Dos florerías a la altura de París
ODORANTES: DEL SALÓN DE BELLEZA A LOS ROSALES PARISINOS
“La flor es para nosotros una pasión y al fin nos atrevimos a declararlo”, dice Emmanuel Sammartino que, junto con su socio Christophe Hervé, abrió hace cuatro años Odorantes (9 Rue Madame; T. 33 (1) 4284 0300), una de las florerías más singulares de París. El dúo de Sammartino y Hervé (peluquero y maquillista) gusta también de la moda y la decoración, y con su florería crearon un vector para conjugar sus pasiones.
Situada a un costado de la Plaza de San Sulpicio, Odorantes es una diminuta boutique con decorado teatral que seduce de inmediato. Los muros son grises, el mobiliario es negro, y hasta los elementos de decoración algo barrocos son de tonos opacos.
Sammartino explica que con el fondo oscuro no te equivocas al elegir el color de las flores. En el bosque, entre la maleza, siempre se encuentran flores extraordinarias que destacan en la penumbra. Por eso eligieron el negro, incluso para los floreros y para el papel con el que envuelven los ramos. Hay que recordar que estamos hablando de los creadores de la rosa Black Baccara, totalmente negra.
El estilo de esta florería recuerda a la reina y no por nada la cineasta Sofia Coppola, que pasa largas temporadas en Francia, es una de sus mejores clientas. Para su película María Antonieta, que se filmó en el Palacio de Versalles y se presentó en el Festival de Cannes el año pasado, encargó varias coronas de flores.
En el interior de la pequeña vitrina se alcanzan a ver dos cisnes y dos palomas totalmente blancos que forman parte de la colección de animales disecados de Sammartino y Hervé. “Los compramos a un taxidermista. Pero todos los animales murieron de muerte natural, ninguno fue cazado. Tenemos 350 especies de aves y como cien más de animales distintos; tigres y cocodrilos incluidos. Muchos clientes quieren comprarlos, pero no están a la venta”, explican.
En Odorantes ochenta por ciento de las flores son rosas y todas son parisinas. “La rosa es la única flor que tiene encanto aun marchita, sus pétalos se desprenden pero incluso en el suelo tienen un aspecto romántico”, comenta Sammartino. Odorantes trabaja con pequeños productores de los alrededores de la capital francesa. Ellos mismos van a verlos para elegir y cortar las flores que venden.
En la boutique proponen alrededor de 50 variedades de rosas que se venden por separado o en ramos. Los precios por flor varían desde 3 y medio euros hasta 12 euros: precio de la Numéro Rose, una flor de un rosa extraordinario, con un aroma exquisito, de 15 centímetros de diámetro y que dura alrededor de 12 días sin marchitarse.
En cuanto a la confección de los arreglos, Sammartino explica que más que hacer ramos de flores, ellos buscan crear interiores. Y sus creaciones, que rechazan las figuras geométricas y las tendencias japonesas a favor de la caída natural de las flores son, en efecto, muy apreciadas por los estilistas de la alta costura francesa, entre ellos Karl Lagerfeld y Jean-Paul Gaultier.
Una de sus grandes especialidades es la coloración de las flores. Este día en la boutique están a la venta ramos de anémonas violetas, veteadas de color marrón. “El violeta es su color original. Las pusimos durante una noche en un florero con agua que contenía pigmentos naturales. Las flores los absorbieron y le dieron a sus pétalos ese aspecto jaspeado, como antiguo, que gusta muchísimo.”
No todas las flores soportan la coloración y no cualquier color se adapta, pero aquí pueden encontrarse también clemátides, magnolias o rosas irisadas para coordinarse con muebles, vestidos o un decorado específico.
Por otro lado, el nombre mismo de la florería indica la importancia que los floristas otorgan al aroma de cada una de sus flores. “La naturaleza no sólo es algo visual, es también olfativa. Un ramo de flores cambia un lugar no sólo por el colorido, también por el aroma que despide”, señala Sammartino.
El renombre de Odorantes ha traspasado las fronteras y, si bien los turistas no pueden llevarse ramos de rosas a su país de origen, sí pueden llevarse los aromas concentrados en esencias y velas. Son especialmente creadas por Sammartino y Hervé y se venden de dos en dos: una con la esencia de la flor y la otra con el de sus hojas.
Odorantes, que cuenta con celebridades entre sus clientes, como Nicole Kidman y Madonna, también es muy solicitada para la decoración de pasarelas de los grandes diseñadores de moda parisinos, de modo que para visitarla hay que evitar las temporadas de desfiles, durante las cuales Sammartino y Hervé tienen tanto trabajo que cierran la boutique al público.
PASCAL MUTEL: EL DISCÍPULO DEL PIONERO TORTU
La florería de Pascal Mutel (6 Carrefour de l’Odéon; T. 33 (1) 4326 0256), se encuentra en un lugar privilegiado de París, en pleno Barrio Latino, donde hace cerca de cuarenta años los estudiantes lanzaban adoquines a la policía y que hoy destaca como uno de los sitios más amenos de la capital francesa. Entre algunas librerías que subsisten de la vieja época bohemia, cafés de renombre y una multitud de boutiques de lujo muy contemporáneas, la boutique del Carrefour de l’Odéon de Pascal Mutel es un respiro, literalmente.
Egresado de una de las escuelas de florería más conocidas del oeste de Francia, la Piverdière de Angers, Mutel gusta de la intimidad que su arte tiene con la vida. “En todos los grandes momentos de la vida se necesitan flores; la flor es el soporte de una historia, de una emoción pura. Con cada una hay un enfoque distinto y cada una tiene una relación diferente con el lugar donde se encuentra”, dice Mutel.
Dueño desde hace tiempo de una florería en el norte de París, Mutel retomó hace dos años esta boutique donde se dio a conocer Christian Tortu, el hombre que renovó el arte floral francés. Después de varios años de celebridad internacional, Tortu sintió la necesidad de una pausa y traspasó su florería a su amigo Pascal.
Mutel encaró el desafío y ha sabido imprimir su sello a esta boutique que se mantiene como una de las mejores de París. Sus vitrinas, verdaderos atractivos turísticos, son escenarios y cuadros de naturaleza que cambian cada 15 días.
Para sus composiciones, Mutel recibe flores del mundo entero que difieren en su origen según la temporada. “En invierno tomo muchas flores de Ecuador, son las mejores en esa temporada. En verano, las compro a los productores de la región parisina. Pero algunas flores sólo las adquiero en un país. Por ejemplo, el nardo más bello es el de Irán y sólo lo compro cuando puedo conseguirlo de ese país.”
En América Latina los países con mejores flores son Colombia, principalmente por las rosas, Ecuador y Costa Rica. La producción mexicana no es muy importante y lo que tienen es absorbido totalmente por el mercado estadounidense, por eso nunca llega nada hasta allá.
En el arte floral, como en la moda, hay tendencias y temporadas, pero Mutel prefiere hacer creaciones que denoten su personalidad. De hecho, no tiene ramos ni arreglos tipo, sino que los realiza en el momento según las demandas de sus clientes. Cuando le pregunto sobre los precios, me dice que el más barato, compuesto de una flor y su follaje, puede costar 15 euros, pero hacia arriba no hay límite alguno.
“En estos momentos salimos de una tendencia minimalista. Pero uno debe forjar la particularidad del arreglo de acuerdo a su personalidad: para mí lo importante es conservar el aspecto natural del conjunto”, comenta.
Mutel, que gusta de compartir la cultura del diseño floral francés, también imparte cursos: en grupo (95 euros por persona) o particulares (250 euros por dos horas). En ellos enseña los rudimentos de su arte a alumnos del mundo entero.
“Uno de los secretos es hacer todas las composiciones de manera natural. Nada de usar alambres, rejillas o cualquier otra estructura metálica. Las flores y los arreglos entre más sencillos, mejor”, explica. Y agrega que la gente tiene miedo de tomar las flores en sus manos. “Temen que se les quiebren. Pero no hay que dudar en manipularlas, tomarlas con generosidad. La gente es muy tímida en relación con las flores pero son mucho menos frágiles de lo que uno se imagina. Hay que moverlas para encontrar la caída más natural”, dice.
Pascal Mutel cuenta con muchos clientes extranjeros que lo llaman para proyectos tan increíbles como la idea de un millonario de inundar con orquídeas una isla de la Polinesia Francesa. Las bodas y declaraciones de amor también inspiran arranques florales a sus clientes. En el Castillo de Dampierre, al oeste de París, un día le encargaron crear una rosaleda gigante con motivo de una boda. Por otra parte, para pedir la mano de su amada, un hombre le solicitó que cubriera el piso de su departamento de rosas rojas, en tanto otro prefirió una montaña de flores blancas.
“Todo es posible con las flores. Son un maravilloso vehículo para los sentimientos”, asegura, convencido de que, al menos frente a su tienda, es improbable disentir.
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