Los Dolomitas: la Dolce Vita sobre nieve
No todo el glamour italiano tiene lugar en las calles de Roma, Florencia y Milán. Hay momentos en que hay que optar por la montaña; por las elegantes zonas de cortina d’Ampezzo y Madonna di Campiglio, se entiende. El porqué es obvio —la belleza de los Alpes Dolomitas, los valles, la calidad de la nieve—. el exactamente dónde y cómo es lo que comparte con Travesías la periodista italiana Barbara Ainis.
Por
Barbara Ainis |
noviembre 2008
Con el frío en la cara, los esquís en los pies y el olor a nieve en las narices es como mejor se dejan sentir las montañas italianas más famosas del mundo: los Alpes Dolomitas son catedrales naturales que dibujan su perfil contra el cielo limpio, agujas y torres de rocas cubiertas de nieve, valles teñidos de las sombras azules de las imponentes montañas.
Arriba, pareciera que todos hubiesen jurado repetir un ritual jamás establecido: antes de lanzarse por una de las pistas preferidas por los grandes campeones de esquí del mundo, uno tras otro de los visitantes se detiene y abarca con la mirada el impresionante paisaje. Este mismo paisaje que Reinhold Messner, considerado el mejor montañista de todos los tiempos, describió como “las montañas más hermosas del mundo” y que el gran arquitecto Le Corbusier definió como “la construcción arquitectónica más bella que existe”.
Durante el invierno, estas montañas que se ubican en los Alpes italianos orientales entre las regiones del Veneto y del Trentino Alto Adige, se cubren de nieve y hielo y se convierten, con sus más de 1 500 kilómetros de pistas de esquí accesibles a través de 600 instalaciones de remonte, en un gran parque de diversiones para los amantes de los deportes de invierno.
En especial Cortina d’Ampezzo y Madonna di Campiglio, donde el encanto del paisaje se une con la elegancia de los hoteles, el lujo de las boutiques y la celebridad de la vida mundana y de sus protagonistas. Hoy tanto como ayer, Cortina y Campiglio celebran el rito invernal de la Dolce Vita.
Arriba, pareciera que todos hubiesen jurado repetir un ritual jamás establecido: antes de lanzarse por una de las pistas preferidas por los grandes campeones de esquí del mundo, uno tras otro de los visitantes se detiene y abarca con la mirada el impresionante paisaje. Este mismo paisaje que Reinhold Messner, considerado el mejor montañista de todos los tiempos, describió como “las montañas más hermosas del mundo” y que el gran arquitecto Le Corbusier definió como “la construcción arquitectónica más bella que existe”.
Durante el invierno, estas montañas que se ubican en los Alpes italianos orientales entre las regiones del Veneto y del Trentino Alto Adige, se cubren de nieve y hielo y se convierten, con sus más de 1 500 kilómetros de pistas de esquí accesibles a través de 600 instalaciones de remonte, en un gran parque de diversiones para los amantes de los deportes de invierno.
En especial Cortina d’Ampezzo y Madonna di Campiglio, donde el encanto del paisaje se une con la elegancia de los hoteles, el lujo de las boutiques y la celebridad de la vida mundana y de sus protagonistas. Hoy tanto como ayer, Cortina y Campiglio celebran el rito invernal de la Dolce Vita.
LA CORTINA DE LOS PAPARAZZI
Al nombrar la Dolce Vita todo mundo piensa en Marcello Mastroianni, en la Via Veneto, en la Roma de los años cincuenta y sesenta. Pues bien, en esos años, cuando el frío invernal ya no dejaba disfrutar plenamente las calles de la Ciudad Eterna, ni tampoco bañarse en la Fontana di Trevi como Anita Ekberg, toda la gente de Cinecittà —los productores, los directores, los actores y los aspirantes en busca de visibilidad— se trasladaba hacia Cortina d’Ampezzo.
Como un pequeño Hollywood entre las montañas, Cortina fue el set de filmación de muchas películas: desde La Pantera Rosa, con el mítico Peter Sellers, David Niven y Claudia Cardinale, hasta Los amantes, del director italiano Vittorio De Sica cuyos protagonistas —Marcello Mastroianni y Faye Dunaway—, acabaron por enamorarse de veras frente a las majestuosas montañas que dominan Cortina. Y, más recientemente, en 1981, OO7-Sólo para tus ojos, con Roger Moore.
Como un pequeño Hollywood entre las montañas, Cortina fue el set de filmación de muchas películas: desde La Pantera Rosa, con el mítico Peter Sellers, David Niven y Claudia Cardinale, hasta Los amantes, del director italiano Vittorio De Sica cuyos protagonistas —Marcello Mastroianni y Faye Dunaway—, acabaron por enamorarse de veras frente a las majestuosas montañas que dominan Cortina. Y, más recientemente, en 1981, OO7-Sólo para tus ojos, con Roger Moore.
Por trabajo o por vacaciones, los nombres más famosos de aquellos resplandecientes años pasaron por aquí: Frank Sinatra, Ernest Hemingway, Sofia Loren, Brigitte Bardot, Liz Taylor, Richard Burton, Clark Gable, Ingrid Bergman. Estrellas en busca de la nieve más cotizada pasaban sus días en Cortina, en los hoteles más lujosos de la ciudad: el Cristallo y el Europa, el Miramonti y el Concordia. Iban de compras por las exclusivas boutiques del Corso Italia, y cenaban en el Cervo d’Oro, el restaurante del Hotel Europa, o en el refugio de montaña El Camineto.
Si durante el día la nieve brillaba sobre la vida de las celebridades, la noche de Cortina también se iluminaba, pero por los flashes de las cámaras fotográficas de los paparazzi. Ellos también dejaban de recorrer las calles y los hoteles de Roma para inmortalizar, entre las montañas, a los divos, sus amores y sus fiestas. Porque la noche en este valle de los Dolomitas era cosa seria. Elegantes bailes animaban los salones de los mejores hoteles, en particular del Cristallo y del Miramonti, mientras los grupos musicales más novedosos se lucían en la discoteca King’s Club, uno de los primeros locales de este género en Italia, en el night club Cristallino, y en el mítico Monkey.
Si durante el día la nieve brillaba sobre la vida de las celebridades, la noche de Cortina también se iluminaba, pero por los flashes de las cámaras fotográficas de los paparazzi. Ellos también dejaban de recorrer las calles y los hoteles de Roma para inmortalizar, entre las montañas, a los divos, sus amores y sus fiestas. Porque la noche en este valle de los Dolomitas era cosa seria. Elegantes bailes animaban los salones de los mejores hoteles, en particular del Cristallo y del Miramonti, mientras los grupos musicales más novedosos se lucían en la discoteca King’s Club, uno de los primeros locales de este género en Italia, en el night club Cristallino, y en el mítico Monkey.
Pero había también quien, entre los más famosos personajes de la época, de vez en cuando apreciaba pasar una noche más tranquila en compañía de la élite cultural que también amaba Cortina d’Ampezzo. La casa por excelencia donde ocurrían estas veladas intelectuales era la de Rachele. Rachele y basta, sin apellido: ninguno de los asiduos consideró importante retenerlo.
Fallecida hace unos 10 años, a sus 82, ella recibía a sus huéspedes en la gran cocina de la casa, el cuarto más íntimo y amistoso. Marcello Mastroianni, Faye Dunaway, Vittorio de Sica y Vittorio Gassman, junto con periodistas, escritores y premios Nobel, se sentaban a la mesa de madera, donde había pimientos, ajo, uvas pasas e higos secos. Y Rachele, mientras preparaba espagueti, verduras y asados de ternera, los entretenía con historias de los grandes escritores, poetas y pintores que había conocido. Una escena (tan normal, de no ser por sus protagonistas) que recuerda una secuencia de La Dolce Vita de Fellini, la de la reunión en la casa de Steiner, el amigo intelectual de Marcello. Un tanto ideal y otro tanto surreal.
LA SANGRE AZUL DE CAMPIGLIO
Como ocurre con los fanáticos del futbol en Italia, también los amantes de la nieve y del esquí se dividen entre quienes prefieren incuestionablemente Cortina d’Ampezzo y quienes piensan que no hay como Madonna di Campiglio. Además de lo hermoso de sus montañas y la calidad de sus pistas de esquí, los partidarios de Campiglio argumentan su historia aristocrática. Si en los años sesenta los reyes y reinas eran las glamurosas estrellas de la pantalla, al final del siglo XIX los protagonistas de la realeza eran, literalmente, el emperador de Austria, Francisco José y su esposa Elizabeth. Y al igual que los famosos de Roma, salían de vacaciones rumbo a Cortina, Franz y Sissi, y con ellos la aristocracia de los Habsburgo que deseaba alejarse de Viena, eligieron Madonna di Campiglio para descansar, relajarse y, por supuesto, también organizar bailes y fiestas inolvidables.
Cuando la pareja imperial llegaba al maravilloso valle entre los Dolomitas del Brenta, como huéspedes del lujoso Grand Hotel des Alpes y de sus elegantes salones revestidos en madera, toda la ciudad se ponía de fiesta; aparecían elegantes damas, lo mismo que ilustres soldados del ejército austriaco.
De hecho, hasta el día de hoy, en el mes de febrero, se celebra la fiesta de disfraces dedicada al Carnaval de los Habsburgo, que vuelve a llenar las calles de Madonna di Campiglio con las notas de El Danubio azul, el vals de Strauss.
Cuando más adelante, en los años sesenta del siglo pasado, las montañas y el esquí dejaron de ser prerrogativa exclusiva de los aristócratas, Madonna di Campiglio mantuvo su espíritu noble. Las familias más importantes de la burguesía milanesa pasaban sus largas vacaciones aquí, hospedadas en el histórico Hotel des Alpes (el mismo de los emperadores de Austria), el Catturani o el Savoia Palace. En aquel tiempo las señoras de bien paseaban por la vía principal de la ciudad luciendo abrigos de visón y dejándose cortejar por los playboys antes del regreso de sus maridos el fin de semana.
Cuando más adelante, en los años sesenta del siglo pasado, las montañas y el esquí dejaron de ser prerrogativa exclusiva de los aristócratas, Madonna di Campiglio mantuvo su espíritu noble. Las familias más importantes de la burguesía milanesa pasaban sus largas vacaciones aquí, hospedadas en el histórico Hotel des Alpes (el mismo de los emperadores de Austria), el Catturani o el Savoia Palace. En aquel tiempo las señoras de bien paseaban por la vía principal de la ciudad luciendo abrigos de visón y dejándose cortejar por los playboys antes del regreso de sus maridos el fin de semana.
También personajes famosos en Italia, pero menos propensos a aparecer en las páginas de las revistas, como el segundo presidente de la República italiana Luigi Einaudi, o el gran productor cinematográfico Carlo Ponti (que justo en México se casó con Sofia Loren), prefirieron el ambiente más discreto de Campiglio, sin por esto renunciar a la diversión. Directamente asomados a las magnificas pistas de esquí se ubicaban restaurantes como el Montagnoli y el Malga Ritorto, mientras los cantantes de moda, como Peppino di Capri y Adriano Celentano, se exhibían en los clubes más concurridos: la Zangola, el Green y el Stork.
NIEVE PARA TODOS, O UNOS CUANTOS MÁS
Fue en las décadas de los cincuenta y sesenta cuando empezó a cambiar la relación de la gente común con la montaña, la nieve y los deportes invernales. Muy probablemente a raíz de los Juegos Olímpicos de invierno de 1956, en Cortina. El encuentro deportivo internacional concentró la atención del mundo en los Dolomitas y la atención de los italianos en sus montañas nevadas. En los mismos años en Campiglio nació la famosa prueba Gara 3Tre (descenso, eslalom especial, eslalom gigante), que desde el 1967 es parte del campeonato mundial de esquí. Con el interés de la gente crecieron también las pistas, las instalaciones de remonte y la oferta de hospedaje.
Tan sólo la Madonna di Campiglio cuenta con 60 kilómetros de pistas (120 si se cuentan también las del distrito conectado de Folgarida-Marilleva) y 22 instalaciones de remonte, que cancelan casi los tiempos de espera en las colas.
Quien se sienta un verdadero campeón puede descender la mítica pista del Canalone Miramonti, la misma de la competencia mundial 3Tre: con 185 metros de desnivel, importantes cambios de inclinación y un par de curvas que sólo pueden enfrentarse de un salto, la pista termina directamente en el corazón de Campiglio.
Pero los neófitos no tienen por qué desanimarse: la mayoría de las pistas son de nivel medio-fácil, además de que Campiglio tiene mucho que ofrecerle a quien llega a los Dolomitas más bien con ganas de descansar.
El nuevo refugio Stoppani, por ejemplo, es una de las innovaciones que no hay que perderse por ningún motivo. Ubicado en la cumbre Grostè, a 2 500 metros de altitud (se llega ahí con la telecabina o, por la noche, con la maquina que se utiliza para aplanar la nieve). Ahí uno puede relajarse bajo el sol, tomar un delicioso chocolate caliente a la italiana, comer platillos de cocina típica regional y hasta quedarse a dormir en una de sus ocho habitaciones.
Pero los neófitos no tienen por qué desanimarse: la mayoría de las pistas son de nivel medio-fácil, además de que Campiglio tiene mucho que ofrecerle a quien llega a los Dolomitas más bien con ganas de descansar.
El nuevo refugio Stoppani, por ejemplo, es una de las innovaciones que no hay que perderse por ningún motivo. Ubicado en la cumbre Grostè, a 2 500 metros de altitud (se llega ahí con la telecabina o, por la noche, con la maquina que se utiliza para aplanar la nieve). Ahí uno puede relajarse bajo el sol, tomar un delicioso chocolate caliente a la italiana, comer platillos de cocina típica regional y hasta quedarse a dormir en una de sus ocho habitaciones.
También en el valle hay muchas oportunidades de consentirse, ya que en los últimos años la mayoría de los hoteles ha puesto sus esfuerzos en mejorar sus instalaciones para el “bienestar en las montañas”. Como el elegante Biohotel Hermitage, cuyo wellness center, con alberca, baño turco con hierbas de montaña, sauna con aceites esenciales orientales e hidromasaje, se abre con sus grandes ventanas hacia el espectáculo de los Dolomitas del Brenta; o el histórico Hotel Bertelli, dotado de un excelente centro estético y un spa de calidad garantizada por la marca Vita Nova Trentino Wellness.
Y los placeres del paladar son tan ineludibles como respirar el aire fresco de la montaña. La cocina del Trentino se basa en ingredientes locales de gran calidad —animales de caza, jamón speck (o tocino ahumado de la Selva Negra) y quesos de alpeggio (de los pastos alpinos)— acompañados por vinos y spumanti locales de alto nivel. Y de nuevo es menester mencionar los hoteles Bertelli y Hermitage, debido a que sus ofertas gastronómicas son probablemente las mejores de la ciudad.
Para algo más informal —que no menos espectacular— están los restaurantes que ocupan alguna malga, es decir, una casa alpina en las alturas, como la Malga Zeledria —que sirve deliciosos platillos de carne, verduras y quesos servidos sobre la pietra ollare— o las históricas Malga Ritorto y Malga Montagnoli.
Al final de la noche, aún es posible volver a Campiglio deslizándose por las pistas a la luz de las antorchas.
De vuelta a Cortina, Faloria, Cristallo, Mietres, Tofane, Legazuoi, Cinque Torri, las cumbres que la rodean. Siguen siendo un atractivo irresistible hasta el día de hoy, con 120 kilómetros de pistas y 46 instalaciones de remonte, divididas en tres áreas de esquí.
Una de las más hermosas es la pista Vitelli, en el área de Faloria, que hospedó la competencia de eslalom gigante en los Juegos Olímpicos de 1956: desde los 2 363 metros de altura, la pista variada, divertida y perfecta para quien tenga un nivel medio de experiencia con los esquís, desciende a través de los bosques alpinos y termina suavemente frente al espectáculo de la majestuosa cumbre Cristallo.
Una de las más hermosas es la pista Vitelli, en el área de Faloria, que hospedó la competencia de eslalom gigante en los Juegos Olímpicos de 1956: desde los 2 363 metros de altura, la pista variada, divertida y perfecta para quien tenga un nivel medio de experiencia con los esquís, desciende a través de los bosques alpinos y termina suavemente frente al espectáculo de la majestuosa cumbre Cristallo.
Menos conocido, pero no menos emocionante, es el recorrido Giro della Grande Guerra, que zigzaguea entre historia, naturaleza, hermosas pistas de esquí y panoramas inigualables. Pues en el área Legazuoi-Cinque Torri se encuentran las trincheras y las fortalezas italianas de la Primera Guerra Mundial, en la antigua frontera con el Imperio austrohúngaro. El espectacular recorrido alterna descensos con los esquís con tramos en telesilla y visitas a los antiguos emplazamientos, y termina con un trineo tirado por caballos que lleva a los esquiadores hacia otras hermosas pistas nevadas.
Después de tanto deporte se puede elegir un paseo más tranquilo por las calles de Cortina, para descubrir las más atractivas tradiciones artesanales del valle: el hierro forjado, la madera, el vidrio y la cerámica se convierten, en los 200 talleres de la ciudad, en verdaderas obras de arte.
Después de tanto deporte se puede elegir un paseo más tranquilo por las calles de Cortina, para descubrir las más atractivas tradiciones artesanales del valle: el hierro forjado, la madera, el vidrio y la cerámica se convierten, en los 200 talleres de la ciudad, en verdaderas obras de arte.
Y, por último, ¿cómo resistir a la idea de revivir los días de la Dolce Vita? Se podría empezar tomando un martini en el bar del Hotel de la Poste, como Ernest Hemingway, cenando como los divos de Cinecittà en el restaurante El Camineto y trasnochando en el Vip Club, heredero de los clubes de los años sesenta.
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR
Cortina se ubica a 162 kilómetros de Venecia. Durante la estación invernal, autobuses diarios (con reserva obligatoria ATVO; T. 39 (421) 383 672; www.atvo.it) conectan las dos ciudades por 11 euros (tres horas y media). Durante los fines de semana hay un servicio en autobús desde el aeropuerto de Venecia, en coincidencia con los principales vuelos, para llevar a los turistas directamente hacia los hoteles de la ciudad.
Madonna di Campiglio queda a 207 kilómetros desde Milán, 160 kilómetros desde Bergamo (aeropuerto internacional de Bergamo-Orio al Serio). Durante los fines de semana invernales hay un servicio en autobús desde los principales aeropuertos del norte de Italia por 25 euros ida y vuelta.
También hay taxis colectivos por 50 euros desde Bergamo y 70 euros desde Milán (www.campiglio.to).
Madonna di Campiglio queda a 207 kilómetros desde Milán, 160 kilómetros desde Bergamo (aeropuerto internacional de Bergamo-Orio al Serio). Durante los fines de semana invernales hay un servicio en autobús desde los principales aeropuertos del norte de Italia por 25 euros ida y vuelta.
También hay taxis colectivos por 50 euros desde Bergamo y 70 euros desde Milán (www.campiglio.to).
DÓNDE COMER
CORTINA D’AMPEZZO
IL MELONCINO “AL CAMINETO”
Località Rumerlo
T. 39 (436) 4432
www.ilmeloncino.it
Comida alrededor de 50 euros, sin bebidas. Comida clásica y creativa frente al espectáculo de la ciudad y de sus cumbres.
TIVOLI
Via Lacedel 34
T. 39 (436) 866 400
www.ristorantetivoli.it
Comida alrededor de 60 euros, sin bebidas. Exclusivo restaurante de cocina innovadora e ingredientes de la tradición, con un menú que cambia según la estación. Tiene una estrella Michelin.
MADONNA DI CAMPIGLIO
IL GALLO CEDRONE
Via Cima Tosa 82
T. 39 (465) 441 013
www.hotelbertelli.com
Comida alrededor de 60 euros, sin bebidas. Excelente cocina tradicional de los Dolomitas, con ingredientes locales típicos y una gran selección de vinos. Se encuentra en el hermoso Hotel Bertelli.
MALGA MONTAGNOLI
Località Montagnoli
T. 39 (465) 443 355
www.ristorantemontagnoli.com
Comida alrededor de 50 euros, incluido el ascenso en la aplanadora de nieve.En medio de las pistas, ofrece cocina típica y la posibilidad de bajar de noche hacia Campiglio con esquís a la luz de las antorchas.
RESTAURANTE STOPPANI AL GROSTÈ
Località Grostè
T. 39 (465) 440 115
www.groste.it
RISTORANTE CASCINA ZELEDRIA
Via Pradalago 38, Località Zeledria, en Malga Zeledria
T. 39 (465) 441 034
www.zeledria.it
Comida alrededor de 40 euros, sin bebidas.
MALGA RITORTO
Località Ritorto 1 Madonna di Campiglio
T. 39 (465) 442 470
Comida alrededor de 30 euros, sin bebidas
DÓNDE DORMIR
CORTINA D’AMPEZZO
HOTEL CRISTALLO PALACE & SPA
Via Menardi 42
T. 39 (436) 881 111
www.cristallo.it
Habitaciones dobles desde 330 euros, desayuno incluido.El más exclusivo de Cortina, asomado a la ciudad y a las montañas. Impecable el área del spa, con tratamientos cosméticos suizos.
HOTEL EUROPA
Corso Italia 207
T. 39 (436) 3221
www.hoteleuropacortina.it
Habitación doble desde 200 euros, desayuno incluido. Aquí se combina el estilo de un clásico con servicios modernos y un restaurante inolvidable, el Cervo d’Oro.
MIRAMONTI MAJESTIC GRAND HOTEL
Via Peziè 103
T. 39 (436) 4201
www.miramontimajestic.it
Habitaciones dobles desde 205 euros por persona, en media pensión. Hay descuentos por estancias semanales. Por encima de una colina, ofrece una vista inolvidable a las cumbres en un ambiente exclusivo.
MADONNA DI CAMPIGLIO
BIO-HOTEL HERMITAGE
Via Castelletto Inferiore 63
T. 39 (465) 441 558
www.chalethermitage.com
Habitación doble desde 100 euros por persona, en media pensión. En este hotel decorado en un estilo tradicional, el lujo es totalmente ecológico. Su spa se asoma a las montañas y su restaurante La Stube dell’Hermitage es exquisito.
SAVOIA PALACE HOTEL
Via Dolomiti di Brenta 18
T. 39 (465) 441 004
www.savoiapalace.it
Habitación doble desde 120 euros por persona, en media pensión. Templo de la tradición y hospitalidad, cuenta también con un excelente spa.
CASA DEL CAMPO
Passo Campo Carlo Magno
T. 39 (465) 443 130
www.casadelcampo.it
Habitación doble de 90 euros por persona, en media pensión. A sólo 10 metros del lift, es un típico y romántico hotel de montaña.
TEMPORADA
Tanto en Cortina como en Madonna di Campiglio la estación de esquí invernal empieza los primeros días de diciembre y termina entre el final de marzo y el principio de abril. Los mejores meses para esquiar son diciembre, enero y febrero, muy fríos pero también de mucha nieve.
SKI PASS EN CORTINA
www.cortina.dolomiti.org
Diario a partir de 32 euros por persona. Semanal (seis días), desde 162 euros por persona.Descuentos para niños, familias y mayores de 70 años.
SKI PASS EN CAMPIGLIO
www.funiviecampiglio.it
Diario a partir de 34 euros por persona. Semanal (seis días), desde 173.50 euros por persona. Descuentos para niños y personas mayores. Algunos hoteles ofrecen estancias semanales con ski pass de seis días incluido.
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