Cuatro Ciénegas: el secreto del desierto
Fotografía de Alejandro Cartagena

Cuatro Ciénegas: el secreto del desierto

Si por un lado las pozas y dunas de Cuatro Ciénegas ofrecen uno de los paisajes más alucinantes de México, en pleno desierto de Coahuila, por otro son también uno de los misterios más indescifrables y atractivos para los biólogos de todo el mundo. Nuestra misión: admirarlo y contribuir a que lo siga siendo.

Después de tres horas de viaje por el paisaje semidesértico, aparece un valle de increíble verdor y belleza, donde el tiempo se detuvo hace más de 300 millones de años. Se le conoce como “el acuario del desierto chihuahuense”: el agua que cubría el planeta hace millones de años se conservó encapsulada bajo tierra, y unas profundas grietas en medio del desierto hicieron posible que emergiera a la superficie.

Estamos a punto de ingresar en un ecosistema único en el mundo y, si en realidad se quiere comprender, aunque sea un poquito, de qué estamos hablando, es recomendable programar como primera actividad la subida al mirador que se encuentra en la entrada del pueblo, con una estatua ecuestre de don Venustiano Carranza; desde ahí se aprecia el valle y las cinco cadenas montañosas que lo delimitan y que forman parte de la Sierra Madre Oriental. El valle de Cuatro Ciénegas fue proclamado Área Natural Protegida en 1994.

El valle de Cuatro Ciénegas es uno de los humedales más importantes del mundo, considerado como área natural protegida y una ecorregión prioritaria para su conservación por el Fondo Mundial para la Naturaleza (wwf, por sus siglas en inglés). En México, la responsabilidad de conservarlas no es exclusiva de las autoridades, es necesario involucrar a los habitantes y visitantes para que conozcan lo que tienen, valoren su riqueza y colaboren en su conservación. Sería un contrasentido proteger la flora y la fauna y “hacer a un lado” a los seres humanos originarios del lugar.

 

 

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