En Yukón y Alaska, tras las huellas de Jack London
Tienda prospector's en el Yukón, indispensable durante la Fiebre del Oro por su estufa de piedra y su amplitud. Fotografía de Laurent Granier

En Yukón y Alaska, tras las huellas de Jack London

Si el escritor Jack London y decenas de miles de otros aventureros salieron en estampida hacia estos remotos y gélidos territorios a fines del siglo XX, fue porque pensaban cambiar su vida con el hallazgo del oro. ¿Qué nos lleva a nosotros, más de cien años después, hacia estas tierras inhóspitas? La tupida respuesta es lo que viene a continuación.
Por Megan Son | abril 2007 | Tags: ,
“¡Oro, oro, oro!..” Anunciaban los titulares del Seattle Post-Intelligencer en julio de 1897, a la llegada de un barco proveniente del norte, cargado del precioso metal amarillo.

La Fiebre del Oro de Klondike, la más grande de la historia, tuvo por un par de años un efecto embriagador entre jóvenes y viejos, que salían en estampida y sin mirar atrás hacia la gélida frontera entre Alaska y Canadá. El joven Jack London era uno de esos buscadores de fortuna cuando abordó el barco de vapor que lo llevaría a la ciudad de Skagway, en Alaska, donde comenzaría el arduo viaje. Cargados con más de 2 268 kilogramos de provisiones, él y sus tres socios iniciaron el difícil ascenso a la ruta de Chilkoot, una serie de 1 500 escalones esculpidos en la nieve y el hielo para llegar finalmente al Deep Lake y el Lake Linderman, entre los cuales necesitarían realizar cuatro viajes diarios de 68 kilogramos cada uno para mover sus pertenencias.

Pero eso no era todo. Lake Linderman era apenas el primer lugar donde podía construirse el barco que los llevara a través de una serie de lagos hasta el río Yukón, desde allí podrían navegar río abajo hasta la ciudad de Dawson. Aunque muchos buscadores de oro preferían ahorrarse los peligrosos rápidos de One-Mile y llevarse sus cosas hasta el Lake Bennett, Jack y sus compañeros decidieron transportarlos en su barco bautizado como Yukon Belle. Y tras salir airosos de la primera serie de rápidos, e incluso de los más peligrosos whitehorse rapids, llegaron a la ciudad de Dawson, donde se enteraron de que la mayor parte de las concesiones productivas ya se habían otorgado. Como muchos que llegaron con ellos, lo habían hecho demasiado tarde. Sin embargo, la suerte estaba de su lado, y se las arreglaron para hacerse de una pequeña concesión sobre el río Stewart.

Para refugiarse del invierno se mudaron a una pequeña cabaña. Como estaban en un concurrido cruce de caminos, nunca les faltó compañía, y las historias traídas por los mineros y aventureros de todo tipo dejaron en la mente de Jack London un residuo de oro. El plan duró poco. Atacado por el
escorbuto en el prolongado invierno, Jack decidió volver a casa y, en un barco lo suficientemente grande para comer, dormir y cocinar, él y dos compañeros navegaron río abajo por el Yukón que los llevó a lo largo de Alaska, al norte del Círculo Polar Ártico, donde la desembocadura del Yukón se encuentra con el Océano Pacífico.

Queda claro que Jack no se hizo rico, pero trajo consigo un cofre retacado de relatos que continúa inspirando a aquellos que buscan su propia dosis de aventura en el “Gran Norte”. De La llamada de la selva a Colmillo blanco, sus libros iluminan el espíritu de este gran territorio: su estado salvaje y su belleza, su aspereza y su simplicidad. Y, como en cualquier región que goce de tal esplendor al aire libre, abundan las actividades de ecoturismo. El único imperativo es no dejar huella.


EL ARDUO CAMINO DEL 98

        Sobre el encumbrado Chilcoot golpeado por la tormenta. Arriba de su frente, desolada y desigual avanzaba lentamente una delgada hilera de                 hombres. Pero era una hilera interminable. Salía del último lindero del matorral empequeñecido de abajo, dibujaba una línea negra a lo largo de             una deslumbrante extensión de hielo…
        JACK LONDON

El “puerto Yukón”, el principal de Skagway, se encuentra rodeado de montañas cubiertas de nieve que se ciernen sobre las históricas construcciones de madera de las minas de oro que bordean la calle principal. Es una alegre población que disfruta divertirse cada verano y, como parte del Parque Nacional de la Fiebre del Oro de Klondike, ofrece mucho para entretener a la familia.

El Museo de Skagway presenta la colorida historia de la ciudad mediante una maravillosa colección de objetos y fotografías. Y, alojado en el viejo almacén de White Pass y la Ruta del Yukón, el Centro de Visitantes del Parque Histórico Nacional de la Fiebre del Oro de Klondike, con sus películas, exposiciones y visitas guiadas, es otro gran preámbulo a Skagway. El divertido espectáculo Días del 98 transporta al espectador a las travesuras de Soapy Smith, el “hombre malo” de Skagway, conocido como el “rey de los estafadores de la frontera”, quien tuvo mucha influencia en la ciudad antes de hallar la muerte en manos de los vigilantes. Pero lo que vale la pena de Skagway es su papel como punto de arranque para miles de buscadores de oro, y no hay mejor manera de descubrirlo que seguir sus huellas, paso a paso.

La expedición es agotadora, pero vale la pena, ya que nos lleva a través de la selva tropical costera y los bosques alpino y boreal. Comenzamos en el mismo campamento de donde partió Jack London, y nos abrimos paso en un terreno relativamente plano, en el que lirios silvestres color púrpura cubren la pradera. Poco después de llegar a Finnegan’s Point, ráfagas de aire frío que se precipitan desde los campos de nieve y hielo de las montañas, frotan nuestros rostros, mientras continuamos por exuberantes selvas tropicales, y el agua corre debajo de nosotros, hasta que llegamos al campamento de Canyon City, donde una cabaña de madera llena de artefactos mineros nos recuerda que estamos en un sorprendente museo histórico al aire libre. No lejos del campamento, las ruinas de la propia ciudad de Canyon son maravillosas: quedan los cimientos de la vieja ciudad de tiendas de campaña, así como una oxidada estufa de restaurante que se perdió en el tiempo.

Nos desviamos del río para desaparecer en un pequeño cañón, subiendo por el bosque subalpino del lado del valle. Viejas líneas de telégrafos y cables de tranvía atraviesan el camino, mientras que las vistas impresionantes de las montañas acechan por todas partes. Tomamos nuestro tiempo para disfrutarlo, pues mañana vamos a probar lo que los mineros tuvieron que soportar: Long Hill.

Los árboles se encogen y el paisaje se vuelve más árido cuando llegamos al ascenso, de cuya magnitud nos enteramos al llegar a Scales (básculas en inglés), el área en donde los cargamentos volvían a pesarse. Por suerte para nosotros, las Golden Stairs, que solían esculpirse en el hielo, están libres de nieve, pero la pendiente de 45 grados con grandes piedras nos deja resoplando, mientras clamamos por alcanzar la frontera canadiense en la cima. Nuestros rostros resplandecen debajo de mejillas rosadas y amplias sonrisas —la sensación de logro es inmensa.

Chilkoot Trail era la ruta más corta hacia la fortuna, pero también la más demandante. Su alternativa era ir a través del White Pass, un camino más largo y menos pronunciado, con sus propios peligros, sobre el que se construyeron una vía de vagones y, posteriormente, una vía ferroviaria. Actualmente, para quienes no tengan ganas de subir las Golden Stairs, existe un tren que permite cruzar este terreno salvaje, y se abre paso por glaciares y cascadas, a lo largo de desfiladeros, sobre caballetes y a través de túneles para llegar a las viejas estaciones de Lake Bennett y Carcross, Yukón.

Próxima parada: Whitehorse, llamado así por los aterradores rápidos que fluían como las crines de caballos furiosos, y que ahora es la capital de la provincia del Yukón. Es también el hogar del S.S. Klondike, uno de los primeros botes de vapor que tienen a popa una rueda de paleta, y de una de las carreras de trineos tirados por perros más emocionante del mundo, la Yukon Quest. Y ahora, el antiguo centro de abastecimiento y relevo durante la Fiebre del Oro de Klondike, ofrece a los niños la oportunidad de explorar el poderoso buque de vapor, observar a enormes salmones saltar río arriba en camino a desovar, viajar en canoa por el río Yukón, o regresar al periodo glacial para encontrarse cara a cara con mamuts lanudos, bisontes gigantescos o castores de 181 kilogramos.

Y si uno tiene la oportunidad de venir en invierno, el universo de posibilidades es otro. Primero, la sensación de miles de agujas que pican el interior de la nariz, y que obliga a frotarla vigorosamente cuando corremos en la nieve, tan seca que es imposible hacer una bola con ella, lo cual, nos dicen, es totalmente normal con temperaturas que descienden hasta los -30 grados centígrados. Los perros ladran mientras esperan su dosis diaria de salmón y, de pronto, se escucha el tintineo de la línea de amarre que corre del trineo a los perros y que es parte de la preparación para un recorrido por el campo. Los perros toman ansiosamente su lugar, los humanos se abrigan y “¡vámonos!”. Los perros parten, jalan al unísono cada vez más rápido, hasta que el único sonido es su respiración y el crujido de la nieve. El sol desaparece rápidamente bajo el horizonte, tras su breve presencia en los meses de invierno y, en su lugar, puede que una masa de vibrantes y arremolinados colores ocupen el cielo oscuro: las Luces del Norte.

De vuelta al verano y sus interminables días, nos encontramos en el “corazón” de la Fiebre del Oro de Klondike: la ciudad de Dawson, la “pepita al final del sendero”. Si no hubiera sido por la suerte de George Carmack, Skookum Jim y Tagish Charlie, quienes descubrieron los enormes depósitos de oro en Bonanza Creek el 16 de agosto de 1896, y que llegaron hasta los encabezados sensacionalistas del Seattle-Post Intelligencer un año después, la Fiebre del Oro más grande de la historia nunca habría sucedido. Con sólo dos mil habitantes (un fuerte contraste con los 40 mil que conformaron su población durante su apogeo), en la ciudad de Dawson se antoja pasear por las calles entre los edificios de la época, visitar la cabaña de Jack London o probar la suerte en la extracción de oro —una visita a la Concesión núm. 6 casi garantiza un hallazgo, y los visitantes tienen permitido llevarlo consigo.

DE VUELTA A LA NATURALEZA
La Fiebre del Oro tal vez no atrajo actividades orientadas a la conservación del medio ambiente —tan sólo la cantidad de gente y sus cargamentos deben haber tenido un impacto tremendo en un periodo corto—. Pero afortunadamente, la vida silvestre sobrevive y en los viajes al Gran Norte se ha puesto el énfasis en la armonía y no en la extracción.

El ecoturismo, definido como “un viaje responsable que conserva los entornos naturales y mantiene el bienestar de los habitantes locales”, se ha adoptado tanto en el Yukón como en Alaska, mediante organizaciones basadas en membresías que promueven la búsqueda de un crecimiento económico ambientalmente sostenible, en tanto que pretenden minimizar el impacto sobre la vida silvestre, las culturas nativas y las comunidades locales. La búsqueda de formas de bajo impacto para viajar, la incorporación de bienes y servicios locales, la promoción de programas educativos y el mantenimiento de grupos pequeños, todo esto, ayuda a alcanzar las metas establecidas tanto por The Alaska Wilderness Recreation & Tourism Association (AWRTA) como la Wilderness Tourism Association of the Yukon (WTAY). Además, los viajeros independientes pueden hacer mucho para reducir su impacto: acampar, caminar, navegar en canoa, pasear en bicicleta, viajar en trineo o esquiar por todo el país.

HACIA EL INTERIOR

        Y muy semejante... era la llamada que aún sonaba en las profundidades del bosque. Lo llenaba de una gran inquietud y extraños deseos. Le                 causaba la sensación de una alegría ambigua, dulce, y estaba consciente de las ansias y revuelos salvajes a pesar de que no los reconocía.
        JACK LONDON

Jack London no escribió específicamente sobre “el Grande”, es decir, el monte Denali, pero esta cima y el parque nacional que lo rodea compendian el mundo del interior, el mundo de lo salvaje que tanto inspiró a London. La cumbre de 1 888 metros se erige sobre la cadena montañosa de Alaska como un centinela de granito por encima de la “última frontera” de casi 25 mil kilómetros cuadrados. Es un lugar donde los animales gobiernan y los humanos son meros sujetos, condenados a asombrarse ante las maravillas de este mundo natural.

Pasando el Centro del Visitante, comienza lo salvaje, un bosque taiga (el tipo de selva que crece entre la estepa y la tundra) con abetos blancos y negros, álamos temblones y abedules de papel. Se oye chocar a dos enormes alces machos, que compiten con sus cornamentas enredadas pues es época de celo. Y a medida que el terreno cambia de taiga a tundra húmeda, con sus bosquecillos de sauce y abedul que no rebasan la cintura, la majestuosa montaña se perfila en la distancia, enmarcada por sus picos vecinos. Al entrar al Igloo Canyon, los árboles hacen su salida final y las ovejas de Dall los reemplazan paulatinamente, mientras se alimentan en la alta región alpina.

La tundra es ahora un collage de brillantes colores, sus musgos y líquenes ajustan su paleta al cambio de estación y, sobre su lienzo, un oso grizzly anda pesadamente, en busca de ese perfecto bancal de moras azules que saciará sus necesidades antes de la hibernación. El viaje continúa sobre el Paso de Sable y el escarpado Paso Polychrome, donde grandes piedras rodadas que dejó atrás un pasado glaciar componen el paisaje antes de descender hasta el amplio valle del río Toklat, en forma de “U”, en el corazón de la cadena montañosa de Alaska. Al llegar al Paso Thorofare, Denali está prácticamente sobre nosotros, como si nos siguiera desde el Centro para Visitantes Eielson hasta el famoso Wonder Lake, donde nos topamos con la postal perfecta que hemos visto en todas las tiendas de Alaska.

El parque está dividido en tres secciones: hielo, roca y nieve en las regiones más altas, pantanos en las elevaciones más bajas, y altos pasos montañosos y valles fluviales, por lo que el recorrido puede hacerse por aire, bicicleta o autobús pero, finalmente, es el motor de los propios pies el que permite disfrutar mejor del retorno a la naturaleza y apreciar este increíble refugio inexplorado del subártico, que ha quedado intacto y naturalmente regulado: el Parque Nacional y la Reserva Denali son de los pocos lugares en esta tierra donde las especies nativas viven sin ser alteradas por especies exóticas, en el medio ambiente perfecto para sus residentes, desde el grizzly más grande hasta la musaraña más pequeña. Aquí, la vida salvaje se conserva salvaje. Y nosotros hacemos lo que nos toca para que siga siendo así.

GUÍA PRÁCTICA

CUÁNDO IR
Los meses del verano (al final de mayo y principio de septiembre) son los más obvios porque los días resultan interminables y permiten hacer más actividades, pero los meses del invierno representan también una época interesante para descubrir las posibilidades de la nieve.

CÓMO LLEGAR
Continental, American, Delta, Northwest, United y Alaska Airlines ofrecen servicio desde la Ciudad de México hasta Anchorage, Alaska. Las tarifas van de 700 a 1 300 dólares. United ofrece vuelos a Whitehorse, Yukón, saliendo de la Ciudad de México, desde 1 230 dólares.

DÓNDE DORMIR*
Yukon Mountain Retreat
Mile 932 Old Alaska Highway
T. (867) 633 4874
www.yukonretreat.com

Una casa vacacional silvestre, accesible sólo por avión o barco. Las familias con niños mayores de 10 años son bienvenidas.

Campamento Denali
Denali National Park
T. (907) 683 2290
F. (907) 683 1568
www.campdenali.com

Habitaciones dobles con baño privado desde 160 dólares.
Cabañas equipadas con estufas de leña, y lámparas y calentadores de propano a los pies del monte Denali —el único alojamiento dentro del propio parque— con énfasis en programas de aprendizaje activo.

Birch Pond Lodge
Willow, Alaska
T. (866) 495 3820
www.birchpondlodge.com

Habitaciones dobles desde 160 dólares.
Tiene dos cabañas diseñadas de manera distinta —y amigables con el medio ambiente—, la suite del lodge está situada en un bosque de abedules y abetos al pie de las montañas Talkeetna. Un breve paseo hacia una colina cercana proporciona una hermosa vista del monte Denali.

Sadie Cove Wilderness Lodge
Dentro del Parque Estatal de la Bahía de Kachemak
Homer, Alaska
T. (907) 235 2350
www.sadiecove.com

Costo por huésped all inclusive: en verano, 400 dólares y en invierno 350 dólares.
Es miembro de los “Hoteles verdes”, ubicado en el Parque Estatal de la Bahía de Kachemak en Alaska, y está administrado con un sistema de energía alternativa no contaminante de potencia eólica e hidráulica.

*También existen campamentos públicos y privados dentro o cerca de parques nacionales y estatales. Para información adicional visite el website del Centro de Información de Territorios Públicos de Alaska: www.nps.gov/aplic y el de los campamentos públicos en el Yukón: www.environmentyukon.gov.yk.ca/parks/campgrounds

A DÓNDE IR
Parque Nacional y Reserva Denali
www.nps.gov/dena

EN EL YUKÓN

SKAGWAY
Museo y Archivos de Skagway-Museo del Paso del 98
7th y Spring
T. (907) 983 2420

Horario en verano: de lunes a viernes, de 9 a 17 horas; fines de semana de 13 a 17 horas. Los horarios de invierno varían; favor de llamar con anticipación.
Adultos, 2 dólares; niños, 1 dólar; gratis menores de 12 años.

Parque Histórico Nacional de la Fiebre del Oro de Klondike-Centro de Información para el Visitante
291 2nd Avenue
www.nps.gov/klgo
T. (907) 983 9200 y (907) 983 2921 (fuera de temporada)

Abierto de 8 a 18 horas, de principios de mayo a finales de septiembre.
Permiso para el viaje a Chilkoot Trail: 52 dólares por adulto; 26 dólares por menor (de 5 a 16 años).
Campamento Dyea: 6 dólares por sitio.
La entrada al parque es gratuita.

Soapy Smith Cabaret
The Eagles Hall
Sixth and Broadway
www.soapysmith.net

White Pass & Yukon Route Railway
231 Second Avenue
T. (907) 983 2217
F. (907) 983 2734
www.wpyr.com

Para un viaje en esta espectacular línea ferroviaria, que originalmente iba a Whitehorse, es necesario reservar. Se puede viajar a la cumbre o hasta el Lake Bennett, Yukón.

WHITEHORSE
Centro de Información para el Visitante
100 Hanson Street
Whitehorse, Yukón
T. (867) 667 3084

Abierto todos los días, de principios de mayo a principios de octubre y, de lunes a viernes, de octubre a mediados de mayo.

Sitio Histórico Nacional Chilkoot Trail de Canadá
Parks Canadá-Yukón
Suite 205-300 Main Street
T. (867) 667 3910
F. (867) 393 6701
www.pc.gc.ca/lhn-nhs/yt/chilkoot


Centro Beringia
T. (867) 667 8855
F. (867) 667 8854
www.beringia.com

Abierto de 9 a 18 horas, de mayo a septiembre; domingos de 13 a 17 horas o mediante cita.
Adultos, 5 dólares; niños mayores de 5 años, 3 dólares.
Detalla el periodo glacial y ofrece exhibiciones sobre el mamut lanudo, el bisonte gigante de la estepa, el castor gigante y más. Ubicado junto al Museo del Transporte.

Sitio Histórico Nacional S.S. Klondike de Canadá
Parks Canadá-Yukón Room 205
300 Main Street
T. (867) 667 3910
www.pc.gc.ca

Abierto de mediados de mayo a mediados de septiembre. Aproximadamente 5 dólares por persona; puede disponerse de tarifas más bajas para jóvenes.
Este bote de vapor que tiene a popa una rueda de paleta representa la época cuando la ciudad de Whitehorse desempeñaba una importante función sirviendo a mineros, a sus familias y aquellos que desearan aprovechar la Fiebre del Oro.

DAWSON
Museo de la ciudad de Dawson
5th Avenue, entre Hanson y Turner Street
T. (867) 993 5291
F. (867) 993 5839

Abierto todos los días, de mediados de mayo a principios de septiembre, de 10 a 18 horas. Concertar cita para visitarlo fuera de temporada.
Adultos, 5 dólares; estudiantes, 4 dólares; familia (2 padres y niños menores de 18 años) 14 dólares.
Alberga una de las colecciones más grandes de artefactos en el territorio y ofrece exposiciones sobre la historia de Dawson desde los habitantes de las primeras naciones Hän hasta la época de la Fiebre del Oro, así como de su historia natural. Imprescindibles las tres locomotoras del ferrocarril de las minas de Klondike.

Cabaña original de Jack London
Repleta de fotografías, documentos, artículos periodísticos y otros aspectos memorables de London.
T. (867) 993 5575
www.jacklondons.net/farmer.html

Abierto todos los días de mediados de mayo a mediados de septiembre.
Para información adicional hay que comunicarse con la Asociación de Visitantes de Klondike: www.dawsoncity.ca

Sitios Históricos Nacionales de Canadá en el Klondike
Estos tres sitios conmemoran la Fiebre del Oro de Klondike de 1896, el papel de la minería de oro de las grandes corporaciones en Klondike y el transporte fluvial en el Yukón.

Parks Canadá
T. (867) 993 7200
Abierto todos los días durante el verano.
Elija a partir de varios paquetes diferentes, como el “Parks and Partner’s Pass”, que incluye viajes a Draga núm. 4, Complejo Histórico de Dawson, S.S. Keno, Museo de la ciudad de Dawson y Centro Cultural Tr’ondëk Hwëch’in, por 22 dólares por persona, o el “Pick a Pack 3”, que comprende uno de tres paseos desde el Complejo Histórico de Dawson, Draga núm. 4, y el S.S. Keno por 10 dólares.

Centro Cultural Dänojà Zho
Front Street
T. (867) 993 6768
F. (867) 993 6553
www.trondek.com

Abierto todos los días, de 10 a 18 horas, de mayo a septiembre. Con cita fuera de temporada.
Adultos, 4 dólares; jóvenes de 12 a 18 años, 2.50 dólares; gratis niños menores de 12 años.
Este centro cultural se concentra en las tradiciones más antiguas del pueblo Tr’ondëk Hwëch’in que ahora es, de nuevo, una nación con autogobierno. Durante el año se ofrecen visitas guiadas, exposiciones, películas, conciertos y funciones de cuenta-cuentos.

*Traducción de Nora Sais de la Serna
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