Refugiados en Mozambique
©Cortesía Matemo Resort

Refugiados en Mozambique

Rara vez se encuentran sitios con el clima, el mar, la tranquilidad y el ritmo que uno necesita para vacacionar en pareja. Por eso no es exagerado escaparse más allá de África, a una isla minúscula del norte de Mozambique. Salvo por los 24 encantadores chalets estilo árabe que componen el nuevo resort de Matemo, la isla sigue casi intacta.
Antes de describir, antes de ubicar, antes incluso de contar, una certeza: esta isla es un buen escondite. Para un fugitivo, un escritor solitario o un par de amantes. Hasta aquí pocos llegan. Porque es lejos, pero lejos de verdad.

Matemo es una islita del archipiélago de Quirimbas, en el norte de Mozambique. Digo islita porque tiene ocho kilómetros de largo por tres de ancho. Viven unas dos mil personas, y muchas de ellas nunca habían visto un blanco hasta el año pasado, cuando se inauguró Matemo Resort, un complejo de lo más exclusivo con apenas veinticuatro chalets de lujo a orillas del Índico. A partir de ahí muchas cosas cambiaron en Matemo. Todas, quizá, salvo una: todavía es un buen escondite.

Más detalles de ubicación (lo mejor sería acercar un mapa del sur de África): la isla está al norte del país, a una media hora de vuelo del aeropuerto de la calurosa ciudad de Pemba. El viaje se realiza en un Cessna para ocho pasajeros que sobrevuela el Índico y sus islas llenas de plantaciones de cocoteros, arena y canales. Desde arriba, Matemo parece una migaja de pan en un charco de aceite de oliva. Eso parece hoy que el agua está verde, pero mañana tal vez sea celeste y pasado, turquesa. El Índico tiene su carácter. Según el día, y según el viento, amanece con un matiz distinto; a veces es transparente y otras espeso y revuelto. La temperatura está siempre a punto.

Chalets en media luna
Los veinticuatro chalets forman una media luna sobre la arena blanca y fina. Una media luna como la que tienen las banderas de muchos países árabes. No es casualidad, Adel Aujan, millonario y propietario de éste y otros cinco resorts (www.raniresorts.com) en sitios estratégicamente bellos de Mozambique nació en Arabia Saudita y reside en Dubai.

Aujan Industries es una compañía que comenzó con los jugos de frutas Rani y en la actualidad tiene más de doce marcas en Medio Oriente. En Mozambique, el proyecto turístico arrancó en 1999 con un resort en el punto más turístico del país, el archipiélago de Bazaruto. Hasta ahora la inversión ha superado los 50 millones de euros.

Además del dueño de Matemo, son árabes los nativos de la isla. Si bien el país fue colonia portuguesa hasta 1975 y la mayoría de la población es católica, en ciertos lugares, especialmente en las islas de Quirimbas y en la costa Norte, hubo comerciantes árabes hasta el siglo xv y la población todavía es musulmana.

La decoración del resort, que consta de arcos de medio punto, enrejados de madera, lámparas marroquíes y los amplios espacios abiertos en la construcción principal con vista a la piscina, son el tributo al país de origen. Igual que la vestimenta de varios empleados, de blanco, con babuchas y sombrero estilo Fez colorado.

Los chalets están uno al lado del otro, pero a una distancia nada promiscua. Tienen piso y escritorio de madera; cama doble con dosel, baño con jacuzzi y ducha interna y externa, al sol; hamaca de algodón, una plataforma de madera con mesa y sillas y, unos metros más allá, tumbonas y sombrillas. Con una cocina podría ser la casita soñada frente al mar. Pero en realidad es un modelo evolucionado de esa casita: basta levantar el teléfono, marcar un número y ordenar el pedido.

Enseguida, algún empleado, con una sonrisa más cálida que el mar, se acercará y pondrá la bandeja donde usted le indique. Quizá vengan dos empleados (el segundo también sonriente) porque en Matemo hay un promedio de dos empleados por huésped. Para muchos, éste es su primer trabajo. Antes del resort, los habitantes se dedicaban a la pesca, a plantar papaya, batata (todavía lo hacen) y no mucho más.

Casi no se manejaba dinero en la isla. Pero llegaron los turistas y con ellos los dólares. En general, los huéspedes son viajeros excéntricos, que saben sobre escondites cinco estrellas. Un gerente de la empresa Agha Khan y su mujer holandesa, pareja de expats británicos que vive en Luanda, Angola; un empresario italiano de primera línea y su mujer latinoamericana; los dueños de un reconocido restaurante de Lisboa y su hija, y una delegación del gobierno de la República de Congo. Ése es el público de esta semana. Para la próxima está agendado el embajador de Francia en Maputo. Por ahora.

Los nativos tuvieron que adaptarse a los cambios y una vez por semana tienen clases de inglés. También se les enseñó a construir y fueron ellos quienes levantaron el resort. El idioma no les cuesta tanto. Tampoco la construcción. Lo peor, dicen algunos de ellos, es adaptarse al ritmo urgente que muchas veces traen los huéspedes de las grandes ciudades como un equipaje adherido a la piel.

Pescado y perfume francés
La vida en el resort es de película. Con aviones privados que cruzan el cielo cada tanto, lujo discreto y ambiente informal. Salvo por la noche, a la hora de cenar, cuando se ven modelitos elegantes y el olor del pescado se mezcla con perfume francés.

Como en cualquier resort, hay una pizarra con actividades planificadas para el día. Pero como en pocos, son actividades selectas que no incluyen clases de salsa ni de cocina. En general son propuestas náuticas en la zona del Parque Nacional Marino Quirimbas, con once islas coralinas que se extienden en un área de cien kilómetros.

Se hacen salidas embarcadas para hacer esnórquel (25 y 35 dólares, dos horas), buceo (desde 40 dólares) o una excursión a la vecina isla Ibo (50 dólares) que hacia 1700 fue la segunda ciudad más importante de Mozambique después de Ilha de Mozambique (antigua capital del país) y un lugar estratégico para el comercio de esclavos. Tiene una increíble fortaleza y construcciones tan antiguas como venidas a menos. Todo lo que no sea a motor (windsurf, kayac, canoas) es gratis y está siempre disponible.

También se pesca embarcado en un velero de súper lujo recién llegado, el Gulf Craft. Cerca del resort hay barracudas de las grandes, marlín (el récord del resort fue uno de 150 kilos), caballa, atún y cinco especies de pejerrey.

Los pobladores navegan en daos (con vela) y kangaias (tipo canoa), dos tipos de embarcaciones precarias pero resistentes, hechas de troncos de madera de la zona. Se pueden dar paseos para ver cómo se construye una canoa, y conocer la herramienta para la pesca, que es el pan de cada día para los nativos y la mejor elección para la cena: corvina, vermelhao, garopa y otros peixes de la zona asados. Simple pero gostoso. Los que quieran aún más sabor, pueden pedir la versión con piri piri, la salsa picante africana que los portugueses incorporaron con gusto a su cocina.

Los paseos culturales son altamente recomendables para quienes no quieran estar en el agua. Se llaman village tours (25 dólares) y suelen programarse para la mañana, a eso de las diez. El recorrido se hace en jeep por la parte habitada de la isla, desde el resort hasta Namba, capital de Matemo, donde viven unas 800 personas. El guía es Eliseu Bras Rodríguez, de 28 años, quien además trabaja como mensajero entre el resort y la comunidad, llevando y trayendo pedidos y midiendo necesidades. Se hacen paradas en los distintos caseríos con palmeras y chozas sobre la arena, a pocos metros del mar. Los pobladores hablan mwani, la lengua de la zona costera del norte del país, similar al swahili. Se ven niños por todos lados, más niños que adultos, muchos con las caras pintadas con una tintura blanca. Cuenta Rodríguez que las parejas tienen un promedio de diez hijos y que las que están pintadas son niñas con musiro, un producto de belleza natural para tener la piel suave. Se obtiene de una corteza, y se mezcla con piedra y agua. Es obligatorio usarlo antes del casamiento. Cada tanto, las niñas se quitan la pintura y aparecen en sociedad. Son ocasiones para encontrar marido, quizás a los once años.

Los blancos todavía somos una curiosidad y los niños se acercan y piden que les tomen fotos. Si la cámara es digital y se ven ahí mismo, comienzan las carcajadas. Lo mejor que uno puede darles es agua. El agua potable es un problema en la isla (no en el resort, claro) porque la que hay es muy salada. Es la última petición que recibió Eliseu y ya la trasmitió a Jhon Creaven, el gerente escocés del resort. La cadena sigue hacia arriba y en solicitudes anteriores ha dado resultado. Los nativos esperan que pronto haya agua potable.


CÓMO LLEGAR
Desde Johanesburgo, LAM, la línea aérea de Mozambique tiene un vuelo diario a Pemba, desde 284 dólares (www.lam.com.mz). Una advertencia: LAM suele cambiar su programa de vuelo en forma repentina. Por eso, conviene confirmar el regreso con 72 horas de anticipación.

CUÁNDO IR
De abril a octubre es la temporada seca y las temperaturas oscilan entre 24 y 27ºC. A partir de noviembre comienza la temporada de lluvias y hace mucho calor (alrededor de 30ºC).

ADVERTENCIA
En Mozambique hay malaria así que es conveniente tomar medicación (mefloquina) para prevenirla.


Matemo Resort
T. 258 (1) 303 618 F. 258 (1) 301 625
www.matemoresort.com
www.raniresorts.com

Una cabaña en base doble cuesta desde 343 dólares por persona,
con desayuno, cena y el traslado en avión Pemba-Matemo-Pemba.
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