Le Rêve: un hotel bien pensado de la Riviera Maya
Después de recorrer un estrecho camino de terracería que se abre paso entre la espesa selva, se llega a Le Rêve: un espacio donde lo reservado hace posible la tranquilidad de la playa y el mar. O, dicho de otra forma, el sueño realizado (de ahí el nombre) de dos jóvenes empresarios, apasionados de los viajes y del buen hospedaje.
Clementina Oliveras e Ian Turnbull son los propietarios de esta propuesta caribeña, donde buscan conjuntar los intereses profesionales de una economista, experta en medio ambiente y turismo, y de un filósofo con espíritu de periodista, en un particular espacio a la orilla de Playa Xcalacoco,
a 10 minutos de Playa del Carmen, en la Riviera Maya.
Desde que uno llega al hotel todo es distinto: en lugar de ver a una señorita detrás de un mostrador y de una computadora, llega el concierge, quien tras dar la bienvenida, invita a los huéspedes a conocer su habitación —el check in resulta un breve trámite en lo que más parece la sala de una casa que una fría e impersonal recepción de hotel—. Y, por cierto, se encuentra bajo una impresionante y ventilada palapa de 60 metros de largo.
Fruta fresca y una buena selección de música en el playlist de Le Rêve acompañan los primeros minutos en la habitación, en los que hay que elegir entre tres distintos tipos de jabones artesanales, todo esto con un vaso de agua de naranja con coco en la mano.
Las habitaciones son austeras, y una pared de terrazo —de colores distintos en cada una— le da un toque singular y artesanal al ambiente. Otro dato curioso es que las bolsas en las que se colocan las toallas, los cestos para la basura, los respaldos de las sillas y otros detalles fueron elaborados por presos del Estado de México y de Morelos.
Este hotel boutique (de 25 habitaciones) se distingue por ser una propuesta muy distinta a la opulencia de las grandes cadenas hoteleras que predominan tanto en la región. En Le Rêve la prioridad es la tranquilidad y el respeto al medio ambiente selvático que tiene por naturaleza este íntimo lugar. Entre sus habitaciones, que no están frente al mar sino a unos pasos de él, se encuentran lujosos búngalos que acogen al visitante con una cama king size frente a una puerta de cristal que da paso a la terraza, a la tina romana y a un jardín privado. Y luego, la arena y el mar. Ni un arbusto obstruye la vista del horizonte, de modo que, por largos instantes, uno duda que exista algo distinto al ir y venir de las olas. Además, no hay televisión, aunque sí un DVD portátil para quienes necesiten una solución a sus costumbres televisivas.
En la cocina del restaurante Naay se hornean todos los días deliciosos panes dulces y salados para acompañar los distintos platillos de los menús. Éstos cambian diariamente y se adaptan a la pluralidad cultural de sus huéspedes. Enchiladas, finos cortes de carne, pescados y pastas que pueden maridarse con una pequeña pero selecta carta de vinos en las comidas o en las cenas.
El gimnasio está orientado al mar, y en el spa se ofrecen cuatro tipos de masajes, entre ellos el holístico, al que también se le llama masaje del sueño porque quienes lo experimentan entran en un estado de relajación profunda para así lograr renovar la energía y sanar el espíritu y el cuerpo.
Que de sueño precisamente se trata, en ambos sentidos de la palabra.
a 10 minutos de Playa del Carmen, en la Riviera Maya.
Desde que uno llega al hotel todo es distinto: en lugar de ver a una señorita detrás de un mostrador y de una computadora, llega el concierge, quien tras dar la bienvenida, invita a los huéspedes a conocer su habitación —el check in resulta un breve trámite en lo que más parece la sala de una casa que una fría e impersonal recepción de hotel—. Y, por cierto, se encuentra bajo una impresionante y ventilada palapa de 60 metros de largo.
Fruta fresca y una buena selección de música en el playlist de Le Rêve acompañan los primeros minutos en la habitación, en los que hay que elegir entre tres distintos tipos de jabones artesanales, todo esto con un vaso de agua de naranja con coco en la mano.
Las habitaciones son austeras, y una pared de terrazo —de colores distintos en cada una— le da un toque singular y artesanal al ambiente. Otro dato curioso es que las bolsas en las que se colocan las toallas, los cestos para la basura, los respaldos de las sillas y otros detalles fueron elaborados por presos del Estado de México y de Morelos.
Este hotel boutique (de 25 habitaciones) se distingue por ser una propuesta muy distinta a la opulencia de las grandes cadenas hoteleras que predominan tanto en la región. En Le Rêve la prioridad es la tranquilidad y el respeto al medio ambiente selvático que tiene por naturaleza este íntimo lugar. Entre sus habitaciones, que no están frente al mar sino a unos pasos de él, se encuentran lujosos búngalos que acogen al visitante con una cama king size frente a una puerta de cristal que da paso a la terraza, a la tina romana y a un jardín privado. Y luego, la arena y el mar. Ni un arbusto obstruye la vista del horizonte, de modo que, por largos instantes, uno duda que exista algo distinto al ir y venir de las olas. Además, no hay televisión, aunque sí un DVD portátil para quienes necesiten una solución a sus costumbres televisivas.
En la cocina del restaurante Naay se hornean todos los días deliciosos panes dulces y salados para acompañar los distintos platillos de los menús. Éstos cambian diariamente y se adaptan a la pluralidad cultural de sus huéspedes. Enchiladas, finos cortes de carne, pescados y pastas que pueden maridarse con una pequeña pero selecta carta de vinos en las comidas o en las cenas.
El gimnasio está orientado al mar, y en el spa se ofrecen cuatro tipos de masajes, entre ellos el holístico, al que también se le llama masaje del sueño porque quienes lo experimentan entran en un estado de relajación profunda para así lograr renovar la energía y sanar el espíritu y el cuerpo.
Que de sueño precisamente se trata, en ambos sentidos de la palabra.
LE RÊVE
Playa Xcalacoco Fracción 2ª
Playa del Carmen
T. 52 (98) 4109 5660
www.hotellereve.com
Habitaciones desde 209 dólares la noche.
























