Berlín Bürgerbräu: una cervecería familiar al sur de Berlín
Fotografía de Héctor Barrientos

Berlín Bürgerbräu: una cervecería familiar al sur de Berlín

Con esta escapada al lago Müggelsee, quines necesitan un respiro de la agitada Berlín podrán no sólo tomar deliciosa cerveza artesanal, sino conocer lo que hay detrás de la bebida alemana por excelencia.
Por Yaotzin Botello | mayo 2006 | Tags: ,
No hay que ser injustos, algo bueno tienen los alemanes: la cerveza”, dijo alguna vez el pintor francés del siglo xix Honoré Daumier. Para ser verdaderamente justos, habría que hablar de muchas otras cosas, pero lo que nos ocupa ahora es la cerveza; más precisamente, una cervecería que en sí misma es capaz de revelar mucho del alma de los alemanes, de sus aficiones, su historia y sus maneras de divertirse.

En cifras oficiales, son unas 1200 cervecerías las que tiene el país, que sirven más de 5 mil variantes distintas, todas preparadas con tan sólo cuatro ingredientes: agua, lúpulo, malta y levadura. Nada más. Las diferencias consisten más bien en el grado de fermentación, algo que nuestro cuerpo percibe como más grados de alcohol, más o menos cuerpo, o como diferentes sabores.

La mejor forma de relacionarse con el tema es pedir en cualquier local la cerveza de la casa, que casi siempre estará en barril. No hay que tener miedo de los grandes tarros de medio litro o incluso de uno, porque afortunadamente el servicio en Alemania es muy malo y los meseros no estarán presionando a cada rato para ofrecer más.

Muchos alemanes, sobre todo los hombres, repiten que para estar bien adaptado al país uno tiene que saber disfrutar el futbol soccer, el skat, un juego de cartas popular, y la buena cerveza. Si bien es posible que esta bebida haya tenido sus orígenes con los egipcios, el asunto no es mero chauvinismo. Es aquí en Alemania donde se encuentran las cervecerías más antiguas del mundo y donde, sobre todo, se conserva una tradición familiar para producirla. Hasta en la comercial y deformada tradición del Oktoberfest hay raíces aleccionadoras.

TARDE DE VERANO A LA ALEMANA
En el sur de Berlín, a una hora en tren suburbano, está la cervecería más vieja de lo que fuera el este alemán y una de las más viejas en el norte del país. Se trata de la Berliner Bürgerbräu, un terreno que empezó como feudo a mediados del siglo xix y que en 1896 fue transformado en finca para hacer cerveza. La empresa sigue ocupando el sitio donde empezó y consta de dos edificios, uno que forma parte del patrimonio arquitectónico del país, remodelado después de la reunificación alemana, y uno nuevo.

Estamos al borde del Müggelsee, un lago donde empieza uno de los brazos del río Spree, que cruza después silenciosamente Berlín y va a parar hasta Hamburgo para desembocar en el Mar del Norte. Fue gracias a la afluente fluvial que la cervecería pudo expandirse a principios de 1900, cuando la demanda crecía de manera exponencial y ya no podían utilizarse las carretas tiradas por caballos. La cerveza entonces debía transportarse al resto del país por medio de barcos de vapor.

Los únicos grandes declives que tuvo la Berliner Bürgerbräu ocurrieron durante las guerras mundiales. En la primera escaseó la materia prima y para continuar con la producción hubo que hacer cervezas con 1% de ingredientes y 99% de agua —cuando una buena cerveza tiene normalmente entre 10 y 16% de malta, lúpulo y levadura—. Sobrevivió.

Durante la segunda pasó lo mismo pero entonces sí estuvo a punto de cerrar. Sin embargo, volvió a salir adelante y un año después del fin de la guerra, en 1946, regresó el crecimiento exponencial con exportaciones a países asiáticos e incluso a Australia.

Y es muy probablemente gracias a la fabricación de la cerveza que Friedrichshagen se ha vuelto un lugar tan agradable para visitar. Se puede recorrer el lago en yate y pararse a comer y beber, o se puede hacer un día de campo en las áreas verdes de alrededor, caminar entre los edificios de la vieja República Democrática Alemana o escaparse incluso al castillo de Köpenick, a unos 20 minutos, para tener una visión de la cultura imperial del norte de Alemania.

Pero aun si fuese sólo por la experiencia en la Berliner Bürgerbräu, vale la pena. El restaurante transporta a la Alemania de los años veinte. Son cuatro grandes salas para unas 250 personas con muebles rústicos de madera, columnas talladas y techos y paredes decorados con pinturas. Los pasos por cada uno de sus cuatro salones crujen en el piso, y los olores de madera vieja se combinan con la espuma de la cerveza que sale de la barra.

La comida es antigua berlinesa. Es decir, muy pesada, con mucha carne y especias, como la sopa de papa condimentada con trozos de tocino, el guisado de res marinada en vinagre con salsa de crema (Sauerbraten), las albóndigas de harina con papa (Klöss) o el caldo de res con trozos de carne.

En el verano se abre un Biergarten, es decir, un jardín con mesas para poder beber al aire libre; es muy común ver esta tradición en cualquier gran restaurante o en el Oktoberfest de Munich. Y con el calor, el Sauerbraten siempre se acompaña muy bien con una cerveza fría en la terraza.

Pero esa cerveza que tarda un par de minutos en llegar a la mesa, tuvo que haber seguido un largo proceso, de un mes como mínimo. En el museo que está al lado del restaurante se puede ver desde cómo se tenía que construir un barril hasta la forma de embotellarlas a mano, una por una. Ahí están las maquinarias antiguas y las modernas. Y la otrora bodega de barriles. Antes de que existieran los toneles de cobre donde se puede regular más fácilmente la temperatura de la cerveza, sólo había barriles de madera. La hija de los dueños muniqueses de esta cervecería, Tina Häring, accionaria también del negocio, da recorridos personales por el museo y explica que “en tiempos previos a la refrigeración, la producción se hacía durante los meses de invierno porque en verano la levadura era demasiado activa para la fermentación. Los barriles se iban destapando desde comienzos de la primavera y los últimos se vaciaban por septiembre y octubre”.

Del vaciado de los barriles en octubre viene una de las primeras asociaciones con el Oktoberfest, aunque en realidad esta tradición se origina por la venta de cerveza en una carrera de caballos en Baviera, en 1810.

Durante el periodo comunista, la Berliner Bürgerbräu produjo una cerveza de tipo Pilsen, que es la más común en el norte del país. Ahora la empresa está en manos de la familia bávara Häring, quienes desde la década de los 90 le han dado más renombre creando otras variedades típicas del sur alemán, como la Export, la Bock —una oscura con mucho más grados de alcohol—, y la cerveza de trigo. En tiempos de frío, la gente se calienta un poco con la Bock, que tiene un sabor ligeramente medicinal, mientras que en temporadas de calor se prefiere comprar una Maibock, con toques herbales y de malta más fuertes que la hacen refrescante.

Otras variedades que produce son la Berliner Weisse, pálida, de fermentación alta y hecha con base en trigo; y la Rotkehlchen, suave y con mucho cuerpo, que data de los años veinte. La Berliner Bürgerbräu es una de las pocas cervecerías que es un negocio familiar, por lo que es muy raro ver algunas de sus cervezas en otros restaurantes de Alemania o incluso de Berlín. “Y ahora que las grandes cervecerías han empezado a producir también variaciones de sabor o light para conquistar mercados de jóvenes, la cultura de la cerveza se queda en unos pocos”, concluye Tina Häring, con una preocupación que no puede ocultar. Por fortuna, los tarros de cerveza de su restaurante siguen siendo un remedio a las tendencias que dominan el mundo exterior.

BERLINER BÜRGERBRÄU
Müggelseedamm 164-166
T. 49 (30) 6408 2111
www.berliner-buergerbraeu.de

De martes a sábados de 12 a 24 horas, domingos desde las 11; visitas al museo: lunes a jueves de 13:30 a 17 (reservación necesaria).

CÓMO LLEGAR
La Berliner Bürgerbräu está al sur de Berlín, frente al lago Müggelsee, en Friedrichshagen. Hay que llegar a la estación de tren suburbano (S3) Friedrichshagen y de ahí abordar el tranvía 60 o 61 hasta la parada Müggelseedamm/Bölschestrasse. En auto desde Berlín hay que salir por la Karl Marx Allee desde Alexander Platz y seguir derecho hacia el sur en dirección a Friedrichshagen, hasta encontrar los letreros de la cervecería.
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