Extreme Makeover
Fotografía de John Brunton

Extreme Makeover

Con la excusa de la reapertura de The Savoy Hotel de Londres volvemos a la capital inglesa, no sólo para ver el resultado de la tan esperada reinauguración, sino también para darnos una vuelta por las más recientes opciones gastronómicas de la ciudad.

Pocas ciudades en el mundo logran compararse con Londres en cuestión de hoteles de lujo —el Ritz, Dorchester, Brown’s, Claridge’s y, por supuesto, The Savoy—. Y cuando una de estas grandes dames cierra por renovación, la ciudad parece contener el aliento de manera colectiva para descubrir si el encanto desteñido y su gloria se verán arruinados por los caprichos de una corporación multinacional sin identidad propia al imponer los gustos de un diseñador de moda como Philippe Starck. Éste era el caso, sin duda, cuando The Savoy cerró sus puertas en diciembre de 2007, y la compañía Fairmont sorprendió a los londinenses al subastar en un millón de libras esterlinas muebles, instalaciones y nostálgica memorabilia. Después de esto, la renovación, que supuestamente duraría 18 meses, tardó tres años, mientras que el presupuesto astronómico de 100 millones de libras escaló hasta la fenomenal cifra de
220 millones (probablemente la renovación más extravagante que se ha hecho a un hotel), por lo que no debiera ser sorpresa que, desde la fastuosa fiesta de reinauguración, todos en Londres quieran saber qué tanto ha cambiado el hotel.
Tuve la fortuna de hospedarme varias veces en The Savoy original, y quedé completamente fascinado por el encanto de este sitio único que en 1880, cuando abrió por primera vez, fue el primer hotel de auténtico lujo en Londres, donde los huéspedes e invitados eran consentidos por César Ritz y Auguste Escoffier en persona. Al entrar esta vez por la calle Strand no se ve ningún cambio significativo desde afuera. Sabiamente, los nuevos dueños decidieron no jubilar a Tony Cortegaca, el legendario portero del hotel —aún resplandeciente con su sombrero de copa—, quien ha dado la bienvenida a huéspedes, estrellas de cine y monarcas durante 20 años. El impacto viene al entrar a la suntuosa recepción. La única manera de describirla es como si alguien, de repente, hubiera prendido todas las luces. El lobby de 121 años de The Savoy solía ser la reminiscencia de un Londres victoriano, oscuro y malhumorado, pero ahora simplemente brilla con colores vivos y candelabros lustrosos. El hotel ha abolido el check-in a la antigua, por lo que fui dirigido enseguida a mi habitación, lo que fue una sorpresa. Mientras que su sello de estilos eduardiano y art déco se han mantenido de manera encantadora, se han ido muchos de los detalles estrafalarios que hacían tan especial este lugar. Pero debo agregar que también se han ido la plomería defectuosa, la calefacción temperamental y la instalación eléctrica de miedo que tristemente caracterizaron a The Savoy en sus últimos años. Respecto a las habitaciones, el diseñador francés Pierre-Yves Rochon ha recreado de manera eficaz un lujo que subestima el que ha caracterizado su trabajo previo en el George V, en París, y el Four Seasons, de Florencia. Esto significa que los huéspedes habituales del hotel pueden sentirse un poco decepcionados, pero los viajeros sofisticados e internacionales estarán fascinados. Hay algunas suites que son muy suntuosas. La Claude Monet es especialmente encantadora en aquellos cuartos donde el padre del impresionismo pintó sus escenas icónicas de Londres. Mientras tanto, con un precio por completo estrafalario de 10 000 libras la noche, la palaciega Royal Suite cubre un piso completo e incluye camas Savoir inglesas que cuestan 24 000 libras
cada una.
Pero es en los restaurantes y bares donde la restauración ha tenido el mayor impacto, y ha traído de regreso a la vida a The Savoy sin destruir su carácter y personalidad. El Grill Room ha redescubierto su lustre art déco, con maravillosas fotografías en blanco y negro de personalidades como Humphrey Bogart y Marilyn Monroe de fiesta en este lugar en los viejos tiempos, mientras que Gordon Ramsay parece estar de vuelta con su inimitable personalidad en la cocina, con 300 comensales que llenan el lugar en cada almuerzo. El eterno American Bar aún es el American Bar, perfectamente mantenido sin ningún cambio, incluido el cantante que entretiene a los huéspedes en un Baby Grand Piano blanco, a la vez que un nuevo e impactante Beaufort Bar negro y dorado, con una deslumbrante mezcla de champaña, cabaret y cocteles, atrae a un público más joven y trendy. El té
de media tarde bajo la brillante cúpula de The Thames Foyer, el zumbante corazón del hotel, es ya una de las actividades obligadas en la ciudad, y los insiders enseguida se han dado cuenta de que la alberca art déco está aún disponible para quienes no son huéspedes, siempre que se apunten a un tratamiento en el spa.
Finalmente, no hay que perderse el nuevo Museo Savoy, que exhibe objetos como el encendedor y la cigarrera de Noël Coward, el Savoy Cocktail Book original, y la tarjeta de huésped de Marlene Dietrich, que requería que una docena de rosas y una botella de Dom Pérignon la esperaran en su habitación cuando llegara. Esos detalles típicos que hacían único a The Savoy no han desaparecido tras estos tres largos años de restauración.

FOODIE HOTSPOTS

La reinauguración del Savoy Grill, con el chef celebridad Gordon Ramsay, es sólo la punta del iceberg de una nueva moda que arrasa por la capital británica: una frenética guerra de estrellas gourmet ha nacido entre los mejores hoteles de la ciudad con el objetivo de atraer chefs de nombres famosos antes de que lleguen los Juegos Olímpicos de Londres 2012. La batuta la llevó el venerable Dorchester, que persuadió a Alain Ducasse (www.alainducasse-dorchester.com) de abrir un restaurante, acto que casi de inmediato asegura el Santo Grial de las tres estrellas Michelin. Para los sibaritas de la ciudad, éste es el mejor sitio para ir a cenar, sobre todo en una mesa privada, que está oculta detrás de una brillante cortina blanca, en medio del restaurante. Fui el día que abrió y, francamente, no pude decepcionarme más, pero Ducasse es un mago en lo que a comida se refiere, porque cuando regresé este mes probé platos impresionantes, como huevo suavemente hervido, cangrejo de río y espárragos verdes, todo servido con una maravillosa salsa nantua a la antigua. Pero, ahora Ducasse tiene seria competencia. El año 2011 comenzó con estilo con la muy esperada apertura del primer restaurante londinense de Heston Blumenthal, Dinner (www.mandarinoriental.com/london), en el lujoso Mandarin Oriental. La respuesta británica a Ferran Adrià promete reinterpretar, con su técnica molecular única, recetas tradicionales de siglos de antigüedad, y cuando las reservaciones empezaron a tomarse el año pasado, el sitio web se cayó justo un día después de que 7 000 impacientes comensales reservaran el restaurante por completo por los primeros tres meses. Así que hay que estar seguro de reservar con bastante tiempo de anticipación y prepararse para platillos extraños, como la fruta de carne, que parece una mandarina, pero que en realidad es un parfait de hígado de pollo. El Mandarin Oriental también presume el Bar Boulud (www.barboulud.com), el
primer restaurante en Europa de Daniel Boulud, quizás el chef francés más famoso de Estados Unidos. Este lugar
es frenético, divertido y elegante —Nueva York transplantado a Londres— con un menú bistró durante todo el día y platillos como paleron carbonnade, coq au vin, platillos de mar y el platillo firma del chef, paté y terrine hechos en casa. Cruzando la calle, frente al Mandarin, está el mucho más discreto hotel The Berkeley que ahora se vanagloria de la alta cocina de Marcus Wareing. Alguna vez acólito de Gordon Ramsay, hoy ni siquiera se dirigen la palabra. The Berkeley también ha persuadido al maravilloso Pierre Koffmann de salir de su retiro para cocinar en Koffmann’s (www.the-berkeley.co.uk). Una comida en el nada pretencioso restaurante fue, simplemente, el pináculo gastronómico de mi visita a Londres. El legendario restaurante La Tante Claire de Koffmann tuvo gran influencia en una generación completa de chefs británicos, y después de probar varios de sus inolvidables clásicos, como manitas de cerdo rellenas con mollejas de ternera y colmenillas, o un simple baba au rhum, está claro que Koffmann no ha perdido su magia. Febrero fue testigo del regreso de otro chef francés que encontró fama y fortuna en Estados Unidos, Jean-Georges Vongerichten, cuyo nuevo restaurante, Spice Market (www.spicemarketlondon.co.uk), está en boca de todos, refugiado en el futurista hotel W, la nueva bandera de Starwood, que se levantó en el sitio del muy adorado, pero ahora demolido Swiss Center en Leicester Square. Justo a la vuelta de la esquina, otro icono de estilo, el restaurante Manzi’s, de comida de mar, ha sido tomado por Fergus Henderson, chef del restaurante favorito de los foodies londinenses, St. John (www.stjohnhotel.co.uk), un comedor bastante chic y un pequeño hotel boutique. En medio de todos estos nuevos lugares, vale la pena recordar que varios hoteles palacio ya tienen su propio chef estelar que sirve comida moderna británica de manera bastante creativa. El elegante One Aldwych presume a su talentosísimo y joven chef: Tony Fleming, en su restaurante Axis (www.onealdwych.com), donde incluso yo, un inglés, fui agradablemente sorprendido por sus deliciosas reinterpretaciones de clásicos como hígado, tocino y cebolla, conejo galés y el irresistible postre: higo pegajoso y pudín con crema cuajada. Pero para un verdadero despilfarro, la mejor experiencia es una cena en el Ritz (www.theritzlondon.com). Llegué a su, terriblemente formal, restaurante —incluso los meseros usan frac— y tuve una maravillosa sorpresa con sus platillos atrevidos, que el poco célebre chef John Williams crea con los productos más frescos de todas las islas británicas. Fue imposible no quedar estupefacto con creaciones como canelones de pepino rellenos con cangrejo dulce de Dorset, espárragos verdes batidos en heno con huevos de codorniz y un delicado filete de rémol cocido a fuego lento con suculentas carrilleras de cerdo y colmenillas.

 

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