió ofrecer un servicio de té con pastas en forma de prendas y vestidos durante la semana en que la alta costura se daba cita en Londres. El último día, las colas para degustar semejante refrigerio daban la vuelta a la esquina, de modo que ahora, el Prêt-à-Portea se ofrece todos los días de la una a las seis de la tarde.
Hace cinco años, durante la semana de la moda londinense, a los responsables del hotel se les ocurrió personalizar los pequeños detalles con los que obsequian a sus huéspedes. Valentino y Oscar de la Renta fueron los primeros que recibieron un pequeño pastel inspirado en una de sus creaciones. La idea gustó tanto, que el Berkeley decidió ofrecer un servicio de té con pastas en forma de prendas y vestidos durante la semana en que la alta costura se daba cita en Londres. El último día, las colas para degustar semejante refrigerio daban la vuelta a la esquina, de modo que ahora, el Prêt-à-Portea se ofrece todos los días de la una a las seis de la tarde.
La idea es divertida, pero no pasaría de una mera anécdota si esto no fuera el Reino Unido y no se tratara de una de sus señas de identidad por antonomasia. Se ha cuidado hasta el último detalle.
Como la porcelana: platos y teteras blancos con rebordes multicolor, obra del diseñador inglés Paul Smith, quien originalmente concibió este juego como regalo para sir Elton John. A la gran selección de tés verdes, negros, florales e infusiones, se le unen los refrigerios de rigor. Para empezar, los sándwiches: se presentan de tres en tres, y el pan de molde llega sin corteza y con el tamaño justo para acabárselo en dos o tres bocados. Aparece el sempiterno pepino entre rodajas de pan o el de huevo con mayonesa y berro. Los hay para vegetarianos o más sofisticados, como los de pollo o de salmón ahumado con camarones.
Como la porcelana: platos y teteras blancos con rebordes multicolor, obra del diseñador inglés Paul Smith, quien originalmente concibió este juego como regalo para sir Elton John. A la gran selección de tés verdes, negros, florales e infusiones, se le unen los refrigerios de rigor. Para empezar, los sándwiches: se presentan de tres en tres, y el pan de molde llega sin corteza y con el tamaño justo para acabárselo en dos o tres bocados. Aparece el sempiterno pepino entre rodajas de pan o el de huevo con mayonesa y berro. Los hay para vegetarianos o más sofisticados, como los de pollo o de salmón ahumado con camarones.
Junto a los sándwiches se sirve también una bandeja circular de tres pisos. El inferior ofrece una serie de canapés de lo más variopinta; en los dos platos superiores se exhiben las auténticas estrellas del evento: las pastas y dulces inspirados en Balenciaga o Dior. Vestidos Lanvin de azúcar y Stella McCartney en caballito.
Si no reconoce el diseño no se preocupe; el camarero le irá haciendo una descripción detallada de cada uno de los modelitos culinarios que desfilan ante sus ojos. Empezará con el quinteto de canapés: espárrago verde con crema de tomate en pan de nueces. O este otro: yogur con granada envuelto en un mini panqueque. Con los ocho dulces se explayará un poco más y le informará sobre el modisto que hizo de musa: el Valentino de gianduja, una mousse de avellana con crujientes perlas de chocolate, inspirada en los lujosos vestidos del diseñador italiano con sus intrincados detalles y ajustados al cuerpo. El pastel, al igual que los tejidos, destaca por una textura rica y delicada.
Lo que usted ve sobre la mesa es una obra que lleva tanto trabajo y esfuerzo como las prendas sobre la pasarela. Los ocho finalistas son el resultado de un proceso que comienza con el lanzamiento de la nueva temporada: nada más salir la colección de primavera/verano un equipo de seis chefs se mete de lleno en las creaciones de otoño/invierno. Los pasteleros se reúnen con las revistas de moda y conocen con varios meses de antelación las nuevas tendencias. Una información privilegiada que irán cocinando y moldeando en los fogones del Berkeley. El proceso pasa por el comité Prêt-à-Portea: un grupo compuesto por editores de moda, estilistas y los propios pasteleros. Aquí practican el critiquing, se escogen los colores, se pulen detalles, se descartan propuestas y se deciden los diseños finales. De unas 40 creaciones, sólo ocho llegan a las mesas del Caramel Room.
Los chefs combinan su oficio con una passion for fashion. Es una cocina multinacional donde se habla español, francés, árabe o inglés australiano, y cada uno busca añadir su toque personal al bocadito: en el canapé de queso bocconcini con aceituna negra sobre una rodaja de pepino se aprecia el inconfundible estilo italiano, mientras que el de salmón ahumado tiende más bien a lo oriental. Los pasteleros viajan a los grandes desfiles y se codean con los modistos en las citas de Nueva York, París o Milán. Y atinan bien, porque las creaciones que triunfan en las pasarelas son también las más apreciadas sobre el mantel. Este año la protagonista indiscutible es Chanel: su bolso de mano verde lima se transforma en un bizcocho tradicional muy esponjoso con sabor a té verde. Y ahora que han vuelto las rayas y los lunares de los años 20 otra creación de Coco hace las delicias en la pasarela culinaria: una panacotta de vainilla y fresas con gafas de chocolate. Esta mezcla de crema, leche, gelatina y cacao marca un hito en el Prêt-à-Portea: es el primer pastelito que se inspira en un traje masculino.
Los chefs combinan su oficio con una passion for fashion. Es una cocina multinacional donde se habla español, francés, árabe o inglés australiano, y cada uno busca añadir su toque personal al bocadito: en el canapé de queso bocconcini con aceituna negra sobre una rodaja de pepino se aprecia el inconfundible estilo italiano, mientras que el de salmón ahumado tiende más bien a lo oriental. Los pasteleros viajan a los grandes desfiles y se codean con los modistos en las citas de Nueva York, París o Milán. Y atinan bien, porque las creaciones que triunfan en las pasarelas son también las más apreciadas sobre el mantel. Este año la protagonista indiscutible es Chanel: su bolso de mano verde lima se transforma en un bizcocho tradicional muy esponjoso con sabor a té verde. Y ahora que han vuelto las rayas y los lunares de los años 20 otra creación de Coco hace las delicias en la pasarela culinaria: una panacotta de vainilla y fresas con gafas de chocolate. Esta mezcla de crema, leche, gelatina y cacao marca un hito en el Prêt-à-Portea: es el primer pastelito que se inspira en un traje masculino.
Según la estación los diseños también varían: las colecciones de verano incorporan al menos un vestido y un bikini. Este año, por ejemplo, se ha impuesto la galleta-bañador de chocolate con glasé rosa de Christian Dior, el referente de la moda en la década de los 40 y 50. Las colecciones de invierno, por su parte, apuestan más bien por un abrigo y otro dulce en forma de bota. Uno puede comer todo lo que le plazca, porque los meseros reponen los platos. Y lo que su figura no le permita comer puede llevárselo envuelto en una cajita de cartón color pistache.
Otra novedad en esta peculiar sesión de sobremesa es la versión con champaña, la taza de té deja paso a las más selectas burbujas en una copa de cristal de Baccarat: Ultra Brut, Veuve Cliquot Rosé, Bollinger.
Otra novedad en esta peculiar sesión de sobremesa es la versión con champaña, la taza de té deja paso a las más selectas burbujas en una copa de cristal de Baccarat: Ultra Brut, Veuve Cliquot Rosé, Bollinger.
En definitiva, disfrutará de una costumbre muy inglesa en un ambiente relajado que encandilará sobre todo al público femenino. Una sesión de té en un formato muy cuidado, donde el festín es más bien visual y los gustos pasan a un segundo plano. Cita imprescindible para los incondicionales de la moda. Y estire, estire el meñique al agarrar la taza, que aquí estamos en Inglaterra.
PRÊT-À-PORTEA
Caramel Room, en The Berkeley Hotel
Wilton Place, Knightsbridge, Londres
T. 44 (20) 7235 6000
www.the-berkeley.co.uk
Precio del servicio, 35 libras (70 dólares) por persona; 42 libras (84 dólares) con champaña.
Diario de 13 a 18 horas. Conviene reservar con dos meses de antelación para una mesa el fin de semana. Si se aloja en el hotel, tiene mesa asegurada.
Diario de 13 a 18 horas. Conviene reservar con dos meses de antelación para una mesa el fin de semana. Si se aloja en el hotel, tiene mesa asegurada.
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